|
Lenin y Trotsky
|
Prefacio de los autores a la edición inglesa de 1969
|
"Desde hace mucho tiempo, los marxistas esperaban un debate a fondo sobre las posturas políticas y el papel político tanto de Stalin como de Trotsky. Y con él la valoración de las principales políticas y acontecimientos del movimiento obrero ruso e internacional durante cuatro décadas. Este debate será trascendental, complejo, pero profundamente instructivo" (Cogito, p. 2). Ésta es la promesa que Monty Johnstone hace a los lectores de Cogito, el periódico de la Liga Juvenil Comunista (YCL). Es una promesa que será bienvenida por todos los militantes sinceros de la YCL y del Partido Comunista de Gran Bretaña (CPGB), la mayoría de los cuales también se preguntan por qué un debate tan importante llega con tanto "retraso". Para ser exactos, con un retraso superior a cuatro décadas. Hasta hace poco era impensable un debate sobre el trotskismo en la YCL o el CPGB. Durante cuarenta años, a los militantes comunistas se les "prohibió" leer las obras de León Trotsky, y sus dudas y preguntas tropezaban con una constante sucesión de "denuncias" antitrotskistas basadas en falsas consideraciones de la historia del bolchevismo y de la Revolución Rusa. La última tentativa de tratar en público la cuestión del trotskismo fue el artículo de Betty Reid* publicado hace cuatro años en Marxism Today, que entre otras perlas afirmaba que los juicios de Moscú son ¡un tema destinado estrictamente a la investigación histórica soviética! Este tipo de material no puede satisfacer las exigencias de los comunistas que quieren informes veraces y un análisis riguroso de los acontecimientos. A estos compañeros les podemos decir, como hace Johnstone, que "esperamos (...) que no se contentarán sólo con aprender y sacar a relucir la resumida y muy selectiva historia del movimiento obrero internacional y la parcial información del comunismo utilizada en sus periódicos y charlas de formación política" (Cogito, p. 3). Junto con el compañero Johnstone, podemos citar las palabras de Lenin a la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia, insistiendo en la necesidad de considerar "toda la suma de conocimientos humanos (...) de tal modo que vuestro comunismo no sea algo aprendido de memoria, sino algo pensado por vosotros mismos, como una conclusión que se impone necesariamente desde el punto de vista de la instrucción moderna" (Lenin, Tareas de las organizaciones juveniles, p. 12. Ed. Progreso, 1979). Un debate siempre presupone dos puntos de vista. Veremos hasta qué punto Johnstone y los dirigentes del CPGB y la YCL están dispuestos a permitir un debate "a fondo" y que las cuestiones teóricas básicas implícitas en él lleguen a la base de estas organizaciones. A primera vista, la forma en que Monty Johnstone aborda el tema parece muy razonable y objetiva. Se esfuerza mucho en subrayar que él no tiene intereses "personales", y para ello se sitúa entre los dos polos: "Semejante tarea sería totalmente estéril si se lleva a cabo desde las antiguas e inamovibles posturas de adhesión a Stalin o Trotsky. Ni apología ni demonios; para conseguir hacer una valoración equilibrada es necesario aplicar el método marxista de la crítica objetiva y el análisis autocrítico a la luz de la experiencia histórica" (Cogito, p. 2). Así de objetivo se nos presenta Monty Johnstone. Promete no sostener "las antiguas e inamovibles posturas de adhesión" a Stalin, de modo que, ¿por qué sus adversarios se empeñan en defender las ideas de Trotsky? Si seguimos la lógica del argumento de Johnstone llegaremos a la siguiente conclusión: si hoy nadie es partidario de las "antiguas ideas" de Dühring, ¿para qué apoyar las de Engels? Si nadie piensa que Dios creó el mundo en siete días, ¿para qué perpetuar el "culto" a Einstein o Darwin? Lo cierto es que Johnstone aborda el tema de una forma totalmente antimarxista. La cuestión no es si nos "adherimos" a Trotsky, a Stalin o a cualquier otro individuo, sino si todavía defendemos las ideas fundamentales del marxismo, ideas elaboradas científicamente y enriquecidas con la experiencia histórica, pero que en sus principios permanecen hoy igual que en tiempos de Marx, Engels, Lenin o Trotsky. Aunque implícita en todos los argumentos que utiliza, el compañero Johnstone evita tocar la cuestión central, que no es otra que la de si siguen vigentes las "antiguas ideas" del marxismo: el internacionalismo, el papel de la clase obrera en la lucha por el socialismo, la naturaleza del capitalismo, etc. Todos los grandes marxistas defendieron estas ideas frente al intento de los oportunistas, disfrazados de "socialistas y "comunistas", de diluirlas, revisarlas y dejarlas reducidas a un reformismo estéril. Bajo el disfraz de "moderno", "científico" y "objetivo", Monty Johnstone intenta presentar todas estas ideas como "trotskismo", algo ajeno a las tradiciones y concepciones clásicas del marxismo. Pero al hacerlo sólo consigue regresar a las antiguas posiciones defendidas por Bernstein, Kautsky y los mencheviques. La apelación que hace Monty Johnstone al método marxista carece de valor. El marxismo se basa ante todo en una sinceridad y veracidad escrupulosas, sobre todo en las polémicas con los adversarios. Marx, Engels, Lenin y Trotsky eran muy cuidadosos y precisos en sus polémicas, no utilizaban citas sacadas de contexto ni deformaciones. Para ellos la polémica siempre era una forma de sacar a la luz las cuestiones ideológicas básicas para, así, elevar el nivel político de la militancia. Por eso nunca se centraron en los aspectos insignificantes, ni sustituyeron los argumentos por las descalificaciones personales, aunque tampoco rehuyeron llamar a las cosas por su nombre porque no intentaban dar a sus escritos un halo de "imparcialidad" profesional. En su artículo, Monty Johnstone escribe lo siguiente: "La motivación sólo es política. No hay lugar para la injuria personal directa o indirecta" (Cogito, p. 3. El subrayado es nuestro). La verdad es que no encontramos ningún rastro de la antigua inmundicia que durante décadas los colegas de Johnstone fabricaron en serie —trotsko-fascistas, degenerados políticos, agentes de Hitler y otras lindezas por el estilo—, pero veamos sólo algunos ejemplos de su olímpica objetividad: "Los polémicos trabajos de Trotsky, magníficamente escritos pero sumamente parciales", "los vuelos de la imaginación y la retórica bravucona [en vez de] un examen tranquilo de la postura de sus adversarios", "añadiendo paternalmente", "injuriando desde la barrera", "razonamiento superficialmente verosímil", "ilusiones y encaprichamiento con la fraseología revolucionaria", "generalizaciones exageradas y ampulosas [en vez de un] balance equilibrado", "el santo y seña dogmático de Trotsky", etc. El compañero Johnstone ha progresado desde los días del "análisis marxista equilibrado" sobre el trotsko-fascismo de Palme Dutt, Pollitt, Gollan y Campbell*. El avance consiste en sustituir el lenguaje del arroyo por la injuria empalagosa e indirecta del seminario. El culto a la personalidad "El XX Congreso acaba con el culto a Stalin, abre el camino para acercarse al movimiento comunista mundial (...) las antiguas costumbres sectarias, la actitud y la resistencia burocrática lo estimulaban, pero las cosas están cambiando ya en muchos partidos comunistas" (Cogito, p. 2). Con estas pocas palabras, el compañero Johnstone "explica" el salto mortal que los dirigentes del movimiento "comunista" mundial dieron por encima de Stalin, al que durante treinta años defendieron fervientemente, exaltándolo y haciendo de él un objeto de culto y la piedra de toque para distinguir a un comunista de un "trotsko-fascista". Una vez que Johnstone ha admitido que durante décadas se ahogó el debate en el movimiento, sin ningún tipo de rubor presenta el XX Congreso como una especie de llave mágica que abre todas las puertas que cerraban el camino al conocimiento. Un momento, compañero Johnstone, ¿qué ocurre con el "método marxista, la crítica objetiva y el análisis autocrítico a la luz de la experiencia histórica"? ¿Y con las palabras de Lenin sobre la suma de conocimientos humanos y el aprendizaje memorístico? El XX Congreso sirvió para revelar al movimiento "comunista" mundial que durante treinta años —todo un período histórico— sus dirigentes, sus teóricos más destacados, sus periodistas más talentosos defendieron una posición que no sólo era incorrecta, sino criminal desde el punto de vista de la clase obrera rusa e internacional. ¿Y ahora pide a los comunistas que lo acepten todo sin protestar y sin hacer preguntas? ¿Es éste el método marxista? Es el error del que precavía Lenin hace cincuenta años a la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia. Las primeras preguntas que vendrán a la mente de cualquier comunista son: ¿Por qué ocurrió? ¿Cómo pudo ser? Sabemos que nadie es perfecto, incluso los más grandes marxistas en algún momento cometieron errores, pero cometer ese tipo de "errores" durante tanto tiempo es una monstruosidad. No sólo requiere, sino que exige una explicación. Monty Johnstone no nos da ninguna. En su lugar nos remite al texto del discurso sobre Stalin que pronunció Jruschev en el XX Congreso. Pero no se puede encontrar en ruso. El discurso se pronunció a puerta cerrada y nunca se publicó en Rusia. Johnstone se ve obligado a tomar las citas de... ¡The Manchester Guardian*! ¿Qué tipo de "análisis" del estalinismo es posible encontrar en el material publicado por Moscú? La famosa "teoría" del culto a la personalidad. Da la impresión de que, durante toda una época histórica, el "Estado socialista" estuvo dominado por un dictador bonapartista que condenó a millones de personas a trabajos forzados en Siberia, liquidó pueblos enteros y exterminó a toda la vieja dirección bolchevique —después de poner en práctica la maquinación judicial más monstruosa de la historia— simplemente gracias a su personalidad. ¡Qué parodia del marxismo y del método de análisis marxista! Los militantes de la YCL y del CPGB no son niños. El compañero Johnstone piensa que todavía creen en cuentos de hadas aunque se inventen en el Kremlin o en King Street*. Un marxista nunca abordaría el tema así. El marxismo no explica la historia en función del genio, la maldad o bondad, los caprichos o la "personalidad" de los individuos, sino por los intereses y relaciones entre los grupos y clases sociales. Es totalmente inconcebible que un hombre pueda imponer sus ideas a toda la sociedad. Marx ya explicó hace mucho tiempo que si una idea, aunque sea incorrecta, consigue apoyo, avanza y llega a convertirse en una fuerza social es porque representa el interés de una parte de la sociedad. Si las referencias de Johnstone al método marxista son algo más que un simple truco estilístico o una expresión amable, entonces debe responder a una pregunta concreta: ¿Qué intereses representaba Stalin? ¿Los suyos? Ya hemos dicho que todo comunista sincero va a dar la bienvenida a un debate a fondo sobre el estalinismo y el trotskismo. Por esa razón también damos la bienvenida a la contribución que hace el compañero Johnstone. Pero, ¿qué clase de análisis marxista es aquél que, mientras hace pomposas referencias al método marxista, evita cualquier intento de analizar los procesos sociales fundamentales, que son los que podrían arrojar luz sobre las ideas de Lenin y Trotsky? Si no se explican estos procesos históricos, todo quedará reducido a algo completamente arbitrario, a una serie de citas aisladas —y sacadas de contexto— de las obras de Trotsky y Lenin yuxtapuestas artificialmente con la intención de "demostrar" tal aspecto o tal otro. Compañero Johnstone, esa esencia es la del "método marxista", pero del que durante décadas usaron los estalinistas para justificar sus giros con la frase apropiada de Lenin. Este método guarda poca relación con el marxismo, aunque sí tiene una gran deuda con los métodos de... los jesuitas. Ted Grant y Alan Woods
|
||
| * | En el momento de escribir este trabajo observamos que la señora Reid está ocupada una vez más con el "enriquecimiento creativo" del pensamiento marxista. Su último ataque al trotskismo es menos perverso que el del "razonable" Monty Johnstone, pero lo supera en ignorancia. | |
| * | Dirigentes del Partido Comunista de Gran Bretaña (N. de la E.). | |
| * | Periódico liberal británico (N. de la E.). | |
| * | Por aquel entonces, sede central del Partido Comunista de Gran Bretaña (N. de la E.). | |
I. DE LA HISTORIA DEL BOLCHEVISMO (I)
De la historia del bolchevismo (I)