Fundación Federico Engels

4. El hundimiento

Bernstein comenzó su revisión del programa socialdemócrata con la renuncia a la teoría del hundimiento del capitalismo. Pero, dado que esta teoría es una piedra angular del socialismo científico, al renunciar a ella también renunció a la doctrina socialista, viéndose obligado, para mantener su primera posición, a abandonar en el curso de la polémica, una tras otra, todas las posiciones del socialismo.
Sin hundimiento del capitalismo, la expropiación de la clase capitalista es imposible. Por lo tanto, Bernstein renuncia a la expropiación y propone como meta del movimiento obrero una implantación paulatina del
principio cooperativista.
Pero el cooperativismo no puede prosperar en medio de la producción capitalista. Por lo tanto, Bernstein renuncia a la socialización de la producción, y propone la reforma del comercio y el desarrollo de las cooperativas de consumo.
Pero la transformación de la sociedad por medio de las cooperativas de consumo, aunque sea con los sindicatos, no es compatible con el desarrollo material real de la sociedad capitalista. Por lo tanto, Bernstein renuncia a la concepción materialista de la historia.
Pero su concepción sobre la marcha del desarrollo económico no es compatible con la ley marxista de la plusvalía. Por lo tanto, Bernstein renuncia a la ley de la plusvalía y a la ley del valor, y con ello a toda la teoría económica de Carlos Marx.
Pero la lucha del proletariado no puede desarrollarse sin un objetivo final claro y sin una base económica en la sociedad contemporánea. Por lo tanto, Bernstein renuncia a la lucha de clases y predica la reconciliación con el liberalismo burgués.
Pero como en una sociedad clasista la lucha de clases es un fenómeno natural e inevitable, Bernstein consecuentemente niega incluso la existencia de las clases en nuestra sociedad. Para él, la clase obrera no es más que un montón de individuos aislados en lo político, en lo intelectual y hasta en lo económico. Y tampoco la burguesía, según Bernstein, se agrupa políticamente en razón de unos intereses económicos internos, sino solamente por la presión exterior desde arriba o desde abajo.
Pero si no hay base económica para la lucha de clases y, consecuentemente, tampoco hay clases sociales, tanto la actual como la futura lucha del proletariado contra la burguesía resultan imposibles y la propia socialdemocracia y sus éxitos, incomprensibles. O sólo se pueden comprender como resultado de la presión política del gobierno, es decir, no como consecuencia natural del desarrollo histórico, sino como consecuencia fortuita de la política de los Hohenzollern34; no como hijo legitimo de la sociedad capitalista, sino como bastardo de la reacción. De este modo, impulsado por una poderosa lógica, Bernstein pasa de la concepción materialista de la historia al punto de vista de la
Frankfurter Zeitung35 y la Vossischer Zeitung.
Una vez que se ha renegado de toda la crítica socialista a la sociedad burguesa, lo único que queda es considerar que, en líneas generales, lo existente es satisfactorio. Tampoco esto hace vacilar a Bernstein, que no ve tan fuerte a la reacción en Alemania y para quien en los países europeos occidentales "no es muy visible la reacción política" y en casi todos ellos "la actitud de las clases burguesas con respecto al movimiento socialista es, todo lo más, una actitud defensiva, y no de opresión" (
Vorwärts, 26/3/1899). La situación de los trabajadores, lejos de empeorar, mejora cada vez más, la burguesía es políticamente progresista y hasta moralmente sana, no se ve que haya reacción ni opresión... todo va a mejor en el mejor de los mundos.
Y así, en lógica secuencia, recorre Bernstein el trayecto de la A a la Z. Comenzó renunciando al
fin último en beneficio del movimiento. Pero como no puede existir movimiento socialdemócrata sin un fin último socialista, Bernstein acaba renunciando al movimiento mismo.
De este modo se viene abajo toda la concepción bernsteiniana del socialismo. El firme, simétrico y maravilloso edificio del pensamiento marxista queda reducido por Bernstein a un enorme montón de escombros en el que los cascotes de todos los sistemas y las piezas del pensamiento de las grandes y pequeñas mentes encuentran una sepultura común. Marx y Proudhon, Leo von Buch y Franz Oppenheimer, Friedrich Albert Lange y Kant, el señor Prokopovitch y el doctor Ritter von Neupauer, Herkner y Schulze-Gavernitz, Lassalle y el profesor Julius Wolf,36 todos han contribuido con su óbolo al sistema de Bernstein y de todos ha tomado éste algo. ¡No es de extrañar! Al abandonar el punto de vista de clase, ha perdido la brújula política; al abandonar el socialismo científico, ha perdido el eje de cristalización intelectual en torno al cual organizar los hechos aislados en el todo orgánico de una concepción coherente del mundo.
A primera vista, su doctrina, compuesta con las migajas de todos los sistemas posibles, parece carecer por completo de prejuicios. Bernstein no quiere saber nada de una "ciencia de partido" o, más correctamente, de una ciencia de clase, así como tampoco de un liberalismo o una moral de clase. Cree defender una ciencia humana general, abstracta, un liberalismo abstracto, una moral abstracta. Pero como la sociedad real se compone de clases que tienen intereses, propósitos y concepciones diametralmente opuestos, por el momento resulta ser pura fantasía, un autoengaño, hablar de una ciencia humana general de las cuestiones sociales, un liberalismo abstracto, una moral abstracta. La ciencia, la democracia y la moral que Bernstein cree humanas y universales no son más que la ciencia, la democracia y la moral dominantes, es decir, la ciencia, la democracia y la moral burguesas.
En efecto. Al renegar del sistema económico marxista para jurar lealtad a las enseñanzas de Brentano, Böhm-Bawerk, Jevons, Say,37 Julius Wolf, ¿qué hace sino cambiar el fundamento científico de la emancipación de la clase obrera por la apología de la burguesía? Y cuando habla del carácter humano universal del liberalismo y convierte el socialismo en una variedad de éste, ¿qué hace sino quitarle al socialismo su carácter de clase, su contenido histórico, o sea, todo su contenido, para convertir a la burguesía, la clase a la que históricamente representó el liberalismo, en la defensora de los intereses generales de la humanidad?
Y cuando Bernstein habla en contra de "la elevación de los factores materiales a la condición de fuerzas todopoderosas del desarrollo", y cuando despotrica contra "el menosprecio de los ideales" por la socialdemocracia, y cuando exalta el idealismo y la moral al tiempo que se pronuncia contra la única fuente del renacimiento moral del proletariado, la lucha revolucionaria de clases, ¿qué otra cosa hace sino predicar a la clase obrera la quintaesencia de la moral burguesa, es decir, la reconciliación con el orden establecido y el depositar todas las esperanzas en el más allá?
Por último, al dirigir sus dardos más afilados contra la dialéctica, ¿qué hace sino combatir el pensamiento específico del proletariado consciente en su lucha por la emancipación? Es decir, intentar romper la espada que ha ayudado al proletariado a desgarrar las tinieblas de su porvenir histórico, intentar mellar el arma intelectual con cuya ayuda el proletariado, aun continuando materialmente bajo el yugo burgués, es capaz de vencer a la burguesía, al demostrarle el carácter transitorio del actual orden social y la inevitabilidad de su victoria, el arma intelectual que ya está haciendo la revolución en el mundo del pensamiento. Despidiéndose de la dialéctica y montándose en el columpio intelectual del "por un lado... y por el otro", "sí, pero no", "aunque... sin embargo", "más o menos", Bernstein cae en el esquema de pensamiento históricamente limitado de la burguesía en decadencia, esquema que es fiel reflejo intelectual de su existencia social y su actuación política (Caprivi-Hohenlohe, Berlepsch-Posadowsky, decretos de febrero-proyectos penitenciarios).38 El "por un lado... y por el otro", "sí, pero no", las dudas y disyuntivas políticas de la burguesía contemporánea poseen el mismo carácter que el modo de pensar de Bernstein, y su modo de pensar es la mejor prueba de la naturaleza burguesa de su concepción del mundo.
Pero, para Bernstein, el término "burgués" ya no es una expresión de clase, sino un concepto social de carácter general. Esto significa que, consecuente hasta el final, conjuntamente con la ciencia, la moral y el modo de pensar, Bernstein también ha cambiado el lenguaje histórico del proletariado por el de la burguesía. Al calificar indistintamente al burgués y al proletario como "ciudadano", para acabar hasta con los antagonismos verbales, Bernstein identifica al hombre en general con el burgués y a la sociedad humana con la sociedad burguesa.
[Si en el comienzo de la controversia alguien todavía pensaba que se podría recuperar a Bernstein para el movimiento convenciéndolo con argumentos tomados del arsenal científico socialdemócrata, debe abandonar enteramente esa esperanza. Porque ya hasta las mismas palabras han dejado de tener igual significado para ambas partes, los mismos conceptos han dejado de expresar iguales realidades sociales. La controversia con Bernstein se ha convertido en un enfrentamiento entre dos concepciones del mundo, dos clases, dos formas de sociedad. Bernstein y la socialdemocracia se encuentran hoy en campos absolutamente distintos.]*1



5. El oportunismo en la teoría y en la práctica

El libro de Bernstein es de gran importancia histórica para el movimiento obrero alemán e internacional porque es el primer intento de dotar de una base teórica a las corrientes oportunistas en la socialdemocracia.
Si consideramos sus manifestaciones esporádicas, como el conocido caso de la cuestión de la
subvención a las navieras mercantes,39 se podría decir que el oportunismo data de hace bastante tiempo. Pero como tendencia con un carácter claramente definido no aparece hasta los inicios de la década de 1890, tras la abolición de las leyes antisocialistas y la consiguiente recuperación de las posibilidades de actuación legal. El socialismo de Estado de Vollmar,40 la votación del presupuesto en Baviera,41 el socialismo agrario de la Alemania meridional,42 las propuestas de compensaciones de Heine43 y las opiniones de Schippel sobre la política aduanera y el militarismo44 son los jalones que marcan el desarrollo de nuestra práctica oportunista.
¿Qué es, a primera vista, lo más característico de todas estas corrientes? La hostilidad hacia la
teoría. Esto es completamente natural, puesto que nuestra teoría, es decir, los fundamentos del socialismo científico, establece límites muy definidos para la actividad práctica, tanto respecto a los fines como a los medios de lucha a emplear, y también respecto al modo de luchar. Por eso es natural que todos aquellos que únicamente buscan éxitos pragmáticos manifiesten la natural aspiración a tener las manos libres, o sea, a hacer independiente la práctica de la teoría.
Pero este enfoque se demuestra inoperante: el socialismo de Estado, el socialismo agrario, la política de compensaciones o la cuestión militar son otras tantas derrotas para el oportunismo. Es evidente que si esta corriente quería afirmarse no podía limitarse a ignorar los fundamentos de nuestra teoría, sino que tenía que tratar de destruirlos, a fin de establecer su propia teoría. La de Bernstein fue un intento en este sentido, y por eso todos los elementos oportunistas se agruparon en tomo a su bandera en el congreso de Stuttgart. Si, por un lado, las corrientes oportunistas en la actividad práctica son un fenómeno completamente natural comprensible por las condiciones y el desarrollo de nuestra lucha, por otro lado, la teoría de Bernstein es un intento no menos comprensible de aglutinar estas corrientes en una expresión teórica general, un intento de establecer sus propios presupuestos teóricos generales y liquidar el socialismo científico. En consecuencia, la teoría de Bernstein ha sido, desde un principio, el bautismo de fuego del oportunismo, su primera legitimación científica.
¿Qué resultado ha producido este intento? Como hemos visto, el oportunismo no es capaz de elaborar una teoría positiva que pueda resistir medianamente la crítica. Todo lo que puede hacer es atacar aisladamente algunas de las tesis de la doctrina marxista, para luego, dado que esta doctrina constituye un conjunto sólidamente entrelazado, intentar destruir todo el edificio, desde la azotea hasta los cimientos. Con esto se demuestra que, por su esencia y fundamentos, la práctica oportunista es incompatible con el sistema marxista.
Pero con ello se prueba también que el oportunismo es incompatible asimismo con el socialismo, ya que posee una tendencia inherente a desviar el movimiento obrero hacia caminos burgueses, es decir, a paralizar por completo la lucha de clases proletaria. Cierto que, desde un punto de vista histórico, la lucha de clases proletaria no es idéntica a la doctrina marxista. Antes de Marx, e independientes de él, también hubo un movimiento obrero y diversos sistemas socialistas que eran, cada uno a su manera, la expresión teórica, propia de la época, de las aspiraciones emancipadoras de la clase obrera. La justificación del socialismo con conceptos morales de justicia, la lucha contra el modo de distribución en vez de contra el modo de producción, la concepción de los antagonismos de clase como antagonismos entre ricos y pobres, la pretensión de injertar en la economía capitalista el "principio cooperativista", todo lo que se encuentra en el sistema de Bernstein ya existió con anterioridad. Y esas teorías, a pesar de sus insuficiencias, fueron en su época auténticas teorías de la lucha de clases proletaria, fueron las botas de siete leguas con las que el proletariado aprendió a caminar por la escena de la historia.
Pero una vez que el desarrollo de la lucha de clases y su reflejo en las condiciones sociales llevó al abandono de esas teorías y a la elaboración de los principios del socialismo científico, ya no puede haber más socialismo que el marxista, al menos en Alemania, ni puede haber otra lucha de clases socialista que la socialdemócrata. De ahora en adelante, socialismo y marxismo --la lucha por la emancipación proletaria y la socialdemocracia-- son idénticos. El retorno a teorías socialistas premarxistas ya no supone una vuelta a las botas de siete leguas de la infancia del proletariado, sino a las viejas y gastadas pantuflas de la burguesía.
La teoría de Bernstein ha sido, al mismo tiempo, el primer y último intento de proporcionar una base teórica al oportunismo. Y decimos el último porque, con el sistema de Bernstein, el oportunismo ha llegado, tanto en lo negativo (renegar del socialismo científico) como en lo positivo (conjugar toda la confusión teórica disponible), todo lo lejos que podía llegar, ya no le queda nada por hacer. Con el libro de Bernstein, el oportunismo ha completado su desarrollo llegando a las últimas consecuencias en la teoría [al igual que lo hizo en la práctica, con la postura de Schippel sobre el militarismo.]*2
La doctrina marxista no solamente puede rebatir teóricamente el oportunismo, sino que es la única capaz de explicarlo como una manifestación histórica en el proceso de construcción del partido. El avance histórico a escala mundial del proletariado hasta su victoria no es, desde luego, "un asunto sencillo". La particularidad de este movimiento reside en que, por primera vez en la historia, las masas populares imponen su voluntad contra las clases dominantes, aunque es verdad que tienen que realizar esa voluntad más allá de la presente sociedad. Pero las masas sólo pueden forjar esa voluntad en la lucha continua contra el orden establecido, dentro por tanto del contexto de éste. La unión de las amplias masas populares con una meta que trasciende todo el orden social existente, la unión de la lucha cotidiana con la gran transformación mundial es la principal tarea del movimiento socialdemócrata, que se ve obligado a avanzar entre dos peligros: entre la renuncia al carácter de masas del partido y la renuncia al objetivo último, entre la regresión a la secta y la degeneración en un movimiento burgués reformista, entre el anarquismo y el oportunismo.
Hace ya más de medio siglo que el arsenal teórico marxista ha proporcionado armas devastadoras contra ambos extremos. Pero, dado que nuestro movimiento es un movimiento de masas y que los peligros que sobre él se ciernen no emanan de la mente humana, sino de las condiciones sociales, la teoría marxista no puede protegernos, de una vez y para siempre, contra las desviaciones anarquistas y oportunistas. Éstas, una vez que han pasado del dominio de la teoría al de la práctica, sólo pueden ser vencidas por el propio movimiento y gracias a las armas que el marxismo proporciona. La socialdemocracia ya superó el peligro menor, el sarampión anarquista, con el "movimiento de los independientes"45; el peligro mayor, la hidropesía oportunista, es lo que está superando ahora.
A causa de la enorme difusión del movimiento en los últimos años y de la mayor complejidad de las condiciones en que se lleva a cabo la lucha, tenía que llegar el momento en que dentro del movimiento surgieran el escepticismo acerca de la posibilidad de alcanzar los grandes objetivos últimos y las vacilaciones ideológicas. Así, y no de otro modo, es cómo ha de discurrir el movimiento proletario y cómo de hecho discurre. Los momentos de desfallecimiento y temor, lejos de constituir sorpresa alguna para la doctrina marxista, ya fueron previstos por Marx hace mucho tiempo, cuando hace más de medio siglo escribió El 18 Brumario de Luis Bonaparte: "Las revoluciones burguesas, como la del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan enseguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilar serenamente los resultados de su período impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las propias circunstancias gritan: Hic Rhodus, hic salta".46
Esto sigue siendo cierto incluso después de haberse elaborado la doctrina del socialismo científico. El movimiento proletario todavía no es completamente socialdemócrata, ni siquiera en Alemania. Pero lo va siendo día a día, al tiempo que va superando las desviaciones extremas del anarquismo y el oportunismo, que no son más que fases del desarrollo de la socialdemocracia entendida como un proceso.
En vista de todo esto, lo sorprendente no es la aparición de una corriente oportunista, sino su debilidad. Mientras se manifestaba únicamente en casos aislados de la práctica del partido, se podía pensar que tenía detrás una base teórica seria. Pero ahora que se ha mostrado al desnudo en el libro de Bernstein, todos preguntarán, sorprendidos: ¿Cómo, eso es todo lo que tenéis que decir? ¡Ni una pizca de ideas nuevas! ¡Ni una sola idea que el marxismo no hubiera refutado, aplastado, ridiculizado y reducido a la nada ya hace decenios!
Ha bastado con que hablara el oportunismo, para demostrar que no tenía nada que decir. Ésta es precisamente la importancia que para la historia de nuestro partido tiene el libro de Bernstein.
Y así, al despedirse del modo de pensar del proletariado revolucionario, de la dialéctica y de la concepción materialista de la historia, Bernstein debe agradecerles las circunstancias atenuantes que le han concedido a su conversión. Con su magnanimidad habitual, la dialéctica y la concepción materialista de la historia permitieron que Bernstein apareciera como el instrumento inconsciente para que el proletariado ascendente manifestara un desconcierto momentáneo que, tras una consideración más reposada, arrojó lejos de sí con una sonrisa desdeñosa.
[Hemos dicho que el movimiento se hace socialdemócrata mientras y en la medida en que supera las desviaciones anarquistas y oportunistas que necesariamente surgen en su crecimiento. Pero superar no quiere decir dejarlo todo tranquilamente a la buena de Dios. Superar la corriente oportunista actual quiere decir precaverse frente a ella. Bernstein remata su libro con el consejo al partido de que se atreva a aparecer como lo que en realidad es: un partido reformista demócrata-socialista. A nuestro juicio, el partido, es decir, su máximo órgano, el congreso, tendría que pagar este consejo con la misma moneda, sugiriendo a Bernstein que aparezca formalmente como lo que en realidad es: un demócrata pequeñoburgués progresista.]*3

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34. Familia de gobernantes alemanes. Gobernó Prusia, primero, y Alemania, después, hasta la Primera Guerra Mundial.

35. Frankfurter Zeitung. Diario de los financieros alemanes. Órgano de los monopolios de 1856 a 1943. Desde 1949 se llama Frankfurter Allgemeine Zeitung.

36. Pierre J. Proudhon (1809-65): Ideólogo francés, uno de los fundadores del anarquismo. Criticaba, desde posiciones pequeñoburguesas, la gran propiedad capitalista. En su obra Miseria de la filosofía, Marx rebatió sus tesis. Leo von Buch: Economista alemán. Friedrich A. Lange (1852-85): Filósofo defensor de algunas tesis del socialismo utópico. Emmanuel Kant (1724-1804): Filósofo idealista alemán. Heinrich Herkner (1863-1932): Uno de los “socialistas de cátedra” (ver nota nº 17). H. von Schulze-Gavernitz (1824-88): Economista alemán. Julius Wolf: Economista alemán y “socialista de cátedra”.

37. Leon Say (1826-96). Economista francés defensor del librecambio y feroz adversario del socialismo.

38. G. L. Caprivi (1831-99): Político alemán que sucedió a Bismarck como canciller en 1890 y fue destituido cuatro años más tarde. Suprimió las leyes antisocialistas. C. Hohenlohe (1819-1901): Sucesor a su vez de Caprivi en la cancillería. H. H. von Berlepsch (1843-1926): Gobernador de Koblenz durante la huelga de 1889, discrepó de la política de Bismarck. Posteriormente fue ministro. Conde Posadowsky (1845-1932): Ministro de Interior en la era post-Bismarck, impulsó la legislación laboral sobre vejez, enfermedad, invalidez, etc.

*1 Omitido en la segunda edición.

39. Referencia al apoyo, en 1885, del grupo parlamentario socialdemócrata a la propuesta de Bismarck de subvencionar con 5 millones de marcos las líneas de vapores, especialmente las que unían Alemania con sus colonias. La justificación fue completamente reformista y más tarde sirvió para la defensa del imperialismo.

40. Georg von Vollmar (1850-1922). Inicialmente en la izquierda del partido, giró espectacularmente a la derecha tras la derogación, en 1890, de las leyes antisocialistas. En los congresos de 1891 a 1895 encabezó la fracción reformista, apoyándose especialmente en las organizaciones de los estados de la Alemania meridional (Baviera, Württemberg, Baden y Hessen). Defendió la posibilidad de un Estado por encima de las clases y árbitro en las disputas entre capital y trabajo.

41. Los socialdemócratas bávaros dieron su aprobación al presupuesto del gobierno de su estado tras la abolición de la legislación antisocialista, en contra de la política habitual del partido.

42. Referencia irónica a los que rechazaban la propuesta de nacionalización del suelo. Por el escaso desarrollo industrial del sur de Alemania, la lucha de clases no era tan aguda allí como en otras partes del país. El oportunismo de los dirigentes socialdemócratas de dichos estados les llevaba a ignorar los principios del partido si con ello favorecían sus intereses electorales.

43. Wolfang Heine formuló una propuesta de concesiones a la política bélica del gobierno a cambio de concesiones en los derechos democráticos.

44. En el congreso de Stuttgart, celebrado en octubre de 1898, Schippel preconizó la aprobación de la política proteccionista del gobierno, con el argumento de que protegería a los obreros alemanes de la competencia de la industria extranjera.

*2 Omitido en la segunda edición.

45. Referencia a la corriente de los  “Jóvenes”, o también “movimiento independiente”, que se enfrentó a la mayoría del partido en el congreso de Halle (octubre de 1890) por lo que entendían era un aburguesamiento del partido. Expulsados al año siguiente en el congreso de Erfurt, la mayoría de ellos evolucionó posteriormente hacia el reformismo.

46. Referencia a la fábula de Esopo en que un fanfarrón presume de haber dado un salto gigantesco en Rodas y sus interlocutores, escépticos, le dicen: “Aquí está Rodas, salta aquí”. En otras palabras, demuestra con hechos lo que eres capaz de hacer.

*3 Omitido en la segunda edición.