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Fundación Federico Engels .. |
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STALIN:
50 AÑOS DESPUÉS DE LA MUERTE DEL TIRANO
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Alan Woods |
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“La
revolución acaba con la mentira social. La revolución es la verdad.
Comienza llamando a las cosas por su nombre [...] Pero la revolución en sí
misma no es un proceso integral y armonioso. Está lleno de
contradicciones [...] La propia revolución crea un nuevo estrato
dominante que busca consolidar su posición privilegiada y es propenso a
verse, no como un instrumento histórico transitorio, sino como la
conclusión y la coronación de la historia” Hace cincuenta años
que el mundo escuchó la noticia de la muerte de Stalin. Durante décadas,
la maquinaria estalinista de propaganda alentó continuamente el mito de
Stalin, lo presentó como “el Lenin actual”, quien, supuestamente, había
dirigido el Partido Bolchevique junto a Lenin. Pero todo esto,
simplemente, era algo fabricado con la intención de justificar la
usurpación del poder por un tirano que destruyó el partido de Lenin,
liquidó las conquistas políticas de Octubre y destruyó la Internacional
Comunista. En
realidad, Stalin jugó un papel secundario en la historia del Partido
Bolchevique. Entró al Comité Central en un momento en el cual había
escasez de personas experimentadas en Rusia. Stalin, asistió al V
Congreso del partido en Londres en 1907, pero no pronunció una sola
palabra en ninguna de las sesiones. Stalin era lo que se podría llamar un
“práctico” ¾un
hombre de comité implicado en los aspectos administrativos y prácticos
del trabajo del partido revolucionario¾.
Nunca fue un teórico, un escritor o un orador. Estaba interesado en la
construcción de la maquinaria del partido. Personas
como éstas pueden jugar un papel importante en el partido, en la medida
que están bajo el control de una dirección firme ideológicamente y
desarrollada teóricamente. Pero si intentan tomar el control del partido
y sustituir la teoría por la estrechez organizativa, eso siempre es una
receta acabada para el desastre. La ausencia de autoridad política y
moral, siempre les lleva a recurrir al aparato para resolver los problemas
internos. Esto, inevitablemente, sólo provoca crisis y divisiones. Además,
tienden a abordar cada problema desde un punto de vista organizativo y
administrativo. Esto ha ocurrido en más de una ocasión en la historia
del movimiento revolucionario y siempre con resultados muy negativos. Lenin
nunca vio el partido de esta forma, aunque era perfectamente capaz de
construir un aparato, y lo hizo en más de una ocasión. Para Lenin, el
partido, en primer lugar, era un programa, ideas, métodos y tradiciones,
y sólo en segundo lugar, un aparato para llevar estas ideas a la práctica.
Comprendía los peligros que podían surgir si la maquinaria del partido
escapaba al control político. Stalin y la Revolución de Octubre
En
varias ocasiones Lenin se enfrentó implacablemente en esta cuestión a
los hombres de comité bolcheviques. En los momentos críticos, esos “prácticos”
demostraron su total incapacidad para comprender las ideas revolucionarias
y la teoría marxista, y quedaron totalmente desorientados. Eso ocurría
con Stalin, el arquetipo de hombre de comité o apparatchik del
partido. En estas personas, la intransigencia organizativa (o la clara
bravuconería) es el reflejo, no de la fuerza, sino de la debilidad política.
Stalin se unió a los bolcheviques, no por su claridad política y teórica,
sino porque era una organización disciplinada y centralizada. No era
casualidad que en 1903 la fracción de Lenin fuera conocida como “los
duros”, frente a “los blandos” que apoyaban a Martov. Sin
embargo, la “dureza” de los bolcheviques, su intransigencia
revolucionaria, sólo era una expresión de su línea política, que a su
vez estaba arraigada en la teoría marxista. La organización centralizada
no tenía significado en sí o por sí misma. Era sólo un medio para
conseguir un fin. Sin embargo, los hombres del comité tenían tendencia a
verla como un fin en sí mismo. De una forma peculiar, repetían la idea
del revisionista Bernstein, quien decía: “el movimiento es todo, el
objetivo final es nada”. Esta afirmación (en realidad sin sentido)
refleja la mentalidad del “práctico” del partido, la estrechez
mental del apparatchik o burócrata, que ve la revolución no como
el movimiento propio de la clase obrera, sino simplemente a través de los
anteojos de la organización del partido. Como
la mayoría de los hombres de comité, Stalin pudo demostrar su
intransigencia en la etapa más intensa de la lucha de clases y, sobre
todo, en la revolución, en estas situaciones se encontraba perdido. En
cada momento clave de la historia del Partido Bolchevique, en el período
previo a la revolución, Stalin vaciló y se adaptó al oportunismo y al
conciliacionismo. Incluso llegó a describir las diferencias entre Lenin y
los mencheviques como una “tormenta en una taza de té” y una pelea de
emigrados. Esto provocó serios conflictos con Lenin, por ejemplo en 1912
y de nuevo en febrero de 1917, cuando, junto a Kámenev, estaba a favor de
la unificación de bolcheviques y mencheviques. Stalin en 1917
En
abril de 1917, cuando Lenin exigió que los bolcheviques se posicionasen
firmemente contra el gobierno provisional burgués, Stalin y Kámenev,
inmediatamente, le repudiaron en las páginas de Pravda, afirmando
que su posición era “inaceptable porque partía de la presunción de
que la revolución democrático burguesa había terminado [...]”. (Pravda,
21 de abril (8) de 1917). Sólo después de una profunda lucha interna,
Lenin consiguió convencer al partido de su postura. Contrariamente
a lo que dice la vieja mitología, el papel de Stalin en la revolución de
octubre fue insignificante. Durante los años treinta se hicieron intentos
absurdos de falsificar la historia con la intención de dar un papel
especial al llamado Centro Militar Revolucionario, al cual pertenecía
Stalin. En realidad, este comité sólo era un subcomité subordinado al
Consejo Militar Revolucionario, que estaba dirigido por León Trotsky.
Realmente, el famoso Centro Militar Revolucionario nunca funcionó y sólo
fue recordado años más tarde cuando era necesario encontrar algún papel
para Stalin en la Revolución de Octubre. Era
un orador pobre, el verdadero campo de acción de Stalin no eran las
barricadas, las fábricas o los barracones, sino las oficinas del partido,
donde trabajaba para cultivarse una capa de compinches. Maria Joffe, la
viuda del dirigente bolchevique Adolph Joffe, que se suicidó en los años
veinte para protestar contra los estalinistas, ella misma pasó veintiocho
años en un campo de concentración de Stalin, comenta lo siguiente: “Uno
de los hombres de Smolny, débil e insignificante [...] nunca visitaba las
fábricas o los regimientos; estaba sentado permanentemente al final del
telégrafo, conectado con todas las provincias y ciudades. Aunque la
encantadora y amable Elena Stasova era la secretaria del Comité Central,
todas las instrucciones diarias, todas las respuestas a las preguntas
urgentes y la rutina telegráfica normal, todo llevaba su firma [la de
Stalin]. Por esa razón, las distintas organizaciones regionales y locales
mayoritariamente sólo veían y recordaban un nombre en particular. Y, de
acuerdo con las instrucciones, las respuestas iban dirigidas a él. Nadie
en ese momento fue capaz de ver como este hombre, poco a poco, tenazmente,
cortejaba a las provincias, éstas se acostumbraban a él y las ganaba
para su bando. En ocasiones, llamaba a algún trabajador destacado para
que viniera y le viera, por esa razón, en los congresos del partido,
parece que tenía más amigos que cualquier otro. Les invitaba a una
bebida “amistosa”, le gustaba conocer en detalle como funcionaba una
organización en particular. Así era en 1917”. (Maria
Joffe. One Long Night. pp. 69-70). Qué
Stalin en 1917 era prácticamente un desconocido fuera del estrecho círculo
de activistas del partido se puede comprobar claramente al leer la famosa
obra John Reed sobre la Revolución de Octubre: Diez días que
estremecieron al mundo. En la introducción del libro, Lenin lo
describió como la “versión más fiel de los acontecimientos”.
“Recomienda firmemente este libro a todos los trabajadores del mundo”
y añade que “le gustaría ver publicados millones de ejemplares del
libro [...] y que fuera traducido a todos los idiomas”. Pero en este
libro, que insiste en el papel de Trotsky, Stalin apenas es mencionado, a
pesar de que sí menciona en 1917, en mayor o menor medida, a un gran número
de personas. En el índice del libro se puede ver que menciona cincuenta y
cuatro veces a Trotsky, mientras que Stalin sólo aparece en dos
ocasiones. Este hecho expresa con toda certeza la verdadera situación.
Esto también explica por qué el libro de Reed, a pesar de las
entusiastas recomendaciones de Lenin, se retiró de todas las bibliotecas
de la Unión Soviética durante los años treinta y no se volvió a
reeditar en la URSS en vida de Stalin. La democracia soviética
Una
de las mayores calumnias que se repite hoy en día es que el leninismo y
el estalinismo son iguales. En realidad, no existe nada en común entre el
régimen de democracia obrera establecido por Lenin y Trotsky, y la
monstruosidad totalitaria que Stalin edificó sobre los huesos del Partido
Bolchevique. En
El estado y la revolución, escrito durante los días
revolucionarios de 1917, Lenin estableció las cuatro condiciones que debía
cumplir el poder soviético, no para el socialismo o el comunismo, sino
para los primeros días del poder obrero:
Estos
principios elementales del leninismo estaban incluidos en el programa del
partido de 1919. Es verdad que, en unas condiciones difíciles donde la
revolución se quedó aislada en unas condiciones de atraso terrible,
hambre y analfabetismo, esta situación provocó distorsiones que eran
inevitables. Pero eran deformaciones relativamente pequeñas, nada que ver
con el monstruoso régimen que después instauró Stalin. La
verdadera causa de los problemas a los que se enfrentaron los bolcheviques
fue el aislamiento de la revolución. Lenin y Trotsky formaron la
Internacional Comunista en 1919 como una forma de romper este aislamiento.
Este fue el único paso adelante. El programa del partido de 1919 se
escribió aplicando los términos intransigentes del internacionalismo
proletario. Comenzaba con la siguiente premisa: “ha empezado la era de
la revolución proletaria mundial”. En
él se explicaba que, debido a la guerra, la “privación de derechos políticos
o cualquier clase de limitación a la libertad, sólo eran medidas
temporales”, pero cuando la guerra hubiera terminado el “partido tendría
que reemplazarlas y eliminarlas completamente”. Pero este objetivo se
tuvo que posponer debido a la invasión del estado soviético por parte de
veintiún ejércitos extranjeros de intervención y que ahogaron al país
en un baño de sangre. A
pesar de todo, la clase obrera disfrutaba de derechos democráticos. El
programa del partido de 1919 especificaba que “se debía convencer a
todas las masas trabajadoras, sin excepción, para que participaran en el
trabajo de la administración del estado”. La dirección de la economía
planificada principalmente estaba en manos de los sindicatos. No
mencionaba la colectivización, sino que apoyaba distintos tipos de
cooperativas. Este
documento inmediatamente fue traducido a los principales idiomas del mundo
y se distribuyó ampliamente. Sin embargo, en 1936, en el momento de las
purgas, era considerado un documento peligroso y se retiraron todos los
ejemplares de las bibliotecas y librerías de la URSS. Se
creó una comisión, presidida por Stalin, para elaborar un nuevo programa
del partido. Junto a Stalin, había otros veinticinco funcionarios del
partido, incluidos Voznesensky, Beria y Bagrov, los veinticinco murieron más
tarde fusilados al ser considerados “enemigos del pueblo”. Cuando
Lenin y Trotsky estaban al frente del partido, los congresos se celebraban
cada año, incluso durante los difíciles años de la Guerra Civil. Con
Stalin, pasaron trece años hasta que se celebró el XIX Congreso del
partido en octubre de 1952. Incluso se dio la situación grotesca de
que durante muchos años la URSS estuvo gobernada por un partido que tenía
un programa (teóricamente todavía válido) prohibido por la censura.
El
secretario general nunca fue el puesto más importante de la dirección
del Partido Bolchevique, tenía un carácter principalmente
administrativo. Antes de Stalin, el secretario general era Sverdlov, un
organizador excepcional y con una elevada talla moral. Pero Sverdlov murió
en marzo de 1919. Lenin estaba ansioso por encontrar un sustituto y pensó
que Stalin era el candidato adecuado. Pero Stalin no era Sverdlov. Desde
1919, con el crecimiento del nuevo aparato del partido, el puesto de
secretario general se hizo más importante. En diciembre de 1919 se aprobó
un mandato a través del cual el trabajo de los secretarios de distrito
pasó a ser un trabajo a tiempo completo. A
partir de 1920, comenzaron las quejas sobre el “burocratismo” del
partido. Pero estas quejas al principio estaban relacionadas con abusos
individuales, trámites, etc., En ese momento, la URSS todavía era un
estado obrero relativamente sano, con algunas desviaciones burocráticas
menores. Pero eso cambió. En
la medida que la clase obrera estaba agotada y debilitada por los largos años
de guerra, revolución y guerra civil, ésta cayó en la pasividad. Esto
provocó un aumento colosal de la burocracia. El final de la guerra civil
acrecentó el problema. La desmovilización del Ejército Rojo supuso que
una parte importante del anterior personal militar fue absorbida por el
aparato del estado. Estas personas principalmente eran comunistas
honrados, pero se habían acostumbrado al método del mandato. Lenin
quería una persona fuerte en el centro del aparato del partido para
eliminar la corrupción y el burocratismo. Pensaba que Stalin era esa
persona, pero estaba equivocado. Una vez instalado en un puesto
importante, Stalin comenzó a llenar las oficinas centrales del partido
con compinches como Kaganovich, que fue puesto a cargo del Departamento
Organizativo del Partido (Orgotdel). Este comité controlaba los
nombramientos. Por lo tanto, tenía poderes para patrocinar a personas. A
Sverdlov nunca se le habría ocurrido utilizar su puesto para beneficio
personal. Y el propio partido era muy claro en la cuestión de los
nombramientos y en los puestos no electos en general. El X Congreso del
Partido, celebrado en condiciones muy difíciles, aprobó la siguiente
resolución sobre los sindicatos: “Por
encima de todo es necesario poner en práctica [...] a una escala amplia,
el principio electoral en todos los órganos [...] y suprimir el método
de nombramientos desde arriba”. Otra
resolución decía que se debía garantizar que todos los militantes
formaran “parte activa en la vida del partido, en las discusiones de
todas las cuestiones que se planteen en el partido”. Además, “la
naturaleza de la democracia obrera excluye cualquier forma de nombramiento
que sustituya el sistema electoral”. (Ver KPRSS v rezolyutsiyakh,
vol. 1, pp. 516-27 y 534-49). En
general, el sistema de nombramientos sólo debería ser permisible en
condiciones de clandestinidad. Sin embargo, Stalin, sistemáticamente,
utilizó el sistema de nombramientos para construirse una base de apoyo
entre los funcionarios del partido que le estaban agradecidos por su
promoción. Lenin contra Stalin
Toda
burocracia tiende a convertirse en un casta cerrada de elementos
privilegiados, ansiosa sólo por defender sus intereses creados. Pensar
que un estado obrero es de alguna manera inmune a estas tendencias es una
locura. Pero en un estado obrero en condiciones de atraso extremo, con una
clase obrera débil y exhausta y una población campesina en su mayor
parte analfabeta, los peligros de la degeneración burocrática eran
extremos. Por eso Lenin estaba alarmado. Veía que la burocracia podía
minar y destruir el estado soviético, la historia demostró que estaba en
lo cierto. En
un intento de luchar contra la burocracia, Lenin creó el Rabkrin ¾Inspectorado
Obrero y Campesino¾
y puso a su cargo a Stalin. Pero en lugar de luchar contra la burocracia,
el Rabkrin se convirtió en un semillero de burocracia. En una de sus últimas
cartas, Lenin dice que el Rabkrin no tiene un átomo de autoridad y pide
su reorganización. Lenin avisó en muchas ocasiones, especialmente en sus
últimos escritos y discursos, del peligro de burocratismo en el estado
obrero. Su consejo de quitar a Stalin de la secretaría general no era
casualidad. Poco a poco se dio cuenta que Stalin representaba las
mismas tendencias burocráticas contra las que estaba luchando. Lenin,
durante la etapa final de su enfermedad, inició una dura lucha contra
Stalin por su manipulación de la cuestión nacional, una cuestión de
vida o muerte para la revolución de octubre. En 1920, sin consultar con
la dirección, Stalin efectuó lo que equivalía a un golpe, cuando preparó
la invasión de Georgia, una república soviética controlada por los
mencheviques. Enfrentado a los hechos consumados, Lenin consintió de mala
gana pero hizo una dura advertencia para que se tratara a los georgianos
con sensibilidad y respecto. El
secuaz de Stalin, Ordzhonikidze, se convirtió en el dictador virtual de
Georgia. Lenin le bombardeó con instrucciones que pedían la moderación
y aconsejaban que se hicieran concesiones a los mencheviques georgianos.
Ignoraron estos consejos. La situación empeoró tanto que los agentes de
Stalin actuaban como una fuerza de ocupación. Los dirigentes bolcheviques
georgianos protestaron, pero les respondieron con las tácticas de la
bravuconería y la intimidación. En una ocasión, un bolchevique
georgiano fue agredido físicamente por Ordzhonikidze. Este acto no tenía
precedentes, aunque no es nada si se compara con la violencia desatada
posteriormente por Stalin y sus gángsteres. En
1922 Stalin, Dzerzhinsky y Ordzhonikidze utilizaron la violencia y las tácticas
intimidatorias para obligar al gobierno georgiano a aceptar los dictados
de Moscú. Con Lenin seriamente enfermo, Stalin utilizó su control del
aparato del partido para aislar completamente a Lenin. Pero Lenin descubrió
lo que ocurría en Georgia, estaba escandalizado con la conducta de Stalin
y sus secuaces ¾Dzerzhinsky
y Ordzhonikidze¾.
Esto tenía implicaciones serias no sólo para la cuestión nacional,
también para el futuro de la democracia soviética en general. Comprendía
claramente que Stalin y su camarilla burocrática estaban detrás de todo
esto, de ahí su decisión de destituir a Stalin como secretario general. Stalin
intentó aislar a Lenin, utilizando su control del aparato del partido y
los médicos del Kremlin. A pesar de su mala salud, Lenin dictó una serie
de cartas a sus secretarias y las consiguió sacar en secreto con la ayuda
de su esposa, Krupskaya. Uno de estos mensajes era un memorando secreto
para Trotsky, pidiéndole que se hiciera cargo de la defensa de las
posiciones de Lenin en el próximo congreso del partido. La existencia de
esta correspondencia entre Lenin y Trotsky fue revelada a Kámenev por
Trotsky, lo que éste no sabía es que Kámenev y Zinoviev habían formado
un bloque secreto con Stalin. El
22 de diciembre de 1922, Kámenev escribió a Stalin: “Joseph: Anoche
me telefoneó T[rotsky], me dijo que había recibido una nota de St[arik]
(Lenin, AW), quien, aunque está contento con el informe del congreso de
Vneshtorg (ministro del comercio exterior, AW), quiere que T[rotsky]
informe sobre esta cuestión a una fracción del congreso y prepare el
terreno para plantear la cuestión en el congreso del partido.
Aparentemente, significa fortalecer su posición. Trotsky no da su opinión,
pero me preguntó si podía plantear el tema en la sección del CC
responsable de la dirección del congreso. Le prometí que te lo diría y
lo estoy haciendo: Yo
no podía llamarte por teléfono. En
mi informe voy a presentar con fervor la resolución en el Pleno de CC, te estrecharé la mano. L.
Kam[enev]”. Stalin
respondió inmediatamente: “¡Camarada
Kámenev! He
recibido tu nota. Pienso que deberíamos limitarlos a la declaración de
tu informe sin llevar esto ante la fracción. ¿Cómo ha podido Starik
organizar esta correspondencia con Trotsky? Foerster le prohibió
completamente hacerlo. J.
Stalin”. (Izvestiya
Ts. Kom. KPSS,
1989, p. 191) Estas
dos cartas no se publicaron en la Unión Soviética hasta 1989. Cuando
Stalin se enteró del memorando entró en cólera y llamó a Krupskaya
para advertirla que no se entrometiera. Krupskaya intentó defenderse y en
el curso de la conversación, Stalin, la atacó de forma lamentable, la
llamó “puta” y “zorra sifilítica”. Estas expresiones ilustran
perfectamente el carácter de Stalin y su grado de lealtad y afecto hacia
el agonizante Lenin. Al
día siguiente, Krupskaya, escribió a Kámenev, para protestar por la
conducta de Stalin: “Lev
Borisych: Con
relación al breve dictado que me dictó Vlad. Ilyich, con el permiso de
su médico, Stalin ayer me habló en términos muy groseros. Este no es mi
primer día como militante del partido, durante estos treinta años no he
escuchado una sola palabra grosera de ninguno de mis compañeros. Los
intereses del partido y los de Ilych no tienen menos importancia para mí
que para Stalin. Ahora, necesito ejercer un gran autodominio. Sé mejor
que cualquier médico lo que le viene bien o mal decir a Ilyich, como
también sé lo que le
inquieta y lo que no. En cualquier caso, yo lo se mejor que Stalin.
Recurro a ti y a Grigori (Zinoviev, AW), como los amigos más cercanos a
V.I. y te pido que me defiendas ante esta ingerencia grosera en mi vida
personal y ante estos juramentos y amenazas. No dudo de la decisión unánime
de la Comisión de Control, con la cual Stalin se ha tomado la libertad de
amenazarme, pero no tengo la fuerza ni tiempo que malgastar en esta pelea
estúpida. Soy un ser humano y mis nervios ya están muy agotados. N.
Krupskaya”. (Lenin.
Obras Escogidas en ruso.
Vol. 54, 1965, pp. 674-5). El
5 de marzo de 1923, Lenin dictó una carta a Stalin donde rompía las
relaciones personales y de camaradería con él, un acto sin precedentes.
El mismo día, Lenin ofreció a Trotsky formar un bloque contra Stalin.
Pidió a Trotsky que “emprendiera urgentemente la defensa de Georgia en
el Comité Central”. Al día siguiente, Lenin envió a Trotsky tres
notas sobre la cuestión nacional que había dictado diez semanas antes. Si
Lenin no hubiera caído enfermo, sin duda, Stalin habría sido destituido
del puesto de secretario general. Una de sus secretarias recuerda que
Vladimir Ilyich estaba “preparando una bomba” para Stalin en el
congreso del partido. Envió una nota a los dirigentes bolcheviques
georgianos, Mdivani y Makhradze, dándoles su apoyo “con todo mi corazón”
contra Stalin. Aunque
Lenin había roto todas las relaciones con Stalin y exigía su destitución
como secretario general, Stalin consiguió mantener su posición gracias a
una serie de maniobras. Como resultado de estas maniobras, el testamento
de Lenin no se hizo público, a pesar de las protestas de Krupskaya. En la
reunión del Politburó y el Presidium donde se iba a discutir la cuestión,
Stalin dijo: “Sugiero
que no hay razón para publicarlo, especialmente porque Ilyich no ha dado
instrucciones para hacerlo”. (D.
Volkogonov, Trotsky, p. 243). El
paso que dio Lenin para romper relaciones con Stalin no tiene precedentes.
Su testamento era un golpe devastador. Pero el mensaje no se hizo nunca público.
El testamento de Lenin permaneció oculto para la población de la URSS
hasta que Kruschev lo citó en una sesión secreta del XX Congreso del
PCUS, en 1956. Antes entonces, había sido publicado por los trotskistas
en occidente, pero denunciado como una falsificación por los
estalinistas. Fueron indecentes y desleales con la última voluntad de
Lenin. Después
de la muerte de Lenin Mientras Lenin vivía, la camarilla de Stalin actuaba con cautela. La memoria de la revolución de octubre estaban demasiado reciente y la autoridad personal de Lenin era demasiado grande. Pero cuando ya no estaba Lenin, comenzaron a maniobrar para tomar el control del partido. La ambición de Stalin aumentó con la muerte de Lenin, a quién temía de muerte. Después de la muerte de Lenin, una casta de funcionarios privilegiados usurpó el poder en la Unión Soviética. Dentro del partido estaba representada por la fracción burocrática que se había formado alrededor de Stalin. Se
creó un triunvirato secreto, formado por Zinoviev, Kámenev y Stalin, con
el objetivo de aislar a Trotsky. En su testamento, Lenin sólo mencionaba
a Trotsky como el miembro más capacitado del Comité Central, también
decía que “no se debería utilizar contra él” su pasado
no-bolchevique. Pero el triunvirato ignoró el consejo de Lenin y lanzaron
una campaña vitriólica contra Trotsky, inventando el mito del “trotskismo”.
Como parte de esta campaña, crearon el culto a Lenin. Contra los deseos
de Krupskaya su cuerpo fue embalsamado y puesto en lugar público en el
mausoleo de la Plaza Roja. Más tarde Krupskaya diría: “Toda su vida
Vladimir Ilyich estuvo en contra de los iconos y ahora él se ha
convertido en un icono”. En
esto jugaron un papel nefasto Zinoviev y Kámenev, motivados por
consideraciones mezquinas de ambición y celos iniciaron una campaña de
calumnias contra Trotsky. Cuando
Lenin describió a Trotsky en su testamento como el miembro del Comité
Central más capacitado, eso ofendió en particular a Zinoviev por que él
se consideraba como el sucesor natural de Lenin. Por supuesto, las
enemistades personales, los celos y las rivalidades nunca pueden
determinar el resultado de un proceso histórico amplio. Más bien caen en
el apartado de accidentes históricos. Pero como explicó Hegel la
necesidad se expresa a través del accidente. Actuando como hicieron Kámenev
y Zinoviev, sin duda facilitaron la tarea de Stalin y aceleraron en gran
medida el proceso de degeneración burocrática. Lenin
no confiaba en Kámenev y Zinoviev, en su testamento advertía que su
conducta durante la revolución de octubre no era casualidad. Una vez más,
su juicio demostró ser correcto. Stalin les utilizó con el objetivo de
desacreditar a Trotsky y después se volvió contra ellos. Más
correctamente, ellos se volvieron contra Stalin cuando se dieron cuanta
hacia dónde llevaba éste a la URSS. Durante un tiempo participaron con
Trotsky en la Oposición de Izquierdas. Después, en un gesto típico,
cuando las cosas se volvieron difíciles capitularon ante Stalin. El
discurso de Stalin en el funeral de Lenin fue un ejemplo típico de su
hipocresía. Sentía alivio por la muerte de Lenin, porque sabía que
Lenin estaba dispuesto a destituirle. Pronunció una oración funeraria en
los términos del culto bizantino. Ya estaba fuera de peligro y ahora podía
adular a Lenin por que éste había muerto, algunas veces los muertos son
más útiles que los vivos. Utilizó el lenguaje litúrgico de la iglesia
ortodoxa que Stalin había aprendido en el seminario, se parecía más a
un sortilegio religioso que a un discurso marxista. Esto no era
casualidad, mientras construía el culto religioso a Lenin, Stalin
pisoteaba los principios más elementales y la política del leninismo.
Bajo la bandera del “leninismo” se estableció el nuevo credo
estalinista, el polo opuesto a las ideas del Partido Bolchevique. Por
supuesto, no hay nada nuevo en esto. En la historia, toda casta usurpadora
siempre se ha visto obligada a ocultar su revisionismo con el disfraz de
la “ortodoxia”. Las ideas comunistas revolucionarias de los primeros
cristianos comenzaron a defender a los ricos y privilegiados cuando
Constantino tomó el control del estado. La iglesia se convirtió en su
contrario, se ha convertido en la iglesia de los ricos y privilegiados,
sin embargo, lo hacía en nombre del hijo de un pobre carpintero y un
rebelde de Galilea. Lo mismo ocurrió con Napoleón Bonaparte, mientras
pisoteaba las tradiciones de la Revolución Francesa y se ponía la corona
imperial sobre la cabeza, continuaba hablando el lenguaje de la república
de Libertad, Igualdad y Fraternidad. La Oposición Unificada
Más
que una idea, el estalinismo comenzó como un ambiente concreto de reacción
entre los funcionarios. La campaña contra el “trotskismo” era, en
esencia, un reflejo de la reacción pequeño burguesa contra Octubre. La
numerosa casta de funcionarios soviéticos estaba cansada de la tormenta y
la tensión de la revolución, que asociaban con la idea de la “revolución
permanente”, aunque el verdadero significado de esta idea eran un libro
cerrado para ellos. Stalin
realizó una maniobra para aislar y acabar con la vanguardia leninista,
organizó la conocida “leva Lenin”. Las puertas se abrieron y eso
permitió la entrada y votación en el congreso de una masa de nuevos
militantes, ignorando los estatutos del partido que establecían un período
de premilitancia. Maria
Joffe recuerda: “Las
puertas del partido, que tan celosamente se guardaban para no permitir la
entrada de personas indignas, se abrieron de par en par: obreros,
oficinistas, funcionarios del servicio público, todos entraron en masa,
convencidos por promesas de mayor alcance. Todo lo que necesitaban eran
demostrar que eran “disciplinados” y que se “enteraban”. El
significado político de la ‘leva Lenin’ era la disolución de las
filas revolucionarias que fueron sustituidas por materia prima humana, no
curtidos en la batalla, sin experiencia y sin una mente independiente, más
bien tenían la antigua costumbre rusa, ahora de nuevo cultivada, de temer
a las autoridades y obedecer ciegamente”.
(Maria Joffe. One Long Night, pp. 71-2). A
finales de 1927, el 60 por ciento de los secretarios de los grupos
principales del partido habían entrado después de 1921, es decir, después
de la Guerra Civil. En el período de la revolución y la Guerra Civil, la
militancia del partido no suponía ninguna ventaja e implicaba sólo
riesgos y sacrificios. Pero después de 1921 todo esto cambió. El partido
estaba en el poder y atraía a todo tipo de elementos arribistas. Debían
su ascenso a Stalin y éste se basó en ellos para atacar al ala de
izquierdas del partido. En
agosto de 1922 el partido tenía 15.325 liberados. Cuando se celebró el
XIV congreso —en 1925— la cifra ya ascendía a 20.000. El salario de
estos funcionarios era un 50 por ciento superior al de los trabajadores
del gobierno y, lo más importante, disfrutaban de privilegios que no tenían
los trabajadores. Por lo tanto, tenían intereses materiales que defender. Sin
embargo, la política antiobrera y anti-socialista de la burocracia, tenía
que disfrazarse con fraseología “socialista”. Esto se consiguió con
la “teoría” antimarxista del socialismo en un solo país. Cuando
Stalin planteó esta consigna reaccionaria, violando todos los principios
del leninismo, fue demasiado para Kámenev y Zinoviev. Rompieron con él.
Después, intentaron defender las ideas básicas del leninismo y la
revolución de octubre, aunque de una forma vacilante y poco entusiasta. Finalmente,
Kámenev y Zinoviev unieron sus fuerzas con Trotsky para formar la Oposición
de Izquierdas Unificada, que incluía a destacados viejos bolcheviques,
como la viuda de Lenin: Krupskaya. En una reunión de la Oposición de
Izquierdas celebrada en 1926, Krupskaya dijo que “si Vladimir Ilyich hoy
estuviera vivo, estaría en una de las cárceles de Stalin”. Era una
prueba de lo lejos que habían ido las cosas, cuando Kámenev y Zinoviev
capitularon y fueron asesinados por Stalin, Krupskaya fue silenciada con
amenazas y el chantaje de Stalin. La advirtió que si seguía molestándole
siempre podría encontrar otra “viuda de Lenin”. En
ese momento, Stalin viró a la derecho y unió sus fuerzas con Bujarin,
que estaba a la cabeza del ala de derechas del partido, hizo concesiones a
los campesinos ricos (kulas). Planteó una consigna directa a los
campesinos: “Enriqueceos, desarrollad vuestras granjas y no temáis
porque nos os impondremos restricciones”. La expulsión de la Oposición
La
Oposición defendía los principios del leninismo y de Octubre. Avisó de
las consecuencias que tendría esta política desastrosa de compromiso con
los campesinos ricos, en su lugar, la Oposición defendía los impuestos a
los kulaks y la industrialización, incluidos planes quinquenales, todo
esto unido a otras medidas destinadas a restaurar la democracia obrera
frente al burocratismo y a la defensa del internacionalismo proletario. Pero la lucha era desigual. Stalin movilizó todo el peso del aparato para aplastar a la Oposición. Despidieron de su empleo a los oposicionistas, les expulsaron del partido, les persiguieron y arrestaron. Stalin utilizó a bandas de matones para romper las reuniones de la Oposición. Todo esto era completamente ajeno a las limpias tradiciones del Partido Bolchevique. Al
giro a la derecha en Rusia siguió el viraje a la derecha en la política
internacional. La política de Stalin y Bujarin provocó la ruina de la
Internacional Comunista. Garantizó una derrota tras otra, en Estonia,
Bulgaria, Gran Bretaña y la peor de todas, en China. Stalin,
el “práctico” de mente miope, intentó basarse internacionalmente en
el ala de derechas, de la misma forma que se había basado en los kulaks
rusos. Sin confianza en la clase obrera o en la Internacional Comunista,
llegó a toda una seria de acuerdos y alianzas con los dirigentes
sindicales de derechas en Gran Bretaña y con Chiang Kai Shek en China.
Este último incluso entró en el Comité Ejecutivo Internacional de la
Comintern, con un solo voto en contra, el de León Trotsky. Cada
nueva derrota de la revolución internacional profundizaba la desilusión
y la desesperación de los trabajadores soviéticos y aumentaba la
confianza de los burócratas. Finalmente,
en 1927, el XV Congreso del partido votó a favor de la expulsión de la
Oposición. Fue llevada a cabo por los seguidores de Stalin pero fue el
resultado de una decisión predeterminada. Trotsky y los otros oradores de
la Oposición eran interrumpidos y acosados constantemente por los
estalinistas, una violación clara de las tradiciones democráticas
escrupulosas del partido de Lenin. La
burocracia triunfó no por los errores de la oposición o la capacidad de
previsión de Stalin, sino porque la clase obrera estaba agotada después
de largos años de guerra, revolución y guerra civil. Estaba desencantada
y desanimada. Los funcionarios soviéticos se aprovecharon de la paz y el
orden para continuar con sus tareas administrativas. No comprendían el
internacionalismo bolchevique y recelaban de él. Eran igualmente hostiles
a la democracia soviética que permitía a los trabajadores
“interferir” en sus planes y en el funcionamiento de sus
departamentos. “La
lucha política, en esencia, es la lucha de fuerzas e intereses, no de
argumentos. La calidad de la dirección está, por supuesto, lejos de ser
algo indiferente para el resultado del conflicto, aunque no es el único
factor, en última instancia, sí es el factor decisivo. Cada uno de los
bandos en contienda exige dirigentes a su propia imagen y semejanza”. (Trotsky.
La revolución traicionada). El
argumento de que Stalin ganó porque fue más habilidoso y perspicaz que
Trotsky es completamente falso. La lucha estuvo determinada por la
correlación de fuerzas de clase y en ese momento era desfavorable para la
vanguardia proletaria. Las personalidades de las fuerzas en contienda eran
una característica completamente secundaria. Lo que aquí ocurrió fue el
triunfo de la burocracia sobre la clase obrera soviética y su vanguardia.
En la persona de Stalin la burocracia encontró un líder a su propia
imagen y semejanza. Stalin: el ejecutor del partido de
Lenin
La
política de Stalin-Bujarin creó una situación peligrosa en el campo
donde los kulaks se estaban convirtiendo en una fuerza poderosa hostil al
poder soviético. Aquí vemos el rudo empirismo y la ausencia de comprensión
marxista de Stalin. En febrero de 1928 escribía: “La NEP es la base de
nuestra política económica y seguirá siéndolo durante mucho tiempo”.
En abril del mismo año, Stalin y el Pleno del Comité Central aprobaron
una resolución en la que se decía: “sólo los mentirosos y los
contrarrevolucionarios pueden extender rumores sobre la abolición de la
NEP”. La
Oposición de Izquierdas advertía continuamente del peligro que
representaba el kulak y pedía un cambio de rumbo. Pero todos sus
llamamientos cayeron en oídos sordos. Pocos meses después toda esta política
se convirtió en su contrario. Los kulaks organizaron una huelga de grano
como primer paso para la contrarrevolución capitalista contra el poder
soviético. A finales de 1927, la caída del suministro de grano en las
ciudades había adquirido proporciones alarmantes. Con un giro de ciento
ochenta grados Stalin anunció la “liquidación de los kulaks como
clase”. En
1930 Trotsky advirtió que la colectivización del campesinado debía
hacerse de forma gradual y de forma voluntaria, y en ningún caso abrir un
conflicto entre el proletariado y el campesinado. Defendía que no se
colectivizara más del 20-25 por ciento de las granjas “por temor a que
se excediese el marco de la realidad”. Esto
estaba en línea con la actitud de Lenin hacia la colectivización. En su
lugar, Stalin insistió en colectivizar todo. En este proceso, no hicieron
distinción entre los campesinos medios y los ricos. El resultado fue una
guerra civil sangrienta y enviaron al campo al Ejército Rojo. Como
resultado de la política lunática de Stalin, en 1932-3, una hambruna
terrible asoló el país. Millones de personas murieron de hambre. Se
dieron casos de canibalismo en Ucrania y Asia Central. Desde
un punto de vista económico no se podía iniciar una colectivización a
gran escala cuando la industria soviética no estaba en situación de
suministrar a las granjas colectivas los tractores y las cosechadoras
necesarias. Como irónicamente dijo Trotsky: “Al poner juntos las azadas
primitivas y los pobres caballos de los mujiks, no se crea
agricultura a gran escala, de la misma forma que no se crea un gran barco
de vapor juntando muchos barcos de pesca”. Más
tarde Stalin tuvo que dar marcha atrás, pero el daño ya estaba hecho. La
agricultura soviética nunca se recuperó de este golpe. La política
aventurera de Stalin de colectivización forzosa de la agricultura, provocó
un desastre terrible. Stalin más tarde admitió ante Churchill que habían
muerto de hambre diez millones de personas”. (Ver Churchill. The Second World War, vol. IV,
pp. 447-8). En
el terreno de la industria Stalin zigzagueó de la misma forma. Cuando
Trotsky, siguiendo los pasos de Lenin, defendió una política de
industrialización basada en planes quinquenales y la electrificación del
país, fue acusado de ser un “super-industrializador”. Stalin
ridiculizó la propuesta de Trotsky de construir un proyecto hidroeléctrico
en el Dnieper (Dnieperstroy) respondiendo que sería lo mismo que ofrecer
a un campesino un gramófono en lugar de una vaca. Pero, de repente, después
de denunciar la idea de Trotsky del plan quinquenal, Stalin proclamó
“un plan quinquenal en cuatro años”. Esto
provocó una dislocación de la industria y se consiguió rectificar con
grandes dificultades y con grandes pérdidas. Sin embargo, el lanzamiento
del plan quinquenal fue un gran paso adelante para la URSS que permitió
al país salir del terrible atraso e industrializarse en un corto espacio
de tiempo. En realidad, Stalin robó algunas de las políticas de la
Oposición de Izquierdas, a las que anteriormente se oponía. Por supuesto
está fuera de toda duda que no aceptaba las reivindicaciones básicas de
la Oposición, las relacionadas con la democracia obrera y el
internacionalismo. El resultado no era una genuina política socialista,
sino una caricatura burocrática. Sin
embargo, el viraje a la izquierda de la fracción de Stalin fue
interpretada por muchos oposicionistas como una prueba de que su política
estaba justificada. Varios destacados dirigentes capitularon, empezando
con Kámenev y Zinoviev. Pero la capitulación es una pendiente
resbaladiza. Se puede convertir en una costumbre. Capitularon por segunda
vez y después, una tercera de la forma más rastrera, pero eso no les
salvó. Stalin los utilizó y después los ejecutó. Ninguna capitulación
pudo salvarles. La consolidación del estalinismo exigía la completa
liquidación de los viejos bolcheviques. El ascenso de la burocracia
Un
punto de inflexión decisivo fue la abolición del Partmaximum*.
Esta medida leninista tenía la intención de evitar la formación de una
capa privilegiada de burócratas “comunistas”. Lenin explicó que la
existencia de diferencias salariales era un remanente del
capitalismo que desaparecería cuando la sociedad se encaminara hacia el
socialismo. El desarrollo de las fuerzas productivas iría acompañado de
una mejora general de los niveles de vida y las desigualdades disminuirían.
Sin embargo, en la Rusia estalinista ocurrió lo contrario. Lejos de
reducirse la desigualdad, aumentó enormemente la diferencia entre los
niveles de vida de la clase obrera y las capas superiores de la
burocracia. En
un discurso pronunciado en 1931 Stalin hablaba de la “vida feliz” de
la población de la Unión Soviética. En ese momento los niveles de vida
de los trabajadores eran muy bajos, los salarios de los trabajadores
continuaron deprimidos a lo largo de los años treinta, a pesar de las
colosales conquistas del Plan Quinquenal. Sí, la “vida feliz” era una
realidad para millones de funcionarios del estado y el “Partido
Comunista”; ellos vivían muy bien. Además de otros privilegios
relacionados con el abastecimiento y el alojamiento, se creó una nueva
red de “distribuidores” cerrados y restaurantes que eran de uso
exclusivo para los altos funcionarios comunistas o del estado. Después,
se crearon “tiendas estatales” especiales también para su uso
exclusivo. En estas tiendas se podía comprar todo y a unos precios que
los trabajadores no podían pagar. Los
principios de Lenin fueron pisoteados. Lenin había dicho que las
diferencias salariales eran un remanente del capitalismo que deberían
reducirse cuando la URSS se encaminara hacia el socialismo. Ocurrió
precisamente lo contrario. Ciliga comenta el estilo de vida y la
mentalidad del burócrata y sus familias: “El
valor de un hombre se medía por la elegancia de las vacaciones que podía
permitirse, por su apartamento, mobiliario, ropa y la posición que
ocupaba en la jerarquía administrativa. [...] La
diferenciación de la elite burocrática llegaba a otro plano; los
maridos, las mujeres y los niños constituían tres grupos, cada uno con
sus propias normas. Los maridos han desarrollado un sentido de la
diplomacia, no son agresivos y no recuerdan ‘entrar en contacto con las
masas’, no mantienen apariencias proletarias o revolucionarias. Se
expresan en términos cautelosos. Las mujeres no tenían estas
consideraciones. Su único pensamiento era cómo deslumbrar con sus
vestidos, su palco en el teatro, la elegancia de sus casas, o las
descripciones de sus vacaciones en tal o cual lugar o su viaje al
extranjero. Eran conscientes de pertenecer a la ‘sociedad’ y vivían sólo
para sus pequeñas ambiciones. [...] En
cuanto a los niños, estaban asombrados por la hipocresía de sus padres.
Ellos querían llamar a las cosas por su nombre. ‘Aquí somos los jefes,
¿por qué ocultarlo?’ ‘¿Por qué no vestimos siempre con ropas
elegantes? ¿Por qué sólo lo hacemos en ciertas ocasiones, mientras que
en las demás debemos vestirnos con fingida modestia? ¿Por qué no
salimos en coche si tenemos uno? ¿Por qué fulano lleva los niños a la
escuela en coche mientras que papá no quiere hacerlo?’ La fraseología
revolucionaria les molestaba, odiaban escuchar una y otra vez la palabra
proletario”. (Ante Cigila. The Russian Enigma. pp. 118-9). En
estas pocas líneas está toda la información necesaria para comprender
exactamente lo que ha ocurrido en Rusia, Europa del Este y China durante
los últimos diez o veinte años. Las Purgas de Stalin
Después
de la muerte de Lenin, el PCUS experimentó un proceso de degeneración
burocrática que terminó en la dictadura de Stalin. Pero para consolidar
su poder, Stalin primero tenía que destruir el partido de Lenin. Lo hizo
físicamente, exterminando el Partido Bolchevique y las célebres Purgas. El
Partido “Comunista” con Stalin se transformó en un club burocrático.
En realidad, no era un partido, era parte del aparato del estado, un vehículo
para controlar a la clase obrera y el avance de los arribistas. Aunque
quedaban algunos verdaderos comunistas, la aplastante mayoría de sus
militantes eran pelotas, aduladores, espías y parásitos. En
1935 la Sociedad de Viejos Bolcheviques se disolvió, un mes más tarde lo
hizo la Sociedad de Antiguos Prisioneros y Exiliados Políticos. La
historia del partido se reescribió para glorificar a Stalin y éste no
quería testigos incómodos a su alrededor que pudieran contradecirle. La
juventud era una amenaza aún mayor. A iniciativa de Stalin se reorganizó
drásticamente el Komsomol, con el objetivo de eliminar a los “enemigos
del pueblo”. Los
primeros juicios políticos, en 1930, fueron los de la llamada oposición
industrial. Ingenieros completamente inocentes sirvieron de chivos
expiatorios para el caos económico provocado por la locura política del
“plan quinquenal en cuatro años”. Se les acusó de organizar una red
de sabotaje en nombre del Alto Mando francés. Se les obligó a confesar
crímenes inexistentes y se les condenó a largas penas de prisión. Fue
el ensayo general de Stalin de las Purgas de Moscú. A
éste siguió el juicio del “Buró de Socialistas Mencheviques”.
Anteriormente, eran personas desconocidas que en determinado momento habían
pertenecido a los mencheviques, pero ahora estaban inactivas. También
confesaron la organización de un programa de sabotaje para preparar la
intervención militar extranjera contra la URSS. En esa acusación no había
ni un átomo de verdad, pero preparaba el terreno para cosas mayores. Al
XVII Congreso de octubre de 1934 se le aclamó como “el congreso de los
vencedores”. Los delegados competían entre sí para cantar las
alabanzas al Líder, pero casi todos los 2.000 delegados que asistieron a
ese congreso, posteriormente, fueron víctimas del terror de Stalin. El
congreso demostró que Kirov, el jefe del partido en Leningrado, era
popular entre los delegados, demasiado popular. Recibió una sonora ovación
al principio y al final, fue elegido para el Secretariado del Comité
Central. Esto significaba que sería trasladado de Leningrado a Moscú,
donde sería un rival para Stalin. Los desastres de la colectivización
forzosa y el caos económico provocado por la mala gestión del Plan
Quinquenal habían provocado muchas dudas sobre Stalin, y un sector del
partido estaba a favor de sustituirlo por Kirov. Eso marcó su destino. El
1 de diciembre de 1934 Kirov fue asesinado por un joven comunista llamado
Leonidas Nikolayev, que había sido, oportunamente, militante de segunda
fila en la oposición zinovievista de Leningrado. En realidad, Nikolayev
trabajaba para la GPU y era una simple herramienta de las maquinaciones de
Stalin. Qué Nikolayev era un provocador se puede comprobar en el
siguiente hecho. Escribía un diario donde a principios de 1934 revelaba
no sólo la actitud crítica hacia la dirección del partido, sino que
también revelaba sus tendencias terroristas. Le descubrieron y fue
expulsado del partido, pero después volvió a ser admitido. Eso
le permitió continuar trabajando en el Instituto Smolny, los cuarteles
generales del partido en Leningrado. Debido
a estas circunstancias es incomprensible que Nikolayev pudiera entrar en
contacto con Kirov, quien, como todos los demás dirigentes del partido
iba rodeado de guardaespaldas. Sin embargo, en el momento del asesinato,
no había ni un sólo guardaespaldas a la vista. Inmediatamente después
del asesinato, se dieron los pasos necesarios para acabar con todos los
testigos y así ocultar las pistas. No sólo fue ejecutado Nikolayev,
también fueron asesinados los guardaespaldas y el chofer de Kirov, además
de las esposa de Nikolayev y otros miembros de su familia. No
existe la más mínima duda de que este asesinato fue planeado por Stalin.
Temía a Kirov porque era su rival. En el momento en que Stalin perdía
apoyos, el nombre de Kirov circulaba en los círculos del partido como un
posible sustituto. Tenía que ser y fue eliminado. El juicio a Kámenev y Zinoviev
Al
principio se culpó de la muerte de Kirov a elementos de la Guardia
Blanca, pero después, se fabricó la historia de que los autores reales
eran Kámenev y Zinoviev, aquellos “brutos enemigos” que se decían
guiados por el “mercenario fascista Trotsky”. En 1935 fueron llevados
a juicio en secreto, acusados de la responsabilidad política del
asesinato de Kirov. Después de haber capitulado una vez ante Stalin,
ahora, capitulaban de nuevo. Stalin les prometió perdonarles la vida si
confesaban y les envió a un campo de trabajo. Pero esto no era suficiente
para Stalin. Les quería muertos. Así que después de dieciocho meses
regresaron a Moscú para otro juicio. El
19 de agosto, cuando estaba en pleno apogeo la discusión de la Constitución
de Stalin (“la constitución más democrática del mundo”), 16
dirigentes ex – oposicionistas encabezados por Zinoviev y Kámenev,
junto con Yevdokimov y Smirnov, fueron llevados a juicios acusados de
cargos capitales. En esta ocasión fueron acusados, no de la
“responsabilidad política” del asesinato de Kirov, sino de organizar
actos terroristas contra Stalin, Voroshilov, Kaganovich y Zhdanov,
siguiendo instrucciones directas de Trotsky. Este
juicio era una excusa para llevar a cabo arrestos en masa de todos
aquellos que cuestionaban la dirección de Stalin. Durante las sesiones a
los acusados se les obligó a arrojar basura sobre sí mismos. Kámenev
testificó que: “él mismo sirvió al fascismo y que junto a Zinoviev y
Trotsky habían preparado una contrarrevolución en la URSS”. Zinoviev
declaró que: “el trotskismo es una variante del fascismo”. La
naturaleza miserable de estas confesiones no les salvó: fueron
ejecutados. Doce meses después de este juicio, sólo en Leningrado,
100.000 personas habían sido arrestadas o ejecutadas. Los
métodos de la GPU eran similares a los de la Inquisición. Los acusados
eran sacados de la cama en mitad de la noche, los aislaban, golpeaban,
torturaban, amenazaban a sus familias, les arrancaban a la fuerza una
confesión falsa. Los interrogatorios se hacían ininterrumpidamente, día
y noche, durante 16 y 24 horas, a los prisioneros se les impedía dormir
(el sistema “transportador”). Los que no confesaban eran ejecutados o
simplemente desaparecían. Utilizaban a provocadores para conseguir
las denuncias. A los niños se les pedía que denunciaran a sus propios
padres. El
principal motivo de las Purgas era liquidar el Partido Bolchevique,
destruir a toda una generación de viejos bolcheviques y de este modo
consolidar el dominio de la burocracia. Cualquiera que pudiera recordar
los antiguas tradiciones democráticas internacionalistas del leninismo
estaba en peligro. Como cualquier criminal común, Stalin comprendía la
necesidad de eliminar a todos los testigos. Pero también había un motivo
personal. Stalin era un mediocre que no se podía comparar a los antiguos
dirigentes bolcheviques. Comparado con Bujarin, Kámenev e incluso
Zinoviev, menos aún con un genio como Trotsky, Stalin era una nulidad. Y
lo sabía. Por lo tanto, abrigaba sentimientos de venganza hacia toda la
generación de viejos bolcheviques. Stalin
era un sádico que tenía interés personal en atormentar a sus víctimas.
Llevó a Moscú los métodos primitivos de las peleas sangrientas
georgianas, donde no sólo se asesinaba a los enemigos, también a sus
familias. En cierta ocasión dijo: “No hay nada más dulce en el
mundo que un plan de venganza sobre un enemigo, ponerlo en práctica y
después, irte tranquilamente a la cama”. Él personalmente
redactaba la lista de sus víctimas y decidía quién podía vivir o quién
debía morir. De un total de 700.000 casos, personalmente firmó 400
listas, con un total de 40.000 personas. Una de estas listas eran los
nombres de todos los principales lugartenientes y compañeros de armas de
Lenin. Stalin
tenía una receta muy simple para el interrogatorio de los prisioneros: “Golpear,
golpear y golpear de nuevo”. En la época de los primeros juicios el
jefe de la OGPU-NKVD, era Genrykh Yagoda. Aplicó las directrices de
Stalin, pero no lo hizo con el suficiente entusiasmo para el Vozhd.
Stalin estaba furioso porque Yagoda no había obtenido en el juicio de
1936 las confesiones de Kámenev y Zinoviev
por el crimen de Kirov. Le llamó y le dijo: “Tu trabajo es malo,
Genrykh Grigorievich. Sé que Kirov fue asesinado siguiendo las
instrucciones de Zinoviev y Kámenev, ¡pero no has sido capaz de
demostrarlo! Debes torturarles hasta que finalmente digan la verdad y
revelen sus relaciones”. (Anna Larina. This I cannot Forget. p. 94). Yagoda
era un funcionario corrupto y un arribista despreciable, sus manos estaban
manchadas de sangre, pero era militante del partido desde 1907, estaba
inhibido por las viejas tradiciones y algunas veces le costaba seguir las
monstruosas órdenes que se esperaba que él cumpliera. Esto marcó su
destino. Fue destituido, llevado a juicio, acusado entre otras cosas de
envenenar al escritor Máximo Gorki, y posteriormente fue ejecutado. La
acusación sobre Gorki es insignificante. Gorki, que tenía un corazón
bondadoso, a menudo, solía interceder ante Lenin en nombre de personas
que habían sido arrestadas e intentó hacer lo mismo con Stalin. Pero éste
no era Lenin. Stalin encontraba irritantes las peticiones del anciano.
Pero Gorki era demasiado famoso para llevarle a juicio por
“trotskista”, así que con toda probabilidad Stalin acabó con él y
acusó al desafortunado Yagoda. Esto era muy del estilo de Stalin. El año 1937
1937
pasará a la historia como un sinónimo del terror desenfrenado de Stalin.
El hombre que sustituyó a Yagoda, Nikolai Yezhov, era un monstruo a la
imagen de Stalin. Ningún acto era demasiado bajo o sangriento para él,
ninguna orden era demasiado atroz. Esta criatura era la encarnación
perfecta de la contrarrevolución política de Stalin. En
los campos de trabajo, millones de personas pasaban hambre y trabajaban
hasta la muerte. Entre 1929 y 1934 la esperanza media de vida era inferior
a los dos años. Y todavía el Jefe decía que las condiciones en los
campos de trabajo eran demasiado cómodas: eran “como centros de
salud”. Hasta 1937, la administración de los campos de trabajo no llevó
a cabo una política deliberada de exterminio de los prisioneros, aunque
muchos murieron como resultado de la mala alimentación y el exceso de
trabajo. Yezhov cambió todo eso. Cuando él se hizo cargo la situación
empeoró. Para empezar la condena máxima, después de la pena de muerte,
pasó de diez a veinticinco años. En la mayoría de los casos esto suponía
una sentencia de muerte. Según
los datos suministrados por Yezhov a finales de 1936 y principios de 1937,
sólo en las instituciones centrales de Moscú, fueron arrestados miles de
“provocadores trotskistas”. Entre octubre de 1936 y febrero de 1937,
fueron arrestados y condenados el siguiente número de
trabajadores de los Comisariados del Pueblo: Transporte: 141;
Industria de Alimentación: 100; Industria Local: 60; Comercio Interno:
82; Agricultura: 102; Economía: 35; Educación: 228; y así
sucesivamente. Más tarde la situación empeoró. Sólo en un día, el 12
de diciembre de 1938, Stalin y Molotov sentenciaron a muerte a 3.167
personas, después se fueron al cine. Ahora
se sabe que la NKVD tenía cuotas de arrestos y que se esperaba que las
cumpliera, como las cuotas de acero, carbón y electricidad durante el
Plan Quinquenal. Yevgeniya Ginsberg relata la siguiente conversación que
tuvo en prisión en 1937: “Como tártara, era muy simple convertirme en
una nacionalista burguesa. En realidad, primero me catalogaron de
trotskista, pero Rud envió de vuelta el informe diciendo que ya habían
sobrepasado la cuota de trotskistas y que tenían pocos nacionalistas,
aunque habían detenido a todos los escritores tártaros que
recordaban”. (Yevgeniya Ginsberg. Into the Whirlwind. pp.
109-10). La
maquinaria propagandística de Stalin funcionaba en todo momento. Se
organizaban reuniones con consignas como “¡Muerte a los mercenarios
fascistas!” “¡Aplastar a las sabandijas trotskistas!” y “¡Trotsky
es otra forma de fascismo!” El 6 de marzo de 1937 Pravda decía
que “los trotskistas son un descubrimiento para el fascismo
internacional [...] El número insignificante de esta banda no debe
tranquilizarnos, debemos aumentar por diez nuestra vigilancia”. El 15 de
marzo de 1938 Vechernaya Moskva decía lo siguiente: “La historia
sabe que ninguno de los actos malignos iguala a los crímenes de la banda
del bloque derechista-trotskista antisoviético. El espionaje, el sabotaje
y la destrucción cometida por el mayor de los bandidos, Trotsky, y sus cómplices,
Bujarin, Rikov y los demás, provocan sentimientos de furia, odio y
desprecio, no sólo en el pueblo soviético, también en el género humano
progresista”. (Citado por D. Volkogonov. Trotsky. pp. 381-2). La
historia sabe que ninguno de los actos malignos iguala a los crímenes de
la banda del bloque derechista-trotskista antisoviético.
Stalin desató una oleada de terror contra el pueblo de la URSS. Decenas
de millones de personas inocentes fueron arrestadas, condenadas y enviadas
al Gulag. Incluso fueron purgados los servicios de seguridad. En 1937-8,
23.000 funcionarios de la NKVD fueron arrestados. La mayoría delataron a
otros para poder sobrevivir. No
todas las víctimas de Stalin fueron llevadas a juicio. El líder
sindical, Tomsky, seguidor de la Oposición de Derechas de Bujarin, se
suicidó. La esposa de Stalin, Nadezhda Alleluyeva, también fue empujada
por Stalin al suicidio. Era una mujer honrada y decente, pero simpatizaba
con Bujarin. Se pegó un tiro para protestar contra la perfidia moral y
política de Stalin. Más tarde siguió el mismo destino Sergo
Ordzhonikidze, el antiguo amigo y camarada de Stalin. El 18 de febrero de
1937, murió repentinamente, supuestamente de un ataque al corazón. En
realidad, fue empujado al suicido por Stalin, que había arrestado al
hermano de Sergo, lo había torturado y ejecutado sin razón alguna. Los
detalles de este caso fueron revelados por Kruschev en el XX Congreso del
PCUS celebrado en 1956. En el mismo discurso reveló que del total de 139
miembros y candidatos al Comité Central elegido en el XVII congreso de
1934, 98 de ellos, el 70 por ciento, fueron ejecutados. Kruschev dijo que
los arrestados fueron sometidos a torturas brutales y que sólo confesaron
“todo tipo de crímenes brutales e improbables” cuando “ya no podían
soportar más las brutales torturas”. La destrucción del Ejército Rojo
Stalin
recelaba del Ejército Rojo que había sido fundado por Trotsky. Muchos de
sus dirigentes, héroes de la Guerra Civil, habían luchado con Trotsky y
estaban bajo su influencia. Muchos de ellos eran personas con mucho
talento y al menos una de ellas, M. N. Tujachevski, era un genio militar.
Antiguo oficial del ejército zarista, Tujachevski se pasó al lado de la
revolución y fue leal hasta su muerte. Dirigió el Ejército Rojo en la
lucha contra Wrangel y los polacos. En
1920 sus fuerzas llegaron a Varsovia, donde fueron derrotadas, en parte,
porque los títeres de Stalin, Voroshilov y Budyonny, se negaron a aunar
fuerzas con Tujachevski y prefirieron hacer la guerra por su propia
cuenta, persiguiendo el objetivo completamente secundario de Lvov. Como
resultado de esto, el Ejército Rojo fue derrotado en las puertas de
Varsovia, un importante revés para la estrategia de la revolución
mundial de Lenin, que llevó al aislamiento de la revolución rusa, aislándola
de la revolución alemana. El
dictador polaco, Pilsudsky, más tarde reveló: “Nuestra situación
parecía completamente desesperada. La única mancha brillante en el
horizonte era el fracaso del ataque de Budyonny sobre mi retaguardia [...]
el XII Ejército demostró su debilidad”. [es decir, el ejército que
seguía las órdenes del comisario Stalin se había negado a ayudar a la
fuerza de Tujachevski y se había separado de ella]. En
1935 Tujachevski fue ascendido a mariscal del Ejército Rojo. Era un
puesto merecido. Este gran genio militar pronosticó que la Segunda Guerra
Mundial sería una guerra móvil con tanques y aviones. Pero Stalin
recelaba de él y sospechaba del Estado Mayor del Ejército Rojo. Cuando
Tujachevski insistió en aumentar el número de aviones y tanques del Ejército
Rojo, Stalin se negó, llamándole intrigante atolondrado. (Ver Dimitri
Shostakovich. Testimony, p. 103). El
mediocre de Stalin siempre odiaba a las personas con talento. Odiaba y temía
a Tujachevski porque su brillantez siempre le recordaba su propia
incompetencia en cuestiones militares, donde le habría gustado ser un
genio. Pero lo más serio es que Stalin vivía con el temor a un golpe
militar. Por lo tanto, organizó una nueva maquinación para implicar a
todo el Estado Mayor soviético. Acusó a Tujachevski y a otros líderes
clave del Ejército Rojo, de ser aliados de Hitler. El
famoso compositor soviético Dimitri Shostakovich era amigo personal de
Tujachevski. En sus memorias escribe: “Ahora es conocido que Tujachevski
fue destruido por los esfuerzos conjuntos de Stalin y Hitler. Pero no se
debe exagerar el papel del espionaje alemán en esta cuestión. Si no
hubieran existido documentos falsificados que ‘delataban’ a
Tujachevski, de cualquier forma Stalin se hubiera deshecho de él”. (Ibíd.,
p. 99). Stalin
sustituyó a este gran pensador militar por sus compinches, Budyonny
y Voroshilov, dos incompetentes que pensaban que la Segunda Guerra
Mundial ¡se lucharía con caballería! Dos semanas antes de la Segunda
Guerra Mundial, ¡proyectaban películas propagandísticas en Rusia de
Voroshilov y su caballería barriendo al enemigo! Sólo después de las
primeras derrotas importantes del Ejército Rojo en 1941 Stalin fue
consciente de su error, pero fue una lección muy costosa para la URSS. Lo
mismo ocurrió con los cohetes. Stalin había ejecutado a todos los
expertos en cohetes de Leningrado y después tuvo que empezar desde cero. La
Purga destruyó todo el cuadro dirigente del Ejército Rojo y dañó la
capacidad defensiva de la URSS. Tujachevski, Yakir y otros, fueron
ejecutados en secreto, lo que indica que se negaron a confesar. La Purga
militar continuó durante 1938 y llevó a la eliminación del 90 por
ciento de todos los generales, el 80 por ciento de los coroneles y 30.000
oficiales de baja graduación. Esto debilitó seriamente al Ejército Rojo
en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Sabemos que fue uno de los
factores que llevaron a Hitler a atacar la URSS. Silenció las objeciones
de sus generales con el comentario: “Ellos no tienen buenos
generales”. El juicio de los veintiuno
En
marzo de 1938 se inició en Moscú el juicio de los veintiuno. Bujarin,
Rikov, Kretinski, Rakovski y otros miembros del llamado Bloque Trotskista
de Derechas. Estos viejos bolcheviques fueron descritos por el
ex–menchevique Vyshinski como “carroña fétida”, “canallas
lamentables”, “malditas sabandijas”, “jauría de perros del
imperialismo” y otras cosas por el estilo. Pravda describió esta
parodia repugnante de juicio como “el tribunal popular más democrático
del mundo”. Este veredicto fue aceptado por el “amigo de la Unión
Soviética” más inesperado, Wiston Churchill, quien describió la
representación de Vyshinski en el juicio como “brillante”. El
primer día del tercer juicio, el 2 de marzo de 1938, el antiguo
menchevique Andrei Vyshinski, calumnió al hombre que Lenin había
descrito en su testamento como “el favorito del partido”: “Bujarin,
el que se sienta ahí con la cabeza agachada, es un traidor, tiene dos
caras, lloriqueando, es una nulidad funesta que ha sido desenmascarado
[...] como líder de esta pandilla de espías, terroristas y ladrones,
como instigador de asesinato [...] Este sucio y pequeño Bujarin”. (The Case of the Anti-Soviet Bloc of Rights and Trotskyists. Registrado
en las Actas del Juicio, Moscú, 1938, 99. 656-7). Aunque
es Vyshinski quien lee las líneas, su autor era Stalin, se burlaba y
difamaba a su víctima antes de aniquilarla físicamente. Este era el método
favorito del “amado líder y profesor”. “La hipocresía y perfidia
de este hombre excede a la mayoría de los crímenes pérfidos y
monstruoso conocidos en la historia de la humanidad”. Estas palabras no
se pueden aplicar a Bujarin, un revolucionario perfectamente limpio,
honesto y dedicado, pero sí describen perfectamente al propio Stalin. Más
tarde Bujarin declaró: “La confesión de los acusados es un principio
medieval de jurisprudencia [...] Yo no me declaro culpable [...] Yo no se
nada de esto [...] lo niego [...] niego categóricamente cualquier
complicidad”. No
sólo los trotskistas fueron asesinados, también muchos estalinistas
cayeron en desgracia ante el “amado líder y profesor”. Abel Yenukidze,
por ejemplo, fue ejecutado por intentar salvar la vida de antiguos
bolcheviques. No contento con asesinar a sus enemigos, Stalin se vengó de
sus familias y amigos. Cientos de miles fueron enviados a los campos de
trabajo, no sólo como “enemigos del pueblo”, también como chesirs
o “familiares de un traidor a la madre patria”. Entre estas víctimas
estaban la esposa y las hermanas de Tujachevski, la esposa de Bujarin, la
primera mujer de Trotsky, su hijo mayor, Sergei, quién no participaba en
actividades políticas, fue arrestado por negarse valientemente a
denunciar a su padre y fue ejecutado. Los
métodos de la GPU quedaron al descubierto de una forma sorprendente
durante los propios Juicios de Moscú. Cuando el propia Yagoda fue llevado
a juicio, Vyshinski declaró (11 de marzo de 1938): “Yagoda está en la
cima de la tecnología del asesinato y lo hace con las formas más
enrevesadas. Representa la última palabra en la ‘ciencia’ de la
bestialidad”. (Sudebny otchet po delu antisovetskogo trotskiiskogo
tsentra, el informe oficial del juicio en rusa, Moscú 1937, p. 332).
En medio de todo este pantano de mentiras y distorsiones que forman estos
documentos probablemente es lo único verdadero. Yezhov
había conseguido el máximo poder. El culto a Yezhov se emparejó con el
culto a Stalin. Yezhov era llamado oficialmente “el amado de la nación”.
Los horrores que él infligía a sus víctimas eran conocidos como las
“púas de Yezhov” (Yezh en ruso significa erizo). Las bardas de
Asia Central cantaba al Padre Yezhov. Todo esto no era bien visto por
Stalin que tenía un temor mórbido de sus rivales. Yezhov
incluso envió un borrador de decreto al CC, supuestamente a iniciativa de
“incontables peticiones de los trabajadores” para que Moscú fuera
rebautizada con el nombre de Stalinodar (Ver Volkoganov, p. 463).
Sin embargo, Stalin no estaba lo suficientemente loco para aceptar. En su
lugar, arrestó a Yezhov en 1938. Como era habitual, Stalin culpó de
todos los horrores y dislocaciones de las Purgas a su títere Yezhov, a
quien sustituyó por un títere georgiano, Lavrenty Beria. El “amado de
la nación” desapareció en el Gulag, parece ser que fue ejecutado en
1939. El asesinato de Trotsky
La
única oposición seria a Stalin fue la Oposición de Izquierdas de
Trotsky. Stalin leía todo lo que escribía Trotsky y había decidido
eliminarle. Los trotskistas rusos (bolcheviques leninistas) mantenían su
fe en los principios del bolchevismo y la perspectiva de la revolución
mundial. Mantuvieron viva su organización incluso en los campos de
concentración de Stalin. Organizaron huelgas de hambre contra sus
atormentadores y sólo fueron silenciados por los pelotones de
fusilamiento. Cuando se encaminaban hacia la muerte en la congelada tundra
cantaban la Internacional. Con
estos métodos Stalin erradicó los últimos remanentes de las tradiciones
del leninismo de la Unión Soviética. Pero una voz seguía desafiándole,
la del principal lugarteniente de Lenin, el arquitecto de la revolución
de octubre y fundador del Ejército Rojo, Lev Davidovich Trotsky. Mientras
Trotsky siguiera con vida Stalin no podía descansar. A
pesar de todo, Stalin no se sentía seguro. Su persecución de Trotsky no
sólo era una cuestión de odio personal, aunque también existía. Sobre
todo era temor a las ideas y el programa de Trotsky y los bolcheviques
leninistas, y a que éstos pudieran encontrar un eco entre la clase obrera
soviética. No era un temor infundado. Entre la clase obrera soviética
aumentaba el descontento ante las malas condiciones de vida y, sobre todo,
ante la creciente desigualdad y los privilegios de la burocracia. Incluso
en el momento álgido de las Purgas existían síntomas del fermento
subterráneo de descontento. A través de los informes del partido y del
NKVD, Stalin era consciente de la verdadera situación. En 1937 los
protocolos del partido de la empresa de construcción Medgorodsk (Smolensk),
nos proporcionan una descripción inusualmente sincera de las condiciones
de vida de los trabajadores: “Se
puede decir que los trabajadores en los barracones están en una situación
hacinamiento y extrema desesperación, hay goteras que caen directamente
sobre las camas de los trabajadores. El calor raramente llega a los
barracones. La ropa de cama no se cambia y el trabajo sanitario apenas
existe. No hay cocinas y los comedores están en construcción. No se
puede conseguir comida caliente hasta la tarde, entonces, los trabajadores
tienen que recorrer largas distancias para llegar al comedor. ‘Muchas de
las mujeres’, dice una trabajadora del partido, ‘viven prácticamente
en la calle. Nadie las presta atención; algunas de estas criaturas
indefensas amenazan con suicidarse’. Además, ‘hay casos donde no se
pagan los aumentos salariales. Todo este ‘abandono de las necesidades
elementales de los trabajadores’, así como ‘la falta de cuidado a los
seres humanos’ provoca ‘insatisfacción completamente justificada’ y
amargura entre los trabajadores. Algunos
trabajadores describen el ambiente como “amenazante’ y ‘directamente
contrarrevolucionario’. Por ejemplo, en una discusión sobre la
constitución de 1936, un tal Stepan Danin, un carpintero, cita a los
trabajadores de su brigada: ¡Debemos
permitir la existencia de varios partidos políticos en nuestro entorno,
como ocurre en los países burgueses; así podrán observar mejor los
errores del Partido Comunista. En
nuestro entorno no ha desaparecido la explotación, los comunistas y los
ingenieros emplean y explotan a los sirvientes. No
se debe fusilar a los trotskistas Kámenev y Zinoviev porque son viejos
bolcheviques. A
la pregunta de un agitador de quién debería ser catalogado como viejo
bolchevique, un trabajador respondió: ‘Trotsky’”. (Citado por M.
Fainsod. Smolensk
Under Soviet Rule, p. 322). Stalin
seguía muy de cerca las actividades de los trotskistas. Tenía
infiltrados en sus filas y los artículos de Trotsky estaban cada mañana
en su escritorio del Kremlin, a menudo, antes de que fueron publicados.
Los agentes de Stalin en París asesinaron al hijo de Trotsky, León Sedov,
que estaba jugando un papel clave en el movimiento. Este fue un serio
golpe contra la Cuarta Internacional que todavía se encontraba en su fase
embrionaria. Uno por uno, los colaboradores de Trotsky, los amigos y su
familia, fueron asesinados por Stalin. Un
agente del NKVD, Sudoplatov, fue puesto al cargo del asesinato de Trotsky.
El primer ataque armado en su casa de Coyoacán fracasó. Pero
inmediatamente después vino otro. El 20 de agosto de 1940, Lev Davidovich
fue asesinado por uno de los agentes de Stalin en Ciudad de México. * El Partmaximum, que es una palabra rusa, era una regla establecida después de la revolución de Octubre que limitó el nivel de los salarios que podían recibir miembros del Partido Comunista que servían como funcionarios del Estado. Aunque funcionarios y obreros especialistas recibían un salario mas alto que el de un obrero normal, los miembros del Partido Comunista no podían cobrar sueldos privilegiados sino que tenían que aceptar el sueldo de un obrero normal. El Partmaximum fue abolido en 1930. |
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STALIN
Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
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