RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

II-El ascenso del estalinismo

 

La teoría marxista del Estado

"Ahora vamos a avanzar hacia la construcción, por encima del espacio que hemos barrido de inmundicias históricas, del edificio aireado e imponente de la sociedad socialista" (Lenin, 8 de noviembre 1917)

Para poder comprender la evolución de la URSS y lo que está pasando hoy en día, es menester entender antes que nada la teoría de Carlos Marx y cómo el gobierno bolchevique trató de seguirla. A diferencia de las ideas socialistas utópicas de gente como Robert Owen, Saint-Simon o Fourier, el marxismo se basa en una visión científica del socialismo. El marxismo explica que la clave del desarrollo de cualquier sociedad es el desarrollo de las fuerzas productivas: fuerza de trabajo, industria, agricultura, técnica y ciencia. Cada nuevo sistema social (esclavitud, feudalismo y capitalismo) ha servido para impulsar la sociedad humana hacia delante, a través del desarrollo de las fuerzas productivas.

El periodo prolongado de comunismo primitivo, la primera fase de desarrollo de la humanidad, donde no existían clases ni propiedad privada ni Estado, dio paso a la sociedad clasista tan pronto como la población fue capaz de producir un excedente por encima de las necesidades de la supervivencia diaria. En ese momento, la división de la sociedad en clases se convirtió en una posibilidad económica. En la amplia escala de la Historia, el surgimiento de una sociedad clasista fue un fenómeno revolucionario, en el sentido de que liberó a un sector privilegiado de la población, una clase dominante, del peso directo del trabajo, permitiéndole el tiempo necesario para desarrollar el arte, la ciencia y la cultura. La sociedad de clases, a pesar de su explotación despiadada y desigualdad, era el camino por el que la humanidad tenía que pasar para poder crear los prerrequisitos materiales para una futura sociedad sin clases.

En cierto sentido, la sociedad socialista es una vuelta al comunismo primitivo pero a un nivel productivo inmensamente superior. Antes de que pueda plantearse una sociedad sin clases, todos los rasgos característicos de una sociedad clasista, especialmente la desigualdad y la escasez, tendrán que ser abolidos. Sería absurdo hablar de la abolición de las clases si la desigualdad, la escasez y la lucha por la existencia siguieran prevaleciendo. Sería una contradicción en sí misma. El socialismo sólo puede aparecer en un estadio determinado de la evolución de la sociedad humana, con un cierto desarrollo de las fuerzas productivas. "Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua". (Marx, Prologo a la Contribución a la crítica de la economía política, p. 65).

A diferencia de los socialistas utópicos de principios del siglo XIX, que consideraban el socialismo como una cuestión moral, algo que podía haber sido introducido por personas ilustradas en cualquier momento de la Historia, Marx y Engels consideraban que estaba enraizado en el desarrollo de la sociedad. La condición previa para el desarrollo de una sociedad sin clases es el desarrollo de las fuerzas productivas, con el cual se hace posible la superabundancia. Para Marx y Engels, ésta es la tarea de la planificación económica socialista. Para el marxismo, la tarea histórica del capitalismo, el estadio superior de la sociedad clasista, era sentar las bases materiales mundialmente para el socialismo y la abolición de las clases. El socialismo no era simplemente una buena idea, sino que era el siguiente estadio para la sociedad humana.

La tarea histórica del capitalismo era la supresión de la división territorial feudal, el desarrollo de una economía industrial moderna y la creación de un mercado mundial con una nueva división mundial del trabajo. Al hacerlo crearía sus propios enterradores, el proletariado moderno. Marx y Engels bosquejaron este escenario hace 150 años en las páginas de El Manifiesto Comunista. El desarrollo del capitalismo actual confirma esa perspectiva. Con la concentración del capital en manos de un grupo reducido de capitalistas, el campesinado ha sido en gran medida eliminado, mientras que la clase obrera ha adquirido proporciones colosales, convirtiéndose en la mayoría de la población en los países avanzados e incluso en muchos países en desarrollo. De la misma manera, el capitalismo ha creado un mercado mundial al que todos los países están inextricablemente atados. En realidad, las bases materiales para una sociedad socialista, legadas por el capitalismo, han existido a escala mundial desde el estallido de la Primera Guerra Mundial. Si las grandes fábricas e industrias, que se han convertido en corporaciones multinacionales, fueran de propiedad pública y estuvieran democráticamente planificadas a escala nacional e internacional, podrían crear un mundo de superabundancia.

Actualmente, la concentración de capital a escala mundial se refleja en el hecho de que apenas 500 multinacionales dominan el 90% del comercio mundial. Una sola compañía, ICI, tiene capacidad suficiente para producir toda la demanda mundial de productos químicos. En muchos otros sectores la situación es similar. Sin embargo, el capitalismo ha alcanzado sus límites como sistema progresista. La propiedad privada y el Estado nacional actúan como camisas de fuerza que constriñen las fuerzas productivas e impiden el avance de la sociedad. Dos guerras mundiales que llevaron a la humanidad al borde de la extinción, el paro masivo orgánico y las periódicas crisis de sobreproducción son testimonios de este impasse. El capitalismo, como sistema económico, en el pasado revolucionó las fuerzas productivas; pero ahora actúa como un gigantesco freno al progreso. En su ansia de beneficios, amenaza con arrasar los recursos naturales del mundo e incluso con destruir el planeta. Sólo la planificación internacional de las fuerzas productivas puede sacar a la sociedad de este callejón sin salida. Marx creía que las tareas de la revolución socialista recaerían primero sobre las espaldas de la clase obrera de los países cultural y económicamente avanzados de Europa occidental. En palabras de Trotsky: "Marx esperaba, por otra parte, que los franceses comenzarían la revolución socialista, que los alemanes continuarían y que terminarían los ingleses. En cuanto a los rusos, quedaban en la lejana retaguardia". (L. Trotsky, La Revolución Traicionada, p. 80).

No es posible que una sociedad salte directamente del capitalismo a una sociedad sin clases. La herencia cultural y material del capitalismo es demasiado inadecuada para eso. Hay demasiada escasez y desigualdades que no se pueden superar inmediatamente. Después de la revolución socialista tiene que haber un periodo transitorio que prepare las condiciones necesarias para la superabundancia y la sociedad sin clases. Marx le llamó a esta primera etapa de la nueva sociedad estadio inferior del comunismo, en oposición al estadio superior, en el que los últimos residuos de desigualdad material desaparecerían. En este sentido, se ha equiparado socialismo y comunismo a los estadios inferior y superior de la nueva sociedad. Describiendo el estadio inferior del comunismo, Marx escribe: "De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede" (citado en Lenin, El Estado y la Revolución, p. 87).

Sin embargo, para Marx, y éste es un punto crucial, el estadio inferior del comunismo desde su inicio estaría a un nivel superior, en términos de su desarrollo económico, que el capitalismo más desarrollado y avanzado. ¿Por qué era esto tan importante? Porque sin un desarrollo masivo de las fuerzas productivas prevalecería la escasez, y con ella la lucha por la existencia. Tal y como Marx explicó, esta situación provocaría el peligro de degeneración: "Este desarrollo de las fuerzas productivas es una premisa práctica absolutamente necesaria [del comunismo], ya que sin éste se generaliza la necesidad, y con la necesidad la lucha por las necesidades empieza de nuevo, y eso significa un resurgimiento de toda la vieja basura" (Marx and Engels Selected Works, The German Ideology, vol. 1, p. 37, énfasis del autor).

El carácter internacional del socialismo se deriva exclusivamente del carácter internacional del propio sistema capitalista. Ningún país tiene por sí solo las bases materiales para una nueva sociedad sin clases, ni puede garantizar la eliminación completa de la escasez y la necesidad heredadas del capitalismo. Incluso unos EEUU soviéticos, a pesar de su enorme potencial económico, no podría completar inmediatamente el salto a una sociedad socialista. No podría proporcionar a todo el mundo todo lo que necesitase. Sería necesario un régimen transitorio, un Estado obrero democrático, cuya tarea central sería acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas y eliminar los vestigios de la sociedad clasista.

Marx describió este Estado obrero como una dictadura del proletariado. Este término de Marx y Engels, tan denostado, significaba simplemente un gobierno democrático de la mayoría, que tomaría las medidas necesarias para superar la resistencia de una minoría de explotadores. Se basaba en una analogía histórica con la dictadura de la antigua Roma, cuando durante un periodo temporal (en tiempo de guerra) la República daba poderes excepcionales al gobierno. Después de la experiencia de Hitler y Stalin, la palabra "dictadura" ha quedado desacreditada. En la conciencia de los pueblos se identifica con el totalitarismo, algo que estaba muy lejos de las mentes de Marx y Engels. En la época de Marx, el término estaba libre de estas connotaciones y era sinónimo de gobierno de la clase obrera. De hecho, desde un punto de vista marxista, la dictadura del proletariado es sinónimo de democracia obrera.

"Entre la sociedad capitalista y la comunista", escribe Marx, "existe un periodo de transformación revolucionaria de la una en la otra. A éste corresponde también un periodo de transición política en el que el Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado". Como han explicado todos los grandes teóricos marxistas, la tarea de la revolución socialista es la de la toma del poder de la clase obrera mediante la destrucción de la vieja maquinaria estatal capitalista, que es el instrumento represivo destinado a mantener la dominación sobre la clase obrera. Marx explicó que el Estado capitalista y su burocracia no pueden servir a los intereses del nuevo poder. Hay que eliminarlo. Sin embargo, el nuevo Estado creado por parte de la clase obrera será diferente de todos los demás que le han precedido en la Historia.



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