RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

I- Balance de Octubre

El internacionalismo de Lenin

La principal defensa de la Revolución residía en la política de internacionalismo revolucionario de los bolcheviques. Su propaganda revolucionaria estaba teniendo un efecto en las tropas de los ejércitos imperialistas, cansadas de la guerra. El descontento y los motines en las filas de los ejércitos de intervención obligaron a los imperialistas a retirarse. La solidaridad internacionalista de la clase obrera salvó la Revolución Rusa. El siguiente extracto nos da una idea general de la situación:

"Motines importantes en los primeros meses de 1919 en la flota y en unidades terrestres francesas apostadas en Odessa y otros puertos del Mar Negro llevaron a su evacuación forzosa a principios de abril. El director de operaciones militares en el Ministerio de la Guerra informaba de que la moral de las tropas de diferentes nacionalidades bajo mando británico en el frente de Arcangel era 'tan baja que las hacía víctimas de la activa e insidiosa propaganda bolchevique que el enemigo está llevando a cabo con creciente energía y habilidad'. Los detalles se hicieron públicos mucho más tarde a través de informes oficiales americanos. El 1 de marzo de 1919 estalló un motín entre las tropas francesas a las que se había ordenado marchar al frente; algunos días antes, una compañía de infantería británica 'se negó a ir al frente' y poco después una compañía americana 'se negó temporalmente a volver a su deber en el frente" (E. H. Carr, The Bolshevik Revolution, 1917-23, vol. 3, p. 134).

Lo que derrotó a los generales blancos no fue su inferioridad militar, sino la deserción en masa, los motines y las constantes sublevaciones en las zonas ocupadas. El conde Kidovstev, uno de los generales blancos, bien podía ofrecer poco a las masas: "Para empezar, está claro que necesitáis una dictadura militar, y más adelante quizás se podría combinar con un elemento empresarial".

Una oleada revolucionaria recorría toda Europa. En noviembre de 1918, la revolución alemana barrió a la dinastía de los Hohenzollern, obligando al káiser Guillermo a buscar refugio en Holanda. La revolución puso fin a la Primera Guerra Mundial, con la formación de sóviets en toda Alemania. El general Golovin informaba así acerca de sus negociaciones con Churchill, en mayo de 1919, sobre la continuación de la intervención militar británica: "La cuestión de prestar apoyo armado era para él la más difícil; la razón era la oposición de la clase obrera británica a la intervención armada...". Los motines en la flota francesa en Odessa y en los demás ejércitos aliados finalmente sellaron el destino de nuevas expediciones militares a Rusia. En 1920, los estibadores de East India Docks en Londres se negaron a cargar el Jolly George con un cargamento secreto de municiones hacia Polonia, para utilizarlas contra la Rusia soviética.

El primer ministro británico Lloyd George, en un memorándum secreto a Clemenceau durante la Conferencia de Paz de Versalles, escribió: "Toda Europa está llena del espíritu de la revolución. Hay un sentimiento profundo no sólo de descontento, sino de rabia y rebelión entre los trabajadores contra las condiciones existentes antes de la guerra. De un extremo de Europa al otro, las masas de la población están cuestionando todo el orden social existente, en sus aspectos políticos, sociales y económicos" (E. H. Carr, The Bolshevik Revolution, 1917-23, vol. 3, p. 135-6).

Con el fin de la intervención extranjera, el Ejército Rojo liquidó rápidamente los restos de los ejércitos blancos. Las noticias de la revolución en Europa llevaron al bolchevique Karl Radek a declarar: "Ha llegado la revolución mundial. Las masas de la población oyeron su paso de hierro. Se acabó nuestro aislamiento". Trágicamente, resultó ser prematuro. La primera oleada revolucionaria entregó el poder a los dirigentes de la socialdemocracia, que descarrilaron y traicionaron el movimiento. Lenin vio la derrota de la primera ola de la revolución europea como un golpe terrible que servía para aislar la república soviética por un periodo. Esto no era algo secundario, sino una cuestión de vida o muerte para la revolución. Lenin y los bolcheviques habían dejado muy claro una y otra vez que, si la revolución no se extendía hacia Occidente, estaban condenados. El 7 de marzo de 1918, Lenin sopesaba la situación de esta manera:

"Si examinamos la situación a escala histórica mundial, no cabe la menor duda de que si nuestra revolución se quedase sola, si no existiese un movimiento revolucionario en otros países, no existiría ninguna esperanza de que llegase a alcanzar el triunfo final. Si el Partido Bolchevique se ha hecho cargo de todo, lo ha hecho convencido de que la revolución madura en todos los países y que a la larga —y no a la corta— cualesquiera que fuesen las dificultades que hubiéramos de atravesar, cualesquiera que fuesen las derrotas que tuviésemos deparadas, la revolución socialista internacional tiene que venir, pues ya viene, tiene que madurar, pues ya madura y llegará a madurar del todo. Nuestra salvación de todas estas dificultades —repito— está en la revolución europea" (Lenin, Obras Completas, vol. 36, p. 12).

Y concluía: "Pero, de todos modos, y con todas las peripecias posibles imaginables, si la revolución alemana no estalla, estamos perdidos" (Ibid., p. 16). Semanas después repitió la misma idea: "Nuestro atraso nos ha hecho avanzar y pereceremos si no sabemos sostenernos hasta que encontremos el poderoso apoyo de los obreros sublevados de otros países" (Ibid., p. 243).

La tarea principal era mantenerse en el poder tanto como fuera posible. Lenin nunca contempló la posibilidad de un aislamiento prolongado del Estado soviético. O se rompía el aislamiento o el régimen soviético estaría condenado. Todo dependía de la revolución mundial. Su retraso provocó enormes dificultades que iban a tener consecuencias profundas. En vez de la disolución del Estado, se dio el proceso opuesto. Sobre la base de la miseria agravada por la guerra civil y el bloqueo económico, la "lucha por la supervivencia individual", en la frase de Marx, no desapareció ni se suavizó, sino que en los años posteriores adquirió una ferocidad sin precedentes. Más que construir sobre las bases del capitalismo más avanzado, el régimen soviético estaba intentando superar problemas pre socialistas y pre capitalistas. La tarea era "alcanzar el nivel de Europa y América". Esto quedaba muy lejos del "estadio inferior del comunismo" al que se había referido Marx. Los bolcheviques se vieron obligados a enfrentarse a problemas económicos y culturales que ya habían sido resueltos tiempo atrás en Occidente. Lenin declaró en una ocasión, para ilustrar la tarea básica a resolver, que el socialismo era "poder soviético más electrificación".

Esto no era una receta para la "vía rusa al socialismo", todo lo contrario. Siempre estaba vinculada a la perspectiva de la revolución mundial. Lenin estaba intentando solucionar los problemas surgidos del aislamiento de un Estado obrero rodeado de potencias capitalistas hostiles.

No sería difícil establecer, más allá de cualquier duda, la postura de Lenin sobre la necesidad de la revolución mundial. De hecho, él pensaba que, a menos que el Estado soviético consiguiese romper su aislamiento, la Revolución no podría sobrevivir mucho tiempo. Esta idea se repite una y otra vez en los escritos y discursos de Lenin. Los siguientes son sólo unos cuantos ejemplos, que se podrían multiplicar a voluntad:

24 de enero de 1918:

"Estamos lejos incluso de haber terminado el período de transición del capitalismo al socialismo. Jamás nos hemos dejado engañar por la esperanza de que podríamos terminarlo sin la ayuda del proletariado internacional. Jamás nos hemos equivocado en esta cuestión (...) Naturalmente, la victoria definitiva del socialismo en un sólo país es imposible. Nuestro destacamento de obreros y campesinos, que apoya al Poder soviético, es uno de los destacamentos del ejército universal fraccionado hoy por la guerra mundial; pero este ejército tiende a la unificación, (...) y ahora vemos claro cuán lejos irá el desarrollo de la revolución; ha comenzado la obra el ruso, la llevarán a cabo el alemán, el francés y el inglés, y triunfará el socialismo" (Lenin, Obras Completas, vol. 36, pp. 281-89).

8 de marzo de 1918:

"El Congreso considera que la garantía más firme del afianzamiento de la revolución socialista victoriosa en Rusia consiste únicamente en su transformación en revolución obrera internacional" (Ibid., Resolución sobre la guerra y la paz, vol. 36, p. 40).

23 de abril 1918:

"Alcanzaremos la victoria definitiva sólo cuando logremos vencer, por fin, definitivamente al imperialismo internacional, que se apoya en la grandiosa fuerza de la técnica y de la disciplina. Pero alcanzaremos la victoria únicamente con todos los obreros de los demás países, del mundo entero". (Ibid., vol. 36, p. 241).

14 de mayo 1918:

"Esperar a que las clases trabajadoras hagan la revolución a escala internacional equivale a quedar inmovilizados en la espera (...) Después de comenzar con brillante éxito en un país, es posible que atraviese períodos penosos, pues sólo se puede vencer definitivamente a escala internacional y con los esfuerzos mancomunados de los obreros de todos los países" (Ibid., vol. 26, p. 345).

29 julio 1918:

"Nunca nos hemos hecho ilusiones de que las fuerzas del proletariado y el pueblo revolucionario en un solo país, independientemente de lo heroicos, organizados y disciplinados que pudieran ser, podrían derrocar al imperialismo internacional. Eso sólo se puede hacer con los esfuerzos conjuntos de los obreros del mundo (...) Nunca nos engañamos pensando que se podría hacer con los esfuerzos de un solo país. Sabíamos que nuestros esfuerzos llevaban inevitablemente a una revolución mundial, y que la guerra desatada por los gobiernos imperialistas no se podía detener con los esfuerzos de esos mismos gobiernos. Sólo se puede detener mediante los esfuerzos de los obreros; y cuando llegamos al poder, nuestra tarea (...) era la de mantener ese poder, esa antorcha del socialismo, de tal manera que extendiese tantas chispas como fuera posible para aumentar las llamas crecientes de la revolución socialista" (Lenin, Collected Works, vol. 28, pp. 24-5).

8 de noviembre 1918:

"Desde el principio de la Revolución de Octubre, nuestra política exterior y de relaciones internacionales ha sido la principal cuestión a la que nos hemos enfrentado. No simplemente porque desde ahora en adelante todos los Estados del mundo están siendo firmemente atados por el imperialismo en una sola masa sucia y sangrienta, sino porque la victoria completa de la revolución socialista en un solo país es inconcebible y exige la cooperación más activa de por lo menos varios países avanzados, lo que no incluye a Rusia (...) Nunca hemos estado tan cerca de la revolución proletaria mundial de lo que estamos ahora. Hemos demostrado que no estábamos equivocados al confiar en la revolución proletaria mundial (...) Incluso si aplastan a un país, nunca podrán aplastar la revolución proletaria mundial, sólo añadirán combustible a las llamas que les consumirán a todos" (Lenin, Collected Works, vol. 28, pp. 151-64).

20 de noviembre 1918:

"La transformación de nuestra revolución rusa en una revolución socialista no fue una aventura dudosa, sino una necesidad, ya que no había otra alternativa: el imperialismo anglo-francés y americano destruirán inevitablemente la independencia y libertad de Rusia si la revolución socialista mundial, el bolchevismo mundial no triunfa" (Lenin, Collected Works, vol. 28, pp. 188).

15 de marzo 1919:

"La victoria final y completa a escala mundial no se puede conseguir sólo en Rusia; sólo se puede conseguir cuando el proletariado venza en todos los países avanzados, o, en cualquier caso, en algunos de los países avanzados más grandes. Sólo entonces podremos decir con plena confianza que la causa del proletariado ha triunfado, que nuestro primer objetivo —el derrocamiento del capitalismo— ha sido conseguido. Hemos conseguido este objetivo en un país, y esto nos enfrenta a otra tarea. Ahora que se ha establecido el poder soviético, ahora que la burguesía ha sido derrotada en un país, la segunda tarea es lanzar una lucha a escala mundial, en un plano diferente, la lucha del Estado proletario rodeado por Estados capitalistas" (Lenin, Obras Completas vol. 38, pp. 47).

5 de diciembre 1919

"Tanto antes de Octubre como durante la Revolución de Octubre, siempre hemos dicho que nos consideramos y sólo podemos considerarnos como uno de los contingentes del ejército proletario internacional (...) Siempre hemos dicho por lo tanto que la victoria de la revolución socialista sólo se puede considerar final cuando se convierte en la victoria del proletariado por lo menos en varios países avanzados" (Lenin, Collected Works, vol. 30, pp. 207-8).

20 de noviembre de 1920

"Los mencheviques afirman que nos hemos comprometido a derrotar a la burguesía mundial nosotros solos. Sin embargo, nosotros siempre hemos dicho que sólo somos un eslabón en la cadena de la revolución mundial, y nunca nos hemos marcado el objetivo de conseguir la victoria con nuestros propios medios" (Lenin, Collected Works, vol. 31, p. 431).

Finales de febrero de 1922

"Pero no hemos acabado ni siquiera la construcción de los cimientos de la economía socialista y los poderes hostiles del capitalismo moribundo todavía nos lo pueden impedir. Tenemos que apreciar esto y admitirlo francamente; porque no hay nada más peligroso que las ilusiones... Y no hay nada en absoluto (...) terrible en admitir esta verdad amarga; ya que siempre hemos insistido y reiterado esta verdad elemental del marxismo: que se necesitan los esfuerzos conjuntos de los obreros de varios países avanzados para la victoria del socialismo" (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 206).

El internacionalismo intransigente de Lenin no era el resultado de un utopismo sentimental, sino, por el contrario, de una evaluación realista de la situación. Lenin sabía que en Rusia no existían las condiciones materiales para el socialismo, pero sí que existían a escala mundial. La revolución socialista mundial impediría el resurgimiento de aquellos aspectos bárbaros de la sociedad clasista, a los que Marx se refería como "toda la vieja basura", garantizando desde su principio un desarrollo superior al capitalismo. Este era el motivo por el que Lenin ponía tanto énfasis en la perspectiva de la revolución internacional y por el que dedicaba tanto tiempo y energía a la construcción de la Internacional Comunista.

Un plan mundial de producción y una nueva división internacional del trabajo daría bastante rápidamente un impulso poderoso a las fuerzas productivas. La ciencia y la técnica modernas se utilizarían para dominar la naturaleza y convertir los desiertos en llanuras fértiles. Se pondría fin a la destrucción del medio ambiente y al espantoso derroche del capitalismo. En el transcurso de aproximadamente una generación se sentarían las bases materiales para el socialismo. Con el tiempo, el tremendo crecimiento de la producción eliminaría todas las desigualdades materiales y permitiría tal superabundancia que elevaría universalmente la calidad de vida hasta niveles sin precedentes. Todas las necesidades humanas básicas serían satisfechas por una economía mundial planificada. Como consecuencia, las clases se disolverían en la sociedad, junto con los últimos vestigios de la sociedad de clases, el dinero y el Estado. Esto daría lugar al auténtico comunismo y la sustitución de la dominación del hombre por el hombre por la "administración de las cosas", por utilizar la expresión de Engels.

Sin embargo, el derrocamiento del capitalismo no siguió estas premisas. En lugar de la toma del poder por parte de la clase obrera en los países capitalistas avanzados, el capitalismo se rompió, en palabras de Lenin, "por su eslabón más débil". El débil capitalismo ruso pagó el precio de la bancarrota del capitalismo mundial. La burguesía rusa había entrado en la escena de la historia demasiado tarde y era incapaz de llevar a cabo las tareas de la revolución democrático-nacional, que en Occidente ya hacía tiempo que se habían solucionado. Sin embargo, por la ley del desarrollo desigual y combinado*, el capital extranjero había establecido las industrias más grandes y modernas en las ciudades de Rusia, desarraigando al campesinado y creando un proletariado de la noche a la mañana. Esta nueva clase obrera, a través de su experiencia, buscaría las más modernas ideas del movimiento obrero que reflejasen sus necesidades, el marxismo, y fue el primer proletariado en llevar la revolución socialista hasta el final.

* La historia no se desarrolla en línea recta, sino según las leyes del desarrollo desigual y combinado. Un país atrasado asimila las conquistas materiales e intelectuales de los países desarrollados, no como una copia a carbón, sino de manera contradictoria (dialéctica). El injerto de la técnica y la cultura más avanzadas en formaciones pre capitalistas lleva a una combinación peculiar de diferentes estadios económicos en el proceso histórico. Su desarrollo en su conjunto adquiere un carácter combinado, no lineal.

El carácter atrasado del país no hubiera sido un problema de hacer sido la Revolución Rusa el preludio de una revolución socialista mundial victoriosa. Ése era el objetivo del partido bolchevique bajo Lenin y Trotsky. El internacionalismo no era una postura sentimental, sino que estaba enraizado en el carácter internacional del capitalismo y la lucha de clases. En palabras de Trotsky: "el socialismo es la organización de una producción social y armónica para la satisfacción de las necesidades humanas. La propiedad colectiva de los medios de producción no es todavía socialismo, sino sólo su premisa legal. No se puede abstraer el problema de una sociedad socialista del problema de las fuerzas productivas, que en el estadio actual del desarrollo humano son mundiales en su propia esencia" (L. Trotsky, History of the Russian Revolution, p. 1237, este apéndice no está disponible en ninguna de las ediciones españolas consultadas). Se consideraba la Revolución de Octubre como el inicio del nuevo orden socialista mundial.


capítulo I: Balance de Octubre
siguiente.-
El precio del aislamiento

Fundación Federico Engels