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Razón y revolución
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Tercera Parte: Vida, mente y materia
| 13. La Génesis de la mente (y 2) | |
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Ojo, mano y cerebro El desarrollo del lenguaje y el pensamiento del niño fue analizado rigurosamente por primera vez en el trabajo pionero del epistemólogo suizo Jean Piaget. Algunos aspectos de sus teorías han sido cuestionados, especialmente la falta de flexibilidad con la que interpreta la manera en que el niño pasa de uno a otro de sus estadios. Sin embargo este era un trabajo pionero en un campo que había sido prácticamente ignorado y muchas de sus teorías siguen siendo bastante válidas. Piaget fue el primero en plantear la idea de un proceso dialéctico de desarrollo desde el nacimiento a través de la infancia hacia la adolescencia, al igual que Hegel fue el primero en plantear una exposición sistemática del pensamiento dialéctico en general. Los defectos de ambos sistemas no deberían oscurecer el contenido positivo de su trabajo. Aunque los estadios de Piaget sin duda son un poco esquemáticos, y sus métodos de investigación están abiertos a la crítica, sin embargo mantienen un valor como una visión general del desarrollo humano temprano. Las teorías de Piaget fueron una reacción contra los puntos de vista de los conductivistas, cuyo principal representante, Skinner, fue especialmente influyente durante los años 60 en los Estados Unidos. El punto de vista conductivista es completamente mecánico, basado en el modelo lineal de desarrollo acumulativo. Según esta teoría, el niño aprende más eficazmente cuando está sujeto a un programa lineal creado por profesores expertos y planificadores de currículums. Las teorías educativas de Skinner encajan muy bien con la mentalidad capitalista. Los niños sólo aprenderán, según esta teoría, si se les recompensa por ello, de la misma manera que a un obrero se le pagan más las horas extras. Los conductivistas adoptan una postura típicamente mecánica en relación al desarrollo del lenguaje. Noam Chomsky resaltó que Skinner describía correctamente cómo un niño aprendía las primeras palabras (principalmente sustantivos), pero no explicaba cómo las unía. El lenguaje no es solamente una cadena de palabras. Es precisamente la combinación de estas palabras en una cierta relación dinámica lo que hace del lenguaje un fenómeno tan rico, efectivo, flexible y complejo. Aquí, decididamente, el todo es mayor que la suma de las partes. Es una hazaña realmente increíble que un niño de dos años aprenda a utilizar las reglas de la gramática, y cualquier adulto que haya tratado de aprender una lengua extranjera estará de acuerdo. Comparado con este crudo dogma mecanicista, las teorías de Piaget representan un gran paso adelante. Piaget explicó como el aprendizaje es natural en el niño. El trabajo del profesor es sacar a la luz esas tendencias que ya están presentes en el niño. Además, Piaget planteó correctamente que el proceso de aprendizaje no es una línea recta, sino que está interrumpida por saltos cualitativos. Aunque los estadios de Piaget están sujetos a discusión, no hay duda de que su punto de vista dialéctico en general era válido. Lo más valioso del trabajo de Piaget fue que presentó el desarrollo del niño como un proceso contradictorio, en el que cada estadio se basaba en el anterior, superándolo y conservándolo al mismo tiempo. La base condicionada genéticamente nos da el material elaborado, el cual, desde el primer momento entra en una interacción dialéctica con el entorno. El niño recién nacido no es consciente, sino que actúa en base a instintos biológicos profundamente enraizados que exigen una satisfacción inmediata. Estos poderosos instintos animales no desaparecen sino que permanecen en el sustrato inconsciente, por debajo de nuestras actividades. Utilizando el lenguaje de Hegel, lo que tenemos aquí es la transición entre ser-en-sí a ser-para-síóde potencial a real, de un ser aislado, inconsciente e incapaz, un juguete de las fuerzas naturales, a un ser humano consciente. El movimiento hacia la auto-conciencia, como Piaget explica correctamente es una lucha, que pasa por diferentes fases. El recién nacido no distingue entre sí mismo y lo que le rodea. Sólo lentamente empieza a ser consciente de la diferencia entre sí mismo y el mundo externo. "El período que va del nacimiento a la adquisición del lenguaje", escribe Piaget, "está marcado por un desarrollo mental extraordinario". En otro sitio, describe los primeros 18 meses de existencia como "una revolución copernicana en pequeña escala". 63 La clave de esto es el proceso de darse cuenta de la relación entre el sujeto (Él mismo) y el objeto (la realidad), que hay que entender. Vygotsky y Piaget El primero, y el mejor, de los críticos de Piaget fue Vygotsky, el pedagogo soviético que en el periodo 1924-34 elaboró una alternativa consistente a las ideas de Piaget. Trágicamente las ideas de Vygotsky sólo se publicaron en la Unión Soviética después de la muerte de Stalin, y fue conocido en Occidente en los 50 y 60 cuando ejerció una poderosa influencia, por ejemplo sobre Jerome Bruner. Hoy en día es ampliamente aceptado por los pedagogos. Vygotsky se adelantó a su tiempo explicando la importancia de los gestos en el desarrollo del niño. Esto ha sido recuperado más recientemente por los psicolingüístas descifrando los orígenes del lenguaje. Bruner y otros han planteado el enorme impacto de los gestos en el desarrollo posterior del lenguaje en el niño. Mientras que Piaget puso más Énfasis en el aspecto biológico del desarrollo del niño, Vygotsky se concentró más en la cultura, al igual que gente como Bruner. Las herramientas juegan un papel importante en la cultura, ya sean palos y piedras en los primeros homínidos, o lápices, gomas y libros en los niños de hoy en día. Investigaciones recientes han demostrado que los niños son más capaces en un estadio inicial de lo que pensó Piaget. Sus ideas sobre los niños muy pequeños parecen haber sido superadas, pero la mayor parte de sus investigaciones siguen siendo válidas. Proviniendo de la biología era inevitable que pusiese mucho Énfasis en este aspecto del desarrollo del niño. Vigotsky lo trató desde otro punto de vista, aunque sin embargo hay puntos en común. Por ejemplo, en su estudio de los primeros años de la infancia trata sobre el "pensamiento no lingüístico" tal y como Piaget lo subrayó en su relación de la "actividad sensorimotriz", como utilizar un rastrillo para alcanzar otro juguete. Junto a esto podemos darnos cuenta de los sonidos incomprensibles del niño. Cuando los dos elementos se combinan, se produce un desarrollo explosivo del lenguaje. Por cada nueva experiencia, el niño quiere saber su nombre. Aunque Vygotsky tomó otro camino, la ruta la había abierto Piaget. "El progreso de crecimiento no es una progresión lineal de la incompetencia a la competencia: un niño recién nacido para sobrevivir, necesita ser competente en ser un niño recién nacido, no en ser una versión reducida del adulto que será más adelante. El desarrollo no es sólo un proceso cuantitativo sino uno en que hay transformaciones de calidad, entre chupar y masticar comida sólida, por ejemplo, o entre comportamiento sensorimotriz y cognoscitivo". 64 Sólo gradualmente después de un largo periodo y a través de un proceso difícil de ajuste y aprendizaje el niño deja de ser un paquete de sensaciones y apetitos ciegos, un objeto impotente, y se convierte en un agente libre, consciente y autodirigido. Es esta lucha dolorosa para pasar de inconsciente a consciente, de la más absoluta dependencia del entorno a dominar el entorno, la que nos da un llamativo paralelo entre el desarrollo del niño individual y el de la especie humana. Por supuesto que sería incorrecto sacar la conclusión de que es una comparación exacta. Toda analogía se mantiene dentro de unos límites muy precisos. Pero es difícil resistirse a sacar la conclusión de que por lo menos en algunos aspectos este paralelismo existe en realidad. De inferior a superior; de simple a complejo; de inconsciente a consciente, estas características son recurrentes en la evolución de la vida. Los animales dependen más que los humanos de los sentidos, y tienen un mejor oído, vista y olfato. Es interesante que la agudeza de la visión llega a un punto máximo al final de la infancia y a partir de ese momento disminuye. Por otra parte las funciones intelectuales más elevadas continúan desarrollándose toda la vida, hasta bien entrada la vejez. Seguir la senda por la que pasan los humanos desde el nivel inconsciente hasta la auténtica consciencia es una de las tareas más fascinantes e importantes de la ciencia. Al nacer el niño sólo conoce reflejos. Pero eso no significa pasividad. Desde el primer momento de su existencia la relación del niño con su entorno es activa y práctica. No piensa sólo con la cabeza sino con todo su cuerpo. El desarrollo del cerebro y de la conciencia está relacionado con su actividad práctica. Uno de los primeros reflejos es chupar. Incluso aquí el proceso de aprender de la experiencia está presente. Piaget explica que el niño succiona mejor después de dos o tres semanas que al principio. Más tarde se produce un proceso de discriminación en el que el niño empieza a reconocer las cosas. Todavía más adelante el niño empieza a hacer las primeras generalizaciones, no sólo en pensamiento sino también en la acción. No sólo succiona el pecho, sino que también succiona el aire y después sus dedos. En castellano hay un dicho: "no me chupo el dedo", que quiere decir "no soy tonto". De hecho, la habilidad de meterse un dedo en la boca es una tarea bastante difícil para un niño, que generalmente sólo aparece al cabo de dos meses, y marca un importante paso adelante que demuestra un cierto grado de coordinación entre la mano y el cerebro. Inmediatamente después del nacimiento el niño tiene dificultad en centrar su atención en objetos concretos. Gradualmente es capaz de concentrarse en objetos concretos, y anticipar dónde están de tal manera que puede mover su cabeza para poder verlos. Este desarrollo, analizado por Bruner, tiene lugar durante los dos o tres primeros meses e implica no solamente el campo meramente visual, la orientación de los ojos, cabeza y cuerpo hacia el objeto de atención. Al mismo tiempo la boca se convierte en el vínculo entre visión y el movimiento. Gradualmente empieza el proceso guiado de alcanzar-cojer-acercar, que siempre concluye llevándose la mano a la boca. Para el niño recién nacido el mundo es en primer lugar y sobretodo algo que hay que chupar. Más tarde es algo a lo que hay que escuchar y mirar, y, cuando un nivel suficiente de coordinación se lo permite, algo que hay que manipular. Esto no es todavía lo que llamamos conciencia, pero es el punto de partida de la conciencia. Se necesita un proceso de desarrollo muy prolongado para integrar todos estos elementos en hábitos y percepciones organizadas. Más adelante tenemos el succionamiento sistemático de los dedos, el volver la cabeza en dirección a un sonido, seguir un objeto en movimiento con los ojos (indicando un nivel de generalización y anticipación). Cinco semanas más tarde el niño sonríe, y reconoce más a algunas personas que a otras, aunque esto no se puede interpretar como que el niño tiene la noción de persona, ni siquiera de un objeto. Este es el estadio de percepción sensorial más elemental. En sus relaciones con el mundo objetivo el niño tiene dos posibilidades: o bien incorporar cosas (y gente) a sus actividades, y de esta manera asimilar el mundo material, o reajustar sus deseos subjetivo e impulsos al mundo externo, es decir acomodarse a la realidad. Desde una edad muy temprana, el niño intenta "asimilar" el mundo, metiéndoselo en la boca. Más adelante aprende a ajustarse a la realidad externa, y gradualmente empieza a distinguir y percibir diferentes objetos y recordarlos. A través de la experiencia adquiere la habilidad de llevar a cabo toda una serie de actividades como alcanzar y coger cosas. La inteligencia lógica surge en primer lugar de operaciones concretas, de la práctica, y sólo mucho más adelante como deducciones abstractas. Piaget identificó claramente seis "estadios" en el desarrollo del niño. El estadio de reflejos o funciones hereditarias, incluyendo tendencias instintivas primarias, como la nutrición. La necesidad de obtener comida es un poderoso instinto innato, que controla los reflejos del recién nacido. Esta es una característica que los humanos comparten con todos los animales. El niño recién nacido, a falta de elementos de pensamiento superior, es sin embargo un materialista natural, que expresa su firme creencia en la existencia del mundo físico de la misma manera que todos los animales, comiéndoselo. Fue necesario una gran cantidad de refinamiento intelectual antes de que algunos filósofos espabilados convencieran a la gente de que no podían decir realmente si el mundo material está ahí o no. El niño resuelve esta cuestión filosófica supuestamente profunda y complicada de la única manera posible, a través de la práctica. Desde la edad de dos años, el niño entra en un período de pensamiento simbólico y de representación preconceptual. El niño empieza a usar imágenes como símbolos para representar cosas reales. El desarrollo del lenguaje va paralelo a esto. La siguiente etapa es la de representación condicional, reconociendo otros puntos de referencia en el mundo y desarrollando simultáneamente el lenguaje coherente. A esto le sigue el pensamiento operacional desde los siete a los doce años de edad. El niño empieza a reconocer relaciones entre objetos y a utilizar concepciones más abstractas. Es precisamente la práctica y la interacción de tendencias innatas genéticamente condicionadas lo que nos da la clave del desarrollo mental del niño. El segundo estadio de Piaget es el de los hábitos motrices primarios, acompañados por las primeras "percepciones organizadas" y "sentimientos diferenciados" primarios. El tercer estadio es el de la "inteligencia sensori-motora" o práctica (que es anterior al habla). Después está la fase de "inteligencia intuitiva" que implica relaciones espontáneas entre individuos, especialmente la sumisión a los adultos; la fase de "operaciones intelectuales concretas" que incluye el desarrollo de la lógica y sentimientos morales y sociales (de 7 a 11 o 12 años); y finalmente una fase de operaciones intelectuales abstractas, la formación de la personalidad y la integración intelectual y emocional en la sociedad adulta (adolescencia). El progreso humano está estrechamente vinculado al desarrollo del pensamiento en general, y de la ciencia y la tecnología en particular. La capacidad de pensamiento racional y abstracto no surge tan fácilmente. Incluso hoy en día las mentes de mucha gente se rebelan contra el pensamiento que va más allá del mundo familiar de lo concreto. Esta capacidad aparece bastante tarde en el desarrollo mental del niño. Lo podemos ver en sus dibujos que representan lo que el niño realmente ve y no lo que debería ver según las leyes de la perspectiva y demás. La lógica, la Ética, la moralidad, todo esto aparece tarde en el desarrollo intelectual del niño. En el primer periodo cada acción, cada movimiento, cada pensamiento es el producto de la necesidad. La noción de "libre albedrío" no tiene nada que ver con las actividades mentales del niño. El hambre y la fatiga llevan al deseo de comer o dormir, incluso en el niño más pequeño. La capacidad de pensamiento abstracto, incluso en su nivel más primitivo convierte al sujeto en dueño de los acontecimientos más distantes, tanto en el espacio como en el tiempo. Esto es tan cierto para el niño como lo fue para los primeros humanos. Nuestros primeros antepasados no distinguían claramente entre ellos mismos y otros animales o la naturaleza inanimada. De hecho todavía no habían salido plenamente del reino animal y estaban a merced de las fuerzas de la naturaleza. Parece ser que existen elementos de autoconciencia en los chimpancés, nuestros pariente más cercanos, pero no en los monos. Pero sólo en los humanos el potencial de pensamiento abstracto alcanza su plena expresión. Esto está muy estrechamente vinculado al lenguaje, una de las características fundamentales distintivas del género humano. El neocórtex, que representa el 80 % del cerebro humano, es la parte responsable de las relaciones de grupo, y está relacionado con el pensamiento en general. Existe una estrecha relación entre vida social, pensamiento y lenguaje. El carácter egocéntrico del recién nacido gradualmente da paso a darse cuenta de que existe un mundo externo, gente y sociedad, con sus propias leyes, exigencias y restricciones. Bastante tarde, entre tres y seis meses según Piaget, empieza la fase de coger cosas, que en un primer momento implica presión y después manipulación. Este es un paso decisivo, que comporta la multiplicación de los poderes del niño y la formación de nuevos hábitos. Después de esto el crecimiento se acelera. Piaget resalta el carácter dialéctico de este proceso: "El punto de partida es siempre un ciclo reflejo, pero un ciclo cuyo ejercicio, en lugar de repetirse a sí mismo sin más, incorpora nuevos elementos y constituye con ellos totalidades más ampliamente organizadas, gracias a diferenciaciones progresivas". De esta manera el desarrollo del niño no es una línea recta ni un círculo cerrado, sino una espiral, en la que largos periodos de cambio lento son interrumpidos por saltos adelante repentinos, y cada etapa implica un avance cualitativo. El tercer estadio de Piaget es el de "la inteligencia práctica o sensori-motora propiamente dicha". El carácter exacto y la delimitación de estos "estadios" es debatible pero su sentido general sigue siendo válido. La inteligencia está estrechamente vinculada a la manipulación de objetos. El desarrollo del cerebro está directamente vinculado a la mano. Como Piaget dice: "Pero se trata de una inteligencia exclusivamente práctica, que se aplica a la manipulación de los objetos y que no utiliza, en el lugar de las palabras y los conceptos, más que percepciones y movimientos organizados en ‘esquemas de acción'". 65 Podemos ver como la base de todo conocimiento humano es la experiencia, la actividad y la práctica. Las manos especialmente juegan un papel decisivo. El surgimiento del lenguaje Antes de que se desarrolle el lenguaje como tal, el niño utiliza todo tipo de señales, contacto visual, gritos y otro lenguaje corporal para exteriorizar sus deseos. De la misma manera esta claro antes que los primeros homínidos pudieran hablar, tenían que haber utilizado otros medios para hacerse señales. Los rudimentos de este tipo de comunicación existen en otros animales, especialmente los primates superiores, pero sólo los humanos pueden hablar. La larga lucha del niño para dominar el habla, con sus complicados modelos y lógica subterráneos, es sinónimo de la adquisición de conciencia. Los primeros humanos tuvieron que haber pasado por un camino similar. La garganta del niño, como la de los simios y otros mamíferos está construida de tal manera que el pasillo vocal está bajo. De esta manera es capaz de emitir el tipo de gritos que hacen los animales pero no puede articular el lenguaje. La ventaja de esto es que puede gritar y comer al mismo tiempo sin atragantarse. Más adelante, el pasaje vocal se traslada más arriba, reflejando un proceso que en realidad se produjo en el curso de la evolución. Es impensable que el habla humana haya aparecido de golpe y porrazo sin pasar por toda una serie de formas transicionales. Esto tuvo lugar en un proceso de millones de años en el que indudablemente hubo periodos de desarrollo rápido, como vemos en el desarrollo del niño. ¿Puede existir el pensamiento sin el lenguaje? Esto depende de lo que entendamos por "pensamiento". Los elementos del pensamiento existen en algunos animales, especialmente los mamíferos superiores, que también poseen algunos medios de comunicarse. Entre los chimpancés el nivel de comunicación es bastante sofisticado. Pero en ninguno de ellos podemos hablar ni de lenguaje ni de pensamiento ni remotamente cercano al nivel humano. Lo superior se desarrolla a partir de lo inferior, y no podría existir sin ello. El habla humana se origina en los sonidos incoherentes del bebé, pero sería absurdo identificar los dos. De la misma manera, es erróneo tratar de demostrar que el lenguaje existió antes que la raza humana. Lo mismo se aplica al pensamiento. Utilizar un palo para alcanzar un objeto que está fuera de alcance es un acto de inteligencia. Pero esto aparece bastante tarde en el desarrollo del niño, hacia los 18 meses. Esto implica la utilización de una herramienta (un palo) en un movimiento coordinado, para realizar un objetivo previamente establecido. Es una acción deliberada y planificada. Este tipo de actividad la puede ver entre chimpancés e incluso monos. La utilización de objetos que se encuentren a mano, palos, piedras, etc. como adjunto a las actividades de recolección de alimentos está bien documentada. A los 12 meses el niño ha aprendido a experimentar arrojando un objeto en diferentes direcciones para "ver lo que pasa". Esta es una actividad repetida con una intención, diseñada para obtener resultados. Implica ser consciente de la relación causa efecto (si hago esto, pasará eso). Ninguno de estos conocimientos es innato. Se aprende a través de la experiencia. Le lleva al niño 12-18 meses comprender la noción de causa y efecto. ¡Una poderosa pieza de conocimiento! Les tuvo que llevar millones de años aprender la misma lección a los primeros humanos, que es la auténtica base de todo pensamiento racional y de toda acción con un objetivo. Lo más absurdo del caso es que, en un momento en que nuestro conocimiento de la naturaleza ha alcanzado un grado tan alto, algunos científicos y filósofos nos quieran hacer volver atrás a lo que realmente es un estadio primitivo e infantil, negando la existencia de la causalidad. En los primeros dos años de vida se produce una revolución intelectual, en la que se forman las nociones de espacio, causalidad y tiempo, no como Kant imaginaba, del aire, sino como resultado directo de la práctica y la experiencia del mundo físico. Todo el conocimiento humano, todas las categorías del pensamiento, incluyendo las más abstractas se derivan de esto. Esta concepción materialista está claramente demostrada por el desarrollo del niño. En un primer momento el niño no distingue entre la realidad y sí mismo. Pero llegado a cierto punto se da cuenta de que lo que ve es algo que sucede fuera de él, algo que seguirá existiendo aún cuando ya no lo vea. Esta es la gran "revolución copernicana" del intelecto. Aquellos filósofos que aseguran que el mundo material no existe, o que no se puede demostrar su existencia están expresando, en el sentido literal de la palabra, una idea infantil. El niño que llora cuando su madre se va de la habitación expresa una comprensión de que ella no ha desaparecido simplemente porque ya no está dentro de su campo de visión. Llora con la certeza de que esa acción hará que vuelva. Hasta el primer año de vida el niño cree que lo que está fuera de su vista de hecho ha dejado de existir. Al final del segundo año ya puede reconocer causa y efecto. De la misma manera que no existe una muralla china que separe el pensamiento de la acción, no hay una línea divisoria absoluta entre la vida intelectual del niño y su desarrollo emocional. Los sentimientos y pensamientos son de hecho indivisibles. Constituyen los dos aspectos complementarios del comportamiento humano. Todo el mundo sabe que no se logra una gran empresa sin un elemento de voluntad. Pero en un estadio inicial el desarrollo intelectual del niño está indisolublemente ligado a la actividad. En la medida en que surge el comportamiento inteligente, los estados emocionales de la mente se asocian a acciones, alegría o tristeza, vinculadas al Éxito o fracaso de acciones intencionadas. El surgimiento del lenguaje representa una modificación profunda en el comportamiento y experiencia del individuo, tanto desde el punto de vista intelectual como emocional. Es un salto cualitativo. La posesión del lenguaje crea, citando a Piaget "la capacidad de reconstruir sus acciones pasadas en forma de narración y anticipar sus acciones futuras a través de representaciones verbales". Con el lenguaje, el pasado y el futuro se hacen reales para nosotros. Podemos elevarnos por encima de las restricciones del presente y planificar, predecir e intervenir según un plan consciente. El lenguaje es el producto de la vida social. La actividad social humana es inconcebible sin el lenguaje. Tiene que haber estado presente de una forma u otra en las primeras sociedades humanas auténticas. El pensamiento mismo es una especie de "lenguaje interno". Con el lenguaje surge la posibilidad de comunicaciones sociales humanas reales, la creación de una cultura y una tradición que se puede aprender y transmitir oralmente, y más tarde por escrito, en contraposición a la simple imitación. También hace posible las auténticas relaciones humanas en las que se pueden expresar los sentimientos de antipatía, simpatía, amor y respeto de una manera más coherente y desarrollada. Estos elementos están presentes de una forma embrionaria en los primeros seis meses en forma de imitación. Las primeras palabras que se pronuncian son generalmente sustantivos aislados. Después el niño aprende a unir dos palabras. Los sustantivos se van conectando con verbos y adjetivos. Finalmente el dominio de la sintaxis y la gramática que están vinculadas a modelos de pensamiento extremadamente complicados. Este es un enorme paso a delante cualitativo para cada individuo lo mismo que lo fue para la especie. Se puede decir que los niños muy pequeños tiene un lenguaje "privado" que no es un lenguaje en el auténtico sentido de la palabra, sino sólo sonidos que representan experimentos e intentos de imitar el habla adulta. El habla articulada se desarrolla a partir de estos sonidos, pero no hay que confundir los unos con la otra. El lenguaje por su propia naturaleza no es privado, sino social. Es inseparable de la vida social y la actividad colectiva, empezando por la cooperación en la producción que se encuentra en la base de toda forma de vida social desde los tiempos más remotos. El lenguaje representa un enorme paso adelante. Una vez que este proceso empezó tuvo que acelerar enormemente el desarrollo de la conciencia. Esto también se puede ver en el desarrollo del niño. El lenguaje representa los inicios de la socialización de la actividad humana. Antes de eso, los primero prehumanos se comunicaban por otros medios: gritos, lenguaje corporal y otros gestos. De hecho continúan haciéndolo, especialmente en momentos de gran tensión o emoción. Pero las limitaciones de este tipo de "lenguaje" son evidentes por sí mismas. Es totalmente incapaz de referirse más que a situaciones inmediatas. El nivel de complejidad y pensamiento abstracto necesario para la sociedad humana más primitiva basada en la producción cooperativa no se puede expresar con esos medios. Sólo través del lenguaje es posible escapar del presente inmediato, recordar el pasado y prever el futuro. Sólo a través del lenguaje es posible establecer una forma de comunicación auténticamente humana con los demás, compartir la "vida interna" de cada uno. Así que los ingleses se refieren a "animales mudos" en oposición a los humanos que son los únicos animales que poseen el habla. Socialización del pensamiento A través del lenguaje el niño se inicia en la riqueza de la cultura humana. Mientras que en otros animales el factor de la herencia genética es predominante, en la sociedad humana el factor cultural es decisivo. El niño humano tiene que pasar por un largo periodo de "aprendizaje" en el que está totalmente subordinado a los adultos, especialmente sus padres, que principalmente a través del lenguaje le inician en los misterios de la vida, la sociedad y el mundo. El niño se enfrenta a un modelo acabado a copiar e imitar. Más adelante esto se amplia para incluir otros adultos y niños, especialmente a través del juego. El proceso de socialización no es fácil ni automático, pero es la base de todo el desarrollo moral e intelectual. Todos los padres se habrán dado cuenta de como los niños pequeños son capaces de encerrarse en su propio mundo y mantener felizmente una "conversación" consigo mismos durante largos periodos, al mismo tiempo que juegan en solitario. El desarrollo del niño esta íntimamente vinculado al proceso de romper con este estado inicial de egocentrismo, y relacionarse con los demás y con la realidad externa en general. En el esquema inicial de Piaget, el período de dos a siete años marca la transición de la fase simplemente "práctica" ("sensorimotriz") de la inteligencia al pensamiento propiamente dicho. Este proceso se caracteriza por todo tipo de formas transicionales entre los dos. Se revela por ejemplo en el juego. De los siete a los doce años aparecen los juegos con reglas, que implican objetivos comunes, en contraposición a jugar con muñecas, por ejemplo, lo que es altamente individual. La lógica de la primera infancia se puede describir como intuición, que sigue estando presente en los adultos pero a un nivel mucho menor ¾ lo que Engels denomina pensamiento "inmediato"¾ . En un estadio posterior, bien conocido por los padres los niños empiezan a preguntar ¿porqué? Esta curiosidad ingenua es el inicio del pensamiento racional ¾ el niño ya no quiere tomar las cosas tal y como son sino que intenta darles una explicación racional¾ . Se da cuenta del hecho de que todas las cosas tienen una causa, e intenta comprender en qué consiste. No está satisfecho con el simple hecho de que "B" sucede después de "A". Quiere saber porqué ha sucedido. También aquí, el niño de entre tres y siete años demuestra ser más sabio que algunos de los filósofos modernos. La intuición, que siempre ha ido unida a una cierta aura poética y mágica, es de hecho, la forma más inferior de pensamiento, característica de los niños muy pequeños y de la gente con un bajo nivel cultural. Consiste en impresiones inmediatas de los sentidos que nos hacen reaccionar "espontáneamente", es decir, sin pensarlo, en una circunstancia concreta. Los rigores de la lógica y del pensamiento consistente no entran en juego. Este tipo de intuiciones en algunos casos pueden tener un Éxito espectacular. En estos casos el carácter aparentemente espontáneo de estas inspiraciones nos dan la ilusión de algo misterioso que viene "de dentro" y de inspiración divina. De hecho la intuición no viene de las oscuras profundidades del alma sino de la interiorización de la experiencia, que no se obtiene de una manera científica sino en formas de imágenes. Una persona con una considerable experiencia de la vida a menudo puede llegar a conclusiones precisas en una situación complicada en base a muy poca información. De manea similar un cazador tiene casi un "sexto sentido" sobre los animales que está persiguiendo. En el caso de mentes realmente grandes, se considera que los momentos de inspiración representan una calidad de genio. En todos estos casos lo que parece ser una idea espontánea es de hecho la esencia destilada de años de experiencia y reflexión. Sin embrago mucho más a menudo la intuición nos lleva a una forma de pensamiento altamente insatisfactoria, superficial y distorsionada. En el caso de los niños, la "intuición" marca la fase inmadura y primitiva del pensamiento, antes de ser capaz de razonar, definir y juzgar. Es tan inadecuada que normalmente los adultos que hace tiempo que dejaron atrás esa fase, la consideran cómica. Ni que decir tiene que en todos estos casos no hay nada místico. En los primeros estadios de la vida el niño no distingue entre sí mismo y su entorno físico. Sólo gradualmente, como hemos visto, el niño empieza a distinguir entre el sujeto ("yo") y el objeto (el mundo material). Empieza a comprender la relación real entre su entorno y Él mismo en la práctica, mediante la manipulación de objetos y otras operaciones físicas. Se rompe la unidad primitiva y surge una multiplicidad de visiones, sonidos y objetos confusos. Sólo más adelante el niño empieza a entender las conexiones entre las cosas. Algunos experimentos han demostrado que el niño está más avanzado en sus actos que en sus palabras. No hay nada parecido a "actos puramente intelectuales". Esto es especialmente claro en el caso de los niños pequeños. Generalmente se contrapone la cabeza al corazón. También esta es una oposición falsa. Las emociones juegan un papel en la solución de problemas intelectuales. Los científicos se emocionan si consiguen resolver las más abstrusas ecuaciones. Diferentes escuelas de pensamiento chocan acaloradamente sobre problemas de filosofía, arte, etc. Por otro lado no existen actos puros de afecto. El amor, por ejemplo, presupone un alto nivel de comprensión entre dos personas. Tanto el intelecto como las emociones juegan un papel. El uno presupone las otras y viceversa, e intervienen y se condicionan mutuamente, en mayor o menor grado. En la medida en que avanza y se desarrolla el nivel de socialización, el niño se hace más consciente de la necesidad de lo que Piaget llamó "sentimientos inter-personales", las relaciones emocionales entre la gente. Aquí vemos un vínculo social que implica elementos contradictorios de repulsión y atracción. El niño aprende esto en primer lugar en relación con sus padres y su familia, y después forma vínculos estrechos con grupos sociales más amplios. Se desarrollan sentimientos de simpatía y antipatía, vinculados a la socialización de las acciones, y aparecen los sentimientos morales, bueno y malo, correcto e incorrecto, que significan mucho más que "me gusta" o "no me gusta". No son criterios subjetivos sino objetivos, derivados de la sociedad. Estos poderosos vínculos son una parte importante de la evolución de la sociedad humana que desde su inicio se basó en la producción social cooperativa y la dependencia mutua. Sin esto la humanidad nunca se hubiera elevado del reino animal. La moralidad y la tradición se aprenden a través del lenguaje y se transmiten de generación en generación. Comparado con esto, el factor de la herencia biológica es bastante secundario aunque sigue siendo la materia prima con la que se construye la humanidad. Con el inicio de la escolarización propiamente dicha, más o menos a los siete años, el niño empieza a desarrollar un fuerte sentido de la socialización y la cooperación. Esto se puede ver en los juegos con reglas, incluso un juego de canicas requiere un conocimiento y aceptación de reglas bastante complicadas. Al igual que las reglas Éticas y las leyes de la sociedad, tienen que ser aceptadas por todos para que sean viables. Un conocimiento de las reglas y de cómo aplicarlas va de la mano con la comprensión de algo tan complicado como la estructura gramatical y sintáctica del lenguaje. Piaget hace la importante observación que "todo el comportamiento humano es al mismo tiempo social e individual". Aquí vemos un claro ejemplo de la unidad y lucha de contrarios. Es totalmente falso contraponer el pensar al ser, o el individuo a la sociedad. Son inseparables. En la relación entre sujeto y objeto, entre individuo y entorno (sociedad) el factor que hace de mediador es la actividad humana práctica (el trabajo). La comunicación del pensamiento es el lenguaje (reflexión exteriorizada). Por otra parte, el pensamiento en sí mismo es comunicación social interiorizada. A los siete años de edad, el niño empieza a comprender la lógica, que consiste precisamente en un sistema de relaciones, que permite coordinar los puntos de vista. En un pasaje brillante Piaget compara este estadio con el primer estadio del desarrollo de la filosofía griega, cuando los materialista jónicos se separaron de la mitología, para poder llegar a una comprensión racional del mundo: "Es sorprendente observar que entre las primeras (nuevas formas de explicación del universo) que aparecen, hay algunas que presentan un notable parecido con aquellas dadas por los griegos precisamente en la Época de declive de las explicaciones mitológicas propiamente dichas". Aquí podemos ver como las formas del pensamiento de cada niño individual en su desarrollo inicial nos permite trazar un paralelismo con el desarrollo del pensamiento humano en general. En los primeros estadios hay paralelos con el animismo primitivo, donde el niño piensa que el sol brilla porque nació. Más adelante el niño se imagina que las nubes vienen del humo o del aire; las piedras están hechas de tierra, etc. Esto recuerda los intentos primitivos de explicar la naturaleza de la materia en términos de agua, aire y demás. La enorme importancia de esto es que era un intento ingenuo de explicar el universo en términos científicos materialistas más que en términos religiosos o mágicos. El niño de siete años empieza a comprender la naturaleza del tiempo, el espacio, la velocidad, etc. Sin embargo esto lleva su tiempo. Al contrario de la teoría de Kant de que las nociones de tiempo y espacio son innatas, el niño no puede entender este tipo de ideas abstractas hasta que están demostradas experimentalmente. De esta manera se demuestra la falsedad del idealismo mediante el estudio de los procesos que se desarrollan en el pensamiento humano. |
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Tercera
Parte: Vida, mente y materia
14.
Marxismo y darwinismo