RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

II-El ascenso del estalinismo

La vieja maquinaria estatal

Lenin, siguiendo los pasos de Marx y Engels, trataba continuamente de resolver los tácticos y estratégicos de la revolución, al igual que los de la construcción socialista en un país atrasado. El volumen 53 de sus Obras Completas (en la edición rusa) es un testimonio de la profundidad de su contribución al marxismo a lo largo de toda su vida. Siempre planteó las cosas de manera honesta y se negó a adormecer a los obreros rusos con ilusiones "oficiales" y pronunciamientos fariseos. Por encima de todo, basaba toda su posición en el triunfo de la revolución internacional. Lenin explicó que el derrocamiento del capitalismo y la consolidación de la democracia proletaria en un país avanzado sería ya de por sí difícil, pero para la Rusia atrasada era una tarea imposible sin la ayuda inmediata de Occidente. Su absoluta confianza en la capacidad de los trabajadores para transformar la sociedad y su honradez laten en todos los escritos de Lenin, y especialmente en los de este periodo. Siempre dijo abiertamente la verdad, por amarga que fuese, con plena confianza en que la clase obrera la entendería y aceptaría la necesidad de los mayores sacrificios, siempre y cuando se le explicaran los motivos franca y sinceramente. La intención de los argumentos de Lenin no era la de atontar a los obreros soviéticos con opio "socialista", sino templarles para las luchas que se avecinaban, para la lucha contra el atraso y la burocracia en Rusia y para la lucha contra el capitalismo y por la revolución socialista mundial.

Utilizando el mismo método escrupuloso, Lenin volvió una y otra vez a la discusión de las deficiencias crónicas del Estado soviético y la difícil situación a la que se enfrentaban los obreros rusos. El atraso objetivo de Rusia, con sus altas tasas de analfabetismo y la debilidad de la clase obrera, obligaron al gobierno soviético a basarse en gran medida en los servicios de cientos de miles de burócratas antiguos funcionarios zaristas, que de mil maneras diferentes saboteaban los esfuerzos del nuevo régimen. Esto no era una cuestión secundaria, sino que amenazaba con una degeneración interna de toda la revolución. Marx ya había explicado la existencia del peligro de degeneración debido al atraso material; sin embargo, nunca desarrolló este punto, creyendo que el problema se resolvería a través de la revolución en los países capitalistas avanzados. En la atrasada Rusia, la cosa era diferente.

Marx y Engels eran conscientes del peligro de la burocracia en un Estado obrero y propusieron algunos métodos para combatirla. Basándose en la experiencia de la Comuna de París, Engels había escrito: "para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene que (...) precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento". Para asegurarse que el Estado no se transformase "de servidores de la sociedad en señores de ella, transformación inevitable en todos los Estados anteriores, empleó la Comuna dos remedios infalibles. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores. El sueldo máximo abonado por la Comuna era de 6.000 francos. Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y a la caza de cargos, y esto sin contar con los mandatos imperativos que, por añadidura, introdujo la Comuna para los diputados a cargos representativos" (Engels, Introducción a La Guerra Civil en Francia de Carlos Marx, pp. 18-19).

Tomando como punto de partida el análisis de Marx y Engels sobre la Comuna de París, Lenin formuló en 1917 cuatro condiciones para luchar contra la burocracia en un Estado obrero:

1) Elecciones libres y democráticas a todos los cargos del Estado soviético.

2) Revocabilidad de todos los cargos públicos.

3) Que ningún cargo público recibiese un salario superior al de un obrero cualificado.

4) Que todas las tareas de gestión de la sociedad las asumiese gradualmente todo el mundo de manera rotativa, o en palabras de Lenin: "cualquier cocinero debería poder ser primer ministro".

"Reduzcamos el papel de los funcionarios públicos," escribió Lenin, "al de simples ejecutores de nuestras directrices, al papel de 'inspectores y contables' responsables, revocables y modestamente retribuidos (en unión, naturalmente, de los técnicos de todos los géneros, tipos y grados): ésa es nuestra tarea proletaria, por ahí se puede y se debe empezar cuando se lleve a cabo la revolución proletaria" (Lenin, op. cit., p.47).

Bajo Lenin, el diferencial de salarios máximo se mantuvo en una ratio de 1 a 4, que él honestamente describió como un "diferencial capitalista". La necesidad de semejante diferencial se derivaba de la escasez de personal cualificado necesario para la gestión de la industria y el Estado en un país en el que el nivel cultural de las masas era extremadamente bajo. Como señala el disidente e historiador soviético Roy Medvedev:

"La primera escala salarial soviética establecía una ratio de 1 a 2,1 entre los ingresos más bajos y los más altos. A principios de 1919, la diferencia entre los dos extremos se había reducido incluso más, y pasó a ser de 1 a 1,75. Esto continuó hasta el principio de la NEP, en otoño de 1921; con la aprobación del Comité Ejecutivo y del Comité Central del Partido, el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobó una resolución declarando: 'Al establecer las tasas salariales para trabajadores de diferentes cualificaciones, personal de oficina, técnicos de grado medio y personal administrativo de alto rango, hay que abandonar todo pensamiento de igualdad'. La nueva escala salarial contenía diferenciales amplios según las cualificaciones, y dividía al personal en cuatro grupos: aprendices, trabajadores con diferente grado de cualificaciones, contables y trabajadores de oficina, y personal técnico y administrativo. La ratio entre el nivel más bajo y el más alto (categoría 18) se fijó en 1 a 8.

"La cuestión del pago a los empleados de los organismos estatales se trató de manera diferente. En los primeros meses después de Octubre, el salario mínimo de subsistencia, basado en la tasa de cambio y el nivel de precios, se calculó en ocho rublos al día; esto fue confirmado por un nuevo decreto el 16 de enero de 1918". (Medvedev, On Socialist Democracy, pp. 221).

Más o menos al mismo tiempo, Lenin redactó una ley "Sobre salarios del personal de alto rango y funcionarios", que fue aprobada por el Consejo de Funcionarios del Pueblo con algunas enmiendas secundarias. El texto era el siguiente:

"Puesto que se considera necesario adoptar las medidas más enérgicas para reducir los salarios de los funcionarios en todas las instituciones y empresas estatales, comunales y privadas, sin excepción, el Consejo de Comisarios del Pueblo decreta:

"1. Habrá un límite máximo al salario de un Comisario del Pueblo de 500 rublos al mes, con una asignación de 100 rublos por cada hijo; el tamaño de los apartamentos quedará limitado a una habitación por miembro de la familia.

"2. Se pide a todos los Diputados Obreros, Soldados y Campesinos de Sóviets locales que preparen y apliquen medidas revolucionarias para los impuestos especiales al personal de alto rango.

"3. El Ministro de Finanzas y todos los comisarios individuales harán un estudio inmediato de las cuentas de los ministerios y reducirán todos los salarios y pensiones excesivamente altos".

Durante los primeros meses de gobierno soviético, el salario de un Comisario del Pueblo (incluyendo el propio Lenin) era sólo dos veces el salario mínimo de subsistencia de un ciudadano ordinario. En los años siguientes, los precios y el valor del rublo cambiaron a menudo rápidamente y los salarios variaron proporcionalmente. En algunos casos las cifras eran sorprendentes, cientos de miles e incluso millones de rublos. Pero incluso en esas condiciones Lenin aseguró que la ratio entre los salarios más bajos y los más altos en las organizaciones estatales nunca superase el límite fijado, y mientras vivió aparentemente el diferencial nunca superó el 1 a 5. Por supuesto que, en condiciones de atraso, había que hacer muchas excepciones que representaban un retroceso respecto a los principios de la Comuna de París. Para poder convencer a los "especialistas burgueses (spetsy) para que trabajasen para el Estado soviético, era necesario pagarles salarios muy altos. Este tipo de medidas eran necesarias hasta que la clase obrera pudiera crear su propia intelectualidad. Además se pagaban ciertas tasas especiales para "trabajadores de choque" en determinadas categorías laborales de oficinas e industrias, etc. Hablando en la VII Conferencia Provincial del Partido de Moscú, el 29 de octubre de 1921, Lenin lo explicaba honestamente:

"Ya entonces tuvimos que retroceder en una serie de puntos. Por ejemplo, en marzo y abril de 1918 surgió el problema de las remuneraciones a los especialistas según escalas que correspondían a relaciones burguesas, no socialistas, o sea, que no concordaban con las dificultades ni con las condiciones particularmente duras del trabajo, sino con las costumbres burguesas y con las condiciones imperantes en la sociedad burguesa. Al principio, estas remuneraciones para los especialistas, excepcionalmente elevadas, de tipo burgués, no figuraban en los planes del Poder soviético e incluso se contraponían a una serie de decretos promulgados a fines de 1917. Pero a comienzos de 1918 nuestro Partido indicó claramente que debíamos dar un paso atrás en ese punto y aceptar cierto 'compromiso' (empleo el término que entonces se utilizaba)" (Lenin, Obras Escogidas, vol. 44, pp. 206-7).

Debido al aislamiento de la revolución y a la necesidad de utilizar especialistas y técnicos burgueses, se aumentó el diferencial para estos trabajadores, permitiéndoseles ganar un salario un 50% mayor que el de los miembros del gobierno. Lenin denunció esta medida como una "concesión burguesa" que tenía que reducirse lo antes posible. Sin embargo, semejantes concesiones no se aplicaban a los comunistas, que tenían estrictamente prohibido recibir un salario mayor que el de un trabajador cualificado. Cualquier ingreso que recibieran por encima de esta cifra tenía que ser entregado al Partido. El presidente del Consejo de Diputados del Pueblo recibía 500 rublos, comparable a los ingresos de un obrero cualificado. Cuando un jefe de oficina del Consejo de Diputados del Pueblo, V. D. Bonch-Bruevich pagó de más a Lenin en mayo de 1918, fue "severamente reprendido" por Lenin, que describió el aumento como "ilegal".

En palabras de Roy Medvedev: "En relación con los comunistas, incluso los que ocupaban los cargos más altos, Lenin exigía moderación. Se preocupaba por su salud y comida y sus condiciones de alojamiento, pero insistía en que sus salarios, incluyendo el suyo propio, tenían que mantenerse dentro de ciertos límites. No se permitían lujos". En abril de 1918, Lenin caracterizó la introducción de incentivos materiales como "un paso atrás por parte de nuestro poder estatal socialista, que desde el principio proclamó y aplicó una política de reducción de los salarios altos al nivel del salario medio de un obrero" (Lenin, Collected Works, vol. 27, p. 249). Medvedev continúa diciendo: "En general, Lenin se oponía tanto a la igualdad de salarios como a los salarios excesivamente altos, especialmente para los miembros del partido. Esta política desembocó en el llamado máximo del partido, un tope salarial para todos los comunistas. Lenin consideraba la excesiva desigualdad en la paga o las condiciones de vida como 'una fuente de corrupción dentro del partido y un factor que reducía la autoridad de los comunistas". (Medvedev, Let History Judge, p. 841).

Hay muchos ejemplos que demuestran las condiciones de vida de los dirigentes del Estado obrero. Escribiendo sobre el periodo de la guerra civil, Victor Serge recuerda las condiciones de vida del vicepresidente de la Cheka:

"Todo este tiempo, Bakayev, de la Cheka, iba por ahí con agujeros en las botas. A pesar de mis raciones especiales como funcionario del gobierno, me hubiese muerto de hambre a no ser por las sórdidas manipulaciones del mercado negro, donde comerciábamos con las mezquinas posesiones que habíamos traído de Francia. El hijo mayor de mi amigo Yonov, cuñado de Lenin, miembro de la Ejecutiva del Sóviet y fundador y director de la Biblioteca del Estado, murió de hambre ante nuestros propios ojos. Todo esto mientras cuidábamos almacenes considerables, incluso ricos, pero en nombre del Estado y bajo control riguroso. Nuestros salarios se limitaban al máximo comunista, igual al salario medio de un obrero cualificado". (Victor Serge, Memoirs of a Revolutionary 1901-1941, p. 79).

El escritor inglés Arthur Ransome, buen conocedor de Rusia, a donde realizó varios viajes en esa época, describe un incidente del que fue testigo mientras formaba parte de una delegación oficial, junto con Radek y Larin, a la ciudad de Yaroslav, en 1921. La prisión de Yaroslav fue un sitio infame bajo Stalin, pero antes los bolcheviques se habían tomado en serio la reforma del sistema penitenciario y trataron de mejorar las condiciones de los reclusos. ¡En una situación en la que había una escasez terrible de comida, la alimentación en la prisión de Yaroslav era mejor que la que estaba a disposición de la dirección del sóviet local!

"Ocurre, explica Rostopchin, que el oficial a cargo de la alimentación en la prisión es un tipo muy enérgico, que había ocupado el mismo cargo en el viejo ejército, y las comidas que se sirven a los prisioneros son tan superiores a las que se sirven en los locales del Sóviet, que los miembros del Comité Ejecutivo han tomado por costumbre dar un paseo hasta la prisión para comer. Nos invitaron a nosotros a hacer lo mismo. Larin no se sentía como para dar un paseo, así que se quedó en la Casa del Sóviet para comer una comida inferior, mientras que Radek y yo, con Rostopchin y otros tres miembros del comité local, dimos un paseo hasta la prisión" (Arthur Ransome, The Crisis in Russia, p. 56).

El espacio de las viviendas a disposición de los ministros o comisarios del gobierno se limitaba a una habitación por persona en la familia. La oficina de Lenin tenía pocos muebles, sólo los esenciales. Según Karl Idman, un miembro del gobierno finlandés que se reunió con Lenin en diciembre de 1917: "Lenin nos recibió cordialmente, disculpándose por habernos hecho esperar. La habitación en la que nos encontramos estaba dividida en dos por una partición hecha de tablas... La habitación no era en absoluto diferente de ninguna otra de las del Smolny. Era tan simple como las demás. Las paredes estaban pintadas de blanco, había una mesa de madera y unas pocas sillas". Esta política estaba en completo contraste con los privilegios exorbitantes y los estilos de vida lujuriosos de los dueños del Kremlin bajo Stalin y sus sucesores. Esto también lo confirma Victor Serge:

"En el Kremlin, [Lenin] todavía ocupaba un pequeño apartamento construido para un sirviente del palacio. En el último invierno él, al igual que todos los demás, no tenía calefacción. Cuando iba al barbero se ponía a la cola, pensando que sería impropio que nadie le dejase colarse". (Victor Serge, Memoirs of a Revolutionary 1901-1941, p. 101).

Lo mismo se aplicaba a Trotsky, que en la práctica era el lugarteniente de Lenin:

"Durante los primeros días de la revuelta bolchevique solía ir todas las mañanas al Smolny para conseguir las últimas noticias. Trotsky y su diminuta y atractiva esposa, que casi nunca habló otra cosa que francés, vivían en una habitación en el último piso. La habitación estaba dividida por una partición como el ático de un artista pobre. En un lado había dos catres y un armario pequeño y barato y en el otro una mesa de trabajo junto a dos o tres sillas baratas de madera. No había ni un solo cuadro ni indicios de confort por ninguna parte. Trotsky ocupó esta oficina durante todo el tiempo en que fue Ministro de Asuntos Exteriores y muchos dignatarios se vieron obligados a visitarle allí (...) A la puerta había dos guardias rojos en vigilancia constante. Parecían bastante amenazadores, pero eran muy amistosos. Siempre era posible conseguir una audiencia con Trotsky". (Louise Bryant, op. cit., p. 103).

Esto no era una excepción. Los dirigentes bolcheviques siempre estaban accesibles y cerca de las masas. Caminaban por las calles sin escolta. Un asesino eserista de izquierdas pudo disparar y herir gravemente a Lenin precisamente por eso. Cuando consideramos las condiciones de lujo y los privilegios de la burocracia bajo Stalin y sus sucesores, aislada de la población soviética detrás de altos muros o corriendo a gran velocidad en enormes limusinas acompañados por ejércitos de guardaespaldas, vemos la distancia enorme que separa el régimen democrático de Lenin del que lo sustituyó. Y es necesario hacer hincapié en que Lenin consideraba incluso los diferenciales relativamente pequeños de aquel periodo como diferenciales capitalistas inaceptables que se reducirían gradualmente a medida que la sociedad avanzase hacia el socialismo.


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