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Los límites de
la Ley de la Identidad
Es un hecho
sorprendente el que las leyes básicas de la lógica formal, elaboradas
por Aristóteles se hayan mantenido fundamentalmente inmutables durante
más de dos mil años. En este período hemos presenciado un proceso
continuo de cambio en todas las esferas de la ciencia, la tecnología y el
pensamiento humano. Y sin embargo los científicos se han contentado con
utilizar esencialmente las mismas herramientas metodológicas que
utilizaban los escolásticos medievales en los días en que la ciencia
estaba todavía al nivel de la alquimia.
Dado el papel
central que la lógica formal ha jugado en el pensamiento occidental, es
sorprendente que se haya prestado tan poca atención a su contenido real,
significado e historia. Normalmente se toma como algo dado, evidente por
sí mismo y fijo para siempre. O se presenta como una convención
conveniente sobre la que la gente razonable se pone de acuerdo, para
facilitar el pensamiento y el discurso, un poco de la misma manera en que
la gente en círculos sociales educados se ponen de acuerdo sobre las
buenas maneras en la mesa. Se plantea la idea de que las leyes de la
lógica formal son construcciones totalmente artificiales, construidas por
los lógicos, en la creencia de que tendrán alguna aplicación en algún
campo del pensamiento, en el que revelarán alguna que otra verdad. ¿Pero
porque las leyes de la lógica han de guardar cualquier relación con
nada, si sólo son construcciones abstractas, arbitrariedades imaginarias
de la mente?
Sobre esta idea,
Trotsky comentaba irónicamente:
"Decir que
las personas han llegado a un acuerdo sobre el silogismo es casi como
decir, o más exactamente es lo mismo, que la gente llegó al acuerdo de
tener fosas en las narices. El silogismo es un producto objetivo del
desarrollo orgánico, es decir, del desarrollo biológico, antropológico
y social de la humanidad, igual que lo que son nuestros diversos órganos,
entre ellos nuestro órgano del olfato". En realidad, la lógica
formal se deriva en última instancia de la experiencia, de la misma
manera que cualquier otra forma de pensamiento. A partir de la experiencia
los seres humanos sacan una serie de conclusiones que aplican a su vida
diaria. Esto se aplica incluso a los animales, aunque a otro nivel.
"El pollo
sabe que el grano es en general útil, necesario y sabroso. Reconoce un
grano determinado - el de trigo- con el que está familiarizado, y de
allí extrae una conclusión lógica por medio de su pico. El silogismo de
Aristóteles es sólo una expresión articulada de estas conclusiones
mentales elementales que observamos a cada paso entre los
animales".55
Trotsky dijo en
una ocasión que la relación entre la lógica formal y la dialéctica era
similar a la relación entre las matemáticas inferiores y superiores. Las
unas no niegan a las otras y siguen siendo válidas dentro de unos
determinados límites. De manera parecida, las leyes de Newton que
dominaron la ciencia durante cien años, demostraron ser falsas en el
mundo de las partículas subatómicas. Más correctamente, la vieja
física mecánica, criticada por Engels, demostró ser unilateral y de
aplicación limitada.
"La
dialéctica", escribe Trotsky, "no es ficción ni misticismo,
sino la ciencia de las formas de nuestro pensamiento, en la medida en
que Éste no se limita a los problemas cotidianos de la vida y trata de
llegar a una comprensión de procesos más amplios y complicados".56
El método más
común de la lógica formal es el de la deducción, que intenta establecer
la verdad de sus conclusiones cumpliendo dos condiciones diferentes a) la
conclusión tiene que fluir realmente de las premisas; y b) las propias
premisas tienen que ser ciertas. Si se cumplen las dos condiciones, se
dice que el argumento es válido. Todo esto es muy reconfortante. Nos
encontramos en el reino familiar y seguro del sentido común.
À"Verdadero o falso"? À"Sí o no"? Tenemos los pies
firmemente en el suelo. Parece que estamos en posesión de "la
verdad, toda la verdad y nada más que la verdad". No hay nada más
que decir. ¿O sí?
Estrictamente
hablando, desde el punto de vista de la lógica formal, es indiferente si
las premisas son ciertas o no. En la medida en que la conclusión se saque
correctamente de sus premisas, se dice que la inferencia es deductivamente
válida. Lo importante es distinguir entre inferencias válidas y no
válidas. Así, desde el punto de vista de la lógica formal, la siguiente
afirmación es deductivamente válida: Todos los científicos tienen dos
cabezas. Einstein era un científico. Por lo tanto, Einstein tenía dos
cabezas. La validez de la inferencia no depende del sujeto en lo más
mínimo. De esta manera la forma se eleva por encima del contenido.
En la práctica,
por supuesto, cualquier método de razonamiento que no demostrase la
validez de sus premisas sería peor que inútil. Se tiene que demostrar
que las premisas son ciertas. Pero esto nos lleva a una contradicción. El
proceso de validación de un juego de premisas nos plantea
automáticamente un nuevo juego de preguntas, que a su vez hay que
validar. Como planteó Hegel, cada premisa da lugar a un nuevo silogismo y
así hasta el infinito. Lo que parecía ser muy simple resulta ser
extremadamente complejo y contradictorio.
La mayor
contradicción reside en la propia premisa fundamental de la lógica
formal. Al tiempo que exige que todas las demás cosas bajo la capa del
sol se justifiquen ante la Alta Corte del Silogismo, la lógica se ve
totalmente confundida cuando se le pide que justifique sus propios
presupuestos. De repente pierde todas sus facultades críticas y recurre a
apelaciones a creencia, sentido común, lo "obvio", o la
cláusula de escapatoria filosófica final, a priori. El hecho es que los
llamados axiomas de la lógica son fórmulas no demostradas. Se
toman como punto de partida, del que se deducen más fórmulas (teoremas),
exactamente igual que en la geometría clásica, en la que el punto de
partida son los principios de Euclides. Se asume que son correctos, sin
ningún tipo de demostración, es decir, simplemente tenemos que hacer
un acto de fe.
¿Pero y si
resultase que los axiomas básicos de la lógica formal son falsos?
Entonces estaríamos en la misma posición que cuando le dábamos al pobre
Einstein una cabeza adicional. ¿Es posible que las leyes eternas de la
lógica sean defectuosas? Examinémoslo más de cerca. Las leyes básicas
de la lógica formal son:
1) La ley de la
identidad ("A" = "A")
2) La ley de la contradicción ("A" no es igual a
"no-A")
3) La ley del medio excluido ("A" no es igual a "B")
Estas leyes a
primera vista parecen eminentemente sensatas. ¿Cómo se pueden poner en
duda? Pero si las vemos más de cerca podemos observar que estas leyes
están llenas de problemas y contradicciones de carácter filosófico. En
su Ciencia de la lógica, Hegel plantea un análisis exhaustivo de
la Ley de la identidad, demostrando que es unilateral y por lo tanto
incorrecta.
En primer lugar
hay que tener en cuenta que la apariencia de una cadena de razonamiento
necesario en el que un paso sigue al otro es totalmente ilusoria. La ley
de la contradicción simplemente plantea la ley de la identidad de manera
negativa. Y lo mismo en relación a la ley del medio excluido. Todo lo que
tenemos aquí es una repetición de la primera línea de diferentes
maneras. Todo se mantiene sobre la ley de la identidad ("A" =
"A"). A primera vista es incontrovertible, y por lo tanto,
fuente de todo pensamiento racional. Es la vaca sagrada de la lógica y no
se puede poner en duda. Y sin embargo se puso en duda, y por una de las
mentes más grandes de todos los tiempos.
Hay un cuento de
Hans-Christian Andersen llamado El vestido nuevo del emperador, en
el que un embaucador le vende a un emperador un poco loco
un vestido nuevo
que se supone que es muy bonito, pero es invisible. El crédulo emperador
se pone su vestido nuevo, que todo el mundo está de acuerdo en que es
magnífico, y lo lleva hasta que un día un niño dice que el emperador en
realidad va totalmente desnudo. Hegel hizo un servicio similar a la
filosofía con su crítica de la lógica formal. Sus defensores nunca le
perdonarán por ello.
La llamada ley de
la identidad en realidad es una tautología. Paradójicamente, en la
lógica tradicional, esto se consideraba como uno de los errores más
evidentes que se podían cometer a la hora de definir un concepto. Es una
definición que no se sostiene lógicamente que simplemente repite en
otras palabras lo que ya está en la parte que hay que definir. Vamos a
poner un ejemplo. El maestro le pregunta al alumno quÉ es un gato, y el
alumno le informa orgullosamente que un gato es un gato. Esta respuesta no
se consideraría muy inteligente. DespuÉs de todo se supone que una frase
tiene que decir algo, y esta frase no nos dice nada de nada. Sin embargo
esta definición escolar poco brillante de un felino cuadrúpedo es una
expresión perfecta de la ley de la identidad en toda su gloria. El alumno
que la haya hecho será enviado inmediatamente al fondo de la clase. Pero
durante dos mil años, los profesores más brillantes se han contentado
considerándola como la verdad filosófica más profunda.
Todo lo que la
ley de la identidad nos dice sobre algo es que es. No avanzamos un
solo paso más allá. Nos quedamos en el nivel de la abstracción general
y vacía. No aprendemos nada de la realidad concreta del objeto a
estudiar, sus propiedades, sus relaciones. Un gato es un gato, yo soy yo
mismo, tu eres tu, la naturaleza humana es la naturaleza humana, las cosas
son como son. Es evidente que estas expresiones son totalmente vacías.
Son la expresión consumada del pensamiento formal, unilateral y
dogmático.
Entonces, ¿la
ley de la identidad no es válida? No del todo. Tiene sus aplicaciones,
pero de un alcance mucho más limitado de lo que se podría pensar.. Las
leyes de la lógica formal pueden ser útiles para clarificar, analizar,
etiquetar, catalogar, definir ciertos conceptos. Para los fenómenos
normales y simples de cada día son válidas. Pero cuando tratamos con
fenómenos más complejos, que implican movimiento, saltos bruscos,
cambios cualitativos, se hace totalmente inadecuada.
El siguiente
extracto de Trotsky resume brillantemente la línea de argumentación de
Hegel en relación a la ley de la identidad:
"Trataré
aquí de esbozar lo esencial del problema en forma muy concisa. La lógica
aristoteliana del silogismo simple parte de la premisa de que ‘A es
igual a A'. Este postulado se acepta como axioma para una cantidad de
acciones humanas prácticas y de generalizaciones elementales. Pero en
realidad ‘A' no es igual a ‘A'. Esto es fácil de demostrar si
observamos estas dos letras bajo una lente: son completamente diferentes.
Pero, se podrá objetar, no se trata del tamaño o de la forma de las
letras, dado que ellas son solamente símbolos de cantidades iguales, por
ejemplo de una libra de azúcar La objeción no es valedera; en realidad,
una libra de azúcar nunca es igual a una libra de azúcar: una balanza
delicada descubriría siempre la diferencia. Nuevamente se podría
objetar: sin embargo una libra de azúcar es igual a sí misma. Tampoco
esto es verdad: todos los cuerpos cambian constantemente de peso, color,
etc. Nunca son iguales a sí mismos. Un sofista contestará que una libra
de azúcar es igual a sí misma en ‘un momento dado'. Fuera del valor
práctico extremadamente dudoso de este ‘axioma', tampoco soporta una
crítica teórica. ¿Cómo concebimos realmente la palabra ‘momento'? Si
se trata de un intervalo infinitesimal de tiempo, entonces una libra de
azúcar está sometida durante el transcurso de ese ‘momento' a cambios
inevitables. ¿O este ‘momento' es una abstracción puramente
matemática, es decir, cero tiempo? Pero todo existe en el tiempo y la
existencia misma es un proceso ininterrumpido de transformación; el
tiempo es en consecuencia, un elemento fundamental de la existencia. De
este modo el axioma ‘A' es igual a ‘A', significa que una cosa es
igual a sí misma si no cambia, es decir, si no existe.
"A primera
vista, podría parecer que estas ‘sutilezas' son inútiles. En realidad,
tienen decisiva importancia. El axioma ‘A' es igual a ‘A', es a un
mismo tiempo punto de partida de todos nuestros conocimientos y punto de
partida de todos los errores de nuestro conocimiento. Sólo dentro de
ciertos límites se lo puede utilizar con uniformidad. Si los cambios
cuantitativos que se producen en ‘A' carecen de importancia para la
cuestión que tenemos entre manos, entonces podemos presumir que ‘A' es
igual a ‘A'. Este es, por ejemplo, el modo con que vendedor y comprador
consideran una libra de azúcar. De la misma manera consideramos la
temperatura del sol. Hasta hace poco considerábamos de la misma manera el
valor adquisitivo del dólar. Pero cuando los cambios cuantitativos
sobrepasan ciertos límites se convierten en cambios cualitativos. Una
libra de azúcar sometida a la acción del agua o del kerosén deja de ser
una libra de azúcar. Un dólar en manos de un presidente deja de ser un
dólar. Determinar en el momento preciso el punto crítico en el que la
cantidad se trasforma en calidad, es una de las tareas más difíciles o
importantes en todas las esferas del conocimiento, incluso de la
sociología:
"Con
respecto al pensamiento vulgar, el pensamiento dialéctico está en la
misma relación que una película cinematográfica con una fotografía
inmóvil. La película no invalida la fotografía inmóvil, sino que
combina una serie de ellas de acuerdo a las leyes del movimiento. La
dialéctica no niega el silogismo, sino que nos enseña a combinar los
silogismos en forma tal que nos lleve a una comprensión más certera de
la realidad eternamente cambiante. Hegel en su Lógica estableció una
serie de leyes: cambio de cantidad en calidad, desarrollo a través de las
contradicciones, conflictos entre el contenido y la forma, interrupción
de la continuidad, cambio de posibilidad en inevitabilidad, etc., que son
tan importantes para el pensamiento teórico como el silogismo simple para
las tareas más elementales".57
Lo mismo sucede
con la ley del medio excluido, que plantea que es necesario asegurar o
negar, que una cosa tiene que ser blanca o negra, viva o muerta,
"A" o "B". No puede ser ambas cosas al mismo tiempo.
En la vida diaria podemos darla por buena. De hecho sin esta afirmación,
el pensamiento claro y consistente sería imposible. Sin embargo lo que
parecen ser errores insignificantes en la teoría, más pronto o más
tarde se manifestarán en la práctica, a menudo con resultados
desastrosos. De la misma manera, una grieta del tamaño de un pelo en el
ala de un jumbo puede parecer insignificante, y de hecho, a pequeñas
velocidades puede pasar inadvertido. Pero a grandes velocidades, este
pequeño error puede provocar una catástrofe. En el Anti-Dühring,
Engels explica las deficiencias de la llamada ley del medio excluido:
"Del mismo
modo es todo ser orgánico en cada momento el mismo y no lo es; en cada
momento está elaborando sustancia tomada de fuera y eliminando otra; en
todo momento mueren células de su cuerpo y se forman otras nuevas; tras
un tiempo más o menos largo, la materia de ese cuerpo se ha quedado
completamente renovada, sustituida por otros átomos de materia, de modo
que todo ser organizado es al mismo tiempo el mismo y otro
diverso".58
La relación entre la dialéctica y la lógica formal se puede comparara a
la relación entre la mecánica cuántica y la mecánica clásica. No se
contradicen sino que se complementan la una a la otra. Las leyes de la
mecánica clásica siguen siendo válidas para una gran cantidad de
operaciones. Sin embargo, no se pueden aplicar correctamente al mundo de
las partículas subatómicas, con cantidades infinitesimalmente pequeñas
y velocidades tremendas. De manera parecida, Einstein no sustituyó a
Newton, sino que simplemente puso al descubierto los límites más allá
de los cuales no se podía aplicar el sistema de Newton.
Igualmente, la
lógica formal (que ha alcanzado el grado de prejuicio popular en forma de
"sentido común") sigue siendo válida para toda una serie de
experiencias diarias. Sin embargo, las leyes de la lógica formal, que
parten de una visión esencialmente estática de las cosas,
inevitablemente dejan de ser válidas cuando se trata de fenómenos
cambiantes, más complejos. Utilizando el lenguaje de la teoría del caos,
las ecuaciones "lineales" de la lógica formal, no pueden
aplicarse a los procesos turbulentos que se pueden observar en la
naturaleza, la sociedad y la historia. Sólo se les puede aplicar el
método dialéctico.
La lógica y el
mundo subatómico
Otros filósofos,
que están muy lejos del punto de vista dialéctico, han comprendido las
deficiencias de la lógica formal. En general, en el mundo anglosajón, ha
existido tradicionalmente una mayor inclinación hacia el empirismo, y al
razonamiento inductivo. Pero la ciencia necesita un marco filosófico que
le permita valorar sus resultados y que guíe sus pasos a través de la
masa confusa de hechos y estadísticas, como el hilo de Ariadna en el
laberinto. Los simples llamamientos al "sentido común", o los
"hechos" no son suficientes.
El pensamiento
silogístico, el método deductivo abstracto, pertenece a la tradición
francesa, especialmente desde Descartes. La tradición inglesa es
totalmente diferente, fuertemente influenciada por el empirismo. Desde
Gran Bretaña, esta escuela de pensamiento fue exportada a los Estados
Unidos, donde echó raíces profundas. Así, el método de pensamiento
deductivo formal no era característico de la tradición intelectual
anglosajona. "Por el contrario", escribió Trotsky, "es
posible decir que este [escuela de] pensamiento se distingue por un
desprecio empírico soberano por el silogismo puro, lo que no impidió a
los ingleses hacer conquistas colosales en muchas esferas de la
investigación científica. Si se lo piensa bien es imposible no llegar a
la conclusión de que el desprecio empírico por el silogismo es una forma
primitiva de pensamiento dialéctico".
Históricamente,
el empirismo ha jugado tanto un papel positivo (en la lucha contra la
religión y el dogmatismo medieval) como negativo (una interpretación
demasiado estrecha del materialismo, resistencia a generalizaciones
teóricas amplias). La famosa afirmación de Locke de que no hay nada en
el intelecto que no se derive de los sentidos contiene el germen de una
idea profundamente correcta, pero presentada de una manera unilateral, que
puede tener, y ha tenido, a las consecuencias más dañinas sobre el
desarrollo futuro de la filosofía. Justo antes de su asesinato, Trotsky
escribió sobre esto:
"‘No
sabemos nada del mundo excepto lo que se nos da a través de la
experiencia'. Esto es correcto si no se entiende la experiencia en el
sentido de testimonio directo de nuestros cinco sentidos individuales. Si
reducimos la cuestión a la experiencia en el estrecho sentido empírico,
entonces nos es imposible llegar a ningún juicio sobre el origen de las
especies o, menos aun, sobre la formación de la corteza terrestre. Decir
que la base de todo es la experiencia significa decir mucho o no decir
absolutamente nada. La experiencia es la interrelación activa entre el
sujeto y el objeto Analizarla fuera de esta categoría, es decir, fuera
del medio material objetivo del investigador, que se le contrapone y que
desde otro punto de vista es parte de este medio, significa disolver la
experiencia en una unidad informe donde no hay ni objeto ni sujeto sino
sólo la mística fórmula de la experiencia. Un ‘experimento' o ‘experiencia'
de este tipo es propio sólo de un bebé en el útero de su madre, pero
desgraciadamente ese bebé no tiene la oportunidad de compartir las
conclusiones científicas de su experimento".59
El principio de
indeterminación de la mecánica cuántica no se puede aplicar a los
objetos ordinarios, sólo a los átomos y partículas subatómicas. Las
partículas subatómicas se rigen por leyes diferentes a las del mundo
"ordinario". Se mueven a velocidades increíbles, 1500 metros
por segundo por ejemplo. Se pueden desplazar en diferentes direcciones al
mismo tiempo. En estas condiciones, las formas de pensamiento que se
aplican para la experiencia diaria dejan de ser válidas. La lógica
formal es inútil. Sus categorías blanco-o-negro, si-o-no, lo tomas o lo
dejas no tienen ningún punto de contacto con esta realidad fluida,
inestable y contradictoria. Todo lo que podemos decir es que esta y esa
moción son probables, con un número infinito de posibilidades. Lejos de
seguir las premisas de la lógica formal, la mecánica cuántica viola la
ley de la identidad afirmando la "no-individualidad" de las
partículas. La ley de la identidad no se puede aplicar a este nivel,
porque no se puede fijar la "identidad" de las partículas
individuales. De ahí la larga controversia entre "onda" y
"partícula". ¡No podía ser las dos cosas! Aquí "A"
resulta ser "no-A", y de hecho "A" puede ser
"B". De ahí la imposibilidad de fijar la posición y velocidad
de un electrón a la manera absoluta y concreta de la lógica formal. Este
es un problema serio para la lógica formal y el "sentido
común", pero no para la dialéctica o la mecánica cuántica. Un
electrón tiene las cualidades de una onda y de una partícula, y esto se
ha demostrado experimentalmente.
En 1932
Heisenberg sugirió que los protones en el interior del núcleo se
mantenían unidos por lo que el llamó fuerza de intercambio. Esto
implicaba que protones y neutrones estaban cambiando constantemente de
identidad. Cualquier partícula dad está en un estado constante de
flujo, cambiando de protón a neutrón y viceversa. Sólo de esta manera
se mantiene unido el núcleo. Antes de que un protón pueda ser repelido
por otro protón se convierte en un electrón, y a la inversa. Este
proceso en el que las partículas se convierten en su contrario tiene
lugar de manera ininterrumpida, de tal manera que es imposible decir en un
momento determinado si una partícula es un protón o un neutrón. De
hecho es ambos: es y no
es.
El intercambio de
identidades entre electrones no significa un simple cambio de posición,
sino un proceso mucho más complejo en el que el electrón "A"
interpenetra con el electrón "B" para crear una mezcla de,
digamos, 60% "A" y 40% "B", y viceversa. Más tarde
pueden haber cambiado completamente de identidad, con todos los
"A" allí y todos los "B" aquí. Entonces empezará el
flujo a la inversa en una oscilación permanente, implicando un
intercambio rítmico de las identidades de los electrones, que continua
indefinidamente. La vieja y rígida ley de la identidad se desvanece en
este tipo de identidad-en-la-diferencia pulsante, que subyace en toda la
existencia, y que recibe expresión científica en el principio de
exclusión de Pauli.
Así, dos
milenios y medio más tarde, el principio de Heráclito de que "todo
fluye" resulta ser cierto literalmente. Aquí tenemos, no sólo un
estado de cambio y moción incesantes, sino tambiÉn un proceso de
interconexión universal, y la unidad y lucha de contrarios. No sólo los
electrones se condicionan los unos a los otros, sino que en realidad se
convierten los unos en los otros. ¡Qué lejos del universo idealista
estático e inmutable de Platón! ¿Cómo se fija la posición de un
electrón? Observándolo. ÀY cómo se determina su momento? Observándolo
otra vez. Pero en ese período de tiempo, incluso en un lapso de tiempo
infinitesimalmente pequeño, el electrón ha cambiado, y ya no es el que
era. Es otra cosa. Es a la vez una partícula (un
"punto", una "cosa") y una onda (un
"proceso", movimiento). Es y no es. El viejo método de
blanco o negro de la lógica formal utilizado por la mecánica clásica no
nos puede dar resultados aquí debido al propio carácter del fenómeno.
El 1963, físicos
japoneses plantearon que la partícula extremadamente pequeña llamada
neutrino cambiaba de identidad en la medida en que viajaba por el espacio
a velocidades altísimas. En un momento era un electrón-neutrino,
en otro un muon-neutrino, en otro un tauón-neutrino, y
sucesivamente. Si esto es cierto, la ley de la identidad, que ya ha
recibido fuertes golpes, habría recibido su golpe de gracia. Una
concepción rígida de este tipo está claramente fuera de lugar cuando se
enfrenta a cualquiera de los fenómenos complejos y contradictorios de la
naturaleza descritos por la ciencia moderna.
Lógica moderna
En el siglo XIX
se hicieron una serie de intentos de poner al día la lógica (George
Boyle, Ernst Schršder, Gotlob Frege, Bertrand Russell y A. N. Whitehead).
Pero aparte de la introducción de símbolos, y de cierta limpieza, no
hubo un cambio real. Se han hecho afirmaciones grandilocuentes, por
ejemplo por parte de los filósofos lingüísticos, pero sin mucho
fundamento. La semántica (que estudia la validez de un argumento) se
separó de la sintaxis (que estudia la deductibilidad e las conclusiones a
partir de los axiomas y premisas). Supuestamente esto era algo nuevo,
cuando, en realidad, es simplemente una remezcla de la vieja división,
bien conocida por los antiguos griegos, entre lógica y retórica.
La lógica moderna se basa en las relaciones lógicas entre conjuntos de
frases. el centro de atención se ha desplazado desde el silogismo hacia
los argumentos hipotéticos y disyuntivos. Esto difícilmente se puede
considerar un paso adelante como para cortar el aliento. Se puede empezar
por frases (juicios) en lugar de silogismos. Hegel lo hizo en su Lógica.
Más que una gran revolución en el pensamiento, es como rebarajar las
cartas en la baraja.
Utilizando una
analogía inexacta con la física, el llamado "método atómico"
desarrollado por Russell y Wittgenstein (y más tarde repudiado por este
último) intentaba dividir el lenguaje en "átomos". Se supone
que el átomo básico del lenguaje es la frase simple, a partir de la cual
se construyen las frases compuestas. Wittgenstein soñaba con desarrollar
un "lenguaje formal" para toda ciencia ¾ física, biología,
incluso psicología¾ . Las frases se someten a un "test de la
verdad" basado en las viejas leyes de la identidad, contradicción y
medio excluido. En realidad, el método básico sigue siendo exactamente
el mismo. El "valor verdadero" es una cuestión de "esto o
lo otro", "sí o no", "verdadero o falso". A la
nueva lógica se la denomina cálculo proposicional. Pero el hecho
es que el sistema ni siquiera puede tratar con argumentos que previamente
podían ser estudiados por el silogismo más básico (categórico).
El hecho es que
no se entiende realmente ni siquiera la frase simple, a pesar de que se
supone que es el equivalente lingüístico de los "ladrillos
componentes de la materia". Incluso el juicio más simple, como
plantea Hegel, contiene una contradicción. "Cesar es un
hombre", "Fido es un perro", "el árbol es
verde", todos plantean que lo particular es lo universal.
Frases de este tipo pueden parecer simples, pero en realidad no lo son.
Esto es un libro cerrado para la lógica formal que sigue decidida a
prohibir todas las contradicciones, no sólo de la naturaleza y la
sociedad, sino tambiÉn del lenguaje. El cálculo proposicional parte
exactamente de los mismos postulados básicos que ya elaboró Aristóteles
en el siglo IV a. de J.C., es decir, la ley de la identidad, la ley de la
(no-)contradicción, y la ley del medio excluido, a las que se añade la
ley de la doble negación. En lugar de estar escrita con letras normales,
se expresan en símbolos:
a) p = p
b) p = ~p
c) pV = ~p
d) ~ (p ~p)
Todo esto es muy
bonito, pero no es en absoluto diferente al contenido del silogismo. Es
más, la propia lógica simbólica no es una idea nueva. Alrededor de
1680, la mente fértil del filósofo alemán Leibniz creo una lógica
simbólica, aunque nunca la publicó.
La introducción
de símbolos en la lógica no nos hace avanzar un solo paso, por la simple
razón de que estos, más tarde o más temprano, se tienen que transformar
en palabras y conceptos. Tienen la ventaja de ser una especie de atajo,
más conveniente para cierto tipo de operaciones técnicas, ordenadores y
demás, pero el contenido sigue siendo el mismo de antes. Todos estas
florituras matemáticas aturdidoras se acompañan de una jerga
auténticamente bizantina, que parece haber sido diseñada deliberadamente
para que la lógica sea inaccesible a los mortales ordinarios, de la misma
manera que la casta sacerdotal en Egipto y Babilonia utilizaba palabras
secretas y símbolos ocultos para quedarse con todos los conocimientos. La
diferencia es que ellos conocían cosas que valía la pena conocer, como
los movimientos de los cuerpos celestes, algo que no se puede decir de los
lógicos modernos.
Términos como
"predicados monádicos", "cuantificadores",
"variables individuales", y demás, están diseñados
para dar la impresión de que la lógica formal es una ciencia a la que
hay que tener en cuenta, en la medida en que es bastante ininteligible
para la mayoría de la gente. La lástima es que el valor científico de
un cuerpo de creencias no es directamente proporcional a la oscuridad de
su lenguaje. Si fuera así, cualquier religioso místico en de la historia
sería tan gran científico como Newton, Darwin y Einstein, todos juntos.
En la comedia de
Moliere, El burgués gentilhombre, M. Jourdain se sorprendía
cuando le decían que había estado hablando en prosa toda la vida,
sin darse cuenta. La lógica moderna simplemente repite las viejas
categorías, pero introduciendo unos cuantos símbolos y términos que
suenan bien, para ocultar el hecho de que no se dice nada nuevo en
absoluto. Aristóteles ya utilizó "predicados monádicos"
(expresiones que atribuyen una propiedad a un individuo) hace mucho
tiempo. M. Jourdain, sin duda, habría estado encantado de descubrir que
había estado utilizando predicados monádicos todo el tiempo sin
saberlo. Pero no hubiera significado la menor diferencia respecto a lo que
estaba haciendo. La utilización de etiquetas nuevas no cambia el
contenido de los viejos botes de mermelada. Ni la utilización de jerga
revive la validez de formas de pensamiento anticuadas.
La triste
realidad es que en el siglo XX la lógica formal ha llegado a su límite.
Cada avance de la ciencia le asesta un nuevo golpe. A pesar de todos los
cambios formales, las leyes básicas siguen siendo las mismas. Una cosa
está clara. El desarrollo de la lógica formal en los últimos cien
años, primero con el cálculo proposicional (p.c.) despuÉs con el
cálculo predicativo inferior (l.p.c.) han llevado el tema a un punto tal
de refinamiento que ya no es posible seguir avanzando. Hemos llegado al
sistema más completo de lógica formal, de tal manera que cualquier nuevo
añadido no añadirá nada nuevo. La lógica formal ya ha dicho todo lo
que tenía que decir. Para decir la verdad, ya hace bastante tiempo que
llegó a este punto.
Recientemente el
terreno se ha trasladado de la argumentación a las conclusiones
deducidas. ¿Cómo se "deducen los teoremas de la lógica"? Este
es un terreno poco firme. La base de la lógica formal siempre se había
dado por supuesta en el pasado. Una investigación a fondo de las bases
teóricas de la lógica formal inevitablemente llevaría a transformarla
en su contrario. Arend Heyting, el fundador de la escuela intuicionista en
matemáticas, niega la validez de algunas de las pruebas utilizadas en la
matemática clásica. Sin embargo, la mayoría de los lógicos se aferran
desesperadamente a las viejas leyes de la lógica formal, como un hombre
agarrándose a una pajita:
"No creemos
que exista una lógica no-aristotélica en el sentido en que existe una
geometría no-euclidiana, es decir, un sistema de lógica en el que los
opuestos al los principios aristotélicos de la contradicción y el medio
excluido se asuman como ciertos, y se deduzcan de ellos inferencias
válidas".60
Hoy en día
existen dos ramas principales de la lógica formal ¾ el cálculo
proposicional y el cálculo predicativo¾ . Todas ellas parten de axiomas,
que se asume que son válidos "en todos los mundos posibles", en
cualquier circunstancia. La prueba fundamental sigue siendo si están
libres de contradicción. Se condena cualquier cosa contradictoria como
"no válida". Esto tiene ciertas aplicaciones, por ejemplo, en
ordenadores que están engranados a un mecanismo de sí o no. Sin
embargo, en realidad todos estos axiomas son tautologías. Se puede
llenar estas formas vacías prácticamente con cualquier contenido. Se
aplican de manera mecánica y externa a cualquier sujeto. Cuando se trata
de procesos lineales funcionan razonablemente bien. Pero cuando se trata
de fenómenos más complejos, contradictorios y no-lineares, las leyes de
la lógica formal se rompen. Inmediatamente se hace evidente que lejos de
ser verdades universales, válidas "en todos los mundos
posibles", son, como Engels explicó, de aplicación bastante
limitada, y rápidamente se encuentran fuera de su elemento en toda una
serie de circunstancias. Es más, precisamente estas circunstancias son
las que han ocupado la atención de la ciencia, especialmente de sus
partes más innovadoras, durante la mayor parte del siglo XX. |