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Nota introductoria: Extracto de una carta desde Venezuela
Cuando Alan Woods acababa de terminar de escribir este
artículo (ver más abajo), recibimos una carta de un marxista venezolano
comentando el artículo de ayer escrito por Emilia Lucena, publicamos algunos
extractos relacionados con la situación actual, seguidos por los comentarios
de Alan Woods.
“(...) Mi opinión es que el país atraviesa por una situación
prerrevolucionaria. En realidad, los trabajadores y el pueblo cuentan con
casi todo, salvo con una dirección revolucionaria, lo cual, en este momento
histórico del capitalismo, ES ABSOLUTAMENTE NECESARIO para derrocar el
régimen capitalista. Por otra parte, desde el 13 de abril se ha venido
desarrollando un acelerado proceso de organización popular, existen miles de
círculos bolivarianos, comités de tierra, asambleas populares, corrientes
clasistas, movimientos p olíticos
diversos, etc., sin embargo, este proceso refleja la inexperiencia del
movimiento popular, presenta grandes debilidades organizativas internas y,
lo que es mas grave, una gran desarticulación entre sus componentes. Otro
elemento importante a tomar en cuenta es el peso muerto del liderazgo
mesiánico de Chávez (...). Todo esto pone en evidencia dramática la carencia
del partido revolucionario, y, al mismo tiempo plantea como necesidad
urgente del movimiento de masas crear un FRENTE DE ACCIÓN POPULAR, para
articular a las organizaciones obreras y populares y discutir un plan de
acción contra el golpismo, y desde ese frente, comenzar a trabajar en
función de construir el partido, tarea que aun es extremadamente incipiente.
“Otro elemento a considerar es que el movimiento obrero organizado no es aun
la vanguardia del proceso, existen sindicatos y corrientes clasistas que se
han venido desarrollando durante el ultimo año pero aun no reflejan al
conjunto del movimiento obrero. Aquí también se hace sentir la carencia del
partido revolucionario. El eje de la movilización contra el golpismo recae
todavía en las organizaciones populares, me refiero a comités y círculos
bolivarianos de los barrios pobres de las principales ciudades, así como
organizaciones rurales y comités de comunidades semiurbanas (es decir,
cercanas a ciudades), pero no es el movimiento obrero la vanguardia de la
lucha (...).
Con respecto a la situación actual, te puedo decir que el paro fue un
fracaso, en este momento se reduce solo a un 16% de la fuerza laboral. Sin
embargo, los golpistas se han concentrado en PDVSA donde han causado algunos
problemas sin llegar a paralizar la empresa en su totalidad.
“En Caracas, sobre todo en los comercios del este de la ciudad, el paro ha
sido significativo, sin embargo, en las zonas populares la mayoría de los
comercios han abierto, incluso los bancos han abierto aunque con algunas
excepciones. En el interior del país el fracaso del paro ha sido mucho más
claro y contundente. Por ejemplo, en el estado llanero Apure y en Guayana,
donde están las empresas básicas (hierro, siderurgia, aluminio,
electricidad), las seccionales de Fedecámaras no acataron el paro. Desde
ayer, en un acto que refleja desesperación, pero también la presión de los
sectores mas derechistas de la Coordinadora Democrática, Carlos Ortega llamó
a un paro activo, que se ha traducido en acciones violentas en algunas
ciudades, especialmente en Caracas. Lo que caracterizamos es que tratan de
crear una situación de caos en las calles para eventualmente provocar un
pronunciamiento militar, combinando estas acciones con el intento de
obstaculizar el funcionamiento de PDVSA. En el plano militar, creemos que no
tienen la fuerza suficiente para dar un golpe, de ser así ya lo hubieran
dado. Con respecto a tomas de fabricas estas no se han producido, la
información aparecida en Aporrea sobre Pepsi Cola no se ha confirmado. En
cuanto al articulo me parece correcto en términos generales, pero las
propuestas finales, siendo acertadas, en este momento son propagandísticas,
habría que bajarlas mas a tierra y adaptarlas a la situación especifica del
proceso en la actualidad. En tal sentido, estamos proponiendo dar otro 13 de
abril, estamos llamando a una asamblea urgente de las organizaciones obreras
y populares que discuta la conformación de un frente de acción popular, un
plan de lucha y un plan económico y social alternativo, así como llamando a
la movilización del próximo sábado, de esa forma creemos que se concretan
algunos de los planteamientos que haces en el artículo”.
M.
Comentarios de Alan Woods
Recibí esta interesante carta desde Venezuela justo cuando
acababa de finalizar mi artículo. Al estar escrito por un participante
activo en la lucha merece un examen muy minucioso. Es obvio que los
comentarios escritos desde una distancia de miles de kilómetros nunca pueden
hacer justicia a los acontecimientos en consideración. Por necesidad tienen
cierto carácter abstracto y general. Para poder concretar más las cosas es
absolutamente necesario obtener correspondencia desde la primera línea de
frente.
Reproducimos las partes más relevantes de la carta que nos permiten ver más
claramente el proceso que se está desarrollando. Estas líneas contienen la
brisa fresca de la revolución, en un sentido que los artículos de la prensa
burguesa nunca podrán hacer. Lo más importante que emerge de este artículo,
es que las fuerzas de la revolución permanecen intactas y que la
contrarrevolución parece haber fracasado una vez más. Si esto se confirma,
significa que la revolución se enfrenta a una situación extraordinariamente
favorable. La generalización de los comités populares, que describe el autor
en su carta, es el factor más importante en la situación. La propuesta de
convocar una conferencia de emergencia de los comités es absolutamente
correcta, y está completamente de acuerdo con lo que se propone al final de
este artículo, es decir, la necesidad de vincular los comités a escala
local, regional y nacional. Esta es la necesidad más absolutamente crucial
del momento.
Es necesario un programa de acción. ¡Sí! Y ¿quién debería decidir este
programa sino son los propios trabajadores en una conferencia convocada
democráticamente? Los marxistas venezolanos participarán activamente y
propondrán nuestro programa, el programa del socialismo, el del poder
obrero. Lucharemos para ganar la mayoría para estas propuestas. La población
será más receptiva ahora que en cualquier otro momento. Los acontecimientos
la han enseñado a comprender quién es el enemigo y cómo luchar contra él.
Marx dijo en una ocasión que las ideas se convierten en una fuerza material
cuando se apoderan de la mente de las masas. La combinación de la
experiencia de las masas y el trabajo paciente de los marxistas, el trabajo
de organización, agitación y propaganda, más pronto que tarde, conseguirá
resultados fructíferos.
Naturalmente, como el ala más a la izquierda del movimiento revolucionario,
nuestras ideas al principio parecerán abstractas y difíciles, pero la vida
enseña, y las masas están aprendiendo de un golpe tras otro.
Sí, es verdad que en esta etapa la clase obrera organizada no es la
vanguardia, y esto constituye la debilidad del movimiento. Nos basaremos en
los elementos más avanzados y revolucionarios, especialmente la juventud, de
los comités. Ellos empujarán el movimiento hacia delante. Tarde o temprano,
estas ideas penetrarán en la clase obrera organizada, aunque ahora esté
retrasada.
A propósito, no es la primera vez que hemos visto esto. En la Revolución
Rusa los sindicatos también solían estar formados por los sectores más
conservadores de la clase, y muchos de ellos estaban bajo el control de los
mencheviques incluso después de Octubre. Algunos de ellos (bancos y
ferrocarriles) incluso adoptaron una postura contrarrevolucionaria.
Sin embargo, mientras continuamos basándonos en los elementos más
revolucionarios, concentrándonos en el fortalecimiento y la extensión de los
comités de acción, de ninguna forma deberíamos ignorar a los sindicatos y
dejarlos a merced de los canallas y contrarrevolucionarios, sino llevar a
cabo una lucha dentro de los sindicatos para convertirlos en genuinos
órganos de la lucha proletaria, purgarlos de los dirigentes corruptos y
reaccionarios para ponerles al servicio de la revolución.
Finalmente, para el autor de la carta es mil veces correcto señalar la
cuestión del partido y la dirección como la clave de la situación. Si la
reacción ha sido una vez más derrotada por el movimiento de las masas, esta
es una gran victoria. Pero de ninguna forma aquí se termina la historia y
cometeríamos un serio error si imaginamos que el peligro ha desaparecido.
Por lo tanto no veo necesidad de cambiar el título del presente artículo o
su contenido básico. La revolución venezolana sigue en peligro, y
permanecerá en peligro hasta que la clase obrera decida finalmente tomar el
poder en sus manos.
Ofrezco este punto de vista con toda humildad como una contribución a la
discusión que está teniendo lugar en el movimiento revolucionario
venezolano. Tengo confianza en que los trabajadores, campesinos y pobres de
Venezuela encontrarán el camino correcto, que superarán todos los obstáculos
y triunfarán.
LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA EN PELIGRO
Las noticias de Caracas tienen un carácter cada vez más alarmante, las
fuerzas de la contrarrevolución han empezado una campaña para derrocar al
gobierno legalmente electo de Hugo Chávez. Ayer, la armada tomó un petrolero
del gobierno que había sido pirateado por una tripulación rebelde y Chávez
juró que su ejército frenaría el sabotaje de la industria petrolera.
Con sus acciones, la contrarrevolución está intentando estrangular la
economía venezolana y hundir al país en el caos. Los que están detrás de
este nuevo intento de golpe saben que la industria petrolera es la savia del
país. La huelga general convocada (en realidad un cierre empresarial con la
connivencia de los dirigentes sindicales de derechas) prácticamente
interrumpió la carga de los petroleros, obligando a Venezuela a liberar a
los compradores y vendedores del cumplimiento de los contratos petroleros.
Las exportaciones petroleras para la economía venezolana suponen el 75 por
ciento del total de las exportaciones y la mitad de los ingresos del
gobierno. Esta es una cuestión de vida o muerte para el quinto productor de
petróleo del mundo. Después de cuatro días de interrupción organizada, las
exportaciones de petróleo cesaron porque 23 petroleros fueron incapaces de
cargar, según fuentes oficiales.
Detrás del caos actual está la mano de Washington. Venezuela es el principal
suministrador de petróleo a EEUU. No satisfecho con sus planes de invadir y
ocupar Iraq, con la intención de apoderarse de su petróleo, Bush quiere
también apoderarse del petróleo de Venezuela. Sin embargo, el efecto
inmediato de estos acontecimientos ha sido aumentar los precios del petróleo
en los mercados mundiales. El crudo y los productos refinados en la Bolsa
Mercantil de Nueva York subieron el jueves, en parte debido a los
acontecimientos en Venezuela. El precio del petróleo para enero subirá 58
centavos para alcanzar los 27,29 dólares por barril.
Los contrarrevolucionarios están exigiendo un referéndum inmediato sobre la
presidencia de Chávez, a quien culpan, de una forma hipócrita, del desorden
económico y político que ellos mismos han provocado. Correctamente, Chávez
se ha negado a aceptar este chantaje. Ha acusado a los dirigentes de la
oposición de querer la privatización de Petróleos de Venezuela SA, el
monopolio estatal del petróleo, conocido como PDVSA. “Atacar al PDVSA es
como atacar el corazón de Venezuela”, dijo Chávez en un discurso televisado
para todo el país. “Nadie para a Venezuela”.
Las acciones de la oposición son una amenaza directa para la revolución
venezolana. Los banqueros y los empresarios ricos quieren retrasar el reloj,
derrocar un gobierno elegido democráticamente con tácticas gangsteriles,
liquidar todas las reformas sociales de los últimos años, liquidar todos los
activos de valor del país a los ladrones y especuladores, y poner una vez
más la bota sobre la garganta de la clase obrera y los pobres. En esto
cuentan con el apoyo firme del imperialismo estadounidense que está
interfiriendo de una forma muy descarada en los asuntos internos del país.
Ya no hay margen para las dudas o las vacilaciones. ¡La revolución está en
peligro! Sólo hay dos posibilidades ante ella: o avanza decididamente, para
movilizar cada gramo de fuerza para aplastar la contrarrevolución, o caerá
derrotada. NO ES POSIBLE UN CAMINO INTERMEDIO.
El gran error que se ha cometido es imaginar que la revolución podría
detenerse a medio camino. Es extremadamente peligroso pensar que es posible
desarmar al enemigo adoptando una política conciliadora. Esto es como
intentar convencer a un tigre que come hombres que coma lechuga. Cada
intento de conciliar precisamente ha tenido el resultado contrario al que se
pretendía. Con cada paso atrás, los enemigos de la revolución exigen diez
más. Ahora no son posibles más retiradas o compromisos. Abrigar la más
mínima duda sobre esto sería invitar al desastre.
Chávez denunció el intento de un capitán reaccionario de tomar el petrolero
Pilín León —el nombre de una antigua Miss Mundo— como “un acto de
piratería”. Esta descripción es correcta. El capitán Daniel Alfaro, un
empleado de PDVSA, ancló el miércoles su petrolero lleno con 280.000
barriles de gasolina en la ciudad occidental de Maracaibo. Los oficiales de
la marina tomaron el jueves el barco y estuvieron hablando con su
tripulación, esto es lo que dijo el general Alberto Gutiérrez, jefe del
mando del ejército en el estado de Zulia. Este sabotaje en alta mar contó
con el apoyo de los propietarios del remolcador. Zulia Towing, la mayor
empresa privada remolcadora en el lago Maracaibo, puso sus trece
remolcadores al servicio de la huelga, esto se lo dijo un trabajador a
Associated Press a condición de mantener el anonimato. La empresa realiza
rutas naciones e internacionales, incluidos los petroleros.
Esta es una clara evidencia de la conspiración nacional de las empresas
privadas relacionadas con la industria petrolera, que es de suma
importancia, para llevar a cavo una campaña de sabotaje a escala masiva. El
hecho de que un trabajador revelara la acción de los empresarios a condición
del estricto anonimato, es suficiente para demostrar quién está realmente
detrás de la huelga. De la misma forma, las terminales del país dejaron de
cargar los petroleros el miércoles. Esta es una seria amenaza. Si un grupo
de capitanes marinos reaccionarios consiguen adueñarse de la tropa
petrolera, pueden infligir un serio daño a la economía. Según algunos
informes de prensa, al menos otros cinco petroleros anclaron en señal de
protesta y se esperaba que se unieran más el jueves. Es necesaria una acción
decisiva para frenar este sabotaje, pero anoche (jueves) el gobierno todavía
no había arrestado a la tripulación del petrolero porque dijo que estaba
buscando reemplazos.
Este es el segundo intento de golpe. Diecinueve personas perdieron la vida
durante el último golpe del 11 de abril. Los oficiales disidentes
destituyeron a Chávez al día siguiente, pero dos días más tarde volvió a su
cargo, después de que un gobierno interino aboliera la constitución, aupado
por una insurrección popular. Consideramos que el presidente Chávez cometió
un serio error el pasado mes de abril cuando no consiguió aprovechar la
situación favorable que existía, después del fracaso del golpe, para
desarmar y arrestar a los contrarrevolucionarios y confiscar sus
propiedades. Esto se habría realizado, en nuestra opinión, de una forma
relativamente indolora en ese momento. Sin embargo, se perdió la
oportunidad. El resultado es la actual insurrección contrarrevolucionaria
que ya pronosticamos el pasado mes de septiembre.
Es el momento de emprender una acción decisiva, pero la situación no durará
para siempre. Es necesario actuar firme e inmediatamente contra la
contrarrevolución. Chávez ha asegurado a los venezolanos y clientes
internacionales —mencionó específicamente a los EEUU— que usaría a las
fuerzas armadas para mantener a flote los petroleros. Acusó a los dirigentes
de la huelga de perseguir la misma estrategia que provocaron su caída en
abril: enfrentamientos callejeros, una huelga general y cierre de la
industria petrolera, todo respaldado por los medios de comunicación de
Venezuela. Según Chávez: “Cada vez que estos sectores convocan una huelga es
porque tienen una carga en la manga, un cuchillo oculto”.
Esto es absolutamente correcto, pero es necesario pasar rápidamente de las
palabras a los hechos decisivos. Las denuncias por sí solas no pararán la
contrarrevolución. Se debe confrontar con el movimiento revolucionario de
las masas. Se la debe resistir en las calles y arrestar a los dirigentes.
Los directores de fábrica contrarrevolucionarios y los capitanes de barco
deben ser destituidos y el funcionamiento de las fábricas, muelles y barcos
debe estar en manos de los comités de trabajadores e ingenieros leales a la
causa de la revolución. Los oficiales que se nieguen a actuar contra los
enemigos de la revolución también deben ser arrestados.
Estas medidas, por supuesto que serán atacadas en la prensa amarilla que las
calificará de tiránicas y dictatoriales. Todo es basura. No hay un solo
supuesto gobierno democrático en todo el mundo que tolerara el sabotaje
deliberado de la economía con el propósito de la subversión del presidente
legalmente electo. Esos llamados demócratas como Bush y Blair, si se
sintieran amenazados, no dudarían en recurrir al ejército y utilizar toda la
fuerza de a ley para proteger el sistema capitalista. Cuando un gobierno de
izquierdas intenta defenderse contra una amenaza intolerable, respaldado
activamente y organizado por una potencia extranjera, ¡supuestamente es un
tirano! ¿No es esto la hipocresía más monstruosa?
Por ahora parece que el ejército se ha mantenido al margen. Se ha desplegado
a la Guardia Nacional en Caracas para “evitar los enfrentamientos entre los
seguidores de Chávez y los opositores”. El dirigente contrarrevolucionario,
Carlos Fernández, jefe la mayor federación empresarial de Venezuela, ha
acusado al gobierno de poner francotiradores dentro del edificio de la
compañía petrolera en Caracas, para disparar contra los protestantes de la
oposición. El objetivo de esto es bastante claro: preparar el terreno para
el uso de la violencia por parte de las fuerzas contrarrevolucionarias.
Constantemente aparecen rumores. Otro “héroe” del populacho
contrarrevolucionario, el jefe sindical de derechas Manuel Cova, dice que la
policía secreta intentó asaltar su casa el jueves pero que lo impidió una
protesta de sus vecinos. Utilizando estos supuestos incidentes como
pretexto, los reaccionarios han anunciado más manifestación de oposición
para el viernes y durante todo el fin de semana. Se han celebrado marchas de
la oposición en las ciudades de todo el país y se han producido varios
enfrentamientos entre los manifestantes, los seguidores de Chávez y las
fuerzas policiales. En Caracas, los manifestantes pro y contra Chávez se
están movilizando. La marea de la contrarrevolución una vez más se ha
enfrentado a la resistencia de las masas que han tomado las calles. La
tendencia hacia la guerra civil aumenta según pasan las horas.
En escena han aparecido los llamados mediadores: la Organización de Estados
Americanos, las Naciones Unidas y el Centro Carter de Atlanta con sede en
Georgia. Su objetivo es intentar asegurar que la contrarrevolución burguesa
triunfa con la menor dificultad posible. Actúan aproximadamente como el
“vecino bueno” que interviene cuando una banda de ladrones está a punto de
cortar a alguien la garganta, pidiendo a la víctima que no haga mucho ruido
para que no alborote al vecindario, llegando a un “acuerdo” amistoso, que
por supuesto significa entregar todo el dinero (posiblemente) a cambio de
salvar la vida. La continuación del cierre empresarial y la negativa del
gobierno a convocar elecciones anticipadas han, afortunadamente,
descarrilado las conversaciones de paz patrocinadas por estos buenos
vecinos.
La burguesía internacional está mirando estos acontecimientos con
preocupación. La Unión Europea y los embajadores de los veintidós gobiernos
miembros de la OEA, publicaron el jueves declaraciones apoyando los
esfuerzos del secretario general de la OEA, el general César Gaviria, para
volver a reiniciar las conversaciones. Les gustaría ver derrocado al
gobierno de Caracas, pero temen una repetición de los acontecimientos del
pasado mes de abril y temen que esta vez las cosas vayan demasiado lejos.
Los estados vecinos de América del Sur tienen buenas razones para estar
preocupados. En el momento actual no hay un solo régimen capitalista estable
desde Tierra del Fuego hasta Río Grande. En Buenos Aires, desde donde
escribo estas líneas, los niños están muriendo de desnutrición en el país
que era la décima nación industrializada del planeta, un país con un inmenso
potencial agrícola que podría alimentar a todos los americanos y que ahora
está padeciendo algo como el hambre.
A través de este vasto continente, con su colosal potencial para la
producción de riqueza, millones de hombres, mujeres y niños, están sufriendo
la pobreza, el desempleo y el hambre. Están inquietos y descontentos, y su
descontento, lentamente pero de una forma segura, se están convirtiendo en
furia hacia sus opresores nacionales e internacionales. La elección de Hugo
Chávez fue una expresión del ardiente deseo de cambio. Como también lo fue
la elección de Lula en Brasil y Gutiérrez en Ecuador.
Pero un cambio de gobierno no es suficiente. Lo que se necesita es un cambio
de régimen, un cambio radical en el sistema social. Lo que se necesita es
romper de una vez por todas con el poder de las oligarquías que dominan este
continente y chupan su sangre. Sin embargo, la oligarquía que disfruta la
riqueza y el poder, no lo entregarán sin luchar. No va a entrar el poder
voluntariamente. Hay que arrebatárselo.
La elite dominante utilizara todos las artimañas a su disposición. Ahora
están movilizando a la clase media en Venezuela, están apelando a las capas
atrasadas de la población que están desencantadas por la ausencia de
progreso en el frente económico. Sin embargo, Chávez todavía tiene un apoyo
de masas. La clase media de los paseos marítimos de Maracaibo, docenas de
personas que salieron a la calle haciendo sonar sus cacerolas y encendían
las luces de sus coches en apoyo de la tripulación del Pilin León, no tienen
estómago o resistencia para una lucha seria. La acción decidida de las masas
dispersaría rápidamente a los rebeldes.
Es el momento de movilizar toda la fuerza de las masas revolucionarias para
infligir una derrota decisiva a la contrarrevolución. Pero esta vez el
movimiento no deben detenerse en la mitad del camino. Es necesario destruir
la base social y económica de la contrarrevolución. Esto significa la
expropiación de la tierra, los bancos y las grandes empresas, junto con toda
la propiedad de los conocidos contrarrevolucionarios y la de los
imperialistas estadounidenses.
Algunos dirán que estas medidas provocarán a Estados Unidos y les dará una
excusa para intervenir contra Venezuela. Pero los Estados Unidos ya están
interviniendo del lado de la contrarrevolución venezolana, lo lleva haciendo
desde hace mucho tiempo. Washington no necesita ninguna excusa para estas
intervenciones, como demuestra claramente el caso de Irak. Resultaría fatal
imaginar que, modificando nuestra posición, retrocediendo y haciendo
concesiones para agradar al embajador estadounidense, esto hará que George
W. Bush suavice su postura. ¡Todo lo contrario! La debilidad invita a la
agresión. Estas concesiones sólo animarán a los imperialistas y a sus
agentes locales para que hagan exigencias aún más insolentes.
Es verdad que tomar medidas decisivas para defender las conquistas de la
revolución, hará necesario pasar de las medidas defensivas a un programa
ofensivo de expropiación. Pero no hay otra salida. La burguesía venezolana
—esa quinta columna corrupta y degenerada que quiere vender el país al
imperialismo a precio de ganga— ha pasado a la ofensiva. Ha sido consecuente
e implacable en la defensa de sus intereses de clase. La clase obrera debe
ser igualmente determinada y valiente en la defensa de los suyos. No puede
haber vuelta atrás, no es posible ningún compromiso: o se lleva la
revolución hasta el final o sucumbirá.
Para los imperialistas y la burguesía el crimen de la revolución no es que
ha hecho esto o aquello, que se haya comportado imprudentemente o utilizado
un lenguaje no diplomático. Su único crimen es que existe. La
contrarrevolución tiene sólo un objetivo, destruir la revolución. Para
actuar en legítima defensa el objetivo de las masas revolucionarias debe ser
la destrucción de la contrarrevolución. La chusma pequeño burguesa es capaz
de hacer mucho ruido en las calles, pero cuando se enfrenten con una muestra
de fuerza se dispersará como paja movida por el viento. Esto se pudo ver en
abril y lo veremos una vez más. La condición es que las masas demuestran una
completa determinación que no haya más intentos de compromiso.
En la ecuación de la guerra civil —porque es lo que se está desarrollando
ante nuestros ojos— la conducta de las fuerzas armadas es decisiva. En las
filas superiores del ejército y la policía, indudablemente hay elementos, al
descubierto u ocultos, que han sido comprados por la contrarrevolución y la
embajada estadounidense. Hay otros que están inseguros ante que camino coger
y que están dudando entre el pueblo o la reacción. Pero por cada
contrarrevolucionario, descubierto o encubierto, hay otros diez, cincuenta o
cien soldados leales a la revolución.
En ninguna otra parte las consecuencias de una política vacilante e
inconsecuente han demostrado ser más negativas que en el ejército. Al no
conseguir purgar en su momento los altos mandos del ejército de elementos
reaccionarios, los conspiradores han podido continuar su trabajo sucio en
los barracones. Estos elementos están presentes y quedó claro en el golpe de
estado de abril. Desde entonces, se han visto obligados a ser más prudentes,
pero muchos de ellos todavía están allí.
Sólo una ofensiva seria por parte de las masas puede alterar la correlación
de fuerzas dentro del ejército y situarla del lado de la revolución. Una
acción decisiva para aplastar la contrarrevolución paralizará la voluntad de
los reaccionarios en el cuerpo de oficiales y animará a los soldados de la
tropa y a los oficiales que están del lado de la población.
La clase obrera debe ponerse a la cabeza de la nación. Debe mostrar una
solución a los millones de parados, pobres urbanos, mujeres, jóvenes y
campesinos sin tierra. Debe establecer órganos de poder estables en la forma
de comités electos. Formar Comités por la Defensa de la Revolución en cada
centro de trabajo, en cada barrio, escuela, universidad, granja y barracones
del ejército. Vincular estos comités sobre bases locales, regionales y
nacionales. ¡Debéis tomar el poder en vuestras manos!
La amenaza de la contrarrevolución contiene un peligro mortal. Una vez en el
poder, la máscara sonriente de la “democracia” será desechada para revelar
la violencia de la clase dominante. Los empresarios, banqueros y
terratenientes han pasado un miedo terrible. Querrán tomar su venganza en la
población, hacerles pagar por los años de “caos” y anarquía”, demostrar
quien es el jefe, enseñarles una lección que nunca podrán olvidar.
Las masas deben armarse contra este peligro. La única solución es el
armamento del pueblo y la formación de una milicia popular bajo el control
de comités revolucionarios. Permitir que las milicias patrullen los barrios
para protegerles contra el terrorismo contrarrevolucionario y los saqueos.
En lugar de saquear tiendas en busca de comida —actos de desesperación que
sólo empujar a los comerciantes en brazos de la reacción—, los comités
locales deben establecer un firme control sobre el transporte y la
distribución de comida.
El precio de la comida y otros artículos básicos de consumo debe estar
controlado por los comités de trabajadores, amas de casa y pobres urbanos,
para evitar la especulación, la estafa y asegurar que todo el mundo tiene lo
suficiente. Se deben dar pasos inmediatos para resolver el problema de la
vivienda, confiscando todas propiedades las vacías e infrautilizadas, las
segundas viviendas de los ricos, etc.
Los trabajadores deben tomar inmediatamente las fábricas y establecer el
control obrero para reiniciar la producción. Los directores que han
colaborado con el cierre empresarial deben enfrentarse a una disyuntiva: o
hacen que la producción empiece de nuevo, o irán a la cárcel. Los directores
corruptos, ineficientes y contrarrevolucionarios deben ser destituidos y
sustituidos con personas honestas, ingenieros, graduados y otras personas
preparadas para servir a la causa de la revolución.
Hay que acabar con el poder de los grandes terratenientes en el campo, hay
que nacionalizar la tierra y animar a los campesinos y trabajadores
agrícolas a que ocupen las grandes propiedades.
Tan pronto como sea posible, se debería regularizar esta situación con un
decreto de emergencia nacionalizando las principales empresas, la tierra y
los bancos. Se debería diseñar un plan de producción con la participación de
todos los trabajadores, científicos, técnicos, etc., con el objetivo de
movilizar todo el potencial productivo de la nación en interés de toda la
población, no para el enriquecimiento de un puñado de parásitos ricos.
Debería quedar claro que estas medidas no van dirigidas contra la clase
media, los pequeños comerciantes o los pequeños empresarios, etc., cuya
propiedad no será tocada. El enemigo de la revolución es la oligarquía
responsable de la ruina del país y que roba y explota, tanto a la clase
media como a la clase trabajadora. Al nacionalizar los bancos e instalar un
régimen de economía planificada, será posible ayudar a los pequeños
empresarios a través de créditos baratos en unas condiciones asequibles. Al
nacionalizar el transporte y el comercio, incluidos los grandes
supermercados, será posible eliminar los intermediarios que roban al pequeño
campesinos mientras que ponen precios exorbitantes al consumidor.
Estos pasos cortarán el terreno bajo los pies de la contrarrevolución y
dotará a la revolución venezolana de la base inquebrantable que supone el
apoyo de las masas. Provocará ondas sísmicas por toda América Latina y
reverberarán en todo el mundo.
A pesar de todo el poder del imperialismo estadounidense, no podría
intervenir directamente. No sólo tiene las manos atadas con la invasión
planificada de Irak, también se enfrentaría con una gran oposición de masas
en su casa, empezando por los millones de trabajadores y jóvenes latinos,
que ya están profundamente descontentos.
En su lugar, el imperialismo estadounidense intentaría basarse en los
estados vecinos para intervenir. ¡Pero no es una proposición tan sencilla!
Colombia tiene un gobierno de derechas pro-estadounidense pero está enredada
en su propia guerra civil. Sería difícil para Lula justificar una
intervención contra Venezuela y provocaría una crisis inmediata en Brasil.
En realidad, es tan inestable la situación que la revolución socialista en
Venezuela afectaría a toda América Latina como una ficha de dominó cae
detrás de otra. Lejos de contemplar una intervención militar contra la
revolución venezolana, se enfrentaría al peligro de la revolución en su
propio patio trasero.
¿Parece esto tan difícil? La alternativa es un millón de veces peor. Porque
la única alternativa a este escenario es la derrota de la revolución y la
victoria de la contrarrevolución en Venezuela. Las consecuencias de estas
derrota serían extremadamente serias, no sólo para el pueblo venezolano,
también para el conjunto de América Latina.
Los inicios del proceso revolucionario en Venezuela despertaron la esperanza
de millones de pobres a través de todo el continente. Pero la revolución se
detuvo a medio camino, y esto no es posible. No se puede hacer media
revolución, de la misma forma que nadie puede medio nacer. Un nacimiento que
se detienen a mitad del camino acaba en un aborto, dolor y muerte. Hay que
desechar todas las ilusiones. Es el momento de mirar a la cara de la
realidad. Es el momento de llevar la revolución venezolana hasta el final.
Sobre todo, es el momento de que todos aquellos que defienden la revolución
y el poder obrero, se unan en un solo partido marxista, capaz y dispuesto a
luchar dentro del movimiento bolivariano para poner fin a todas las
vacilaciones y llevar la lucha hasta el final. El éxito de la revolución
depende del factor subjetivo, es decir, del partido revolucionario y de su
dirección. Armada con las ideas y el programa científico del marxismo,
ninguna fuerza sobre la tierra será capaz de derrotar a la clase obrera.
¡Por un programa de democracia obrera e internacionalismo proletario!
¡Por un partido marxista!
¡Hacia la victoria de la revolución venezolana!
¡Hacia los Estados Unidos Socialistas de América del Sur!
Buenos Aires, 6 de diciembre de 2002
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