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bolchevismo
El camino a la revolución |
| Segunda parte | |||
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La primera revolución rusa
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La insurrección de Moscú
A finales de octubre el fermento en las aldeas había alcanzado niveles nuevos, con un 37% de la Rusia europea afectada, especialmente, la zona central "la Tierra Negra", Lituania, Estonia, Georgia y Ucrania. La oleada de descontento campesino a su vez se extendió a las fuerzas armadas. Hubo una serie de motines en el ejército y la armada, que destacaron la importancia del trabajo entre los soldados y los marineros. Junto al trabajo de masas legal, los bolcheviques también empezaron los preparativos materiales para la insurrección armada. Krasin estaba a cargo del aspecto militar del trabajo, de la penetración en el ejército y la organización de los grupos de lucha. Los comités locales crearon unidades especializadas para obtener armas. Este trabajo se aceleró en el otoño con la creación de fábricas clandestinas de bombas y depósitos de armas. Una vez más, Gorki jugó un papel clave en recoger dinero para este trabajo, que en parte se financiaba por lo que era conocido como "expropiaciones" o asaltos a bancos, dirigidos por grupos armados bajo el control bolchevique. Las condiciones objetivas para la insurrección armada maduraban rápidamente. Durante el otoño, todos los ojos se fijaron en San Petersburgo, el centro tormentoso del movimiento. Pero los trabajadores en la capital, que llevaron el peso del conflicto desde enero hasta noviembre, estaban al límite de sus fuerzas. Después de la publicación del Manifiesto de Octubre, los empresarios liberales, que previamente parecían simpatizar con el movimiento revolucionario, e incluso pagaban los salarios a los trabajadores en huelga, finalmente mostraron sus verdaderos colores. El 31 de octubre el Soviet de San Petersburgo convocó una huelga general por las ocho horas diarias. Pero los empresarios mostraron una dura resistencia y la huelga terminó en fracaso. El 12 de noviembre el soviet desconvocó la huelga. Este fue un punto de inflexión. La huelga general de octubre realmente representaba la última bocanada del movimiento en San Petersburgo. La huelga de noviembre en Petersburgo implicó a un número de trabajadores incluso mayor que en octubre. Pero realmente se trataba del esfuerzo desesperado de una clase obrera muy debilitada por meses de lucha. Al notar que el movimiento comenzaba a perder ímpetu, los empresarios organizaron un cierre patronal, mientras que la policía y las tropas empezaban a romper por la fuerza las reuniones. El cierre patronal de noviembre revelaba que los empresarios eran conscientes de la verdadera situación. Se extendió la represión, los despidos y los arrestos. Al temer que el movimiento pudiera desintegrarse en una disputa guerrillera que pudiera ser aplastada una a una, el Soviet de San Petersburgo decidió marcar una táctica de retirada y, el 12 de noviembre, después de un tenso debate, desconvocó la huelga, para hacer la retirada de una forma unida y organizada. El abandono de los burgueses liberales inclinó la correlación de fuerzas a favor del campo reaccionario. El general Trépov era ahora el virtual dictador de Rusia. Los liberales, temiendo la "anarquía", se colgaron a los faldones de su uniforme. El 26 de noviembre, el régimen se sentía lo suficientemente fuerte para arrestar a Jrustalyov-Nosar en la propia sede de la Ejecutiva del soviet. El soviet respondió con un Manifiesto Financiero, escrito por Parvus, llamando al impago de los impuestos y la retirada de los depósitos bancarios para acelerar la crisis financiera del régimen. Incluso en este momento, nuevas capas entraban en la lucha cada día: conserjes, porteros, cocineros, sirvientes, pulidores, camareros, lavanderas, asistentes de baños públicos, policías, cosacos, incluso los escasos detectives. La sociedad se había agitado desde las profundidades. Pero la creciente radicalización de las masas anteriormente inertes encubría el hecho de que los "batallones pesados" del movimiento obrero estaban prácticamente exhaustos. La huelga de diciembre en Petersburgo fue bastante menos unánime que la de noviembre, que implicó a más de dos tercios de los trabajadores de la capital. Este hecho indicaba que el punto más alto del movimiento en Petersburgo ya se había alcanzado y la marea revolucionaria comenzaba a decaer. El 2 de diciembre hubo un motín en el regimiento de Rotov en Moscú. Al día siguiente, el soviet de San Petersburgo fue arrestado, incluido su presidente, León Trotsky. La iniciativa pasaba ahora a los trabajadores de Moscú. El motín del regimiento de Rostov provocó la esperanza de que la guarnición pudiera unírseles. Pero los bolcheviques locales dudaron, y al ver que el movimiento no se extendía las tropas rápidamente perdieron el ánimo. En un par de días el motín fue aplastado. Esta derrota deprimió a los soldados y redujo considerablemente la perspectiva de que se pasaran al lado de los trabajadores. Por otro lado, el ambiente en las fábricas de Moscú estaba llegando a su punto culminante. Los trabajadores estaban impacientes por entrar en acción. El 4 de diciembre, el Soviet de Moscú aprobó una moción felicitando a los soldados por su insurrección y expresando la esperanza de que se pasaran al lado de la población. Pero aún no se había secado la tinta cuando la rebelión de los soldados fue aplastada. Lenin expresó reiteradamente su preocupación ante una insurrección prematura. Reconoció que las fuerzas del partido todavía eran débiles y los escuadrones de lucha no estaban preparados para asumir todo el poder del Estado. Sobre todo, las masivas reservas del campesinado sólo acababan de entrar en el campo de batalla. Más de una vez expresó la esperanza de que la lucha final entre los trabajadores y el régimen pudiera aplazarse hasta la primavera. Pero Lenin comprendía muy bien que la revolución no se puede dirigir como una orquesta bajo la batuta del director. Krúpskaya recuerda gráficamente la actitud de Lenin: "En respuesta a la cuestión sobre el ritmo de la insurrección dijo: ‘Yo aplazaría la insurrección hasta la primavera, pero, en cualquier caso, no nos lo van a preguntar"97. Sobre la insurrección de Moscú ha habido mucha mitología, particularmente creada por los estalinistas. Se dice que la iniciativa de la insurrección perteneció a los bolcheviques. En realidad, la insurrección de Moscú no siguió un plan definido. No hubo una orden directa del Comité Central. La iniciativa vino desde abajo, de los propios trabajadores. En la I Conferencia de las organizaciones de lucha del POSDR celebrada en noviembre de 1906, un año después de la insurrección, el representante del Comité Central, I. A. Sammer, descartó la idea de que el Comité Central había organizado todo, quejándose de que algunos compañeros "tenían una concepción demasiado mecánica de las circunstancias que provocaron la insurrección de diciembre en Moscú y pintaban un cuadro demasiado audaz del papel del Comité Central en la convocatoria de esta insurrección. Parece que el Comité Central aprieta un botón y la insurrección se produce. Si el CC no lo hubiera hecho, ¡la insurrección no habría ocurrido!". La dirección fue, en realidad, aplastada por los acontecimientos. Radov, el dirigente bolchevique, más tarde confesó en un momento de sinceridad que las fuerzas a disposición del partido estaban deplorablemente preparadas: "Debemos reconocer francamente que a ese respecto toda nuestra organización y en parte nosotros, los miembros del Comité Central, no estábamos en absoluto preparados". Que la acción contaba con un gran apoyo entre los trabajadores de Moscú, no hay ninguna duda. Los trabajadores de Moscú, en contraste con los trabajadores de Petersburgo, acababan de entrar en combate y estaban impacientes por entrar en acción. En toda una serie de reuniones de fábrica se pronunciaron a favor de la insurrección. El ambiente de las fábricas afectó al Soviet de Moscú. Los trabajadores presionaban para entrar en acción. Las fábricas estaban en un ambiente tenso de expectación, conscientes de la proximidad del momento decisivo. Zemlyatchka, recuerda que cuando los líderes bolcheviques locales fueron a hablar en el soviet, la cuestión ya no ofrecía dudas "estaba escrita en la cara de los trabajadores"98. Sólo los delegados de fábrica, con su tarjeta roja, tenían el voto decisivo. Los partidos, como en todas partes, tenían voto consultivo. Cuando se votó, se levantó una marea de manos a favor de la huelga general política el 7 de diciembre. La decisión de los trabajadores fue unánime. En esas circunstancias todos sabían que era un voto por la insurrección. El ala de derechas menchevique tenía reservas hacia la insurrección, temiendo su efecto sobre los liberales, pero lo aceptaron a regañadientes y decidieron apoyarla. La presión desde abajo fue irresistible. En realidad, aunque la iniciativa venía de los trabajadores bolcheviques, los mencheviques y socialrevolucionarios también participaron en la insurrección. El 5 de diciembre, los mencheviques propusieron una huelga general de ferroviarios de Moscú. El voto en el soviet fue secundado por los ferroviarios, los trabajadores postales y los trabajadores polacos de Moscú. Se intentó organizar una acción de solidaridad en Petersburgo. El recién reconstituido soviet de San Petersburgo convocó a los trabajadores y campesinos a secundar la huelga general de Moscú. Armándose con su última onza de fuerza, los trabajadores de San Petersburgo intentaron apoyar a sus hermanos y hermanas de Moscú. El 8 de diciembre más de 83.000 salieron en San Petersburgo. Los trabajadores ferroviarios también convocaron una huelga general. Sin embargo, el intento de organizar esta acción en Petersburgo no consiguió los resultados esperados. El agotamiento producido por muchos meses de lucha ininterrumpida era demasiado grande. Los trabajadores habían salido tres veces en nueve meses y estaban ahora cansados de huelgas. Frente a ellos comparecía el poder del Estado y habían perdido la confianza en su propia fuerza. Después del fracaso de la huelga, el apoyo de Petersburgo se limitó al envío de armas. Pero ya era demasiado tarde. La chispa inicial de la insurrección parece haber sido una provocación del gobierno, que envió tropas para dispersar un par de reuniones de trabajadores. Hubo manifestaciones y enfrentamientos entre los soldados y los milicianos. Se levantaron las primeras barricadas y comenzaron las hostilidades en serio. El 7 de diciembre la huelga general implicaba ya a más de 100.000 trabajadores, aumentando a 150.000 el día siguiente. El 7 y 8 de diciembre hubo mítines de masas y manifestaciones callejeras en Moscú con enfrentamientos aislados con la policía y una huelga general. El soviet de Moscú publicó un periódico diario, el Izvestiya moscovita, que intentaba sacar a la capas más amplias de la población a la lucha. La dirección del movimiento, sin embargo, se mostraba poco preparada para el combate decisivo. Había vacilación en el momento decisivo cuando la huelga general podía haberse convertido en una insurrección armada. Mientras tanto, el régimen estaba ya preparándose para el contragolpe. El 8 de diciembre la policía irrumpió en una reunión de masas y arrestó a 37 personas. Incluso entonces el soviet no reaccionó. En tales circunstancias, como explicó Marx, la indecisión resulta fatal. En las palabras del gran revolucionario francés Danton, la primera regla de la insurrección es audacia, audacia y todavía más audacia. En su lugar hubo llamamientos vagos en Izvestiya el 9 de diciembre: "para preservar permanentemente nuestras fuerzas en un estado de extrema tensión". El soviet estaba esperando que las tropas vacilaran. En realidad había cierta irresolución entre las tropas pero había que desencadenar la acción decisiva que se necesitaba. Los trabajadores instintivamente intentaban acercarse a las tropas, pero la fraternización no era suficiente. La simple propaganda era un mal sustituto de la lucha física, como señaló Lenin. En este punto, "la propaganda de los hechos" estaba en el orden del día. Aprovechando esta situación la contrarrevolución contraatacó el 9 de diciembre. En el curso de los enfrentamientos hubo muchos heridos, muertos y detenidos. Sólo ahora las masas eran conscientes de la necesidad de una acción decisiva. No había suficientes armas, pero los rebeldes contaban con el apoyo de la población y confiaban que un número suficiente de soldados se pasara a sus filas para equilibrar la balanza a su favor. Las milicias obreras inmediatamente emprendieron con energía el desarme no sólo de la policía sino también de los soldados, para obtener armas. La huelga se convirtió en una insurrección armada, las masas participaron en la construcción de barricadas y en los enfrentamientos con la policía y las tropas. Que los dirigentes bolcheviques estaban poco seguros de la capacidad de la dirección de Moscú se demuestra por la decisión del Comité Central de enviar a A. I. Rikov y M. F. Vladímirski a Moscú para hacerse cargo de la situación. El hecho de que existían errores lo revelaban los comentarios posteriores de Lenin, cuando respondió a las famosas notas de Plejánov: "¡Ellos no deberían haber tomado las armas!", dijo Lenin: "Todo lo contrario, deberíamos haber tomado las armas más decidida, enérgica y agresivamente: deberíamos haber explicado a las masas que era imposible que se limitaran a una huelga pacífica, que era indispensable una lucha armada audaz e implacable"99. Sólo cuando la lucha realmente había comenzado Izvestiya dio instrucciones claras a los escuadrones de lucha: "No actuéis en masa, actuad en pequeñas unidades de tres o cuatro hombres, ¡no más!". También avisó contra la construcción de barricadas. "¡No ocupéis posiciones fortificadas! ¡Las tropas siempre serán capaces de tomarlas o simplemente batirlas con artillería! ¡Nuestras fortalezas serán las callejuelas y los patios en todos aquellos lugares desde los cuales es fácil disparar y escapar!"100. También se aconsejaba a los trabajadores mantenerse alejados de las reuniones de masas. "¡Ahora necesitamos luchar y sólo luchar!". En las nuevas condiciones de lucha en las calles, los destacamentos guerrilleros, vinculados al movimientos de masas y la huelga general, claramente jugaron un papel clave. La policía y las tropas se encontraron enfrentados con un enemigo invisible y omnipresente. La gran ventaja era que los escuadrones de lucha, aunque pequeños, contaban con el apoyo de las masas. Los días 9 y 10 de diciembre se levantaron las primeras barricadas. Siguiendo el consejo del Soviet, los insurgentes no intentaron defender las barricadas, pero fueron útiles para retrasar el avance de las tropas e impedir el despliegue de la caballería. Los soldados estaban envueltos por un entorno hostil donde cada bloque de pisos era un fortín enemigo; cada portal y cada esquina, una emboscada potencial. Los soldados y la policía desmantelaban las barricadas durante la noche y al día siguiente estaban de nuevo levantadas. A pesar de su aplastante superioridad en número y artillería, las tropas con frecuencia se encontraban en dificultades. Más de una vez, las autoridades tuvieron que contener el aliento a la vista de una ciudad de un millón de habitantes, la gran mayoría formada por "el enemigo", encerrados en combate con un ejército de tropas parcialmente desmoralizadas y poco fiables. Los proletarios moscovitas lucharon como tigres. La lucha fue particularmente feroz en el barrio Presnya, el centro de la industria textil. La cumbre de la insurrección armada fue el 11 de diciembre. En cierto momento las autoridades de Moscú estaban lo suficientemente alarmadas para pedir refuerzos. El gobierno, temiendo todavía una insurrección en San Petersburgo, al principio no envió nada. A pesar de todo esto, el resultado final no ofrecía dudas. A menos que las tropas les apoyaran, los trabajadores no tenían esperanzas y eran superados en armas y en número. El aspecto técnico militar era completamente inadecuado. A principios de diciembre había sólo 2.000 hombres armados y una milicia superior a 4.000 hombres, pero sin armas. De estos, entre 250 y 300 estaban en la milicia bolchevique, entre 200 y 250 eran mencheviques y unos 150 eran socialrevolucionarios. Además de los estudiantes, los trabajadores de telégrafos y otros grupos sin partido también tenían sus propias milicias. No había armas suficientes, pero contaban con el apoyo de la población y esperaban también el de las tropas. Las milicias se habían formado con el objetivo principal de evitar los pogromos, una cuestión concreta que implicaba una lucha defensiva, y estaban mal preparadas para la tarea de pasar a la ofensiva. Para añadir más problemas, el 7 de diciembre fue arrestada toda la dirección. Desde el principio estaba claro que el movimiento estaba pobremente preparado y en gran parte improvisado. Los escuadrones de lucha tendían a concentrarse en la defensa de sus propias zonas, en vez de pasar a la ofensiva. A pesar del heroísmo de los trabajadores de Moscú, la falta de armas, la escasa coordinación y la ausencia de destreza militar comenzaron finalmente a hacer efecto. Cuando se levantaban las barricadas, la población desarmada no podía limitarse a jugar el papel de espectadores. Su apoyo pasivo animó la moral de las unidades de lucha y les permitió resistir más tiempo de lo que nadie podía esperar. El 13 de diciembre los mencheviques moscovitas propusieron detener la insurrección, pero los bolcheviques, bajo la presión de los trabajadores, decidieron continuar. Es una cuestión discutible hasta que punto los líderes estaban realmente decidiendo los acontecimientos. Las milicias, no sólo de bolcheviques y mencheviques, también las de los socialrevolucionarios, no tenían ánimo para renunciar a la lucha. Como resultado, los centros bolchevique y menchevique publicaron una declaración conjunta, ¡Apoyo a la insurrección de Moscú!, apelando a la clase obrera de Rusia para que no permitiera al gobierno aplastar la insurrección. Pero la situación ya había girado decididamente en contra de la insurrección. El fracaso del movimiento en Petersburgo permitió al gobierno zarista concentrar sus fuerzas en Moscú. La llegada del regimiento Semyonovsky el 15 de diciembre giró la balanza en contra de la insurrección. Las fuerzas de lucha irregulares de los insurgentes no estaban en situación de aguantar un ataque frontal del ejército regular. El 16 de diciembre, sólo un distrito, Presnya, estaba todavía estaba en manos rebeldes. Ese día el Comité Ejecutivo del soviet votó el final de la huelga. Como un acto de desafío, el comité de distrito socialdemócrata de Presnya votó el final de la huelga la tarde del 18 de diciembre. El gesto no era en vano. En el distrito Presnya hubo una milicia armada de 350 a 400 hombres, y de 700 a 800 en la reserva —sin armas— en el punto álgido de la lucha. La roja Presnya fue bombardeada hasta la sumisión. Durante dos días y dos noches la algodonería Projorov y las fábricas de muebles Schmidt, que los trabajadores habían convertido en su fortín con el apoyo de sus dueños de izquierdas, fueron pulverizadas por el fuego de artillería. Toda la zona quedó reducida a llamas. Al caer la noche del 17 de diciembre, Presnya cayó en manos del gobierno. Aplastados por fuerzas superiores, la dirección de Moscú tuvo que desconvocar la lucha el día 18. Al día siguiente, la huelga general también fue desconvocada para evitar una mayor destrucción de los cuadros y preservar todo lo que fuera posible del movimiento. El levantamiento de Moscú llegó a su final. La cifra de muertos según el Sindicato Médico de Moscú fue de 1.059, de los cuales 137 eran mujeres y 86 niños. La gran mayoría eran ciudadanos normales. Las bajas entre los luchadores de ambas partes fueron asombrosamente bajas. Sólo 35 soldados murieron, incluidos cinco oficiales. Después comenzó el capítulo sangriento de los arrestos de masas, ejecuciones y deportaciones. Los prisioneros eran asesinados a sangre fría. Los hijos de los trabajadores eran llevados a las comisarías de policía y golpeados sin piedad. Todo aquel que simpatizaba con la causa de los trabajadores estaba en peligro. Nikolai Schmidt, el joven fabricante que había permitido a los trabajadores utilizar su fábrica como base, sufrió un destino trágico. Arrestado después de la insurrección, fue bárbaramente golpeado por la policía. Tomaron la fábrica para mostrarle su obra, señalando triunfalmente los cuerpos de trabajadores asesinados. Más tarde fue asesinado en prisión.
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97. Krúpskaya. O Vladimirye Ilyiche, Vol. 1, pág. 132. 98. Citado en Istoriya KPSS, Vol. 2, págs. 136, 141-2 y 137. 99. Citado por Lenin, Obras Completas, 1947, Vol. 1, pág. 446 en la edición inglesa. 100. Historia KPSS, Vol. 2, pág. 142. |
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