RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

I- Balance de Octubre

Movilización permanente

Numerosos testigos de todos los partidos dan fe del extraordinario grado de participación de las masas. En palabras de Marc Ferro: "Los ciudadanos de la nueva Rusia, habiendo derrocado el capitalismo, estaban en un estado de movilización permanente" (Ibid, p. 201). El destacado menchevique Nikolai Sujanov recuerda que "toda Rusia... estaba constantemente manifestándose en esos días. Todas las provincias se habían acostumbrado a las manifestaciones callejeras" (Ibid, p. 201). Nadezha Krupskaya, la esposa de Lenin, recuerda:

"Aquellos días, las calles presentaban un aspecto interesante, en todas partes se reunían los grupos y discutían acaloradamente la situación política y los acontecimientos. Solía internarme en la multitud y escuchar. Una vez estuve caminando más de tres horas desde la calle Shirokaya hasta la mansión de Kshesinsky, de tan interesantes que eran las conversaciones. Había un patio trasero en casa y, desde allí, con la ventana abierta por la noche, oíamos excitadas discusiones; era un viejo soldado que se sentaba allí y hablaba con la cocinera, y las sirvientas de las casas vecinas. A la una de la madrugada aún se oían palabras sueltas: bolcheviques, mencheviques... A las tres: Miliukov, bolcheviques... A las cinco, lo mismo: política y asambleas. Las blancas noches de Petrogrado se asocian ahora con estas reuniones nocturnas" (N. Krupskaya, Mi vida con Lenin, pp. 289-90).

John Reed nos presenta la misma imagen: "En el frente los soldados peleaban con sus oficiales y aprendían a autogobernarse a través de sus comités. En las fábricas adquirían experiencia y fuerza y la comprensión de su misión histórica en la lucha contra el viejo orden los comités de empresa, organizaciones rusas sin parangón. Toda Rusia aprendía a leer y efectivamente leía libros de política, economía e historia, leía porque la gente quería saber... En cada ciudad, en la mayoría de las ciudades inmediatas al frente cada partido político sacaba su periódico y a veces varios. Miles de organizaciones imprimían miles de folletos políticos, inundando con ellos las trincheras y aldeas, las fábricas y las calles de las ciudades. La sed de instrucción tanto tiempo frenada abrióse paso al mismo tiempo que la revolución con fuerza espontánea. En los primeros seis meses de la revolución tan sólo del Instituto Smolny se enviaba a todos los confines del país toneladas, camiones y trenes de publicaciones. Rusia se tragaba el material impreso con la misma insaciabilidad con que la arena seca absorbe el agua. Y todo aquello no eran fábulas, no era la historia falsificada, diluida por la religión, no era maculatura, barata y corruptora, sino teorías sociales y económicas, filosofía, obras de Tolstói, Gógol y Gorki...

"Luego la palabra. Rusia vióse inundada de tal torrente de discursos que, en comparación, 'la avalancha de locuacidad francesa', de que habla Carlyle, no pasa de ser un arroyuelo. Conferencias, controversias, discursos en los teatros, circos, escuelas, clubes, salas de los sóviets, locales sindicales, cuarteles... Mítines en las trincheras del frente, en las plazuelas aldeanas, en los patios de las fábricas. ¡Qué asombroso espectáculo ofrece la fábrica Putílov cuando de sus muros salen cuarenta mil obreros para oír a los socialdemócratas, eseristas, anarquistas, a quien sea, hable de lo que hable y por mucho tiempo que hable! Durante meses enteros, cada encrucijada de Petrogrado y otras ciudades rusas era una constante tribuna pública. Surgían discusiones y mítines espontáneos en los trenes, en los tranvías, en todas partes..." (J. Reed, Diez días que estremecieron el mundo, pp. 42-3). La sed de ideas se reflejaba en un interés enorme por la palabra escrita. John Reed describe la situación con los soldados en el frente: "Llegamos al frente, al XII Ejército, que se hallaba cerca de Riga, donde los hombres descalzos y extenuados se morían de hambre y enfermedades entre la inmundicia de las trincheras. Al vernos se levantaron a nuestro encuentro. Tenían los rostros demacrados; a través de los agujeros de la ropa azuleaban las carnes. Y la primera pregunta fue: '¿Han traído algo para leer?" (Ibid., p. 43).

El Partido Bolchevique ganó porque defendía el único programa que mostraba una salida a la situación. La famosa consigna de Lenin era: "!Explicar pacientemente!". Las masas fueron capaces de poner a prueba los programas de los mencheviques y de los eseristas, y los dejaron de lado. Los votos de los candidatos bolcheviques a los sóviets aumentaron de manera sostenida hasta el punto que, en septiembre, habían ganado la mayoría en Petrogrado, Moscú, Kiev, Odessa y las demás ciudades principales. En ese momento, la cuestión de la transferencia del poder del desprestigiado Gobierno Provisional, que sólo se representaba a sí mismo, a los sóviets, los organismos democráticos de las masas de obreros y soldados (aplastantemente de extracción campesina), era una necesidad imperiosa. El crecimiento del Partido Bolchevique en este periodo es algo sin precedentes en la historia de los partido políticos: de unos 8.000 miembros en febrero, pasó a 177.000 en el 6º Congreso, cinco meses más tarde. Es más, hay que recordar que esto se consiguió a pesar de tener un aparato extremadamente débil y en condiciones de severa represión. Krupskaya escribe: "No cabía duda del aumento de la influencia bolchevique, particularmente en el ejército, y el 6º Congreso contribuyó todavía más a una concentración de fuerzas. El congreso publicó un manifiesto en el que se llamaba la atención sobre la posición contrarrevolucionaria adoptada por el Gobierno Provisional. 'La revolución mundial y la lucha de clases son inminentes', afirmaba el manifiesto" (N. Krupskaya, Mi vida con Lenin, p. 303). El crecimiento numérico del Partido sólo reflejaba parcialmente el rápido crecimiento de su influencia de masas, sobre todo en los sóviets de obreros y soldados. Marcel Liebman describe de esta manera su progreso:

"Durante todo el año 1917, el partido de Lenin registró éxitos electorales destacables y casi constantes. Mientras que al principio de la revolución sólo tenía una pequeña representación en el sóviet de Petrogrado, en mayo, el grupo bolchevique en la sección obrera de esa institución tenía una mayoría casi absoluta. Un mes más tarde, durante la 1ª Conferencia de comités de fábrica de Petrogrado, tres cuartas partes de los 568 delegados expresaron su apoyo a las tesis bolcheviques. Sin embargo, fue a finales del verano cuando los leninistas cosecharon el fruto completo de su política de oposición al Gobierno Provisional. En las elecciones municipales de Petrogrado, en junio, los bolcheviques recibieron entre el 20 y el 21% de los votos; en agosto, cuando el partido todavía estaba sufriendo las consecuencias de las Jornadas de Julio, recibieron el 33%. En Moscú, en junio, recibieron poco más del 12%; en septiembre obtuvieron mayoría absoluta, con el 51% de los votos. Con el incremento de su representación en las conferencias de los comités de fábrica, queda claro que su influencia era especialmente fuerte entre la clase obrera. En Petrogrado, en septiembre, ya no quedaban ni mencheviques ni eseristas presentes en las reuniones regionales de estos organismos, habiendo sido ocupados sus puestos por los bolcheviques" (Liebman, op. cit., p. 206).

Daremos la última palabra sobre este tema a un destacado oponente del bolchevismo, que también fue testigo presencial e historiador de la Revolución Rusa, el menchevique Sujanov. Describiendo la situación en los últimos días de septiembre, escribe: "Los bolcheviques estaban trabajando obstinadamente sin descanso. Estaban entre las masas, en las fábricas, todos los días, sin pausa. Decenas de oradores, grandes y pequeños, estaban hablando en Petersburgo, en las fábricas y en los cuarteles, todos y cada uno de los días. Para las masas se habían convertido en su propia gente porque siempre estaban allí, tomando la iniciativa en los pequeños detalles al igual que en los asuntos más importantes de la fábrica o el cuartel. Se habían convertido en la única esperanza... Las masas vivían y respiraban al unísono con los bolcheviques" (Ibid., p. 207, énfasis en el original).



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