RUSIA DE LA REVOLUCIÓN A LA CONTRARREVOLUCIÓN
Un análisis marxista


Autor Ted Grant
..Fundación Federico Engels

I- Balance de Octubre

¿Fue la Revolución de Octubre un golpe de Estado?

En el intento de desacreditar a los bolcheviques no se han escatimado falsificaciones del registro histórico. El truco más común es el de describir la Revolución de Octubre como un golpe de Estado sangriento, es decir, un movimiento dirigido por una pequeña minoría utilizando métodos conspirativos a espaldas de la mayoría. Los bolcheviques, se nos dice, arrebataron el poder al gobierno provisional que surgió de la Revolución de Febrero y que, supuestamente, representaba la voluntad democrática del pueblo. Si la "conspiración" de Lenin no hubiese prosperado, sigue la historia, Rusia hubiese entrado en el camino de la democracia parlamentaria occidental y vivido felizmente por el resto de sus días. Este cuento de hadas se ha repetido tantas veces, que muchos lo han aceptado acríticamente. Y al igual que todos los cuentos de hadas, su objetivo es el de adormecer los sentidos.... pero sólo convencen a niños muy pequeños.

La primera cosa que se nos ocurre es: si el gobierno provisional realmente representaba a la aplastante mayoría y los bolcheviques sólo eran un grupo insignificante de conspiradores, ¿cómo consiguieron derrocarlo? Después de todo, el gobierno provisional tenía, por lo menos sobre el papel, toda la fuerza del aparato del Estado, el ejército, la policía y los cosacos, mientras que los bolcheviques eran un pequeño partido que al inicio de la Revolución de Febrero sólo tenía unos 8.000 miembros en toda Rusia. ¿Cómo fue posible que esta minoría minúscula venciese a un Estado tan poderoso? Si aceptamos el argumento de que fue un golpe de Estado, entonces tenemos que asumir que Lenin y Trotsky poseían poderes mágicos. ¡Esto es precisamente lo que pasa en los cuentos de hadas! Por desgracia no pasa en la vida real, o en la historia.

En realidad, la teoría conspirativa de la historia no explica nada. Simplemente da por supuesto lo que tiene que demostrar. Un método de razonamiento tan superficial, que imagina que cada huelga está provocada por "agitadores" y no por el descontento acumulado en una fábrica, es típica de la mentalidad policíaca. Pero cuando la defienden seriamente supuestos académicos como explicación para grandes acontecimientos históricos, uno sólo se puede rascar la cabeza atónito o suponer que hay algún motivo más. El motivo del policía que trata de atribuir una huelga a las actividades de agitadores invisibles está bastante claro. Y este modo de razonamiento no es realmente diferente. La idea central es que la clase obrera es incapaz de entender sus propios intereses (que, por supuesto, son idénticos a los de los empresarios). Por lo tanto, si se ponen en movimiento para tomar su destino en sus propias manos, la única explicación posible es que han sido manipulados por demagogos sin escrúpulos.

Este argumento, que por cierto se puede utilizar contra la democracia en general, también pierde de vista la cuestión central. ¿Cómo pudieron Lenin y Trotsky "engañar" a la mayoría decisiva de la sociedad de tal manera que, en el breve espacio de nueve meses, el Partido Bolchevique pasó de ser una minoría insignificante a ganar la mayoría en los sóviets, los únicos órganos realmente representativos de la sociedad, y tomar el poder? Sólo porque la bancarrota completa del Gobierno Provisional burgués quedó al descubierto. Sólo porque fue incapaz de resolver ni una sola de las tareas de la revolución democrático-burguesa. Y eso se puede demostrar muy fácilmente con un solo hecho: el Partido Bolchevique tomó el poder en octubre con un programa de "pan, paz y tierra". Esta es la demostración más clara de que el Gobierno Provisional había sido incapaz de asegurar ni una sola de las necesidades más candentes del pueblo ruso. Esto, y sólo esto, explica el éxito de los bolcheviques en octubre.

Lo más sorprendente de 1917 es precisamente la participación activa de las masas en cada una de las etapas. Este fenómeno, de hecho, es la esencia de una revolución. En periodos normales, la mayoría de las personas están dispuestos a aceptar que las decisiones más importantes que afectan a sus vidas las tomen otra gente, "los que saben —políticos, funcionarios, jueces, "expertos"— pero en los momentos críticos, la gente normal y corriente empieza a cuestionarlo todo. Ya no se conforman con dejar que sean otros los que decidan por ellos. Quieren pensar y actuar por sí mismos. Esto es precisamente una revolución. Y se pueden ver elementos de este proceso en cada huelga. Los trabajadores empiezan a participar activamente, hablar, juzgar, criticar —en una palabra, decidir su propio destino. Para el burócrata y el policía (y algunos historiadores cuyos procesos mentales funcionan en la misma longitud de onda) esto les parece una locura extraña y amenazadora. De hecho, es precisamente lo contrario. En situaciones de este tipo, los hombres y mujeres dejan de actuar como autómatas y empiezan a comportarse como auténticos seres humanos con una mente y una voluntad. Su estatura se eleva ante sus propios ojos. Rápidamente se hacen conscientes de su propia condición y de sus propias intereses, y. buscan conscientemente un partido y un programa que refleje sus aspiraciones y rechazan los demás. Una revolución siempre se caracteriza por un trepidante auge y declive de partidos, individuos y programas, en el que el ala más radical tiende a ganar.

En todos los escritos y discursos de Lenin de este periodo vemos una fe ardiente en la capacidad de las masas para cambiar la sociedad. Lejos de adoptar métodos conspirativos, se basó en los llamamientos a la iniciativa revolucionaria de los trabajadores, campesinos pobres y soldados. En Las tesis de abril, Lenin declara: "No queremos que las masas simplemente acepten nuestra palabra. No somos charlatanes. Queremos que las masas superen sus errores a través de la experiencia" (Lenin, Collected Works, vol. 36, p. 439). Más tarde dijo: "La insurrección no se puede basar en una conspiración ni en un partido, sino en la clase avanzada (...) La insurrección se tiene que basar en un auge revolucionario del pueblo" (Lenin, Collected Works, vol. 26, p. 22).

El hecho de que Lenin contraponga las masas al Partido no es un accidente. Aunque el Partido Bolchevique jugó un papel fundamental, la revolución no fue un simple proceso lineal unidireccional, sino un proceso dialéctico. Lenin explicó muchas veces que las masas están cien veces más a la izquierda que el partido más revolucionario. Es una ley el que, durante una revolución, el partido revolucionario y su dirección están sometidos a presiones de clases ajenas. Hemos visto este proceso muchas veces en la historia. Un sector de la dirección en estos momentos empieza a dudar y vacilar. Es necesaria una lucha interna para superar estas vacilaciones. Esto sucedió en el Partido Bolchevique después del retorno de Lenin a Rusia, cuando los dirigentes bolcheviques en Petrogrado (principalmente Zinoviev, Kámenev y Stalin) adoptaron una actitud conciliadora hacia el Gobierno Provisional e incluso consideraron la fusión con los mencheviques. La línea del partido sólo cambió después de una aguda lucha interna en la que Lenin y Trotsky unieron sus fuerzas para luchar por una segunda revolución en la que la clase obrera tomase el poder en sus propias manos.

En esta lucha, Lenin hizo un llamamiento directo a los obreros más avanzados por encima de las cabezas del Comité Central: "los obreros y los campesinos pobres (...) están mil veces más a la izquierda que los Chernovs y Tseretelis, y cien veces más a la izquierda que nosotros" (Lenin, Collected Works, vol. 24, p. 364). La fuerza motriz de la revolución en cada etapa fue el movimiento de las masas. La tarea de los bolcheviques era dar una expresión política y organizativa clara a este movimiento y asegurarse que se concentraba en el momento adecuado para la toma del poder, evitando levantamientos prematuros que hubiesen llevado a una derrota. Durante un tiempo, eso en la práctica quiso decir contener a las masas. El Comité de Vyborg, que jugó un papel clave en Petrogrado, declaró en junio: "Tenemos que jugar el papel de apagafuegos" (citado en M. Liebman, Leninism under Lenin, p.200). Podvoisky admitió en el 6º Congreso del Partido, en agosto: "Nos vimos obligados a pasar la mitad del tiempo calmando a las masas" (Ibid., p. 200).



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