bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Segunda parte    
 

La primera revolución rusa

 

   

 

 El Padre Gapón

 

El "sindicato" de Gapón, formado en abril de 1904, en realidad era una sociedad de beneficencia que organizaba el sistema de seguros, bibliotecas, actividades sociales y actos musicales a las que asistían los trabajadores con sus familias. La intención era que sirvieran como válvula de escape para que los trabajadores, hasta cierto punto, pudieran dar voz a sus agravios, pero donde estaba rigurosamente prohibida toda mención a la política. Sus objetivos, entre otras cosas, era afirmar la "conciencia nacional" entre los trabajadores, estimular las "ideas sensatas" sobre sus derechos y fomentar "la actividad para conseguir mejoras legales de las condiciones de los trabajadores en el trabajo y en su vida". Como los líderes de la Asamblea hacían todo lo que estaba en su poder para excluir a los revolucionarios, no es sorprendente que los trabajadores revolucionarios y los intelectuales miraran a la nueva organización con sospecha y hostilidad extremas.

Sin embargo, los esfuerzos de la policía y sus títeres sindicales de encorsetar al movimiento obrero en la camisa de fuerza de las restricciones legales estaban condenados al fracaso. La creciente marea de descontento que afectó a todas las capas sociales durante la Guerra Ruso-Japonesa, comenzó a afectar incluso a la capa más atrasada de la clase obrera. Hasta este momento, la oposición al zarismo principalmente procedía de la intelectualidad liberal y de los estudiantes. Los grandes batallones de la clase obrera parecían mantenerse al margen de la lucha. Pero, a pesar de la aparente calma, las fábricas y los barrios obreros estaban en ebullición debido al descontento. Todo lo que hacía falta era algún punto focal que permitiera a este proceso subterráneo encontrar una voz y una expresión consciente y organizada. Después del asesinato de Pleve, el odiado ministro de Interior, en julio de 1904, el régimen, totalmente comprometido por las derrotas militares y el sentimiento de que la tierra temblaba bajo sus pies, intentó evitar la revolución desde abajo haciendo concesiones por arriba. El relativo reblandecimiento del régimen en otoño de 1904, dio a los trabajadores un mayor margen de maniobra. A partir de septiembre de 1904 se celebraron en las fábricas de San Petersburgo varias reuniones de masas, bajo los auspicios de la Asamblea de Gapón, que cada vez era más popular entre los trabajadores. Se estaban organizando capas nuevas de los trabajadores que no tenían experiencia de lucha. La organización de Gapón en ese momento tenía 8.000 militantes y grupos en al menos once distritos de la ciudad. El número de trabajadores en este sindicato superaba a todos los que habían participado en las organizaciones socialdemócratas, que llegaron a ser como mucho 500 o 600 militantes.

Los trabajadores que se unían al sindicato de Gapón no eran como los viejos trabajadores socialdemócratas conscientes, sino masas inexpertas y políticamente ignorantes, que traían con ellas todos los prejuicios embebidos durante mil años de ambiente campesino atrasado. En cuanto a la injusticia existente, el campesino ruso razonaba de la siguiente forma: era la culpa de los "servidores del zar", no del monarca que era el "protector del pueblo". No era casualidad que el sindicato estuviera encabezado por un sacerdote. Los marxistas no tenían influencia real dentro de la Asamblea, aunque había una capa significativa de trabajadores que habían pasado por las organizaciones socialdemócratas en la década anterior, se habían retirado y ahora habían resurgido en este nuevo entorno. Es importante tener esto en cuenta cuando se lee la argumentación habitual que dice que la Revolución de 1905 fue un "movimiento espontáneo". Por supuesto, estaba presente el elemento de espontaneidad. Pero asimismo, los acontecimientos que llevaron al 9 de enero estuvieron, en realidad, planificados por adelantado por el grupo dirigente de la organización de Gapón, que actuaban bajo la presión de los trabajadores, muchos de los cuales habían entrado en contacto con la propaganda marxista en las grandes huelgas de la década de 1890.

La figura del propio Gapón está envuelta en el enigma. La opinión prevaleciente en los círculos marxistas de ese momento, decía que era un simple agente policial, quien con toda probabilidad había planificado, deliberadamente, con las autoridades la masacre del 9 de enero de 1905. La mal llamada Historia Breve del PCUS escrita por Stalin declara lisa y llanamente que "en 1904, antes de la huelga de Putílov, la policía solía utilizar los servicios de un agente provocador, un sacerdote conocido por Gapón... Gapón se comprometió a ayudar a la Ojrana zarista [policía secreta] proporcionándole un pretexto para disparar a los trabajadores y ahogar en sangre el movimiento de la clase obrera"6. Gapón, sin duda, estaba mezclado con la policía cuando creó el sindicato e incluso tenía contactos con miembros destacados del gobierno. Pero su carácter era muy contradictorio. El 9 de enero, cuando escapó por poco de la muerte a manos de las tropas zaristas, marchó al lado del socialrevolucionario Pinchas Rutenberg. Más tarde, protegido por Máximo Gorki, mantuvo discusiones con Lenin en Ginebra y se acercó a los bolcheviques. Lenin estaba convencido de su sinceridad, parecida a la de un niño. Pero la comprensión de Gapón de la revolución estaba en un nivel primitivo. El exilio acabó con él, como acabó con muchos otros. Se desmoralizó, se dio al juego y finalmente regresó a Rusia donde, parece ser, intentó reanudar los contactos con la policía y escribió una carta a Durnovo, el ministro de Interior. Finalmente, en 1906, fue asesinado. Irónicamente, la bala que le mató fue disparada por el mismo socialrevolucionario que había marchado a su lado en ese fatídico domingo de enero.

La idea de que Gapón llevó directamente a los trabajadores a la matanza es claramente falsa. El carácter contradictorio de Gapón reflejaba la mentalidad de la nueva generación de trabajadores recién llegados de los pueblos y que no habían sido asimilados del todo por el proletariado. Con ellos traían muchos prejuicios e incluso ideas reaccionarias. Era un organizador hábil, buen orador y líder natural, hablaba un lenguaje que los trabajadores podían comprender. Su curiosa mezcla de militancia y religión, lucha de clases y monarquismo, correspondía a los primeros pasos inseguros y confusos hacia la conciencia de millones de las capas más oprimidas de la sociedad. Hijo de un campesino, que en su juventud mantuvo contacto con las ideas revolucionarias, Gapón expresaba fielmente los esfuerzos confusos de esta capa en la cual el deseo de luchar por una vida mejor en este mundo todavía está mezclado con las esperanzas de una vida eterna y la creencia en el "Padrecito". Nadie expresó los sentimientos de las masas mejor que Gapón. Por esa razón, las masas le adoraban. "En los tensos días de principios de enero de 1905", escribe Lionel Kochan, "tenía el aura de un líder y un profeta: ‘...por cada una de sus palabras’, escribía un observador, ‘los hombres estaban dispuestos a dar su vida; su sotana de sacerdote y el crucifijo eran el imán que atraía a estos cientos de miles de personas atormentadas"7.

Cualquiera que fueran las motivaciones de Gapón, fomentó unas fuerzas que ni él ni nadie podían controlar. Mientras que los revolucionarios le marcaban como un agente provocador, las autoridades le maldecían como un agente peligroso de la revolución. Independientemente de sus intenciones subjetivas, la última descripción se ajustaba más a la realidad. Pero Gapón no estaba preparado para tratar con las fuerzas que había ayudado a conjurar. Todo el tiempo daba la impresión de que le sobrepasaban unos acontecimientos que iban más allá de su control o comprensión. En vísperas de la masacre, este "líder de hombres" dio voz a su perplejidad: "¿Qué vendría de ello? Cielos, no lo sé. Algo grande, pero qué exactamente, no lo puedo decir. ¿Quién puede sacar algo en claro de todo esto?"8.

La rabia y amargura acumuladas de los trabajadores fabriles finalmente explotaron en diciembre con una huelga en los talleres de armas de Putílov —un centro estratégico del proletariado de San Petersburgo—. Comenzando en septiembre de 1904, hubo reuniones de masas de trabajadores en las fábricas bajo los auspicios del sindicato, que dio a los trabajadores una oportunidad de expresar sus agravios y comenzaron a adquirir una idea de su propia fuerza. Los empresarios se alarmaron y decidieron tomar medidas enérgicas en contra. La chispa que encendió el barril de pólvora fue la destitución de cuatro activistas del sindicato de Gapón. El 28 de diciembre, el sindicato de Gapón convocó una reunión masiva de trabajadores pertenecientes a once fábricas. El ambiente cada vez estaba más radicalizado y empujaba poco a poco a los trabajadores, incluso a los líderes gaponistas, hacia posiciones más militantes. Una muestra del cambio fue que invitaron a la reunión a los representantes de los socialdemócratas y socialrevolucionarios. En esta reunión se decidió enviar una delegación con una petición a la dirección, a los inspectores de fábrica y a las autoridades de San Petersburgo, para exponer las quejas de los trabajadores. El 3 de enero, 13.000 trabajadores se pusieron en huelga. Las únicas personas que permanecieron dentro de la planta fueron dos agentes policiales. Los huelguistas exigían la jornada laboral de ocho horas diarias, la prohibición de las horas extraordinarias, la mejora de las condiciones laborales, ayuda médica gratuita, salarios más altos para las mujeres trabajadoras, permiso para organizar un comité representativo y el pago de los salarios durante el período de huelga.

 

 

La huelga de Putílov -->

 

   
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6. Stalin, History of the Communist Party of the Soviet Union [Bolsheviks], pág. 94.

7. L. Kochan, Russia in Revolution, pág. 87.

8. Citado por Mártov y otros, Obshchestvennoe Dvizhenie v Rossii v Ánchale 20 Veka, Vol. 2, pág. 43.