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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
X- Un nuevo punto de inflexión |
La generosidad del FMI
El gobierno de Yeltsin se encuentra entre las brasas y el fuego. Bajo la presión constante por parte del imperialismo acordaron recortar el gasto estatal. Por ejemplo se suponía que iba a haber un recorte del gasto militar. Pero la casta militar exige un aumento real de su parte en el presupuesto estatal. Temiendo una explosión social, el parlamento aprobó un aumento del salario mínimo de 20.000 rublos a 54.000 rublos al mes. Debido a que muchos pagos de subsidios se basan en esta cifra, esta medida por sí misma costará 30 trillones de rublos, o la mitad del déficit presupuestario propuesto.
Esto refleja una lucha cada vez más profunda entre intereses de clase en conflicto, que está lejos de haberse resuelto de manera decisiva. Estos es lo que quieren decir los estrategas del capital cuando se quejan de que la situación en Rusia es impredecible. Por su parte, los imperialistas también son conscientes del peligro de "inestabilidad social" tal y como ellos lo llaman. No es por casualidad que Yeltsin advirtiera a occidente del peligro de un "nuevo bolchevismo" sino le apoyaban. Las huelgas mineras sirvieron para subrayar el argumento. Yeltsin se vio obligado a retroceder en el tema de los salarios de los mineros, por lo menos temporalmente, dando la culpa del impago de salarios en general a "saboteadores". Pero cualquier compromiso de pagar los atrasos significará un aumento del enorme déficit presupuestario. En cualquier caso esto era inevitable en el período pre-electoral.
Los imperialistas están preocupados de que el movimiento hacia el capitalismo no ha llegado todavía a un punto de no-retorno lo que les lleva a presionar a Moscú para que continúe con las reformas a toda costa, tan pronto como sea posible, independientemente de las consecuencias. Están empujando la situación hasta sus límites, creando las condiciones para una explosión. Algunos de los observadores occidentales más agudos se están empezando a dar cuenta de los peligros implícitos. La siguiente fase de la privatización sería la más peligrosa desde el punto de vista de la estabilidad social, tal y como señalaba el Financial Times el 12 de agosto de 1995:
"El gobierno ruso va a tener que decidir sobre el siguiente paso, el más peligroso, en su proceso de reformas de los últimos tres años. Ir hacia adelante significaría lanzar un ataque abierto a la inflación, el cierre de muchas fábricas obsoletas y empezar a crear un sistema de seguridad social que funcione con la ayuda de $18.000 del FMI (...) La escala de la transformación que se está debatiendo ahora en el gobierno y los expertos del FMI sería mayor que nada de lo que se haya intentado hasta el momento y eso podría provocar desorden social e inestabilidad política".
La idea de los endurecidos banqueros del FMI financiando el estado del bienestar en Rusia la podemos tomar con una buena dosis de escepticismo. En genera, occidente ha sido pródigo en promesas de ayuda a Rusia, pero muy tacaño en entregas reales. La única parte de este párrafo que realmente importa es la promesa de llevar adelante un programa masivo de cierres de fábricas, lo que provocaría paro masivo y sufrimiento terrible. La auténtica actitud de los financieros occidentales la mostró el presidente de los banqueros suizos, Mr. Markus Lusser, en unas declaraciones citadas en el mismo artículo en las que advertía que el FMI se arriesgaba a una "ruina moral y financiera" si continuaba mostrando una actitud "blanda" hacia Rusia.
Antes de las elecciones Yeltsin ignoró olímpicamente las condiciones del FMI, lo que no impidió a esta organización seguir siendo fiador de Rusia. El FMI garantizó un crédito a tres años de algo más de $10.000 millones, el segundo mayor en su historia después del de México. A pesar del hecho de que Yeltsin se ha pulido la mayor parte de esta cantidad en la campaña electoral, y sacó otros $1.000 millones del Banco Central de Rusia en junio, el presidente del FMI, Michael Camdessus declaro, sin parpadear, que Rusia "estaba al día en cumplimiento de criterios".
La razón de esta inusual generosidad estaba clara. Occidente estaba aterrorizado de una victoria de Zyuganov. Hasta el último minuto, no estaban seguros de que esto no fuese a suceder. El FMI, obviamente bajo presión de Washington, cerró los ojos ante el hecho de que Moscú no estaba cumpliendo en absoluto su compromiso de disciplina monetaria. Detrás de todas estas maniobras había dos consideraciones principales: el miedo a levantamientos sociales importantes en Rusia que podrían extenderse hacia Europa del Este y occidental, y la necesidad de mantener a Yeltsin en el poder a toda costa, por miedo a la alternativa.
Por este motivo, el FMI se apresuró a aprobar el préstamo antes de las elecciones. Pero como predijimos, en seguida que Yeltsin estuvo de nuevo en el Kremlin, la actitud de Occidente cambió. En los meses siguientes aplicaron una presión sin piedad sobre Moscú. Ellos pagaron las facturas y ahora exigían resultados. Exigían el cumplimiento de todas las condiciones que iban con los prestamos. Insistían en que se aplicase hasta el final el programa de privatizaciones, que había quedado congelado durante las elecciones, independientemente de las consecuencias.
El FMI quería que el déficit presupuestario de Rusia se limitase a no más del 4 por cien del PIB, bajando al 3 por cien en 1997 y al 2 por cien en 1998. ¡Están exigiendo a Rusia cifras que los principales países europeos encuentran difíciles de alcanzar! De hecho, estas condiciones son incluso más estrictas que los criterios de Maastricht. Exigir un déficit presupuestario del 3 por cien, cuando el presupuesto de Rusia está totalmente fuera de control, y millones de obreros no reciben sus salarios es economía de Alicia en el País de las Maravillas. Estos llamados expertos están en realidad locos. Ni siquiera se han molestado en preguntarse de dónde se supone que el estado tiene que conseguir los impuestos. ¿La mafia? Esta es famosa por muchas cosas, pero no por pagar impuestos. Al contrario, la mafia recibe impuestos, o más correctamente cobra tributo, al igual que hacían los tártaros, con su tasa universal del 20 por cien sobre todos los negocios.
Esta es una razón más que hace muy difícil la consolidación del régimen capitalista. Este es un capitalismo gangsteril, en el que la vieja máxima de Proudhon finalmente se convierte en realidad: "Toda propiedad es un robo". Han desarrollado un nuevo método para aumentar la competitividad, la eliminación física de los rivales comerciales. Nunca ha habido un estado como éste, a no ser que nos refiramos a Italia. No la Italia de hoy en día, sino la Italia del siglo XIV, cuando las ciudades estado italianas eran gobernadas por condotierre, bandas de ladrones, o caballeros ladrones. Es cierto que en la Italia de hoy en día la mafia tiene una amplia presencia, y está mezclada con el estado y los negocios (por no mencionar el Vaticano). Pero Rusia está en un plano totalmente diferente. Aquí el capitalismo es totalmente criminal. La mafia roba al estado y envía su botín al extranjero. En otras palabras no cumplen ninguna de las funciones productivas de los capitalistas de otros países capitalistas "normales", incluyendo Italia.
Elementos criminales sacan del país grandes cantidades de petróleo y recursos minerales rusos en forma de contrabando. Según algunas estimaciones, sobre la base de los bienes y capital enviados al extranjero en los últimos cinco años se podría pagar la totalidad de la deuda externa de Rusia. Estamos hablando de cantidades realmente asombrosas de dinero. Gran cantidad de ellas se blanquean a través de los bancos: según algunas estimaciones unos $14.000 millones en 1992 y unos $17.000 millones en 1993. La corrupción y el robo a este nivel podrían llevar al colapso de la economía rusa.
Un indicio de la frágil condición del capitalismo ruso es la inestabilidad del sector financiero. Los economistas occidentales han predicho que una caída del rendimiento de las facturas del tesoro rusas (GKOs) provocará un colapso del sistema bancario. El rendimiento anualizado de los GKOs ha caído al 80-90% comparado con más del 200% antes de las elecciones. Inmediatamente después de las elecciones el Banco Central de Rusia colocó administradores en el Tveruniversalbank, el 17º banco comercial de Rusia con activos por valor de $1.200 millones. El 8 de julio, el presidente del banco central, Sergei Dubinin advirtió de problemas en el 4º mayor banco de Rusia, Inkombank. Un nuevo deslizamiento del valor de los GKOs podría provocar un colapso no solo de los bancos sino también de la Bolsa. En la primera mitad de 1996, el Banco Central retiró las licencias a 350 bancos.
Hasta el momento, a pesar de la terrible catástrofe económica y colapso de los niveles de vida de la gran mayoría de la población, el paro registrado no ha asumido proporciones masivas. La crisis industrial se ha manifestado en una acumulación enorme de deuda interempresarial y impago de salarios. Esto de por sí es un factor importante en el déficit presupuestario, ya que, hasta el momento, la mayoría de estas deudas las cubre el estado. El FMI está exigiendo que se ponga fin a esta práctica y que, en realidad, se permita el colapso de estas empresas. Un escenario de este tipo significaría quizás 25 millones de parados, una receta acabada para convulsiones sociales a escala colosal.
De esta manera no quedará piedra sobre piedra de las promesas electorales de Yeltsin. Aunque la verdad es que a él no le preocupa especialmente. La salud del presidente está claramente en un mal estado. No está claro si su "indisposición" al final de la campaña se debía a su corazón o a la botella de vodka. Pero fue suficiente como para hacer sonar las alarmas en todos los ministros de asuntos exteriores occidentales. En todas partes se preguntaban ansiosamente: ¿Y después de Yeltsin, qué?
capítulo
X: Un nuevo punto de inflexión
apartado.- Divisiones
en el campo de los reformistas
Fundación Federico Engels