RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

II-El ascenso del estalinismo

 

El papel del individuo.

El papel del individuo, con todos sus puntos fuertes y débiles, es importante, pero sólo se puede entender en el contexto de la lucha de fuerzas sociales. El papel del individuo en la Historia no es más decisivo que las condiciones objetivas en las que viven, aunque las habilidades personales, el carácter y el intelecto de los individuos ciertamente influyen en el proceso histórico y, en puntos críticos, pueden ser decisivos. Sin Lenin y Trotsky, la Revolución de Octubre nunca hubiera tenido lugar. Esto es un hecho concreto. No puede caber duda de que las políticas de Zinoviev, Kámenev y Stalin hubieran llevado a la derrota y al triunfo de la reacción en 1917, después de lo cual se nos hubiera presentado una gran cantidad de tesis doctorales "demostrando" sin lugar a dudas que la idea de una revolución socialista en Rusia era completamente utópica.

El materialismo histórico no niega en absoluto el papel del individuo en la Historia. Simplemente explica que los individuos no son agentes absolutamente libres, como imaginan los idealistas, sino que tienen que operar en función de las condiciones económicas y sociales dadas que ellos mismos no han elegido, y además operar según leyes creadas independientemente de la voluntad de hombres y mujeres. En la medida en que entendemos esas leyes, estamos en condiciones de llegar a un análisis científico del alcance y el significado de las acciones del actor individual en la escena de la Historia. Los mismos Lenin y Trotsky, que dirigieron a los obreros rusos a la victoria en 1917, habían estado aislados e impotentes durante las décadas precedentes. A pesar de todas sus habilidades personales y conocimiento teórico, no estaban por encima de las condiciones generales de la sociedad. De la misma manera que Lenin y Trotsky imprimieron su sello en la Revolución de Octubre y el régimen que surgió de ésta, la contrarrevolución burocrática ha quedado tan estrechamente vinculada al nombre de Stalin que los dos se han convertido en sinónimos. Pero, por supuesto, la contrarrevolución política en la URSS no dependía de una sola persona. Eso sería una interpretación mecanicista de la Historia. Con o sin Stalin, más pronto o más tarde, de una u otra manera, la reacción era inevitable por el aislamiento de la revolución en un país atrasado. Sin embargo esto no agota la cuestión. En política, al igual que en la guerra, la cuestión de "más pronto o más tarde" y "de una u otra manera" no es en absoluto secundaria, y puede ser decisiva.

En el primer periodo, Stalin no tenía idea de a dónde se dirigía. No quería la derrota de los obreros chinos en 1927 o de los obreros alemanes en 1923 o 1933. Sin embargo su política garantizó la derrota en todos los casos. Estas derrotas, a su vez, agudizaron el aislamiento de la revolución en Rusia, que era la base material para la victoria de la contrarrevolución burocrática que Stalin inicialmente no había anticipado ni deseado. Es más, la forma monstruosa que tomó la contrarrevolución estaba relacionada con el carácter personal y la psicología de Stalin. Helvetius hizo la observación hace tiempo: "Cada periodo tiene sus grandes hombres, y si no, se los inventa". El aparato estaba descubriendo que Stalin era carne de su carne. Con su psicología y forma de ser, personificaba los puntos de vista y las aspiraciones de la capa de funcionarios y administradores en auge en las oficinas del Estado, los sindicatos e incluso el Partido Comunista.

Esa gente se había visto favorecida por la revolución y gozaba de ciertos privilegios que, aunque modestos en comparación con el estilo de vida posterior de la casta dominante, en las condiciones generales de miseria absoluta eran lo suficientemente importantes como para separarlos de las masas. Esos funcionarios, muchos de ellos reclutados entre los enemigos del bolchevismo (mencheviques, elementos sin partido y no pocos funcionarios zaristas) gravitaron automáticamente hacia aquellos miembros del partido que estaban más cercanos a su manera de ver el mundo. En las filas del bolchevismo había muchos elementos que, aun estando sinceramente dedicados a la causa del socialismo, no estaban suficientemente empapados de las ideas y principios del marxismo. Eran los "hombres de comité", los organizadores, los "prácticos" del partido, con su tradicional desprecio hacia la teoría, su impaciencia por las amplias generalizaciones y su inclinación hacia las soluciones administrativas.

Después de la revolución había una urgente necesidad de administradores capacitados para gestionar el Estado. Se empujó a mucha gente a cargos de responsabilidad sin que tuviesen la preparación necesaria. Muchos de los mejores elementos murieron durante la guerra civil y fueron sustituidos por gente menos capacitada. Colocados en cargos de responsabilidad, entraban en contacto con los viejos funcionarios zaristas, que se conocían todas los trucos. A menudo era difícil saber quién dirigía a quién, como Lenin resaltó amargamente. La desmovilización del Ejército Rojo después de la guerra civil agravó el problema. A pesar de que el Ejército Rojo había sido democratizado a fondo, el bajo nivel cultural de la masa de soldados campesinos significaba que muchos de los oficiales y suboficiales se habían acostumbrado al método de ordeno y mando. En las condiciones generales de colapso industrial y de atomización parcial del proletariado, la clase obrera ya no era capaz de ejercer el mismo nivel de control. Gradualmente, el aparato del Estado se le iba escapando de las manos.

"Sería ingenuo creer que Stalin, desconocido por las masas, surgió repentinamente de entre bastidores armado de un plan estratégico completamente elaborado. No. Antes de que él hubiera previsto su camino, la burocracia lo había adivinado; Stalin le daba todas las garantías deseables: el prestigio del viejo bolchevique, un carácter firme, un espíritu estrecho, una relación indisoluble con las oficinas, única fuente de su influencia personal. Al principio, Stalin se sorprendió con su propio éxito. Era la aprobación unánime de una nueva capa dirigente que trataba de liberarse de los viejos principios, así como del control de las masas, y que necesitaba un árbitro seguro en sus asuntos interiores. Figura de segundo plano ante las masas y ante la revolución, Stalin se reveló como el jefe indiscutido de la burocracia termidoriana, el primero entre los termidorianos". (Trotsky, La Revolución Traicionada, p. 112).

Aquí lo decisivo fue el cambio en la correlación de las fuerzas de clase. La clase obrera estaba agotada y debilitada por años de guerra, revolución y guerra civil. El retraso de la revolución internacional tuvo un efecto deprimente en los obreros rusos. Por otra parte, la capa de burócratas ascendente se sentía dueña de la situación. La teoría del socialismo en un sólo país era simplemente la expresión ideológica de la reacción pequeño-burguesa contra Octubre, que surgía del anhelo general de estos elementos de poner fin al periodo tormentoso y de tensiones de la revolución y sustituirlo por un orden que les permitiese seguir con las tareas de la administración de la sociedad, desde arriba. Cuando un obrero de vez en cuando protestaba contra el comportamiento arrogante de los funcionarios, se le respondía irónicamente: "¿En qué año piensas que vives? ¿En 1919?".

Incluso si Lenin hubiese seguido con vida, no hubiese significado una diferencia fundamental. Se necesitaba un cambio favorable en la situación objetiva para cambiar la correlación de fuerzas dentro del partido. Es totalmente falso, superficial y, de hecho, estúpido pensar que una transformación histórica tan profunda se puede explicar en términos de la supuesta inteligencia o no de intrigantes por arriba. Esto no es más que una variante de la teoría de la conspiración de la Historia, que no tiene nada en común con el marxismo, que la interpreta en términos de lucha entre las clases. Como explicó el propio Trotsky: "Una lucha de la Oposición de Izquierdas, una organización marxista revolucionaria, por el poder sólo podía concebirse en las condiciones de un auge revolucionario. En tales momentos la estrategia se basa en la agresión, en el llamamiento directo a las masas, en el ataque frontal contra el gobierno. Algunos miembros de la Oposición de Izquierdas habían tomado no escasa parte en tal lucha y tenían conocimiento directo de cómo efectuarla. Pero durante los primeros años del segundo decenio, y más tarde, no hubo auge revolucionario alguno en Rusia, sino todo lo contrario. En tales circunstancias no había que pensar en emprender una campaña por el poder". (Trotsky, Stalin, pp. 282-3).



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