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Fundación Federico Engels .. |
Cuadernos de Formación Marxista Nº 3
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DE
NOVIEMBRE A ENERO
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| IV. ALEMANIA EN REVOLUCIÓN | |
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El impacto de la revolución de octubre en la situación alemana es tremendo; desde la socialdemocracia mayoritaria, toda la propaganda se orientó a convencer a la población de que las soluciones rusas no eran aceptables para un país como Alemania. Esto no impidió sin embargo que el proceso de radicalización continuara un ascenso. El USPD se vio obligado a girar permanentemente a la izquierda, y en su conferencia de septiembre los dirigentes tuvieron muchas dificultades para impedir la aprobación de una resolución política a favor de la dictadura del proletariado. También los espartaquistas dan pasos adelante y en octubre celebran una conferencia donde se aprueba un programa de acción:
Para la realización de este programa llaman a la constitución de consejos de obreros y soldados. La temperatura del ambiente había subido de tal manera que los socialdemócratas oficiales presionan para que Liebknecht filera liberado. Los dirigentes del USPD una vez que el líder espartaquista es puesto en libertad, le invitan a formar parte de la dirección, a lo que Liebknecht pone condiciones; finalmente aceptará formar parte a titulo consultivo del Comité Ejecutivo, especialmente para trabajar junto a los delegados revolucionarios, que constituyen la auténtica vanguardia del movimiento obrero berlinés. A estos hechos le suceden las acciones preparatorias de un golpe decisivo a la guerra y la política reaccionaria del gobierno. Los delegados revolucionarios se constituyen en la capital como Consejo Obrero provisional, y organizan una intensa agitación callejera. El debate ha dado un paso adelante y la polémica se centra en si es posible pasar a la etapa insurreccional sin pasar por la huelga general. Haasse apoyado por Muller dirigente de los D-R proponen fijar la fecha de la insurrección par el 11 de noviembre; Ledebour propone el 4, y Liebknecht aconsejado por los delegados bolcheviques combate ambas y rechaza toda propuesta de insurrección armada sin una previa movilización de las masas que les lleva a aceptar esta salida. Para Liebknecht es imprescindible lanzar la consigna de la huelga general y organizar manifestaciones armadas como paso previo a la insurrección. Durante la huelga general las acciones deberían ser cada vez más audaces hasta llegar a la insurrección armada. Finalmente tanto la moción de Lebedour como la de Liebknecht es rechazada y se aprobó la de Hasse. Sin embargo en Sttugart la huelga se hace efectiva al día 4 y ese día se eligen consejos obreros en todas las fábricas; el movimiento lo mismo que en Leipzig en el 17, o Berlín en enero del 18, queda aislado y finalmente es derrotado. IV. II. LA INSURRECCION DE LOS MARINOS EN KIEL El Estado Mayor Alemán había fracasado estrepitosamente en todos sus objetivos militares, la inactividad del frente del este, donde los soldados alemanes sufrían los efectos de la propaganda bolchevique, el desgaste terrible de sus tropas en el oeste y la intervención de los Estados Unidos en la guerra con su potencial bélico intacto, desequilibró totalmente la correlación de fuerzas a favor de los aliados. Siguiendo fiel a sus más reaccionarias tradiciones el E. Mayor se preparó para una última batalla donde salvar el honor de la Marina. Sin embargo este último intento desesperado se transformó en la chispa que encendió la caldera de la revolución. Los marinos se amotinaron contra este sacrificio sangriento, y extendieron sus acciones a las calles de Kiel donde inmediatamente contaron con el apoyo entusiasta de los trabajadores de la ciudad. Los enfrentamientos con la policía se sucedieron pero finalmente los marineros reunidos en los navíos eligieron un consejo, que inmediatamente se hizo con el control de' la base. En la ciudad tanto el USPD como el SPD llamaron a la huelga general y el consejo obrero que se formó se fusionó con el de los marinos; Gustav Noske, el futuro verdugo de la revolución, en aquel momento gobernador de Kiel no tuvo más alternativa que reconocer la autoridad del consejo. El movimiento se extendió por todo el territorio alemán, los trabajadores y los soldados tomaron el control de las poblaciones y de la misma forma que el proletariado ruso constituyeron Consejos de obreros y soldados. Wilhefunsharen, Bremen Hamburgo, primero en la costa y luego extendiéndose al interior de Alemania, la revolución iba cubriendo todo el territorio, Dusseldorf, Baviera, Halle, Hahan, Leipzig. La revolución comenzó de forma periférica y en Berlín los dirigentes revolucionarios tardaron en decidirse. La capital del Reich era absolutamente decisiva para el futuro de la revolución. Los líderes derechistas de la socialdemocracia percibía con mucha mayor precisión el ambiente general que reinaba en aquel momento. Tanto Ebert como Scheidemann y los líderes de los sindicatos insisten una y otra vez al canciller para obtener la marcha del Kaiser: ".... se trata de la lucha contra la revolución bolchevique que asciende, siempre más amenazante, y que significaría el caos. La cuestión imperial está estrechamente ligada a la del peligro bolchevique. Es necesario prescindir del emperador para salvar al país. Esto no tiene absolutamente nada que ver con ningún dogmatismo republicano.. ". La cita es del dirigente derechista Konrad Haenisch. Los dirigentes revolucionarios berlineses decidieron finalmente fijar la insurrección para el 11 de noviembre; sin embargo la policía interceptó todos los planes de la insurrección, lo que no impidió que inmediatamente después de los sucesos de Kiel se desarrollara una amplia agitación a favor de la insurrección. La burguesía era totalmente consciente de la peligrosidad de la situación, y ofreció a Ebert el cargo de canciller con el objetivo de apaciguar los ánimos e intentar desactivar de una manera mas efectiva el movimiento. Pero la maniobra se amplía al USPD y Ebert solicita su incorporación al gobierno. Si en las copas de la sociedad el movimiento reflejaba una profunda inestabilidad en la base, las masas recorren victoriosas ya las calles de Berlin el 9 de noviembre, la represión no resiste el empuje del movimiento: las cárceles fueron abiertas y se liberaron a los prisioneros políticos. El movimiento había llegado a su cenit. Las masas como diría Víctor Serge tenían el poder pero no eran conscientes de ello. Karl Liebknecht desde el balcón del palacio Imperial hace aclamar el triunfo de la república socialista; sin embargo el camino que quedaba por recorrer era largo y lleno de dificultades, los órganos de poder obrero, los consejos, estaban naciendo y los derechistas se preparaban para dinamitarlos desde dentro. La situación de doble poder había comenzado. Mientras tanto, los mayoritarios rechazaron las condiciones que los independientes a instancia de Liebknecht habían puesto para su entrada en el gobierno. Para los derechistas la revolución no tenía como objetivo subvertir el orden capitalista, sino corregir democráticamente los excesos del régimen. Desde el primer momento los consejos eran un problema que había que aceptar de forma temporal, hasta que se eligiera una Asamblea constituyente que decidiese la naturaleza del régimen alemán. Mientras tanto el gobierno socialdemócrata rechazaba toda dictadura de clase y abogaba por la participación de los partidos burgueses en el gobierno. Finalmente como era de preveer los líderes independientes, centristas, optaron por la entrada en el gobierno, lo que a medio plazo atizaría la radicalización de la base del U.S.P.D. Los acontecimientos de noviembre habrían culminado una etapa fundamental de la revolución alemana. Como en la revolución de febrero en Rusia, los trabajadores disponían del poder pero no eran conscientes de ello. Sin embargo, si en Rusia existía un partido con una estrategia y con dirigentes que previeron el desarrollo de los acontecimientos, en Alemania el ala revolucionaria no tenía las posiciones ni las perspectivas del bolchevismo. La situación en Alemania era profundamente contradictoria. Como en Rusia, millones de obreros y soldados que participaron activamente en política a partir de los sucesos de Kiel, lo hicieron a través de sus organizaciones tradicionales y especialmente del SPD. La traición de los dirigentes oficiales de la socialdemocracia a la revolución no era percibida aun por las masas del proletariado que se habían sacudido del Kaiser y pensaban con acierto que algo muy importante estaba cambiando. Su inexperiencia les impedía sacar todas las conclusiones de estos acontecimientos. Como el proletariado ruso, en febrero las ilusiones democráticas estaban todavía muy arraigadas entre los trabajadores alemanes después de noviembre. Por tanto, las perspectivas y la táctica de los revolucionarios tendrían que considerar muy seriamente esta realidad. Lenin insistía una y mil veces que la vanguardia debe explicar pacientemente su programa al conjunto de la clase. Esta tarea de propaganda, aprovechando de forma hábil el desarrollo de los acontecimientos permitiría atraer a la clase al campo de la revolución. Pero las masas antes de romper con su vieja dirección necesitan de enormes acontecimientos que le convenzan de que ya no es posible apoyar a los viejos dirigentes si quieren cambiar unas condiciones de vida. No es menos cierto que no todas las capas de clase obrera sacan automáticamente las mismas conclusiones al mismo tiempo, siempre hay un sector más avanzado que constituye la vanguardia, pero este sector por si solo no puede hacer la revolución; necesita del apoyo consciente de la mayoría del proletariado y de la neutralidad al menos de las capas medias para tomar el poder; la vanguardia no hace la revolución, se prepara para la revolución. En noviembre se abría una etapa decisiva donde el objeto central debería haber sido luchar por profundizar y consolidar el poder de los consejos, conquistar la mayoría en su seno y en los sindicatos y en el SPD, y atraer con firmeza en los principios pero con flexibilidad en las formas a los mejores destacamentos de la revolución, encuadrados en ese momentos en las filas de los delegados revolucionarios. IV. III. EL GOBIERNO SPD-USPD. DOBLE PODER EN ALEMANIA El 10 de noviembre se celebró la Asamblea General de delegados obreros y soldados que debía decidir la composición del nuevo gobierno revolucionario; la reunión había sido cuidadosamente preparada por Ebert y Scheidemann que utilizaron a los soldados para imponer sus posiciones. Apoyándose en sentimientos, "la unidad de los partidos socialistas", y explotando los prejuicios de los elementos más atrasados que se acababan de incorporar al movimiento, "rechazo a la violencia", "a la dictadura bolchevique", etc..., los derechistas consiguieron un triunfo importante en la reunión. La elección del Comité Ejecutivo de los consejos se hizo de forma muy confusa; los líderes del SPD exigieron paridad de representación de los dos partidos obreros. La presión se impuso y los independientes rechazaron la representación proporcional en base al apoyo real de ambos partidos en las fábricas y finalmente aceptaron la representación paritaria. Ebert se convertiría de esta manera en jefe del Comité Ejecutivo de los consejos y a la vez del gobierno legal. Durante todo el periodo de lucha por el control de los consejos los líderes del SPD actuaron con firmeza y decisión; reclamaron la unidad, es decir la paridad, allí donde eran débiles y los miembros del USPD renunciaron a la proporcionalidad, sin embargo tal método no se utilizaba en los pocos casos donde los del SPD eran mayoritarios. Todas estas concesiones transformaron radicalmente la representación proletaria. Desde la base de las fábricas hasta la cima de los consejos la representación del SPD iba aumentando decisivamente. No obstante, a pesar de las maniobras de los líderes derechistas, el poder de los consejos se afirmó parcialmente. Las autoridades se vieron obligadas a reconocerlos ciudad a ciudad. Se trataba de utilizar a los consejos para recomponer el poder burgués. Para ello la burguesía utilizaría por un lado a la socialdemocracia cuyos líderes se encuentran entregados a la tarea sin fisuras, y por otro el aparato militar, aunque en este último caso deberán de organizar sus propias unidades de confianza, pues el ejército también experimenta la misma ruptura que la sociedad alemana. Por otra parte, toda la maquinaria de la burguesía, con el SPD como ariete, se pone en marcha para combatir en el terreno político a los revolucionarios. La campaña que se desató contra el bolchevismo alcanzó dimensiones de auténtica cruzada; se formo una auténtica coalición entre la clase dominante, el aparato estatal con sus miles de funcionarios y la vieja socialdemocracia, para combatir la revolución y defender la propiedad y el orden; ahora el objetivo era establecer una nueva legalidad basada en el sufragio universal para elegir una Asamblea Constituyente que liquidara definitivamente el Gobierno de los Consejos. En este proceso los líderes del USPD siguen en todos los aspectos decisivos la pauta que marcan Ebert y compañía. Durante este período la ausencia de una fuerte organización marxista como la de bolcheviques en Rusia, impidió una propaganda sistemática para ganar el poder para Consejos; además, la ausencia de una educación sistemática de los cuadros en la táctica, métodos, la propaganda paciente para conquistar a las masas, una evaluación sobria del estado de ánimo de la clase, consignas adecuadas a cada momento, hace que las tendencias ultraizquierdistas impacientes por tomar el poder, se vayan haciendo dominantes en el seno de las fuerzas revolucionarias. IV. IV. LOS SOCIALPATRIOTAS Y EL ESTADO MAYOR Los jefes militares que habían combatido en la gran guerra percibían con especial agudeza la necesidad de contar con el apoyo firme de Ebert y compañía; lo más preciado para ellos, en la medida que las posibilidades de aplastar por la fuerza el movimiento constituía un serio riesgo, era poder distraer las energías de la revolución y finalmente desbarataría. Heindemburg declaró abiertamente que los militares estarían dispuestos a colaborar con el canciller para "evitar la extensión del terrorismo bolchevique en Alemania". Víctor Serge en su libro "El año 1 de la Revolución Rusa" cita las memorias del general Grener, muy significativas: "... concertamos (el alto comando y los jefes socialdemócratas) una alianza contra el bolchevismo... Conferencié todos los días con Ebert. Mi objetivo era arrancar el poder a los soviets de los obreros y los soldados. Proyectábamos hacer entrar en Berlin diez divisiones. Ebert estaba de acuerdo con nosotros.... Los independientes y los soviets exigieron que las tropas entrasen sin armas. Ebert consintió en que entrasen bien armados. Trazamos un plan detallado de acción en Berlín...". La burguesía alemana tenía mucho más vigor en ese momento que la burguesía rusa, cuenta con un cuerpo de oficiales y de un aparato ágil y disciplinado, la socialdemocracia. La ofensiva burguesa se extiende a muchos terrenos: en el sindical, la patronal llegó a un acuerdo con los líderes de los sindicatos, aceptando las reivindicaciones laborales. En el frente de la prensa, la socialdemocracia intenta una y otra vez obligar a los independientes y a los espartaquistas abandonar las imprentas que han tomado a los grandes editores y desde las que editan su presa diaria. En nombre de la libertad de expresión abogaban contra la incautación de periódicos y por que los grandes propietarios pudieran seguir controlando estas palancas fundamentales de información. La burguesía empieza a organizar su propio grupo de choque callejero: la "Liga antibolchevique", financiada por los grandes consorcios económicos, se dedica a realizar una incansable propaganda contra los líderes espartaquistas. Desde el gobierno, los líderes del SPD realizan un intenso trabajo para boicotear los consejos. No sólo confirman a todos los funcionarios estatales en sus puestos, sino que se lanzan a un ataque a fondo contra aquellos consejos que más obstaculizan su tarea contrarrevolucionaria como es el caso del Consejo de Obreros y Soldados de Berlín, más conocido como el Ejecutivo. Los soldados habían jugado un papel muy importante en la insurrección de noviembre. De hecho a pesar del apoyo que pudo organizar el SPD en el seno del ejército, la tropa se veía afectada muy de cerca por los acontecimientos. La guerra había agotado las fuerzas de los soldados que se veían atraídos y contagiados por la lucha de la clase obrera; al fin y al cabo toda la tropa eran hijos de trabajadores. Este elemento influía en las decisiones del Estado mayor alemán que había aceptado la constitución de los consejos porque no contaba con las fuerzas suficientes para impedirlo: de haberlo intentado la desintegración del ejército se habría hecho realidad. Cuando el consejo de Berlín decidió tímidamente la formación de una Guardia Roja, la reacción de los mayoritarios fue durísima por lo que el consejo retrocedía. No obstante los preparativos militares en el campo de la contrarrevolución no se habían paralizado. Los dirigentes del SPD se decidieron a la creación de una tropa de defensa republicana de trece a quince mil hombres que serían reclutados voluntariamente y financiada por los grandes capitalistas. La contrarrevolución armada estaba en marcha. IV. V. EL CONGRESO DE LOS CONSEIOS El Congreso de los consejos supondría un golpe decisivo al poder obrero. Los mayoritarios planifican su desarrollo con extremo cuidado, impidiendo que cualquier presión externa pueda desestabilizar o impedir que se cumpla el objetivo central que se han marcado: acabar con los consejos. De entrada El Consejo de Comisarios del pueblo encabezado por Ebert había rechazado la entrada de los delegados bolcheviques que el consejo había invitado: Bujarin, Joffe, Rackowski, Jgnatov y Radek. Pero mucho más fundamental que esto, las concesiones hechas con anterioridad por los líderes del USPD en lo referido a la representatividad en los consejos locales y provinciales, se refleja dramáticamente en el Congreso. De los 489 delegados que asisten al mismo (405 en representación de los consejos de obreros y 84 de los consejos de soldados), sólo hay 179 obreros y empleados, por 71 intelectuales y 164 profesionales, periodistas y liberados del SPD y los sindicatos. En resumen 288 del SPD, 90 del USPD de los que 10 eran espartaquistas, 11 revolucionarios unidos, 25 demócratas y 75 sin partido. Ni Karl Liebknecht ni Rosa Luxemburgo habían sido elegidos por Berlín, donde los delegados se circunscribieron a personas activas en las empresas. A pesar de todo, los espartaquistas intentan influir desde el exterior; organizaron un gigantesco mitin con apoyo de los delegados revolucionarios el mismo día de la apertura con más de 250.000 asistentes. Sin embargo la mayoría socialdemócrata actúa como un bloque sobre cuestiones decisivas, si bien es cierto que la presión de las masas y de los soldados hace que sus planes no se cumplan al cien por cien. Una moción defendiendo que los consejos seguían siendo la base de la autoridad suprema en materia legislativa y ejecutiva y la necesidad de convocar un segundo congreso antes de que se adoptara la nueva constitución fue rechazada por 344 contra 98. El Congreso finalmente se afirma contra el poder de los consejos y por la convocatoria de una Asamblea constituyente que elaborase una nueva constitución y decidiera el re'gimen político de Alemania. La derrota de los revolucionarios aumenta las divisiones en sus filas; por un lado los partidarios de conquistar la mayoría en su seno, por otro las que abogaban por combatir implacablemente la Asamblea Constituyente y luchar inmediatamente por el poder. |
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V. DE DICIEMBRE A ENERO DE 1.919 |
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La impotencia de los líderes espartaquistas era evidente. Habían cometido el error fatal de no haber construido una sólida fracción marxista, organizada y disciplinada en el seno del USPD y de los sindicatos y ahora eran incapaces de contener el avance del ultraizquierdismo en sus propias filas. El once de noviembre, los espartaquistas habrán tratado su programa; para ellos el papel esencial de los revolucionarios, era esclarecer a las masas con su agitación y su propaganda, ayudarlas a conocer el papel real de la socialdemocracia, empujarlos a la lucha. Además defienden mantenerse en el seno del USPD para conquistar su mayoría. Formalmente los argumentos de la conferencia son incontestables; sin embargo estas declaraciones podían quedarse sólo en eso, si los espartaquistas no se organizaban seriamente como grupo o tendencia en el seno del USPD. Los bolcheviques no habían actuado de forma independiente, es decir como partido independiente realmente hasta 1.912, pero incluso durante el transcurso de la revolución no perdieron ninguna oportunidad de trabajar en todos aquellos organismos y organizaciones que les permitían llegar a la vanguardia, a los sectores mas avanzados. La táctica de mantenerse dentro de las organizaciones tradicionales era totalmente correcta si tenemos en cuenta hacia donde apuntaban los desarrollos en el interior de las mismas. En aquel momento millones de personas que hasta entonces habían estado apartadas de la política, soldados desmovilizados, pequeñoburgueses afectados por la guerra, jóvenes, se vuelven hacia el SPD que encarna la tradición marxista y revolucionaria antes sus ojos. Los líderes del SPD aprovecharon a fondo esa situación, y desde el poder al que le habían elevado las masas, les promete paz y democracia pero sin los sufrimientos, ni la guerra civil que estaba proyectándose sobre Rusia. La propaganda de la burguesía a favor de estos planteamientos crea, lo que Pierre Broue estima como "...un clima de seguridad, unidad y casi unanimidad..." y por eso "...a los ojos de las masas, los revolucionarios con sus excesos, sus ataques, sus acusaciones de traición socialista necesaria para que la revolución se consolide". Incluso para los espartaquistas también había posibilidades dentro del SPD, donde existía una izquierda, integrada por gente como los delegados de este partido en el Consejo de Berlín, que eran influenciables por la presión de las masas. A pesar de todas estas ventajas potenciales las filas espartaquistas empiezan a ser penetradas por el virus del ultraizquierdismo. Lenin definía el ultraizquierdismo como el precio que las masas tienen que pagar por la traición de sus dirigentes reformistas. No obstante la frase no iría mas allá si el ultraizquierdismo no fuera un peligro mortal para una tendencia revolucionaria en el momento decisivo. Los espartaquistas estaban sometidos a una doble presión que podía provocar su aislamiento, de una parte la que provenía de la burguesía y de la socialdemocracia, pero de otra la que llegaba de sus propios adeptos, elementos muy a menudo separados de las organizaciones de masas de la clase obrera y sin tradiciones; jóvenes para los que la experiencia bolchevique se reducía a la cuestión de la lucha armada. Estos elementos no sólo imponen su sello a las acciones espartaquistas en muchos casos sino que adoptan posiciones ultraizquierdistas muy negativas para la relación de los espartaquistas con las masas. Despreciaron y condenaron a los sindicatos como agencias de la burguesía llamando a los obreros conscientes a organizarse fuera de ellos. Son también estos sectores los que más presionan para una ruptura con los independientes. Sin duda si estas capas se hubieran encontrado con una tendencia seriamente organizada y disciplinada y sobre todo con cuadros experimentados y educados hubieran sido formados en las mejores tradiciones del marxismo. Pero muchos de estos jóvenes y no tan jóvenes revolucionarios transformaban su impotencia frente a los reformistas en impaciencia. Sustituyeron la conquista del apoyo entre las masas, por la toma del poder sin considerar seriamente el estado de ánimo ni el nivel de conciencia del proletariado en esos momentos. Mientras tanto en el terreno de los acontecimientos, Rosa Luxemburgo presionaba por la convocatoria de un Congreso extraordinario del USPD en el que pensaba que los espartaquistas lograrían una mayoría; esta idea no era en modo alguno descartada, si consideramos el proceso de radicalización de los delegados revolucionarios y de una amplia base del USPD. A mediados de diciembre en la víspera de la celebración del Congreso de los Consejos se celebró una Conferencia Berlinesa del USPD para decidir sobre la propuesta de Congreso extraordinario. La derecha del partido con Haase a la cabeza, defendió la colaboración con el SPD en el gobierno; finalmente la conferencia decidió que la preparación de las elecciones debería ser la tarea central de la organización. El partido en la práctica estaba profundamente dividido: los espartaquistas se habían atraído a los delegados revolucionarios que también reclamaban la celebración de un congreso extraordinario. Existía un campo magnífico par el trabajo de los espartaquistas. No obstante sus líderes tendían a exagerar su influencia, especialmente Karl Liebknecht. Es cierto que los espartaquistas eran muy conocidos, maestros en la agitación y que sus convocatorias de manifestaciones y mítines son secundados masivamente. Esto da una sensación de potencia, aunque en realidad su organización es muy limitada. A la configuración de estas apreciaciones exageradas ayudó el que durante todo el mes de diciembre se desatara una escalada de acciones que por un lado reflejaba el ascenso de la radicalización de las masas y por otro la impaciencia de los elementos revolucionarios; se produjeron una sucesión de combates y revueltas, entre los que destacó la ocupación del edificio de Vorwats por espartaquistas que empiezan a editar el Vorwats Rojo, y que se convertiría en una conquista emblemática para los revolucionarios. Todos estos acontecimientos cristalizan con la formación de dos líneas en el seno de los espartaquistas: por un lado Rosa Luxemburgo y Leo Jogiches para los que la burguesía domina provisionalmente la situación, y por tanto hay que centrar fuerzas en la campaña electoral a la Asamblea constituyente para movilizar a las masas y conquistar su apoyo. Por otro lado los sectores más impacientes con la liga de soldados rojos, fundada por los espartaquistas, que defienden el boicot a la Asamblea Constituyente y la lucha por el poder. V. II. LA CUESTION DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y LA FUNDACION DEL K.P.D. La cuestión de la asamblea constituyente no puede verse como un aspecto secundario de la revolución. Entre las masas alemanas como reacción a los gobiernos antidemocráticos del Kaiser, existía un apoyo aplastante para esta reivindicación democrática. Al sector mayoritario de los espartaquistas como a los izquierdistas de Bremen, que defendían el boicot, les faltaba la comprensión de la táctica y la estrategia revolucionaria: sus consignas "Abolición de todos los parlamentos y transferencia de todo el poder a los consejos obreros y soldados" chocaba con las simpatías democráticas de las masas y permitía a los dirigentes desarrollar su campaña contra los espartaquistas como terroristas y antidemocráticos. En Alemania la convocatoria de una Asamblea Constituyente estaba ligada a los ojos de los obreros avanzados, a las aspiraciones revolucionarias. En Rusia en 1.918 cuando los soviets, los auténticos órganos democráticos de las masas ya habían tomado el poder, la Asamblea Constituyente era utilizada por los terratenientes, capitalistas y seguidores de los generales blancos como vehículo de la contrarrevolución. La situación en Alemania era muy diferente. Para educar a los jóvenes cuadros, Lenin explicaba: "La táctica debe basarse en una apreciación estricta y sobria de todas las fuerzas de clase... es muy fácil demostrar el temperamento revolucionario de una vez, simplemente lanzando insultos contra el oportunismo revolucionario". En todo momento es necesario tener en cuenta en la propaganda y las consignas el estado actual de la conciencia de la clase obrera. "...No debemos condenar lo que para nosotros es obsoleto como algo que es obsoleto para la clase...". No se superan las ilusiones de las masas simplemente repitiendo abstractamente la importancia de los soviets, sino demostrando positivamente en la acción la corrección de las ideas revolucionarias y avanzando hacia éstas a través de la experiencia. Lo espartaquistas si hubieran adoptado una línea bolchevique tendrían que haber defendido una política diferente, como la que Lenín y sus camaradas siguieron a partir de febrero:
En este contexto de confusión política en el seno de la vanguardia revolucionaria se produjo la fundación del Partido Comunista (KPD (s)). Rosa Luxemburgo y Leo Jogiches siguen insistiendo en que es necesario permanecer en el USPD y que la fundación del KPD es prematura. Las presiones de la militancia, de los comunistas de izquierda por formar un nuevo partido, y también de Karl Radek como delegado bolchevique se impusieron finalmente. El Congreso de fundación se reunió en Berlín el 30 de diciembre de 1.918, con 83 delegados provenientes de los espartaquistas y 29 de los IKD de Bremen. Como era previsible las polémica central fue en torno a la participación o no en las elecciones a la Asamblea Constituyente. Rosa Luxemburgo explicó con claridad la realidad de la situación: la revolución alemana no está madura, las masas no están maduras para derribar la Asamblea Constituyente. Muestra por otra parte las contradicciones en las que incurren los partidarios del boicot que por una parte temen los resultados de las elecciones en la conciencia de las masas y por otra parte creen que estas están lo suficientemente preparadas para apoyar el boicot. Otto Ruhle encabezaba la línea ultraizquierdista defendiendo la insurrecaón a corto plazo, la salida de los sindicatos etc... El congreso aprueba la política del boicot pero dando muestras de su incoherencia también adopta el programa político presentado por Rosa Luxemburgo que es una condena de la línea izquierdista. Las conclusiones en materia de organización son muy pobres. La estructura del partido es igual de difusa que la vieja liga espartaquista, y se mantiene una abierta hostilidad a la centralización; no hay por tanto en el terreno organizativo tampoco, como no podía ser de otra manera, la adopción de una política bolchevique. Pesó la decisión mas grave del Congreso, que es una consecuencia de la actitud ultraizquierdista de los delegados en el fracaso de las conversaciones con los delegados revolucionarios. Los delegados revolucionarios que agrupan a la vanguardia del proletariado berlinés, son hostiles a las acciones aventureras y exigen el abandono de la política de boicot, el establecimiento de una comisión de programa paritaria y representativa en las redacciones del periódico, octavillas etc..., como condiciones para adherirse a la nueva organización. Condiciones que eran de todo modo perfectamente aceptables y que hubieran llevado al partido comunista a la flor y nata de la vanguardia obrera. Sin embargo estas proposiciones fueron rechazadas por los delegados que la consideraron una imposición inaceptable. No es de extrañar que en estas circunstancias, si tenemos en cuenta la incoherencia de las decisiones adoptadas en el congreso, y el rechazo de las propuestas de los D-R, Leo Jogiches afirmara, no sin razón, que la fundación del KPD había sido prematura. Los acontecimientos posteriores vendrían a darle enteramente la razón. V.III. LA INSURRECCJON DE ENERO: LA REVOLUCION ES DECAPITADA
A pesar de las carencias de los espartaquistas y de la política ultraizquierdista aprobada en el congreso fundacional del KPD no todo estaba perdido para la revolución ni mucho menos. Los acontecimientos pujaban a favor del proceso de radicalización de las masas y las ilusiones de noviembre se estaban disipando. Sobre todo, el factor del ejército, fundamentalmente para el triunfo o el fracaso de la revolución, estaba beneficiando a la izquierda: la disciplina se descompuso y el giro radical también se imponía entre la tropa. El Estado Mayor era consciente que el momento decisivo se acercaba; a pesar de los errores de los revolucionarios una creciente polarización acercaba a las masas hacia las posturas más radicales y eso se palpaba con el desgaste del gobierno Ebert. La socialdemocracia no podía controlar a las masas sólo por medio de las instituciones, de ahí que el gobierno cediera crecientemente a las presiones del Estado Mayor. Los socialpatriotas aceptaron la entrada en Berlín de 10 divisiones procedentes del frente con un plan deliberado: desarmar a los civiles, limpiar los barrios poco seguros y ejecutar toda persona que ejerza ilegalmente funciones de autoridad. Sin embargo el cálculo contrarrevolucionario fue fallido, igual que el intento de Kornilov en agosto de 1.917 se saldó con un estrepitoso fracaso para la reacción rusa, los militarotes alemanes no pudieron llegar a ejecutar sus planes. Una vez que las tropas entraron en Berlín, la disciplina se rompió con rapidez influidos por la agitación revolucionaria. De hecho la presión de los soldados es tan fuerte, a pesar de que en un primer momento la política oficial de la socialdemocracia parece influirlos mayoritariamente, que el Congreso de los consejos acepta una resolución que en la práctica significa la muerte del ejército tradicional. La resolución inspirada por esos "seguros" soldados, aboga por la abolición de las insignias de grado, del uniforme, de la disciplina fuera de servicio y de las señales exteriores de respeto, además se exige la elección de los oficiales por los soldados y la entrega del mando por los consejos de los soldados. Todas estas medidas son rechazadas de plano por Mindemburg y el Estado Mayor; si alguna cosa había quedado clara después del intento contrarrevolucionario era que el ejército no podía ser utilizado en los combates en las calles. Las batallas callejeras de diciembre desataron en Berlín entre las tropas leales al gobernador socialdemócrata Wels y los marinos radicalizados, que acabaron con la retirada de los primeros son una prueba acabada de lo dicho anteriormente. La contrarrevolución debía encontrar otro instrumento para llevar a cabo su tarea. Los enfrentamientos de diciembre en Berlin despiertan a la conciencia revolucionaria a millares de trabajadores. El equilibrio ente el poder burgués y el poder obrero era sumamente inestable y ambos campos pasan revista a sus puntos de apoyo. Desde el lado revolucionario las unidades militares que pueden simpatizar con los radicales están dispersas y carecen de un Estado Mayor y relaciones estrechas con los obreros de las fábricas. La vanguardia obrera se encuentra bastante aislada de las masas. Los obreros revolucionarios se lanzan a acciones minoritarias más que dedicarse a un trabajo de explicación paciente de sus posturas y a la organización del proletariado. Todos estos hechos hacen que la vanguardia vaya por delante de las masas. La falta de una dirección firme por parte de los revolucionarios alimenta este estado de cosas. Los dirigentes independientes, de los delegados revolucionarios, y también de los comunistas vacilan permanentemente. La situación en el campo enemigo es diferente, por lo menos en lo que se refiere a su dirección. El Estado Mayor convence a Ebert, que saca todas las conclusiones: es necesario prepararse para asestar un golpe decisivo al movimiento y restaurar la legalidad burguesa. El hombre que dirigiría el golpe se encuentra con facilidad: Gustav Nosque el antiguo gobernador de Kiel; el instrumento: el cuerpo de oficiales. La contrarrevolución trabajó deprisa en el terreno militar formando el Cuerpo Franco de Cazadores Voluntarios, que pronto contará con ochenta mil miembros en Berlín
El caso Eichhorn será la prueba que las dos partes utilizaron para revisar sus fuerzas, si bien para los revolucionarios constituirá la gran oportunidad perdida. Eichhorn dirigente de la izquierda de los independientes se había convertido en el jefe de policía de Berlín y constituía un serio escollo para los planes de los socialpatriotas. El proceso de radicalización de las masas en diciembre, se había reflejado en el gobierno con la dimisión de los ministros independientes, este momento fue aprovechado por Ebert y cía: el Vorwats lanza a partir del 1 de enero una campaña de difamaciones contra Eichhorn, el 4 es cesado por el gobierno, pero el afectado rechaza el cese consiguiendo la solidaridad de las organizaciones revolucionarias de Berlín. Toda la vanguardia se moviliza en las fábricas, calles, consejos, apoyando con resoluciones al ex-jefe de policía. La contrarrevolución movió sus piezas y esperó la reacción de la izquierda. Rosa Luxemburgo defendió la convocatoria de una huelga general y su utilización como plataforma propagandística contra el gobierno Ebert, esperando la reacción del gobierno. Finalmente el USPD, el KPD y los delegados revolucionarios lanzaron la convocatoria de manifestación para el cinco de enero. Ese día, Berlín asiste a la demostración proletaria más importante de su historia. Silos revolucionarios hubieran tenido un plan acabado, basado en una política ofensiva, llamando a la clase obrera a cesar a los dirigentes socialdemócratas en los consejos, a realizar el armamento general del proletariado, a confraternizar con la tropa, ese día Berlín podía haber caído en las manos de la izquierda y se hubiera asestado un golpe decisivo a la reacción. La revolución prepara momentos decisivos que si son desaprovechados ponen en peligro su futuro. El Estado Mayor Revolucionario no funcionaba como tal; enzarzado en una discusión interminable, permitió que el día 5 transcurriera para desesperación de cientos de miles de trabajadores, sin ninguna orientación precisa, sin consignas, sin objetivos. Un momento decisivo había sido desaprovechado. Como diría Gustav Noske en sus memorias: "...si aquellas muchedumbres hubiesen tenido jefes resueltos, conscientes de sus objetivos, en lugar de estar dirigidos por charlatanes, se habrían adueñado de Berlín antes del mediodía...". La conclusión de los líderes revolucionarios fue la creación de un comité revolucionario. Pero lo más importante, o quizás el error mas importante es que el comité, una vez desaprovechada la ocasión del 5, se impone la tarea de derrocar al gobierno. Habían desaprovechado la acción de masas que había supuesto el 5 de noviembre y que hubiera permitido un paso adelante en modificar a favor de los revolucionarios la correlación de fuerzas, pero influidos por el ambiente y por la extensión de la demostración del 5, se plantearon como meta ni mas ni menos, derrocar al gobierno, tomar el poder sin preparación, sin milicias obreras, sin que las masas berlinesas estuvieran convencidas de ello por no hablar de las del resto de Alemania. La declaración de derrocar al gobierno también fue apoyada por Liebknecht frente a la oposición de Rosa Luxemburgo y Leo Jogiches. Para añadir más confusión al ambiente, el comité volvió a llamar a una manifestación para el 6 de enero, pero para conseguir un paso adelante frente a la acción del 5, es decir una participación mayor o al menos igual de masiva era necesario convocar al menos a la huelga general. A pesar de que el seis, cientos de miles se encuentran finalmente en huelga, las fuerzas para batirse por el poder son muy reducidas y no superan 10.000 hombres. Mientras tanto la contrarrevolución se encuentra decidida a pasar a la ofensiva y ya a finales de la tarde del seis el movimiento por la toma del poder aparece en claro retroceso. El que tenía que ser el factor decisivo en la insurrección, el Estado Mayor Revolucionario, está en crisis. La central comunista está sin una dirección clara y las posiciones de sus líderes son contradictorias. Redek lanza un mensaje desesperado para volver al trabajo; Rosa Luxemburgo considera la retirada innecesaria y Jogiches quizá el más lúcido exige la desautorización de Liebknecht y Pieck que han apoyado la decisión aventurada de lanzar la lucha por el poder. Finalmente las negociaciones entre los revolucionarios y la reacción se imponen a partir de la noche del 6. El gobierno seguro de sus posiciones exige la evacuación de todos los edificios ocupados por fuerzas revolucionarias, como cuestión previa a cualquier acuerdo. La socialdemocracia moviliza sus fuerzas, que son muy numerosas y convoca acciones y mítines frente a la cancillería, donde se desata a fondo toda la histeria contra Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y el resto de los dirigentes comunistas, que son acusados de terroristas y de querer sumir a Alemania en una dictadura de clase. Los reformistas advierten que están dispuestos a combatir la "violencia" con la violencia. El 9 de enero, ya con los líderes oficiales del USPD en retirada, el KPD, los delegados revolucionarios y el ejército berlinés anuncian la ruptura de negociaciones y en una acción desesperada llaman a la huelga general y a las armas. Esta acción no contaba con el apoyo de las masas de Berlín que no están dispuestas en su mayoría a batirse en una guerra civil. Ejemplo de ello es la actitud de miles de obreros en las fábricas que se oponen a la "lucha fratricida entre los socialistas y reclaman la unidad". Radek se da perfecta cuenta del resultado desastroso de esta táctica, e intenta corregir el rumbo de la política comunista. En ese momento escribirá las siguientes reflexiones dirigidas a Rosa Luxemburgo:
Sin embargo sus consejos no fueron escuchados por Rosa Luxemburgo, que estima la cuestión de la ocupación del edificio del Vorwats y de la resistencia una cuestión de honor, dejando a los social-patriotas la posibilidad de confundir a las masas y azuzarías contra los espartaquistas a los que acusan de promover la guerra civil y el desastre para Alemania. Mientras tanto las fuerzas de la contrarrevolución han preparado una ofensiva brutal. El gobierno está totalmente decidido a golpear y lo hace sin dudas. Las tropas dirigidas por Noske han tomado las estaciones y el edificio de los ferrocarriles y el 9 ocupan la imprenta del Reich y cercan el edificio del Vorwats, que es bombardeado el 11. Hay centenares de muertos y la mayoría de los dirigentes revolucionarios son detenidos y la dirección revolucionaria entra en desbandada. Como más tarde escribiría Rosa Luxemburgo, la reacción impondría la paz sobre Berlín. Finalmente Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht pasan a la clandestinidad, pero son detenidos por las tropas de Noske. Lo siguiente es ampliamente conocido: ambos dirigentes son asesinados después de haber sido torturados. La re acción ha culminado su tarea con el descabezamiento de la revolución alemana. El asesinato de Karl y Rosa trazó una frontera de sangre entre la socialdemocracia y el comunismo. Los dos mejores líderes que el proletariado alemán haya tenido en toda su historia fueron liquidados por orden de la socialdemocracia, su ejecutor Gustav Noske actuaba como había dicho que actuaría a Ebert meses atras: "... sere tu perro de presa". A partir del doble asesinato los Freikorps y la socialdemocracia se lanzan a destruir en todo el territorio alemán el poder de los consejos. Su éxito no preparó sino nuevos movimientos revolucionarios como los de 1.921 y 1.923..., pero eso ya no pertenece al objetivo de este trabajo. |
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VI. CONCLUSIÓN |
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Es evidente que nuestra posición no es neutral. La neutralidad en el análisis histórico es una leyenda que sirve intereses determinados. Sin embargo la ausencia de neutralidad no es incompatible con la búsqueda de la verdad. Y la verdad es un instrumento revolucionario. Nuestra simpatía abierta con Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y todos los militantes revolucionarios alemanes de aquellos años es absoluta, igual de absoluto que es el modesto empeño de considerar abiertamente lo que fueran sus errores. La Spartakus Bund constituyó el mejor destacamento del proletariado alemán. Sus jefes fueron revolucionarios íntegros e intransigentes. Sin embargo carecieron a nuestro parecer de la comprensión necesaria del papel que el partido juega en la revolución. Contrarios a todo tipo de centralización, basándose en el espontaneísmo extremo de las masas, infravaloraron el papel de la organización. Las polémicas teóricas de Rosa y Lenin no fueron caprichos de ambos dirigentes. Lo que se ventilaba era mucho más importante que especulaciones intelectuales. A una teoría revolucionaria corresponden métodos y formas de organización. La teoría, el programa, sin el vehículo de la organización para llevarla a las masas, lleva el sello de la impotencia. Quizás por eso el calor de los acontecimientos y vislumbrando el resultado de la lucha, Rosa Luxemburgo vuelve a reflexionar, en enero del 18, sobre el papel del partido "la ausencia de dirección, la inexistencia de un centro encargado de organizar a la clase obrera berlinesa deben terminar. Si la causa de la revolución deben progresar, si la victoria del proletariado y el socialismo deben ser algo más que un sueño, los obreros revolucionarios deben construir organismos dirigentes para conducir y utilizar la energía combativa de las masas" (Die Rote Fahne 11 Enero 1918). La derrota de Enero encierra grandes lecciones; el movimiento emergía de la actitud de la vanguardia del proletariado berlinés contra la política del gobierno Ebert, pero su deseo de tomar el poder no se correspondía con la actitud de las masas ante esta cuestión. Al igual que en Petrogrado durante las jornadas de julio de 1917 la vanguardia obrera caminaba por delante de la masa y presionaba al partido para que pasase a la acción. La experiencia y la educación de la dirección bolchevique en la que Lenin desempeñó un papel fundamental permitió a los marxistas rusos reconducir la situación y aunque la represión posterior a la derrota de julio les golpeó con dureza, su actitud consecuente les permitió aumentar su prestigio y su influencia entre la vanguardia y las masas de Petrogrado. Los acontecimientos harían lo demás. Este desarrollo no se produjo en Alemania. Los líderes revolucionarios aceptaron las presiones del movimiento para hacerse con el poder, cuando las condiciones todavía no habían madurado. Y las condiciones que Lenin definió para la insurrección no existían todavía en Alemania, por lo menos no existían algunas de las fundamentales como que los comunistas hubieran conquistado el apoyo de la mayoría de la población. Sin embargo esta realidad pesó menos que la defensa del honor de la revolución. Como escribiera Rosa Luxemburgo: "Frente a la provocación violenta de los Ebert-Scheidemann los obreros revolucionarios estaban forzados a tomar las armas. Para la revolución era una cuestión de honor rechazar el ataque inmediatamente, con toda la energía, si no se quería que la contrarrevolución se envalentonase, si no se quería ver cuarteadas las filas del proletariado revolucionario y el crédito de la revolución alemana en el seno de la Internacional". (Die Rote Fahne, 14 de enero de 1918). Los acontecimiento de enero demostraron que Rosa estaba equivocada. Sin embargo esto no nos puede impedir afirmar que Rosa y sus camaradas cometieron un error propio de revolucionarios: fueron los últimos en abandonar el campo de batalla. Hoy la historia de la revolución alemana, como la bolchevique, parecen acontecimientos que no gozan de mucha popularidad. Si nos atenemos a lo que domina en las corrientes oficiales de opinión, parece como si fueran capítulos a olvidar y enterrar en el baúl de los malos recuerdos. No nos cabe duda de que los que así piensan tienen buenas razones para hacerlo. Por nuestra parte, creemos que la crisis orgánica del capitalismo está imponiendo el triunfo de la realidad sobre las ilusiones. La caída del estalinismo permitió a la burguesía lanzar el ataque mas importante contra el marxismo que la historia ha conocido. Todo este ataque coincidió con un período de auge económico, los ochenta, que presentó a la clase obrera huérfana de ideología. Creemos firmemente que esto será un fenómeno superficial y temporal: no es la primera vez que las ideas del marxismo quedan sepultadas bajo la propaganda oficial y aisladas de las masas. Sin embargo la clase obrera reencontrará el camino para apoderarse de nuevo de la ideología con la que asegurará su liberación. Los acontecimientos y la labor militante de los marxistas, acercarán de nuevo la teoría a los trabajadores y en ese momento las lecciones de la revolución alemana serán estudiadas seriamente por la clase obrera y por su vanguardia, contribuyendo decisivamente a su preparación política. |
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