Fundación Federico Engels ..

.LA REVOLUCIÓN IRANÍ:  PASADO, PRESENTE Y FUTURO  .... Dr. Zayar


CAPÍTULO VII

PERSPECTIVAS PARA IRÁN

El régimen contrarrevolucionario de Jomeini encontró su base social en la pequeña burguesía y el lumpemproletariado. Estas capas tenían intereses materiales en el régimen. Ocuparon las propiedades de los que habían huido del país sin pagar nada. Jomeini también consiguió el apoyo de los sectores más pobres de la clase obrera que llegaban del campo a la ciudad en busca de empleo. La mayoría trabajaban en la construcción en unas condiciones laborales miserables. A través de los Komitehs (comités revolucionarios) que se extendieron después de la insurrección, el régimen comenzó a redistribuir medicinas y ropa entre estos trabajadores y les cobijó en las mezquitas.

La insurrección eliminó la policía, la justicia y las prisiones del Sha, pero dejó intacta la mayor parte de la administración civil. Estas instituciones pronto se pusieron del lado de los mullahs. En marzo de 1979 los fundamentalistas crearon un cuerpo armado oficial formado, los "guardianes revolucionarios" -- en la actualidad una guardia contrarrevolucionaria-- . Se convirtieron en las tropas de choque de la contrarrevolución de Jomeini. Los soldados de esta guardia petroriana de la reacción procedían de los seguidores más leales de los fundamentalistas -- las capas de lumpemproletarios que vivían al margen de la economía urbana-- junto con elementos de la pequeña burguesía más baja.

El objetivo de este cuerpo armado era controlar a los Komitehs. Los elementos con más conciencia política dentro del gobierno provisional comprendían que un movimiento serio en la industria sería muy peligro para el nuevo régimen. Se creó el Pasdaran con la intención de liquidar los shuras obreros y los demás comités de base. El Pasdaran también fue utilizado para atacar a los campesinos, a los movimientos de mujeres y, también, para reprimir brutalmente el movimiento nacional kurdo. Estos escuadrones de la muerte contrarrevolucionarios se convirtieron en el principal instrumento de represión de Jomeini y también fue utilizado para aplastar cualquier intento de resistencia al gobierno. Nadie podía estar contra los mullahs. El destino del movimiento nacional (kurdo), los movimientos de mujeres, los movimientos estudiantiles en las universidades, estaban intrínsecamente unidos a la clase obrera. Cuando la contrarrevolución consiguió controlar los shuras, los sectores más avanzados de la clases obrera fueron derrotados y todos los sectores que participaron en el movimiento de masas se encontraron a merced del régimen.

Al mirar hacia atrás, parece que el ascenso de Jomeini era algo irresistible. Pero realmente realidad su victoria no estaba predeterminada. El régimen ni estaba unido, ni era como parecía invencible. Desde el principio los mullahs, Rafasanjani y Jomeini, estaban divididos en cuestiones como la confiscación de la tierra y la guerra contra Irak. La invasión de Irán por el ejército iraquí, permitió a Jomeini utilizar la guerra como excusa para lanzar una nueva ofensiva contra los remanentes revolucionarios de la sociedad.

La invasión iraquí

La revolución iraní generó en todo Oriente Medio una gran esperanza de cambio. Las nacionalidades oprimidas se inspiraron en el movimiento revolucionario de la clase obrera iraní contra el Sha. Fue un poderoso impulso para el movimiento nacional kurdo del norte de Irán, y fue el principio de una insurrección revolucionaria que se extendió a todas las regiones kurdas de Irak y Turquía. El impacto del movimiento revolucionario de la clase obrera iraní sacudió a los regímenes árabes reaccionarios de Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Kuwait, Bahrain e incluso Egipto. La oleada de malestar se extendió a toda la clase obrera árabe y a las clases medias de Oriente Medio.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Oriente Medio adquirió más importancia para el imperialismo debido a sus recursos petroleros. Tres cuartas partes de las reservas petroleras conocidas del mundo se concentran en esta región. El imperialismo estadounidense y las clases dominantes de Oriente Medio miraban con ansiedad el proceso revolucionario en Irán. Los acontecimientos en Irán tuvieron serias repercusiones en todo Oriente Medio. Multinacionales como Exxon y Mobil que conseguían miles de millones de dólares en los campos petroleros del Golfo estaban aterrorizadas ante esa situación. Éstas presionaron al gobierno de EEUU y reunieron a todos los jeques, reyes y emires para exorcizar el espectro revolucionario de Oriente Medio.

El comienzo de las protestas entre los trabajadores de los campos petroleros del este de Arabia Saudí alarmó al Pentágono. Entonces, decidió jugar la "carta iraquí", era un intento desesperado para poner fin a la revolución iraní que, a pesar del resultado distorsionado, tuvo un efecto perturbador en esta parte tan estratégica y vital del planeta. Los imperialistas estadounidenses creían que si respaldaban y apoyaban en la guerra a Irak frente a Irán, conseguirían gracias a las bayonetas iraqués restituir en el poder a los elementos pro-estadounidenses. Por eso incitaron a Saddam Hussein para que atacara Irán y, equiparon al ejército iraquí con las armas más modernas, incluso les suministraron armas químicas.

Saddam Hussein recibió contento la oferta de los imperialistas estadounidenses de atacar Irán. Saddam pensaba que después de la caída del Sha -- el perro guardián del imperialismo USA-- , conseguiría cambiar el equilibro regional de fuerzas en Oriente Medio y ponerlo a favor de Irak. Utilizó la guerra contra la lucha de liberación kurda y desvió la atención de las masas iraquíes de la oposición a su régimen. También consiguió aislar a la oposición dentro del Partido Baath. Pero cuando las fuerzas iraquíes en septiembre de 1980 atacaron la región de Khuzistán en Irán, Jomeini estaba incluso más contento que Saddam. El respaldo de EEUU al ataque de Irak, para Jomeini se convirtió en una oportunidad de oro para consolidar aún más su posición y para movilizar a las masas tras él. La guerra, al principio, generó entre las masas entusiasmo, Irán reclutó a miles de pobres y formó la milicia baseej para luchar contra Irak. Jomeini utilizó la guerra como un instrumento de represión contra los shuras, y contrapuso la formación de los "Consejos Islámicos". En medio de una oleada de patriotismo, consiguió eliminar los últimos vestigios de control obrero y éste fue sustituido por los Consejos Islámicos que seguían fielmente los dictados del "líder". De esta manera, Jomeini consiguió completar el proceso, transformó la revolución en una contrarrevolución, restauró el estado y el capitalismo.

En la guerra el Partido Tudeh no jugó ningún papel independiente. Es verdad que al principio la situación era difícil. El reaccionario de Saddam Hussein había atacado Irán y el apoyo del imperialismo USA, intentó desmembrar Irán y ahogar la revolución en sangre. Las masas, naturalmente, estaban dispuestas a luchar contra los dos enemigos -- Saddam Hussein y el imperialismo USA (el "gran satán")-- . Por un lado, jomeini intentó utilizar los sanos instintos antiimperialistas de los trabajadores y campesinos como una pantalla de humo para seguir con la contrarrevolución. Por otro lado, la única forma de derrotar a Saddam Hussein y al imperialismo era que la clase obrera tomara en poder en sus manos y librara una guerra revolucionaria contra Irak, haciendo un llamamiento a los trabajadores iraquíes para que se levantaran contra Saddam.

El Partido Comunista tenía el deber elemental de mantener una posición de clase. Tendría que haber dicho a las masas: "Sí, Saddam Hussein es nuestro enemigo. Debemos luchar para defender nuestra revolución. Pero para hacerlo no debemos confiar en Jomeini. Debemos luchar para tomar la tierra, las fábricas y los bancos, poner todo bajo el control de nuestros shuras. Después debemos tener confianza y la fuerza para luchar contra los invasores iraquíes y librar un guerra revolucionaria contra los imperialistas y sus lacayos árabes y, extender la revolución a Oriente Medio". Pero durante todo este proceso los estalinistas del Partido Tudeh apoyaron a Jomeini.

Las masas iraníes todavía pagan un precio muy caro por la traición de la guerra que duró ocho interminables años y que costó la vida a un millón de iraníes. En un corto espacio de tiempo, los humos del chovinismo desaparecieron y las masas toparon con la realidad de la demagogia fundamentalista con toda su crudeza. Comparaban los discursos de los mullahs animando a las madres iraníes a sacrificar a sus hijos en el frente y a los trabajadores y campesinos a que pasaran hambre para ganar la guerra, con la realidad de corrupción, concupiscencia voraz e hipocresía de la casta dominante. Jomeini había prometido una República Islámica "pura", libre de corrupción. Ahora las masas han visto la verdadera cara de los mullahs y han comprendido la esencia interna de su credo.

En un artículo publicado el 9 de febrero de 1979, Ted Grant escribía: "Cuando lleguen al poder, se podrá comprobar la inutilidad de las ideas reaccionarias y medievales, a pesar de su demagogia no pueden cambiar las bases económicas de la sociedad. El apoyo a Jomeini se desvanecería después de que forme gobierno". Dos décadas después, las masas iraníes no hay duda que están cansadas del régimen de los mullahs. Lord Acton dijo una vez: "El poder tiende a corromperse y el poder absoluto se corrompe absolutamente". En Irán vimos como la combinación de poder absoluto y enorme riqueza llevó al régimen del Sha a un pozo sin fondo. Ahora al régimen de los Ayatolás les espera el mismo destino. Cualquier burocracia siempre es proclive a la corrupción y la burocracia de los mullahs no es una excepción. Hace tiempo Federico Engels explicó que, en toda sociedad donde el arte, la ciencia y el gobierno sea el monopolio de una minoría, ésta siempre abusará de su posición para sus propios intereses.

Irán se basa en el sistema estatal islámico velayat-e-faqih o un Gobierno de los Juristas Religiosos, Jomeini siempre tuvo autoridad absoluta sobre todos los asuntos vitales del estado. Como Líder Supremo estaba al frente del ejército, los servicios de seguridad y la judicatura. Tenía la última palabra en los asuntos internos y externos. No se podía tomar ninguna decisión sin su consentimiento. El deber y la prerrogativa del Líder Supremo era supervisar todas las acciones políticas y asegurar que todas estaban de acuerdo con el Islam. Ostentaba un enorme poder que se basaba supuestamente en ser el albacea de la voluntad de Dios sobre la tierra.

Sobre el papel todo era muy democrático. El Ayatolá Ali Jamenei es ahora el Líder Supremo del estado islámico y también es el jefe del estado y el comandante en jefe de las fuerzas armadas. El "reformista" Jatamí es presidente y los 270 parlamentarios elaboran y aprueban las leyes. Pero cuando la legislación es aprobada en los majilis, después es revisada para comprobar su lealtad a los "principios constitucionales e islámicos", esta tarea es encomendada al Consejo de Guardias de la Constitución, formado por seis clérigos nombrados por el Líder Supremo y seis juristas nombrado por la dirección de la judicatura y aprobada por los majilis.

Las elecciones celebradas en junio de 1988 provocaron el reagrupamiento fraccional, que realmente era el resultado de la presión permanente de las masas contra la guerra y la crisis económica. La división en las filas de los mullahs fue más evidente en las elecciones al quinto majilis en febrero de 1997. Entonces se esperaba que el candidato conservador ganase holgadamente, pero los iraníes, en particular los jóvenes, decidieron otra cosa. Los trabajadores, jóvenes, mujeres e intelectuales votaron al "reformista" Jatamí. La victoria arrolladora de Jatamí demostró que la mayoría de la población estaba ya cansada del régimen opresivo de los mullahs.

Los iraníes votaron por Jatamí y esperaban que con él llegara el cambio político, social y económico. Pero las promesas de Jatamí de libertad política, prosperidad económica y el fin del desempleo sólo eran demagogia. Pero la demagogia de Jatamí acentuó las divisiones en el seno del régimen de los mullahs. Cada uno de los sectores jura lealtad a los "principios fundamentales del Islam" y cada uno pretende ser el heredero del legado del Ayatolá Jomeini. Para defender sus intereses políticos y económicos, cada uno ofrece una interpretación contradictoria de esta herencia y luchan entre ellos mismos mientras todos jugar lealtad absoluta a los mismos principios.

¿Cómo puede tener sentido esta aparente contradicción? Sólo el método científico del materialismo histórico nos puede dar la respuesta. Las ideas religiosas, como señaló Marx, no caen del cielo. No tienen una vida independiente de la sociedad. Para expresarlo de otra forma: cada vez que se plantea una idea (incluso una idea incorrecta y acientífica) y consigue un apoyo de masas, entonces podemos estar seguros de que esta idea refleja los intereses materiales de una clase o grupo social. Fue la presión de las masas la que dividió al establishment religioso. Como explicó De Tocqueville, el movimiento más peligroso para un mal gobierno es cuando emprende las reformas. La prensa, relativamente libre con el nuevo gobierno, se ha convertido en el arma principal de la guerra entre las dos facciones. La mayor parte de las docenas de periódicos que surgieron el año pasado son pro reformistas. Estos periódicos ganaron posiciones cuando obligaron al ministro de inteligencia a admitir su implicación en el asesinato de disidentes políticos e intelectuales. Pero sólo sirvió para que los mullahs conservadores lanzaran un ataque contra estos periódicos.

Los reaccionarios utilizan la provocación libremente dentro de su campaña contra los reformistas. El 20 de abril de 2000 el Ayatolá Ali Jamenei, el Líder Supremo de Irán, dio luz verde a sus seguidores. Declaró enemigos a algunos de los periódicos reformistas. Al día siguiente la línea dura de los mullahs ordenó al Pasdarans registrar las casas y oficinas de los periodistas críticos, éstos fueron detenidos y torturados. En una semana cerraron dieciséis periódicos y revistas pro-reformistas. Periódicos como Soh-l Emrouz, Khordad, Arya, Neshat, Asri-l-A Zadegan fueron víctimas de las purgas. Varios destacados periodistas como Akbar Gangi y Shamsolvaezin fueron encarcelados, acusados de despreciar al Islam y a los elementos religiosos de la revolución islámica.

La lucha entre los mullahs se intensificó aún más después de las elecciones del 18 de febrero cuando los candidatos pro-reformistas consiguieron la mayoría. Mientras esta batalla continua Jatamí -- el líder del sector reformista-- , está escondido detrás del escenario. Pronunció un duro discurso en el cual se comprometió a continuar las reformas, pero todo quedó en palabras. La conducta cobarde de los dirigentes reformistas sólo ha servido para animar a los reaccionarios. La debilidad siempre invita a la agresión. Los partidarios de la línea dura recientemente tuvieron una reunión para planificar una estrategia que echara a los reformistas del gobierno.

Los reaccionarios juzgaron a seis reformistas acusados de actuar contra el estado. De ellos cuatro fueron arrestados por asistir a un seminario en Berlín. Para los mullahs el seminario había estado organizado por la CIA con la intención de acabar con el sistema islámico. Los seguidores de la línea dura en la universidad de Teherán se manifestaron contra las reformas iniciadas por el presidente Jatamí, éstos exigían "que las reformas tipo estadounidenses sean llevadas ante la justicia". Un diputado acusó al presidente de ayudar a los enemigos del régimen con su "ambigua retórica". El ataque al presidente es un serio aviso para todos los reformistas.

Los reformistas no son una entidad coherente. Se presentaron a las elecciones en una coalición ecléctica formada por dieciocho partidos políticos y grupos con diferentes estrategias y tácticas. Después del ataque a los periodistas salieron a la luz las diferencias existentes entre ellos. Empezaron a criticarse entre ellos, Ganji recibió las críticas de sus aliados por "ir demasiado lejos", por cruzar lo que llaman la "línea roja", que es como decir, sobrepasar los límites de la libre expresión que ambas partes tácitamente comprenden pero que nunca definen.

De este modo la "guerra" por arriba entre las dos facciones se reduce a un simple combate de boxeo. Pero en las calles es otra cosa, la división por arriba ha abierto las puertas para el descontento popular reprimido. Ha estimulado el movimiento desde abajo. Una vez más los estudiantes han salido a las calles. Miles de estudiantes se reunieron en la universidad de Teherán y en los campus, para protestar y gritar consignas contra el gobierno. Los estudiantes del Colegio Técnico de Teherán celebraron una manifestación contra la prohibición de los periódicos, colgaron pancartas en las que escribieron las ominosas palabras: "el silencio del pueblo no es señal de su consentimiento".

Después, miles de estudiantes llenaron el auditórium del principal campus de la universidad de Teherán para solidarizarse con las protestas. Miles de estudiantes de otras ciudades -- Yazd, Hamadan, Arak, Mashad e Ilam-- no asistieron a clase. Los estudiantes no han dudado a la hora de desafiar a las fuerzas del estado. Marca un punto de inflexión, presenciaremos grandes acontecimientos similares a las manifestaciones antigubernamentales en el verano de 1999, la mayor insurrección revolucionaria desde la revolución de 1979.

Los dos sectores de los mullahs temen a la revolución. La única diferencia está en la forma de evitarla: represión o concesiones. Pero ahora el genio ha salido de la botella. A las masas no se contentarán fácilmente con reformas parciales que no cambien algo esencial. Cualquier compromiso que deje el régimen intocable no será duradero. Tanto si hacen reformas como si no, estallarán movimientos revolucionarios. La situación en Irán es similar a la de 1977. La erupción de los estudiantes -- el barómetro más sensible de la tensión existente en la sociedad-- son una aviso de la explosión que se avecina. La promesa de libertad de prensa y otras reformas democráticas convenció a los estudiantes y otros sectores cansados del dominio de los mullahs para respaldar a Jatamí y le ayudaron a salir presidente en 1997.

Pero el objetivo de Jatamí no es derrocar el régimen, sólo quería presionar a la línea dura para que dejase un espacio a su facción. Jatamí está muy ansioso por el resentimiento de las masas, particularmente de la juventud, ha aprendido la lección de la insurrección de julio. Sus constantes llamamientos a los mullahs de la línea dura, hablando del peligro de nuevas insurrecciones, es para recordarles el al movimiento de masas, pero en el momento de la verdad, ambos sectores cerrarán filas para intentar estrangular la revolución.

El movimiento del 8 de julio fue una insurrección heroica y maravillosa que demostró una vez más la energía de las masas, en particular de la juventud y la podredumbre del sistema fundamentalista. El proceso fue analizado por Alan Woods en Los primeros disparos de la revolución iraní, en este artículo explica que el colapso de la autoridad de los mullahs y el despertar de las masas estaban preparando el terreno para una situación revolucionaria.

"Los acontecimientos de Irán son similares a la situación de la Rusia zarista en la primavera de 1905. El malestar surgió el 8 de julio de 1999, después de una protesta estudiantil contra la ley de libertad de prensa y el cierre de un popular periódico de izquierdas. Las fuerzas de seguridad asaltaron los dormitorios de la universidad de Teherán por la tarde, golpearon a los estudiantes y los echaron por las ventanas. Parece probable que la intención del ala reaccionaria del régimen, encabezada por el ayatolá Jamenei, era provocar a los estudiantes. Esperaban así acabar con el presidente ‘moderado’ Jatamí.

Sin embargo, los acontecimientos no siguieron ese plan. El salvajismo del ataque provocó una reacción masiva que cogió a los mullahs completamente por sorpresa. Decenas de miles de estudiantes se manifestaron y enfrentaron a la policía en Teherán durante cinco días, eran las primera manifestaciones de masas desde la revolución de 1979. ‘Los manifestaciones’, explica Stratfor, ‘comenzaron con protestas de estudiantes pequeñas y pacíficas, exigían la libertad de prensa después del cierre de varios periódicos el 8 de julio. Más tarde se extendieron después del enfrentamiento con la policía, enviada para disolver estas manifestaciones, hirieron y arrestaron a docenas de estudiantes. A mediodía el número de manifestantes en esta zona superaba los 50.000. Los comerciantes que se encontraban en el trayecto de la manifestación cerraron sus negocios y se unieron a los manifestantes. Los manifestantes atacaron los coches patrulla de las Fuerzas de Seguridad del Estado, los policías al principio dispararon al aire pero después lo hicieron contra la multitud. Los agentes de la FSE tuvieron que huir. Los coches del gobierno que se encontraban en el trayecto de la manifestación ardieron. Los manifestantes furiosos atacaron los bancos Sepah y Saderat en la intersección de Vali-Asr. Los mullahs que se toparon con la manifestación se quitaron los turbantes y las togas y se fueron. La multitud era ya de 100.000 personas en la capital’.

Al principio, la reivindicaciones estudiantiles se limitaban a la libertad de prensa. Pero una vez en las calles, el movimiento adquirió rápidamente vida propia. Los estudiantes comenzaron a sentir su fuerza y sus reivindicaciones eran más valientes y provocadoras. Exigían democracia, la eliminación radical del régimen actual. Pero sólo se puede conseguir con medios revolucionarios. Esta no es la intención de Jatamí y los reformistas, que rápidamente se asustaron se volvieron contra los manifestantes. Esto es completamente lógico. Cualesquiera que sean las diferencias que separan a las camarillas rivales en el poder por arriba de la sociedad, ambas temen a las masas.

El movimiento estudiantil rápidamente encontró eco entre la población general. Los iraníes normales se unieron a las filas de los estudiantes y las protestas se extendieron a Tabriiz donde un estudiante fue asesinado por las fuerzas de seguridad , también a Yazd, Khorramabad, hamadan y Sharud. Rápidamente apareció el potencial para un movimiento revolucionario en todo el país.

Para intentar frenar el movimiento, el gobernador de Teherán anunció la prohibición de todas las manifestaciones. Los estudiantes desafiaron la prohibición y tomaron las calles donde se enfrentaron a varios miles de guardines islámicos (según algunas fuentes 50.000), la mayoría de éstos llegaron a Teherán la noche anterior procedentes de otras ciudades. Teherán se convirtió en un campo de batalla con muchos de la LEF y de las fuerzas del Ministerio de Inteligencia que ocuparon el centro de la ciudad, mientras los helicópteros la sobrevolaban, se publicaron llamamientos por los altavoces pidiendo la ‘calma y el orden’, un llamamiento que fue apagado por los sonidos de los disparos de la policía al aire y los explosivos utilizados a asustar y dispersar a los manifestantes.

‘A mediodía’, escribe Safa Haeri, ‘la capital iraní parecía una ciudad ocupada, las tropas Ansarshock y las fuerzas de seguridad registraban a los transeúntes, los coches y taxis. Los manifestaciones se dispersaron y las luchas esporádicas, en alguna parte los manifestantes atacaban un banco, quemaron dos autobuses y varios edificios públicos, intentaron ocupar las oficinas de los odiados periódicos Keyhan y Jamhouri Eslami, el perimero era el anterior portavoz del Ministerio de Inteligencia y el segundo periódico fue fundado y es propiedad del ayatolá Jameini’.

El próximo párrafo es muy importante, el escritor continúa: ‘Curiosamente los comerciantes del bazar central, tradicionalmente un feudo conservador, cerraron sus negocios y se unieron a los jóvenes manifestantes, cuyas filas se habían llenado de miles de personas normales de ambos sexos’.

Tradicionalmente, el bazaar era un feudo de los mullahs. Si la capa más conservadora de la sociedad iraní se unió a la manifestación de estudiantes, entonces la conclusión es obvia: los días del régimen están contados".

La naturaleza de la revolución no es una línea recta. La revolución durará años como ocurrió en España en los años treinta, la revolución comenzó en 1931 con la proclamación de la república y finalizó en 1937 con la derrota del proletariado barcelonés. Entre estas dos fechas hubo períodos de gran agitación y avance revolucionario, pero también períodos de cansancio, derrota e incluso reacción. Pero la tendencia general seguía la dirección hacia la revolución. Lo mismo ocurrirá en irán. A pesar de los pasos atrás, la línea general es ascendente. Cada golpe de la contrarrevolución sólo servirá para provocar a una nueva oleada revolucionaria. Las masas aprenderán en la escuela de la dura experiencia.

También comenzarán a comprender la verdadera naturaleza de los "reformistas". El papel traidor de Jatamí en la insurrección de julio se pudo ver cuando habló en la televisión nacional para decir que el nuevo gobierno frenaría los disturbios con mano de hierro si se convertían en una amenaza para la seguridad de Irán y la política reformista. Al día siguiente Jatamí acusó a los dirigentes estudiantiles de "atacar la base del régimen y fomentar la tensión y el desorden".

El líder supremo de Irán culpó la "mano oculta" de la CIA en la manifestación anti-régimen de julio y dijo que Washington había intentado repetir el golpe de 1953 que restauró la monarquía pro-occidental. A causa de su temor al movimiento revolucionario de masas, Jatamí -- el "reformista"-- se unió a Jamenei -- el duro-- , y ante la capa más consciente de las masas pronto los dos quedaron en evidencia. Pero la "naturaleza aborrece el vacío". De nuevo en las elecciones del 18 de febrero de 1999 las masas votaron a los reformistas. Fue otro golpe contra los mullahs y su totalitarismo. Los reformistas, con su demagogia habitual, defendieron demandas en favor de la libertad, libertad de prensa y reformas. Las masas huérfanas políticamente todavía esperaban que Jatamí cumpliera sus promesas. Pero este ambiente de esperanza desaparecerá tan pronto como las masas contrasten las palabras con los hechos. La elección de los reformistas es una etapa inevitable en el proceso de maduración revolucionaria de las masas que no aprenden de los libros sino de la experiencia. Y la experiencia no será muy agradable.

El actual gobierno reformista tiene un margen de maniobra muy limitado. El reciente crash del mercado de 1,2 billones de dólares es una advertencia de la extrema inestabilidad económica mundial. Llegará un momento en que el auge actual de EEUU se convierta en una recesión del capitalismo mundial. Esto provocará una deflación de la demanda y el consecuente colapso del precio del petróleo y otras materias primas, lo que agravará seriamente la crisis de la economía iraní. Haid Sevate, un profesor de política de la universidad de Teherán, describió de la siguiente forma la situación: "la economía está mal desarrollada y la mayoría de la gente espera que el parlamento se organice y se ocupe de los asuntos económicos. Los reformistas tienen la mayoría. La población les va a pedir que realicen un trabajo serio. El presidente Jatamí se encontrará en una situación difícil y el período de luna de miel se terminará".

Alan Woods comenta: "Después de veinte años las masas están cansadas del dominio de los mullahs. Al principio, el ayatolá Jomeini prometió un régimen islámico puro e incorruptible, libre de toda la explotación y la influencia perniciosa de occidente. Pero la corrupción es una compañía inseparable de cualquier régimen burocrático. La burocracia de los mullahs no era una excepción. En realidad Irán ahora es uno de los países más corruptos del planeta. Los mullahs, sobre todo las capas medias, se han dedicado alegremente a robar, estafar y robar a gran escala. El enriquecimiento de los partidarios del régimen (evidentemente no quieren esperar la recompensa de una vida futura en el paraíso) contrastan con el empobrecimiento de los trabajadores y campesinos. El contraste entre ricos y pobres es más evidente debido a la propaganda del régimen con sus constantes llamamientos a la solidaridad. El contraste entre las palabras y los hechos, entre la teoría y la práctica, repele a las personas honradas y crea un ambiente general de frustración y furia ahogada.

En el pasado, la gran riqueza petrolera de Irán garantizaba cierta estabilidad. El régimen hizo concesiones a las masas en sanidad, educación y otros servicios. La mortalidad infantil pasó del 104‰ en la mitad de los años setenta al 25‰ en los años noventa. La esperanza de vida en el mismo período pasó de 55 a 68 años. Hay un millón de estudiantes en la enseñanza superior, el 40% son mujeres. Pero la cantidad desproporcionada de riqueza del país va a enriquecer a los mullahs y sus seguidores. The Economist (18/2/97) describía la actitud de los iraníes:

‘Todo bien, dicen los descontentos iraníes. Ahora tenemos carreteras y telecomunicaciones, granjas mecanizadas y escuelas, centros de salud y control de natalidad, por no mencionar a las mujeres de los pueblos que ahora se están haciendo valer. Pero es nuestro deber como país rico en petróleo con una historia antigua, una cultura gloriosa y una elite instruida, geográficamente situado en el centro de una de las regiones más estratégicas del mundo. No somos un país tercermundista en el basurero, somos clientes recién llegados de Occidente. Queremos algo más de eso...

Bien, dicen, el régimen se ha apropiado de la mayoría de la riqueza de la vieja camarilla del Sha, y se ha convertido en una clase de nuevos ricos tan avariciosos y corruptos como los antiguos aristócratas. Los ingresos reales han caído salvajemente, en particular entre las clases medias. Con el sueldo de un profesor difícilmente se puede pagar el alquiler de una habitación.

El salario neto no es suficiente para cubrir los gastos medios en alimentación de una familia, y la mayoría de las personas tienen más de un empleo. A menudo un hombre tiene dos o tres trabajos para poder sobrevivir. Un profesor de universidad gana 500.000 riales (110 dólares al cambio oficial) pero necesitaría dar clases particulares. Un general retirado gana 170.000 riales al mes. Un profesor de primaria gana 120.000 miserable riales (aproximadamente 25 dólares). ¿Quién puede vivir con estos salarios? Y la inflación anual es del 27%.

La crisis del capitalismo mundial se refleja en el colapso del precio del petróleo y otras materias primas el año pasado. Aunque el precio del petróleo ha subido un 80% (durante cuanto tiempo es otra cuestión) ha creado serios problemas para todos los países productores de petróleo. La economía iraní está ahora en crisis, con elevada inflación y paro, y baja confianza de los inversores. La deuda externa en 1997 era de 25.000 millones de dólares. El ochenta y seis por ciento del PIB iraní corresponde al sector público y gran parte del resto está controlado por la mafia. El hedor de la corrupción se extiende a toda la vida económica del país.

Además, ha aumentado el crimen, la ausencia de seguridad personal y muchas libertades. La naturaleza opresora del régimen se manifiesta en miles de formas diferentes. Aquellos que quieren ser estudiantes o profesores son interrogados para ver si en sus familias se respetan los valores islámicos. El sistema oprime especialmente a las mujeres. Una estudiante puede ser expulsada si es pillada riéndose con un hombre que no es familiar. Esto se supone que representa una invitación al pecado. El sofocante régimen e los mullahs que interfiere en todos los aspectos de la vida, grandes y pequeños, sería suficientemente malo por sí mismo. Pero cuando todos sean conscientes de que el clero es corrupto y podrido hasta la médula, entonces será complemente intolerable.

Por esto no lucharon y murieron en 1979. La desilusión de los estudiantes ya fue comentada hace dos años en The Economist (18/2/97):

‘En el primer año de escuela, dice un profesor, la mitad de los estudiantes entregan su vida a la revolución. Pero durante el segundo año, tienen dudas, pero en el tercero son medianamente críticos, pero en el curso están completamente en contra.

El sesenta y cinco por ciento de las personas de Irán tienen menos de 25 años, y saben poco de la revolución y de los ocho años de guerra contra Irak. Por eso resulta en vano los llamamientos del régimen al espíritu de la guerra y el martirio. Ya pasó hace tiempo el tiempo de estos discursos. La juventud iraní no soportará ya por mucho tiempo la retórica vacía. Quieren trabajo y libertad. La juventud de estas nuevas capas, llegan frescas a la lucha, no abrumada con el peso muerto de la rutina y la tradición, esto dota al movimiento de un extraordinario alcance. Sobre todo, estos estudiantes sienten que hablan en nombre de los que participaron en julio. ¡El pueblo vive en la miseria! Los cleros actúan como dioses era una de las consignas coreadas por los estudiantes en las manifestaciones de julio".

El papel de la clase obrera

En la revolución de 1979 la clase obrera fue la columna vertebral del movimiento revolucionario contra el régimen del Sha. Las huelgas asestaron un golpe decisivo al régimen. Los shuras obreros se extendieron con la oleada continua de huelgas de mitad de 1978. el período revolucionario de 1979 es aún un hito para los trabajadores iraníes, un punto de referencia en la lucha contra el capitalismo mundial.

La lucha de los trabajadores iraníes no es sólo decisiva contra el podrido régimen fundamentalista de Teherán. Tiene un significado importante para el movimiento revolucionario de todo Oriente Próximo. En particular los trabajadores del petróleo con su potencia y poder colosal, serán los sepultureros del capitalismo y el dominio de multinacionales como Exxon, Mobil y Conoco. Estas multinacionales obtienen sus beneficios de billones de dólares, mientras que la mayoría de la población de Irán y otros países de Oriente Medio viven en la más absoluta pobreza. Esta contradicción tarde o temprano se solucionará con métodos revolucionarios. Y sólo el proletariado lo puede conseguir.

La clase obrera nunca antes ha sido tan poderosa. Según las estadísticas oficiales iraníes, en 1989 el número total de trabajadores industriales era de 2,5 millones, el 65% trabajaba en grandes industrias, aproximadamente 70.000 en el petróleo y el gas; 45.000 en la electricidad; 155.000 en las industrias del metal y 133.000 en el textil; 82.000 en la construcción; 70.000 en la alimentación; casi 40.000 en la industria del automóvil; 40.000 en química; 25.000 en la industria del papel y aproximadamente entre 35.000 y 40.000 en las industrias militares. Aproximadamente un millón de mujeres trabajan en la industria. Con los fundamentalistas las mujeres han sufrido más que cualquier otro sector de la sociedad, sobre todo las trabajadoras. No tienen derechos maternales y tienen que trabajar hasta los últimos días del embarazo. Las trabajadoras jugaron un papel importante en la lucha para derrocar el régimen del Sha.

Durante la contrarrevolución, los terroristas lumpemproletarios del Pasdaran de Jomeini aplastaron los shuras en las fábricas. Después de esta derrota la clase obrera es natural que estuviera conmocionada y desmoralizada por un tiempo. Pero a los dos años la clase obrera se levantó una vez más, para exigir derechos sindicales, aumentos salariales, reducción de la jornada laboral y oposición a las nuevas leyes laborales. En 1983 estallaron ocho grandes huelgas en las que participaron 15.000 trabajadores. Desde 1984 a enero de 1990, fueron 62 huelgas en las que participaron 142.800 trabajadores. En mayo de 1990 los trabajadores la refinería de petróleo de Isfahan se pusieron en huelga para exigir el doble de salario por las horas extras. A pesar de 30 arrestos y la presión del estado, los trabajadores continuaron la huelga durante dos semanas y aseguraron la liberación de los huelguistas detenidos y la promesa de que el gobierno aumentaría los salarios. Una delegación del gobierno visitó la refinería para comprobar la situación. Los trabajadores dejaron claro a la delegación gubernamental que: "Nos negamos a deciros nuestras reivindicaciones mientras no tengamos derecho a organizarnos en la empresa".

El 27 de enero de 1991 los trabajadores del petróleo comenzaron a luchar para conseguir un aumento salarial y otras reivindicaciones sociales. La huelga comenzó en las refinerías de Isfahan y Abadan con una huelga de hambre, a los pocos días las refinerías de Teherán y Shiraz se sumaron. Las reivindicaciones incluían:

  1. Aumento salarial igual al aumento de la inflación.

  2. El fin de la ley que permitía a miles de empresarios contratar a trabajadores sin cumplir las leyes laborales.

  3. Implantación de las categorías laborales.

  4. Aumento del subsidio destinado a vivienda.

Durante la segunda semana de la huelga, el 8 de febrero de 1991 un representante del Ministerio de Trabajo visitó la refinería de Teherán y pidió a los trabajadores que acabaran la huelga y los representantes electos permitieran al gobierno y a las autoridades ocuparse de sus demandas. Los trabajadores se negaron y exigieron ver al Ministro del Petróleo. Dos días después los representantes del Ministerio de Información (seguridad) en Teherán, trataron la crisis en la región del Golfo, amenazaron a los huelguistas y les amenazaron "si no ponen fin a la huelga las fuerzas de seguridad actuarán". De nuevo los trabajadores, luchando por sus intereses, se enfrentaron al estado. A pesar de esto, los huelguistas consiguieron la mayoría de sus reivindicaciones. En esta huelga -- la primera huelga en todo el sector del petróleo desde la gran huelga de 1978-79-- participaron decenas de miles de trabajadores del petróleo.

El gobierno se cuidó mucho de animar a otros trabajadores a que siguieran el ejemplo de los del petróleo. Pero la cuestión salarial era una demanda imperiosa para toda la clase obrera iraní. La huelga obligó al gobierno (indirectamente a través del Consejo Supremo del Trabajo) a conceder un aumento salarial del 36%. El efecto de la huelga y la importancia de los trabajadores del petróleo fue tal que el Ministro del Petróleo no permitió que se formarán las Sociedades Islámicas en la industria del petróleo (organismos impuestos por el gobierno en algunos centros de trabajo). "El propio presidente era consciente de este hecho y en vista de la sensibilidad existente ante el deseo de tener organizaciones políticas en la industria del petróleo, promete que este tema se considerará a su debido tiempo y se tomarán las medidas apropiadas teniendo en cuenta los intereses del sistema".

Los días 19 y 20 de agosto de 1996, 600 trabajadores de la refinería de Teherán, principalmente de la unidad de almacenaje y depósito central de gas, dejaron de trabajar y sin aviso previo se dirigieron a la Cámara del trabajo (el órgano central de las Sociedades y Consejos islámicos) allí protestaron por el incumpliento de los acuerdos colectivos y la imposición de la ley laboral. Los trabajadores de la refinería de Teherán, Tabriz, Shiraz e Isfahan iniciaron una huelga los días 18 y 19 de diciembre de 1996, exigían al gobierno el reconocimiento de los acuerdos colectivos. Los dos días de huelga se convocaron por la negativa del gobierno a aceptar el ultimátum lanzado por los trabajadores en agosto. Entonces los huelguistas amenazaron con convocar huelga indefinida dentro de un mes. Los trabajadores de la refinería de Yabriz iniciaron una huelga de dos días que duró al final tres semanas. Esto es un récord en la lucha, sobre todo si se tiene en cuenta que los trabajadores iraníes no tienen derecho de organización ni huelga. Los trabajadores se enfrentaron a arrestos arbitrarios, ejecuciones y ocupaciones militares de los centros de trabajo. Eso demuestra que los trabajadores, igual que los estudiantes, cuando pierden el miedo están dispuestos a luchar contra todo. Esto hecho constituye la fuerza motriz principal de la revolución en Irán. El mismo año, el 28 de febrero, cientos de trabajadores se reunieron frente al majilis para protestar contra la nueva ley aprobada por el gobierno de Jatamí que permitía a los empresarios con menos de cinco trabajadores privarles de seguridad social durante un período de seis años hasta el final del tercer plan de desarrollo. De nuevo el 8 de marzo los trabajadores se reunieron frente al majilis para protestar contra la ley laboral.

La mayor manifestación fue la del 1º de mayo. Esta fue la señal más clara de que la clase obrera está comenzando a movilizarse. Desde 1997 el ambiente de los trabajadores estaba cambiando. Habían comprobado las limitaciones de las promesas de los reformistas y la campaña por la libertad política y cultural, libertad de expresión y justicia social. Los reformistas sólo deseaban utilizar las reformistas democráticas para tener una parte mayor del estado y la economía. Sin embargo, los acontecimientos no ocurrieron como esperaban. Trotsky decía que la revolución democrática debe ir seguida inmediatamente por la revolución socialista, o sino acabará en derrota. Los acontecimientos en Irán demuestran la completa corrección de esta idea. La única forma de asegurar un régimen genuinamente democrático en Irán es dejando de lado a todos los elementos cobardes, vacilantes y que la clase obrera tomara el poder. Sólo el proletariado tiene la voluntad y el poder para echar a las fuerzas de la reacción. Pero una vez el proletariado toma el poder no puede limitarse a las tareas democráticas, debe continuar con la expropiación de los capitalistas y terratenientes e iniciar el camino hacia el socialismo.

Las masas aspiran no sólo a los derechos democráticos, también a un nivel de vida superior. Para los abogados "democráticos" y políticos profesionales, la democracia es una frase bonita y una constitución de papel. Para los trabajadores y campesinos, sin embargo, la democracia formal tiene poco significado si no supone una mejora radical en las condiciones materiales de vida de la gran mayoría. Esto requiere no sólo la conquista de la democracia política sino también la conquista de la democracia económica -- un régimen de democracia obrera-- . La democracia burguesa en Irán en condiciones modernas, con la crisis de capitalismo mundial, no puede durar mucho tiempo. Sería un régimen en crisis que inevitablemente terminaría en una monstruosa dictadura y la esclavitud de la clase obrera.

Los trabajadores ya han aprendido mucho y aprenderán incluso más en el transcurso de la lucha. Todos los elementos para la revolución socialista están madurando en Irán. Los reformistas nunca pueden satisfacer las aspiraciones y necesidades de la clase obrera y los campesinos. En última instancia son los representantes de la clase capitalista y el capital financiero -- y también del imperialismo que busca aliados en Irán para evitar la revolución y darles más poder e influencia-- . Los reformistas capitalistas entregarán a Irán a las manos del imperialismo extranjero. Pero en las condiciones actuales esto llevará al desastre.

En Irán estamos al principio de una nueva era y estamos viendo el ascenso de nuevos movimientos sociales contra el sistema capitalista. La atmósfera en Teherán es tensa. Los reaccionarios han lanzado un contraataque sobre los reformistas, les acusan de amañar las elecciones. Es bastante posible que los de la línea dura disuelvan los majilis. Una situación similar a la que se vivió en 1977 cuando las protestas de escritores, abogados y otros defensores de la libertad de expresión y prensa empezaron a protestar contra el Sha. A los dos años el movimiento se había transformado en una revolución.

En Khalkhal, una ciudad del noroeste, los manifestantes furiosos atacaron las oficinas del gobierno, una escuela religiosa y las viviendas de los clérigos conservadores. En Rasht, una ciudad del norte, los manifestantes se enfrentaron con la policía: "Les dijimos que los días de la tiranía se habían acabado".

Irán y la revolución mundial

Jatamí representa al sector del régimen que mira a occidente y al capitalismo en busca de una solución. Occidente prefiere instalar un régimen democrático débil y servil (burgués) en Teherán que sea más flexible que el anterior régimen. Los recientes disturbios les ha cogido por sorpresa. Los estadounidenses están aterrorizados ante la perspectiva de acontecimientos revolucionarios en Irán, por las repercusiones que tendrían en todo Oriente Próximo, en Rusia e incluso más lejos. Irán ocupa una posición estratégica en el mundo, no sólo desde el punto de vista del imperialismo USA, también desde el de la revolución mundial.

Los países occidentales como EEUU, Francia, Italia, Suecia, Alemania y otros países occidentales rápidamente han demostrado su apoyo y "simpatía" por el "reformista" Jatamí, en él reconocen a su mejor apuesta para instalar un régimen más conveniente en Teherán. Pero el movimiento estudiantil ha alterado todos sus planes y cálculos. Comprenden el potencial revolucionario del movimiento -- representa un peligro mortal para ellos en una de las regiones más importantes del mundo-- y por eso rápidamente han hecho concesiones y han "satisfecho" las reivindicaciones estudiantiles. Pero la influencia del imperialismo en Teherán es muy limitado y no encuentra eco a sus peticiones. Los imperialistas observan como la situación se escapa a su control, sin duda respirarán aliviados cuando la reacción vuelva a recuperar el control. Pero estas ilusiones no pueden durar mucho.

La magnífica revolución de 1979 demostró al mundo el heroísmo de la clase obrera iraní. El régimen del Sha estaba equipado con los medios más imponentes de represión. Contaba con un gran ejército y una policía secreta despiadada y eficiente, el Savak. Algunas personas sacaron la conclusión de que el estado era demasiado poderoso como para poder derrocarlo a través de la acción revolucionaria directa del proletariado. En su lugar, aplicaron las desacreditadas tácticas del maoísmo y el guerrillerismo. La vida demostraría la equivocación de estas ideas. La supuestamente invencible maquinaria estatal del Sha fue hecha añicos cuando la clase obrera entró en acción. La revolución iraní fue una revolución proletaria clásica abortada por la ausencia de una dirección y secuestrada por el único grupo estaba organizado y que sabía lo que quería: los mullahs. De este modo, la mayor revolución de la segunda mitad del siglo XX acabó en un estado reaccionario y teocrático. Este fue el mayor aborto en la historia de las revoluciones y era completamente innecesario.

El proletariado iraní en 1979 era más fuerte que la clase obrera rusa en 1917, podía haber tomado fácilmente el poder. Pero la ausencia del instrumento necesario, de un partido y una dirección verdaderamente revolucionarios, como el partido bolchevique bajo la dirección de Lenin y Trotsky. Los trabajadores iraníes formaron los shuras, el equivalente a los soviets rusos en 1917 -- comités electos democráticamente formados por trabajadores, estudiantes, comerciantes, campesinos y soldados-- . Era necesario vincular estos comités a nivel local, regional y nacional e incluir a los representantes de los campesinos pobres, soldados, mujeres, jóvenes y nacionalidades oprimidas y todo se habría solucionado rápidamente. El derrocamiento del Sha podría haber llevado directamente a la creación de un estado obrero. Pero el Partido Comunista, el Tudeh, no tenía la perspectiva de tomar el poder. La burocracia moscovita temía una revolución obrera en Irán. Los dirigentes estalinistas iraníes se subordinaron en primer lugar a los liberales y ‘progresistas’ y por último a Jomeini. Pero en el momento de la verdad, la clase obrera se encontró paralizada e incapaz de jugar un papel independiente. La revolución fue abortada y el pueblo iraní entregado a las manos de la reacción clerical.

Pero ahora se ha cerrado el círculo. El régimen de los ayatolás está agotado y ahora se enfrenta a la revolución, como le ocurrió al Sha. Esta idea ya está presente en la mente de los estudiantes que en este momento son la vanguardia. El verdadero significado revolucionario del movimiento estudiantil no ha pasado inadvertido para los comentaristas occidentales más serios. El movimiento ha ido más allá de los límites previstos por los dirigentes "moderados". El Boston Globe Online (7/12/99) comentaba lo siguiente:

" Ya es evidente que los estudiantes no se arriesgan a los golpes y a la muerte sencillamente para demostrar el apoyo a las reformas marginales del presidente electo de Irán: Mohammed Jatamí. Él ha publicado una declaración en la que dice a los estudiantes que "ahora deben cooperar con el gobierno y permitir que la ley y el orden se establezca en la sociedad".

Estos son los primeros síntomas de la conciencia revolucionaria. Las acciones de los estudiantes están lejos de estar más avanzadas que su comprensión política. Pero en estas condiciones las personas aprenden rápido. La conciencia se queda atrás, pero es la esencia de una revolución que la conciencia se adapta rápidamente a la realidad. Toda una generación de jóvenes sabe poco o nada del marxismo. Su único punto de referencia era la llamada revolución islámica de 1979. Era natural que algunos de los estudiantes hagan referencia al Islam. Pero los comentaristas serios son capaces de distinguir entre forma y contenido. La referencia a la religión es sólo "la cáscara externa de un bolchevismo inmaduro". Los estudiantes comparan la teoría -- una pura e incorruptible república islámica-- con la realidad -- una dictadura corrupta de los mullahs que han robado, engañado y estafado durante dos décadas al pueblo iraní-- . The Boston Globe continua:

"Las consignas de los manifestantes sugieren que están pasando los límites de las reformas limitadas. Cuando los oficiales intentaron leer a los manifestantes una declaración del guía supremo de la república islámica, el ayatolá Alí Jamenei, los estudiantes interrumpieron con gritos: ‘¡Abajo el dictador!’ y ‘El Islam y la ley u otra revolución’".

Este movimiento de los jóvenes es toda una inspiración. Pero los estudiantes solos nunca pueden triunfar frente al estado de los mullahs. Es imperativo que se unan con las masas oprimidas -- los trabajadores, campesinos y pobres urbanos-- que también están cansadas de la reacción clerical. También es necesario luchar por la completa emancipación social y legal de la mujer, ese sector de la sociedad que ha soportado la carga más dura de la tiranía de los mullahs. Las mujeres de Irán estás destinadas a jugar un papel clave en la venidera revolución. Ya las mujeres han participado activamente en la manifestación de Teherán y en todas partes. También es necesario defender los derechos democráticos de los kurdos y otras nacionalidades oprimidas de Irán.

Pero con un programa que se limite a la democracia formal, es imposible. Por supuesto, es necesario luchar por todas las reivindicaciones democráticas: libertad de expresión, de reunión, derecho a manifestación, huelga, organización, elecciones libre y democráticas y la formación de una asamblea constituyente, etc., Pero esto no es suficiente. Es necesario defender un programa de reivindicaciones sociales y económicas que refleje las necesidades de los trabajadores y campesinos. ¡Un empleo para todos! ¡Un salario y pensión decentes! ¡Jornada laboral de siete horas diarias! ¡Escuelas decentes y hospitales para todos! ¡Un programa de construcción de viviendas! ¡Un plan socialista de producción con el control democrático de la clase obrera!

Para poner este programa en práctica es necesario elegir democráticamente comités obreros. Los comités de acción deben organizar la lucha contra el régimen y dar una expresión consciente. Los estudiantes pueden jugar un papel clave si se organizan alrededor de un programa revolucionario del marxismo y vinculan su lucha con la clase obrera. Deben evitar la tentación de recurrir a las tácticas inútiles del terrorismo individual y el guerrillerismo que en el pasado han conducido al desastre. No al terrorismo sino el trabajo revolucionario y organizado en las fábricas, escuelas, barrios obreros, es la única forma de preparar para las próximas batallas.

Sobre todo es necesario formar una organización de cuadros, educados en las ideas del marxismo-leninismo. Y es necesario ver que la revolución iraní sólo puede triunfar si inscribe en su bandera una perspectiva internacionalista. Esa fue siempre la posición de Lenin y el Partido Bolchevique. Irán ocupa una posición clave. Una revolución en Irán afectaría a todo el planeta. Ya hemos visto esto de una forma distorsionada, después de 1979, cuando la revolución por desgracia fue secuestrada y distorsionada por la reacción clerical se convirtió en un poderoso impulso del fundamentalismo islámico. Esto llevó a un callejón sin salida, hoy lo vemos claramente, no sólo en Irán, también en Afganistán, Argelia y otras partes.

La alternativa al imperialismo y el capitalismo no es el fundamentalismo sino la revolución socialista y el internacionalismo proletario. La segunda revolución iraní tendrá un contenido completamente diferente y el carácter de la primera. Los imperialistas lo saben y lo temen. Comprenden que el futuro de todo Oriente Próximo depende de un hilo. No hay un solo régimen burgués estable. Una revolución en Irán acabaría con los regímenes débiles y corruptos. Una revolución socialista triunfante en Irán sacudiría todo Oriente Próximo, Rusia y el subcontinente indio. Minaría el régimen reaccionario de los talibanes en Afganistán. Sus repercusiones se dejarían sentir en Asia, África y América Latina y no sólo ahí. El ejemplo de un régimen de democracia obrera sano en Irán tendría un gran efecto entre los trabajadores de Europa, Japón y EEUU como ocurrió con la revolución rusa de 1917. Cambiaría el curso de la historia. Todo depende de la capacidad de la vanguardia de los trabajadores y jóvenes iraníes de crear el instrumento necesario para llevar la revolución hasta el final.

El resultado de la actual lucha política en Irán esta indisolublemente unida a las acciones de la clase obrera, que determinará el destino de la sociedad. La fase temporal de desorientación y decepción resultado de la traición estalinista de 1979-80, ahora está llegando a su fin. Igualmente se esfumarán los humos de la intoxicación fundamentalista . Ahora estamos presenciando el inicio del final del régimen monstruoso establecido por la contrarrevolución de Jomeini. Las masas empiezan a pensar por si mismas e intentan encontrar una alternativa. Ni el fundamentalismo ni la democracia burguesa pueden ofrecer una salida. El único camino para las masas es el de la lucha por la emancipación de la clase obrera. Esa es la única bandera que puede entusiasmar y galvanizar a las nuevas generaciones, sobre todo a la juventud, las nacionalidades oprimidas y las mujeres. El futuro reside en la victoria de los trabajadores, la revolución socialista no se detendrá en las fronteras de Irán, sino que encenderá el fuego que causará una explosión en Oriente Próximo y más allá. Esto es lo que está en el orden del día en el amanecer del siglo XXI.

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