|
RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
II-El ascenso del estalinismo |
En febrero de 1917, el partido bolchevique no tenía más de 8.000 militantes en toda Rusia. En el punto álgido de la guerra civil, cuando la militancia en el partido comportaba un riesgo personal, se abrieron las puertas del partido de par en par para los obreros, lo que aumentó la militancia a 200.000. Pero cuando la guerra civil ya se estaba acabando, la militancia del partido se triplicó, reflejando un flujo de arribistas y elementos de clases y partidos hostiles. Había que limpiar el partido de estos elementos. La necesaria "purga", iniciada por Lenin en 1921, no tenía nada en común con las monstruosas purgas de Stalin; no había policía, ni juicios ni campos de concentración. Se trataba de defender las ideas y tradiciones de Octubre frente a los efectos nocivos de la reacción pequeño-burguesa y menchevique. A principios de 1922, se habían producido unas 200.000 expulsiones (una tercera parte de la militancia).
A finales de 1920, el número de funcionarios del Estado había pasado de poco más de 100.000 a un sorprendente 5.880.000. Esta cifra sobrepasaba cinco veces la cantidad de obreros industriales. La escasez de personal militar cualificado era tal, que en el Ejército Rojo se alistaba a antiguos oficiales zaristas para luchar contra los ejércitos blancos. En agosto de 1920, 48.409 antiguos oficiales zaristas se habían alistado como especialistas militares. Estas capas no tenían una lealtad firme al Estado soviético. Con el fin de persuadirles que prestasen sus servicios y no se pasasen al otro bando, el gobierno bolchevique se vio obligado a concederles privilegios considerables. Para supervisar la lealtad de estos oficiales y tener un instrumento esencial de control obrero sobre ellas, se nombraron comisarios políticos.
Lenin tenía la intención de implicar gradualmente al conjunto de la clase obrera en las tareas de la gestión del Estado. "Nuestro objetivo es el de implicar al conjunto de los pobres en el trabajo práctico de la administración, (...) asegurarse de que todos los trabajadores, al acabar su 'tarea' de ocho horas en el trabajo productivo, lleve a cabo sus deberes estatales sin paga" (Lenin, Collected Works, vol. 27, p. 273). Pero en las condiciones generales de atraso, fue imposible. El joven Estado soviético se vio obligado a aprovechar todo lo que pudo de entre los restos del viejo aparato del Estado. En marzo de 1918, Lenin declaró ante el Congreso del Partido que "los ladrillos de los que se compondrá el socialismo todavía no están hechos" (Lenin, Collected Works, vol. 27, p. 148).
Dado el bajo nivel cultural, había que utilizar cualquier palanca, cualquier resquicio para hacer avanzar la revolución. Como hemos visto, el analfabetismo general obligó a los bolcheviques a basarse en la vieja burocracia zarista "ungida ligeramente con el óleo soviético", administradores, funcionarios gubernamentales, mandos militares y gerentes. Esto resultaba inevitable, por lo menos hasta que llegase ayuda de Occidente. Más adelante iba a tener consecuencias más profundas, pero en aquel momento no había otra alternativa. Cuando Lenin preguntó a Trotsky durante la guerra civil si no sería mejor sustituir a los viejos oficiales zaristas, que estaban controlados por comisarios políticos, por otros comunistas, Trotsky respondió:
'¿Pero sabes cuántos de ellos hay en el ejército ahora?'
'No'.
'¿Ni siquiera aproximadamente?'
'No lo sé'.
'No menos de treinta mil'.
'¿Qué?'
'No menos de treinta mil. Por cada traidor hay cien en los que se puede confiar; por cada uno que deserta hay dos o tres que mueren en el frente. ¿Cómo podemos sustituirles a todos?"
Pocos días después, Lenin estaba dando una charla sobre los problemas de la construcción del socialismo. Esto es lo que dijo: "Cuando hace poco tiempo el camarada Trotsky hubo de decirme, concisamente, que el número de oficiales que servían en el departamento de Guerra ascendía a varias docenas de millares, comprendí, de un modo concreto, dónde está el secreto de poner al servicio de nuestra causa al enemigo... y cómo es necesario construir el comunismo utilizando los propios ladrillos que el capitalismo tenía preparados contra nosotros" (citado en L. Trotsky, Mi Vida, p. 468).
Sobre el Estado, Lenin dijo al IV Congreso de la Internacional Comunista: "Tomamos posesión de la vieja maquinaria estatal y ésa fue nuestra mala suerte. Tenemos un amplio ejército de empleados gubernamentales. Pero nos faltan las fuerzas educadas para ejercer un control real sobre ellos (...) En la cúspide tenemos, no sé cuántos, pero en cualquier caso no menos de unos cuantos miles (...) Por abajo hay cientos de miles de viejos funcionarios que recibimos del Zar y de la sociedad burguesa (...)". (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 430).
Como siempre, Lenin explicó la dura realidad sobre el aparato estatal soviético. Nunca tuvo ninguna visión idealizada de este pésimo organismo en gran medida heredado del pasado. Era una maquinaria burocrática pintada con un ligero barniz socialista. Lenin entendía perfectamente que esta burocracia no era simplemente una cuestión de comportamiento burocrático, excesivo papeleo, etc. Este punto de vista no tiene nada en común con el método marxista. El marxismo explica la burocracia como un fenómeno social que surge por razones materiales concretas.
Lenin explicó su surgimiento como un tumor capitalista y parásito en el cuerpo del Estado obrero. La Revolución de Octubre había derrocado el viejo orden y suprimido y purgado sin piedad el Estado zarista, pero en condiciones de atraso económico y cultural crónico los elementos del anterior régimen en todas partes volvían furtivamente a las posiciones de poder y privilegio, a medida que la oleada revolucionaria retrocedía con las derrotas de la revolución internacional. Existía el peligro real de que la revolución sufriese una degeneración burocrática. En consecuencia, Lenin denunció la amenaza de la burocratización creciente y exigió una lucha sin cuartel:
"Echamos a los viejos burócratas, pero han vuelto (...) Llevan una cinta roja en sus ojales sin botones y se arrastran por los rincones calientes. ¿Qué hacemos con ellos? Tenemos que combatir a esta escoria una y otra vez, y si la escoria vuelve arrastrándose tenemos que limpiarla una y otra vez, perseguirla, mantenerla bajo supervisión de obreros y campesinos comunistas a los que conozcamos por más de un mes y más de un día". (Lenin, Collected Works, vol. 29, pp. 22-3).
Engels explicó que en toda sociedad en que el arte, la ciencia y el gobierno son el reducto de una minoría privilegiada, esa minoría siempre utiliza y abusa de sus posiciones en su propio interés. Y esta situación es inevitable mientras la inmensa mayoría de la gente se vea obligada a trabajar durante largas horas en la industria y en la agricultura para atender las necesidades básicas de la vida. Después de la revolución, por el grado de destrucción de la industria, la jornada laboral se prolongó. Los obreros trabajan diez, doce o más horas al día a cambio de raciones de subsistencia; muchos trabajaban voluntariamente los fines de semana, sin paga. Pero, como Trotsky explicó, las masas sólo pueden sacrificar su hoy por su mañana hasta un límite muy definido.
La clase obrera se vio inevitablemente minada moral y numéricamente por el cansancio de la Primera Guerra Mundial, de la revolución, de cuatro años de guerra civil y de una hambruna en la que millones de personas murieron. La desintegración de la clase obrera, la pérdida de muchos de los elementos más avanzados en la guerra civil, el influjo de elementos atrasados del campo, y la desmoralización y agotamiento de las masas era una cara de la situación. En la otra, las fuerzas de la reacción, aquellos elementos pequeño-burgueses y burgueses que habían quedado temporalmente desmoralizados y apartados por el triunfo de la revolución, todos empezaron a recuperar la confianza, a salir a la superficie y a aprovecharse de la situación para introducirse en cualquier resquicio de los organismos dirigentes de la industria, el Estado e incluso del partido.
Victor Serge recuerda su impresión del aparato soviético incluso en los primeros años:
"Enseguida me formé la peor impresión posible de este aparato, que parecía funcionar en gran medida en el vacío, desperdiciando tres cuartas partes de su tiempo en proyectos irrealizables. En medio de la miseria general, ya estaba nutriendo a una multitud de burócratas que eran responsables de mucho ruido y poco trabajo honesto. En las oficinas de los comisariados te encontrabas con señores bien vestidos, tipógrafas atractivas irreprochablemente empolvadas, uniformes elegantes sobrecargados de adornos; y todo el mundo en este ambiente presuntuoso, en contraste con la población hambrienta en las calles, te mandaba de arriba a abajo, de una oficina a otra por la cosa más nimia y sin el más mínimo resultado". (Victor Serge, Memoirs of a Revolutionary, 1901-1941, p. 74).
capítulo
II:
El ascenso del estalinismo
siguiente.-La lucha de Lenin contra
Stalin