Lenin y Trotsky
qué defendieron realmente


 Alan Woods y Ted Grant
..Fundación Federico Engels

II. DE LA HISTORIA DEL BOLCHEVISMO (II)

El bolchevismo se conforma y desarrolla con la Revolución de 1905, que Lenin describió como "el ensayo general de Octubre". A pesar de todo, Monty Johnstone no tiene nada que decir sobre el período que va desde el Congreso de Londres de 1903 hasta los años 1910-12. Naturalmente su silencio no es casual. Omitiendo la experiencia de 1905 y los posteriores intentos de reunificar a la socialdemocracia rusa, intenta crear la falsa impresión de que durante todo ese tiempo bolchevismo y menchevismo se encontraban en polos opuestos e inmutables, y naturalmente con Trotsky siempre "fuera del partido".

Trotsky en 1905

¿Qué papel jugó Trotsky en la revolución de 1905? ¿Qué relación mantuvo con Lenin y los bolcheviques? Lunacharsky, que en ese momento era una de las personas de confianza de Lenin, escribe en sus memorias:

"Debo decir que de todos los dirigentes socialdemócratas de 1905-06, sin duda Trotsky demostró, a pesar de su juventud, que era el mejor preparado. De todos, era el menos marcado por la emigración. Trotsky comprendió mejor que nadie lo que significaba dirigir la lucha política contra el Estado. Trotsky emergió de la revolución y consiguió un enorme grado de popularidad, que ni Lenin ni Mártov la disfrutaban. Plejánov perdió bastante por las tendencias liberales que en él se dejaban ver" (Revolutionary Silhouettes, p. 61).

Trotsky fue presidente del Sóviet de Diputados Obreros de San Petersburgo, el más importante de todos esos órganos que Lenin calificó como "embriones de poder revolucionario". La mayoría de los manifiestos y resoluciones del Sóviet fueron obra de Trotsky, quien también dirigía su periódico, Izvestia. En San Petersburgo, los bolcheviques, al no apreciar correctamente la importancia del Sóviet, tenían poca representación en él. Lenin, desde su exilio sueco, escribió al periódico bolchevique Novaya Zhizn animando a sus partidarios a que tuvieran una actitud más positiva hacia el Sóviet, pero la carta tardaría treinta y cuatro años en ver la luz del día.

Esta situación se repetiría en cada momento importante de la historia de la Revolución Rusa: cada vez que se enfrentaron a la necesidad de tomar una decisión clave en ausencia de Lenin, los dirigentes del partido se caracterizaron por su confusión y vacilaciones.

De la posición política de Trotsky y su relación con las ideas de Lenin nos ocuparemos ampliamente en la sección dedicada a la teoría de la revolución permanente. El punto central era la actitud del movimiento revolucionario hacia la burguesía y los llamados partidos "liberales". Este fue el motivo de la ruptura de Trotsky con los mencheviques en 1904. Al igual que Lenin, Trotsky sentía desprecio por la colaboración de clases de Dan, Plejánov y demás, e insistía en que el proletariado y el campesinado eran las únicas fuerzas capaces de llevar la revolución hasta el final.

En 1905, Trotsky utilizaba el periódico Nachalo, que tenía una circulación masiva, para exponer su opinión sobre la revolución, muy próxima a la postura bolchevique y totalmente contraria a la menchevique. Era natural que, a pesar de la agria disputa del II Congreso, el trabajo de los bolcheviques y de Trotsky coincidiera en la revolución. Así, Nachalo y Novaya Zhizn, en lugar de dedicarse a polemizar entre ellos, trabajaron conjuntamente y se apoyaron mutuamente frente a los ataques de la reacción. Cuando apareció el primer número de Nachalo, el periódico bolchevique le dedicó el siguiente saludo:

"Ha salido el primer ejemplar de Nachalo. Damos la bienvenida a un compañero de lucha. El primer ejemplar es extraordinario por la brillante descripción de la huelga de octubre, escrita por el camarada Trotsky".

Lunacharsky recuerda que cuando alguien le comentó a Lenin el éxito de Trotsky en el Sóviet su rostro se ensombreció durante un instante, antes de decir: "Bien, el compañero Trotsky lo ha conseguido gracias a su incansable e impresionante trabajo".

El avance de la revolución dio un impulso tremendo al movimiento por la reunificación de las fuerzas del marxismo ruso. Los trabajadores bolcheviques y mencheviques luchaban hombro con hombro bajo las mismas consignas y los comités del partido rivales se unían espontáneamente. Finalmente, a sugerencia del Comité Central bolchevique, en el que de nuevo participaba Lenin, se dieron pasos a favor de la reunificación. Trotsky la defendía continuamente desde las páginas de Nachalo e intentaba mantenerse al margen de la lucha fraccional, pero poco antes del IV Congreso (llamado de la unificación), fue arrestado y encarcelado por su participación en el Sóviet.

El congreso se celebró en mayo de 1906 en Estocolmo, cuando la oleada revolucionaria ya estaba en reflujo y con ella el espíritu de lucha y los discursos "izquierdistas" de los mencheviques. Plejánov lamentó la acción "prematura" de las masas con su célebre frase: "No deberían haber empuñado las armas". Era inevitable el conflicto entre los revolucionarios consecuentes y aquellos que comenzaban a abandonar a las masas para adaptarse a la reacción.

El congreso de Estocolmo

Los principales temas de debate entre bolcheviques y mencheviques en el congreso de Estocolmo fueron la cuestión agraria, la actitud hacia los partidos burgueses, la actitud hacia el parlamentarismo y la insurrección armada. Plejánov dejó públicamente en evidencia el oportunismo asustadizo de los mencheviques cuando denunció el plan de Lenin de movilizar a los campesinos en favor de la nacionalización de la tierra por ser peligroso "en vista de la posibilidad de restauración" y resumió en las siguientes palabras la actitud de los mencheviques ante la toma del poder por los trabajadores y campesinos:

"La toma del poder es nuestro deber en la revolución proletaria. Pero dado que la revolución ahora próxima sólo puede ser pequeño-burguesa, tenemos el deber de negarnos a tomar el poder".

Este era el argumento de los mencheviques en 1907. La revolución era burguesa, las tareas que se presentaban eran democrático-burguesas y las condiciones para el socialismo no existían en Rusia. Por lo tanto, cualquier intento de los trabajadores de tomar el poder era aventurerismo; la tarea de los trabajadores era buscar una alianza con los partidos burgueses y pequeño-burgueses para ayudarles a llevar adelante la revolución democrático-burguesa.

¿Cuál fue la respuesta de Lenin a Plejánov? No negó el carácter democrático-burgués de la revolución. Todos los marxistas rusos —mencheviques, bolcheviques y Trotsky— estaban de acuerdo en esas cuestiones. Era obvio que las condiciones para la transformación socialista estaban ausentes en Rusia, pero sí habían madurado ya en Occidente. En su respuesta a los oscuros augurios de Plejánov ante el peligro de la restauración, Lenin explicaba:

"Si queremos tener auténtica garantía económica y efectiva contra la restauración, es decir, una garantía que nos permitiría crear las condiciones económicas que excluirían la restauración, entonces debemos decir que la única garantía contra la restauración es una revolución socialista en Occidente. No existe otra garantía en el pleno sentido de la palabra. Sin esta condición, cualquier otra forma de resolver el problema (municipalización, división de la tierra, etc.) hará que la restauración no sólo sea posible, sino que sea inevitable" (Works, vol. 10, p. 280. El subrayado es nuestro).

Lenin —que tenía razón desde el principio— concebía la revolución rusa como el preludio de la revolución socialista en Occidente. Vinculaba indisolublemente el destino de la revolución rusa a la revolución socialista internacional, que de no darse condenaría a la revolución rusa a sucumbir frente a la reacción interna:

"Formularía la idea de la siguiente forma: la revolución rusa puede triunfar por sí misma, pero sólo con sus propias fuerzas le es imposible conseguir y consolidar sus conquistas. No puede conseguirlo a menos que triunfe una revolución socialista en Occidente. Sin esta condición, la restauración es inevitable, con la municipalización, la nacionalización o la división de la tierra; bajo todas y cada una de las formas de posesión y propiedad, el pequeño propietario siempre será un baluarte de la restauración. Después de la victoria de la revolución democrática, el pequeño propietario inevitablemente se volverá contra el proletariado, y cuanto antes los enemigos comunes del proletariado y de los pequeños propietarios, como los capitalistas, los terratenientes, la burguesía financiera y así sucesivamente sean derrocados, antes ocurrirá esto. Nuestra república democrática no tiene otra ayuda que el proletariado socialista de Occidente" (Ibíd. El subrayado es nuestro).

Citamos íntegramente las palabras de Lenin para que no exista la más mínima sospecha de manipulación y para que Monty Johnstone no nos acuse de recurrir sólo a citas de Trotsky. El lector del artículo de Monty Johnstone llegará a la conclusión inevitable de que lo que Lenin defiende es puro "trotskismo". Además de negar la posibilidad de construir el socialismo sólo en Rusia, incluso llega a negar la posibilidad de consolidar las conquistas de la revolución democrático-burguesa sin una revolución socialista en Occidente. Asimismo, relativiza y reduce el papel del campesinado, al explicar que los pequeños propietarios constituyen un baluarte de la restauración, que inevitablemente se volverán contra los trabajadores una vez se complete la revolución democrática.

Pero Lenin no tomó prestadas estas ideas de los escritos de Trotsky sobre la revolución permanente (que por cierto nunca leyó) y Trotsky se encontraba en prisión durante el congreso. Las ideas expresadas por Lenin eran el abecé del marxismo, los principios fundamentales del internacionalismo proletario y de la lucha de clases, que él defendería con todas sus fuerzas contra la distorsión oportunista del "erudito" marxista Plejánov. En 1906, los mencheviques decían con desprecio: "Esto no es marxismo, sino leninismo". Esto no es leninismo, sino trotskismo, escribe Johnstone en 1968. Llámelo como quiera, caballero, pero para un marxista la esencia de una cosa no cambia sólo porque se le cambie de nombre.

Lenin respondió a los argumentos del reformismo, que decía que no había nada que temer de los aliados burgueses "progresistas": "Esto demuestra gráficamente el error fundamental de los mencheviques. No ven a la burguesía como una fuerza contrarrevolucionaria, y por eso luchan deliberadamente por un pacto" (Ibíd., p. 289. El subrayado es nuestro).

En el siguiente período, ésa fue la principal idea en la lucha de Lenin contra los mencheviques: la necesidad de mantener el movimiento revolucionario de los trabajadores apartado de la trampa que representa la alianza con la burguesía y sus partidos, la insistencia en que la clase obrera es la única clase revolucionaria consecuente en la sociedad, la única capaz de ajustarle las cuentas al zarismo, y a la burguesía si hiciera falta:

"La única garantía condicional y relativa contra la restauración es que la revolución se lleve a cabo de la forma más radical posible, dirigida directamente por la clase revolucionaria, con la menor participación posible de intermediarios, compromisarios y todo tipo de conciliadores: así esta revolución llegará realmente a su término" (Ibíd., p. 281).

Lenin continuó criticando a los mencheviques por su cretinismo parlamentario, es decir, aceptar optimista y acríticamente las posibilidades que para los marxistas ofrece la utilización de las instituciones del Estado burgués. Llamó la atención a Plejánov por su cobardía al rechazar la lucha armada. Estas eran las cuestiones que separaban a los bolcheviques del ala menchevique del POSDR. No eran cuestiones organizativas, ni el "centralismo"; se trataba de reforma o revolución, de la colaboración de clases o la confianza en las masas revolucionarias. Monty Johnstone guarda un más que sospechoso silencio sobre todo esto. El lector se preguntará por qué. Sería caritativo atribuirlo a la natural impaciencia del compañero Johnstone, que prefiere ocuparse del período 1910-16, para él "más interesante". En cualquier caso, "trece o catorce años" es mucho tiempo. ¿Quién va a echar de menos cinco años, en especial cuando ese período es tan rico en material "irrelevante" para el proceso que Monty Johnstone sigue contra Trotsky?

El período de reacción

La reacción de Stolypin, iniciada en 1907, fue un período de inmensas dificultades para el movimiento revolucionario ruso y provocó nuevas discrepancias en las filas del POSDR. Su actividad legal quedó paralizada por una ley electoral calificada por Lenin como la más reaccionaria de Europa. Los métodos clandestinos de trabajo adquirían cada vez más importancia a la hora de contrarrestar las restricciones impuestas por el régimen. Un sector de los mencheviques (calificados por Lenin como "liquidadores") era partidario de afrontar la situación acomodándose a las exigencias de la reacción, evitando así el trabajo clandestino en favor de un confortable nicho parlamentario. Este debate llevaría a una nueva escisión en el partido.

En el Congreso de Londres de 1907, Trotsky fue el primero que tuvo la oportunidad de exponer sus opiniones sobre la revolución. Lenin comentó en dos ocasiones que estaba de acuerdo con el discurso de Trotsky sobre la actitud hacia los partidos burgueses —para el que sólo le concedieron quince minutos— y en concreto con su propuesta de formar un bloque de izquierdas contra la burguesía liberal:

"Estos hechos me bastan para reconocer que Trotsky está muy próximo a nuestras ideas. Aparte del tema de la ‘revolución ininterrumpida’, coincidimos en los puntos fundamentales de la actitud hacia los partidos burgueses" (Works, vol. 12, p. 470. El subrayado es nuestro).

En cuanto a la teoría de la revolución permanente de Trotsky, Lenin aún no estaba dispuesto a posicionarse. Pero en la cuestión fundamental —las tareas del movimiento revolucionario—, sí estaban totalmente de acuerdo. Aunque tenían diferencias, para Lenin eran secundarias, como se demostró cuando Trotsky presentó en el congreso una enmienda a la resolución sobre la actitud hacia los partidos burgueses. Lenin se opuso a la enmienda no porque fuera incorrecta, sino porque para él no aportaba nada fundamental a la resolución original: "Estamos de acuerdo que la enmienda de Trotsky no es menchevique y que expresa ‘lo mismo’, es decir, una idea bolchevique"* (Ibíd., p. 479).

Pero a pesar de los puntos de vista comunes sobre las tareas de la revolución, Trotsky intentaba todavía mantenerse al margen de ambas fracciones, en un vano intento de evitar una nueva división.

"Si pensáis", dijo ante el Congreso, "que es inevitable un cisma, al menos esperad a que sean los acontecimientos, y no sólo las resoluciones, los que nos separen. No os adelantéis a los acontecimientos".

Trotsky, con la experiencia de 1905, creía que una nueva oleada revolucionaria empujaría hacia la izquierda a los mejores elementos mencheviques, y en particular a Mártov. Su principal preocupación era cómo mantener unidas las fuerzas del marxismo en un período difícil y evitar una escisión que tendría un efecto desmoralizador en el movimiento. Esta era la esencia del conciliacionismo de Trotsky, que en ese período le impedía unirse a los bolcheviques. Posteriormente, Lenin comentó: "En ese período varios socialdemócratas mantenían una postura conciliadora por motivos muy distintos. Pero la postura más consecuente era la que mantenía Trotsky, el único que intentaba dar una base teórica a esa política".

Esta fue la esencia de las diferencias entre Lenin y Trotsky antes de 1917; no la "subestimación" del campesinado ni el "socialismo en un solo país", sino el conciliacionismo.

El error de Trotsky fue dar demasiada importancia a las corrientes centristas (semirrevolucionarias) existentes en el seno del menchevismo. Creía posible conseguir la unidad del movimiento marxista si se unían mencheviques y bolcheviques y se purgaba el partido de elementos extremistas tanto de "izquierda" como de "derecha", por ejemplo expulsando a los liquidadores mencheviques, a los bolcheviques ultraizquierdistas y a los "boicoteadores" (otzovistas). A diferencia de Lenin, no comprendía que la unidad sólo se podría conseguir rompiendo con todas las tendencias oportunistas, que la salvaguardia de las fuerzas del marxismo en un período de reflujo revolucionario no significaba una abstracta unidad formal, sino la sistemática formación de los cuadros en los métodos y las perspectivas del movimiento marxista. La relajada organización menchevique y su desamparo político en el período de reacción fueron el reflejo de su completa bancarrota política. Por otro lado, la lucha de Lenin para conseguir un partido "estable, centralizado y disciplinado" derivaba de la necesidad de educar y formar a la vanguardia para mantenerla inmune a la desmoralización y el cinismo de los oportunistas.

Trotsky posteriormente comprendió su error y admitió sin reservas que Lenin siempre había tenido razón al respecto. A pesar de todo, los estalinistas continúan tiñendo de sensacionalismo la lucha fraccional entre Lenin y Trotsky, recurriendo a las réplicas políticas hechas al calor de la polémica para meter una cuña entre las ideas de Lenin y Trotsky en general.

Trotsky estaba equivocado, pero era un error sincero, el de un revolucionario que en el fondo vive para la revolución. No por casualidad Lenin hizo referencia al conciliacionismo como algo surgido "por motivos muy distintos". El propio Lenin, en algunas ocasiones, se "equivocó" a la hora de estimar los posibles aliados entre los mencheviques. En 1909 le propuso a Plejánov y a los mencheviques "pro partido" la formación de un bloque. Según Lunacharsky, en 1917 Lenin "soñaba con una alianza con Mártov porque comprendía lo valiosa que podría ser". Lo cierto es que Lenin se equivocó, pero qué incomparablemente superiores son los errores de un revolucionario a los presumidos garabatos de los fariseos, que medio siglo después, en la comodidad de sus despachos, reviven de nuevo todas las antiguas batallas y siempre lo hacen desde el lado ganador.

Los bolcheviques y Lenin

"Los años que van de 1907 a 1914 marcaron en su vida [de Trotsky] un capítulo extraordinariamente carente de éxito político (...). Trotsky no pretendía las conquistas revolucionarias para su honor. En aquellos años, Lenin, ayudado por sus seguidores, forjaba su partido, y hombres como Zinóviev, Kámenev, Bujarin y después Stalin adquirían una talla que les permitiría jugar papeles dirigentes dentro del partido en 1917" (Isaac Deutscher, The Prophet Armed, p. 176).

Este pasaje, citado por Johnstone, sólo sirve para demostrar la mentalidad filistea de su autor. Aunque en el último capítulo nos ocuparemos del papel "dirigente" de Kámenev, Zinóviev y Stalin en 1917, cabe reseñar que Kámenev y Zinóviev votaron contra la insurrección de Octubre y que Lenin los acusó de ser unos "rompehuelgas" merecedores de la expulsión. Pero vayamos primero al período en cuestión.

La opinión de Deutscher sobre la "carencia de éxito político" es cierta, pero no se refiere sólo a Trotsky, sino a todo el movimiento revolucionario durante el período de reacción. ¿Cómo actuaron los bolcheviques en esa época? El comienzo de la reacción originó una seria división en la dirección y Lenin se encontró en minoría de uno. El ambiente predominante entre los bolcheviques era de ultraizquierdismo —un rechazo a admitir que la revolución estaba en retroceso y una reacción frente al liquidacionismo menchevique—, que se manifestaba, por ejemplo, en la total negativa a presentarse a las elecciones y a participar en el Parlamento. Los colaboradores más íntimos de Lenin (Krasin, Bogdanov y Lunacharsky) disintieron de él por la "izquierda". Bogdanov incluso se adhirió al misticismo filosófico, que reflejaba el ambiente de desesperación fomentado por la reacción.

El conciliacionismo —que contó con apoyos en todos los grupos, incluidos los bolcheviques— fue una reacción a las interminables luchas fraccionales que imperaron en el POSDR durante esa época, y Trotsky se convirtió en su principal portavoz. En 1910, Trotsky consiguió reunir a los dirigentes de todas las fracciones para intentar expulsar tanto a los liquidadores como a los "boicoteadores" y mantener el POSDR unido:

"El único resultado satisfactorio que [Trotsky] consiguió fue el pleno en el que se expulsó del partido a los "liquidadores" y casi se expulsa a los "boicoteadores", e incluso durante algún tiempo consiguió suturar la brecha —aunque con hilo extremadamente fino— entre leninistas y martovistas" (Lunacharsky, Revolutionary Silhouettes, p. 61).

Trotsky no estaba solo en su postura sobre la unidad. Rosa Luxemburgo escribió en el verano de 1911:

"La única forma de salvar la unidad es con la celebración de una conferencia general con gente venida desde Rusia, todos en Rusia quieren la paz y la unidad, y ellos representan la única fuerza que puede poner fin en todos los sentidos a la lucha del exterior". (El subrayado es nuestro).

No era casual la referencia al ambiente de los miembros del partido en Rusia. Durante todo el período —los famosos trece o catorce años— la opinión predominante entre los activistas del POSDR del interior de Rusia era que la división entre bolcheviques y mencheviques era un producto inconveniente de la envenenada atmósfera de las rencillas entre emigrados. Johnstone y Deutscher presentan al partido bolchevique sólidamente unido en torno a las ideas de Lenin y marchando firmemente hacia la Revolución de Octubre, pero esta imagen es una burla a la historia.

El propio Lenin, desde el principio, se quejó en sus cartas de la estrechez de miras de los llamados "hombres de comité", los representantes bolcheviques en Rusia. Sus quejas se convertirían en continuas y enérgicas protestas entre 1910 y 1914, dirigidas contra la conducta de sus propios "colaboradores". Máximo Gorki, que en ese período estaba en la periferia del bolchevismo, se lamentaba en su correspondencia con Lenin de las "peleas entre los generales" que "repelían a los trabajadores". La actitud de los "hombres de comité" ante las polémicas entre los emigrados se refleja con claridad en una carta enviada por un simpatizante bolchevique del Cáucaso a los camaradas de Moscú:

"La ‘tormenta en una taza de té’ del extranjero, desde luego lo hemos oído: por un lado, el bloque de Lenin-Plejánov y, por el otro el de Trotsky-Mártov-Bogdanov. Por lo que yo sé, la actitud de los trabajadores hacia el primer bloque es favorable. Pero en general los trabajadores comienzan a mirar desdeñosamente a la emigración: dejadles que se suban por las paredes tanto como quieran, pero en cuanto a nosotros, cualquiera que aprecie los intereses del movimiento, ¡a trabajar, el resto se cuidará de sí mismo! Creo que es lo mejor".

Estas líneas fueron interceptadas por la policía zarista, que identificó al autor como "El Soso Caucásico", alias Djugashvili, alias Stalin.

Este desdén hacia la teoría, las "luchas de emigrados", la "tormenta en una taza de té" era general entre los activistas bolcheviques y provocó las acaloradas protestas de Lenin, como en la carta a Ordzhonikidze, Spandaryan y Stasova del 12 de abril:

"No hay que exaltarse por la campaña de los liquidadores del extranjero. Es un gran error que la gente rechace sencillamente lo que viene del extranjero y ‘lo envíe al infierno" (Works, vol. 35, p. 33).

El conciliacionismo de mal gusto de Stalin, Ordzhonikidze y otros bolcheviques "prácticos" destacaba con toda su rudeza, motivado como estaba no por el oportunismo ni el deseo de unidad revolucionaria, sino simplemente por la ignorancia y la indiferencia ante las cuestiones de mayor importancia.

El auge del movimiento obrero ruso en 1912 dio nuevos bríos a los marxistas y a las tendencias conciliadoras del POSDR. El recién fundado periódico bolchevique Pravda reflejó ese ambiente. Justo cuando Lenin libraba una dura batalla para separar, de una vez por todas, a los revolucionarios de los oportunistas, la palabra "liquidacionismo" desapareció de las páginas de Pravda. Los artículos de Lenin se publicaban censurados, omitían las polémicas con los liquidadores y, en ocasiones, sencillamente desaparecían. La correspondencia de Lenin con Pravda es una ilustración gráfica de la situación en Rusia: una vez más, los "hombres de comité" del partido bolchevique se encontraban perdidos sin Lenin. En una carta fechada en octubre de 1912, indignado porque Pravda era incapaz de desenmascarar a los liquidadores, Lenin escribió:

"A menos que Pravda explique todo esto a su debido tiempo, será responsable de la confusión y la ruptura [del movimiento obrero] (...). Es este difícil momento, Nevskaya Zvezda [un periódico bolchevique] se cierra definitivamente sin una simple carta de explicación (...) los colaboradores políticos se quedan a oscuras (...). Me siento obligado a protestar enérgicamente contra esto y declino cualquier responsabilidad por esta anómala situación que puede generar largos conflictos" (Works, vol. 36, p. 196).

Durante las elecciones de 1912, Lenin escribió al Comité de Redacción de Pravda (al que pertenecía Stalin):

"Pravda se queja ahora, en tiempo electoral, como una solterona somnolienta. Pravda no sabe cómo luchar. No ataca. No acosa ni a los kadetes ni a los liquidadores" (Ibíd., p. 198).

Pero la enfermedad del conciliacionismo no se limitaba a Pravda. En las elecciones de 1912, seis diputados bolcheviques salieron elegidos para la curia obrera. Lenin, desde Polonia, les advirtió que no cayeran bajo la influencia de los diputados mencheviques:

"Si nuestros seis son de la curia obrera, no deberían someterse en silencio a los siberianos [intelectuales, mencheviques]. Los seis deben aparecer con una protesta muy bien definida, pero si les dominan...".

Sin embargo, los diputados bolcheviques formaron una "fracción unida" con los "siberianos", realizando una declaración conjunta —publicada en Pravda— en la que pedían la unidad de todos los socialdemócratas y la fusión de Pravda con Luch, un periódico de los liquidadores. Junto a Gorki, cuatro de los diputados bolcheviques se ofrecieron como colaboradores de Luch. Lenin estaba furioso, pero hacían caso omiso a sus protestas. Escribió enojado:

"Recibimos una estúpida e insolente carta del Comité de Redacción [de Pravda]. No responderemos. Hay que echarlos (...). Estamos sumamente preocupados por la ausencia de noticias sobre el plan de reorganización del Comité de Redacción (...). La reorganización, mejor aún, la total expulsión de todos los veteranos es extremadamente necesaria" (el subrayado es nuestro).

Y también:

"Debemos colocar a nuestra propia redacción en Pravda y dar una patada a la actual. Las cosas ahora funcionan muy mal. La falta de una campaña a favor de la unidad desde abajo es estúpida y despreciable (...) ¿Llamaríais editores a esos? No son hombres, sino lamentables lavatrapos, y están arruinando la causa".

Este era el lenguaje utilizado por Lenin cuando atacaba no a Trotsky, ni a los conciliadores, ni a los seguidores mencheviques, ¡sino al comité de redacción de su propio periódico! En este momento, Lenin emprendió la tarea de crear un "partido marxista estable, centralizado y disciplinado". Para construirlo se vio obligado en más de una ocasión a luchar contra el mismo aparato que él había contribuido a levantar.

Los "viejos bolcheviques" en 1917

Durante todo un período histórico —más de "trece o catorce años"—, Lenin intentó formar una dirección, inculcarles a los cuadros bolcheviques las ideas básicas, el método y el programa del marxismo. Pero sobre todo hizo hincapié en la necesidad de mantener al movimiento obrero libre de la contaminación ideológica de la democracia burguesa y pequeño-burguesa, insistiendo una y otra vez en la absoluta necesidad de mantenerlo completamente independiente organizativamente de los partidos burgueses y de los oportunistas que intentan subordinarlo a la burguesía. Lenin estaba una vez más en lo correcto, como se demostró en 1917 cuando los mencheviques se pasaron al campo de la democracia burguesa.

¿Cuál fue la posición de los "viejos bolcheviques", de Kámenev, Zinóviev, Stalin y los otros "fieles seguidores" de Lenin en 1917? Todos eran partidarios de apoyar al gobierno de Kerensky, de la unidad con los mencheviques, es decir, de sustituir el marxismo por la democracia burguesa. De todos los "viejos bolcheviques" a quien Lenin había luchado por formar en el período anterior, ninguno se mantuvo firme en la prueba decisiva de los acontecimientos.

¿Cómo fue posible que los dirigentes del Partido Bolchevique —el partido de Lenin—, forjados en la lucha, con una línea correcta desde 1903, en el momento decisivo girasen directamente hacia el oportunismo? El perplejo lector no encontrará la respuesta en el artículo de Monty Johnstone. Nuestro "imparcial" y "científico" historiador no sabe nada de estos acontecimientos. Según él, la transición de Febrero a Octubre se realizó, como es natural, con mucha facilidad, los bolcheviques simplemente pasaron de la revolución democrática a la socialista:

"Ahora que el monarca fue derrocado y ‘se completó la revolución democrático-burguesa, dado que Rusia es ahora una república democrática’, Lenin movilizó al partido bolchevique para la segunda etapa de la revolución, en la que el poder tenía que pasar a manos del proletariado y del campesinado pobre y sacar a Rusia de la guerra imperialista" (Cogito, p. 11).

¿Cuál era la posición de los dirigentes bolcheviques en Rusia antes de la llegada de Lenin en abril del 17? Defendían una posición completamente contraria a todo lo enseñado por Lenin durante la guerra. Pravda, en ese momento dirigida por Kámenev y Stalin, propugnaba la defensa de la república democrático-burguesa:

"Cuando un ejército se enfrenta a otro", escribía Kámenev, "sería la política más necia sugerir a uno de ellos que rindiera sus armas y se volviera a casa. No sería una política de paz, sino una política de esclavitud, que sería rechazada con repugnancia por un pueblo libre" (Ninguna diplomacia secreta, en Pravda nº 9, 15 de marzo de 1917).

En vísperas de la revolución, ¡y el órgano central del Partido Bolchevique calificaba la política de Lenin del derrotismo revolucionario como "la más necia" y "una política de esclavitud"! En otra parte, los editoriales de Pravda exponían: "La consigna ‘abajo la guerra’ carece de sentido. Nuestra consigna es presionar al Gobierno Provisional con el objetivo de obligarle a persuadir a todos los países en guerra a iniciar negociaciones de inmediato (...). Y hasta que llegue ese momento, todo hombre debe seguir en su puesto de combate".

La política de Stalin y Kámenev era seguir la línea de menor resistencia, apoyar al Gobierno Provisional llegado al poder después de la Revolución de Febrero "en la medida que luche contra la reacción o la contrarrevolución", mientras prestaban un flaco servicio al "objetivo último del socialismo". Relegar a un futuro remoto la revolución socialista mientras se sitúa como "tarea inmediata" la capitulación ante el liberalismo y el reformismo burgués no es ninguna novedad para los actuales dirigentes de los partidos comunistas, para los que esta política representa la quintaesencia del "leninismo", contenida en el "camino británico al socialismo" y el frentepopulismo. Fue esencialmente la misma política de los mencheviques, con quienes los "viejos bolcheviques" inevitablemente se aliaron.

¿Qué hizo Lenin a su regreso para "movilizar el partido bolchevique para la segunda etapa de la revolución" cuando todos los dirigentes apoyaban al Gobierno Provisional? Johnstone guarda silencio sobre el episodio; es evidente que está poco dispuesto a entrar en los entresijos de esa maravillosa "movilización". Pero por nuestra parte sería poco riguroso no ofrecer todos los detalles. Desde el extranjero, Lenin observaba alarmado la deriva del Partido Bolchevique. En repetidas ocasiones escribió a Petrogrado exigiendo una ruptura con la burguesía y con la política defensista. El 6 de marzo telegrafió desde Estocolmo:

"Nuestra táctica: absoluta desconfianza; ningún apoyo al nuevo gobierno; sospechar especialmente de Kerensky; armar al proletariado es la única garantía; elecciones inmediatas a la Duma de Petrogrado; ningún acercamiento a los demás partidos" (el subrayado es nuestro).

El 17 de marzo, escribió:

"Nuestro partido caería para siempre en la ignominia, se asesinaría políticamente, si toma parte en tal engaño (...). Preferiría una escisión inmediata en nuestro partido con no importa quién, en lugar de rendirse al socialpatriotismo".

Estas palabras representaban un claro aviso a Kámenev y Stalin, quienes persistían en su postura a pesar de la hostilidad de los militantes obreros de base, muchos de los cuales abandonaron el partido indignados por la capitulación de los dirigentes. Nada más regresar del exilio, Lenin comenzó una intensa lucha fraccional contra los "viejos bolcheviques". En una reunión de delegados bolcheviques de los sóviets en abril de 1917, Lenin habló con amargura del ambiente de capitulación que impregnaba a la dirección:

"El punto central es la actitud ante la guerra. Cuando lees sobre Rusia, lo que destaca es el triunfo del defensismo, la victoria de los traidores del socialismo, el engaño de las masas por la burguesía (...). Nuestra actitud hacia la guerra no se puede permitir la más mínima concesión al defensismo, incluso con el nuevo gobierno, que continúa siendo imperialista (...). Hasta nuestros bolcheviques demuestran cierta confianza en el gobierno. Esto sólo se explica por la intoxicación de la revolución. Es la muerte del socialismo. Compañeros, vosotros tenéis una actitud confiada hacia el gobierno. Si eso es así, nuestros caminos se separan. Prefiero permanecer en minoría (...). Pravda exige al gobierno renunciar a las anexiones. Exigir a un gobierno capitalista que renuncie a las anexiones no tiene sentido, es una triste burla de... [pausa]. Desde el punto de vista científico representa una burla cruel, que todo el proletariado internacional, todo... [pausa] Es hora de admitir nuestros errores. Hemos tenido suficientes saludos y resoluciones; es hora de actuar" (Works, vol. 36, pp. 434-38).

Sobre el manifiesto menchevique del Sóviet "A los pueblos de todo el mundo" —que Pravda había anunciado como un "compromiso consciente entre las diferentes tendencias representadas en el Sóviet" y que los delegados bolcheviques votaron debido a la influencia de Kámenev y Stalin—, Lenin comentó: "El manifiesto del Sóviet de Diputados de Obreros no contiene una sola palabra imbuida de conciencia de clase. ¡Todo es hablar! Hablar y adular al pueblo revolucionario es lo que siempre ha arruinado las revoluciones. El marxismo enseña a no sucumbir ante la fraseología revolucionaria, en particular en el momento en que tiene mayor difusión" (Ibíd., p. 439).

Compañero Johnstone, ¿a quién criticaba Lenin por sucumbir a la "fraseología revolucionaria"? ¿A Trotsky, que en ese momento estaba fuera del país? No, era a Stalin y Kámenev, a aquellos "curtidos bolcheviques", aquellos devotos "leninistas" que jugaron "un papel tan importante en el partido" en 1917 (?). Tres días antes de esa reunión, Stalin se había pronunciado a favor de aceptar la propuesta del menchevique Tsereteli para la reunificación de bolcheviques y mencheviques. Su motivo era que, dado que ambos partidos estaban de acuerdo en el contenido del manifiesto del Sóviet, no existían diferencias fundamentales de principios entre ellos. Refiriéndose indirectamente a esto, Lenin hizo la siguiente advertencia:

"He oído que existe una tendencia en Rusia partidaria de la unificación, de la unidad con los defensistas. Esto representa una traición al socialismo. Pienso que es mejor quedarse solo, como Liebknecht: uno contra diez" (Ibíd., p. 443).

"Traición al socialismo", "engaño a las masas", "sin sentido", "burla cruel", "grave engaño",... Si hacemos caso a Johnstone, Lenin recurría a este lenguaje ¡para movilizar al Partido Bolchevique para la revolución socialista! Después de la diatriba de Lenin, Stalin se apartó del debate público debido a su compromiso con la posición socialpatriota, y se acercó tranquilamente a la postura de Lenin; Kámenev y Zinóviev persistieron en su oposición a Octubre, votaron contra la insurrección y emprendieron una campaña contra ella dentro y fuera del partido. Este fue el "importante papel" que jugaron estos "viejos bolcheviques" en vísperas de la Revolución. Lenin, enojado, exigió su expulsión.

Monty Johnstone ataca a Trotsky por su conciliacionismo antes de 1917, pero olvida mencionar que Stalin y demás defendían una postura conciliadora tan clara que, incluso pocos meses antes de la Revolución de Octubre, eran partidarios de la reunificación con los mencheviques, justo cuando las diferencias entre bolchevismo y menchevismo —revolución y contrarrevolución— eran más intensas e irreconciliables. Cometieron un error tan grave que de no ser por la intervención de Lenin y Trotsky habría resultado catastrófico. Sin la dirección de ambos, la Revolución Rusa no habría triunfado. Lenin planteó en 1917 la siguiente alternativa: la dictadura del proletariado o la reacción de Kornílov. De no haber sido por la lucha de Lenin, por su inmensa autoridad personal, no hay duda de que el movimiento habría caído bajo el puño de la reacción.

Pero dicho esto, también es necesario añadir que, a pesar de todos sus defectos, los "viejos bolcheviques" eran auténticos revolucionarios. Y a pesar de todas sus debilidades y vacilaciones, Kámenev y Zinóviev no fueron perseguidos, ni se les acusó de ser agentes del imperialismo alemán, ni se les torturó para conseguir confesiones falsas ni se les ejecutó. Conforme a las tradiciones del bolchevismo, caracterizado por la tolerancia y el sentido de la proporción, lejos de ser expulsados, Kámenev y Zinóviev fueron elegidos para el Comité Central y el Politburó, puestos de elevada responsabilidad. Y aunque incluso posteriormente no siempre actuaron con acierto y en ocasiones cometieron errores desastrosos, ni los peores errores de los "viejos bolcheviques" se pueden comparar a la traición de la revolución por parte de la burocracia estalinista y sus apologistas de todo el mundo. Las tradiciones del totalitarismo estalinista y las del bolchevismo-leninismo quedaron separadas por un río de sangre.

Trotsky y los bolcheviques en 1917

Ya hemos visto cómo utiliza Monty Johnstone los servicios de Isaac Deutscher, el "biógrafo sumamente comprensivo y objetivo" de Trotsky. Johnstone recurre a él a menudo, y así se evita la penosa necesidad de tener que citar los trabajos del propio Trotsky, y además le provee en cierta medida de las trivialidades literarias sobre los atributos morales y psicológicos de Trotsky que tan útiles le resultan, si bien está falto de práctica a la hora de elaborar sus propias "tesis":

"El hecho es (...) que aunque Trotsky se unió al Partido Bolchevique en julio de 1917, por el impulso de la próxima revolución de Octubre, en la que jugó un papel destacado, encontramos en estos catorce años de la vida de Trotsky (...) la misma incapacidad para dedicarse en un período no revolucionario a la importante tarea de construir una organización sólida, adecuarse a sus filas y, por tanto, estar preparado para someterse a la disciplina colectiva, que más tarde se revelaría de nuevo después de que se apagase el vendaval de la revolución" (Cogito, p. 7).

Johnstone nos pinta un cuadro de Trotsky como un buen agitador del populacho, un brillante orador cuya inspiración provenía del "vendaval de la revolución", pero en esencia un individualista pequeño-burgués cuya moral decaía tan pronto como desaparecía la situación revolucionaria. Toda su obra es una delicada pintura impresionista que, como todas las obras impresionistas, parece muy buena... a cierta distancia y con los ojos entreabiertos. En primer lugar, debemos preguntar al compañero Johnstone: ¿Cómo fue posible que ese "brillante orador" se uniera al Partido Bolchevique por el impulso de algo que no había ocurrido? Es evidente que Monty Johnstone rabiaba por cambiar la fecha de la unión de Trotsky a los bolcheviques hasta después de Octubre (por arte de birlibirloque). Pero esa falsificación sería demasiado incluso para nuestro jesuita, así que ¡Trotsky se decidió a entrar de mala gana por el impulso de la próxima revolución de Octubre!

Pero existe un pequeño problema, y es que Trotsky, en palabras de Johnstone, jugó un "papel destacado" en la preparación de aquella "próxima" revolución. Trotsky en realidad se unió formalmente al Partido Bolchevique no cuando éste se encontraba en la cumbre de la oleada revolucionaria o en el momento de tomar el poder —como pretende Johnstone—, sino todo lo contrario, en un momento de reflujo, durante el período de reacción que siguió a las Jornadas de Julio*, cuando Lenin estaba en la clandestinidad y otros muchos bolcheviques, en prisión.

¿Por qué Trotsky se unió a los bolcheviques en 1917? En primer lugar, porque no existían diferencias políticas. El artículo que Trotsky escribió en Estados Unidos en marzo de 1917 coincidía con la línea política expuesta por Lenin en sus Cartas desde lejos, escritas al mismo tiempo en Suiza. ¿Fue casualidad esa coincidencia? A juzgar por la parcial presentación que hace Johnstone de las antiguas polémicas entre Lenin y Trotsky, ésa es la única conclusión posible. Pero entonces, ¿qué ocurre con el lamentable papel que jugaron los "viejos bolcheviques" en esa época? Ellos fueron precisamente los hombres que en el período anterior, según Johnstone, "se llevaban bien con la base" y "se sometían a la disciplina colectiva". ¿También esto fue "casualidad"? Lenin, en su última Carta al Congreso (1923), afirma lo contrario. No fue una casualidad, compañero Johnstone, que el más firme colaborador de Lenin en 1917 en su lucha contra las vacilaciones de los "viejos bolcheviques" no fuera otro que Trotsky.

El objetivo de la teoría marxista y de la construcción del partido revolucionario no es otro que llevar adelante la revolución socialista internacional. Son precisamente esos "vendavales de la revolución", que colocan al movimiento revolucionario bajo la intensa presión de fuerzas de clase ajenas, los que someten todas las teorías, personas y partidos a la prueba decisiva. Los "viejos bolcheviques" no pasaron la prueba, se encontraron a la deriva en medio del vendaval revolucionario, precisamente porque durante todo el período anterior no consiguieron comprender y absorber los métodos y las ideas de Lenin, los métodos e ideas revolucionarios del marxismo.

Los "viejos bolcheviques" estaban satisfechos del período previo, "coincidían con las bases", seguían sin convicción alguna los pasos de Lenin y repetían mecánicamente sus ideas, que en sus manos se convertían en sortilegios carentes de significado. El resultado fue que en el momento decisivo, cuando era necesario dar un giro brusco, vacilaron, se opusieron a Lenin... y terminaron en el campo del menchevismo. Trotsky, a pesar de que había seguido un rumbo diferente, llegó a las mismas conclusiones que Lenin. A partir de ese momento las antiguas polémicas fueron arrojadas al cubo de la historia... aunque después de la muerte de Lenin los estalinistas las sacaron de nuevo a la luz para intentar echar a Trotsky de la dirección.

Desde su llegada a Petrogrado en mayo de 1917, Trotsky habló y actuó igual que los bolcheviques. Raskólnikov, militante bolchevique, lo comentó: "Lev Davidovich [Trotsky] en ese momento no era militante formal de nuestro partido, pero en la práctica trabajó continuamente en él desde el primer día que llegó de Estados Unidos. En cualquier caso, inmediatamente después de su primer discurso en el Sóviet, todos le consideraban como uno de los dirigentes de nuestro partido" (Proletarskaya Revolutsia, 1923, p. 71).

Sobre las polémicas pasadas, destacó lo siguiente: "Los ecos de las polémicas previas a la guerra habían desaparecido completamente. No existían diferencias entre la táctica de Lenin y Trotsky. Esta fusión, que ya se podía observar durante la guerra, se logró definitivamente desde el momento en que Trotsky regresó a Rusia. A partir de su primer discurso público todos nosotros, los antiguos leninistas, le consideramos uno de los nuestros" (Ibíd., p. 150).

Si Trotsky no entró inmediatamente al Partido Bolchevique no fue por ningún tipo de desacuerdo político (ya había hecho público su deseo de afiliarse después de la discusión con Lenin y sus colegas), sino porque quería ganar para el partido al Comité Interdistritos, que aglutinaba a cuatro mil trabajadores de Petrogrado y muchas destacadas figuras de la izquierda, como Uritsky, Joffe, Lunacharsky, Riazánov, Volodarsky y otros, que después jugaron un importante papel en la dirección del Partido Bolchevique. Una nota en los trabajos de Lenin publicados en Rusia después de la revolución hacía referencia a este grupo: "Con relación a la cuestión de la guerra, el Comité Interdistritos defendía una postura internacionalista y en su táctica estaba cerca de los bolcheviques" (Works, vol. 14, p. 448).

El Congreso de los Sóviets de Toda Rusia, celebrado a principios de junio, todavía estuvo dominado por los mencheviques y socialrevolucionarios. E. H. Carr observa: "Trotsky y Lunacharsky se encontraban entre los diez delegados de los ‘socialdemócratas unidos’ que apoyaron unánimemente a los bolcheviques durante las tres semanas que duró el congreso" (La revolución bolchevique, vol. 1, p. 89).

Para acelerar la entrada del Comité Interdistritos al Partido Bolchevique, a lo que se oponían algunos dirigentes, Trotsky escribió en Pravda la siguiente declaración: "En mi opinión en el momento actual [julio] no existen diferencias ni de principios ni de tácticas entre las organizaciones Interdistrito y los bolcheviques. Por consiguiente, no hay motivos que justifiquen la existencia separada de ambas organizaciones" (el subrayado es nuestro).

Debido a esta dificultad y los peligrosos tiempos, Trotsky escribió una carta al Gobierno Provisional, que citamos íntegramente por su interés, con la intención de arrojar luz sobre las relaciones entre él y los bolcheviques en 1917. La carta está fechada el 23 de julio de 1917:

"Ciudadanos ministros:

He tenido conocimiento de que se ha publicado una orden, en relación con los acontecimientos de los pasados 16 y 17 de julio, decretando el arresto de Lenin, Zinóviev y Kámenev, pero no el mío, por lo que desearía solicitar su atención para los puntos siguientes:

1º Coincido con las principales tesis de Lenin, Zinóviev y Kámenev, y las he defendido en el periódico Vpériod y en mis discursos públicos.

2º Mi postura hacia los acontecimientos del 16 y 17 de julio ha sido idéntica a la mantenida por ellos.

a) Tanto Kámenev y Zinóviev como yo conocimos por primera vez los planes propuestos por el regimiento de ametralladoras y otros más en la reunión conjunta de los burós de los Comités Ejecutivos el 16 de julio. Actuamos inmediatamente para detener a los soldados. Zinóviev y Kámenev poniéndose en contacto con los bolcheviques, y yo, con la organización ‘interdistritos’, a la que pertenezco.

b) Cuando, a pesar de nuestros esfuerzos, la manifestación se realizó, mis camaradas bolcheviques y yo pronunciamos numerosos discursos a favor de la principal exigencia de la multitud: ‘todo el poder a los sóviets’, pero a la vez exhortamos a los manifestantes, tanto a los soldados como a los civiles, a regresar a sus casas y cuarteles pacífica y ordenadamente.

c) En una conferencia celebrada en el Palacio de Táurida, muy avanzada la noche del 16 al 17 de julio, entre los bolcheviques y la organización interdistritos, apoyé la postura, manifestada por Kámenev, de que se debía hacer todo lo posible para evitar una nueva manifestación el 17 de julio. Sin embargo, cuando a través de los agitadores que llegaban de los distintos distritos supimos que los regimientos y los obreros ya habían decidido la salida y que era imposible detener a la multitud hasta que se hubiera resuelto la crisis gubernamental, todos los allí presentes estuvimos de acuerdo en que lo mejor que podíamos hacer era dirigir la manifestación de forma pacífica y pedir a las masas que dejaran sus fusiles en casa.

d) A lo largo del día 17 de julio, día que pasé en el Palacio Táurida, tanto yo como los camaradas bolcheviques exhortamos más de una vez a la multitud para que actuase según esta línea.

3º El hecho de que yo no esté conectado a Pravda y que no sea miembro del Partido Bolchevique no se debe a diferencias políticas, sino a ciertas circunstancias de la historia de nuestro partido que han perdido ahora toda importancia.

4º El intento de los diarios de dar la impresión de que yo he declarado ‘no tener nada que ver’ con los bolcheviques tiene tanto de verdad como el informe según el cual he pedido a las autoridades protección de la ‘violencia del populacho’ o como el resto de los falsos rumores extendidos por la misma prensa.

5º Por todo lo que he declarado, resulta evidente que no me pueden excluir lógicamente de la orden de arresto que han lanzado contra Lenin, Kámenev y Zinóviev*.

Tampoco puede haber ninguna duda en sus mentes de que soy un enemigo del Gobierno Provisional tan irreconciliable como los camaradas anteriormente nombrados. Dejándome al margen, únicamente se consigue subrayar el propósito contrarrevolucionario que está tras el ataque a Lenin, Zinóviev y Kámenev" (León Trotsky, La era de la revolución permanente, pp. 98-99. Editorial Akal. Madrid, 1976. El subrayado es nuestro).

Durante todo ese período, Trotsky expresó públicamente en docenas de ocasiones su conformidad con la posición de los bolcheviques. En los días más difíciles, cuando el Partido trabajaba en la clandestinidad, Lenin y Zinóviev estaban exiliados en Finlandia, Kámenev se encontraba en prisión y los bolcheviques eran calumniados como "agentes alemanes", Trotsky los defendió y se identificó públicamente con sus ideas. Monty Johnstone lo sabe perfectamente y guarda silencio, lo único que dice sobre este tema es lo siguiente: "Con su ‘colosal arrogancia’, Trotsky parecía creer sinceramente que el Partido Bolchevique se había ‘desbolchevizado’ y por eso se afilió a él" (Cogito, p.14).

La palabra ‘desbolchevizado’ no proviene de Trotsky, sino del "imparcial" Isaac Deutscher, y "colosal arrogancia" procede de Lunacharsky en Revolutionary Silhouettes, donde también se puede leer lo siguiente:

"Trotsky, como hombre, es susceptible y autoritario. Sin embargo, después de unirse a los bolcheviques, sólo en su actitud hacia Lenin, Trotsky siempre mostró una condescendencia conmovedora y afectuosa. Con la modestia que caracteriza a los grandes hombres, él reconocía la primacía de Lenin (...). Cuando Lenin fue herido de muerte, todos teníamos miedo, ninguno expresó nuestros sentimientos hacia él mejor que Trotsky. En mitad del espantoso desorden de los acontecimientos mundiales, allí estaba Trotsky, el otro líder de la Revolución Rusa, un hombre nada inclinado al sentimentalismo y que solía decir: ‘cuando te das cuenta de que Lenin puede morir, parece que nuestra vida se vuelve vacía y pierdes las ganas de vivir".

Dejamos que el lector decida qué clase de "colosal arrogancia" es la que se desprende de este retrato de la relación entre los dos grandes revolucionarios de nuestro tiempo.

Dos años después, Lenin afirmaba que en 1917 "el bolchevismo fue capaz de atraer a los mejores elementos del pensamiento socialista actual que estaban muy próximos a él". ¿A quién hacen referencia esas palabras, compañero Johnstone? ¿A los mencheviques de izquierda o a los eseristas de izquierda? La mayoría de ellos ya habían roto con el bolchevismo en 1918. Se refieren a Trotsky y al Comité Interdistritos. La actitud especial de Lenin hacia el Comité Interdistritos quedó reflejada en que, justo cuando era urgente endurecer las condiciones de militancia para evitar la afluencia de elementos de poca confianza, al Comité Interdistritos se le suspendió el período de prueba y se les consideró militantes bolcheviques desde el mismo momento en que se les unieron.

Este hecho ratifica la declaración de Trotsky de que no existían diferencias políticas o de táctica entre ambos grupos. En el mismo congreso en que el Comité Interdistritos entró en el Partido Bolchevique, Trotsky, ese "colosal arrogante", fue elegido miembro del Comité Central, siendo uno de los cuatro (junto a Lenin, Zinóviev y Kámenev) más votados: 131 de 134 votos.

La escuela estalinista de la falsificación

"Sería verdaderamente poco histórico si, al evaluar la figura de Trotsky, ignorásemos su lucha contra el bolchevismo durante los primeros catorce años de su existencia, o si consideráramos el tema zanjado por citar un comentario sobre la autoridad de Trotsky que se dice hizo Lenin en 1917 (en plena revolución y cuando Trotsky llevaba menos de cuatro meses en el partido), en el sentido de que cuando Trotsky comprendió que la unidad con los mencheviques era imposible ‘no hubo mejor bolchevique que él" (Cogito, p. 8).

Johnstone finaliza la primera parte de su "trascendental, compleja, pero profundamente instructiva" historia del bolchevismo con esta genuflexión al Museo de la Historia. Hace un uso muy particular de las fuentes y se niega a admitir como prueba un comentario de Lenin sobre la autoridad política de Trotsky. ¿Qué quería decir Lenin con ese comentario y por qué lo hizo?

El 14 de noviembre de 1917, once días después del triunfo de la insurrección, Lenin habló en una reunión del comité de Petrogrado del peligro de las tendencias conciliadoras en la dirección del Partido, que constituían una amenaza incluso después de la Revolución. Ese día, tres miembros del Comité Central (Kámenev, Zinóviev y Noguin) dimitieron como protesta por la política del Partido y publicaron un ultimátum en el que exigían la formación de un gobierno de coalición con los mencheviques y los socialrevolucionarios: "De otra manera, la única forma de mantener un gobierno genuinamente bolchevique sería imponiendo el terror político". Acababan la declaración con un llamamiento a los trabajadores para una "conciliación inmediata" en torno a la consigna "Larga vida al gobierno de todos los partidos del Sóviet". Lo que parecía más probable era que esta crisis terminara con la destrucción de todas las conquistas de Octubre. Lenin, ante esta peligrosa situación, defendió la expulsión de los disidentes y pronunció el discurso que finalizaba de la siguiente forma: "¡Ningún compromiso! ¡Un gobierno bolchevique homogéneo!". En el texto original del discurso de Lenin aparecen las siguientes palabras: "En cuanto a la coalición, no puedo hablar más que con seriedad. Trotsky hace tiempo dijo que era imposible una unión. Trotsky lo comprendió, y desde entonces no ha habido otro bolchevique mejor".

Después de la muerte de Lenin, la camarilla dominante (Stalin, Kámenev y Zinóviev) emprendió una campaña sistemática de falsificaciones con el objetivo de minimizar el papel de Trotsky en la revolución y exagerar el suyo. Para ello inventaron la leyenda del "trotskismo", para introducir una cuña entre la posición de Trotsky y la de Lenin y los "leninistas" (ellos mismos). Historiadores a sueldo hurgaron en la basura acumulada de viejas polémicas olvidadas hacía mucho tiempo hasta por los mismos que participaron en ellas, olvidadas porque todas las discrepancias quedaron resueltas con la experiencia de Octubre y por lo tanto no tenían otro interés que el puramente abstracto e histórico. Pero los falsificadores tenían todavía un serio obstáculo: la propia Revolución de Octubre. Poco a poco fueron rescribiendo la historia eliminando el nombre de Trotsky, hasta que al final lo suprimieron absolutamente del todo, incluso las menciones más inocuas.

Monty Johnstone cita un buen ejemplo de ello. En la edición de 1934 de La revolución de Octubre, de Stalin, encontramos el siguiente pasaje:

"Todo el trabajo práctico relacionado con la organización de la insurrección se realizó bajo la dirección directa del compañero Trotsky, presidente del Sóviet de Petrogrado. Se puede afirmar con toda seguridad que el Partido tiene una deuda ante todo y principalmente con el camarada Trotsky, por la rapidez con que la guarnición se pasó al Sóviet y la eficiente manera de organizar el trabajo del Comité Militar Revolucionario".

"Este pasaje", escribe Johnstone, "fue inexcusablemente expurgado del artículo publicado en las Obras de Stalin, tomo IV, página 157, publicadas en Moscú en 1953". (El subrayado es nuestro).

"Inexcusablemente expurgado" parece el lenguaje de un hombre que está sorprendido e irritado por un detalle menor e inesperado. Pero la sorpresa de Johnstone es totalmente fingida. Sabe muy bien que todo lo escrito sobre la historia soviética hasta nuestros días no fue otra cosa que una completa falsificación y mentiras sobre la Revolución Rusa y en especial sobre el papel de Trotsky. Las falsificaciones de 1924, aunque burdas, pavimentaron el camino para que en determinado momento el pasaje de Stalin citado más arriba se convirtiese en el de 1953: "El camarada Trotsky no jugó ningún papel en particular, ni en el partido ni en la insurrección de Octubre, y se puede decir que en el período de Octubre era un hombre relativamente nuevo".

Esto a su vez sólo representaba otro paso más hacia la completa degeneración de la burocracia estalinista, que acusó no sólo a Trotsky, sino también a toda la vieja dirección bolchevique, de colaborar con el fascismo alemán para acabar con la URSS. Durante las tristemente famosas purgas de los años 30, Bujarin —a quien Lenin en su prohibido Testamento describió como "el favorito del Partido"— fue acusado de conspirar en 1918 para ¡asesinar a Lenin!

El comentario de Lenin sobre "la pretendida autoridad de Trotsky" fue publicado en la edición original de las Actas del Comité de Petrogrado, pero después se suprimió porque el discurso de Lenin fue copiado incorrectamente por el secretario de actas. Todo el texto, como ocurre con otros muchos discursos de Lenin, está muy mal transcrito, lleno de frases incompletas. Pero la única página suprimida es precisamente la que contiene el comentario de Lenin sobre Trotsky. En su libro La escuela estalinista de la falsificación, Trotsky reproduce una fotocopia de la página en cuestión. El original se encuentra en los Archivos de Trotsky, junto con otra gran cantidad de material censurado en la URSS. Monty Johnstone no cuestiona la autenticidad del material. No se atreve porque está demostrada no sólo por historiadores serios de la Revolución Rusa, sino también por lo publicado por la burocracia soviética después del XX Congreso del PCUS, que incluye el Testamento prohibido de Lenin, publicado por la Oposición de Izquierdas en Rusia y por los trotskistas del extranjero treinta años antes de que lo hiciera la camarilla dominante soviética. Por supuesto sólo publicaron una parte del material: el que demuestra la oposición de Lenin a Stalin. Otra gran parte todavía está guardado bajo llave en la sección "privada" de la Biblioteca Lenin, accesible sólo para los "historiadores" a sueldo del PCUS.

La autenticidad del comentario de Lenin es evidente por el contexto en que se hizo. Sobre el conciliacionismo, nadie fue tan sincero como Trotsky antes de la guerra. Creía, por la experiencia de 1905, que una nueva oleada revolucionaria empujaría hacia la izquierda a los mejores mencheviques, lo que haría posible su unificación con los bolcheviques, pero los acontecimientos demostraron que estaba equivocado. Trotsky admitió su error en 1917 y abandonó definitivamente cualquier idea de reunificación con los mencheviques. Por otro lado, los "viejos bolcheviques" seguían apegándose a sus ilusiones conciliadoras, incluso después de tomar el poder. Lo que demandaban en noviembre de 1917 significaba la restauración o una contrarrevolución bajo un disfraz democrático. Tendríamos que hacer una pregunta directa a Monty Johnstone: ¿Quién actuaba en 1917 como un bolchevique, Trotsky o los "viejos bolcheviques"? No nos responderá. Al menos de momento. Lenin sí respondió en noviembre de 1917 en una reunión del Comité de Petrogrado.

En la página 21 de su trabajo, Johnstone cita la última carta de Lenin al Congreso —su famoso Testamento, que los dirigentes soviéticos sólo pusieron a disposición de la base de los partidos comunistas después del XX Congreso—. Johnstone cita las palabras de Lenin sobre las características personales de Trotsky, pero omite una frase que es relevante para su propio trabajo. Lenin, en sus últimas palabras al Partido Comunista Ruso, advirtió de que no se debería utilizar contra Trotsky su pasado no bolchevique.

Monty Johnstone ha malgastado la mitad de su trabajo desenterrando toda la basura a su disposición de las polémicas más recónditas del período anterior a 1917. Pero no es casualidad que olvide citar las últimas palabras de Lenin sobre Trotsky y su relación con el Partido Bolchevique antes de 1917.

Tanto para Lenin como para Trotsky, 1917 representó un punto de inflexión que convirtió en irrelevantes todas las antiguas polémicas. Por esta razón, Lenin, después de 1917, nunca hizo referencia a ellas. Por eso también Trotsky, en 1921, advertía a Olminsky de que la publicación de su carta a Chjeidze, un dirigente menchevique, era inoportuna. Monty Johnstone llega a acusar a Trotsky de utilizar los mismos métodos de falsificación que Stalin:

"Cuando Olminsky, el presidente de la Comisión de la Historia del Partido, le preguntó si debería publicarse, le contestó que sería ‘inoportuno’ y añadió paternalmente: ‘El lector actual no comprenderá, no aplicará las correcciones históricas necesarias y simplemente se confundirá’. Esta fue precisamente la motivación de los estalinistas para la censura y falsificación de los documentos históricos, que tan enérgica y correctamente denunció Trotsky en los últimos años" (Cogito, p. 7. El subrayado es nuestro).

Aunque Monty Johnstone tampoco ha hecho el más mínimo intento de explicar el contexto histórico de esta carta —o de cualquier otra—, su motivación es bastante evidente. En su libro En defensa del marxismo, Trotsky explica que la razón de su postura en ese período (1913) fue su deseo de unidad del movimiento marxista. Johnstone cita ese trabajo —como es habitual, de forma "selectiva y resumida"—, pero sólo reproduce una frase: "No estoy liberado en ese período, en particular en la esfera organizativa, de los rasgos de un revolucionario pequeño-burgués". Las palabras de Trotsky, sin los resúmenes "convenientes", fueron:

"Pienso en el llamado bloque de agosto de 1912. Yo participé activamente en este bloque. En cierto modo, yo le di nacimiento. Políticamente, yo difería de los mencheviques en todas las cuestiones fundamentales. También difería de los bolcheviques ultraizquierdistas, de los miembros del grupo ‘Vpériod’. En la tendencia política general, me encontraba mucho más cerca de los bolcheviques. Pero estaba contra el ‘régimen’ leninista porque todavía no había aprendido a comprender que a fin de realizar la meta revolucionaria, es indispensable un partido centralizado, firmemente unido. Y así formé este bloque episódico, compuesto de elementos heterogéneos que estaba dirigido contra el ala proletaria del partido.

"En el bloque de agosto los liquidadores tenían su propia fracción. Yo me mantuve aislado, tenía a quienes pensaban como yo, pero no una fracción. Muchos de los documentos fueron escritos por mí, y mediante la elusión de las diferencias de principio, tenían por objeto la creación de una apariencia de unanimidad respecto a las ‘cuestiones políticas concretas’. ¡Ni una palabra sobre el pasado! Lenin sometió al bloque de agosto a una crítica sin piedad, y los golpes más rigurosos cayeron en mi huerto. Lenin demostró que tanto más cuanto que yo no me había puesto de acuerdo ni con los mencheviques ni con los miembros del grupo ‘Vpériod’, mi política era aventurerismo. Esto fue severo, pero cierto.

"Como ‘circunstancia atenuante’ permítaseme mencionar el hecho de que yo me había fijado como tarea, no el apoyar a la fracción derechista o ultraizquierdista contra los bolcheviques, sino la de unir al partido en su conjunto. Los bolcheviques también fueron invitados a la conferencia de agosto. Pero como Lenin se rehusó de plano a unirse con los mencheviques (en lo que estaba completamente acertado), me vi colocado en un bloque artificial, con los mencheviques y los miembros del grupo ‘Vpériod’. La segunda circunstancia atenuante es que el fenómeno mismo del bolchevismo, como verdadero partido revolucionario, se desarrollaba entonces por primera vez; en la práctica de la Segunda Internacional no existían antecedentes. Pero no trato por ese medio de absolverme en lo más mínimo de culpa. No obstante la concepción de la revolución permanente, que revelaba indudablemente la perspectiva correcta, no me había liberado de aquella época, especialmente en la esfera organizativa, de los rasgos del revolucionario pequeño burgués. Estaba enfermo de la enfermedad del conciliacionismo hacia el menchevismo, y de una actitud desconfiada hacia el centralismo leninista. Inmediatamente después de la conferencia de agosto, el bloque comenzó a desintegrarse en sus partes componentes. A los pocos meses, yo estaba fuera del bloque, no sólo en materia de principios, sino organizativamente" (En defensa del marxismo, p. 179. Ed. Fontamara. Barcelona, 1977).

Así de sinceramente explica Trotsky sus errores. Por supuesto, Johnstone no tiene interés alguno en permitir a Trotsky hablar por sí mismo, así que sencillamente utiliza, sin ningún escrúpulo y de forma estalinista, frases aisladas ("enfermedad del conciliacionismo", "revolucionario pequeño-burgués"). Intenta crear una amalgama —el recurso favorito de la falsificación estalinista— entre Stalin y Trotsky que destila desprecio. Su motivación es doble: por un lado, ennegrecer el nombre de Trotsky, presentándolo como un embustero, un falsificador que encubrió deliberadamente sus antiguas diferencias con Lenin (!); por el otro, el intento incluso más cobarde de adornar el horror de las maquinaciones estalinistas, cimentadas sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de millones de seres humanos, ¡equiparándolas con la carta de Trotsky a Olminsky!

Monty Johnstone aprovecha esta carta para remachar sus argumentos sobre la "violenta oposición" de Trotsky a Lenin. Y utiliza algunas de las expresiones de Trotsky para corroborarlo. El uso que Johnstone hace de esta carta confirma totalmente lo que Trotsky escribió a Olminsky: que el lector no comprendería las circunstancias que la motivaron y que llevaría a extraer conclusiones equivocadas, precisamente las falsas conclusiones que hoy Monty Johnstone pretende que extraigan sus lectores.

¿Cuándo escribió Trotsky la carta y por qué? Él mismo lo explicó:

"Por aquellos días se publicó la carta que yo escribiera tiempo atrás a Chjeidze contra Lenin. Este episodio, ocurrido en abril de 1913, se produjo porque el periódico bolchevique autorizado que se publicaba en Petrogrado se había apropiado del periódico obrero que yo publicaba en Viena con el título de Pravda. El asunto condujo a uno de aquellos choques violentos en que tanto abundaba la vida de los emigrados. En aquella ocasión escribí a Chjeidze, que osciló durante algún tiempo entre los bolcheviques y los mencheviques, una carta en que daba rienda suelta a mi indignación contra el centro bolchevique y contra el propio Lenin. Puede que unas semanas después yo mismo hubiera sometido la carta a censura; pasados algunos años la hubiera mirado como se mira un objeto oscuro. Sin embargo, aquella carta estaba llamada a tener un destino especial. El departamento de policía la pescó y allí permaneció, olvidada en los archivos policíacos, hasta la Revolución de Octubre. De allí pasó, ya en el nuevo régimen, al archivo del Instituto de Historia del Partido (...). Lenin tenía noticia exacta de la existencia de la carta, que tanto para él como para mí no tenía ya más valor que el que podría tener la nieve caída el invierno pasado. ¡Pues no se habían escrito pocas cartas como aquella durante los años de la emigración! Pero llegó 1924 y los epígonos sacaron la carta de los archivos y se la metieron por los ojos al Partido, que ya por aquel entonces estaba integrado en su mayoría por hombres completamente nuevos. No por azar se decidió publicar esta carta en los meses que siguieron a la muerte de Lenin. No fallaba. En primer lugar, Lenin no iba ya a resucitar para decir a aquellos caballeros lo que venía al caso. En segundo lugar, se sorprendía a las masas en un momento en que estaba vivo en ellas el dolor por su muerte. Y aquellas gentes, que ya no tenían la menor noción del pasado ni de las incidencias que años atrás se desarrollaran en el partido, se encontraban de la noche a la mañana con un juicio condenatorio de Trotsky sobre Lenin. Aquello, por fuerza tenía que aturdirlas. Cierto que aquel juicio había sido escrito hacía doce años, pero el cómputo del tiempo no existía para los métodos empleados. El uso que los epígonos hicieron de mi carta a Chjeidze se cuenta entre las grandes maniobras fraudulentas que registra la historia. La falsificación de documentos de que se valían los reaccionarios franceses en el asunto Dreyfus no era nada en comparación con este fraude político de Stalin y sus cómplices" (León Trotsky, Mi vida, p. 410. Ed. Pluma. Colombia, 1979).

El uso que hicieron los estalinistas de esta carta es sólo uno de los incontables ejemplos del infame método de maquinación que transformaron en todo un arte. Podemos afirmar que muchas de las expresiones utilizadas en esa carta, citadas entusiásticamente por Monty Johnstone, eran exaltadas y equivocadas. Pero ahí reside la diferencia entre las palabras pronunciadas en un momento de furia repentina o en el calor de una polémica, y la sangre fría intencionada o las maliciosas calumnias de los estalinistas. Monty Johnstone levanta las manos en señal de devota indignación ante las maquinaciones de las purgas de Stalin, pero no vacila en servirse de las primeras falsificaciones inventadas por Zinóviev, Kámenev, Stalin y su camarilla después de la muerte de Lenin. Al repetir esas maliciosas mentiras y falsificaciones, Johnstone, lejos de romper con los métodos de Stalin, los resucita con un disfraz nuevo y más "respetable". El "proceso" de Monty Johnstone contra Trotsky no es nuevo ni original. Regresa a la teoría completamente desacreditada del "trotsko-fascismo" de los años 30, a los argumentos pseudopolíticos "sutiles" del período del surgimiento de la burocracia en la URSS (1924-29). En ese momento los acontecimientos de Octubre de 1917 todavía estaban demasiado frescos en la mente de la gente como para acusar a Trotsky de ser un agente del imperialismo alemán y a Bujarin de haber intentado asesinar a Lenin en 1918. En su lugar, se estimuló a los plumíferos soviéticos para que desenterrasen precisamente los mismos argumentos sobre la "virulenta oposición" de Trotsky al Partido Bolchevique de los que ahora alardea Monty Johnstone como su única contribución a la ciencia histórica. Puesto que Monty Johnstone no añade nada nuevo a las hipócritas falsificaciones de hace cuarenta años, dejemos que Trotsky se defienda a sí mismo, exactamente como en 1924 en su carta al Buró de la Historia del Partido:

"Como he dicho muchas veces, en mis desacuerdos con el bolchevismo en toda una serie de temas fundamentales, fui yo el que estaba equivocado. Para resumir en pocas palabras la naturaleza y alcance de mis primeros desencuentros con el bolchevismo debo decir: durante todo el tiempo en que permanecí fuera del Partido Bolchevique, en ese período en que mis diferencias con el bolchevismo alcanzaron su punto álgido, la distancia que me separaba de las opiniones de Lenin nunca fue tan grande como la distancia que separa la actual posición de Stalin-Bujarin de los fundamentos del marxismo y el leninismo".

III. LA TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN PERMANENTE
La teoría de la revolución permanente