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RUSIA
DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
I- Balance de Octubre |
'¡Todo el poder a los sóviets!'
Como corolario de todas las calumnias contra Octubre, tenemos el intento de pintar la Revolución de Febrero de color de rosa. El "democrático" régimen de Kerensky, se nos dice, hubiese llevado Rusia a un futuro glorioso de prosperidad, de no haber sido por el estropicio de los bolcheviques. ¡Ay!, la idealización de la Revolución de Febrero no soporta el más mínimo análisis. Febrero que derrocó al viejo régimen zarista no había resuelto ni una de las tareas de la revolución democrático-nacional: la reforma agraria, una república democrática, la cuestión nacional. Ni siquiera fue capaz de conseguir la reivindicación más elemental de las masas: el fin de la matanza imperialista y la firma de una paz democrática. En una palabra, el régimen de Kerensky, en el transcurso de nueve meses, dio amplias muestras de su incapacidad para satisfacer las necesidades más básicas del pueblo ruso. Fue este hecho, y sólo este hecho, lo que permitió a los bolcheviques llegar al poder con el apoyo de la mayoría decisiva de la sociedad.
Saliendo de los estragos de la Primera Guerra Mundial, la Rusia zarista era una semicolonia, especialmente de Francia, Alemania y Gran Bretaña. Rusia poseía menos del 3% de la producción industrial del mundo. No podía competir a escala mundial. Por cada 100 kilómetros cuadrados de tierra, sólo había 0,4 kilómetros de línea férrea. Alrededor del 80% de la población a duras penas sobrevivía en el campo, que estaba fragmentado en millones de pequeñas parcelas. La burguesía rusa había entrado en la escena de la historia demasiado tarde; no había sido capaz de llevar adelante ninguna de las tareas de la revolución democrático-burguesa, que habían sido resueltas en Gran Bretaña y Francia en los siglos XVI y XVIII. Por el contrario, los capitalistas rusos se apoyaban en el imperialismo, por un lado, y en la autocracia zarista, por el otro. Estaban vinculados por miles de hilos a los viejos terratenientes y aristócratas. Horrorizados por la revolución de 1905, la burguesía se había vuelto más conservadora y suspicaz hacia los trabajadores. No tenía ningún papel revolucionario que jugar. "Y si ésta, en los albores de la historia, no había alcanzado el grado necesario de madurez para acometer la reforma del Estado, cuando las circunstancias le depararon la ocasión de ponerse al frente de la revolución, demostró que llegaba ya tarde" (Trotsky, Historia de la Revolución Rusa, tomo 1, p. 14).
La única clase revolucionaria en Rusia era el joven y pequeño, pero altamente concentrado, proletariado. Partiendo de la ley del desarrollo desigual y combinado, un país atrasado asimila las conquistas materiales e intelectuales de los países avanzados. No reproduce fielmente todas las etapas del pasado, sino que salta por encima de toda una serie de estadios intermedios. Esto da lugar a un desarrollo contradictorio, en el que los rasgos más avanzados se sobreponen a condiciones extremadamente atrasadas. La inversión extranjera supuso la creación de fábricas e industrias altamente avanzadas y concentradas en Rusia. Los campesinos abandonaban el campo, se lanzaban a la industria y eran proletarizados de la noche a la mañana. A este joven proletariado que no tenía ninguna de las tradiciones conservadoras de sus equivalentes en Occidente le correspondió la tarea de sacar la sociedad rusa del impasse. El intento de contraponer el régimen de Febrero a Octubre no se sostiene. Si los bolcheviques no hubiesen tomado el poder, el futuro al que se enfrentaba Rusia no era el de una democracia capitalista próspera, sino el de la barbarie fascista bajo la bota de Kornilov o algún otro general blanco. Un desarrollo de este tipo no hubiese significado un avance, sino una terrible regresión.
En la Revolución de Octubre, el proletariado victorioso tuvo que solucionar primero los problemas de la revolución democrático-nacional, y después pasó, sin interrupción, a las tareas socialistas. Esta era la esencia de la revolución permanente. El capitalismo se había roto por el eslabón más débil, tal y como Lenin explicó. La Revolución de Octubre representó el principio de la revolución socialista mundial. La Revolución de Febrero había creado espontáneamente comités de obreros y soldados, al igual que la revolución de 1905. Los comités, o sóviets, pasaron de ser comités de huelga ampliados a instrumentos políticos de la clase obrera en la lucha por el poder y, más adelante, a organismos administrativos del nuevo Estado obrero. Estos eran mucho más democráticos y flexibles que los órganos elegidos territorialmente de la democracia burguesa. Parafraseando a Marx, la democracia capitalista permite a los obreros elegir cada cinco años a partidos que mal representan sus intereses. En Rusia, con su implantación en el campo, abarcaron a la aplastante mayoría de la población.
En los nueve meses que van de febrero a octubre, los sóviets representaron un poder rival al del Estado capitalista. Fue el periodo de "doble poder". Una de las reivindicaciones clave de los bolcheviques en todo este periodo fue: "¡Todo el poder a los sóviets!". Meses de explicación paciente y la dura experiencia de los acontecimientos ganaron a la mayoría de los obreros y campesinos pobres al bolchevismo. La Revolución de Octubre llevó al poder a un nuevo gobierno revolucionario, que tomó su autoridad del Congreso de los Sóviets. Al contrario de lo que normalmente se piensa, no era un régimen de partido único, sino, en un principio, un gobierno de coalición de los bolcheviques y los eseristas de izquierda. La tarea urgente a la que se enfrentaba ese gobierno era extender la autoridad del poder soviético el gobierno de la clase obrera a toda Rusia. El 5 de enero de 1918, el gobierno aprobó una directiva que declaraba que desde aquel entonces los sóviets locales quedaban investidos de todos los poderes que tenía la vieja administración, y añadía: "Todo el país tiene que quedar cubierto por una red de nuevos sóviets".
El sistema de sóviets no era, como alegan los reformistas, un fenómeno exclusivamente ruso. La revolución alemana de noviembre de 1918 creó organismos similares de manera espontánea. Daban cuerpo a la autoorganización obrera en cada puerto, ciudad y cuartel; esos consejos de obreros, soldados y marineros detentaban el poder político real. También se formaron sóviets en Baviera y durante la Revolución Húngara de 1919. Igualmente, en 1920 se formaron en Gran Bretaña Comités de Acción, descritos por Lenin como "sóviets a los que sólo falta el nombre", y también durante la Huelga General de 1926 (comités de fábrica y consejos sindicales). Aunque los estalinistas y reformistas intentaron impedir la reaparición de sóviets, resurgieron en la Revolución Húngara de 1956, con la creación del Consejo Obrero de Budapest.
En sus orígenes, el sóviet la forma de representación popular más democrática y flexible que nunca se haya inventado era simplemente un comité de huelga ampliado. Nacidos en la lucha de masas, los sóviets (o consejos obreros) asumieron un alcance mucho mayor y finalmente se convirtieron en organismos de gobierno revolucionario directo. Además de los sóviets locales, elegidos en cada ciudad y pueblo, en todas las grandes ciudades también había sóviets de barrio (raionny) y también de distrito o provinciales (oblastny o gubiernsky), y finalmente también se elegían delegados al Comité Ejecutivo Central Panrruso de los Sóviets, en Petrogrado. Los delegados se elegían en cada centro de trabajo a los Sóviets de Diputados de Obreros, Soldados y Campesinos, y estaban sujetos a revocación inmediata. No había ninguna élite burocrática. Ningún diputado o funcionario recibía un sueldo superior al salario de un obrero cualificado.
El gobierno soviético dictó una serie de decretos económicos, políticos, administrativos y culturales inmediatamente después de la revolución. Por la base había un florecimiento de la organización soviética. En todas partes se intentaba acabar con la distinción entre funciones legislativas y ejecutivas y permitir a los individuos participar directamente en la aplicación de las decisiones que ellos tomaban. Como consecuencia, las masas empezaban a tomar sus destinos en sus propias manos. En noviembre de 1917, Lenin escribió un llamamiento en Pravda: "¡Camaradas trabajadores! Recuerden que ahora ustedes mismos administran el Estado. Si ustedes mismos no se unen y no toman en sus manos todos los asuntos del Estado, nadie les ayudará. (...) Pongan manos a la obra desde abajo, sin esperar a nadie" (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 68). Estaba ansioso por que las masas se implicasen en el funcionamiento de la industria y el Estado.
En diciembre de 1917, Lenin escribió: "Una de las tareas más importantes, si no la más importante, de la hora presente consiste en desarrollar con la mayor amplitud esa libre iniciativa de los obreros y de todos los trabajadores y explotados en general en su obra creadora de organización. Hay que desvanecer a toda costa el viejo prejuicio absurdo, salvaje, infame y odioso de que sólo las llamadas 'clases superiores', sólo los ricos o los que han cursado la escuela de las clases ricas, pueden administrar el Estado, dirigir la estructura orgánica de la sociedad capitalista" (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 209).
Fundación Federico Engels