bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Segunda parte    
 

La primera revolución rusa

 

   

 

 Lenin y los ‘hombres de comité’

 

Algunos personas han intentado encontrar el "pecado original" del estalinismo en el método del centralismo democrático de Lenin. En realidad, los métodos organizativos del bolchevismo, impregnados de principio a fin con el espíritu de la democracia, no tienen nada en común con esa monstruosa caricatura burocrática. Una medida de centralismo es necesaria en cualquier organización seria, ya sea un ferrocarril o un partido revolucionario. Todo partido político, toda organización estable, necesita un lado conservador. La necesidad de proporcionar los medios materiales para pasar del reino de la teoría al de la práctica, exige la creación de un aparto. El principio vivo de un aparato es rutina: las mil y una tareas organizativas de recoger dinero, organizar la distribución y las ventas del material escrito y otras cosas por el estilo, y todo esto requiere una atención meticulosa a los detalles. Sin esto, la construcción del partido sería impensable. Desde el principio, hay que dedicar a varias personas a estas tareas. Cuando el partido crece, su número aumenta. A menos que se tomen medidas especiales para elevar constantemente el nivel teórico de estos compañeros y ampliar sus horizontes, tienden a desarrollar una cierta estrechez organizativa, que puede jugar un papel dañino en determinadas circunstancias. Inconscientemente o no, puede parecer que lo prioritario es la organización, mientras que las ideas, los principios y la teoría son consideradas de importancia secundaria. Las opiniones, la iniciativa y la crítica de los trabajadores y de la base, se considera una carga innecesaria, en desacuerdo con el principio del centralismo, o el control desde arriba.

Es innegable que en el Partido Bolchevique había elementos de esto (como en cualquier otro partido). Pero los intentos de los historiadores burgueses, sin escrúpulos, de vincular esto con las abominaciones del estalinismo y culpar al "despiadado centralismo" de Lenin, es una distorsión monstruosa. Desgraciadamente, una capa de organizaciones bolcheviques dentro de Rusia, los llamados hombres de comité, en ocasiones actuaron como la misma caricatura inventada por los mencheviques. Ellos interpretaron las ideas organizativas de Lenin como fórmulas fijas e inmutables, para ser aplicadas de una forma mecánica, independientemente de las necesidades del momento. Incluso la idea más correcta, cuando se lleva más allá de cierto límite, se transforma en su contrario. Al convertir en un fetiche las formas organizativas y pasar por alto el método dialéctico a la hora de aplicar estas ideas en una situación que cambia rápidamente, a pesar de su indudable capacidad de sacrificio y trabajo duro, los hombres de comité, con frecuencia, jugaron un papel negativo en el desarrollo del partido, hasta que fue corregido por la intervención de Lenin. Al echar la vista atrás a este período al final de su vida, Trotsky resumió la posición de Lenin de la siguiente forma:

"Lenin comprendía mejor que nadie la necesidad de una organización centralizada; pero veía en ella, sobre todo, una palanca para realzar la actividad de los trabajadores avanzados. La idea de hacer un fetiche de la máquina política no sólo le era ajena, sino que repugnaba a su naturaleza... Los hábitos peculiares de una máquina política se iban ya formando en la clandestinidad. Ya iba surgiendo como tipo el joven burócrata revolucionario. Las condiciones de ilegalidad, es cierto, ofrecían escaso margen para formalidades democráticas tales como elección, responsabilidad y control. Pero no cabe duda de que los hombres de comité restringieron estas limitaciones más de lo necesario, y eran más intransigentes y severos con los trabajadores revolucionarios que con ellos mismos, prefiriendo imponer su voluntad aun en aquellas ocasiones que requerían prestar atento oído a la voz de las masas"29.

En cualquier aparato se puede ver una tendencia hacia el rutinismo y el conservadurismo, como sabe cualquier sindicalista a través de su amarga experiencia. Estos elementos, como hemos dicho, también estaban presentes en el Partido Bolchevique, pero eran mucho menos importantes en el Partido Bolchevique que en cualquier otro partido político de la historia, y ciertamente menos que en los partidos y sindicatos socialdemócratas o reformistas que están completamente dominados por la peor clase de maquinaria burocrática y camarillas parlamentarias, que hace mucho tiempo vendieron su alma a las clases poseedoras. Los políticos como Tony Blair o Felipe González, que agitan las manos con fingido horror ante la teoría "leninista" del centralismo democrático, gobiernan sus partidos en las más puras líneas burocráticas, centralistas y dictatoriales. Este centralismo refleja, por un lado, los intereses, salarios y privilegios del aparato, por otro lado, la presión de las grandes empresas que desean someter al movimiento obrero a su disciplina. Que estas personas acusen a Lenin es enormemente hipócrita.

Trotsky responde a los ataques cínicos sobre Lenin y el bolchevismo: "En esta conexión es más tentador sacar la deducción de que el futuro estalinismo ya tenía sus semillas en el centralismo bolchevique o, de manera más general, en la jerarquía clandestina de los revolucionarios profesionales. Pero un análisis reduce esta deducción a polvo, revelando una asombrosa escasez de contenido histórico. Por supuesto, hay peligros de uno u otro tipo en el mismo proceso severo de elegir a las personas con ideas más avanzadas y consolidarlas en una organización muy centralizada. Pero las raíces de estos peligros nunca se encontrarán en el llamado ‘principio’ del centralismo: más debería buscarse en la falta de homogeneidad y el atraso de los trabajadores, es decir, en las condiciones sociales generales que hacen imperativo la dirección centrípeta por su vanguardia. La clave de la dirección dinámica es la interrelación real entre la maquina política y su partido, entre la vanguardia y su clase, entre el centralismo y la democracia. Esas interrelaciones, por su propia naturaleza, no se pueden establecer a priori ni permanecen inmutables. Dependen de las condiciones históricas concretas, su equilibrio se regula por la lucha vital de tendencias, que, en cuanto representadas por sus alas extremas, oscilan entre el despotismo de la maquina política y la impotencia de la fraseología"30.

En común con muchos otros autores burgueses, Solomon Schwarz distorsiona las ideas de Lenin sobre la organización y las hace irreconocibles. Intenta presentar a Lenin como un defensor de la intelectualidad burocrática contra los trabajadores, citando las actas del III Congreso, cuando las citas que él utiliza demuestran exactamente lo contrario. El mismo autor se ve obligado a admitir que existían problemas similares en la organización menchevique. Esto está claro en las discusiones sobre reorganización que tuvieron lugar en la Conferencia de toda Rusia de los Trabajadores del Partido en Ginebra en abril/mayo de 1905, y en las cartas de destacados mencheviques. En un panfleto muy conocido titulado: Los trabajadores y la intelectualidad en nuestra organización, firmado por "A Worker" y publicado en 1904, con un prólogo de Axelrod, el autor dice lo siguiente: "Es mejor no albergar ilusiones indebidas en la intelectualidad martovista".

En marzo de 1905, Gúsev, secretario del comité de Petersburgo y del Buró de los Comités de la Mayoría, escribió al centro en el extranjero las siguientes líneas: "Es necesaria una circular sobre cuestiones organizativas, particularmente, sobre la cuestión de la introducción de trabajadores en los comités. Es necesario insistir en la importancia de las condiciones en las que se debe hacer esto. El criterio de introducir trabajadores en los comités no debería ser cuánto leen, sino si son revolucionarios, dedicados, enérgicos y tienen influencia. Hoy en día hay muchos así, principalmente entre los trabajadores desorganizados, la mayoría muy jóvenes y carentes de las cualidades para ser líderes políticos, aunque conocen muy bien la literatura socialdemócrata. Además, ya te he escrito acerca de trasladar la base de nuestra organización, el trabajo secreto, a las casas de los trabajadores. Concretamente, esto significa que una parte de nuestras mejores fuerzas clandestinas deben proletarizarse exteriormente"31.

La esencia del problema al que se enfrentaba el partido era: ¿cómo establecer vínculos firmes entre las fuerzas relativamente pequeñas de la vanguardia revolucionaria y las masas de trabajadores y jóvenes que estaban entrando en la lucha? La revolución no se desarrolla de una forma ordenada y predeterminada, como una orquesta respondiendo a los gestos de la batuta del director. Es un choque vivo de fuerzas, una ecuación incluso más compleja que la guerra entre las naciones. Los acontecimientos del Domingo Sangriento y los posteriores, continuando la analogía militar, representan la movilización general de la clase obrera. Pero esa clase, recién recuperada de sus ingenuas ilusiones y luchando por encontrar el camino hacia una revisión completa de la sociedad, continuamente tropieza con innumerables obstáculos en su camino, en la medida en que carece de un Estado Mayor capaz de señalar el camino hacia la victoria. Incluso el ejército más valeroso nunca ganará una guerra sin buenos generales. Pero los mejores generales sin un ejército tampoco pueden hacer mucho.

En este momento, ninguno de los principales líderes, ya fueran bolcheviques o mencheviques, había regresado aún a Rusia. Mártov regresó a Rusia después del 17 de octubre; Lenin un poco más tarde, el 4 de noviembre. La única excepción era Trotsky que llegó a Kiev en febrero. Aquí entró en contacto estrecho con la figura clave bolchevique de ese momento, Leonid Krasin. Este último estaba a cargo de una imprenta secreta y bien equipada en alguna zona del Cáucaso. Pero su papel iba más allá. Era un joven ingeniero muy capacitado; Krasin durante muchos años fue el prototipo de un organizador bolchevique. Demostró ser un organizador y técnico excepcional.

"En aquella época de temprana juventud en que vivía el partido,", recuerda Trotsky, "al igual que la revolución, había siempre en los militantes y en sus acciones algo de inexperiencia y de falta de madurez. Krasin no se libraba tampoco, por supuesto, de esta ley natural, pero tenía una firmeza, una decisión y un temple ‘administrativo’ poco comunes. Era, como he dicho, ingeniero, gozaba de una clientela considerable, ocupaba un puesto magnífico, era hombre muy estimado y se hallaba mejor relacionado que ningún revolucionario joven de aquella época. Krasin tenía amigos y conocidos lo mismo en los barrios obreros que entre los ingenieros y en los palacios de los industriales de Moscú y en los círculos de escritores, en todas partes. Además, como sabía combinar hábilmente esas relaciones, se le ofrecían una serie de posibilidades prácticas con que los demás no podíamos ni soñar. En 1905 Krasin, además de intervenir en la labor general del partido, dirigía las empresas más arriesgadas: grupos de acción, compras de armas, preparación de explosivos, etcétera. A pesar de su vasto horizonte era, ante todo y sobre todo, lo mismo en política que en los demás aspectos de la vida, un hombre de acción. La acción era su fuerte. Pero también su talón de Aquiles"32.

Lenin apreciaba a las personas como Krasin, que realizaban el trabajo paciente y eficazmente sin alboroto. El trabajo de Krasin se mantenía en secreto, pero jugó un papel incalculable en la construcción del partido en este tormentoso período. Políticamente, Krasin era un conciliador. Pero las ideas conciliadoras eran algo común entre los activistas del partido en Rusia, y aún más entre los trabajadores, como se reflejó claramente en el informe de la delegación de Petersburgo al congreso del partido: "En el último período la demanda de poner fin a la división se está extendiendo. Los trabajadores bolcheviques y mencheviques asisten juntos a las reuniones, con o sin intelectuales, y en todas partes, está apareciendo la demanda de la unificación"33. De una forma u otra, había que resolver la división en el partido.

La solución obvia era la convocatoria de un congreso del partido. Los bolcheviques llevaban meses haciendo propaganda para la convocatoria del III Congreso, pero los mencheviques, que temían quedarse en minoría, continuamente ponían obstáculos. A principios de febrero, una redada de la policía en el apartamento moscovita del escritor Leonid Andréyev llevó al arresto de todos los miembros del Comité Central (principalmente mencheviques y conciliadores). Aquellos que quedaron en libertad contactaron con el bolchevique "Buró de Comités de la Mayoría" con la intención de alcanzar un acuerdo para convocar un congreso.

Aunque formalmente esto era responsabilidad del Consejo del Partido, la mayoría de las organizaciones del partido dentro de Rusia estaban claramente a favor. Si dos tercios de los comités pedían un congreso, los estatutos obligaban al Consejo a convocarlo. A principios de abril los bolcheviques pudieron demostrar concluyentemente que un total de 21 organizaciones dentro de Rusia, incluido el CC, estaba a favor de un congreso.* Esto representaba 52 votos de un total de 75 que representarían al conjunto del partido en un congreso, muchos más de los requeridos por los estatutos. A principios de abril se publicó una carta abierta de Lenin, en nombre del CC, destinada a Plejánov, como presidente del Consejo del Partido. El Consejo abiertamente hizo caso omiso de las normas y despreciando el procedimiento democrático se negó a convocar el congreso. Debido al comportamiento irresponsable e ilegal del Consejo, a los bolcheviques sólo les quedaba la alternativa que convocar ellos mismos el congreso, en nombre del Comité Central y de la mayoría de las organizaciones del partido en Rusia. Los mencheviques, aunque se les invitó a asistir, no asistieron y organizaron su propia conferencia en Ginebra. El 12 de abril de 1905, los delegados se reunieron en Londres durante dos semanas en las que mantuvieron discusiones intensas sobre los problemas fundamentales de la revolución.

 

 

El III Congreso -->

 

   
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29. Trotsky, Stalin, Ed. El Yunque, 1971, pág. 93.

30. Ibíd. pág. 93.

31. Citado por Schwarz, op. cit., págs. 214 y 216 (el subrayado es nuestro).

32. Trotsky, Mi vida, Ed. Pluma, 1979, pág. 134.

33. Tretiy s’yezd RSDRP (Protokoly), pág. 549.

*   Estas cifras fueron aceptadas por Mártov. Ver Mártov y otros, Obshchestvennoe Dvizhenie v Rossii v Ánchale 20 Veka, vol. 3, p. 557.