RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

X- Un nuevo punto de inflexión

 

Las falsas promesas de Yeltsin

Tan pronto como Yeltsin fue declarado vencedor los editoriales de la prensa occidental empezó a expresar una fuerte preocupación por el futuro inmediato. Yeltsin hizo todo tipo de promesas durante las elecciones. Eso indudablemente le ayudó a conseguir el resultado deseado. Entre otras cosas, prometió un aumento del 20% del salario mínimo, vacaciones pagadas para los maestros, la reconstrucción de Chechenia, apoyo para los mineros del carbón, compensación para los ahorros de los pensionistas, aumento de las pensiones, cancelación de las deudas de las granjas, prestamos para la construcción de vivienda, pago de todos los salarios y pensiones atrasados, aumento del gasto estatal en investigación y desarrollo en el sector militar, pago de las deudas estatales a las empresas estatales de la energía. Se ha calculado que el valor total de estas promesas es de unos 100 billones de rublos ($19.800 millones). El problema es que un pagaré llega un momento en que hay que pagarlo. ¿Y de donde se saca el dinero?

En última instancia el factor decisivo es la economía. Durante casi un año, los economistas burgueses en Occidente han estado prediciendo una recuperación económica en Rusia. Incluso hablaron de un cifra del 10% en 1996, que nosotros dijimos que era imposible. ¿Cuál es la situación real? Según en último informe (1996) del Banco Europeo para la Reconstrucción y el desarrollo (EBRD), el crecimiento de la economía rusa para 1996 como media de cifras proporcionadas por diez instituciones económicas diferentes se suponía que era del -2,1 por cien. La OCDE predijo un crecimiento del 1 por cien. En realidad hubo una caída del 6 por cien. Parte de esto fue el resultado del retraso en las decisiones de inversión provocado por la incertidumbre política. Pero también hay otros factores. La creciente dependencia de Rusia respecto del mercado mundial crea nuevos problemas. Las exportaciones, incluyendo metal, productos químicos y forestales, han sido golpeados por la débil demanda y precios internacionales. Por otra parte productos occidentales baratos importados están penetrando el mercado ruso cada vez más.

La inflación creció durante 1992 un sorprendente 2.318 por cien. La tasa de inflación es mucho menor que antes. Pero eso es poco sorprendente. Con un colapso de la producción de más de la mitad, ¿cómo podría aumentar? De hecho, en esas circunstancias los precios deberían de caer, no aumentar. Sin embargo el peligro de la inflación está lejos de haber sido superado. No son los precios lo que está cayendo sino sólo la tasa de aumento de los precios. Si la economía empieza a recuperarse, y eso es inevitable en cierto momento, quizás en 1997, la inflación empezará a crecer de nuevo. De ahí la extrema preocupación de occidente por el enorme déficit presupuestario ruso, una fuente permanente de inflación.

En la primavera de 1995, cuando el rublo estaba aumentando, el banco central imprimió rublos y luego los utilizaron para comprar dólares. El suministro de dinero aumentó un 27 por cien en dos meses, las reservas se duplicaron hasta $6.000 millones y se mantuvieron los objetivos del FMI—planteado en relación a un crédito anterior a un año. Esta primavera la situación era diferente. La base monetaria aumentó un 7 por cien en marzo y la misma tasa en abril, pero este dinero se gasto comprando votos no dólares.

La caída en la producción ha reducido dramáticamente los ingresos del estado, al mismo tiempo que aumenta los gastos. Por otro lado el sector privado no cubre el colapso de la industria estatal. La mafia no es precisamente un contribuyente ejemplar. Una gran parte de los escasos ingresos estatales va a pagar salarios y pensiones, mientras que se recortan las inversiones. Pero eso esta minando todavía más las perspectivas futuras de Rusia. A pesar de los recortes, el déficit presupuestario va de mal en peor. En los primeros cuatro meses de 1996 el déficit presupuestario fue de 31 billones de rublos ($6.200 millones, o el 4,3% del PIB) según las definiciones del Ministerio de Finanzas, pero 51 billones de rublos ($10.400 millones, o 7,5% del PIB) según los criterios del FMI, por encima del techo acordado de 40,4 billones de rublos ($8.100 millones).

De hecho, la escala del desastre es incluso mayor que lo que sugieren estas cifras. Bajo la industria nacionalizada y planificada, se entendía correctamente que la competencia es un despilfarro. Por lo tanto se concentró la producción en grandes monopolios estatales. La producción de por lo menos 600 productos básicos están en manos de monopolios actualmente. Si se permitiera la bancarrota de uno de estos monopolios, se rompería la cadena de producción, y toda una serie de compañías sanas se verían obligadas a cerrar, en un efecto dominó. Es más, ya que muchos monopolios son prácticamente los únicos empleadores en ciudades construidas adrede, esto significaría la destrucción de comunidades enteras.

Hasta ahora el déficit se ha financiado con la emisión de facturas del tesoro (GKOs) y créditos del FMI, Alemania y Francia. De esta manera, una gran parte de la riqueza de Rusia desaparece de nuevo en pagos de intereses a los financieros occidentales. Esta es una operación muy cara. Para ilustrar este desangramiento, citamos el siguiente hecho: aunque el total bruto de las facturas del tesoro impagadas aumentó en 57 billones de rublos ($11.400 millones o el 2,5 por cien del PIB), el aumento neto de financiación era de 15 billones de rublos (0,7 por cien del PIB). También se cree que el gobierno ha vendido parte de las reservas de metales preciosos.

Kolganov y Buzgalin comentan: "Las políticas fiscales y presupuestarias aventureristas de la primera mitad de 1996 plantean inevitablemente de como se cubrirá el déficit presupuestario, y como se pagará el servicio de la deuda interna que ha crecido junto a él. El déficit presupuestario federal ha crecido hasta el 9,6% del PIB, el doble del objetivo para fin de año. La recaudación de impuestos en los cuatro primeros meses de 1996 cayó al 7,5% del PIB comparado con el 11% del mismo periodo de 1995. ‘No podemos recaudar impuestos sobre el vodka, coches o bienes de importación’, admitió el ministro de economía, Yevgany Yasin, ‘y estamos llegando al punto en que ya no habrá nada más que tomar, en que un aumento de los impuestos amenace con tener graves consecuencias en la producción.’ La deuda estatal total aumentó durante la primera mitad de este año a $20.000 millones de los cuales $4.000 millones era deuda externa, y $16.000 millones deuda interna. El gobierno tomo prestado $22.400 millones en el mercado de las seguridades estatales a corto plazo durante este periodo, pero con unas tasas de interés exorbitantes, tuvo que devolver $19.700, está claro que esta fuente clave de fondos ha quedado prácticamente agotada.

"El gobierno, lo más probable, tendrá que recurrir a las tres soluciones posibles para sus problemas financieros. Tendrá que buscar las reservas de oro y divisas fuertes en las reservas del Banco Central; tendrá que utilizar el crédito y la emisión monetaria; y tendrá que limitar sus gastos con una congelación de salarios (a través de retrasos en el pago) y retrasando el pago de subsidios del estado del bienestar y subsidios a los productores. Según los economistas, la emisión total durante la primera mitad de 1996, ya ha superado los 50 billones de rublos ($50.000 millones). Esto apunta a un aumento de la inflación, problemas en el mercado financiero y crediticio, aumento de las tensiones sociales y un empeoramiento del declive económico. También será inevitable un gasto extra en la compra de grano de occidente, ya que las reservas están algo por debajo del nivel necesario para asegurar el suministro hasta la próxima cosecha. También está el problema ‘eterno’ de apoyar a la agricultura."


capítulo X: Un nuevo punto de inflexión
apartado.-
La ‘generosidad’ del FMI

Fundación Federico Engels