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Razón y revolución
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Tercera Parte: Vida, mente y materia
| 13. La Génesis de la mente (1) | |
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El puzzle del cerebro "La naturaleza orgánica surgió a partir de la naturaleza muerta; la naturaleza viva produjo una forma capaz de pensar. Primero tuvimos materia, incapaz de pensar; a partir de la cual se desarrollo materia pensante, el hombre. Si este es el caso ¾ y sabemos que lo es, a través de las ciencias naturales ¾ está claro que la materia es la madre de la mente; la mente no es la madre de la materia. Los niños nunca son más viejos que sus padres. ‘La mente' viene después, y por lo tanto debemos considerarla la descendencia y no la madre, la materia existió antes de la aparición del humano pensante; la tierra existió durante mucho tiempo antes de la aparición de ninguna ‘mente’ pensante sobre su superficie. En otras palabras, la materia existe objetivamente, independientemente de la ‘mente'. Pero el fenómeno psíquico, la llamada ‘mente’, nunca y en ninguna parte existe sin materia, nunca fue independiente de la materia. El pensamiento no existe sin un cerebro; los deseos son imposibles a no ser que haya un cuerpo deseoso En otras palabras: los fenómenos psíquicos, los fenómeno de la conciencia, son simplemente una propiedad de la materia organizada de una manera concreta, una ‘función' de ese tipo de materia". (Nikolai Bujarin) "La interpretación de los mecanismos del cerebro representa una de los últimos misterios biológicos que quedan, el último refugio del misticismo sombrío y la dudosa filosofía religiosa". (Steven Rose) Durante siglos, como hemos visto, el tema central de la filosofía fue la cuestión de la relación entre el pensamiento y el ser. Ahora por fin los enormes avances de la ciencia están empezando a echar algo de luz sobre el carácter real de la mente y su funcionamiento. Estos avances son una confirmación enfática del punto de vista materialista. Este es el caso especialmente en relación a las polémicas sobre el cerebro y la neurobiología. El último refugio del idealismo está siendo atacado, lo cual no impide a los idealistas lanzar una testaruda contraofensiva, como demuestra la siguiente cita: "Cuando se hizo imposible investigar este elemento no-material de la creación muchos lo descartaron. Empezaron a pensar que sólo la materia era real. Y de esta manera nuestros pensamientos más profundos fueron reducidos a nada más que productos de las células cerebrales funcionando según las leyes de la química debemos estudiar las respuestas eléctricas que acompañan el pensamiento, pero no podemos reducir Platón a pulsaciones nerviosas, o Aristóteles a ondas alfa. Las descripciones de los movimientos físicos nunca revelarán su significado. La biología sólo puede examinar el mundo interconectado de neuronas y sinapsis". 51 Lo que llamamos "mente" no es más que el modo de existencia del cerebro. Este es un fenómeno enormemente complicado, el producto de millones de años de evolución. La dificultad a la hora de analizar los complejos procesos que tienen lugar en el cerebro y el sistema nervioso, y las interrelaciones igualmente complejas entre los procesos mentales y el entorno, ha retrasado la correcta comprensión de la naturaleza del pensamiento durante siglos. Esto ha permitido a los idealistas y teólogos especular con el supuesto carácter místico del "alma", concebida como una sustancia inmaterial que se dignaba a residir temporalmente en el cuerpo. Los avances de la moderna neurobiología significan que al final los idealistas están siendo expulsados de su último refugio. En la medida que vamos descifrando los secretos del cerebro y del sistema nervioso, se hace más fácil explicar la mente sin recurrir a agentes sobrenaturales, como la suma total de la actividad cerebral. En palabras del neurobiólogo Steven Rose la mente y la conciencia son "la consecuencia inevitable de la evolución de estructuras cerebrales concretas que se desarrollaron en una serie de cambios evolutivos en el camino del surgimiento de la humanidad, la consciencia es una consecuencia de la evolución de un nivel concreto de complejidad y un grado de interacción entre las células nerviosas (neuronas) del córtex cerebral, mientras que la forma que adopta está profundamente modificada en cada cerebro individual por su desarrollo en relación con el entorno". 52 La mente, ¿una máquina? Las concepciones del cerebro humano han cambiado considerablemente en los últimos 300 años, desde el nacimiento de la ciencia moderna y el surgimiento de la sociedad capitalista. La manera en que se ha percibido el cerebro a través de la historia ha sido moldeada por los prejuicios religiosos y filosóficos de cada momento. Para la Iglesia la mente era la "casa de Dios". El materialismo mecánico del siglo XVIII lo consideraba como una maquinaria de relojería. Más recientemente ha sido descrito como una suma improbable de acontecimientos probabilísticos. En los tiempos medievales, cuando la ideología católica lo dominaba todo, se decía que el alma impregnaba todas las partes del cuerpo; cerebro, cuerpo, mente o materia eran indistinguibles. Con la aparición de Copérnico, Galileo y finalmente Newton y Descartes, con su concepción materialista mecánica hubo un cambio de punto de vista. Para Descartes el mundo era como un máquina, y los organismos vivos simplemente tipos particulares de mecanismos de relojería o máquinas hidráulicas. Es esta imagen cartesiana de la máquina la que ha venido a dominar la ciencia y actúa como metáfora legitimadora de una particular visión del mundo, en la que se tomaba la máquina como modelo para los organismos vivos y no al revés. Los cuerpos son unidades indisolubles que pierden sus características esenciales si los dividimos en piezas. Las máquinas por el contrario se pueden desmontar y volver a montar. Cada parte sirve para una función separada y analizable, y el todo funciona de un manera regular que se puede describir por la operación de sus partes componentes incidiendo las unas en las otras. En cada momento la imagen del cerebro ha reflejado las limitaciones de la ciencia en ese periodo. El punto de vista mecanicista del siglo XVIII reflejaba el hecho de que en ese momento la ciencia más avanzada era la mecánica. ¿Acaso no había explicado el gran Newton todo el universo en términos de las leyes de la mecánica? Entonces, ¿porqué tenían el cuerpo humano y la mente que funcionar de otra manera? Descartes aceptaba este punto de vista cuando describió el cuerpo humano como una especie de autómata. Pero en la medida en que Descartes era un católico devoto no podía aceptar que el alma inmortal fuese parte de esa máquina. Tenía que ser algo totalmente aparte, situado en una parte especial del cerebro, la llamada glándula pineal. Desde este oscuro rincón del cerebro el Espíritu tomó residencia temporal en el cuerpo y dio vida a la máquina. "De esta manera se desarrolló la disyunción inevitable pero fatal del pensamiento científico occidental", dice Steven Rose, "el dogma conocido en el caso de Descartes y sus sucesores como ‘dualismo'; un dogma que, como veremos, es la consecuencia inevitable de cualquier tipo de materialismo reduccionista que no quiera aceptar al final que los humanos no son ‘nada más' que la moción de sus moléculas. El dualismo fue una solución a la paradoja del mecanicismo que permitió a la religión y a la ciencia reduccionista evitar durante otros dos siglos su batalla inevitable por la supremacía ideológica. Fue una solución que era compatible con el orden del día capitalista porque en los asuntos de entre semana permitía tratar a los humanos como simples mecanismos físicos, objetivados y que podían ser explotados sin contradicción, mientras que los domingos se podía reforzar el control ideológico con la afirmación de la inmortalidad y el libre albedrío de un espíritu ilimitado e incorpóreo no afectado por los traumas del mundo del trabajo diario a los que el cuerpo había sido sometido". 53 En los siglos XVIII y XIX cambió la concepción de la mente como "el fantasma en la máquina". Con el descubrimiento de la electricidad se percibió al cerebro y el sistema nervioso como un laberinto eléctrico. Al cambio de siglo surgió la analogía con la centralita telefónica, en la que el cerebro procesaba mensajes de los diferentes órganos. Con la era de la producción en masa llegó el modelo de la organización empresarial, tal y como se explicaba en esta enciclopedia infantil: "Imagínate tu cerebro como la sección ejecutiva de una gran empresa. Está dividido, como puedes ver aquí, en muchos departamentos. Sentado en un gran escritorio en el despacho principal está el Director Generalótu ser consciente, con líneas telefónicas que le conectan a todos los departamentos. A tu alrededor están los asesores principales, los Superintendentes de Mensajes Recibidos, como la Visión, el Gusto, el Olfato, el Oído, y el Sentimiento (estos dos últimos escondidos detrás de las oficinas centrales). Cerca también tenemos los Superintendentes de Mensajes Enviados que controlan el Habla y el movimiento de los Brazos y las Piernas, y las demás partes del cuerpo. Por supuesto, sólo los mensajes más importantes llegan a tu oficina. Las tareas rutinarias, como el funcionamiento del corazón, pulmones, y estómago, o supervisar detalles menores del trabajo muscular las llevan a cabo los Directores de Acciones Automáticas en la Médula Oblongata y el Director de Acciones Reflejas en el Cerebelo. Todos los demás departamentos forman lo que los científicos llaman el Cerebro". Con el desarrollo de los ordenadores que podían llevar a cabo cálculos impresionantes se hizo inevitable el paralelo con el cerebro. La forma en que los ordenadores almacenaban información se denominó memoria. Se construyeron ordenadores cada vez más complejos. ¿Hasta que punto se podría acercar un ordenador al cerebro humano? La ciencia ficción nos trajo las películas de Terminator en que los ordenadores habían superado la inteligencia humana y luchaban por el control del mundo. Pero como Steven Rose explica en su último libro: "Los cerebros no trabajan con información en el sentido del ordenador, sino con significado. Y significado es un proceso modelado y desarrollado históricamente, expresado por individuos en interacción con su entorno natural y social. De hecho, uno de los problemas del estudio de la memoria es precisamente que es un fenómeno dialéctico. Porque cada vez que recordamos, de alguna manera trabajamos sobre y transformamos nuestros recuerdos; no son simplemente traídos del almacén y almacenados de nuevo sin modificación una vez los hemos consultado. Nuestros recuerdos son recreados cada vez que recordamos". 54 ¿Qué es el cerebro? El cerebro humano es el punto más alto alcanzado por la evolución de la materia. Físicamente pesa unos 1.500 gramos con lo que es más pesado que muchos órganos humanos. Su superficie es arrugada como la de una nuez y tiene un color y una consistencia parecida a la de las gachas. Sin embargo biológicamente es bastante complejo. Contiene un enorme número de células (neuronas), posiblemente en un total de 100.000 millones. Pero incluso esta cifra se queda pequeña cuando descubrimos que cada neurona está encajada en una masa de células más pequeñas llamadas glia que sirven de soporte de las neuronas. La principal parte componente del encéfalo humano (conjunto de órganos que forman parte del sistema nervioso y que están contenidos en el cráneo) es el cerebro, que está dividido en dos partes iguales. La zona superficial es conocida como córtex. El tamaño del córtex distingue a los humanos de todos los demás organismos. El cerebro se divide en dos regiones o lóbulos que se corresponden, en general, a funciones particulares del cuerpo y del procesamiento de información sensorial. Detrás del cerebro se sitúa el cerebelo, que supervisa todos los pequeños movimientos musculares del cuerpo. Debajo de estas partes esta el bulbo raquídeo, que es la continuación de la médula ósea. Este lleva las fibras nerviosas del cerebro a través de la médula ósea a todo el sistema nervioso del cuerpo, poniéndolo todo en comunicación con el cerebro. El desarrollado tamaño del cerebro que distingue a los humanos de otros animales se debe principalmente al incremento de tamaño de la fina capa exterior de las células nerviosas conocida como el neocórtex. Sin embargo esta expansión no se dio de manera uniforme. Los lóbulos frontales, asociados con la planificación y previsión se expandieron mucho más que el resto. Lo mismo es cierto en relación al cerebelo, en la parte posterior del cráneo, que se asocia con la capacidad de adquirir habilidades automáticas, toda una serie de actividades diarias que realizamos sin pensarlas, como conducir una bicicleta, cambiar las marchas en un coche o abotonarnos los botones del pijama. El propio cerebro contiene un sistema circulatorio que proporciona nutrientes a zonas alejadas del suministro sanguíneo. Sin embargo recibe una gran proporción de sangre que contiene oxígeno y glucosa que son vitales. A pesar de que el cerebro adulto representa el 2% del peso corporal total, su consumo de oxígeno representa el 20% del total, y un 50% en un niño. El 20% del consumo de glucosa del cuerpo se produce en el cerebro. Una quinta parte del total de sangre bombeada por el corazón pasa por el cerebro. Los nervios transmiten la información eléctricamente. La señal que pasa a través de un nervio lo hace en forma de onda eléctrica; un impulso que pasa de la célula del cuerpo al final de la fibra nerviosa. Por lo tanto el lenguaje del cerebro se compone de impulsos eléctricos, no sólo su cantidad sino su frecuencia. "La información sobre la que se basan tales predicciones", escribe Rose, "depende de la llegada de datos a la superficie del cerebro en términos de luz y sonido de diferentes longitudes de onda e intensidades, fluctuaciones de temperatura, presión en puntos concretos de la piel, concentración de determinadas sustancias químicas detectadas por la lengua o la nariz. Dentro del cuerpo estos datos se transforman en una serie de señales eléctricas que pasan a través de nervios concretos hasta las zonas centrales del cerebro donde las señales interaccionan las unas con las otras produciendo ciertos tipos de respuesta". La neurona se compone de toda una serie de accesorios (dendrita, cuerpo de la célula, áxon, sinapsis) que llevan a cabo esta retransmisión de información (los mensajes llegan a la sinapsis a través del áxon). En otras palabras, la neurona es la unidad del sistema encefálico. En cada acción muscular están implicadas miles de neuronas motrices. Algo más complejo implica millones de ellas aunque incluso un millón representa solamente un 0,01 por ciento del total de neuronas disponibles en el córtex humano. Pero el cerebro no se puede entender como un ensamblaje de partes separadas. Aunque el análisis detallado de la composición del cerebro es importante, sólo puede llegar hasta ese punto. "Hay muchos niveles a los cuales se puede describir el comportamiento del cerebro", plantea Rose. "Se puede describir la estructura cuántica de los átomos, o las propiedades moleculares de sus componentes químicos; la apariencia electrónica-micrográfica de las sus células individuales; el comportamiento de sus neuronas como un sistema interactuante; la historia evolutiva o del desarrollo de estas neuronas como un modelo cambiante en el tiempo; la respuesta de comportamiento del individuo humano cuyo cerebro estamos estudiando; el entorno social o familiar de ese humano, y demás". 55 Para comprender el cerebro hay que entender las complejas interacciones dialécticas de todas sus partes. Hay que unir toda una serie de ciencias: etología, psicología, fisiología, farmacología, bioquímica, biología molecular, e incluso cibernética y matemática, para poder observar este fenómeno en su conjunto dialéctico. La evolución del cerebro En la antigua mitología la diosa Minerva surgió totalmente formada de la cabeza de Júpiter. El cerebro no tuvo tanta suerte. Lejos de ser creado en un solo momento, evolucionó hasta su complejo sistema actual a través de un periodo de millones de años. Empezó a existir en un nivel relativamente primitivo de la evolución. En primer lugar, los organismo unicelulares muestran ciertos modelos de comportamiento (por ejemplo el movimiento hacia la luz o hacia los nutrientes). Con la aparición de la vida multicelular se produjo una aguda división entre la vida animal y vegetal. Aunque tienen sistemas de señales internos que les permiten "comunicarse", la evolución de las plantas les alejó de la evolución de nervios y cerebro. El movimiento en el reino animal requiere una rápida comunicación entre las células de diferentes partes del cuerpo. Las criaturas unicelulares son autosuficientes con todos los requisitos en una sola célula. La comunicación entre las diferentes partes de la célula es relativamente simple. Por otra parte, los organismos multicelulares son cualitativamente diferentes y permiten el desarrollo de la especialización entre las células. Ciertas células pueden encargarse principalmente de la digestión, otras de formar una capa protectora, otras de la circulación, etc. En las organismos multicelulares más primitivos ya existe un sistema de señales químicas (hormonas). Por lo tanto incluso a este nivel tan primitivo se pueden encontrar células especializadas. Es un paso hacia un sistema nervioso, en el que las neuronas se unen en ganglios. Se ha establecido que el ganglio es el vínculo evolutivo entre los nervios y el cerebro. Estos agrupamientos de células nerviosas existen en insectos, crustáceos y moluscos. El desarrollo de la cabeza y la localización de los ojos y la boca son una ventaja a la hora de recibir información de dónde el animal se dirige. De acuerdo con este desarrollo un grupo de ganglios se arraciman en la cabeza de un platelminto (gusano plano). Representa la evolución del cerebro ¾ aunque de una forma muy primitiva. El platelminto también tiene la capacidad de aprendizaje¾ una característica clave del cerebro desarrollado. Representa un salto evolutivo adelante. Hace una década unos neurocientíficos americanos descubrieron que los mecanismos celulares básicos para la formación de la memoria en los humanos también están presentes en los caracoles. El profesor Eric Kandel de la Universidad de Columbia estudió el aprendizaje y la memoria de un caracol marino llamado Aplysia californica, y descubrió que tenía algunas de las características básicas de los humanos. La diferencia es que mientras que el cerebro humano tiene 100.000 millones de células nerviosas, el Aplysia sólo tiene algunos miles y son bastante grandes. El hecho de que compartamos estos mecanismos con un caracol de mar es una respuesta suficiente a los tozudos intentos de los idealistas de presentar al gÉnero humano como algún tipo de creación única, separada y aparte de los demás animales. Casi todas las funciones del cerebro dependen de la memoria. No hay ninguna necesidad de explicar este fenómeno por la intervención divina. Los procesos naturales tienden a ser bastante conservadores. Una vez que han alcanzado una adaptación que demuestra ser útil para ciertas funciones, la reproducen constantemente a través de la evolución, aumentándola y mejorándola hasta tal punto que le da una ventaja evolutiva. La evolución ha introducido muchas innovaciones en el cerebro de los animales, especialmente en los primates superiores y los humanos, con cerebros muy grandes. Mientras que el Aplysia puede "recordar" algo durante varias semanas, su memoria sólo implica un nivel de actividad mental conocido como hábito en los humanos. Este tipo de memoria está implícita en, por ejemplo, recordar cómo se nada. Las investigaciones en gente con lesiones cerebrales parecen sugerir que la facultad de recordar hechos y hábitos está almacenada por separado en el cerebro. Una persona puede perder su memoria para los hechos, pero puede seguir llevando una bicicleta. Las memorias que llenan el cerebro humano son infinitamente más complejas que los procesos que se dan en el sistema nervioso de un caracol. El continuo crecimiento del cerebro requiere un cambio drástico en la evolución animal. El sistema nervioso de los artrópodos o moluscos no se puede desarrollar más allá en la medida en que tienen un problema en su diseño. Sus células nerviosas están dispuestas formando un circulo alrededor de la tripa y si se expandiesen restringirían cada vez más la tripa un límite claramente demostrado en la araña que tiene la tripa tan limitada por su anillo nervioso que sólo puede digerir comida en forma de líquidos finos. La capacidad cerebral ha llegado a sus límites físicos. Los insectos no pueden desarrollarse más allá de cierto tamaño en la medida en que sus estructuras se romperían bajo su propio peso, y por lo tanto tienen un límite para el tamaño de su cerebro. Los insectos gigantes de las películas de terror están limitados al reino de la ciencia ficción. Un mayor desarrollo del cerebro requiere la separación de los nervios respecto de la tripa. El surgimiento de los peces vertebrados provee el modelo para el desarrollo posterior de la médula ósea y el cerebro. La cavidad craneal puede albergar un cerebro mayor y los nervios corren a través del espinazo a la médula espinal. En los orificios oculares se desarrollo un ojo creador de imágenes que puede presentar modelos ópticos al sistema nervioso. El surgimiento de los anfibios y reptiles terrestres presenció el desarrollo de la región cerebral (parte anterior del encéfalo). Esto tiene lugar a expensas de los ojos. Veinte años atrás, Harry Jerison de la Universidad de California desarrolló la idea de la correlación del tamaño del cerebro con el tamaño del cuerpo, y trazó su desarrollo evolutivo. Descubrió que los reptiles tenían un cerebro pequeño hace 300 millones de años y lo siguen teniendo hoy en día. Su gráfico del tamaño cerebral de los reptiles en relación a su tamaño corporal daba como resultado una línea recta que incluía a los dinosaurios. Sin embargo, la evolución de los mamíferos hace unos 200 millones de años, marcó un salto en el tamaño cerebral. Estos pequeños animales nocturnos tenían un cerebro proporcionalmente cuatro o cinco veces mayor que el de la media de los reptiles. Esto se debía principalmente al desarrollo del córtex cerebral, que es específico de los mamíferos. Este mantuvo su tamaño relativo durante unos 100 millones de años. Entonces, hace unos 65 millones de años se desarrolló rápidamente. Según Roger Lewin, en 30 millones de años el desarrollo del cerebro "se había incrementado entre cuatro y cinco veces, y los mayores incrementos coincidían con la evolución de los ungulados (mamíferos con cascos o pezuñas), carnívoros y primates".(New Scientist, 5 de diciembre 1992). En la medida en que se desarrollaron monos, simios y humanos el tamaño del cerebro se hizo mucho más grande. Teniendo en cuenta el tamaño corporal, el cerebro de los monos es dos o tres veces mayor que el de la media de los mamíferos actuales, mientras que el cerebro humano es seis veces mayor. El desarrollo del cerebro no fue continuo y gradual sino que tuvo inicios y saltos. En otras palabras fue un desarrollo dialéctico. "Aunque esta imagen a grandes trazos deja de lado detalles importantes, el mensaje es bastante claro" dice Roger Lewin, "la historia del cerebro implica largos periodos de constancia interrumpidos por explosiones de cambio". (Ibíd.) En menos de 3 millones de años, un salto evolutivo, el cerebro triplicó su tamaño relativo, creando un córtex que representa entre el 70 y el 80% del volumen cerebral. Las primeras especies de homínidos bípedos evolucionaron hace unos 10-7 millones de años. Sin embargo sus cerebros eran relativamente pequeños, a la par que los de los simios. Entonces, hace 2,6 millones de años se produjo una gran expansión con la aparición del Homo. "Tuvo lugar un salto en la evolución de los antepasados de los actuales humanos," dice el geólogo Mark Maslin de la Universidad de Kiel. "Toda la evidencia existente," explica Lewin, "sugiere que la expansión del cerebro empezó hace unos 2,5 millones de años, un periodo que coincide con la aparición de las primeras herramientas de piedra". Con el trabajo, como Engels explicó, se produjo la expansión del cerebro y el desarrollo del habla. La comunicación animal primitiva dio paso al lenguaje, un avance cualitativo. Esto también tuvo que depender del desarrollo de las cuerdas vocales. El cerebro humano es capaz de hacer abstracciones y generalizaciones más allá de lo que es capaz el chimpancé, con el que está estrechamente relacionado. Con el incremento en el tamaño del cerebro se produjo un aumento de su complejidad y la reorganización de los circuitos neuronales. El principal beneficiario fue la sección frontal del córtex, la zona prefrontal, que es seis veces mayor que en los simios. Debido a su tamaño, esta zona puede proyectar más fibras al cerebro medio desplazando allí conexiones desde otras zonas del cerebro. "Esto podría ser significativo para la evolución del lenguaje" dice Terrence Deacon de la Universidad de Harvard, que señala que la zona prefrontal es dónde residen ciertos centros del lenguaje humano. Para los humanos esta realidad de la consciencia se revela en la auto-consciencia y el pensamiento. "Con el surgimiento de la conciencia", observa Steven Rose, "ocurre un salto adelante evolutivo cualitativo, formando la distinción crítica entre los humanos y las demás especies, de tal manera que los humanos se han convertido en mucho más ampliamente variados y están sujetos a interacciones mucho más complejas que lo que es posible en otros organismos. El surgimiento de la conciencia ha cambiado cualitativamente el modo de existencia humana; con ella aparece un nuevo orden de complejidad, un orden de organización jerárquica superior. Pero debido a que hemos definido la consciencia no como una forma estática sino como un proceso que implica la interacción entre individuo y entorno, podemos ver como, en la medida en que las relaciones humanas se han ido transformando a lo largo de la evolución de la sociedad, también la conciencia humana se ha transformado. Nuestra capacidad craneal o número de células puede no ser muy diferente de la del primitivo Homo sapiens, pero nuestros entorno ¾ nuestras formas de sociedad¾ son muy diferentes y de ahí que también lo sea nuestra conciencia, lo que significa que también los son nuestros estados cerebrales". 56 La importancia del habla El impacto del habla ¾ especialmente del "habla interna"¾ en el desarrollo de nuestro cerebro es de una importancia crucial. Esta idea no es nueva sino que ya había sido planteada por los filósofos de la antigua Grecia y los del siglo XVII especialmente Thomas Hobbes. En The Descent of Man, Charles Darwin explicó: "Un cadena de pensamiento larga y compleja no se puede llevar a cabo sin la ayuda de las palabras, ya sean habladas o silenciosas, de la misma manera que no se puede llevar a cabo un cálculo largo sin utilizar las cifras del álgebra". Este concepto fue planteado seriamente por el psicólogo soviético Lev Vygotsky en la década de 1930, intentando restablecer toda la psicología sobre esta base. Utilizando ejemplos del comportamiento infantil explicó cómo los niños pasan gran cantidad de tiempo hablándose a sí mismos en voz alta. Están ensayando los hábitos de planificación que más adelante interiorizarán como habla interna. Vygotsky demostró que esta habla interna era la base de la capacidad humana para acumular y evocar recuerdos. La mente humana está dominada por un mundo interior de pensamientos estimulado por nuestras sensaciones, que es capaz de generalización y perspectiva. Los animales también tienen memoria, pero parece estar encerrada en el presente, reflejando el entorno inmediato. El desarrollo del habla interna humana nos permite recordar y desarrollar ideas. En otras palabras. El habla interna jugó un papel clave en la evolución de la mente humana. Aunque la muerte prematura de Vygotsky corto con su trabajo, sus ideas han sido recuperadas y ampliadas, con una aportación importante de la antropología, sociología, lingüística y psicología educativa. En el pasado se examinaba la memoria como un sistema biológico unitario, conteniendo la memoria a corto y largo plazo. Podía ser examinada neuro-psicológicamente, bioquímicamente y anatómicamente. Pero hoy en día se está adoptando una posición más dialéctica implicando a otras ciencias. "De este método reduccionista", plantea Rose, "se deduce que la tarea correcta de las ciencias del organismo es colapsar el comportamiento individual en configuraciones moleculares concretas; mientras que el estudio de poblaciones de organismos se reduce a la investigación de las cadenas de ADN que codifican altruismo recíproco o egoísta. Casos paradigmáticos de este método en la última década han sido los intentos de purificar ARN, proteína, o moléculas péptidas que se producen por aprendizaje y que ‘codifican' memorias específicas; o la búsqueda de los biólogos moleculares de un organismo con un sistema nervioso ‘simple' del que se pueda hacer un mapa con series de secciones de microscópico electrónico y en el que se puedan identificar las diferentes mutaciones de comportamiento a las que los diferentes diagramas de conexiones se asocian". Rose llega a la conclusión que "las paradojas a las que conduce este tipo de reduccionismo son probablemente más viciosas que las de los diseñadores de sistemas. Estas han sido aparentes, por supuesto, desde Descartes, cuyo reduccionismo del organismo a una máquina animal que funcionaba con energía hidráulica se tenía que reconciliar, en el caso de los humanos, con un alma con libre albedrío en la glándula pineal. Ahora, al igual que entonces, el reduccionismo mecánico se fuerza a sí mismo en puro idealismo" 57 En la evolución del cerebro se descartan muy pocas partes. En la medida en que se desarrollan nuevas estructuras, las viejas se reducen en tamaño e importancia. El desarrollo del cerebro conlleva la creciente capacidad de aprendizaje. En un primer momento se asumió que la transformación del simio en hombre había empezado con el desarrollo del cerebro. El tamaño del cerebro del simio (en volumen) varía de 400 a 600 cc; el cerebro humano entre 1.200 y 1.500 cc. Se creía que el "eslabón perdido" sería fundamentalmente parecido a un simio, pero con un cerebro más grande. De nuevo se consideraba que el aumento del cerebro precedía a la postura erguida. Aparentemente lo primero fue la inteligencia y eso permitió a los primeros homínidos comprender el valor del bipedalismo. Esta primera teoría del cerebro fue puesta en duda decisivamente por parte de Engels como una extensión de la visión idealista de la historia. La postura erguida a la hora de caminar fue un paso decisivo en la transición del simio en hombre. Fue su carácter bípedo lo que le liberó las manos, lo que llevó a un posterior aumento del cerebro. "Primero el trabajo", dice Engels, "y con Él el lenguaje: estos fueron los dos estímulos más esenciales bajo cuya influencia el cerebro del mono se convirtió poco a poco en el del hombre".58 El posterior descubrimiento de restos fósiles confirmó la tesis de Engels. "La confirmación era completa más allá de cualquier duda científica. Las criaturas africanas que se estaban desenterrando tenían cerebros no más grandes que los de los simios. Habían caminado y corrido como los humanos. El pie se diferenciaba muy poco del del hombre moderno, y la mano estaba a medio camino de la conformación humana". 59 A pesar de la creciente evidencia a favor de los puntos de vista de Engels en relación a los orígenes humanos, la concepción del desarrollo "cerebro primero" sigue vivita y coleando hoy en día. En un libro reciente llamado The Runaway Brain, The Evolution of Human Uniqueness (El cerebro fugaz, la evolución de la singularidad humana), el autor, Christopher Willis plantea: "Sabemos que al mismo tiempo que el cerebro de nuestros antecesores crecía, su postura se hacía cada vez más erguida, se desarrollaban las habilidades motoras , y las señales vocales se iban graduando en habla". 60 El hombre se va haciendo consciente de su entorno y de sí mismo. A diferencia de otros animales los humanos pueden generalizar su experiencia. Mientras que los animales están dominados por su entorno los humanos cambian el entorno para satisfacer sus necesidades. La ciencia ha confirmado la afirmación de Engels de que "Nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por muy supersensuales que parezcan, son el producto de un órgano material, físico: el cerebro. La materia no es un producto del espíritu, y el espíritu mismo no es más que el producto supremo de la materia. Esto es, naturalmente, materialismo puro".61 En la medida en que se desarrolla el cerebro se desarrolla también la capacidad de aprender y generalizar. En el cerebro se almacena información importante, probablemente en muchas partes del sistema. Esta información no se libera al mismo tiempo que se renuevan las moléculas del cerebro. En catorce días el 90% de las proteínas del cerebro se rompen y son renovadas con moléculas idénticas. Esto revela claramente el carácter dialéctico del desarrollo molecular del cerebro. Tampoco existe ninguna razón para creer el cerebro haya dejado de evolucionar. Su capacidad sigue siendo infinita. El desarrollo de una sociedad sin clases presenciará un nuevo salto adelante en la comprensión del gÉnero humano. Por ejemplo, los avances de la ingeniería genética están sólo en su etapa embrionaria. La ciencia abre enormes oportunidades y desafíos. Pero por cada problema que se resuelva se plantearán muchos más, en una espiral sin fin de conocimiento. Lenguaje y pensamiento del niño Parece haber una cierta analogía entre el desarrollo del pensamiento humano en general y el desarrollo del lenguaje y el pensamiento del ser humano individual a través de la infancia y la adolescencia hasta que llega a ser un adulto. Esta cuestión fue planteada por Engels en El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. "Pues, así como la historia del desarrollo del embrión humano en el útero materno no es más que una repetición abreviada de la historia, que se extiende a lo largo de millones de años, de la evolución corporal de nuestros antepasados animales, a partir del gusano, así también el desarrollo mental del hijo del hombre no es más que una repetición más abreviada aun del desarrollo intelectual de esos mismos antepasados, por lo menos de los últimos". 62 El estudio del desarrollo de embrión a adulto se llama ontogenia, mientras que el estudio de relaciones evolutivas entre especies se llama filogenia. Ambas están vinculadas, pero no como una tosca imagen en el espejo. Por ejemplo, el embrión humano, durante su desarrollo en la matriz, se parece a un pez, un anfibio, un mamífero y parece pasar por fases que recuerdan las etapas de la evolución animal. Todos los humanos son parecidos en muchos aspectos, especialmente las sustancias y estructuras del cerebro. Hay asombrosamente poca variación química, anatómica y fisiológicamente. En la concepción, el óvulo fertilizado se desarrolla en dos bolas huecas de células. El primer desarrollo reconocido tiene lugar en los primeros dieciocho días, con un espesamiento en el que las bolas se convierten en la ranura neural. La parte delantera se agranda para, mas tarde, desarrollarse como cerebro. Tiene lugar otra diferenciación que se convertirá en los ojos, la nariz y las orejas. Los sistemas de circulación sanguínea y nervioso son los primeros que funcionan en la vida embrionaria, con el corazón empezando a latir en la tercera semana de concepción. La ranura neural se convierte en un canal y después en un tubo. Con el tiempo se convierte en la médula espinal. En la parte de la cabeza, aparecen bultos/turgencias en el tubo para formar la parte anterior del cerebro (cerebro), el cerebro medio (mesencéfalo) y cerebro posterior (rombencéfalo/metencéfalo). Todo está dispuesto para el desarrollo rápido del sistema nervioso central. Se da un salto cualitativo en la tasa de división de la célula acercándose a la estructura celular final. Cuando el embrión tiene 13 mm. de longitud, el cerebro se ha desarrollado en el cerebro de cinco vesículas. Surgen los bulbos que forman los nervios ópticos y los ojos. A finales del tercer mes, el córtex cerebral y el cerebelo pueden identificarse, así como el tálamo y el hipotálamo. Al quinto mes el córtex arrugado empieza a tomar forma. Para el noveno mes, todas las partes esenciales están desarrolladas, aunque después del nacimiento seguirá teniendo lugar más desarrollo. Incluso entonces, el peso del cerebro es sólo de unos 350 gramos, comparado con los 1300 a 1500 gramos de un adulto. A los seis meses tendrá el 50% de su peso adulto, 60% al año y 90% a los seis años. A la edad de diez años, tendrá el 95% de su peso adulto. El rápido crecimiento del cerebro se refleja en el tamaño de la cabeza. El tamaño de la cabeza de un bebé es grande para su cuerpo comparado con el de un adulto. En el recién nacido el cerebro está más próximo a su estado de desarrollo adulto que ningún otro órgano. En el nacimiento el cerebro es el 10% del peso total del cuerpo en comparación con el 2% en el adulto. Las estructuras físicas del cerebro, en cuanto a su bioquímica, arquitectura celular y circuito eléctrico, son modificadas por los efectos de la respuesta del cerebro al entorno. El cerebro codifica ideas y memorias en forma de cambios complejos en el sistema neuronal. Así, todos los procesos del cerebro interaccionan, para dar origen al fenómeno único de la conciencia, materia consciente de sí misma. Para el psicólogo canadiense Donald Hebb, la clave está en las uniones sinápticas entre dos células nerviosas, lo que sigue siendo la base de las ideas de hoy. Un juego particular de circuitos y modelos de encendido entre sinapsis puede codificar la memoria, pero no estará localizada en un área concreta del cerebro. Puede estar codificada en ambos hemisferios. El entorno de cada individuo, especialmente en los primeros años del desarrollo, deja continuamente impresiones únicas en los procesos cerebrales y el comportamiento. "Una variedad de cambios de los más sutiles en el entorno, especialmente durante la infancia", dice Rose, "puede provocar cambios a largo plazo en su química y funcionamiento". Sin esta interrelación dialéctica entre el cerebro y el entorno el desarrollo de cada individuo quedaría simplemente prescrito en el código genético. El comportamiento de cada individuo estaría codificado y sería predecible desde el principio. Mientras que con el papel decisivo jugado en el desarrollo por el entorno, un cambio en el conjunto de circunstancias puede provocar un cambio importante en el individuo. |
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Tercera
Parte: Vida, mente y materia
La
Génesis de la mente (1)