Razón y revolución
Filosofía marxista y ciencia moderna



..Fundación Federico Engels

 

Primera parte: Razón y sinrazón

3 . Materialismo dialéctico (3)

 

El todo y las partes

Según la lógica formal, el todo es igual a la suma de las partes. Sin embargo, si lo examinamos más atentamente veremos que esto no es cierto. En el caso de los organismos vivos claramente no lo es. Un conejo troceado en un laboratorio y reducido a sus partes constituyentes, ¡deja de ser un conejo! Los defensores de la teoría del caos y la complejidad han comprendido este hecho. Mientras que la física clásica con sus sistemas lineales, aceptaba que el todo era exactamente la suma de sus partes constituyentes, la lógica no lineal de la complejidad mantiene la afirmación contraria, completamente de acuerdo con la dialéctica:

"El todo casi siempre equivale a bastante más que la suma de sus partes constituyentes", dice Waldrop. "Y la expresión matemática de dicha propiedad -n la medida en que semejantes sistemas pueden ser descritos por las matemáticas en general- es una ecuación no lineal: una cuyo gráfico es curvo".29

Ya hemos citado ejemplos de cambios cualitativos en química utilizados por Engels en el Anti-Dühring. Aunque esos ejemplos siguen siendo válidos, no nos dan una visión completa del fenómeno. Engels estaba limitado por el conocimiento científico de su tiempo. Hoy en día es posible llegar mucho más lejos. La teoría atómica clásica de la química parte de la idea de que cualquier combinación de átomos en una unidad más grande sólo puede ser un agregado de esos átomos, es decir, una relación puramente cuantitativa. La unión de átomos en moléculas era vista como una simple yuxtaposición. Fórmulas químicas como H2O, H2SO4, etc., presuponen que cada uno de esos átomos sigue siendo básicamente el mismo, incluso cuando entra en una nueva combinación para formar una molécula.

Esto reflejaba precisamente la manera de pensar de la lógica formal, que plantea que el todo es sólo la suma de las partes. En la medida en que el peso molecular es igual a la suma de los pesos de los átomos respectivos, se daba por supuesto que los átomos seguían siendo los mismos, habiendo entrado en una relación puramente cuantitativa. Sin embargo, muchas de las propiedades del compuesto no se podían determinar de esta manera. De hecho, muchas de las propiedades químicas de los compuestos difieren considerablemente de las de los elementos de que se componen. El llamado "principio de yuxtaposición" no explica estos cambios. Es unilateral, inadecuado, en una palabra, incorrecto.

La teoría atómica moderna ha demostrado la incorrección de esta idea. Aunque aquella acepta que las estructuras complejas se pueden explicar en términos de agregados de factores más elementales, ha demostrado que las relaciones entre estos elementos no son simplemente indiferentes y cuantitativas, sino dinámicas y dialécticas. Las partículas elementales que forman los átomos están en constante interacción, pasando de ser una cosa a otra. No son constantes fijas, sino que a cada momento son ellas mismas y otra cosa al mismo tiempo. Estas relaciones dinámicas son precisamente lo que da a las moléculas resultantes su naturaleza particular, propiedades e identidad específica.

En esta nueva combinación, los átomos son y no son ellos mismos. Se combinan de forma dinámica produciendo una entidad totalmente diferente, una relación diferente que, a su vez, determina el comportamiento de las partes componentes. No estamos tratando simplemente con una "yuxtaposición" inanimada, un agregado mecánico, sino con un proceso. Por lo tanto, para comprender la naturaleza de una entidad, es totalmente insuficiente reducirla a sus componentes atómicos individuales. Es necesario entender sus interrelaciones dinámicas, es decir, llegar a un análisis dialéctico, no formal.

David Bohm fue uno de los pocos que dio una alternativa teórica elaborada a la subjetivista "interpretación de Copenhague" de la mecánica cuántica. El análisis de Bohm, claramente influenciado por el método dialéctico, defiende un replanteamiento radical de la mecánica cuántica y un nuevo punto de vista de la relación entre el todo y las partes. Plantea que la interpretación corriente de la mecánica cuántica no da una idea precisa del alcance de la revolución que supuso en la física moderna.

"De hecho", dice Bohm, "cuando se extiende esta interpretación a las teorías de los campos, no sólo las interrelaciones de las partes, sino hasta su existencia surge de la ley del conjunto. Por lo tanto, no queda nada del esquema clásico en el que el todo se deriva de las partes preexistentes relacionadas de maneras predeterminadas. Más bien, lo que tenemos es algo similar a la relación del todo y las partes de un organismo, en el que cada órgano crece y se sostiene de una manera que depende crucialmente del conjunto".30

Una molécula de azúcar se puede dividir en los átomos individuales que la constituyen, pero entonces deja de ser azúcar. Una molécula no se puede reducir a sus partes componentes sin perder su identidad. Este es precisamente el problema cuando intentamos tratar un fenómeno complejo desde un punto de vista puramente cuantitativo. La super simplificación resultante nos lleva a una visión unilateral y distorsionada del mundo natural, en la medida en que no tenemos en cuenta el aspecto cualitativo. Es precisamente a través de la calidad que podemos distinguir una cosa de otra. La calidad es la base de toda nuestra comprensión del mundo, porque expresa la realidad fundamental de todas las cosas, mostrando las fronteras críticas que existen en el nivel de la realidad material. El punto exacto en el que pequeños cambios de grado dan lugar a cambios de estado es uno de los problemas más fundamentales de la ciencia. Es una cuestión que ocupa un lugar central en el materialismo dialéctico.

Organismos complejos

La vida misma surge de un salto cualitativo de materia inorgánica a materia orgánica. La explicación de los procesos mediante los cuales se produce este salto constituye uno de los problemas más emocionantes e importantes de la ciencia de hoy en día. Los avances de la química, analizando detalladamente las estructuras de moléculas complejas, prediciendo con gran precisión su comportamiento, e identificando el papel de moléculas concretas en sistemas vivos, prepararon el camino para el surgimiento de nuevas ciencias, la bioquímica y la biofísica, que se ocupan respectivamente de las reacciones químicas en los organismos vivos y las implicaciones de los fenómenos físicos en los procesos vivos. Estas a su vez se han unido en la biología molecular, que ha experimentado sus avances más sorprendentes en los últimos años.

De esta manera, las viejas divisiones fijas que separaban la materia orgánica de la inorgánica han sido completamente abolidas. En otros tiempos los químicos establecieron una distinción rígida entre las dos. Gradualmente se fue comprendiendo que las mismas leyes químicas se aplican a moléculas orgánicas e inorgánicas. Todas las sustancias que contienen carbono (con la posible excepción de unos pocos compuestos simples como el dióxido de carbono) se definen como orgánicas. El resto son inorgánicas. Sólo los átomos de carbono pueden formar largas cadenas, posibilitando de esta manera una infinita variedad de moléculas complejas.

Los químicos del siglo XIX analizaron las propiedades de las sustancias "albuminosas" (de la palabra latina que significa clara de huevo). A partir de eso se descubrió que la vida dependía de proteínas, moléculas grandes compuestas de aminoácidos. A principios del siglo XX, cuando Planck estaba revolucionando la física, Emil Fischer estaba intentando unir aminoácidos en cadenas, de tal manera que el grupo carboxílico de un aminoácido siempre estaba vinculado al grupo amino del siguiente. Hacia 1907 ya había conseguido sintetizar una cadena de dieciocho aminoácidos. Fischer llamó estas cadenas péptidos, de la palabra griega "digerir", ya que pensaba que las proteínas se rompían en cadenas de este tipo en el proceso de la digestión. Esta teoría fue finalmente demostrada por Max Bergmann en 1932.

Estas cadenas todavía eran demasiado simples como para producir las complejas cadenas polipéptidas necesarias para crear proteínas. Es más, la tarea de descifrar la estructura de una molécula proteínica era increíblemente difícil. Las propiedades de cada proteína dependen de la relación exacta de aminoácidos en la cadena molecular. TambiÉn aquí, la cantidad determina la calidad. Esto planteaba un problema aparentemente insuperable para los bioquímicos, en la medida en que el número de combinaciones posibles para diecinueve aminoácidos en una cadena se acerca a 120.000 billones. Por lo tanto, una proteína del tamaño del serum albúmina, compuesta de más de 500 aminoácidos tiene un número de combinaciones posibles de 10600, es decir, un 1 seguido de 600 ceros. La estructura completa de una proteína clave ¾ la insulina¾ fue establecida por primera vez por el bioquímico británico Fredrich Sanger en 1953. Utilizando el mismo método, otros científicos consiguieron descifrar la estructura de toda una serie de proteínas. Más adelante, consiguieron sintetizar proteínas en un laboratorio. Actualmente es posible sintetizar gran cantidad de proteínas, incluyendo algunas tan complejas como la hormona del crecimiento humano, lo que implica una cadena de 188 aminoácidos.

La vida es un sistema complejo de interacciones, que implica una gran cantidad de reacciones químicas que se producen continua y rápidamente. Cada reacción en el corazón, la sangre, el sistema nervioso, los huesos y el cerebro interacciona con todas las demás partes del cuerpo. El funcionamiento del organismo vivo más pequeño es mucho más complicado que el ordenador más avanzado, permitiendo movimientos rápidos, reacciones inmediatas al más mínimo cambio en el entorno, ajustes constantes a las condiciones cambiantes, internas y externas. Aquí, incluso con más Énfasis, el todo es más que la suma de las partes. Cada parte del cuerpo, cada reacción muscular y nerviosa, depende de todo lo demás. Aquí tenemos una relación dinámica y compleja, en otras palabras, dialéctica, que por sí sola es capaz de crear y mantener el fenómeno que conocemos con el nombre de vida.

El proceso del metabolismo significa que en cada momento determinado, el organismo vivo está constantemente cambiando, absorbiendo oxígeno, agua, comida (hidratos de carbono, grasas, proteínas, minerales y otras materias primas), negándolos y transformándolos en materiales necesarios para mantener y desarrollar la vida, y excretando los productos desechables. La relación dialéctica entre el todo y las partes se manifiesta en los diferentes niveles de complejidad de la naturaleza, que tienen su reflejo en las diferentes ramas de la ciencia.

...... a) Las interacciones atómicas y las leyes de la química determinan las leyes de la bioquímica, pero la vida en sí es cualitativamente diferente.
...... b) Las leyes de la bioquímica "explican" todos los procesos de la interacción humana con el entorno. Sin embargo, la actividad humana y el pensamiento son cualitativamente diferentes a los procesos biológicos que la constituyen.
...... c) Cada persona individual a su vez, es el producto de su desarrollo físico y ambiental. Sin embargo, las interacciones complejas de la suma total de individuos que conforman la sociedad tambiÉn son cualitativamente diferentes. En cada uno de estos casos, el todo es mayor que la suma de las partes y obedece leyes diferentes.

En última instancia toda la existencia y actividad humana se basa en las leyes del movimiento de los átomos. Nosotros somos parte del universo material, que es un todo continuo, que se rige por sus propias leyes inherentes. Sin embargo, cuando pasamos de a) a c), realizamos toda una serie de saltos cualitativos, y debemos operar con leyes diferentes a "niveles" diferentes; c) se basa en b) y b) se basa en a). Pero nadie en su sano juicio intentaría explicar los complejos movimientos de la sociedad humana en términos de fuerzas atómicas. Por la misma razón, es absolutamente fútil reducir el problema del crimen a las leyes de la genética.

Un ejército no es simplemente la suma total de sus soldados individuales. El mero hecho de combinarse en una fuerza masiva, organizada en líneas militares, transforma al soldado individual, tanto física como moralmente. Mientras se mantenga la cohesión de un ejército, este representa una fuerza formidable. Esto no es sólo una cuestión numérica. Napoleón era plenamente consciente de la importancia de la moral en la guerra. Como parte de una fuerza combatiente numerosa y disciplinada, el soldado individual se transforma, siendo capaz de llevar a cabo actos de heroísmo y sacrificio en situaciones de extremo peligro, que, en condiciones normales, como individuo aislado, ni siquiera podría imaginar. Y, sin embargo, es la misma persona que antes. En el momento en que la cohesión del ejército se rompe bajo el impacto de una derrota, el todo se disuelve en sus "átomos" individuales, y el ejército se convierte en una chusma desmoralizada.

Engels estaba muy interesado en táctica militar, por lo cual las hijas de Marx le sacaron el mote de "el General". Siguió de cerca el desarrollo de la Guerra Civil Americana y de la Guerra de Crimea, sobre las cuales escribió muchos artículos. En el Anti-Dühring, demuestra cómo la ley de la cantidad y calidad tiene su aplicación en la táctica militar, por ejemplo, en relación a la capacidad combativa de los altamente disciplinados soldados de Napoleón y la caballería egipcia (mamelucos):

"Para terminar, vamos a apelar a otro testimonio más de la mutación de cantidad en calidad, a saber, Napoleón. este describe el combate de la caballería francesa, de jinetes malos, pero disciplinados, contra los mamelucos, indiscutiblemente la mejor caballería de la Época en el combate individual, pero tambiÉn indisciplinada:

"‘Dos mamelucos eran sin discusión superiores a tres franceses; 100 mamelucos equivalían a 100 franceses; 300 franceses eran en general superiores a 300 mamelucos, y 1.000 franceses aplastaban siempre a 1.500 mamelucos'.

"Igual que en Marx una determinada magnitud mínima variable de la suma de valor de cambio era necesaria para posibilitar su transformación en capital, así tambiÉn es, según Napoleón, necesaria una determinada dimensión mínima de la sección de caballería para permitir a la fuerza de la disciplina, que reside en el orden cerrado y la aplicación según un plan, manifestarse y llegar hasta la superioridad incluso sobre masas mayores de caballería irregular, mejor montadas y de mejores jinetes y guerreros, y por lo menos del mismo valor personal".31

El proceso molecular de la revolución

El proceso de una reacción química implica cruzar una barrera decisiva, conocida como estado de transición. En este punto, antes de que los reactantes se conviertan en productos, no son ni una cosa ni la otra. Algunos de los viejos vínculos se están rompiendo y se están formando otros nuevos. La energía necesaria para sobrepasar este punto crítico se conoce como la energía Gibbs. Para que una molécula pueda reaccionar, necesita una cierta cantidad de energía, que en un punto determinado le lleva a un estado de transición. A temperaturas normales, sólo una pequeña fracción de las moléculas reactantes tiene suficiente energía. A temperaturas mayores una proporción más grande de las moléculas tendrá esta energía. Por esto, el calor es una de las maneras de acelerar una reacción química. Se puede facilitar el proceso con la utilización de catalizadores, ampliamente utilizados en la industria. Sin catalizadores, muchos procesos, aunque seguirían dándose, lo harían tan lentamente que serían antieconómicos. El catalizador no puede cambiar ni la composición de las substancias implicadas, ni alterar la energía Gibbs de los reactantes, pero puede facilitar el camino entre ambos.

Hay ciertas analogías entre este fenómeno y el papel del individuo en la historia. Es una distorsión bastante común el pensar que el marxismo no deja lugar para el papel del individuo a la hora de moldear su propio destino. Según esta caricatura, la concepción materialista de la historia lo reduce todo a "las fuerzas productivas". Los seres humanos son vistos como meros agentes ciegos de las fuerzas económicas, o marionetas danzando al son de la inevitabilidad histórica. Este punto de vista mecánico del proceso histórico (determinismo económico) no tiene nada que ver con la filosofía dialéctica del marxismo.

El materialismo histórico parte de la proposición elemental que los hombres y las mujeres hacen su propia historia. Pero, al contrario que la concepción idealista de los seres humanos como agentes absolutamente libres, el marxismo explica que están limitados por las condiciones materiales reales de la sociedad en la que han nacido. Estas condiciones están moldeadas fundamentalmente por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, que es en última instancia la base en que descansa toda la cultura, política y religión humanas. Sin embargo, estas cosas no están directamente determinadas por el desarrollo económico, sino que pueden tener, y de hecho tienen, una vida propia. Las relaciones extremadamente complejas entre todos estos factores tienen un carácter dialéctico, no mecánico. Los individuos no escogen las condiciones en las que nacen. Les vienen "dadas". Tampoco es posible, como se imaginan los idealistas, que los individuos impongan su voluntad sobre la sociedad, simplemente debido a la grandeza de su intelecto o la fuerza de su carácter. La teoría según la cual la historia la hacen los "grandes hombres" es un cuento de hadas para entretener a niños de cinco años. Tiene más o menos el mismo valor científico que la "teoría conspiratoria" de la historia, que atribuye las revoluciones a la maligna influencia de "agitadores".

Todo obrero sabe que las huelgas no las provocan los agitadores, sino las malas condiciones laborales y saláriales. Las huelgas, contrariamente a la impresión que quieren transmitir algunos periódicos sensacionalistas, no son hechos normales. Una fábrica puede estar durante años en un estado de calma aparente. Puede ser que los trabajadores no reaccionen, incluso cuando sus condiciones saláriales y de trabajo son atacadas. Esto es especialmente verdad en condiciones de paro masivo o cuando los dirigentes sindicales no se ponen al frente de la lucha. Esta indiferencia aparente de la mayoría frecuentemente desmoraliza a la minoría de activistas. Sacan la conclusión equivocada de que el resto de los trabajadores son "atrasados" y nunca van a hacer nada. Pero por debajo de la superficie de tranquilidad aparente, se están produciendo cambios. Mil pequeños incidentes, injusticias, agravios, ofensas, gradualmente van dejando su marca en la conciencia de los trabajadores. Trotsky describió apropiadamente este proceso como el "el proceso molecular de la revolución". Es el equivalente a la energía Gibbs en una reacción química.

Tanto en la vida real como en la química, los procesos moleculares tardan su tiempo. Ningún químico se quejaría nunca de que la reacción esperada estuviese tardando demasiado, especialmente si no se dan las condiciones para una reacción rápida (alta temperatura, etc.). Pero en un momento determinado se alcanza el estado de transición químico. Llegado a este punto, la presencia de un catalizador es de gran ayuda a la hora de llevar el proceso a un desenlace exitoso, del modo más rápido y económico. De la misma manera, en un momento dado, el descontento acumulado en la fábrica explota. La situación cambia radicalmente en el espacio de 24 horas. Si los activistas no están preparados, si se han dejado decepcionar por el ambiente superficial, el movimiento les pillará con la guardia baja.

En la dialéctica, más pronto o más tarde, las cosas se transforman en su contrario. En las palabras de la Biblia, "los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros". Lo hemos visto muchas veces, especialmente en la historia de las grandes revoluciones. Secciones previamente atrasadas y pasivas pueden ponerse al día de golpe. La conciencia se desarrolla mediante saltos bruscos. Esto se puede ver en cualquier huelga. Y en cada huelga podemos ver elementos de una revolución, aunque en un estado embrionario, no desarrollado. En este tipo de situaciones, la presencia de una minoría consciente y audaz puede jugar un papel similar al de un catalizador en una reacción química. En algunos casos, incluso un solo individuo puede jugar un papel absolutamente decisivo.

En noviembre de 1917, el destino de la Revolución Rusa estuvo determinado en última instancia por el papel de dos hombres - Lenin y Trotsky- . No hay duda de que sin ellos la revolución hubiese sido derrotada. Los demás dirigentes, Zinoviev, Kámenev y Stalin capitularon bajo la presión de otras clases. Aquí no se trata de "fuerzas históricas" en abstracto, sino el grado concreto de preparación, previsión, coraje personal y habilidad de los dirigentes. DespuÉs de todo, estamos hablando de una lucha de fuerzas vivas, no de una simple ecuación matemática.

¿Quiere esto decir que la interpretación idealista de la historia es correcta? ¿Lo deciden todo los grandes hombres? Dejemos que los hechos hablen por sí mismos. Durante un cuarto de siglo antes de 1917, Lenin y Trotsky habían pasado la mayor parte de sus vidas más o menos aislados de las masas, las más de las veces trabajando con grupos de gente muy pequeños. ¿Por qué no pudieron tener el mismo papel decisivo, por ejemplo, en 1916? ¿O en 1890? Porque no se daban las condiciones objetivas. De la misma manera, un activista sindical que estuviese llamando continuamente a la huelga cuando no hubiera un ambiente para la lucha, acabaría por ser el hazmerreír de la fábrica. Igualmente, cuando la revolución quedó aislada en condiciones de atraso económico extremo y el balance de fuerzas entre las clases había cambiado, ni Lenin ni Trotsky pudieron evitar el auge de la contrarrevolución burocrática, encabezada por un hombre ¾ Stalin¾ que era, en todos los sentidos, inferior a ellos. Aquí podemos ver la relación dialéctica entre los factores subjetivo y objetivo en la historia.

Unidad y lucha de contrarios

Miremos donde miremos en la naturaleza, podemos ver la coexistencia dinámica de tendencias opuestas. Esta tensión creativa es la que da vida y movimiento. Heráclito comprendió esto hace 2.500 años. Incluso, está presente de forma embrionaria en ciertas religiones orientales, como la idea del yin y el yang en China, y en el budismo. Aquí la dialéctica aparece de una forma mistificada, que sin embargo representa una intuición del funcionamiento de la naturaleza. La religión hindú contiene el germen de una idea dialéctica cuando plantea tres fases: de creación (Brahma), mantenimiento u orden (Vishnu) y destrucción o desorden (Shiva). En su interesante libro sobre las matemáticas del caos, Ian Stewart señala que la diferencia entre los dioses Shiva "el Indómito" y Vishnu no es el antagonismo entre el bien y el mal, sino que los dos principios de armonía y discordia juntos son la base de toda existencia.

"De la misma forma", escribe, "los matemáticos empiezan a ver el orden y el caos como dos manifestaciones diferentes de un determinismo subyacente. Y ninguna de las dos cosas existe en aislamiento. El sistema típico puede existir en una variedad de estados, algunos ordenados, algunos caóticos. En vez de dos polos opuestos hay un espectro continuo, de la misma manera que la armonía y la discordia se combinan en la belleza de la música, el orden y el caos se combinan en la belleza matemática".32

En Heráclito todo esto estaba en forma de intuición inspirada. Ahora esta hipótesis ha sido confirmada por una enorme cantidad de ejemplos. La unidad de contrarios está presente en el corazón del átomo, y todo el universo está formado por moléculas, átomos y partículas subatómicas. La cuestión fue claramente planteada por el físico americano R. P. Feynman: "Todas las cosas, aun nosotros mismos, están hechas de partes positivas y negativas finamente granuladas que interactúan de manera enormemente fuerte, todas perfectamente compensadas".33

La pregunta es: ¿cómo puede ser que un más y un menos estén "perfectamente compensados"? ¡Esta es una idea contradictoria! En matemáticas elementales, un más y un menos no se "compensan". Se anulan el uno al otro. La física moderna ha sacado a la luz las tremendas fuerzas que residen en el interior del átomo. ¿Por qué las fuerzas contradictorias de electrones y protones no se cancelan unas a otras? ¿Por qué el átomo no se desintegra? La explicación actual se refiere a la "fuerza fuerte" que mantiene el átomo unido. Pero el hecho es que la unidad de contrarios sigue estando en la base de toda realidad.

Dentro del núcleo de un átomo hay dos fuerzas opuestas, atracción y repulsión. Por un lado, hay repulsiones eléctricas que, si no fuesen frenadas, harían pedazos el núcleo. Por otra parte, hay fuerzas de atracción muy potentes que mantienen unidas las partículas nucleares. Sin embargo, esta fuerza de atracción tiene sus límites, más allá de los cuales es incapaz de mantenerlas unidas. Las fuerzas de atracción, a diferencia de las de repulsión, son de corto alcance. En un núcleo pequeño pueden controlar las fuerzas disgregadoras. Pero en un núcleo mayor, no se pueden dominar tan fácilmente las fuerzas de repulsión.

Más allá de cierto punto crítico, los lazos se rompen y tiene lugar un salto cualitativo. Al igual que una gota de agua demasiado grande, está al borde de la ruptura. Cuando se añade un neutrón de más al núcleo, la tendencia a romperse aumenta rápidamente. El núcleo se rompe, formando dos núcleos más pequeños, que se separan violentamente liberando una enorme cantidad de energía. Esto es lo que sucede en la fisión nuclear. Podemos ver efectos similares a muchos niveles de la naturaleza. Tomemos por ejemplo la caída de gotas de agua sobre una superficie lisa. Se romperán en un complejo esquema de gotitas. Esto es porque entran en juego dos fuerzas opuestas: la gravedad, que intenta extender el agua en una fina película sobre toda la superficie, y la tensión superficial, la atracción de una gota de agua sobre otra, que intenta mantener el líquido unido, formando glóbulos compactos.

La naturaleza parece funcionar por pares. Tenemos las fuerzas "fuerte" y "débil" a nivel subatómico; atracción y repulsión; norte y sur en el magnetismo; positivo y negativo en electricidad; materia y antimateria; masculino y femenino en biología; pares y nones en matemáticas; incluso el concepto de "hacia la derecha y hacia la izquierda" en el espín de las partículas subatómicas. Hay una cierta simetría en la que tendencias contradictorias, para citar a Feynman, "están compensadas", o, para utilizar la expresión más poética de Heráclito, "están de acuerdo en la diferencia, como las tensiones opuestas de las cuerdas y el arco de un instrumento musical". Hay dos tipos de materia, que se pueden llamar positiva y negativa. Los iguales se repelen y los contrarios se atraen.

Primera parte: Razón y sinrazón 
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