bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Segunda parte    
 

La primera revolución rusa

 

   

 

 Domingo Sangriento

 

La petición provocaba un tremendo entusiasmo cuando se leía en las asambleas de trabajadores y en todas partes se aprobaba con aplausos. Con una asombrosa ingenuidad, Gapón escribió al ministro de Interior en vísperas del Domingo Sangriento para solicitarle el permiso legal para una manifestación pacífica frente al Palacio de Invierno: "El zar no debe temer nada. Yo, como representante de la Asamblea de Trabajadores Rusos, mis colegas y los compañeros trabajadores —e incluso los llamados grupos revolucionarios de tendencias diferentes— garantizamos la inviolabilidad de su persona. Aparezca como un verdadero zar, con valor en su corazón, para encontrarse con su pueblo y tomar en sus manos nuestra petición’. Firmado: ‘El sacerdote Gapón y once diputados de trabajadores, San Petersburgo, 8 de enero"14.

Para demostrar sus intenciones pacíficas los organizadores prohibieron el despliegue de banderas rojas. Los socialdemócratas, a pesar de sus enormes recelos con la manifestación, decidieron, correctamente, participar junto al resto de su clase. Los organizadores estuvieron de acuerdo, a condición de que marcharan en la parte trasera de la manifestación, una medida que, en realidad, salvó la vida a muchos de ellos.

Mientras los líderes del sindicato intentaban convencer al gobierno de sus intenciones pacíficas, este último, presa del pánico, se estaba preparando para enseñar a las masas una lección sangrienta. A las dos de la tarde del domingo 9 de enero, los trabajadores comenzaron a reunirse ante el Palacio de Invierno. La plaza pronto estuvo llena con una gran multitud, no sólo de trabajadores, sino también de estudiantes, grupos socialistas, mujeres, niños y ancianos —en total unas 140.000 personas—. "Como acordamos, la marcha al palacio fue pacífica, sin canciones, banderas o discursos. Llevaban las ropas del domingo. En algunas zonas de la ciudad había iconos y enseñas eclesiásticas. En todas partes los solicitantes se encontraron con las tropas. Les suplicaban que les dejasen pasar. Lloraban, intentaron rodear la barrera, intentaron romperla. Los soldados dispararon durante todo el día, los muertos se contaban por centenares, los heridos por miles. Es imposible dar la cifra exacta porque la policía se los llevaba en carros y en secreto enterraban por la noche los cadáveres"15. Ese día al menos 4.600 personas fueron asesinadas o resultaron heridas.

La masacre del 9 de enero descubrió a "Nicolás el sangriento", como pasó a ser conocido desde ese momento, no sólo como un hombre cruel y despreciable, sino también como un monarca sumamente estúpido. "Los disparos del 22 de enero de 1905", recuerdo Eva Broido, "resonaron en toda Rusia. En todas partes las masas estaban conmocionadas por su complacencia. La vieja creencia en la bondad del ‘Padrecito’, el zar, estaba muerta. Incluso los trabajadores más atrasados lo comprendían"16.

Después de la masacre, Gapón asqueado por el horror, denunció al zar y llamó a la insurrección armada. En una emotiva reunión celebrada la noche del Domingo Sangriento, Gapón anunció a los trabajadores que estaban reunidos en asamblea: "Ya no tenemos un zar". Tropeles de trabajadores vagaban por las calles, furiosos y desesperados pero sin dirección. Y de repente, los mismos revolucionarios a quienes habían rechazado, hundido a gritos e incluso golpeado, se convirtieron en el centro de un intenso interés. El delegado de Petersburgo en el III Congreso relataba cómo el 9 por la tarde, los agitadores bolcheviques tomaron las calles buscando grupos de trabajadores a quien dirigirse, pero se encontraron con que las cosas ya habían ido más allá. Los trabajadores habían aprendido en cuestión de horas más de lo que podían enseñarles décadas de agitación y propaganda. "Hemos pasado al lado de carros que llevaban la muerte, detrás de los cuales corrían multitudes de personas gritando: ‘¡Abajo el zar!’ Sólo tenéis que estirar los brazos a una multitud como ésta y ellos irán a donde queráis. En la Isla Vasily la multitud rompió una chatarrería para armarse con espadas viejas. Esto daba una impresión conmovedora. En todas partes podías escuchar el grito: ‘¡Armas! ¡Armas!’ Por la tarde, la actitud de la organización sufrió una transformación radical. Escuchaban a nuestros agitadores con entusiasmo. Los organizadores podían ir a donde quisieran. En los días sucesivos se pudo observar el mismo ambiente"17.

Marx escribió en una ocasión que la revolución a veces necesita el látigo de la contrarrevolución para seguir adelante. A pesar del efecto hipnótico que ejercía Gapón sobre los trabajadores en ese momento, simplemente era una figura accidental creada por el movimiento de las masas, como una pompa de espuma sobre la cresta de una poderosa ola, que brilla alegremente durante un momento antes de desvanecerse para siempre. Su éxito consistía en el hecho de que era la personificación del primer movimiento incipiente, espontáneo e instintivo de la clase obrera, los primeros movimientos de la conciencia de las masas. Inevitablemente, este movimiento tiende a buscar la línea de menor resistencia, los caminos bien conocidos, las frases familiares y los líderes famosos. La masacre del Domingo Sangriento sacó de la cabeza de las masas las viejas ilusiones centenarias en el zar. En una situación revolucionaria, la conciencia de los trabajadores crece a pasos agigantados. En realidad, los giros profundos y repentinos en el ambiente de las masas constituyen el elemento esencial de un período revolucionario y prerrevolucionario. Al final de ese año, la socialdemocracia revolucionaria se había establecido definitivamente como una fuerza hegemónica dentro de la clase obrera, consiguiendo situarse a la cabeza de la nación revolucionaria.

Desde su exilio en Suiza, Lenin inmediatamente saludó los acontecimientos de enero como el principio de la revolución en Rusia: "La clase obrera ha recibido una gran lección de guerra civil; la educación revolucionaria del proletariado ha avanzado en un día como no hubiera podido hacerlo en meses y años de vida monótona, cotidiana, de opresión. El lema de ‘¡libertad o muerte!’ del heroico proletariado petersburgués repercute ahora en toda Rusia"18.

Como hemos visto, antes del 9 de enero los trabajadores no estaban dispuestos a leer los panfletos socialdemócratas y a menudo los rompían e incluso golpeaban a los que repartían los panfletos. Pero ahora la conciencia de las masas se había transformado. Un socialdemócrata describía la situación: "Ahora decenas de miles de panfletos revolucionarios se agotaban completamente; nueve de cada diez no sólo los leían, sino que los leían hasta que los despedazaban. El periódico que hasta hace poco era considerado por las masas, y particularmente por el campesinado, como una cuestión del terrateniente, y que cuando llegaba por casualidad a sus manos lo utilizaban, en el mejor de los casos, para envolver cigarrillos, ahora lo desdoblaban y estiraban cuidadosamente, incluso cariñosamente, se lo daban a alguien que supiera leer, y la multitud, contenía la respiración, escuchaba ‘lo que se escribía sobre la guerra’... No sólo los soldados que avanzaban por las líneas de la red ferroviaria casi luchaban por un periódico u otra hoja impresa lanzada desde la ventanilla de un tren de pasajeros, también lo hacían los campesinos de las aldeas cercanas a los ferrocarriles, incluso durante algunos años después de la guerra, continuaban pidiendo a los pasajeros ‘un pequeño periódico"19.

 

 

Comienza la revolución -->

 

   
    Notas (pulsar en el número de la nota para volver al sitio de lectura)    
 

 

14. Ibíd., Vol. 2, pág. 45.

15. Trotsky, 1905. París, Ed. Ruedo Ibérico, 1971, Vol. 1, pág. 76.

16. E. Broido, Memoirs of a Revolutionary, pág. 116.

17. Tretiy s’yzed RSDRP (Protokoly), pág. 545.

18. Lenin, El comienzo de la revolución en Rusia, Obras Completas, Vol. 9, Ed. Progreso, 1982, págs. 205-6.

19. Mártov y otros, Obschestvennoe Dvizhenie v Rossii v Ánchale 20 Veka, Vol. 2, part 1, págs. 36-7.