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Razón
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En memoria de Hannes Alfvén
Poco antes de terminar este libro nos llegó la triste noticia de la muerte del físico sueco y ganador del premio Nobel Hannes Alfvén. Además de sus importantes descubrimientos en el terreno de la física del plasma y de la cosmología, Alfvén libró una lucha incansable contra las tendencias idealistas y místicas de la ciencia. Publicamos a continuación un breve homenaje escrito por el físico estadounidense e investigador independiente Eric J. Lerner, autor de The Big Bang Never Happened (El Big Bang nunca sucedió):
Hannes Alfvén era una de las mentes destacadas del siglo XX y un día será considerado, junto con Einstein, como alguien que transformó nuestro modo de ver el universo. Es un gran privilegio haberle conocido.
Alfvén fue el fundador de la moderna física del plasma, que estudia los gases conductores de electricidad. El plasma es la forma dominante de la materia en el universo, aunque es bastante inusual en la tierra —las estrellas, las galaxias y el espacio entre ellas están llenas de plasma—. Los plasmas tienen una vasta aplicación en la tecnología, siendo la más apasionante su uso potencial en la fusión termonuclear controlada, una fuente potencial de energía limpia, barata e ilimitada. Las ideas y las investigaciones de Alfvén en este terreno se suelen utilizar de una forma rutinaria en las múltiples aplicaciones de la física del plasma, como indica la multiplicidad de conceptos que llevan su nombre —onda Alfvén, velocidad Alfvén, límite Alfvén, etc.
Sin embargo, la aportación más significativa de Alfvén a la ciencia es su reformulación audaz de la cosmología, su crítica del big bang, y su planteamiento de una alternativa, el universo del plasma, un universo en evolución sin principio ni fin.
Para Alfvén, la diferencia fundamental entre su punto de vista y el de los cosmólogos del big bang era metodológica: "Cuando los hombres empiezan a pensar acerca del universo, siempre existe un conflicto entre el enfoque mítico y el empírico-científico", explicó. "En la mitología uno intenta deducir cómo los dioses habrán tenido que crear el mundo, qué principio perfecto habrán tenido que usar". Esto, dijo, es el método de la cosmología convencional de hoy: empezar con una teoría matemática, deducir de dicha teoría cómo el universo tiene que haber empezado y seguir adelante desde el comienzo hasta el cosmos actual. El big bang es un fracaso científico porque intenta derivar el universo actual desde un estado perfecto hipotético en el pasado. Todas las contradicciones con la observación se derivan de este fallo fundamental.
El otro método es el que empleó Alfvén. "Yo siempre he creído que la astrofísica debiera ser la extrapolación de la física de laboratorio, que hemos de empezar con el actual universo y volver hacia atrás a épocas cada vez más remotas e inciertas". Este método empieza con la observación —la observación en el laboratorio, desde naves espaciales, la observación del universo en su conjunto, derivando teorías de aquellas observaciones, y no de la teoría y de las matemáticas puras.
Según Alfvén, la evolución del universo en el pasado tiene que ser explicable en términos de los procesos que tienen lugar hoy en él; los acontecimientos que se dan en las profundidades del espacio pueden ser explicados en términos de fenómenos que estudiamos en laboratorios terrestres. Semejante enfoque descarta conceptos como el origen del universo desde la nada, el inicio del tiempo o el big bang. Puesto que no se ve en ninguna parte nada que nazca de la nada, no tenemos ninguna razón para pensar que esto haya ocurrido en un pasado distante. Por el contrario, la cosmología del plasma parte de la base de que el universo, ya que ahora lo vemos en un proceso continuo de evolución, siempre ha existido, siempre ha evolucionado y siempre existirá y evolucionará durante un tiempo infinito.
Alfvén desarrolló una amplísima crítica de la cosmología moderna desde este enfoque metodológico, situándola en un contexto histórico que solía llamar el "péndulo cosmológico": la idea de que a lo largo de milenios la cosmología ha alternado entre una visión científica y otra mitológica. Los mitos de los pueblos primitivos fueron sustituidos por los esfuerzos científicos de los jónicos de la Grecia antigua, pero después el péndulo volvió a girar hacia el mito de la perfección matemática de Ptolomeo y Platón, mezclada posteriormente con la mitología creacionista de los cristianos. Esta, a su vez, retrocedió ante el resurgimiento de la ciencia en el siglo XVI. En el siglo XX hemos presenciado un nuevo rebrote de la mitología y la batalla por una cosmología científica sigue hasta el momento actual.
Alfvén vio la fascinación de los actuales cosmólogos por la perfección matemática como la raíz de su enfoque mitológico. "La diferencia entre la mitología y la ciencia es la diferencia entre la inspiración divina de la ‘razón sin más’, por un lado, y las teorías desarrolladas mediante la observación del mundo real, por el otro. [Es] la diferencia entre la creencia en profetas y el pensamiento crítico, entre Credo quia absurdum (Creo porque es absurdo —Tertulio) y De omnibus est dubitandum (Hay que cuestionarlo todo —Descartes). Pretender escribir un gran drama cósmico necesariamente conduce a la mitología. Pretender que el conocimiento sustituya a la ignorancia en regiones cada vez más extensas del espacio y del tiempo, esto es ciencia".
Puesto que la aplastante mayoría del universo está compuesta de plasma, Alfvén dedujo que los fenómenos del plasma, los fenónemos de la electricidad y del magnetismo, y no sólo la gravedad, tienen que ser determinantes para la evolución del universo. Demostró con teorías concretas cómo vastas corrientes y campos magnéticos formaron el sistema solar y las galaxias. En la medida en que los telescopios a bordo de naves espaciales y sensores revelaron este universo de plasma, las ideas de las que Alfvén era pionero ganaron cada vez mayor aceptación. No obstante, hasta el día de hoy, sus conceptos cosmológicos más amplios siguen siendo los de una minoría controvertida. Sin embargo, su idea de un universo infinito en estado de evolución es la única que corresponde a lo que sabemos de la evolución a nivel físico, biológico y social.
Alfvén era un científico políticamente comprometido, muy activo en el movimiento internacional por el desarme y en el terreno de la política energética, lo cual, a menudo, igual que con su trabajo científico, le atrajo las iras de los poderes fácticos. Por ejemplo, a mediados de la década de 1960, Suecia empezó a considerar una política nacional para la investigación y desarrollo de energía nuclear, una cuestión sobre la cual Alfvén, destacado investigador en el campo de la ciencia espacial y la fusión nuclear, se consideraba bastante cualificado para opinar. Acto seguido se vio involucrado en un debate cada vez más acalorado con el gobierno. Le parecía que el plan sueco había infravalorado totalmente la aportación potencial de la fusión nuclear a la solución del problema energético y no había dedicado suficientes fondos a las investigaciones que requería. Se mostró igualmente crítico con los planes específicos para el establecimiento de una central nuclear, que él ridiculizaba como técnicamente inviables y equivocados. Se enfrentó a la burocracia local, la cual no suavizó su hostilidad hacia él cuando su crítica a la central bajo el punto de vista técnico resultó estar bien fundada. (Más tarde fue convertida en una central convencional.) Las relaciones entre Alfvén y el gobierno alcanzaron su punto más bajo en 1966, cuando publicó una sátira científico-política breve pero hiriente llamada El gran ordenador. El argumento de la obra, escrita con el seudónimo de Olaf Johannesson, era la conquista del planeta por ordenadores. La idea general era popular entre escritores de ciencia ficción, pero Alfvén la utilizó como un vehículo no sólo para ridiculizar la obsesión creciente del gobierno y de los hombres de negocios por el poder del ordenador, sino también para castigar a una gran parte del establishment sueco. En la novela, Alfvén deja claro que fue la avaricia de los monopolios, la miopía de los burócratas gubernamentales y las ambiciones de los políticos, lo que condujo al futuro que irónicamente describe como una utopía… para los ordenadores. En la Suecia moderna, un estado dirigido por una alianza de burócratas gubernamentales, políticos y monopolistas, la sátira de Alfvén no gustó a aquellos sectores ya irritados por su aguda crítica a la política nuclear. Ya en 1967, las relaciones de Alfvén con el establishment científico sueco habían sufrido tal deterioro, en especial sobre la cuestión nuclear, que decidió abandonar el país. "Me dijeron que cortarían radicalmente mi subvención si no apoyaba la central nuclear", recordaba. Pronto le ofrecieron cátedras en universidades, tanto en la Unión Soviética como en Estados Unidos. Tras una estancia de dos meses en la URSS, se trasladó a Norte América donde terminó en la Universidad de California en San Diego. Al final, alternó su tiempo entre Suecia y los EE.UU., permaneciendo científicamente activo hasta poco antes de su muerte, en abril de 1995. Se admitió que Alfvén fue uno de los fundadores de la física del plasma cuando se le concedió el premio Nobel de física en 1970. Sin embargo, sus aportaciones más importantes a la cosmología y a la visión humana de nuestro universo aún no han recibido el reconocimiento que se merecen, por estar todavía en conflicto con la ortodoxia dominante del big bang y del enfoque matemático-mitológico de la cosmología. No obstante, en su momento, Alfvén será visto como el Galileo del fin del siglo XX.
Eric J. Lerner, |