Razón y revolución
Filosofía marxista y ciencia moderna


Autores Alan Woods y Ted Grant

..Fundación Federico Engels


 

Parte Dos: Tiempo, espacio y moción

6. Indeterminación e idealismo (y 2)

 

El siglo XIX

La mecánica clásica de Newton representó un enorme paso adelante para la ciencia en su tiempo. Por primera vez, las leyes de la moción de Newton posibilitaron predicciones cuantitativas precisas, que se podían comprobar en relación a fenómenos observados. Sin embargo, precisamente esta precisión llevó a nuevos problemas, cuando Laplace y otros intentaron aplicarlas al universo en su conjunto. Laplace estaba convencido de que las leyes de Newton eran absolutas y universalmente válidas. Esto era doblemente incorrecto. En primer lugar las leyes de Newton no eran vistas como aproximaciones aplicables en ciertas circunstancias. Y en segundo lugar Laplace no tenía en cuenta la posibilidad que, bajo otras circunstancias, en áreas todavía no estudiadas por la física, estas leyes podían tener que ser modificadas o ampliadas. El determinismo mecánico de Laplace suponía que, una vez que se conociesen las posiciones y velocidades en cualquier momento en el tiempo, se podría determinar para siempre el comportamiento futuro de todo el universo. Según esta teoría, toda la rica diversidad de cosas se puede reducir a un conjunto absoluto de leyes cuantitativas, basadas en unas pocas variables.

La mecánica clásica, expresada en las leyes de la moción de Newton, tratan con causas y efectos simples, por ejemplo la acción de un cuerpo aislado sobre otro. Sin embargo esto es imposible, en la medida en que ningún sistema mecánico está nunca completamente aislado. Las influencias externas inevitablemente destruyen el carácter aislado de la conexión uno-a-uno. Incluso si pudiésemos aislar el sistema, seguiría habiendo interferencias, provenientes del nivel molecular, y otras interferencias al nivel todavía más profundo de la mecánica cuántica. Como Bohm comenta: "Por lo tanto no existe un caso real de un conjunto de relaciones causales una-a-una perfecto que en principio pudiera hacer posibles predicciones de carácter ilimitado, sin necesidad de tener en cuenta juegos de factores causales cualitativamente nuevos existentes fuera del sistema de interés o a otros niveles".14

¿Quiere esto decir que es imposible hacer predicciones? De ninguna manera. Cuando apuntamos la pistola a un punto determinado la bala individual no irá a parar exactamente al punto predicho por la ley de la moción de Newton. Pero un gran número de disparos formarán un cúmulo en una zona pequeña cerca del punto previsto. De esta manera, dentro de un margen de error que siempre existe, se pueden hacer predicciones muy precisas. Si quisiéramos obtener una precisión ilimitada en este caso, descubriríamos un número cada vez más grande de factores que influyen en el resultado ¾ irregularidades en la estructura de la bala y del cañón, ligeras variaciones de temperatura, presión, humedad, corrientes de aire e, incluso, los movimientos moleculares de todos estos factores¾ .

Es necesario un cierto grado de aproximación, que no tiene en cuenta la infinidad de factores necesarios para una predicción precisa de un resultado dado. Esto implica una necesaria abstracción de la realidad, como en la mecánica de Newton. Sin embargo la ciencia avanza continuamente, paso a paso, descubriendo leyes más profundas y más precisas que nos permiten ganar una comprensión mayor de los procesos de la naturaleza, y de esta manera hacer predicciones más precisas. El abandono del determinismo mecánico de Newton y Laplace no significa la abolición de la causalidad, sino una mayor comprensión de cómo funciona realmente la causalidad.

Las primeras grietas en el muro de la ciencia Newtoniana aparecieron en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente con la teoría de la evolución de Darwin y el trabajo del físico austriaco Ludwig Boltzmann sobre la interpretación estadística de los procesos termodinámicos. Los físicos se esforzaron en describir sistemas compuestos por muchas partículas, como gases y fluidos con métodos estadísticos. Sin embargo, esas estadísticas eran vistas como auxiliares en situaciones en las que era imposible, por razones prácticas, recoger información detallada sobre todas las propiedades del sistema (por ejemplo las posiciones y velocidades de las partículas de un gas en un momento determinado).

El siglo XIX presenció el desarrollo de la estadística, en primer lugar en las ciencias sociales, y después en la física, por ejemplo en la teoría de los gases, donde se puede observar tanto casualidad como determinación en el movimiento de las moléculas. Por una parte las moléculas individuales parecen moverse de manera totalmente casual. Por otra parte un gran número de moléculas que componen un gas, se comportan de tal manera que obedecen leyes dinámicas precisas. ¿Como explicar esta contradicción? Si el movimiento de sus moléculas constituyentes es casual, y por lo tanto no se puede predecir, el movimiento de los gases debería de ser igualmente impredecible. Sin embargo este no es el caso.

La respuesta al problema nos la da la ley de la transformación de la cantidad en calidad. Del movimiento aparentemente casual de un gran número de moléculas, surge una regularidad y un modelo de comportamiento que se puede expresar mediante una ley científica. Del caos, surge el orden. Esta relación dialéctica entre libertad y necesidad, entre orden y caos, entre casualidad y determinación era un libro cerrado para la ciencia del siglo XIX, que consideraba las leyes que gobernaban los fenómenos casuales (estadística) totalmente aparte y separadas de las ecuaciones precisas de la mecánica clásica.

"Cualquier líquido o gas es un conjunto de pedazos individuales, tantos que muy bien pudieran ser infinitos. Si cada uno se moviera con independencia, el fluido tendría otras posibilidades infinitas, otros infinitos "grados de libertad", como se dice en la jerga especializada, y las ecuaciones que describen el movimiento habrían de tratar con otras variables infinitas. Pero cada partícula no se mueve con independencia: su movimiento depende del de sus vecinas, y en uno uniforme, los grados de libertad llegan a ser escasos".15

La mecánica clásica funcionó bastante bien durante un largo período de tiempo, posibilitando importantes avances tecnológicos. Incluso hasta hoy en día tiene una amplio campo de aplicación. Sin embargo, llegó un momento en que se descubrieron ciertas áreas que no se podían estudiar adecuadamente con esos métodos. Habían llegado a su límite. El mundo lógico y precisamente ordenado de la mecánica clásica describe parte de la naturaleza. Pero sólo una parte. En la naturaleza vemos orden, pero también desorden. Junto a organización y estabilidad hay fuerzas igualmente poderosas que tienden en dirección contraria. Aquí tenemos que recurrir a la dialéctica, que determina las relaciones entre necesidad y accidente, que demuestra en qué punto la acumulación de pequeños cambios aparentemente insignificantes de cantidad se convierten de repente en saltos cualitativos.

Bohm propuso una reinterpretación radical de la mecánica cuántica, una nueva manera de ver la relación entre el todo y las partes:

"En estos estudios (...) quedó claro que incluso el sistema de un solo cuerpo tiene una característica no mecánica, en el sentido en que este y su entorno se tienen que entender como un todo indivisible, en el que los análisis normales clásicos de sistema más entorno, considerados como separados y externos, ya no se pueden aplicar". La relación de las partes "depende crucialmente del estado del todo, de tal manera que no se puede expresar solamente en términos de propiedades de las partes. De hecho las partes se organizan de manera que fluyen del todo".16

La ley dialéctica de la transformación de la cantidad en calidad expresa la idea que la materia se comporta de manera diferente a diferentes niveles. Así tenemos el nivel molecular, cuyas leyes son estudiadas principalmente por la química, pero en parte en física; tenemos el nivel de la materia viviente, estudiado principalmente por la biología; el nivel subatómico, estudiado por la mecánica cuántica; e incluso hay otro nivel todavía más profundo, el de las partículas elementales, estudiado por la física de partículas. Cada uno de estos niveles tiene muchas subdivisiones.

Se ha demostrado que la leyes que gobiernan el comportamiento de la materia a cada nivel no son las mismas. Esto ya se vio en el siglo XIX con la teoría cinética de los gases. Si tomamos una caja de gas que contenga miles de millones de moléculas, moviéndose en caminos irregulares y en colisión constante con otras moléculas, es claramente imposible determinar los movimientos precisos de cada molécula individual. En primer lugar está descartado sobre bases puramente matemáticas. Pero incluso si fuera posible resolver los problemas matemáticos implicados, sería imposible en la práctica determinar la posición y velocidad iniciales de cada molécula, lo que sería necesario para poder predecir su comportamiento. Incluso un cambio pequeñísimo en el ángulo inicial de moción de cualquier molécula alteraría su dirección, lo cual a su vez provocaría un cambio mayor en la siguiente colisión, y sucesivamente, llevando a enormes errores en cualquier predicción referida al movimiento de una molécula en particular.

Si intentamos aplicar el mismo tipo de razonamiento al comportamiento de los gases a nivel macroscópico ("normal"), se podría pensar que también es imposible predecir su comportamiento. Pero no es así, el comportamiento de los gases a gran escala se puede predecir perfectamente. Como plantea Bohm:

"Es claro que existe una justificación para hablar de un nivel macroscópico con un conjunto de cualidades relativamente autónomas y que cumple un conjunto de relaciones relativamente autónomas que efectivamente constituyen un juego de leyes causales macroscópicas. Por ejemplo, si consideramos una masa de agua, sabemos por experiencia directa a gran escala que actúa de una manera característica propia como un líquido. Con esto queremos decir que muestra todas las cualidades macroscópicas que asociamos con la liquidez. Por ejemplo, fluye, ‘moja' las cosas, tiende a mantener cierto volumen, etc. En su moción cumple una serie de ecuaciones hidrodinámicas básicas que se expresan únicamente en términos de propiedades a gran escala, como presión, temperatura, densidad local, velocidad de corriente local, etc. De esta manera, si alguien quiere entender las propiedades de la masa de agua, no la trata como un agregado de moléculas, sino más bien como una entidad existente a nivel macroscópico, que se rige por leyes adecuadas a ese nivel"

Esto no quiere decir que su composición molecular no tenga nada que ver con el comportamiento del agua. Al contrario. la relación entre las moléculas determina, por ejemplo, si esta se manifiesta como un líquido, un sólido o un gas. Pero como plantea Bohm, existe una relativa autonomía, lo que quiere decir que la materia se comporta de manera diferente a los diferentes niveles; existe "una cierta estabilidad de los modos característicos de comportamiento macroscópico, que tienden a mantenerse no sólo más o menos independientemente de lo que hagan las moléculas sino también de las diferentes interferencias a las que pueda estar sometido el sistema desde el exterior".17

¿Es posible la predicción?

Cuando tiramos una moneda al aire, la probabilidad de que caiga "cara o cruz" se puede decir que es del 50:50. Este es un fenómeno puramente aleatorio, que no se puede predecir (Por cierto que mientras está rodando, la moneda no es ni cara ni cruz, la dialéctica ¾ la nueva física¾ dirían que es a la vez cara y cruz). En la medida en que sólo hay dos resultados posibles, predomina la casualidad. Pero la cosa cambia cuando implicamos grandes cantidades. Los dueños de los casinos, que supuestamente se basan en un juego de azar, saben que a largo plazo el cero y el doble cero saldrán con tanta frecuencia como cualquier otro número, y por lo tanto pueden embolsarse un beneficio considerable y predecible. Lo mismo se aplica a las compañías de seguros que ganan gran cantidad de dinero en base a probabilidades precisas, que, en último término, se convierten en certidumbres prácticas, incluso a pesar de que el destino de sus clientes individuales no se puede predecir.

Lo que se conoce como "acontecimientos casuales a gran escala" se puede aplicar a un amplio espectro de fenómenos físicos, químicos, sociales y biológicos, desde el sexo de los niños a la frecuencia de defectos de fabricación en una línea de producción. Las leyes de la probabilidad tienen una larga historia, y han sido utilizadas en el pasado en diferentes esferas: la teoría de los errores (Gauss), la teoría de la precisión en el tiro (Poisson, Laplace), y sobretodo en la estadística. Por ejemplo la "ley de los grandes números" establece el principio general que el efecto combinado de un gran número de factores accidentales produce, en una gama muy amplia de este tipo de factores, resultados que son casi independientes del azar. Esta idea la expresó ya en 1713 Bernoulli, cuya teoría fue generalizada por Poisson en 1837, y Chebyshev le dio su forma final en 1867. Todo lo que hizo Heisenberg fue aplicar matemáticas ya conocidas a los acontecimientos casuales a gran escala de los movimientos de las partículas subatómicas, dónde, como era de esperar, el elemento de casualidad se superó rápidamente.

"La mecánica cuántica, habiendo descubierto leyes precisas y maravillosas que gobiernan las probabilidades, es con números como estos con los que la ciencia supera su handicap de indeterminación básica. De esta manera la ciencia predice decididamente. Aunque ahora se confiesen humildemente incapaces de predecir el comportamiento exacto de electrones o fotones individuales u otras entidades fundamentales, sin embargo te pueden decir con bastante confianza como deben comportarse precisamente en grandes cantidades".18

De la casualidad aparente, surge un modelo de comportamiento. Es la búsqueda de este tipo de modelos, es decir de las leyes subyacentes, lo que forma la base de toda la historia de la ciencia. Por supuesto, si aceptamos que todo es simplemente casual, que no hay causalidad, y que, en cualquier caso, no podemos conocer nada porque hay limitaciones objetivas a nuestro conocimiento, entonces todo lo que tendremos será una total pérdida de tiempo. Por suerte, toda la historia de la ciencia demuestra que este tipo de temores no tienen la más mínima base. En la gran mayoría de observaciones científicas, el grado de indeterminación es tan pequeño que, a todos los efectos prácticos, se puede ignorar. Al nivel de los objetos de cada día, el principio de indeterminación es completamente inservible. Así, todos los intentos de sacar conclusiones filosóficas generales de Él, y aplicarlo al conocimiento y a la ciencia en general es simplemente un truco deshonesto. Incluso a nivel subatómico no significa de ninguna manera que no se puedan hacer predicciones precisas. Por el contrario, la mecánica cuántica hace predicciones muy exactas. Es imposible alcanzar un alto grado de determinación sobre las coordenadas de partículas individuales, que por lo tanto se puede decir que son casuales. Pero al final de la casualidad surge el orden y la uniformidad.

Accidente, casualidad, contingencia, etc. son fenómenos que no se pueden definir solamente en términos de las propiedades conocidas de los objetos en estudio. Sin embargo, esto no significa que no se puedan comprender. Consideremos un ejemplo típico de acontecimiento casual: un accidente de coche. Un accidente individual está determinado por un número infinito de acontecimientos casuales: si el conductor hubiese salido de casa un minuto antes, si no hubiese vuelto la cabeza durante una fracción de segundo, si hubiese estado conduciendo 20 km/h más lento, si la anciana no hubiese cruzado la calle, etc., etc. Todos hemos oído este tipo de cosas muchas veces. El número de causas aquí es literalmente infinito. Precisamente por esto el acontecimiento es completamente impredecible. Es accidental, y no es necesario, porque podría o no haber sucedido. Este tipo de acontecimientos, contrariamente a la teoría de Laplace, están determinados por tal cantidad de factores independientes que no se pueden determinar en absoluto.

Sin embargo, cuando consideramos un gran número de accidentes de este tipo, el cuadro cambia totalmente. Hay tendencias regulares que se pueden calcular y predecir precisamente por lo que se llaman leyes estadísticas. No podemos predecir un accidente individual, pero podemos predecir con bastante precisión el número de accidentes que se producirán en una ciudad en un determinado período de tiempo. No sólo eso, sino que podemos introducir leyes y regulaciones que tengan un impacto definido en el número de accidentes. Hay leyes que gobiernan la casualidad, que son tan necesarias como las propias leyes de la causalidad.

La relación real entre causalidad y casualidad fue elaborada por Hegel, que explicó que la necesidad se expresa a través del accidente. Un buen ejemplo de esto es el propio origen de la vida. El científico ruso Oparin explica como en las complejas condiciones del período inicial de la historia de la tierra, los movimientos casuales de las moléculas tenderían a formar moléculas cada vez más complejas con todo tipo de combinaciones al azar. Llegados a cierto punto, este enorme número de combinaciones accidentales dan lugar a un salto cualitativo, el surgimiento de la materia viviente. A partir de este momento, el proceso deja de ser una cosa puramente casual. La materia viva empieza a evolucionar siguiendo ciertas leyes, reflejando el cambio en las condiciones. La relación entre accidente y necesidad en la ciencia ha sido estudiada por David Bohm en su libro Causalidad y casualidad en la física moderna:

"Vemos, por lo tanto, el importante papel de la casualidad. Si le damos suficiente tiempo, hace posible, y de hecho incluso inevitable, todo tipo de combinaciones de cosas. Con toda seguridad llegará un momento en que ocurrirá una de esas combinaciones que pone en marcha procesos irreversibles o líneas de desarrollo que sustraen el sistema de la influencia de fluctuaciones casuales. Así, uno de los efectos de la casualidad es ayudar a ‘agitar las cosas' de tal manera que permita el inicio de líneas de desarrollo cualitativamente nuevas".

Polemizando contra la interpretación idealista subjetiva de la mecánica cuántica, Bohm demuestra de manera concluyente la relación dialéctica entre causalidad y casualidad. Toda la historia del pensamiento humano demuestra la existencia de la causalidad. Esta no es una cuestión de especulación filosófica, sino de práctica y del proceso sin fin del conocimiento humano:

"Las leyes causales en un problema específico no se pueden conocer a priori; se tienen que encontrar en la naturaleza. Sin embrago, respondiendo a la experiencia científica de muchas generaciones junto con el marco general de la experiencia humana a lo largo de incontables siglos, se han desarrollado métodos bastante bien definidos de encontrar las leyes causales. La primera cosa que sugiere leyes causales es, por supuesto, la existencia de una relación regular que se mantiene en una amplia gama de variaciones de las condiciones. Cuando encontramos regularidades de este tipo, no suponemos que han surgido de manera arbitraria, caprichosa o por coincidencia, sino que damos por supuesto, por lo menos provisionalmente, que son el resultado de relaciones causales necesarias. E incluso en relación a las irregularidades, que siempre existen junto a las regularidades, uno espera, sobre la base de la experiencia científica general, que fenómenos que pueden parecernos completamente irregulares en el contexto de un estadio concreto de desarrollo de nuestra comprensión, más adelante se verá que contienen tipos de regularidades más sutiles, que a su vez nos sugerirán la existencia de relaciones causales más profundas".19

Hegel sobre la necesidad y el accidente

Analizando las características del ser en todas sus manifestaciones, Hegel trata sobre la relación entre potencial y actual, y también entre necesidad y accidente ("contingencia"). En relación a esta cuestión es importante clarificar una de las frases más conocidas (o notorias) de Hegel: "Lo que es racional es real, y lo que es real es racional".20 A primera vista esta afirmación parece un poco mística, y también reaccionaria, en la medida en que parece que implica que todo lo que existe es racional, y por lo tanto está justificado. Sin embargo esto no es en absoluto lo que Hegel quería decir, como explica Engels:

"Ahora bien; según Hegel, la realidad no es, ni mucho menos, un atributo inherente a una situación social o política dada en todas las circunstancias y en todos los tiempos. Al contrario. La república romana era real, pero el Imperio romano que la desplazó lo era también. En 1789, la monarquía francesa se había hecho tan irreal, es decir, tan despojada de toda necesidad, tan irracional, que hubo de ser barrida por la Gran Revolución, de la que Hegel hablaba siempre con el mayor entusiasmo. Como vemos, aquí lo irreal era la monarquía y lo real la revolución. Y así, en el curso del desarrollo, todo lo que un día fue real se torna irreal, pierde su necesidad, su razón de ser, su carácter racional, y el puesto de lo real que agoniza es ocupado por una realidad nueva viable; pacíficamente, si lo viejo es bastante razonable para resignarse a morir sin lucha; por la fuerza, si se opone a esta necesidad. De este modo, la tesis de Hegel se torna, por la propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que es real, dentro de los dominios de la historia humana, se convierte con el tiempo en irracional; lo es ya, de consiguiente, por su destino, lleva en sí de antemano, el germen de lo irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del hombre se halla destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque todavía con la aparente realidad existente. La tesis de que todo lo real es racional, se resuelve, siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano en esta otra: todo lo que existe merece perecer".21

Una forma dada de sociedad es "racional" en la medida en que logra su propósito, es decir, desarrolla las fuerzas productivas, aumenta el nivel cultural, y por lo tanto hace avanzar el progreso humano. Una vez que ya no es capaz de hacerlo, entra en contradicción consigo mismo, es decir, pasa a ser irracional e irreal, y deja de tener derecho a existir. Así, incluso en los pronunciamientos aparentemente más reaccionarios de Hegel, se esconde una idea revolucionaria.

Todo lo que existe obviamente lo hace por necesidad. Pero no todo puede existir. La existencia potencial no es todavía existencia real. En La ciencia de la lógica, Hegel traza detalladamente el proceso por el que algo pasa de un estado de ser simplemente posible al punto en que la posibilidad pasa a ser probabilidad, y esta se convierte en inevitable ("necesidad"). En vista de la enorme confusión que ha surgido en la ciencia moderna sobre la cuestión de la "probabilidad", un estudio del tratamiento completo y profundo que hizo Hegel de esta cuestión es altamente instructivo.

Posibilidad y realidad denotan el desarrollo dialéctico del mundo real y de las diferentes etapas en el surgimiento y desarrollo de los objetos. Una cosa que existe potencialmente contiene en sí la tendencia objetiva al desarrollo, o por lo menos la ausencia de condiciones que imposibilitarían que existiese. Sin embargo, hay una diferencia entre la posibilidad abstracta y el potencial real, y frecuentemente se confunden las dos cosas. La posibilidad abstracta o formal simplemente expresa la ausencia de condiciones que podrían excluir ese fenómeno en concreto, pero no asume la presencia de condiciones que harían inevitable su aparición.

Esto provoca confusión sin fin, y de hecho es el tipo de truco que sirve para justificar todo tipo de ideas absurdas y arbitrarias. Por ejemplo se dice que si se dejase a un mono teclear en una máquina de escribir durante suficiente tiempo acabaría por producir uno de los sonetos de Shakespeare. Este objetivo parece muy modesto. ¿Por qué un solo soneto? ¿Por qué no todas las obras completas de Shakespeare? De hecho, ¿por qué no toda la literatura universal con la teoría general de la relatividad y las sinfonías de Beethoven para redondear el peso? La simple afirmación de que es "estadísticamente posible" no nos hace adelantar un sólo paso. Los complejos procesos de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano no son susceptibles de simple tratamiento estadístico, ni tampoco las obras maestras de la literatura surgirán simplemente por accidente, independientemente del tiempo que esperemos a que el mono nos las pique a máquina.

Para que lo potencial se convierta en real, se requiere una concatenación concreta de circunstancias. Es más, este no es un proceso simple y lineal, sino dialéctico, en el que una acumulación de pequeños cambios cuantitativos tarde o temprano provoca un salto cualitativo. Una posibilidad real (en oposición a abstracta) implica la presencia de todos los factores necesarios por los cuales lo potencial perderá su carácter de provisionalidad y se convertirá en real. Y como Hegel explica sigue siendo real sólo en la medida en que estas condiciones existen y no por más tiempo. Esto es cierto tanto si nos referimos a la vida de un individuo, una forma socioeconómica determinada, una teoría científica o un fenómeno natural. El punto en que un cambio se convierte en inevitable se puede determinar por el método inventado por Hegel conocido como la "línea nodal de medida". Si consideramos cualquier proceso como una línea, veremos que existen puntos específicos ("puntos nodales") en la línea de desarrollo, en los que los procesos sufren una aceleración brusca, o salto cualitativo.

Es fácil identificar causa y efecto en casos aislados, como cuando golpeamos una pelota con un bate. Pero en un sentido más amplio el concepto de causalidad se complica bastante. Las causas y efectos individuales se pierden en un vasto océano de interacciones, en que la causa se convierte en efecto y viceversa. Simplemente intenta trazar el acontecimiento más simple hasta sus "causas últimas" y verás como la eternidad no es suficientemente larga para hacerlo. Siempre habrá una nueva causa, y esta a su vez tendrá que ser explicada, y así hasta el infinito. Esta paradoja ha penetrado en la conciencia popular en dichos como este:

Por un clavo, se perdió la herradura;
Por una herradura, se perdió el caballo;
Por un caballo, se perdió el jinete;
Por un jinete, se perdió la batalla;
Por una batalla, se perdió el reino.
. . . Y todo por la falta de un clavo.

La imposibilidad de establecer la "causa última" ha llevado a alguna gente a abandonar la propia idea de causa. Todo se considera fortuito y accidental. En el siglo XX esta posición ha sido adoptada, por lo menos en teoría, por una gran cantidad de científicos sobre la base de una interpretación incorrecta de los resultados de la física cuántica, especialmente las posiciones filosóficas de Heisenberg. Hegel respondió a estos argumentos por adelantado, cuando explicó la relación dialéctica entre accidente y necesidad.

Hegel explica que no existe la causalidad en el sentido de causa y efecto aislados. Cada efecto tiene su contra-efecto, y cada acción tiene su contra-acción. La idea de causa y efecto aisladamente es una abstracción tomada de la física newtoniana clásica, con la que Hegel era muy crítico, a pesar de que en aquella Época tenía mucho prestigio. Una vez más, Hegel se adelantó su Época. En lugar de la acción-reacción de la mecánica, Él avanzó la noción de reciprocidad, de una interacción universal. Cada cosa influye todas las demás cosas, y a su vez es influenciada y determinada por las demás. De esta manera, Hegel reintrodujo el concepto de accidente, que había sido rigurosamente expulsado de la ciencia por parte de la filosofía mecanicista de Newton y Laplace.

A primera vista, parecemos perdidos en un gran número de accidentes. Pero esta confusión es sólo aparente. El orden surge de entre el caos. Los fenómenos accidentales que constantemente aparecen y desaparecen, como las olas en la superficie del océano, expresan un proceso más profundo, que no es accidental sino necesario. En un punto decisivo esta necesidad se revela a través del accidente. Esta idea de la unidad dialéctica de necesidad y accidente puede parecer extraña, pero queda totalmente confirmada por toda una serie de observaciones de los campos más diferentes de la ciencia y la sociedad. El mecanismo de la selección natural en la teoría de la evolución es el ejemplo más conocido. Pero hay otros muchos ejemplos. En los últimos años ha habido muchos descubrimientos en el campo de la teoría del caos y complejidad que detallan precisamente cómo "el orden surge del caos", que es exactamente lo que Hegel elaboró hace más de un siglo y medio.

Debemos recordar que Hegel estaba escribiendo a principios del siglo pasado, cuando la ciencia estaba completamente dominada por la física mecánica clásica, y medio siglo antes de que Darwin desarrollase la idea de la selección natural a través de mutaciones accidentales. El no tenía ninguna evidencia científica para respaldar su teoría que la necesidad se expresa a través del accidente. Pero esta es la idea central que está detrás del pensamiento más reciente e innovador en ciencia.

Esta profunda ley es igualmente fundamental para una comprensión de la historia. Como Marx escribió a Kugelmann en 1871:

"La historia universal sería por cierto muy fácil de hacer si la lucha sólo se aceptase a condición de que se presentasen perspectivas infaliblemente favorables. Sería por otra parte de naturaleza muy mística si el ‘azar' no desempeñase ningún papel. Estos mismos accidentes caen naturalmente en el curso general del desarrollo y son compensados a su vez por otros accidentes Pero la aceleración y el retardo dependen en mucho de tales ‘accidentes', entre los que figura el ‘accidente' del carácter de quienes aparecen al principio a la cabeza del movimiento".22

Engels planteó el mismo punto algunos años después en relación al papel de los "grandes hombres" en la historia:

"Los propios hombres hacen su historia, pero hasta ahora no la hacen con una voluntad colectiva o de acuerdo a un plan colectivo, ni siquiera dentro de una sociedad dada perfectamente definida. Sus esfuerzos se entrechocan, y por esta misma razón todas esas sociedades son gobernantes por la necesidad, la que es complementada por, y aparece en la forma de azar. La necesidad que aquí se impone en medio de todos los accidentes, es nuevamente y en última instancia la necesidad económica. Es aquí donde interviene la cuestión de los llamados grandes hombres. El que tal y tal hombre, y precisamente ese hombre, surja de un momento determinado en un país dado, es por supuesto puro accidente. Pero suprímaselo, y habrá demanda de un sustituto, y Éste será encontrado, bueno o malo, pero a la larga se le encontrará".23

Determinismo y caos

La teoría del caos trata de procesos en la naturaleza que aparentemente son caóticos o casuales. Una definición de diccionario de caos puede sugerir desorden, confusión, casualidad, o accidentalidad: movimiento azaroso sin propósito, objetivo o principio. Pero la intervención de la "casualidad" pura en los procesos materiales invita a la entrada de factores no-físicos, es decir, metafísicos: intervención divina o espiritual. Debido a que trata con acontecimientos "casuales" la nueva ciencia del caos tiene profundas implicaciones filosóficas.

Se ha demostrado que procesos naturales que antes se consideraban azarosos o caóticos, tienen unas leyes internas en el sentido científico, implicando una base en causas determinísticas. Es más, este descubrimiento tiene una aplicación tan amplia, por no decir una aplicación universal, que ha engendrado toda una nueva ciencia, el estudio del caos. Ha creado un nuevo punto de vista y metodología, algunos dirían una revolución, aplicable a todas las ciencias establecidas. Cuando un bloque de metal se magnetiza, entra en un "estado ordenado", en el que todas sus partículas apuntan en el mismo sentido. Se pueden orientar en un sentido o en el otro. Teóricamente, es "libre" de orientarse en cualquier dirección. En la práctica cada pequeña pieza de metal toma la misma "decisión".

Un científico del caos ha desarrollado las reglas matemáticas que describen la "geometría fractal" de una hoja de helecho de asplenio negro. Ha metido toda su información en su ordenador que también tiene un generador casual de números. Está programado para crear un dibujo utilizando puntos casualmente colocados en la pantalla. A medida que progresa el experimento es imposible anticipar donde aparecerá cada punto. Pero infaliblemente aparece la imagen de la hoja de helecho. La similitud superficial entre estos dos experimentos es obvia. Pero sugiere un paralelo más profundo. De la misma manera que el ordenador estaba basando su selección aparentemente casual de puntos (y para un observador desde "fuera" del ordenador, a todos los efectos prácticos es casual) en reglas matemáticas bien definidas, también sugeriría que el comportamiento de los fotones (y por extensión todos los acontecimientos cuánticos) están sujetos a reglas matemáticas subyacentes que, sin embargo están más allá de la comprensión humana en este momento.

El punto de vista marxista plantea que todo el universo, toda la realidad, se basa en fuerzas y procesos materiales. La conciencia humana es en última instancia sólo un reflejo del mundo real que existe fuera de ella, un reflejo basado en la interacción física entre el cuerpo humano y el mundo material. En el mundo material no hay discontinuidad, no hay interrupción en la interconexión física de acontecimientos y procesos. No queda ningún espacio, en otras palabras, para la intervención de fuerzas metafísicas o espirituales. El materialismo dialéctico, dijo Engels, es la "ciencia de la interconexión universal". Es más, la interconexión del mundo físico se basa sobre el principio de causalidad, en el sentido en que los procesos y acontecimientos están determinados por sus condiciones y las leyes de sus interconexiones:

"Lo primero que nos llama la atención al considerar la materia en movimiento, es la interrelación de cada uno de los movimientos de los distintos cuerpos, el hecho de que estén determinados uno por el otro. Pero no sólo advertimos que a un movimiento determinado lo sigue otro, sino también que podemos provocar un movimiento creando las condiciones en que se produce en la naturaleza, que inclusive podemos provocar movimientos que no ocurren para nada en la naturaleza (industria), por lo menos no de esa manera, y que podemos dar a dichos movimientos una dirección y actitud predeterminadas. De esta manera, por la actividad de los seres humanos, se establece la idea de causalidad, la idea de que un movimiento es la causa de otro".24

La complejidad del mundo puede disfrazar los procesos de causa y efecto hasta hacerlos indistinguible el uno del otro, pero eso no altera la lógica subyacente. Como Engels explicó "causa y efecto son representaciones que no tienen validez como tales, sino en la aplicación a cada caso particular, y que se funden en cuanto contemplamos el caso particular en su conexión general con el todo del mundo, y se disuelven en la concepción de la alteración universal, en la cual las causas y los efectos cambian constantemente de lugar, y lo que ahora o aquí es efecto, allí o entonces es causa, y viceversa".25

La teoría del caos representa indudablemente un gran avance, pero también hay aquí ciertas formulaciones cuestionables. El famoso efecto mariposa, según el cual una mariposa bate alas en Tokio y provoca una tormenta la semana siguiente en Chicago es, sin duda un ejemplo sensacional, pensado para provocar controversia. Sin embargo es incorrecto en esta formulación. Los cambios cualitativos sólo pueden ocurrir como resultado de una acumulación de cambios cuantitativos. Un cambio pequeño, accidental (una mariposa batiendo las alas) sólo puede producir un resultado dramático si todas las condiciones para una tormenta ya estaban dadas. En este caso, la necesidad se expresa a través del accidente. Pero sólo en este caso.

La relación dialéctica entre necesidad y accidente se puede ver en el proceso de selección natural. La cantidad de mutaciones casuales en los organismos es infinitamente grande. Sin embargo, en un entorno particular, una de estas mutaciones puede ser útil al organismo y retenida, mientras que las otras perecen. La necesidad, una y otra vez se manifiesta a través de la agencia del accidente. En cierto sentido, la aparición de la vida sobre la tierra puede ser vista como un "accidente". No estaba predeterminado que la tierra estuviese situada exactamente a la distancia correcta del sol, con el tipo de gravedad y atmósfera correctas, para que sucediese. Pero, dada esta concatenación de circunstancias después de un período de tiempo, de entre un enorme número de reacciones químicas, surge la vida inevitablemente. Esto se aplica no sólo a nuestro propio planeta, sino también a una gran cantidad de planetas en los que existen condiciones similares, aunque no en nuestro sistema solar. Sin embargo, una vez que ha surgido la vida, deja de ser una cuestión de accidente, y se desarrolla de acuerdo a sus propias leyes inherentes.

La propia conciencia no surge de un plan divino, sino que, en cierto sentido también surge del "accidente" del bipedalismo (posición erguida), que libera las manos, y por lo tanto posibilitó a los humanos primitivos evolucionar hacia animales fabricadores de herramientas. Es probable que este salto evolutivo fuese el resultado de un cambio climático en África Occidental, que destruyó parcialmente el hábitat forestal de nuestros antecesores simiescos. Esto fue un accidente. Como Engels explica en El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, esta fue la base sobre la que se desarrollo la conciencia humana. Pero en un sentido amplio, el surgimiento de la conciencia ¾ de la materia consciente de sí misma¾ no se puede considerar como un accidente, sino como el producto necesario de la evolución de la materia, que pasa de las formas más simples a las más complejas, y que, cuando existen las condiciones, inevitablemente dará paso a la vida inteligente, y formas superiores de conciencia, sociedades complejas, y lo que conocemos como civilización.

En su Metafísica, Aristóteles dedica bastante espacio a la discusión del carácter de la necesidad y el accidente, nos da un ejemplo, las palabras accidentales que provocan una pelea. En una situación tensa, por ejemplo un matrimonio en dificultades, incluso el comentario más inocuo puede provocar una riña. Pero está claro que las palabras que se han dicho no son la causa de la disputa. Es el producto de una acumulación de presiones y tensiones, que más tarde o más temprano llegan a un punto de ruptura. Cuando se llega a este punto el cambio más mínimo puede provocar una explosión. Podemos ver el mismo fenómeno en el puesto de trabajo. Durante años, una fuerza laboral aparentemente dócil, temerosa del paro, está dispuesta a aceptar todo tipo de imposiciones, reducciones salariales, despidos de compañeros, empeoramiento de condiciones, etc. Sobre la superficie, no pasa nada. Pero en realidad, se produce un incremento constante del descontento, que a cierto punto tiene que encontrar una expresión. Un día, los trabajadores deciden que "ya basta". En este preciso momento, incluso el incidente más trivial puede provocar una huelga. Toda la situación se convierte en su contrario.

Existe una analogía general entre la lucha de clases y los conflictos entre las naciones. En agosto de 1914 el príncipe de la corona de Austro-Hungría fue asesinado en Sarajevo. Esta fue supuestamente la causa de la Primera Guerra Mundial. De hecho, esto fue un accidente histórico, que podía, o no, haber sucedido. Antes de 1914 hubo gran cantidad de accidentes (el incidente de Marruecos, el incidente de Agadir) que igualmente podrían haber llevado a la guerra. La causa real de la Primera Guerra Mundial fue la acumulación de contradicciones insuperables entre las principales potencias imperialistas ¾ Gran Bretaña, Francia, Alemania, Austro-Hungría y Rusia¾ . Esto llegó a un punto crítico, en el que una pequeña chispa en los Balcanes hizo explotar todo el material acumulado.

Finalmente vemos el mismo fenómeno en el mundo de la economía. En el momento de escribir estas líneas la City de Londres se ha visto sacudida por el colapso de Barings. Inmediatamente se echó la culpa a las actividades fraudulentas de uno de los empleados del banco en Singapur. Pero el colapso de Barings fue simplemente el último síntoma de una enfermedad mucho más profunda del sistema financiero mundial. A escala mundial actualmente hay 25 billones de dólares invertidos en derivados financieros. Esto demuestra que el capitalismo ya no se basa en la producción, sino, en mayor o menor medida, en actividades especulativas. El hecho de que Mr. Leeson perdiese gran cantidad de dinero en la bolsa japonesa podría estar relacionado con el accidente del terremoto de Kobe. Pero los analistas económicos serios comprenden que fue la expresión de una debilidad fundamental del sistema financiero internacional. Con o sin Mr Leeson, en el futuro nuevos colapsos son inevitables. Las grandes compañías internacionales e instituciones financieras, todas ellas implicadas en estas apuestas atolondradas, están jugando con fuego. Un colapso financiero de grandes proporciones está implícito en la situación.

Puede ser que hay muchos fenómenos de los que no entendemos sus causas subyacentes completamente, y que por lo tanto nos parecen casuales. Por lo tanto, a todos los efectos prácticos sólo se pueden tratar estadísticamente, como la rueda de la ruleta. Pero por debajo de estos acontecimientos "casuales" sigue habiendo fuerzas y procesos que determinan los resultados finales. Vivimos en un mundo determinado por el determinismo dialéctico.

Marxismo y libertad

El problema de la relación entre "libertad y necesidad" era conocido por Aristóteles y discutido interminablemente por los escolásticos medievales. Kant lo utiliza en una de sus conocidas "antinomias", en la que se presenta como una contradicción insoluble. En los siglos XVII y XVIII afloró en la matemática como la teoría de la casualidad relacionada con el juego.

La relación dialéctica entre libertad y necesidad ha resurgido en la teoría del caos. Doyne Farner, un físico americano investigando dinámica complicada, comenta:

"Desde el punto de vista filosófico, se me antojó que era un medio operativo de definir el libre albedrío, uno que permitía conciliar Éste con el determinismo. El sistema es determinista, pero no se puede decir qué hará a continuación. Al propio tiempo, siempre había tenido la impresión que los problemas trascendentales del mundo tenían que ver con la organización, tanto de la vida como de la inteligencia. Pero ¿cómo se estudiaba eso? Lo que hacían los biólogos parecía muy apropiado y específico; los químicos no lo hacían, desde luego; los matemáticos no soñaban en hacerlo, y era algo que los físicos jamás hacían. He pensado siempre que la aparición espontánea de la autoorganización debía formar parte de la física. Teníamos una moneda con sus dos caras. Aquí había orden, en el que brotaba el azar, y allí, un paso más adelante, había azar, con su propio orden subyacente".26

El determinismo dialéctico no tiene nada que ver con el punto de vista mecánico, y todavía menos con el fatalismo. De la misma manera que existen leyes que gobiernan la materia orgánica e inorgánica, existen leyes que gobiernan la evolución de la sociedad humana. Los modelos de comportamiento que podemos observar a través de la historia no son fortuitos. Marx y Engels explicaron que la transición de un sistema social a otro está determinada por el desarrollo de las fuerzas productivas, en última instancia. Cuando un sistema socioeconómico dado ya no es capaz de desarrollar las fuerzas productivas, entra en crisis, preparando el terreno para un derrocamiento revolucionario.

Esto no niega en absoluto el papel del individuo en la historia. Como ya hemos dicho, los hombres y mujeres hacen su propia historia. Sin embargo, sería ingenuo pensar que los seres humanos son "agentes libres" que pueden determinar su futuro puramente sobre la base de su propia voluntad. Tienen que basarse en condiciones que han sido creadas independientemente de su voluntad ¾ económicas, sociales, políticas, religiosas y culturales¾ . En este sentido, la idea de la libre voluntad no tiene sentido. La actitud de Marx y Engels en relación al papel del individuo en la historia queda clara en la siguiente cita de La Sagrada Familia:

"La historia no hace nada, ‘no posee inmensas riquezas', ‘no libra batallas'. Es el hombre, el hombre real y viviente el que lo hace todo, el que posee y combate; la ‘historia' no es como si fuera una persona aparte, utilizando al hombre como medio para conseguir sus propios fines; la historia no es sino la actividad del hombre persiguiendo sus propios fines".27

No es que los hombres y mujeres sean simples marionetas del destino, impotentes para cambiar su propio sino. Sin embargo los auténticos hombres y mujeres que viven en el mundo real del que Marx y Engels escriben no se pueden elevar por encima de la sociedad en la que viven. Hegel escribió que "los intereses mueven la vida de los pueblos". Conscientemente o no, los actores individuales en la escena histórica, en última instancia, reflejan los intereses, opiniones, prejuicios, moralidad y aspiraciones de una clase o grupo específico en la sociedad. Realmente esto es obvio incluso para el lector más superficial de la historia.

Sin embargo, la ilusión del "libre albedrío" es persistente. El filósofo alemán Leibniz resaltó que una aguja magnética, si pudiese pensar, sin duda se imaginaría que apunta al Norte porque así lo ha decidido. En el siglo XX Sigmund Freud demolió completamente el prejuicio que hombres y mujeres tienen un control completo incluso de sus propios pensamientos. El fenómeno de los lapsus freudianos es un ejemplo perfecto de la relación dialéctica entre accidente y necesidad. Freud dio numerosos ejemplos de errores en el habla, "olvidos", y otros "accidentes", que en muchos casos, indudablemente revelan procesos psicológicos más profundos. En palabras de Freud:

"Ciertas inadecuaciones de nuestras capacidades psíquicas (É) y ciertos comportamientos que no son intencionados demuestran estar bien motivados cuando se someten a una investigación psico-analítica, y están determinados a través de la conciencia de motivos desconocidos".28

Era un principio fundamental de Freud el que nada en el comportamiento humano es accidental. Los pequeños errores de la vida diaria, los sueños, y los síntomas aparentemente inexplicables de los enfermos mentales no son "accidentales". Por definición, la mente humana no es consciente de sus procesos inconscientes. Cuanto más profunda sea la motivación inconsciente, más obvio será que la persona no sea consciente de ella. Freud enseguida comprendió el principio general que estos procesos inconscientes salen a la luz (y por lo tanto pueden ser estudiados) en aquellos fragmentos de comportamiento que la mente consciente rechaza como errores estúpidos o accidentes.

¿Es posible conseguir la libertad? Si lo que queremos decir con una acción "libre" es una que no está causada ni determinada , debemos decir francamente que una acción de este tipo nunca ha existido, y nunca existirá. Una "libertad" imaginaria de este tipo es pura metafísica. Hegel explicó que la auténtica libertad es el reconocimiento de la necesidad. En la medida en que hombres y mujeres entiendan las leyes que gobiernan la naturaleza y la sociedad, entonces estarán en posición de adueñarse de estas leyes y utilizarlas en su propio beneficio. Las auténticas bases materiales sobre las cuales la humanidad puede llegar a ser libre han sido establecidas por el desarrollo de la industria, la ciencia y la técnica. En un sistema racional de sociedad, en el que los medios de producción estén planificados armoniosamente y conscientemente controlados, podremos hablar realmente de desarrollo humano auténticamente libre. En palabras de Engels, este es "el salto del genero humano del reino de la necesidad al reino de la libertad".

Parte Dos: Tiempo, espacio y moción
7. La teoría de la relatividad (1)