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El bolchevismo se conforma y desarrolla con la
Revolución de 1905, que Lenin describió como "el ensayo general de
Octubre". A pesar de todo, Monty Johnstone no tiene nada que decir
sobre el período que va desde el Congreso de Londres de 1903 hasta los
años 1910-12. Naturalmente su silencio no es casual. Omitiendo la
experiencia de 1905 y los posteriores intentos de reunificar a la
socialdemocracia rusa, intenta crear la falsa impresión de que durante todo
ese tiempo bolchevismo y menchevismo se encontraban en polos opuestos e
inmutables, y naturalmente con Trotsky siempre "fuera del
partido".
Trotsky en 1905
¿Qué papel jugó Trotsky en la revolución de 1905?
¿Qué relación mantuvo con Lenin y los bolcheviques? Lunacharsky, que en
ese momento era una de las personas de confianza de Lenin, escribe en sus
memorias:
"Debo decir que de todos los dirigentes
socialdemócratas de 1905-06, sin duda Trotsky demostró, a pesar de su
juventud, que era el mejor preparado. De todos, era el menos marcado por la
emigración. Trotsky comprendió mejor que nadie lo que significaba dirigir
la lucha política contra el Estado. Trotsky emergió de la revolución y
consiguió un enorme grado de popularidad, que ni Lenin ni Mártov la
disfrutaban. Plejánov perdió bastante por las tendencias liberales que en
él se dejaban ver" (Revolutionary Silhouettes, p. 61).
Trotsky fue presidente del Sóviet de Diputados Obreros
de San Petersburgo, el más importante de todos esos órganos que Lenin
calificó como "embriones de poder revolucionario". La mayoría de
los manifiestos y resoluciones del Sóviet fueron obra de Trotsky, quien
también dirigía su periódico, Izvestia. En San Petersburgo, los
bolcheviques, al no apreciar correctamente la importancia del Sóviet,
tenían poca representación en él. Lenin, desde su exilio sueco, escribió
al periódico bolchevique Novaya Zhizn animando a sus partidarios a
que tuvieran una actitud más positiva hacia el Sóviet, pero la carta
tardaría treinta y cuatro años en ver la luz del día.
Esta situación se repetiría en cada momento importante
de la historia de la Revolución Rusa: cada vez que se enfrentaron a la
necesidad de tomar una decisión clave en ausencia de Lenin, los dirigentes
del partido se caracterizaron por su confusión y vacilaciones.
De la posición política de Trotsky y su relación con
las ideas de Lenin nos ocuparemos ampliamente en la sección dedicada a la
teoría de la revolución permanente. El punto central era la actitud del
movimiento revolucionario hacia la burguesía y los llamados partidos
"liberales". Este fue el motivo de la ruptura de Trotsky con los
mencheviques en 1904. Al igual que Lenin, Trotsky sentía desprecio por la
colaboración de clases de Dan, Plejánov y demás, e insistía en que el
proletariado y el campesinado eran las únicas fuerzas capaces de llevar la
revolución hasta el final.
En 1905, Trotsky utilizaba el periódico Nachalo,
que tenía una circulación masiva, para exponer su opinión sobre
la revolución, muy próxima a la postura bolchevique y totalmente contraria
a la menchevique. Era natural que, a pesar de la agria disputa del II
Congreso, el trabajo de los bolcheviques y de Trotsky coincidiera en la
revolución. Así, Nachalo y Novaya Zhizn, en lugar de
dedicarse a polemizar entre ellos, trabajaron conjuntamente y se apoyaron
mutuamente frente a los ataques de la reacción. Cuando apareció el primer
número de Nachalo, el periódico bolchevique le dedicó el siguiente
saludo:
"Ha salido el primer ejemplar de Nachalo.
Damos la bienvenida a un compañero de lucha. El primer ejemplar es
extraordinario por la brillante descripción de la huelga de octubre,
escrita por el camarada Trotsky".
Lunacharsky recuerda que cuando alguien le comentó a
Lenin el éxito de Trotsky en el Sóviet su rostro se ensombreció durante
un instante, antes de decir: "Bien, el compañero Trotsky lo ha
conseguido gracias a su incansable e impresionante trabajo".
El avance de la revolución dio un impulso tremendo al
movimiento por la reunificación de las fuerzas del marxismo ruso. Los
trabajadores bolcheviques y mencheviques luchaban hombro con hombro bajo las
mismas consignas y los comités del partido rivales se unían
espontáneamente. Finalmente, a sugerencia del Comité Central bolchevique,
en el que de nuevo participaba Lenin, se dieron pasos a favor de la
reunificación. Trotsky la defendía continuamente desde las páginas de Nachalo
e intentaba mantenerse al margen de la lucha fraccional, pero poco antes del
IV Congreso (llamado de la unificación), fue arrestado y encarcelado por su
participación en el Sóviet.
El congreso se celebró en mayo de 1906 en Estocolmo,
cuando la oleada revolucionaria ya estaba en reflujo y con ella el espíritu
de lucha y los discursos "izquierdistas" de los mencheviques.
Plejánov lamentó la acción "prematura" de las masas con su
célebre frase: "No deberían haber empuñado las armas". Era
inevitable el conflicto entre los revolucionarios consecuentes y aquellos
que comenzaban a abandonar a las masas para adaptarse a la reacción.
El congreso de Estocolmo
Los principales temas de debate entre bolcheviques y
mencheviques en el congreso de Estocolmo fueron la cuestión agraria, la
actitud hacia los partidos burgueses, la actitud hacia el parlamentarismo y
la insurrección armada. Plejánov dejó públicamente en evidencia el
oportunismo asustadizo de los mencheviques cuando denunció el plan de Lenin
de movilizar a los campesinos en favor de la nacionalización de la tierra
por ser peligroso "en vista de la posibilidad de restauración" y
resumió en las siguientes palabras la actitud de los mencheviques ante la
toma del poder por los trabajadores y campesinos:
"La toma del poder es nuestro deber en la
revolución proletaria. Pero dado que la revolución ahora próxima sólo
puede ser pequeño-burguesa, tenemos el deber de negarnos a tomar el
poder".
Este era el argumento de los mencheviques en 1907. La
revolución era burguesa, las tareas que se presentaban eran democrático-burguesas
y las condiciones para el socialismo no existían en Rusia. Por lo tanto,
cualquier intento de los trabajadores de tomar el poder era aventurerismo;
la tarea de los trabajadores era buscar una alianza con los partidos
burgueses y pequeño-burgueses para ayudarles a llevar adelante la
revolución democrático-burguesa.
¿Cuál fue la respuesta de Lenin a Plejánov? No negó
el carácter democrático-burgués de la revolución. Todos los marxistas
rusos —mencheviques, bolcheviques y Trotsky— estaban de acuerdo en esas
cuestiones. Era obvio que las condiciones para la transformación socialista
estaban ausentes en Rusia, pero sí habían madurado ya en Occidente. En su
respuesta a los oscuros augurios de Plejánov ante el peligro de la
restauración, Lenin explicaba:
"Si queremos tener auténtica garantía económica y
efectiva contra la restauración, es decir, una garantía que nos
permitiría crear las condiciones económicas que excluirían la
restauración, entonces debemos decir que la única garantía contra la
restauración es una revolución socialista en Occidente. No existe otra
garantía en el pleno sentido de la palabra. Sin esta condición, cualquier
otra forma de resolver el problema (municipalización, división de la
tierra, etc.) hará que la restauración no sólo sea posible, sino que
sea inevitable" (Works, vol. 10, p. 280. El subrayado es
nuestro).
Lenin —que tenía razón desde el principio—
concebía la revolución rusa como el preludio de la revolución socialista
en Occidente. Vinculaba indisolublemente el destino de la revolución rusa a
la revolución socialista internacional, que de no darse condenaría a la
revolución rusa a sucumbir frente a la reacción interna:
"Formularía la idea de la siguiente forma: la
revolución rusa puede triunfar por sí misma, pero sólo con sus propias
fuerzas le es imposible conseguir y consolidar sus conquistas. No puede
conseguirlo a menos que triunfe una revolución socialista en Occidente. Sin
esta condición, la restauración es inevitable, con la municipalización,
la nacionalización o la división de la tierra; bajo todas y cada una de
las formas de posesión y propiedad, el pequeño propietario siempre será
un baluarte de la restauración. Después de la victoria de la
revolución democrática, el pequeño propietario inevitablemente se
volverá contra el proletariado, y cuanto antes los enemigos comunes del
proletariado y de los pequeños propietarios, como los capitalistas, los
terratenientes, la burguesía financiera y así sucesivamente sean
derrocados, antes ocurrirá esto. Nuestra república democrática no
tiene otra ayuda que el proletariado socialista de Occidente" (Ibíd.
El subrayado es nuestro).
Citamos íntegramente las palabras de Lenin para que no
exista la más mínima sospecha de manipulación y para que Monty Johnstone
no nos acuse de recurrir sólo a citas de Trotsky. El lector del artículo
de Monty Johnstone llegará a la conclusión inevitable de que lo que Lenin
defiende es puro "trotskismo". Además de negar la posibilidad de
construir el socialismo sólo en Rusia, incluso llega a negar la
posibilidad de consolidar las conquistas de la revolución
democrático-burguesa sin una revolución socialista en
Occidente. Asimismo, relativiza y reduce el papel del campesinado, al
explicar que los pequeños propietarios constituyen un baluarte de la
restauración, que inevitablemente se volverán contra los trabajadores una
vez se complete la revolución democrática.
Pero Lenin no tomó prestadas estas ideas de los escritos
de Trotsky sobre la revolución permanente (que por cierto nunca leyó) y
Trotsky se encontraba en prisión durante el congreso. Las ideas
expresadas por Lenin eran el abecé del marxismo, los principios
fundamentales del internacionalismo proletario y de la lucha de clases, que
él defendería con todas sus fuerzas contra la distorsión oportunista del "erudito"
marxista Plejánov. En 1906, los mencheviques decían con desprecio: "Esto
no es marxismo, sino leninismo". Esto no es leninismo, sino
trotskismo, escribe Johnstone en 1968. Llámelo como quiera,
caballero, pero para un marxista la esencia de una cosa no cambia sólo
porque se le cambie de nombre.
Lenin respondió a los argumentos del reformismo, que
decía que no había nada que temer de los aliados burgueses
"progresistas": "Esto demuestra gráficamente el error
fundamental de los mencheviques. No ven a la burguesía como una fuerza
contrarrevolucionaria, y por eso luchan deliberadamente por un pacto" (Ibíd.,
p. 289. El subrayado es nuestro).
En el siguiente período, ésa fue la principal idea en
la lucha de Lenin contra los mencheviques: la necesidad de mantener el
movimiento revolucionario de los trabajadores apartado de la trampa que
representa la alianza con la burguesía y sus partidos, la insistencia en
que la clase obrera es la única clase revolucionaria consecuente en
la sociedad, la única capaz de ajustarle las cuentas al zarismo, y a la
burguesía si hiciera falta:
"La única garantía condicional y relativa contra
la restauración es que la revolución se lleve a cabo de la forma más
radical posible, dirigida directamente por la clase revolucionaria, con la
menor participación posible de intermediarios, compromisarios y todo tipo
de conciliadores: así esta revolución llegará realmente a su
término" (Ibíd., p. 281).
Lenin continuó criticando a los mencheviques por su
cretinismo parlamentario, es decir, aceptar optimista y acríticamente las
posibilidades que para los marxistas ofrece la utilización de las
instituciones del Estado burgués. Llamó la atención a Plejánov por su
cobardía al rechazar la lucha armada. Estas eran las cuestiones que
separaban a los bolcheviques del ala menchevique del POSDR. No eran
cuestiones organizativas, ni el "centralismo"; se trataba de reforma
o revolución, de la colaboración de clases o la confianza en las masas
revolucionarias. Monty Johnstone guarda un más que sospechoso silencio
sobre todo esto. El lector se preguntará por qué. Sería caritativo
atribuirlo a la natural impaciencia del compañero Johnstone, que prefiere
ocuparse del período 1910-16, para él "más interesante". En
cualquier caso, "trece o catorce años" es mucho tiempo. ¿Quién
va a echar de menos cinco años, en especial cuando ese período es tan rico
en material "irrelevante" para el proceso que Monty Johnstone
sigue contra Trotsky?
El período de reacción
La reacción de Stolypin, iniciada en 1907, fue un
período de inmensas dificultades para el movimiento revolucionario ruso y
provocó nuevas discrepancias en las filas del POSDR. Su actividad legal
quedó paralizada por una ley electoral calificada por Lenin como la
más reaccionaria de Europa. Los métodos clandestinos de trabajo adquirían
cada vez más importancia a la hora de contrarrestar las restricciones
impuestas por el régimen. Un sector de los mencheviques (calificados por
Lenin como "liquidadores") era partidario de afrontar la
situación acomodándose a las exigencias de la reacción, evitando así el
trabajo clandestino en favor de un confortable nicho parlamentario. Este
debate llevaría a una nueva escisión en el partido.
En el Congreso de Londres de 1907, Trotsky fue el primero
que tuvo la oportunidad de exponer sus opiniones sobre la revolución. Lenin
comentó en dos ocasiones que estaba de acuerdo con el discurso de Trotsky
sobre la actitud hacia los partidos burgueses —para el que sólo le
concedieron quince minutos— y en concreto con su propuesta de formar un
bloque de izquierdas contra la burguesía liberal:
"Estos hechos me bastan para reconocer que Trotsky
está muy próximo a nuestras ideas. Aparte del tema de la ‘revolución
ininterrumpida’, coincidimos en los puntos fundamentales de la actitud
hacia los partidos burgueses" (Works, vol. 12, p. 470. El
subrayado es nuestro).
En cuanto a la teoría de la revolución permanente de
Trotsky, Lenin aún no estaba dispuesto a posicionarse. Pero en la cuestión
fundamental —las tareas del movimiento revolucionario—, sí estaban
totalmente de acuerdo. Aunque tenían diferencias, para Lenin eran
secundarias, como se demostró cuando Trotsky presentó en el congreso una
enmienda a la resolución sobre la actitud hacia los partidos burgueses.
Lenin se opuso a la enmienda no porque fuera incorrecta, sino porque para
él no aportaba nada fundamental a la resolución original: "Estamos de
acuerdo que la enmienda de Trotsky no es menchevique y que expresa ‘lo
mismo’, es decir, una idea bolchevique"* (Ibíd., p. 479).
Pero a pesar de los puntos de vista comunes sobre las
tareas de la revolución, Trotsky intentaba todavía mantenerse al margen de
ambas fracciones, en un vano intento de evitar una nueva división.
"Si pensáis", dijo ante el Congreso, "que
es inevitable un cisma, al menos esperad a que sean los acontecimientos, y
no sólo las resoluciones, los que nos separen. No os adelantéis a los
acontecimientos".
Trotsky, con la experiencia de 1905, creía que una nueva
oleada revolucionaria empujaría hacia la izquierda a los mejores elementos
mencheviques, y en particular a Mártov. Su principal preocupación era
cómo mantener unidas las fuerzas del marxismo en un período difícil y
evitar una escisión que tendría un efecto desmoralizador en el movimiento.
Esta era la esencia del conciliacionismo de Trotsky, que en ese
período le impedía unirse a los bolcheviques. Posteriormente, Lenin
comentó: "En ese período varios socialdemócratas mantenían una
postura conciliadora por motivos muy distintos. Pero la postura más
consecuente era la que mantenía Trotsky, el único que intentaba dar una
base teórica a esa política".
Esta fue la esencia de las diferencias entre Lenin y
Trotsky antes de 1917; no la "subestimación" del campesinado ni
el "socialismo en un solo país", sino el conciliacionismo.
El error de Trotsky fue dar demasiada importancia a las
corrientes centristas (semirrevolucionarias) existentes en el seno del
menchevismo. Creía posible conseguir la unidad del movimiento marxista si
se unían mencheviques y bolcheviques y se purgaba el partido de elementos
extremistas tanto de "izquierda" como de "derecha", por
ejemplo expulsando a los liquidadores mencheviques, a los bolcheviques
ultraizquierdistas y a los "boicoteadores" (otzovistas). A
diferencia de Lenin, no comprendía que la unidad sólo se podría conseguir
rompiendo con todas las tendencias oportunistas, que la salvaguardia de las
fuerzas del marxismo en un período de reflujo revolucionario no significaba
una abstracta unidad formal, sino la sistemática formación de los cuadros
en los métodos y las perspectivas del movimiento marxista. La relajada
organización menchevique y su desamparo político en el período de
reacción fueron el reflejo de su completa bancarrota política. Por otro
lado, la lucha de Lenin para conseguir un partido "estable,
centralizado y disciplinado" derivaba de la necesidad de educar y
formar a la vanguardia para mantenerla inmune a la desmoralización y el
cinismo de los oportunistas.
Trotsky posteriormente comprendió su error y admitió
sin reservas que Lenin siempre había tenido razón al respecto. A pesar de
todo, los estalinistas continúan tiñendo de sensacionalismo la lucha
fraccional entre Lenin y Trotsky, recurriendo a las réplicas políticas
hechas al calor de la polémica para meter una cuña entre las ideas de
Lenin y Trotsky en general.
Trotsky estaba equivocado, pero era un error sincero, el
de un revolucionario que en el fondo vive para la revolución. No por
casualidad Lenin hizo referencia al conciliacionismo como algo surgido
"por motivos muy distintos". El propio Lenin, en algunas
ocasiones, se "equivocó" a la hora de estimar los posibles
aliados entre los mencheviques. En 1909 le propuso a Plejánov y a los
mencheviques "pro partido" la formación de un bloque. Según
Lunacharsky, en 1917 Lenin "soñaba con una alianza con Mártov porque
comprendía lo valiosa que podría ser". Lo cierto es que Lenin se
equivocó, pero qué incomparablemente superiores son los errores de un
revolucionario a los presumidos garabatos de los fariseos, que medio siglo
después, en la comodidad de sus despachos, reviven de nuevo todas las
antiguas batallas y siempre lo hacen desde el lado ganador.
Los bolcheviques y Lenin
"Los años que van de 1907 a 1914 marcaron en su
vida [de Trotsky] un capítulo extraordinariamente carente de éxito
político (...). Trotsky no pretendía las conquistas revolucionarias para
su honor. En aquellos años, Lenin, ayudado por sus seguidores, forjaba su
partido, y hombres como Zinóviev, Kámenev, Bujarin y después Stalin
adquirían una talla que les permitiría jugar papeles dirigentes dentro del
partido en 1917" (Isaac Deutscher, The Prophet Armed, p. 176).
Este pasaje, citado por Johnstone, sólo sirve para
demostrar la mentalidad filistea de su autor. Aunque en el último capítulo
nos ocuparemos del papel "dirigente" de Kámenev, Zinóviev y
Stalin en 1917, cabe reseñar que Kámenev y Zinóviev votaron contra la
insurrección de Octubre y que Lenin los acusó de ser unos
"rompehuelgas" merecedores de la expulsión. Pero vayamos primero
al período en cuestión.
La opinión de Deutscher sobre la "carencia de
éxito político" es cierta, pero no se refiere sólo a Trotsky, sino a
todo el movimiento revolucionario durante el período de reacción. ¿Cómo
actuaron los bolcheviques en esa época? El comienzo de la reacción
originó una seria división en la dirección y Lenin se encontró en
minoría de uno. El ambiente predominante entre los bolcheviques era de
ultraizquierdismo —un rechazo a admitir que la revolución estaba en
retroceso y una reacción frente al liquidacionismo menchevique—, que se
manifestaba, por ejemplo, en la total negativa a presentarse a las
elecciones y a participar en el Parlamento. Los colaboradores más íntimos
de Lenin (Krasin, Bogdanov y Lunacharsky) disintieron de él por la
"izquierda". Bogdanov incluso se adhirió al misticismo
filosófico, que reflejaba el ambiente de desesperación fomentado por la
reacción.
El conciliacionismo —que contó con apoyos en todos los
grupos, incluidos los bolcheviques— fue una reacción a las interminables
luchas fraccionales que imperaron en el POSDR durante esa época, y Trotsky
se convirtió en su principal portavoz. En 1910, Trotsky consiguió reunir a
los dirigentes de todas las fracciones para intentar expulsar tanto a los
liquidadores como a los "boicoteadores" y mantener el POSDR unido:
"El único resultado satisfactorio que [Trotsky]
consiguió fue el pleno en el que se expulsó del partido a los
"liquidadores" y casi se expulsa a los "boicoteadores",
e incluso durante algún tiempo consiguió suturar la brecha —aunque con
hilo extremadamente fino— entre leninistas y martovistas" (Lunacharsky,
Revolutionary Silhouettes, p. 61).
Trotsky no estaba solo en su postura sobre la unidad.
Rosa Luxemburgo escribió en el verano de 1911:
"La única forma de salvar la unidad es con la
celebración de una conferencia general con gente venida desde Rusia,
todos en Rusia quieren la paz y la unidad, y ellos representan la única
fuerza que puede poner fin en todos los sentidos a la lucha del
exterior". (El subrayado es nuestro).
No era casual la referencia al ambiente de los miembros
del partido en Rusia. Durante todo el período —los famosos trece o
catorce años— la opinión predominante entre los activistas del POSDR del
interior de Rusia era que la división entre bolcheviques y mencheviques era
un producto inconveniente de la envenenada atmósfera de las rencillas entre
emigrados. Johnstone y Deutscher presentan al partido bolchevique
sólidamente unido en torno a las ideas de Lenin y marchando firmemente
hacia la Revolución de Octubre, pero esta imagen es una burla a la
historia.
El propio Lenin, desde el principio, se quejó en sus
cartas de la estrechez de miras de los llamados "hombres de
comité", los representantes bolcheviques en Rusia. Sus quejas se
convertirían en continuas y enérgicas protestas entre 1910 y 1914,
dirigidas contra la conducta de sus propios "colaboradores".
Máximo Gorki, que en ese período estaba en la periferia del bolchevismo,
se lamentaba en su correspondencia con Lenin de las "peleas entre los
generales" que "repelían a los trabajadores". La actitud de
los "hombres de comité" ante las polémicas entre los emigrados
se refleja con claridad en una carta enviada por un simpatizante bolchevique
del Cáucaso a los camaradas de Moscú:
"La ‘tormenta en una taza de té’ del
extranjero, desde luego lo hemos oído: por un lado, el bloque de Lenin-Plejánov
y, por el otro el de Trotsky-Mártov-Bogdanov. Por lo que yo sé, la actitud
de los trabajadores hacia el primer bloque es favorable. Pero en general los
trabajadores comienzan a mirar desdeñosamente a la emigración: dejadles
que se suban por las paredes tanto como quieran, pero en cuanto a nosotros,
cualquiera que aprecie los intereses del movimiento, ¡a trabajar, el resto
se cuidará de sí mismo! Creo que es lo mejor".
Estas líneas fueron interceptadas por la policía
zarista, que identificó al autor como "El Soso Caucásico",
alias Djugashvili, alias Stalin.
Este desdén hacia la teoría, las "luchas de
emigrados", la "tormenta en una taza de té" era general
entre los activistas bolcheviques y provocó las acaloradas protestas de
Lenin, como en la carta a Ordzhonikidze, Spandaryan y Stasova del 12 de
abril:
"No hay que exaltarse por la campaña de los
liquidadores del extranjero. Es un gran error que la gente rechace
sencillamente lo que viene del extranjero y ‘lo envíe al infierno" (Works,
vol. 35, p. 33).
El conciliacionismo de mal gusto de Stalin, Ordzhonikidze
y otros bolcheviques "prácticos" destacaba con toda su rudeza,
motivado como estaba no por el oportunismo ni el deseo de unidad
revolucionaria, sino simplemente por la ignorancia y la indiferencia ante
las cuestiones de mayor importancia.
El auge del movimiento obrero ruso en 1912 dio nuevos
bríos a los marxistas y a las tendencias conciliadoras del POSDR. El
recién fundado periódico bolchevique Pravda reflejó ese ambiente.
Justo cuando Lenin libraba una dura batalla para separar, de una vez por
todas, a los revolucionarios de los oportunistas, la palabra "liquidacionismo"
desapareció de las páginas de Pravda. Los artículos de Lenin se
publicaban censurados, omitían las polémicas con los liquidadores y, en
ocasiones, sencillamente desaparecían. La correspondencia de Lenin con Pravda
es una ilustración gráfica de la situación en Rusia: una vez más, los
"hombres de comité" del partido bolchevique se encontraban
perdidos sin Lenin. En una carta fechada en octubre de 1912, indignado
porque Pravda era incapaz de desenmascarar a los liquidadores, Lenin
escribió:
"A menos que Pravda explique todo esto a su
debido tiempo, será responsable de la confusión y la ruptura [del
movimiento obrero] (...). Es este difícil momento, Nevskaya Zvezda
[un periódico bolchevique] se cierra definitivamente sin una simple carta
de explicación (...) los colaboradores políticos se quedan a oscuras
(...). Me siento obligado a protestar enérgicamente contra esto y declino
cualquier responsabilidad por esta anómala situación que puede generar
largos conflictos" (Works, vol. 36, p. 196).
Durante las elecciones de 1912, Lenin escribió al
Comité de Redacción de Pravda (al que pertenecía Stalin):
"Pravda se queja ahora, en tiempo electoral,
como una solterona somnolienta. Pravda no sabe cómo luchar. No
ataca. No acosa ni a los kadetes ni a los liquidadores" (Ibíd.,
p. 198).
Pero la enfermedad del conciliacionismo no se limitaba a Pravda.
En las elecciones de 1912, seis diputados bolcheviques salieron elegidos
para la curia obrera. Lenin, desde Polonia, les advirtió que no cayeran
bajo la influencia de los diputados mencheviques:
"Si nuestros seis son de la curia obrera, no
deberían someterse en silencio a los siberianos [intelectuales,
mencheviques]. Los seis deben aparecer con una protesta muy bien definida,
pero si les dominan...".
Sin embargo, los diputados bolcheviques formaron una
"fracción unida" con los "siberianos", realizando una
declaración conjunta —publicada en Pravda— en la que pedían la
unidad de todos los socialdemócratas y la fusión de Pravda con Luch,
un periódico de los liquidadores. Junto a Gorki, cuatro de los
diputados bolcheviques se ofrecieron como colaboradores de Luch.
Lenin estaba furioso, pero hacían caso omiso a sus protestas. Escribió
enojado:
"Recibimos una estúpida e insolente carta del
Comité de Redacción [de Pravda]. No responderemos. Hay que
echarlos (...). Estamos sumamente preocupados por la
ausencia de noticias sobre el plan de reorganización del Comité de
Redacción (...). La reorganización, mejor aún, la total expulsión de
todos los veteranos es extremadamente necesaria" (el subrayado es
nuestro).
Y también:
"Debemos colocar a nuestra propia redacción en Pravda
y dar una patada a la actual. Las cosas ahora funcionan muy mal. La falta de
una campaña a favor de la unidad desde abajo es estúpida y despreciable
(...) ¿Llamaríais editores a esos? No son hombres, sino lamentables
lavatrapos, y están arruinando la causa".
Este era el lenguaje utilizado por Lenin cuando atacaba
no a Trotsky, ni a los conciliadores, ni a los seguidores mencheviques,
¡sino al comité de redacción de su propio periódico! En este momento,
Lenin emprendió la tarea de crear un "partido marxista estable,
centralizado y disciplinado". Para construirlo se vio obligado en más
de una ocasión a luchar contra el mismo aparato que él había contribuido
a levantar.
Los "viejos bolcheviques" en 1917
Durante todo un período histórico —más de
"trece o catorce años"—, Lenin intentó formar una dirección,
inculcarles a los cuadros bolcheviques las ideas básicas, el método y el
programa del marxismo. Pero sobre todo hizo hincapié en la necesidad de
mantener al movimiento obrero libre de la contaminación ideológica de la
democracia burguesa y pequeño-burguesa, insistiendo una y otra vez en la
absoluta necesidad de mantenerlo completamente independiente
organizativamente de los partidos burgueses y de los oportunistas que
intentan subordinarlo a la burguesía. Lenin estaba una vez más en lo
correcto, como se demostró en 1917 cuando los mencheviques se pasaron al
campo de la democracia burguesa.
¿Cuál fue la posición de los "viejos
bolcheviques", de Kámenev, Zinóviev, Stalin y los otros "fieles
seguidores" de Lenin en 1917? Todos eran partidarios de apoyar al
gobierno de Kerensky, de la unidad con los mencheviques, es decir, de
sustituir el marxismo por la democracia burguesa. De todos los
"viejos bolcheviques" a quien Lenin había luchado por formar en
el período anterior, ninguno se mantuvo firme en la prueba decisiva de
los acontecimientos.
¿Cómo fue posible que los dirigentes del Partido
Bolchevique —el partido de Lenin—, forjados en la lucha, con una línea
correcta desde 1903, en el momento decisivo girasen directamente hacia el
oportunismo? El perplejo lector no encontrará la respuesta en el artículo
de Monty Johnstone. Nuestro "imparcial" y "científico"
historiador no sabe nada de estos acontecimientos. Según él, la
transición de Febrero a Octubre se realizó, como es natural, con mucha
facilidad, los bolcheviques simplemente pasaron de la revolución
democrática a la socialista:
"Ahora que el monarca fue derrocado y ‘se
completó la revolución democrático-burguesa, dado que Rusia es ahora una
república democrática’, Lenin movilizó al partido bolchevique para
la segunda etapa de la revolución, en la que el poder tenía que pasar
a manos del proletariado y del campesinado pobre y sacar a Rusia de la
guerra imperialista" (Cogito, p. 11).
¿Cuál era la posición de los dirigentes bolcheviques
en Rusia antes de la llegada de Lenin en abril del 17? Defendían una
posición completamente contraria a todo lo enseñado por Lenin durante la
guerra. Pravda, en ese momento dirigida por Kámenev y Stalin,
propugnaba la defensa de la república democrático-burguesa:
"Cuando un ejército se enfrenta a otro",
escribía Kámenev, "sería la política más necia sugerir a uno de
ellos que rindiera sus armas y se volviera a casa. No sería una política
de paz, sino una política de esclavitud, que sería rechazada con
repugnancia por un pueblo libre" (Ninguna diplomacia secreta, en
Pravda nº 9, 15 de marzo de 1917).
En vísperas de la revolución, ¡y el órgano central
del Partido Bolchevique calificaba la política de Lenin del derrotismo
revolucionario como "la más necia" y "una política de
esclavitud"! En otra parte, los editoriales de Pravda exponían:
"La consigna ‘abajo la guerra’ carece de sentido. Nuestra consigna
es presionar al Gobierno Provisional con el objetivo de obligarle a
persuadir a todos los países en guerra a iniciar negociaciones de inmediato
(...). Y hasta que llegue ese momento, todo hombre debe seguir en su puesto
de combate".
La política de Stalin y Kámenev era seguir la línea de
menor resistencia, apoyar al Gobierno Provisional llegado al poder después
de la Revolución de Febrero "en la medida que luche contra la
reacción o la contrarrevolución", mientras prestaban un flaco
servicio al "objetivo último del socialismo". Relegar a un futuro
remoto la revolución socialista mientras se sitúa como "tarea
inmediata" la capitulación ante el liberalismo y el reformismo
burgués no es ninguna novedad para los actuales dirigentes de los partidos
comunistas, para los que esta política representa la quintaesencia del
"leninismo", contenida en el "camino británico al
socialismo" y el frentepopulismo. Fue esencialmente la misma política
de los mencheviques, con quienes los "viejos bolcheviques"
inevitablemente se aliaron.
¿Qué hizo Lenin a su regreso para "movilizar el
partido bolchevique para la segunda etapa de la revolución" cuando todos
los dirigentes apoyaban al Gobierno Provisional? Johnstone guarda silencio
sobre el episodio; es evidente que está poco dispuesto a entrar en los
entresijos de esa maravillosa "movilización". Pero por nuestra
parte sería poco riguroso no ofrecer todos los detalles. Desde el
extranjero, Lenin observaba alarmado la deriva del Partido Bolchevique. En
repetidas ocasiones escribió a Petrogrado exigiendo una ruptura con la
burguesía y con la política defensista. El 6 de marzo telegrafió desde
Estocolmo:
"Nuestra táctica: absoluta desconfianza; ningún
apoyo al nuevo gobierno; sospechar especialmente de Kerensky; armar al
proletariado es la única garantía; elecciones inmediatas a la Duma
de Petrogrado; ningún acercamiento a los demás partidos" (el
subrayado es nuestro).
El 17 de marzo, escribió:
"Nuestro partido caería para siempre en la
ignominia, se asesinaría políticamente, si toma parte en tal engaño
(...). Preferiría una escisión inmediata en nuestro partido con no
importa quién, en lugar de rendirse al socialpatriotismo".
Estas palabras representaban un claro aviso a Kámenev y
Stalin, quienes persistían en su postura a pesar de la hostilidad de los
militantes obreros de base, muchos de los cuales abandonaron el partido
indignados por la capitulación de los dirigentes. Nada más regresar del
exilio, Lenin comenzó una intensa lucha fraccional contra los "viejos
bolcheviques". En una reunión de delegados bolcheviques de los
sóviets en abril de 1917, Lenin habló con amargura del ambiente de
capitulación que impregnaba a la dirección:
"El punto central es la actitud ante la guerra.
Cuando lees sobre Rusia, lo que destaca es el triunfo del defensismo, la
victoria de los traidores del socialismo, el engaño de las masas por la
burguesía (...). Nuestra actitud hacia la guerra no se puede permitir la
más mínima concesión al defensismo, incluso con el nuevo gobierno, que
continúa siendo imperialista (...). Hasta nuestros bolcheviques demuestran
cierta confianza en el gobierno. Esto sólo se explica por la intoxicación
de la revolución. Es la muerte del socialismo. Compañeros, vosotros
tenéis una actitud confiada hacia el gobierno. Si eso es así, nuestros
caminos se separan. Prefiero permanecer en minoría (...). Pravda
exige al gobierno renunciar a las anexiones. Exigir a un gobierno
capitalista que renuncie a las anexiones no tiene sentido, es una triste
burla de... [pausa]. Desde el punto de vista científico representa una
burla cruel, que todo el proletariado internacional, todo... [pausa] Es hora
de admitir nuestros errores. Hemos tenido suficientes saludos y
resoluciones; es hora de actuar" (Works, vol. 36, pp. 434-38).
Sobre el manifiesto menchevique del Sóviet "A
los pueblos de todo el mundo" —que Pravda había anunciado
como un "compromiso consciente entre las diferentes tendencias
representadas en el Sóviet" y que los delegados bolcheviques votaron
debido a la influencia de Kámenev y Stalin—, Lenin comentó: "El
manifiesto del Sóviet de Diputados de Obreros no contiene una sola palabra
imbuida de conciencia de clase. ¡Todo es hablar! Hablar y adular al pueblo
revolucionario es lo que siempre ha arruinado las revoluciones. El marxismo
enseña a no sucumbir ante la fraseología revolucionaria, en particular en
el momento en que tiene mayor difusión" (Ibíd., p. 439).
Compañero Johnstone, ¿a quién criticaba Lenin por
sucumbir a la "fraseología revolucionaria"? ¿A Trotsky, que en
ese momento estaba fuera del país? No, era a Stalin y Kámenev, a aquellos
"curtidos bolcheviques", aquellos devotos "leninistas"
que jugaron "un papel tan importante en el partido" en 1917 (?).
Tres días antes de esa reunión, Stalin se había pronunciado a favor de
aceptar la propuesta del menchevique Tsereteli para la reunificación de
bolcheviques y mencheviques. Su motivo era que, dado que ambos
partidos estaban de acuerdo en el contenido del manifiesto del Sóviet, no
existían diferencias fundamentales de principios entre ellos.
Refiriéndose indirectamente a esto, Lenin hizo la siguiente advertencia:
"He oído que existe una tendencia en Rusia
partidaria de la unificación, de la unidad con los defensistas. Esto
representa una traición al socialismo. Pienso que es mejor quedarse solo,
como Liebknecht: uno contra diez" (Ibíd., p. 443).
"Traición al socialismo", "engaño a las
masas", "sin sentido", "burla cruel", "grave
engaño",... Si hacemos caso a Johnstone, Lenin recurría a este
lenguaje ¡para movilizar al Partido Bolchevique para la revolución
socialista! Después de la diatriba de Lenin, Stalin se apartó del debate
público debido a su compromiso con la posición socialpatriota, y se
acercó tranquilamente a la postura de Lenin; Kámenev y Zinóviev
persistieron en su oposición a Octubre, votaron contra la insurrección y
emprendieron una campaña contra ella dentro y fuera del partido. Este fue
el "importante papel" que jugaron estos "viejos
bolcheviques" en vísperas de la Revolución. Lenin, enojado, exigió
su expulsión.
Monty Johnstone ataca a Trotsky por su conciliacionismo antes
de 1917, pero olvida mencionar que Stalin y demás defendían una postura
conciliadora tan clara que, incluso pocos meses antes de la
Revolución de Octubre, eran partidarios de la reunificación con los
mencheviques, justo cuando las diferencias entre bolchevismo y
menchevismo —revolución y contrarrevolución— eran más intensas e
irreconciliables. Cometieron un error tan grave que de no ser por la
intervención de Lenin y Trotsky habría resultado catastrófico. Sin la
dirección de ambos, la Revolución Rusa no habría triunfado. Lenin
planteó en 1917 la siguiente alternativa: la dictadura del proletariado o
la reacción de Kornílov. De no haber sido por la lucha de Lenin, por su
inmensa autoridad personal, no hay duda de que el movimiento habría caído
bajo el puño de la reacción.
Pero dicho esto, también es necesario añadir que, a
pesar de todos sus defectos, los "viejos bolcheviques" eran
auténticos revolucionarios. Y a pesar de todas sus debilidades y
vacilaciones, Kámenev y Zinóviev no fueron perseguidos, ni se les acusó
de ser agentes del imperialismo alemán, ni se les torturó para conseguir
confesiones falsas ni se les ejecutó. Conforme a las tradiciones del
bolchevismo, caracterizado por la tolerancia y el sentido de la proporción,
lejos de ser expulsados, Kámenev y Zinóviev fueron elegidos para el
Comité Central y el Politburó, puestos de elevada responsabilidad. Y
aunque incluso posteriormente no siempre actuaron con acierto y en ocasiones
cometieron errores desastrosos, ni los peores errores de los "viejos
bolcheviques" se pueden comparar a la traición de la revolución por
parte de la burocracia estalinista y sus apologistas de todo el mundo. Las
tradiciones del totalitarismo estalinista y las del bolchevismo-leninismo
quedaron separadas por un río de sangre.
Trotsky y los bolcheviques en 1917
Ya hemos visto cómo utiliza Monty Johnstone los
servicios de Isaac Deutscher, el "biógrafo sumamente comprensivo y
objetivo" de Trotsky. Johnstone recurre a él a menudo, y así se evita
la penosa necesidad de tener que citar los trabajos del propio Trotsky, y
además le provee en cierta medida de las trivialidades literarias sobre los
atributos morales y psicológicos de Trotsky que tan útiles le resultan, si
bien está falto de práctica a la hora de elaborar sus propias
"tesis":
"El hecho es (...) que aunque Trotsky se unió al
Partido Bolchevique en julio de 1917, por el impulso de la próxima
revolución de Octubre, en la que jugó un papel destacado, encontramos en
estos catorce años de la vida de Trotsky (...) la misma incapacidad para
dedicarse en un período no revolucionario a la importante tarea de
construir una organización sólida, adecuarse a sus filas y, por tanto,
estar preparado para someterse a la disciplina colectiva, que más tarde se
revelaría de nuevo después de que se apagase el vendaval de la
revolución" (Cogito, p. 7).
Johnstone nos pinta un cuadro de Trotsky como un buen
agitador del populacho, un brillante orador cuya inspiración provenía del
"vendaval de la revolución", pero en esencia un individualista
pequeño-burgués cuya moral decaía tan pronto como desaparecía la
situación revolucionaria. Toda su obra es una delicada pintura
impresionista que, como todas las obras impresionistas, parece muy buena...
a cierta distancia y con los ojos entreabiertos. En primer lugar, debemos
preguntar al compañero Johnstone: ¿Cómo fue posible que ese
"brillante orador" se uniera al Partido Bolchevique por el impulso
de algo que no había ocurrido? Es evidente que Monty Johnstone rabiaba por
cambiar la fecha de la unión de Trotsky a los bolcheviques hasta después
de Octubre (por arte de birlibirloque). Pero esa falsificación sería
demasiado incluso para nuestro jesuita, así que ¡Trotsky se decidió a
entrar de mala gana por el impulso de la próxima revolución de Octubre!
Pero existe un pequeño problema, y es que Trotsky, en
palabras de Johnstone, jugó un "papel destacado" en la
preparación de aquella "próxima" revolución. Trotsky en
realidad se unió formalmente al Partido Bolchevique no cuando éste se
encontraba en la cumbre de la oleada revolucionaria o en el momento de tomar
el poder —como pretende Johnstone—, sino todo lo contrario, en un
momento de reflujo, durante el período de reacción que siguió a las
Jornadas de Julio*, cuando Lenin estaba en la clandestinidad y otros muchos
bolcheviques, en prisión.
¿Por qué Trotsky se unió a los bolcheviques en 1917?
En primer lugar, porque no existían diferencias políticas. El
artículo que Trotsky escribió en Estados Unidos en marzo de 1917
coincidía con la línea política expuesta por Lenin en sus Cartas desde
lejos, escritas al mismo tiempo en Suiza. ¿Fue casualidad esa
coincidencia? A juzgar por la parcial presentación que hace Johnstone de
las antiguas polémicas entre Lenin y Trotsky, ésa es la única conclusión
posible. Pero entonces, ¿qué ocurre con el lamentable papel que jugaron
los "viejos bolcheviques" en esa época? Ellos fueron precisamente
los hombres que en el período anterior, según Johnstone, "se llevaban
bien con la base" y "se sometían a la disciplina colectiva".
¿También esto fue "casualidad"? Lenin, en su última Carta al
Congreso (1923), afirma lo contrario. No fue una casualidad, compañero
Johnstone, que el más firme colaborador de Lenin en 1917 en su lucha contra
las vacilaciones de los "viejos bolcheviques" no fuera otro que
Trotsky.
El objetivo de la teoría marxista y de la construcción
del partido revolucionario no es otro que llevar adelante la revolución
socialista internacional. Son precisamente esos "vendavales de la
revolución", que colocan al movimiento revolucionario bajo la intensa
presión de fuerzas de clase ajenas, los que someten todas las teorías,
personas y partidos a la prueba decisiva. Los "viejos
bolcheviques" no pasaron la prueba, se encontraron a la deriva en medio
del vendaval revolucionario, precisamente porque durante todo el
período anterior no consiguieron comprender y absorber los métodos y las
ideas de Lenin, los métodos e ideas revolucionarios del marxismo.
Los "viejos bolcheviques" estaban satisfechos
del período previo, "coincidían con las bases", seguían sin
convicción alguna los pasos de Lenin y repetían mecánicamente sus ideas,
que en sus manos se convertían en sortilegios carentes de significado. El
resultado fue que en el momento decisivo, cuando era necesario dar un giro
brusco, vacilaron, se opusieron a Lenin... y terminaron en el campo del
menchevismo. Trotsky, a pesar de que había seguido un rumbo diferente,
llegó a las mismas conclusiones que Lenin. A partir de ese momento las
antiguas polémicas fueron arrojadas al cubo de la historia... aunque
después de la muerte de Lenin los estalinistas las sacaron de nuevo a la
luz para intentar echar a Trotsky de la dirección.
Desde su llegada a Petrogrado en mayo de 1917, Trotsky
habló y actuó igual que los bolcheviques. Raskólnikov, militante
bolchevique, lo comentó: "Lev Davidovich [Trotsky] en ese momento no
era militante formal de nuestro partido, pero en la práctica trabajó
continuamente en él desde el primer día que llegó de Estados Unidos. En
cualquier caso, inmediatamente después de su primer discurso en el Sóviet,
todos le consideraban como uno de los dirigentes de nuestro partido" (Proletarskaya
Revolutsia, 1923, p. 71).
Sobre las polémicas pasadas, destacó lo siguiente:
"Los ecos de las polémicas previas a la guerra habían desaparecido
completamente. No existían diferencias entre la táctica de Lenin y
Trotsky. Esta fusión, que ya se podía observar durante la guerra, se
logró definitivamente desde el momento en que Trotsky regresó a Rusia. A
partir de su primer discurso público todos nosotros, los antiguos
leninistas, le consideramos uno de los nuestros" (Ibíd., p.
150).
Si Trotsky no entró inmediatamente al Partido
Bolchevique no fue por ningún tipo de desacuerdo político (ya había hecho
público su deseo de afiliarse después de la discusión con Lenin y sus
colegas), sino porque quería ganar para el partido al Comité
Interdistritos, que aglutinaba a cuatro mil trabajadores de Petrogrado y
muchas destacadas figuras de la izquierda, como Uritsky, Joffe, Lunacharsky,
Riazánov, Volodarsky y otros, que después jugaron un importante papel en
la dirección del Partido Bolchevique. Una nota en los trabajos de Lenin
publicados en Rusia después de la revolución hacía referencia a este
grupo: "Con relación a la cuestión de la guerra, el Comité
Interdistritos defendía una postura internacionalista y en su táctica
estaba cerca de los bolcheviques" (Works, vol. 14, p. 448).
El Congreso de los Sóviets de Toda Rusia, celebrado a
principios de junio, todavía estuvo dominado por los mencheviques y
socialrevolucionarios. E. H. Carr observa: "Trotsky y Lunacharsky se
encontraban entre los diez delegados de los ‘socialdemócratas unidos’
que apoyaron unánimemente a los bolcheviques durante las tres semanas que
duró el congreso" (La revolución bolchevique, vol. 1, p. 89).
Para acelerar la entrada del Comité Interdistritos al
Partido Bolchevique, a lo que se oponían algunos dirigentes, Trotsky
escribió en Pravda la siguiente declaración: "En mi opinión
en el momento actual [julio] no existen diferencias ni de principios ni
de tácticas entre las organizaciones Interdistrito y los bolcheviques.
Por consiguiente, no hay motivos que justifiquen la existencia separada de
ambas organizaciones" (el subrayado es nuestro).
Debido a esta dificultad y los peligrosos tiempos,
Trotsky escribió una carta al Gobierno Provisional, que citamos
íntegramente por su interés, con la intención de arrojar luz sobre las
relaciones entre él y los bolcheviques en 1917. La carta está fechada el
23 de julio de 1917:
"Ciudadanos ministros:
He tenido conocimiento de que se ha publicado una orden,
en relación con los acontecimientos de los pasados 16 y 17 de julio,
decretando el arresto de Lenin, Zinóviev y Kámenev, pero no el mío, por
lo que desearía solicitar su atención para los puntos siguientes:
1º Coincido con las principales tesis de Lenin,
Zinóviev y Kámenev, y las he defendido en el periódico Vpériod y
en mis discursos públicos.
2º Mi postura hacia los acontecimientos del 16 y 17 de
julio ha sido idéntica a la mantenida por ellos.
a) Tanto Kámenev y Zinóviev como yo conocimos por
primera vez los planes propuestos por el regimiento de ametralladoras y
otros más en la reunión conjunta de los burós de los Comités Ejecutivos
el 16 de julio. Actuamos inmediatamente para detener a los soldados.
Zinóviev y Kámenev poniéndose en contacto con los bolcheviques, y yo, con
la organización ‘interdistritos’, a la que pertenezco.
b) Cuando, a pesar de nuestros esfuerzos, la
manifestación se realizó, mis camaradas bolcheviques y yo pronunciamos
numerosos discursos a favor de la principal exigencia de la multitud: ‘todo
el poder a los sóviets’, pero a la vez exhortamos a los manifestantes,
tanto a los soldados como a los civiles, a regresar a sus casas y cuarteles
pacífica y ordenadamente.
c) En una conferencia celebrada en el Palacio de Táurida,
muy avanzada la noche del 16 al 17 de julio, entre los bolcheviques y la
organización interdistritos, apoyé la postura, manifestada por Kámenev,
de que se debía hacer todo lo posible para evitar una nueva manifestación
el 17 de julio. Sin embargo, cuando a través de los agitadores que llegaban
de los distintos distritos supimos que los regimientos y los obreros ya
habían decidido la salida y que era imposible detener a la multitud hasta
que se hubiera resuelto la crisis gubernamental, todos los allí presentes
estuvimos de acuerdo en que lo mejor que podíamos hacer era dirigir la
manifestación de forma pacífica y pedir a las masas que dejaran sus
fusiles en casa.
d) A lo largo del día 17 de julio, día que pasé en el
Palacio Táurida, tanto yo como los camaradas bolcheviques exhortamos más
de una vez a la multitud para que actuase según esta línea.
3º El hecho de que yo no esté conectado a Pravda y que
no sea miembro del Partido Bolchevique no se debe a diferencias políticas,
sino a ciertas circunstancias de la historia de nuestro partido que han
perdido ahora toda importancia.
4º El intento de los diarios de dar la impresión de que
yo he declarado ‘no tener nada que ver’ con los bolcheviques tiene tanto
de verdad como el informe según el cual he pedido a las autoridades
protección de la ‘violencia del populacho’ o como el resto de los
falsos rumores extendidos por la misma prensa.
5º Por todo lo que he declarado, resulta evidente que no
me pueden excluir lógicamente de la orden de arresto que han lanzado contra
Lenin, Kámenev y Zinóviev*.
Tampoco puede haber ninguna duda en sus mentes de que soy
un enemigo del Gobierno Provisional tan irreconciliable como los camaradas
anteriormente nombrados. Dejándome al margen, únicamente se consigue
subrayar el propósito contrarrevolucionario que está tras el ataque a
Lenin, Zinóviev y Kámenev" (León Trotsky, La era de la
revolución permanente, pp. 98-99. Editorial Akal. Madrid, 1976. El
subrayado es nuestro).
Durante todo ese período, Trotsky expresó públicamente
en docenas de ocasiones su conformidad con la posición de los bolcheviques.
En los días más difíciles, cuando el Partido trabajaba en la
clandestinidad, Lenin y Zinóviev estaban exiliados en Finlandia, Kámenev
se encontraba en prisión y los bolcheviques eran calumniados como
"agentes alemanes", Trotsky los defendió y se identificó
públicamente con sus ideas. Monty Johnstone lo sabe perfectamente y guarda
silencio, lo único que dice sobre este tema es lo siguiente: "Con su
‘colosal arrogancia’, Trotsky parecía creer sinceramente que el Partido
Bolchevique se había ‘desbolchevizado’ y por eso se afilió a él"
(Cogito, p.14).
La palabra ‘desbolchevizado’ no proviene de Trotsky,
sino del "imparcial" Isaac Deutscher, y "colosal
arrogancia" procede de Lunacharsky en Revolutionary Silhouettes,
donde también se puede leer lo siguiente:
"Trotsky, como hombre, es susceptible y autoritario.
Sin embargo, después de unirse a los bolcheviques, sólo en su actitud
hacia Lenin, Trotsky siempre mostró una condescendencia conmovedora y
afectuosa. Con la modestia que caracteriza a los grandes hombres, él
reconocía la primacía de Lenin (...). Cuando Lenin fue herido de muerte,
todos teníamos miedo, ninguno expresó nuestros sentimientos hacia él
mejor que Trotsky. En mitad del espantoso desorden de los acontecimientos
mundiales, allí estaba Trotsky, el otro líder de la Revolución Rusa, un
hombre nada inclinado al sentimentalismo y que solía decir: ‘cuando te
das cuenta de que Lenin puede morir, parece que nuestra vida se vuelve
vacía y pierdes las ganas de vivir".
Dejamos que el lector decida qué clase de "colosal
arrogancia" es la que se desprende de este retrato de la relación
entre los dos grandes revolucionarios de nuestro tiempo.
Dos años después, Lenin afirmaba que en 1917 "el
bolchevismo fue capaz de atraer a los mejores elementos del pensamiento
socialista actual que estaban muy próximos a él". ¿A quién hacen
referencia esas palabras, compañero Johnstone? ¿A los mencheviques de
izquierda o a los eseristas de izquierda? La mayoría de ellos ya habían
roto con el bolchevismo en 1918. Se refieren a Trotsky y al Comité
Interdistritos. La actitud especial de Lenin hacia el Comité Interdistritos
quedó reflejada en que, justo cuando era urgente endurecer las condiciones
de militancia para evitar la afluencia de elementos de poca confianza, al
Comité Interdistritos se le suspendió el período de prueba y se les
consideró militantes bolcheviques desde el mismo momento en que se les
unieron.
Este hecho ratifica la declaración de Trotsky de que no
existían diferencias políticas o de táctica entre ambos grupos. En el
mismo congreso en que el Comité Interdistritos entró en el Partido
Bolchevique, Trotsky, ese "colosal arrogante", fue elegido miembro
del Comité Central, siendo uno de los cuatro (junto a Lenin, Zinóviev y
Kámenev) más votados: 131 de 134 votos.
La escuela estalinista de la falsificación
"Sería verdaderamente poco histórico si, al
evaluar la figura de Trotsky, ignorásemos su lucha contra el bolchevismo
durante los primeros catorce años de su existencia, o si consideráramos el
tema zanjado por citar un comentario sobre la autoridad de Trotsky que se
dice hizo Lenin en 1917 (en plena revolución y cuando Trotsky llevaba menos
de cuatro meses en el partido), en el sentido de que cuando Trotsky
comprendió que la unidad con los mencheviques era imposible ‘no hubo
mejor bolchevique que él" (Cogito, p. 8).
Johnstone finaliza la primera parte de su
"trascendental, compleja, pero profundamente instructiva" historia
del bolchevismo con esta genuflexión al Museo de la Historia. Hace un uso
muy particular de las fuentes y se niega a admitir como prueba un comentario
de Lenin sobre la autoridad política de Trotsky. ¿Qué quería decir Lenin
con ese comentario y por qué lo hizo?
El 14 de noviembre de 1917, once días después del
triunfo de la insurrección, Lenin habló en una reunión del comité de
Petrogrado del peligro de las tendencias conciliadoras en la dirección del
Partido, que constituían una amenaza incluso después de la Revolución.
Ese día, tres miembros del Comité Central (Kámenev, Zinóviev y Noguin)
dimitieron como protesta por la política del Partido y publicaron un
ultimátum en el que exigían la formación de un gobierno de coalición con
los mencheviques y los socialrevolucionarios: "De otra manera, la
única forma de mantener un gobierno genuinamente bolchevique sería
imponiendo el terror político". Acababan la declaración con un
llamamiento a los trabajadores para una "conciliación inmediata"
en torno a la consigna "Larga vida al gobierno de todos los partidos
del Sóviet". Lo que parecía más probable era que esta crisis
terminara con la destrucción de todas las conquistas de Octubre. Lenin,
ante esta peligrosa situación, defendió la expulsión de los disidentes y
pronunció el discurso que finalizaba de la siguiente forma: "¡Ningún
compromiso! ¡Un gobierno bolchevique homogéneo!". En el texto
original del discurso de Lenin aparecen las siguientes palabras: "En
cuanto a la coalición, no puedo hablar más que con seriedad. Trotsky hace
tiempo dijo que era imposible una unión. Trotsky lo comprendió, y desde
entonces no ha habido otro bolchevique mejor".
Después de la muerte de Lenin, la camarilla dominante
(Stalin, Kámenev y Zinóviev) emprendió una campaña sistemática de
falsificaciones con el objetivo de minimizar el papel de Trotsky en la
revolución y exagerar el suyo. Para ello inventaron la leyenda del "trotskismo",
para introducir una cuña entre la posición de Trotsky y la de Lenin y los
"leninistas" (ellos mismos). Historiadores a sueldo hurgaron en la
basura acumulada de viejas polémicas olvidadas hacía mucho tiempo hasta
por los mismos que participaron en ellas, olvidadas porque todas las
discrepancias quedaron resueltas con la experiencia de Octubre y por lo
tanto no tenían otro interés que el puramente abstracto e histórico.
Pero los falsificadores tenían todavía un serio obstáculo: la propia
Revolución de Octubre. Poco a poco fueron rescribiendo la historia
eliminando el nombre de Trotsky, hasta que al final lo suprimieron
absolutamente del todo, incluso las menciones más inocuas.
Monty Johnstone cita un buen ejemplo de ello. En la
edición de 1934 de La revolución de Octubre, de Stalin, encontramos
el siguiente pasaje:
"Todo el trabajo práctico relacionado con la
organización de la insurrección se realizó bajo la dirección directa del
compañero Trotsky, presidente del Sóviet de Petrogrado. Se puede afirmar
con toda seguridad que el Partido tiene una deuda ante todo y principalmente
con el camarada Trotsky, por la rapidez con que la guarnición se pasó al
Sóviet y la eficiente manera de organizar el trabajo del Comité Militar
Revolucionario".
"Este pasaje", escribe Johnstone, "fue
inexcusablemente expurgado del artículo publicado en las Obras
de Stalin, tomo IV, página 157, publicadas en Moscú en
1953". (El subrayado es nuestro).
"Inexcusablemente expurgado" parece el lenguaje
de un hombre que está sorprendido e irritado por un detalle menor e
inesperado. Pero la sorpresa de Johnstone es totalmente fingida. Sabe muy
bien que todo lo escrito sobre la historia soviética hasta nuestros
días no fue otra cosa que una completa falsificación y mentiras
sobre la Revolución Rusa y en especial sobre el papel de Trotsky.
Las falsificaciones de 1924, aunque burdas, pavimentaron el camino para que
en determinado momento el pasaje de Stalin citado más arriba se convirtiese
en el de 1953: "El camarada Trotsky no jugó ningún papel en
particular, ni en el partido ni en la insurrección de Octubre, y se puede
decir que en el período de Octubre era un hombre relativamente nuevo".
Esto a su vez sólo representaba otro paso más hacia la
completa degeneración de la burocracia estalinista, que acusó no sólo a
Trotsky, sino también a toda la vieja dirección bolchevique, de
colaborar con el fascismo alemán para acabar con la URSS. Durante las
tristemente famosas purgas de los años 30, Bujarin —a quien Lenin en su
prohibido Testamento describió como "el favorito del
Partido"— fue acusado de conspirar en 1918 para ¡asesinar a Lenin!
El comentario de Lenin sobre "la pretendida
autoridad de Trotsky" fue publicado en la edición original de las
Actas del Comité de Petrogrado, pero después se suprimió porque el
discurso de Lenin fue copiado incorrectamente por el secretario de actas.
Todo el texto, como ocurre con otros muchos discursos de Lenin, está muy
mal transcrito, lleno de frases incompletas. Pero la única página
suprimida es precisamente la que contiene el comentario de Lenin sobre
Trotsky. En su libro La escuela estalinista de la falsificación,
Trotsky reproduce una fotocopia de la página en cuestión. El original se
encuentra en los Archivos de Trotsky, junto con otra gran cantidad de
material censurado en la URSS. Monty Johnstone no cuestiona la autenticidad
del material. No se atreve porque está demostrada no sólo por
historiadores serios de la Revolución Rusa, sino también por lo
publicado por la burocracia soviética después del XX Congreso del PCUS,
que incluye el Testamento prohibido de Lenin, publicado por la
Oposición de Izquierdas en Rusia y por los trotskistas del extranjero
treinta años antes de que lo hiciera la camarilla dominante soviética.
Por supuesto sólo publicaron una parte del material: el que demuestra la
oposición de Lenin a Stalin. Otra gran parte todavía está guardado bajo
llave en la sección "privada" de la Biblioteca Lenin, accesible
sólo para los "historiadores" a sueldo del PCUS.
La autenticidad del comentario de Lenin es evidente por
el contexto en que se hizo. Sobre el conciliacionismo, nadie fue tan sincero
como Trotsky antes de la guerra. Creía, por la experiencia de 1905, que una
nueva oleada revolucionaria empujaría hacia la izquierda a los mejores
mencheviques, lo que haría posible su unificación con los bolcheviques,
pero los acontecimientos demostraron que estaba equivocado. Trotsky admitió
su error en 1917 y abandonó definitivamente cualquier idea de
reunificación con los mencheviques. Por otro lado, los "viejos
bolcheviques" seguían apegándose a sus ilusiones conciliadoras, incluso
después de tomar el poder. Lo que demandaban en noviembre de 1917
significaba la restauración o una contrarrevolución bajo un disfraz
democrático. Tendríamos que hacer una pregunta directa a Monty Johnstone:
¿Quién actuaba en 1917 como un bolchevique, Trotsky o los "viejos
bolcheviques"? No nos responderá. Al menos de momento. Lenin sí
respondió en noviembre de 1917 en una reunión del Comité de Petrogrado.
En la página 21 de su trabajo, Johnstone cita la última
carta de Lenin al Congreso —su famoso Testamento, que los
dirigentes soviéticos sólo pusieron a disposición de la base de los
partidos comunistas después del XX Congreso—. Johnstone cita las palabras
de Lenin sobre las características personales de Trotsky, pero omite una
frase que es relevante para su propio trabajo. Lenin, en sus últimas
palabras al Partido Comunista Ruso, advirtió de que no se debería
utilizar contra Trotsky su pasado no bolchevique.
Monty Johnstone ha malgastado la mitad de su trabajo
desenterrando toda la basura a su disposición de las polémicas más
recónditas del período anterior a 1917. Pero no es casualidad que olvide
citar las últimas palabras de Lenin sobre Trotsky y su relación con el
Partido Bolchevique antes de 1917.
Tanto para Lenin como para Trotsky, 1917 representó un
punto de inflexión que convirtió en irrelevantes todas las antiguas
polémicas. Por esta razón, Lenin, después de 1917, nunca hizo referencia
a ellas. Por eso también Trotsky, en 1921, advertía a Olminsky de que la
publicación de su carta a Chjeidze, un dirigente menchevique, era
inoportuna. Monty Johnstone llega a acusar a Trotsky de utilizar los mismos
métodos de falsificación que Stalin:
"Cuando Olminsky, el presidente de la Comisión de
la Historia del Partido, le preguntó si debería publicarse, le contestó
que sería ‘inoportuno’ y añadió paternalmente: ‘El lector actual no
comprenderá, no aplicará las correcciones históricas necesarias y
simplemente se confundirá’. Esta fue precisamente la
motivación de los estalinistas para la censura y falsificación de los
documentos históricos, que tan enérgica y correctamente denunció Trotsky
en los últimos años" (Cogito, p. 7. El subrayado es
nuestro).
Aunque Monty Johnstone tampoco ha hecho el más mínimo
intento de explicar el contexto histórico de esta carta —o de cualquier
otra—, su motivación es bastante evidente. En su libro En defensa del
marxismo, Trotsky explica que la razón de su postura en ese período
(1913) fue su deseo de unidad del movimiento marxista. Johnstone cita ese
trabajo —como es habitual, de forma "selectiva y resumida"—,
pero sólo reproduce una frase: "No estoy liberado en ese
período, en particular en la esfera organizativa, de los rasgos de un
revolucionario pequeño-burgués". Las palabras de Trotsky, sin los
resúmenes "convenientes", fueron:
"Pienso en el llamado bloque de agosto de 1912. Yo
participé activamente en este bloque. En cierto modo, yo le di nacimiento.
Políticamente, yo difería de los mencheviques en todas las cuestiones
fundamentales. También difería de los bolcheviques ultraizquierdistas, de
los miembros del grupo ‘Vpériod’. En la tendencia política general, me
encontraba mucho más cerca de los bolcheviques. Pero estaba contra el ‘régimen’
leninista porque todavía no había aprendido a comprender que a fin de
realizar la meta revolucionaria, es indispensable un partido centralizado,
firmemente unido. Y así formé este bloque episódico, compuesto de
elementos heterogéneos que estaba dirigido contra el ala proletaria del
partido.
"En el bloque de agosto los liquidadores tenían su
propia fracción. Yo me mantuve aislado, tenía a quienes pensaban como yo,
pero no una fracción. Muchos de los documentos fueron escritos por mí, y
mediante la elusión de las diferencias de principio, tenían por objeto la
creación de una apariencia de unanimidad respecto a las ‘cuestiones
políticas concretas’. ¡Ni una palabra sobre el pasado! Lenin sometió al
bloque de agosto a una crítica sin piedad, y los golpes más rigurosos
cayeron en mi huerto. Lenin demostró que tanto más cuanto que yo no me
había puesto de acuerdo ni con los mencheviques ni con los miembros del
grupo ‘Vpériod’, mi política era aventurerismo. Esto fue severo, pero
cierto.
"Como ‘circunstancia atenuante’ permítaseme
mencionar el hecho de que yo me había fijado como tarea, no el apoyar a la
fracción derechista o ultraizquierdista contra los bolcheviques, sino la de
unir al partido en su conjunto. Los bolcheviques también fueron invitados a
la conferencia de agosto. Pero como Lenin se rehusó de plano a unirse con
los mencheviques (en lo que estaba completamente acertado), me vi colocado
en un bloque artificial, con los mencheviques y los miembros del grupo ‘Vpériod’.
La segunda circunstancia atenuante es que el fenómeno mismo del
bolchevismo, como verdadero partido revolucionario, se desarrollaba entonces
por primera vez; en la práctica de la Segunda Internacional no existían
antecedentes. Pero no trato por ese medio de absolverme en lo más mínimo
de culpa. No obstante la concepción de la revolución permanente, que
revelaba indudablemente la perspectiva correcta, no me había liberado de
aquella época, especialmente en la esfera organizativa, de los rasgos del
revolucionario pequeño burgués. Estaba enfermo de la enfermedad del
conciliacionismo hacia el menchevismo, y de una actitud desconfiada hacia el
centralismo leninista. Inmediatamente después de la conferencia de agosto,
el bloque comenzó a desintegrarse en sus partes componentes. A los pocos
meses, yo estaba fuera del bloque, no sólo en materia de principios, sino
organizativamente" (En defensa del marxismo, p. 179. Ed.
Fontamara. Barcelona, 1977).
Así de sinceramente explica Trotsky sus errores. Por
supuesto, Johnstone no tiene interés alguno en permitir a Trotsky hablar
por sí mismo, así que sencillamente utiliza, sin ningún escrúpulo y de
forma estalinista, frases aisladas ("enfermedad del
conciliacionismo", "revolucionario pequeño-burgués").
Intenta crear una amalgama —el recurso favorito de la falsificación
estalinista— entre Stalin y Trotsky que destila desprecio. Su motivación
es doble: por un lado, ennegrecer el nombre de Trotsky, presentándolo como
un embustero, un falsificador que encubrió deliberadamente sus antiguas
diferencias con Lenin (!); por el otro, el intento incluso más cobarde de
adornar el horror de las maquinaciones estalinistas, cimentadas sobre la
sangre, el sudor y las lágrimas de millones de seres humanos,
¡equiparándolas con la carta de Trotsky a Olminsky!
Monty Johnstone aprovecha esta carta para remachar sus
argumentos sobre la "violenta oposición" de Trotsky a Lenin. Y
utiliza algunas de las expresiones de Trotsky para corroborarlo. El uso que
Johnstone hace de esta carta confirma totalmente lo que Trotsky escribió a
Olminsky: que el lector no comprendería las circunstancias que la motivaron
y que llevaría a extraer conclusiones equivocadas, precisamente las
falsas conclusiones que hoy Monty Johnstone pretende que extraigan sus
lectores.
¿Cuándo escribió Trotsky la carta y por qué? Él
mismo lo explicó:
"Por aquellos días se publicó la carta que yo
escribiera tiempo atrás a Chjeidze contra Lenin. Este episodio, ocurrido en
abril de 1913, se produjo porque el periódico bolchevique autorizado que se
publicaba en Petrogrado se había apropiado del periódico obrero que yo
publicaba en Viena con el título de Pravda. El asunto condujo a uno
de aquellos choques violentos en que tanto abundaba la vida de los
emigrados. En aquella ocasión escribí a Chjeidze, que osciló durante
algún tiempo entre los bolcheviques y los mencheviques, una carta en que
daba rienda suelta a mi indignación contra el centro bolchevique y contra
el propio Lenin. Puede que unas semanas después yo mismo hubiera sometido
la carta a censura; pasados algunos años la hubiera mirado como se mira un
objeto oscuro. Sin embargo, aquella carta estaba llamada a tener un destino
especial. El departamento de policía la pescó y allí permaneció,
olvidada en los archivos policíacos, hasta la Revolución de Octubre. De
allí pasó, ya en el nuevo régimen, al archivo del Instituto de Historia
del Partido (...). Lenin tenía noticia exacta de la existencia de la carta,
que tanto para él como para mí no tenía ya más valor que el que podría
tener la nieve caída el invierno pasado. ¡Pues no se habían escrito pocas
cartas como aquella durante los años de la emigración! Pero llegó 1924 y
los epígonos sacaron la carta de los archivos y se la metieron por los ojos
al Partido, que ya por aquel entonces estaba integrado en su mayoría por
hombres completamente nuevos. No por azar se decidió publicar esta carta en
los meses que siguieron a la muerte de Lenin. No fallaba. En primer lugar,
Lenin no iba ya a resucitar para decir a aquellos caballeros lo que venía
al caso. En segundo lugar, se sorprendía a las masas en un momento en que
estaba vivo en ellas el dolor por su muerte. Y aquellas gentes, que ya no
tenían la menor noción del pasado ni de las incidencias que años atrás
se desarrollaran en el partido, se encontraban de la noche a la mañana con
un juicio condenatorio de Trotsky sobre Lenin. Aquello, por fuerza tenía
que aturdirlas. Cierto que aquel juicio había sido escrito hacía doce
años, pero el cómputo del tiempo no existía para los métodos empleados.
El uso que los epígonos hicieron de mi carta a Chjeidze se cuenta entre las
grandes maniobras fraudulentas que registra la historia. La falsificación
de documentos de que se valían los reaccionarios franceses en el asunto
Dreyfus no era nada en comparación con este fraude político de Stalin y
sus cómplices" (León Trotsky, Mi vida, p. 410. Ed.
Pluma. Colombia, 1979).
El uso que hicieron los estalinistas de esta carta es
sólo uno de los incontables ejemplos del infame método de maquinación que
transformaron en todo un arte. Podemos afirmar que muchas de las expresiones
utilizadas en esa carta, citadas entusiásticamente por Monty Johnstone,
eran exaltadas y equivocadas. Pero ahí reside la diferencia entre las
palabras pronunciadas en un momento de furia repentina o en el calor de una
polémica, y la sangre fría intencionada o las maliciosas calumnias de los
estalinistas. Monty Johnstone levanta las manos en señal de devota
indignación ante las maquinaciones de las purgas de Stalin, pero no vacila
en servirse de las primeras falsificaciones inventadas por Zinóviev,
Kámenev, Stalin y su camarilla después de la muerte de Lenin. Al repetir
esas maliciosas mentiras y falsificaciones, Johnstone, lejos de romper con
los métodos de Stalin, los resucita con un disfraz nuevo y más
"respetable". El "proceso" de Monty Johnstone contra
Trotsky no es nuevo ni original. Regresa a la teoría completamente
desacreditada del "trotsko-fascismo" de los años 30, a los
argumentos pseudopolíticos "sutiles" del período del surgimiento
de la burocracia en la URSS (1924-29). En ese momento los acontecimientos de
Octubre de 1917 todavía estaban demasiado frescos en la mente de la gente
como para acusar a Trotsky de ser un agente del imperialismo alemán y a
Bujarin de haber intentado asesinar a Lenin en 1918. En su lugar, se
estimuló a los plumíferos soviéticos para que desenterrasen precisamente
los mismos argumentos sobre la "virulenta oposición" de Trotsky
al Partido Bolchevique de los que ahora alardea Monty Johnstone como su
única contribución a la ciencia histórica. Puesto que Monty Johnstone no
añade nada nuevo a las hipócritas falsificaciones de hace cuarenta años,
dejemos que Trotsky se defienda a sí mismo, exactamente como en 1924 en su
carta al Buró de la Historia del Partido:
"Como he dicho muchas veces, en mis desacuerdos con el bolchevismo
en toda una serie de temas fundamentales, fui yo el que estaba equivocado.
Para resumir en pocas palabras la naturaleza y alcance de mis primeros
desencuentros con el bolchevismo debo decir: durante todo el tiempo en que
permanecí fuera del Partido Bolchevique, en ese período en que mis
diferencias con el bolchevismo alcanzaron su punto álgido, la distancia que
me separaba de las opiniones de Lenin nunca fue tan grande como la distancia
que separa la actual posición de Stalin-Bujarin de los fundamentos del
marxismo y el leninismo".
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