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Razón y revolución
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Tercera Parte: Vida, mente y materia
| 12. El nacimiento revolucionario del hombre (y 2) | |
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Organización social La vida en la sabana abierta, con cantidad de depredadores era un asunto bastante peligroso. Los humanos no son animales fuertes, y los primeros homínidos eran mucho más pequeños que los humanos actuales. Ni tenían fuertes garras, ni dientes poderosos, ni tampoco podían correr más rápido que los leones ni otros depredadores cuadrúpedos. La única manera de sobrevivir era desarrollando una comunidad cooperativa y altamente organizada para la explotación colectiva de los escasos recursos alimenticios. Pero sin duda el paso decisivo fue la fabricación de artefactos, empezando con raspadores de piedra, utilizados para diferentes propósitos. A pesar de su engañosa apariencia simple, estas herramientas ya eran altamente sofisticadas y versátiles, cuya producción implica un grado importante de planificación, organización y, por lo menos, elementos de una división del trabajo. Aquí tenemos los auténticos inicios de la sociedad humana. En palabras de Engels: "Ya se señaló que nuestros antecesores simiescos eran gregarios; resulta evidente que es imposible buscar la derivación del hombre, el más social de todos los animales, de sus antecesores inmediatos no gregarios. El dominio sobre la naturaleza comenzó con el desarrollo de la mano, con el trabajo, y amplió el horizonte del hombre con cada nuevo paso hacia adelante. A cada instante descubría propiedades nuevas, hasta entonces desconocidas, en los objetos naturales. Por otro lado, el desarrollo del trabajo ayudó por fuerza a unir a los miembros de la sociedad entre sí, al incrementar los casos de ayuda mutua y de actividad conjunta, y al poner en claro la ventaja de esta actividad conjunta para cada individuo. En una palabra, los hombres en formación llegaron al punto en que tenían algo que decirse. La necesidad creó el órgano; la laringe no desarrollada del mono se trasformó con lentitud pero con seguridad, gracias a la modulación para producir otras modulaciones cada vez más desarrolladas, y los órganos de la boca aprendimos poco a poco a pronunciar un sonido articulado tras otro".39 La producción de herramientas, el inicio de la división del trabajo, en un principio entre hombres y mujeres, el desarrollo del lenguaje y una sociedad basada en la cooperación, estos fueron los elementos que marcaron el auténtico surgimiento del género humano. No fue un proceso lento y gradual, sino que representa un salto revolucionario, uno de los puntos de inflexión más decisivos de la evolución. En palabras del paleontólogo Lewis Binford, "Nuestra especie había aparecido, no como resultado de un proceso gradual y progresivo, sino explosivamente en un período de tiempo relativamente corto". 40 Engels explicó la relación entre el trabajo y todos los demás factores: "Primero el trabajo, y con Él el lenguaje: estos fueron los dos estímulos más esenciales bajo cuya influencia el cerebro del mono se convirtió poco a poco en el del hombre, que a pesar de toda su similitud es mucho mayor y más perfecto. Junto con el desarrollo del cerebro se produjo el de sus instrumentos más inmediatos: los sentidos. Así como el desarrollo gradual del habla va acompañado de modo inevitable por un refinamiento correspondiente del órgano de la audición, así el desarrollo del cerebro en su conjunto es acompañado por un refinamiento de todos los sentidos. El águila ve más lejos que el hombre, pero el ojo humano discierne en las cosas mucho más de lo que lo hace el ojo del águila. El perro tiene un sentido del olfato más fino que el hombre, pero no distingue ni la centésima parte de los olores que para los hombres son signos definidos que denotan cosas distintas. Y el sentido del tacto, que el mono casi no posee en su tosca forma inicial, se desarrolló sólo junto con la evolución de la propia mano humana, por medio del trabajo". Los primeros homínidos tenían una dieta predominantemente vegetariana, aunque la utilización de las herramientas más primitivas como palos para excavar, les daban acceso a comida a la que no podían llegar otros simios. Esta dieta era complementada por pequeñas cantidades de carne, conseguida principalmente de animales muertos. El auténtico paso adelante se produjo cuando la producción de herramientas y armas permitió a los humanos pasar a la caza como fuente principal de alimento. Indudablemente, el consumo de carne provocó un nuevo aumento rápido de la capacidad cerebral: "Una dieta de carne", escribe Engels, "contenía, en estado casi acabado, los ingredientes más esenciales que necesitaba el organismo para su metabolismo. Al abreviar el tiempo necesario para la digestión, también abrevió los otros procesos corporales vegetativos que corresponden a los de la vida vegetal, con lo cual ganó más tiempo, material y deseo para la manifestación activa de vida animal propiamente dicha. Y cuanto más se alejaba el hombre en formación del reino vegetal, más se elevaba por encima del animal. Así, al acostumbrarse a una dieta vegetal junto con la carne, los gatos y perros salvajes se convierten en los servidores del hombre, así también la adaptación a una dieta de carne, junto con una vegetal, contribuyó en gran medida a proporcionar al hombre en formación su fuerza e independencia corporales. Pero la dieta de carne produjo su máximo efecto sobre el cerebro, que entonces recibió un aflujo mucho más rico de los materiales necesarios para su alimento y desarrollo, y que por lo tanto pudo desarrollarse con más rapidez y perfección, de generación en generación". 41 Richard Leakey plantea exactamente el mismo punto, vinculándolo a un cambio fundamental en la organización social. En la mayoría de los demás primates hay una feroz competencia entre los machos para aparejarse con las hembras. Esto tiene su reflejo en diferencias considerables en el tamaño corporal entre machos y hembras, por ejemplo en los babuinos de la sabana. Se puede observar este tipo de diferencia en los primeros homínidos, como el Australopithecus Afarensis. Esto sugiere una estructura social más cercana a la de los simios que a la de los humanos. En otras palabras, adaptaciones físicas como el bipedalismo, aunque indudablemente era una precondición vital para la evolución humana, todavía no nos permiten, contrariamente a lo que sugiere Richard Leakey, caracterizar estos primeros homínidos como humanos. Entre los babuinos de la sabana los machos (que son el doble de grandes que las hembras) dejan el grupo tan pronto como alcanzan la madurez y se unen a otro grupo, en el que inmediatamente entran en competencia con los machos establecidos por el acceso a las hembras. Por lo tanto, en términos darwinianos, estos machos no tienen ningún motivo (genético) para colaborar entre ellos. Entre los chimpancés, por otra parte, por razones que todavía no conocemos, los machos permanecen en el grupo en el que han nacido y las hembras emigran. Por lo tanto, los chimpancés machos, estando genéticamente relacionados, tienen un motivo darwiniano para colaborar, y lo hacen, tanto para defender el grupo contra extraños, como para colaborar a veces en la caza de un mono para suplementar su dieta. La diferencia en el tamaño corporal entre machos y hembras en los chimpancés es sólo del 15-20% lo que refleja el carácter predominantemente cooperativo de esta sociedad. Mientras que la diferencia de tamaño entre machos y hembras en el grupo de Australopitecus Afarensis era tan grande que al principio se creyó que eran fósiles de dos especies totalmente diferentes, la situación cambia radicalmente cuando llegamos a los primeros miembros de la especie humana en que los machos no eran más de un 20% mayores que las hembras, como en los chimpancés, nuestros parientes genéticos más cercanos. Sobre esto Leakey insiste: "Como han planteado los antropólogos de Cambridge Robert Foley y Phillys Lee, este cambio en el diferencial del tamaño corporal en el momento del origen del género Homo representa seguramente también un cambio en la organización social. Muy probablemente los primeros machos Homo permanecieron dentro de su grupo natal con sus hermanos, y medio hermanos, mientras que las hembras se transferían a otros grupos. El parentesco, como he planteado, realza la cooperación entre machos. "No podemos estar seguros de qué fue lo que provocó este cambio en la organización social: la cooperación reforzada entre machos debió haber sido muy beneficiosa por algún motivo. Algunos antropólogos han argumentado que la defensa contra tropas vecinas de Homo se hizo muy importante. De manera parecida, y quizás incluso más probable, se trata de un cambio basado en necesidades económicas. Diferentes líneas de evidencia apuntan hacia un cambio en la dieta del Homo ¾ en que la carne se convirtió en una fuente importante de proteínas y energía¾ . El cambio en la estructura dental del Homo primitivo indica que comía carne, de la misma manera que la elaboración de una tecnología de herramientas de piedra. Es más, el incremento de la capacidad cerebral que es parte del paquete Homo puede incluso haber exigido que la especie suplementase su dieta con una fuente rica en energía". 42 Es bien conocido que el cerebro es un órgano metabólicamente caro, que en los humanos actuales absorbe el 20% de la energía consumida a pesar de que sólo representa el 2% del peso corporal. El antropólogo australiano Robert Martin ha explicado que el incremento del tamaño cerebral en el primitivo Homo sólo se podía haber producido sobre la base de un aumento del suministro de energía, que sólo podía provenir de la carne, con su concentración de calorías, proteínas y grasa. En un principio la conseguirían de animales muertos y alguna actividad cazadora (que como sabemos se da incluso entre los chimpancés). Pero es indudable que la caza jugó un papel cada vez más importante proporcionando una dieta más variada y nutritiva, con consecuencias evolutivas de largo alcance. Hipótesis sobre el desarrollo humano En los últimos años ha habido una feroz polémica sobre el papel de la caza en la sociedad primitiva. Hay una tendencia a infravalorar el papel de la caza, insistiendo más en el papel de la carroñería y la recogida de alimentos. Aunque esta cuestión no está resuelta definitivamente, es difícil no compartir el punto de vista de Leakey de que el argumento en contra del modelo de cazadores-recolectores ha llegado demasiado lejos. También es interesante señalar la manera en que estas controversias tienden a reflejar ciertos prejuicios o presiones sociales y manías que no tienen absolutamente nada que ver con el tema en discusión. En los primeros años del siglo XX predominaba el punto de vista idealista. El género humano se había convertido en humano gracias al cerebro, con sus pensamientos superiores, que propulsó todo el desarrollo. Más tarde, el punto de vista de el "hombre productor de herramientas" reemergió, aunque en una versión un tanto idealizada, en la que las herramientas pero no las armas eran la fuerza motriz de la evolución. Los terribles acontecimientos de la segunda guerra mundial provocaron una reacción contra esto, en forma de la teoría del "hombre como simio asesino", planteada, como Leakey observa agudamente, "posiblemente porque parecía explicar (o incluso excusar) los horribles acontecimientos de la guerra". En la década de 1960 había un gran interés en el !Kung San, los mal llamados "bosquimanes" del desierto del Kalahari, un grupo de gente viviendo en aparente armonía con su entorno natural y explotándolo de forma compleja. Esto encajó bien con el creciente interés por el medio ambiente en la sociedad occidental. Sin embargo, en 1966 volvió a resurgir con fuerza la idea del "hombre cazador" en una importante conferencia antropológica en Chicago. Sin embargo, esto sentó muy mal a los defensores de la "liberación de la mujer" en la década de 1970. Puesto que la caza es vista habitualmente como una actividad masculina, se sacó la conclusión ¾ bastante injustificadamente¾ que aceptarla implicaba de alguna manera degradar el papel de la mujer en la sociedad primitiva. El poderoso grupo de presión feminista planteó la hipótesis de la "mujer recolectora" en el que se planteaba que la recogida de alimentos, principalmente plantas, que se podría compartir, era la base sobre la cual evolucionó una sociedad humana compleja. No se puede negar el papel central de la mujer en la sociedad primitiva, que fue claramente explicado por Engels en su libro clásico El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Sin embargo, es un error serio interpretar el pasado con concepciones ¾ o peor, prejuicios¾ derivados de la sociedad de hoy en día. La causa de la emancipación de la mujer no dará un solo paso adelante intentando que la realidad de la historia encaje en un modelo que se basa en ciertas modas actuales pero que está vacío de contenido. No vamos a mejorar el futuro de la humanidad pintando el pasado de color de rosa. Ni tampoco vamos a convencer a la gente de que se haga vegetariana negando el papel central jugado por el consumo de carne, la caza, y, sí, incluso el canibalismo, en el desarrollo del cerebro humano. "Con todo el debido respeto a los vegetarianos, el hombre no pudo surgir sin una dieta de carne, y si esta última, entre los pueblos que conocemos, llevó en una u otra ocasión al canibalismo (los predecesores de los berlineses, los veletavos o vilzes, solían devorar a sus padres todavía en el siglo X), ello carece de importancia para nosotros en la actualidad".43 De igual manera existía una división social del trabajo entre el hombre y la mujer en las primeras sociedades humanas. El error es confundir la división del trabajo en la sociedad primitiva, en la que no existía ni la propiedad privada ni la familia tal como la conocemos hoy en día, con la desigualdad y la opresión de la mujer en la moderna sociedad dividida en clases. El hecho es que en la mayoría de las sociedades de cazadores recolectores conocidas por los antropólogos, existe una clara división del trabajo, en el que los hombres cazan y las mujeres recogen plantas como alimento. "El asentamiento es un lugar de intensa interacción social, y un sitio en el que se comparte la comida", comenta Leakey, "cuando hay carne, este reparto implica a menudo un ritual elaborado, que se rige por reglas sociales estrictas". Hay una buena razón para suponer que existía una situación similar en la sociedad humana primitiva. En lugar de la caricatura del darwinismo social que intenta extrapolar las leyes de la selva capitalista para cubrir toda la historia y prehistoria humanas, todas las pruebas a nuestra disposición indican que toda la base de las primeras sociedades humanas era la cooperación, la actividad colectiva y el reparto. Glynn Isaac de la Universidad de Harvard dio un paso significativo en el pensamiento antropológico en un importante artículo publicado en Scientific American en 1978. La hipótesis de la comida compartida de Isaac pone el Énfasis en el impacto social de la recolección y reparto de la comida. En 1982 en un discurso sobre el centenario de la muerte de Darwin dijo: "La adopción del reparto de la comida habría favorecido el desarrollo del lenguaje, la reciprocidad social y el intelecto". En su libro más reciente The making of mankind, (La formación del género humano) Richard Leakey escribe: "La hipótesis del reparto de la comida es una firme candidata a explicar qué es lo que puso a los primeros hombres en el camino del hombre moderno". Los últimos dos millones de años se han caracterizado por un ciclo climático único. Largos períodos de intenso enfriamiento y avances de los glaciares han sido interrumpidos por cortos períodos de aumento de las temperaturas y retroceso glaciar. Las eras glaciales tienen una duración aproximada de 100.000 años, mientras que los períodos interglaciales duran unos 10.000 años. En estas condiciones extremas, los mamíferos se vieron obligados a desarrollar formas más avanzadas o desaparecer. De un total de 119 especies de mamíferos que vivían en Europa y Asia hace 2 millones de años, sólo nueve han sobrevivido hasta hoy en día. La inmensa mayoría de las demás o bien evolucionaron hacia especies más avanzadas o desaparecieron. De nuevo, el nacimiento y la muerte están inseparablemente ligados en el proceso, agridulce, contradictorio y dialéctico de la evolución. La última glaciación dio paso a un nuevo período interglacial, que se ha prolongado hasta la actualidad, pero que inevitablemente llegará a su final. El Homo erectus dejó paso a un homínido más avanzado ¾ el Homo sapiens¾ hace 500.000 años. La raza humana (Homo sapiens sapiens) representa una de las líneas evolutivas del Homo sapiens, que se ramificó hace 100.000 años. La otra línea ¾ Homo sapiens neandertalensis¾ o bien desapareció o fue absorbida hace 40.000 años. Por lo tanto, la raza humana se desarrolló durante un período que se caracterizó por un intenso enfriamiento. Estas condiciones representaban una dura lucha por la supervivencia. Sin embargo, hubo otros períodos en que las condiciones mejoraron, estimulando el crecimiento masivo y oleadas de migraciones humanas. Era el amanecer de la edad del género humano. Engels y los orígenes del hombre ¿Como resisten las ideas de Engels en El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre a la luz de las más recientes teorías de la evolución? Uno de los más destacados paleontólogos modernos es Stephen J. Gould. En su libro Ever Since Darwin, hace la siguiente apreciación del ensayo de Engels: "El siglo XIX produjo un análisis brillante por parte de una fuente que sin duda sorprenderá a muchos lectores: Federico Engels. (Un poco de reflexión debería disminuir esta sorpresa. Engels tenía un interés entusiasta en las ciencias naturales y buscaba basar su filosofía general del materialismo dialéctico sobre una base ‘positiva'. No vivió para completar su ‘dialéctica de la naturaleza', pero incluyó largos comentarios sobre ciencia en tratados como el Anti-DŸhring). En 1876, Engels escribió un ensayo titulado El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Se publicó póstumamente en 1896 y, desgraciadamente, no tuvo ningún impacto visible en la ciencia occidental. "Engels considera tres características esenciales de la evolución humana: el habla, un cerebro grande y la postura erguida. Argumenta que el primer paso debió de ser una descenso de los árboles con la consiguiente evolución hacia una posición erguida por parte de nuestros antepasados moradores del suelo. ‘Estos simios cuando se movían a nivel de tierra empezaron a abandonar el hábito de utilizar sus manos y a adoptar una manera de andar cada vez más erguida. Este fue un paso decisivo en la transición del simio al hombre'. La postura erguida liberó la mano para la utilización de herramientas (trabajo, en la terminología de Engels); el incremento en la inteligencia y el habla aparecieron más tarde". 44 A pesar de todo, las teorías idealistas sobre la evolución del hombre siguen manteniendo una acción constante en la retaguardia en contra del materialismo como podemos ver en el siguiente extracto de un libro publicado tan recientemente como en 1995: "La fuerza que más probablemente ha dirigido nuestra evolución (es)É el proceso de evolución cultural. En la medida en que nuestras culturas evolucionaron en complejidad, también lo hicieron nuestros cerebros, que así empujaron a nuestros cuerpos hacia una mayor capacidad de respuesta y a nuestra cultura a una complejidad todavía mayor en un proceso que se autoalimenta. Cerebros mayores y más inteligentes llevaron a culturas más complejas y cuerpos adaptados para sacar partido de ellas, lo que a su vez llevó a cerebros todavía mayores y más inteligentes" 45 Los idealistas han intentado demostrar una y otra vez que el hombre se distingue de los animales "inferiores" por su inteligencia superior. Según esta interpretación, el hombre primitivo, por alguna razón desconocida, primero "se hizo inteligente", luego empezó a hablar, utilizar herramientas, pintar murales y demás. Si esto fuese cierto se podría esperar que tuviese un reflejo en un aumento significativo muy temprano de la capacidad cerebral. Sin embargo, el registro fósil demuestra que esto no es así. En el transcurso de las últimas tres décadas se han dado una serie de avances muy importantes en la paleontología, se han descubierto nuevos e interesantes fósiles y una nueva manera de interpretarlos. Según una teoría reciente, los primeros simios bípedos evolucionaron ya hace como 7 millones de años. Posteriormente, en un proceso que los biólogos denominan "radiación adaptativa", hubo una proliferación de especies bípedas (es decir, especies que caminaban sobre dos piernas), con la evolución de diferentes especies de simios bípedos, cada uno adaptado a sus propias condiciones medio ambientales. Hace 2-3 millones de años, una de estas especies desarrolló un cerebro significativamente más grande ¾ Homo erectus¾ . Estos fueron los primeros homínidos en utilizar fuego; en utilizar la caza como una fuente importante de comida; en correr de la misma manera que los humanos actuales y en fabricar herramientas según un plan mental preconcebido. Así, el incremento del tamaño del cerebro coincide con la primera aparición de la actividad de fabricación de herramientas, hace unos 2,5 millones de años. Por lo tanto durante 5 millones de años no hubo ningún aumento significativo del tamaño del cerebro, y después de eso hubo un salto cualitativo que se puede identificar claramente con la fabricación de herramientas. La biología molecular indica que las primeras especies de homínidos aparecieron hace unos 5 millones de años, en forma de un simio bípedo con largos brazos y dedos curvados. El proto humano Australopitecus tenía un cerebro pequeño ¾ sólo 400 centímetros cúbicos¾ . El salto cualitativo tuvo lugar con el Homo habilis, que tenía un cerebro de 600 cc., es decir, un sorprendente aumento del 50%. El siguiente paso adelante importante fue con el Homo erectus con un cerebro de entre 850 y 1100 cc. No fue hasta la aparición del Homo sapiens hace unos 100.000 años que el cerebro alcanzó su tamaño actual: 1350 cc. Por lo tanto, los primeros homínidos no tenían grandes cerebros. No fue el cerebro lo que potenció la evolución humana. Por el contrario, el crecimiento del cerebro fue el producto de la evolución humana, especialmente la construcción de herramientas. El salto cualitativo en el tamaño cerebral tiene lugar con el Homo habilis ("hombre hábil") y está claramente vinculado a la producción de herramientas de piedra. De hecho, en la transición de Homo erectus a Homo sapiens se da otro salto cualitativo. "La mente humana apareció en la tierra con una asombrosa rapidez," escribe John McCrone. "En sólo 70.000 años ¾ un simple parpadeo de tiempo geológico¾ se cubre la transición de nuestros antecesores desde un simio listo a un Homo sapiens consciente de sí mismo. "Al otro lado de la división evolutiva tenemos al Homo erectus, una bestia inteligente con un cerebro casi tan grande como el del humano moderno, y una simple cultura de herramientas y la capacidad de hacer fuego ¾ aunque un poco atrasado mentalmente¾ . En nuestro propio lado tenemos al Homo sapiens con sus rituales y arte simbólico ¾ las pinturas rupestres, abalorios, brazaletes, lámparas decorativas y tumbas funerarias¾ que marcan la llegada de una mente autoconsciente. Algo decisivo y repentino tiene que haber pasado, y este acontecimiento pudo ser el punto de partida de la conciencia humana". 46 ¿Pueden los simios hacer herramientas? Recientemente se ha puesto de moda difuminar la diferencia entre los humanos y el resto del reino animal, hasta el punto en que prácticamente desaparece. En cierto sentido, esto es preferible al sinsentido idealista del pasado. Somos animales y compartimos toda una serie de características comunes con otros animales, especialmente nuestros parientes más cercanos, los simios. La diferencia genética entre humanos y chimpancés es alrededor de un dos por ciento. Sin embargo, también en este caso, la cantidad se transforma en calidad. Este dos por ciento representa un salto cualitativo, que ha separado decisivamente el género humano de todas las demás especies. El descubrimiento de una especie rara de chimpancés bonobo, que son incluso más cercanos a los humanos que otros chimpancés ha levantado gran interés. En su libro Kanzi, el mono al borde de la mente humana, Sue Savage-Rumbaugh y Roger Lewin han dado un informe detallado de sus investigaciones de las capacidades mentales de un bonobo cautivo, Kanzi. Sin duda el nivel de inteligencia demostrado por Kanzi es significativamente superior al que se ha observado hasta ahora en no-humanos, y en algunos sentidos se parece al del niño humano. Sobre todo parece demostrar la existencia de un potencial para, por ejemplo, la construcción de herramientas. Este es un argumento muy fuerte en favor de la teoría de la evolución. Sin embargo, lo más significativo de los experimentos que intentaban que el bonobo fabricase una herramienta de piedra, es que fracasaron. En libertad los chimpancés utilizan "herramientas" como palos para sacar termitas del nido, e incluso piedras como "yunques" para romper nueces. Esta operaciones expresan un alto nivel de inteligencia, y sin duda demuestran que los parientes más cercanos al género humano tienen algunas de los prerrequisitos mentales necesarios para actividades más avanzadas. Pero como Hegel dijo en una ocasión, cuando queremos ver un roble, no nos damos por satisfechos si se nos muestra una bellota. El potencial para construir herramientas no es lo mismo que hacer herramientas, de la misma manera que la posibilidad de ganar 100 millones en la lotería no es lo mismo que ganarlos de verdad. Es más, cuando analizamos más de cerca este potencial se vuelve bastante relativo. Los chimpancés modernos algunas veces cazan pequeños monos. Pero no utilizan armas ni herramientas para hacerlo; utilizan sus dientes. Los primeros humanos eran capaces de descuartizar grandes carcasas, para lo que necesitaban herramientas de piedra afilada. Sin duda, los primeros homínidos utilizaban solamente utensilios ya hechos, como palos para buscar raíces. Este es el mismo tipo de actividad que podemos ver en los chimpancés modernos. Si los humanos se hubiesen quedado en un dieta principalmente vegetariana, no hubiesen tenido la necesidad de construir herramientas de piedra. Pero la capacidad de hacer herramientas de piedra les dio acceso a una nueva fuente de comida. Esto sigue siendo cierto incluso si aceptamos que los primeros humanos no eran cazadores sino principalmente carroñeros. Seguirían necesitando herramientas para abrirse paso a través del duro cuero de los animales más grandes. Los proto humanos de la cultura Oldowan en África oriental ya tenían técnicas bastante avanzadas para fabricar herramientas por el proceso conocido como laminación. Seleccionaban el tipo correcto de piedras y desechaban las demás; utilizaban el ángulo de golpe correcto y lo demás. Todo esto demuestra un alto nivel de sofisticación y habilidad, que no se encuentra en el "trabajo" de Kanzi, a pesar de la intervención activa de humanos tratando de animar el bonobo a fabricar una herramienta. Después de repetidos esfuerzos, los experimentadores se vieron obligados a reconocer que: "Hasta ahora Kanzi ha demostrado un grado relativamente bajo de sutileza tecnológica en cada uno de (los cuatro criterios) comparados a los observados en el registro de la Edad Paleolítica temprana". Y concluyen: "Por supuesto que hay una clara diferencia entre la habilidad picapedrera de Kanzi y los fabricantes de herramientas de Oldowan, lo que parece implicar que esos humanos primitivos habían dejado de hecho de ser simios". 47 Entre las diferencias que separan incluso los homínidos más primitivos de los simios más superiores están los importantes cambios en la estructura corporal relacionados con la postura erguida. La estructura de los brazos y muñecas del bonobo por ejemplo es diferente de la de los humanos. Los largos y curvados dedos y el corto pulgar le impiden agarrar una piedra lo suficientemente fuerte como para dar un golpe poderoso. Este hecho ya había sido planteado por otros: La mano del chimpancé tiene un pulgar bastante desarrollado que se puede oponer a los dedos, "pero es corto y grueso y se encuentra con el dedo índice de lado, no en su extremo. En la mano del homínido, el pulgar es mucho más largo y está girado de tal manera que se enfrenta al índice. Esto es concomitante al bipedalismo y produce un incremento mayor de destreza. Todos los homínidos parecen haber tenido este tipo de mano ¾ incluso el afarensis, el más viejo que conocemos hasta el momento¾ . Su mano es difícilmente distinguible de la del hombre moderno". 48 A pesar de todos los esfuerzos para difuminar las líneas divisorias, la diferencia entre los simios más avanzados y los homínidos más primitivos ha quedado establecida más allá de toda duda. Irónicamente, estos experimentos intentando refutar la idea del los humanos como animales constructores de herramientas han demostrado justo lo contrario. Los humanos y el lenguaje De la misma manera que se ha intentado demostrar que la construcción de herramientas no es una característica fundamental de la humanidad, también algunos han intentado lo mismo en relación al lenguaje. La parte del cerebro conocida como el área de Broca está asociada al lenguaje y se creía que sólo estaba presente en los humanos. Ahora se sabe que esta área también está presente en otros animales. Este hecho ha sido utilizado para rebatir la idea de que la adquisición del lenguaje es exclusiva de los humanos. Pero este argumento parece bastante débil. El hecho sigue siendo que no hay ninguna otra especie aparte de los humanos que dependa del lenguaje para su existencia como especie. El lenguaje es esencial para el modo social de producción que es la base de la sociedad humana. Para demostrar que otros animales se pueden comunicar, hasta cierto punto, no es necesario estudiar el comportamiento de los bonobos. Muchas de la especies inferiores tienen sistemas de comunicación bastante sofisticados, no sólo mamíferos, también pájaros e insectos. Las hormigas y las abejas son animales sociales y tienen formas de comunicación altamente desarrolladas. Sin embargo no se puede plantear que esto implique pensamiento inteligente, o simplemente pensamiento. Son instintivos e innatos. Y tienen un alcance muy limitado. Se repiten las mismas acciones una y otra vez mecánicamente, y no por eso son más efectivas. Muy pocos los considerarían lenguaje tal y como lo entendemos. Se puede enseñar a un loro a repetir frases enteras. ¿Eso quiere decir que habla? Está claro que aunque puede imitar sonidos bastante bien, no comprende nada de lo que significan los sonidos. Pero precisamente la comunicación de significado es la esencia del lenguaje inteligible. Las cosas son diferentes con los mamíferos superiores. Engels, que era un amante de la caza, no estaba seguro de hasta que punto los perros y los caballos no entendían parcialmente el habla humana y se sentían frustrados por no poder hablar. Ciertamente el nivel de comprensión demostrado por el bonobo Kanzi en cautividad es bastante sorprendente. A pesar de todo esto hay razones especificas por las que ningún otro animal aparte de los humanos tiene un lenguaje. Solamente los humanos tienen un sistema vocal que les permite pronunciar consonantes. Ningún otro animal puede pronunciar consonantes. De hecho las consonantes sólo se pueden pronunciar junto con las vocales, o quedarían reducidas a chasquidos y silbidos. La capacidad de pronunciar consonantes es un producto de la postura erguida, como demuestra el estudio sobre Kanzi: "Solo el hombre tiene un sistema vocal que le permite la producción de sonidos consonantes. Estas diferencias entre nuestro sistema vocal y el de los simios, aunque relativamente menores, son significativas y pueden estar vinculadas a la postura bípeda y la necesidad asociada de llevar la cabeza en una postura equilibrada, erguida sobre el centro de la espina dorsal. Una cabeza con una mandíbula grande y pesada obligaría a su poseedor a caminar con un ladeo hacia adelante y le inhibiría de correr rápidamente. Para conseguir una postura erguida equilibrada, era esencial que la estructura de la mandíbula retrocediese y de esta manera el sistema vocal inclinado característico de los simios tomase el ángulo recto. Junto a la reducción de la mandíbula y el aplastamiento de la cara, la lengua, en lugar de estar situada totalmente en la boca retrocedió parcialmente hacia adentro de la garganta para formar la parte posterior de la orofaringe. La movilidad de la lengua permite la modulación de la cavidad orofaringeal de una manera que no es posible en el simio, cuya lengua reside totalmente en la boca. De manera parecida la curva pronunciada en el conducto supralaringeal significa que la distancia entre el paladar blando y la parte posterior de la garganta es muy corta. Elevando el paladar blando podemos bloquear los conductos nasales, lo que nos permite formar la turbulencia necesaria para crear consonantes". Sin consonantes no podemos distinguir fácilmente entre una palabra y otra. Sólo tendríamos aullidos y chillidos. Pueden transmitir una cantidad de información pero necesariamente limitada. "El habla es infinitamente variada y actualmente sólo el oído humano está capacitado para encontrar las unidades con significado entre estos modulaciones infinitamente variadas. Las consonantes son las que nos permiten hacerlo". Los niños humanos son capaces de categorizar consonantes de manera similar a como lo hacen los adultos desde un estadio muy temprano, como sabe cualquiera que haya oído "hablar" a un niño. Consiste precisamente en experimentos repetidos con combinaciones de vocales y consonantes: "ba-ba, pa-pa, ta-ta, ma-ma" y sucesivamente. Incluso en este estadio inicial, el niño humano es capaz de hacer lo que ningún otro animal. ¿Tendríamos que sacar la conclusión por lo tanto de que la única razón por la que otros animales no hablan es fisiológica? Eso seria un error de bulto. La forma del sistema vocal y la capacidad física de combinar vocales y consonantes son las precondiciones físicas del habla humana pero nada más que eso. Sólo el desarrollo de la mano, inseparablemente vinculado al trabajo, y la necesidad de desarrollar una sociedad altamente cooperativa hicieron posible un cerebro mayor y el lenguaje. Parece ser que el área del cerebro relacionada a la utilización de instrumentos y al lenguaje tiene un origen común en el desarrollo temprano del sistema nervioso del niño, y solamente se separan a los dos años, cuando el área de Broca establece circuitos diferenciados con el córtex anterior prefrontal. Esto en sí mismo es una prueba llamativa del estrecho vínculo entre la fabricación de instrumentos y el lenguaje. El lenguaje y las habilidades manipulativas se desarrollaron al tiempo, y esta evolución se reproduce en el desarrollo del niño hoy en día. Incluso los primeros homínidos de la cultura de Oldowan tenían habilidades manipulativas mucho más avanzadas que las de los simios. No eran simplemente "chimpancés erguidos". La fabricación de la herramienta de piedra más sencilla es mucho más compleja de lo que parece. Requiere planificación y previsión. El Homo habilis tenía que planificar de antemano. Tenía que saber que en algún momento en el futuro necesitaría una herramienta incluso aunque no tuviese tal necesidad en el momento en que encontraba el material apropiado. La selección cuidadosa del tipo de piedra correcto y el hecho de desechar los otros; la búsqueda del ángulo correcto para golpearla; esto demostraba un nivel de habilidad mental cualitativamente superior al de los simios. Parece improbable que por lo menos los rudimentos del lenguaje no estuviesen presentes en este estadio. Pero todavía hay más evidencias en este sentido. Los humanos generalmente son diestros en un 90%. Este tipo de preferencia por una mano no se encuentra en otros primates. Los simios individuales pueden ser diestros o zurdos, pero la población en su conjunto se dividirá en dos mitades iguales. Este fenómeno está estrechamente vinculado a las habilidades manipulativas y al lenguaje: "Ser diestro o zurdo está asociado con la localización de funciones en el hemisferio opuesto del cerebro. Esta localización de habilidades manipulativas en el hemisferio izquierdo en (la mayoría de) los diestros va acompañada por la localización de las habilidades lingüísticas en ese mismo hemisferio. El hemisferio derecho se ha especializado en habilidades espaciales". Este fenómeno no está presente en el Australopitecus pero si en los cráneos más antiguos conocidos del Homo habilis, el primer fabricante de herramientas. Es bastante improbable que sea una coincidencia. Cuando llegamos al Homo erectus la evidencia es aplastante. "Estas tres líneas de evidencia anatómica del cerebro, del sistema vocal y la capacidad de utilización de herramientas representan el principal apoyo para la noción de un proceso largo de cambios graduales en el camino hacia el lenguaje. Junto a estos cambios en el cerebro y el sistema vocal, tuvieron lugar cambios graduales concomitantes en la mano, cambios que la hicieron cada vez más un instrumento capaz de construir y utilizar herramientas". 49 El surgimiento del género humano representa un salto adelante cualitativo en la evolución. Por primera vez la materia se hace consciente de sí misma. En lugar de evolución inconsciente, tenemos en inicio de la historia. En palabras de Engels: "Con el hombre penetramos en la historia. Los animales también poseen una historia, la de su descendencia y gradual evolución hasta llegar a su estado actual. Pero esa historia se hace para ellos, y en la medida en que participan en ella, eso ocurre sin que lo sepan o lo quieran. Por otro lado, cuanto más se alejan los seres humanos de los animales en el sentido más estrecho de la palabra, más hacen ellos mismos su historia en forma consciente, más se reduce la influencia de los efectos imprevistos y de las fuerzas incontroladas sobre dicha historia, y el resultado histórico corresponde con mayor exactitud al objetivo prefijado. Pero si aplicamos esta medida a la historia humana, inclusive a la de los pueblos más desarrollados de la actualidad, advertimos que aún existe una colosal desproporción entre los objetivos previstos y los resultados obtenidos, que predominan los efectos imprevistos y que las fuerzas incontroladas son mucho más poderosas que las puestas en movimiento de acuerdo con un plan. Y esto no puede ser de otra manera mientras la actividad histórica más esencial de los hombres, la que los elevó del estado animal al humano y la que constituye la base material de todas sus otras actividades, a saber, la producción de lo que necesita para vivir, o sea, en nuestros días, la producción social, se encuentre sometida ante todo al juego recíproco de efectos no deseados, provocados por fuerzas no dominadas, y mientras sólo por excepción logre los fines que persigue, pero con mayor frecuencia consiga exactamente lo contrario de lo que desea. En los países industriales más avanzados hemos dominado las fuerzas de la naturaleza, para ponerlas al servicio de la humanidad; con ello multiplicamos infinitamente la producción, de modo que un niño produce ahora más que antes cien adultos. ÀY cuál es el resultado? Un creciente sobretrabajo, y una mayor miseria de las masas, y, cada diez años, un gran derrumbe. Darwin no sabía qué amarga sátira escribía sobre la humanidad, y en especial sobre sus compatriotas, cuando mostró que la libre competencia, la lucha por la existencia, que los economistas celebran como la máxima conquista histórica, es el estado normal del reino animal. Sólo la organización consciente de la producción social, en la cual la producción y la distribución se llevan a cabo en forma planificada, puede elevar a la humanidad por encima del resto del mundo animal en lo que se refiere al aspecto social, tal como la producción en general lo hizo con el género humano en el aspecto específicamente biológico. La evolución histórica hace cada día más indispensable esa organización, pero al mismo tiempo la posibilita cada día más. A partir de ella comenzará una nueva Época de la historia en la cual la humanidad misma, y con ella todas las ramas de su actividad, y en particular las ciencias naturales, experimentarán un avance que dejará en las sombras más densas todo lo obtenido hasta ese momento".50 |
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Tercera
Parte: Vida, mente y materia
La
Génesis de la mente (y 2)