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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
II-El ascenso del estalinismo |
¿Por qué Trotsky no tomó el poder?
Bastantes escritores han planteado esta cuestión: "¿Por qué Trotsky no utilizó su posición, especialmente su autoridad en el Ejército Rojo, para tomar el poder en ese momento?". En un reciente libro encontramos la siguiente valoración: "Trotsky ha sido atacado por no ser un político. Como hemos explicado más arriba, hay un elemento de verdad en esta acusación (...) La segunda acusación contra Trotsky es que se hizo una idea equivocada del carácter del nuevo régimen bajo Stalin. Ésta y la acusación de que no era un político están vinculadas, en el sentido en que hubiera sido su deber arrebatarle el poder a Stalin si hubiese entendido el carácter de la contrarrevolución que iba a ocurrir (...) fue incapaz de entender el auténtico carácter de la bestia en los años cruciales, cuando podía haber impedido su auge". (H. Ticktin y M. Cox., The Ideas of Leon Trotsky, pp. 13-6).
Todo se reduce a la lucha entre individuos y a sus cualidades particulares. Estos argumentos son simplemente un eco de los argumentos de los historiadores E. H. Carr, Richard B. Day, Moshe Lewin y Issac Deutscher, que también veían la lucha en gran medida en términos de personalidades. Carr dice que Trotsky "no fue capaz en absoluto de entender que la cuestión de la lucha no estaba determinada por la disponibilidad de argumentos, sino por el control y la manipulación de las palancas del poder". Más adelante argumenta: "No tenía estómago para una lucha cuyo carácter le aturdía y se le escapaba. Cuando fue atacado, se retiró de la arena porque instintivamente sintió que la retirada le ofrecía la mejor oportunidad para la supervivencia". (E. H. Carr, Socialism in One Country, vol. 2, p. 43). Moshe Lewin hace de nuevo la misma crítica: "[Trotsky] también tenía la debilidad de un hombre que era demasiado altivo y, en cierto sentido, idealista como para implicarse en las maquinaciones políticas dentro del pequeño grupo de dirigentes. Su pasado no bolchevique y su estilo le impidieron actuar cuando llegó el momento, y para él sólo llegó una vez, con la decisión necesaria". (M. Lewin, Lenin´s Last Struggle, p. 140).
En realidad la lucha no era una cuestión de poder personal de Trotsky contra Stalin, sino una lucha de fuerzas vivas. Aquellos que argumentan que Trotsky sólo tenía que utilizar el Ejército Rojo para tomar el poder demuestran una falta de comprensión absoluta del carácter del propio poder. El poder no es el producto de la voluntad de "grandes hombres" individuales, tal y como se imaginaban Nietzsche y otros, anticipando la ideología del fascismo. Es un reflejo de la correlación de fuerzas entre las clases en la sociedad. Utilizar el ejército como una fuerza política inevitablemente lleva al bonapartismo. Esto es abecé para un marxista. El bonapartismo sólo puede existir bajo ciertas condiciones, normalmente cuando las clases contendientes en la sociedad llegan a un punto muerto. Esto crea condiciones en las que el aparato del Estado se eleva por encima de la sociedad y adquiere un cierto grado de independencia. Trotsky, al igual que Lenin, siempre puso sus esperanzas en la clase obrera. Los obreros simpatizaban con las posturas de la Oposición, pero estaban demasiado agotados y desanimados para hacer nada. Se mantuvieron pasivos. El veterano comunista yugoslavo y oposicionista Ante Cilliga, que estuvo en Rusia a mitad de los años 20, comenta el ambiente entre los obreros en aquel momento:
"La impresión que me dieron esas reuniones y conversaciones privadas en general era favorable, pero lo que me sorprendió fue la actitud pasiva de muchos de los obreros. Sentía que no tenían ni interés ni entusiasmo, sino, al contrario, una actitud gélida, una reticencia exagerada. Era deprimente. Con su silencio los obreros parecían estar diciendo: sí, está todo muy bien, pero ¿qué es lo que significa para nosotros? Tenía que perseguir a la gente para sacarles una palabra". (A. Cilliga, The Russian Enigma, p. 21).
Tal y como Trotsky explicó en uno de sus últimos escritos: "Del lado de la Oposición estaba la juventud y una porción considerable de la base; pero del lado de Stalin y del Comité Central estaban en primer lugar todos los políticos especialmente entrenados y disciplinados que estaban ligados más de cerca a la maquinaria política del secretario general. Concedo que mi enfermedad y consiguiente no participación en la lucha fue un factor de cierta importancia; sin embargo no hay que exagerarla. En última instancia no fue más que un episodio. Lo más importante fue el hecho que los obreros estaban cansados. Los que apoyaban a la Oposición no estaban espoleados por una esperanza de cambios decisivos e importantes. Por otra parte la burocracia luchó con una ferocidad extraordinaria".
El apoyo pasivo y la simpatía no eran suficientes para impedir el avance de la burocracia. Por supuesto que una victoria de la revolución, por ejemplo en China, hubiese transformado completamente la situación, reavivando el espíritu de los obreros rusos y deteniendo el avance de la contrarrevolución burocrática. Pero en lugar de victorias hubo nuevas derrotas, como consecuencia directa de las políticas de la dirección de Stalin y Bujarin.
Ticktin y Cox afirman: "Tenemos que sospechar que en un primer momento Trotsky no estaba dispuesto a dirigir. Más tarde, por supuesto, se negó a tomar el poder. Era el dirigente del Ejército Rojo y, en 1924, Antonov-Ovseenko, comisario político en jefe del Ejército Rojo, le propuso un golpe". (Ticktin y Cox, op. cit., p. 13). Este es el típico punto de vista superficial de la Historia, que la reduce a una lucha entre personalidades. En general, si haces la pregunta correcta tienes muchas posibilidades de conseguir la respuesta correcta. Si haces la pregunta incorrecta inevitablemente conseguirás la respuesta incorrecta. Los señores Ticktin y Cox ni siquiera saben qué pregunta hacerse para empezar, y por lo tanto acaban liados. La Oposición de Izquierdas no era bonapartista, sino marxista revolucionaria. Por lo tanto no podía buscar soluciones al problema en el ejército. Se basaba en la clase obrera, no por motivos arbitrarios o sentimentales, sino porque solamente la clase obrera puede llevar a cabo la transformación socialista de la sociedad. Basarse en cualquier otra clase o grupo social puede conseguir un cambio en la sociedad, pero nunca en la dirección de un Estado obrero sano.
La gente como Ticktin y Cox se creen superiores a Trotsky, que, según se deduce de sus palabras, era demasiado estúpido o demasiado cobarde para tomar el poder, mientras que Stalin, uno debe suponer, era más inteligente y más valiente. Estos académicos "tan sabios" escriben prolíficamente sobre "la cuestión del poder" y al mismo tiempo demuestran no tener ni la más remota idea de qué es el poder. Trotsky explicó que "el poder no es un premio que consigue el más 'hábil'. El poder es una relación entre individuos, en última instancia entre clases" (Trotsky, Writings, 1935-36, p. 177).
Ante la ausencia de la participación activa de los obreros, existían de hecho condiciones para el bonapartismo en Rusia. Pero la utilización del ejército en política no es algo de lo que uno se pueda deshacer como el que devuelve una espada a su funda. Apoyarse en el Ejército Rojo para la toma del poder, en las condiciones dadas, no hubiera impedido la contrarrevolución política, sino que la hubiera acelerado enormemente. La única diferencia hubiera sido que en lugar de una burocracia civil, la casta militar hubiera estado en el poder. El hecho de que Trotsky estuviera a la cabeza no hubiese significado nada. O bien se sometería a la casta de oficiales (lo cual naturalmente estaba descartado) o hubiese sido sustituido por alguien que estuviese dispuesto a someterse. En esa etapa, el movimiento hacia la reacción todavía no había adquirido un carácter definitivo. La burocracia todavía estaba comprobando sus fuerzas. Esto se reflejaba en la cautelosa política de Stalin. Un golpe militar hubiera llevado muy rápidamente a la consolidación del bonapartismo proletario. Las caras hubieran cambiado, pero la esencia hubiera sido la misma. Todo el proceso de degeneración se hubiera acelerado enormemente.
capítulo II:
El ascenso del estalinismo
siguiente.-El papel del individuo.