bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Segunda parte    
 

La primera revolución rusa

 

   

 

 ‘Nicolás el sangriento’

 

En el momento actual, cuando está de moda presentar la imagen del zar Nicolás con los colores más atractivos y humanos, quizá deberíamos recordar el verdadera carácter y el papel del hombre conocido por sus contemporáneos como "Nicolás el sangriento". Nos referimos específicamente a la actitud del "Padrecito" hacia las actividades de los pogromistas. Desde el principio de su reinado, Nicolás demostró su disposición a recurrir a la violencia con el más mínimo pretexto. En 1895, el año después de su llegada al trono, el zar telegrafió a un regimiento granadero que se había distinguido por reprimir los desórdenes obreros: "Estoy altamente satisfecho con la calma y la conducta audaz de las tropas durante los disturbios fabriles". En 1905 reaccionó con el mismo espíritu: "El terror debe ser combatido con el terror", escribió a su madre en diciembre de 1905, encomendando la represión brutal de los campesinos bálticos. "Orlov, Richter y otros están haciendo un buen trabajo. Han dispersado a muchas bandas sediciosas, han quemado sus casas y sus propiedades". Un poco más tarde, al escuchar que Riga había sido capturada y que el capitán Richter había colgado al jefe de los agitadores, el zar comentó: "¡Un tipo maravilloso!" En 1907 Bernard Pares, autor de una de las historias más conocidas en inglés de Rusia, preguntó a un campesino ruso lo que pensaba de lo ocurrido durante los cinco años previos. Después de pensar un momento el campesino respondió: "Hace cinco años había fe [en el zar] así como temor. Ahora la fe se ha ido y sólo queda el temor"65.

Como una respuesta al movimiento revolucionario de los trabajadores. El régimen organizó pogromos contra los judíos, socialistas e "intelectuales". En el mes que siguió al 17 de octubre, más de 4.000 personas fueron asesinadas y otras 10.000 resultaron heridas en los pogromos sangrientos. Muchos socialdemócratas murieron en estos ataques; el más notable fue el líder bolchevique Nikolai Bauman que fue asesinado en Moscú poco después de ser liberado de la prisión. El funeral de Bauman se convirtió en una manifestación obrera de masas. El ataúd fue llevado por las calles acompañado por una banda de música que tocaba canciones revolucionarias. "Los líderes del partido seguidos con coronas, banderas rojas y pesadas pancartas aterciopeladas, donde se podían leer las consignas de su lucha bordadas en oro. Estaban flanqueados por una milicia armada de estudiantes y trabajadores. Y detrás de ellos una hilera tras otra de dolientes, en total unos 100.000, marchaban de frente en formación militar. Esta procesión casi religiosa continuó durante todo el día, parándose en distintos puntos de la ciudad para recobrar fuerzas. Cuando pasó por el Conservatorio se unió una orquesta estudiantil, que tocó, una y otra vez, la marcha fúnebre de la revolución: Caíste víctima de una lucha fatídica. La comedida pesadumbre de los manifestantes, su música melancólica y su organización militar llenaban las calles con una negra amenaza. Cuando cayó la noche, miles de antorchas se encendieron, haciendo brillar las banderas rojas. Los discursos junto a la tumba fueron emotivos, desafiantes e inspiradores. La viuda de Bauman llamó a la multitud a vengar la muerte de su marido; cuando llegaron al centro de la ciudad, hubo enfrentamientos esporádicos con las bandas de Centurias Negras".

Hubo muchos otros casos de personas brutalmente torturadas y asesinadas por las bandas de Centurias Negras, armadas y financiadas por las autoridades como auxiliares del Estado. No es difícil demostrar el vínculo entre los pogromos y las autoridades, desde el jefe de la policía local hasta el zar. Nicolás tomó un interés personal en el trabajo de la Unión del Pueblo Ruso que estaba detrás de las Centurias Negras. No hay dudas de la conexión directa entre Nicolás y las Centurias Negras como señala un reciente estudio: "El zar y sus seguidores en la corte... patrocinaron la Unión, como hicieron varias figuras dirigentes de la Iglesia, incluido el padre Juan de Kronstadt, un amigo cercano a la familia real, el obispo Hermógenes y el monje Heliodoro. El propio Nicolás utilizó la insignia de la Unión y deseaba a sus dirigentes ‘éxito total’ en sus esfuerzos por unificar a los "monárquicos rusos" detrás de la autocracia. Siguiendo instrucciones del zar, el ministro de Interior financiaba sus periódico y en secreto les suministraba armas"66.

El antisemitismo del zar está bien documentado: "Tenía una animosidad particular hacia los judíos. Cuando Stolypin, el presidente del Consejo de Ministros de 1906-11, propuso relajar ciertas restricciones impuestas a los judíos en la ley que limitaba la población judía, el zar respondió: ‘A pesar de los convincentes argumentos a favor de una decisión afirmativa en esta cuestión, una voz interna aún más insistentemente confirma que no debería tomar esta decisión por mi mismo. Hasta ahora mi conciencia nunca me ha engañado. Por lo tanto, en este caso también, intento seguir sus dictados’ No es casualidad que el zar se convirtiera en un miembro de la Unión Antisemita del Pueblo Ruso, subscribiese a los fondos de la Unión y recibiera a su presidente, el doctor Dubrovin, en unos términos muy amistosos. No mostraba simpatía con las víctimas de los pogromos que siguieron a la publicación del Manifiesto de Octubre en 1905. Todo lo contrario, en ellos vio una rebelión contra ‘la impertinencia’ de los socialistas y revolucionarios"67.

Los judíos sufrieron terribles atrocidades a manos de las bandas de Centurias Negras, literalmente llenos de vodka y azuzados por la policía. Y estos horrores fueron organizados desde arriba. En los cuarteles centrales de la policía en Petersburgo, se publicaron miles de panfletos, incitando a la violencia contra los judíos que arruinaban Rusia, pidiendo al populacho "hacerles trizas y asesinarlos a todos". El general Trépov personalmente editó el panfleto que fue financiado por el ministro de Interior por la cantidad de 70.000 rublos. El pogromo más brutal ocurrió en Odessa donde 800 judíos fueron asesinados, 5.000 resultaron heridos y más de 100.000 se quedaron sin hogar. El lumpemproletariado, la escoria de la sociedad, protegido por las fuerzas del Estado, fue incitado a cometer las atrocidades más innombrables contra el pueblo indefenso. "El pordiosero es amo de la situación", escribía Trotsky. "Hace un momento todavía esclavo tembloroso, perseguido por la policía, muerto de hambre, siente que ahora ninguna barrera podría oponerse a su despotismo. Todo le está permitido, dispone del honor como de los bienes de los ciudadanos, tiene derecho de vida y muerte. Si le conviene, arrojará a la calle una anciana desde la ventana de un tercer piso, destrozará un piano, romperá a silletazos la cabeza de un lactante, violará una niña ante los ojos de la multitud, hundirá clavos en un cuerpo vivo... Asesina familias enteras; rocía de petróleo una casa, hace de ella un brasero y, con su garrote, termina con los que se arrojan al pavimento. Los miserables irrumpen en un hospicio armenio, decapitan ancianos, enfermos, mujeres, niños... No hay suplicio imaginado por un cerebro furioso de vino y de fanatismo que le sea prohibido. Lo puede todo, y a todo se atreve... ¡Dios guarde al emperador!"68.

El bolchevique Pyatniski, que estaba en Odessa en ese momento, recuerda lo ocurrido: "Allí vi la siguiente escena: una pandilla de jóvenes, entre 20 y 25 años de edad, entre los que había las ropas claras de la policía y miembros de la Ojrana, rodeaban a todo el que parecía judío, hombre, mujer y niño, le dejaban desnudo y le golpeaban sin piedad... Inmediatamente organizamos un grupo de revolucionarios armados con revólveres... fuimos hacia ellos y les disparamos. Huían. Pero de repente, entre nosotros y los pogromistas, apareció una muro sólido de soldados, armados hasta los dientes y frente a nosotros. Nos retiramos. Los soldados se marcharon y los pogromistas aparecieron de nuevo. Esto ocurrió unas cuantas veces. Nos quedó claro que los pogromistas estaban actuando junto con el ejército"69. El informe oficial ordenado por Witte exponía claramente el papel de la policía en esta carnicería, no sólo organizando al lumpemproletariado y suministrándole vodka, sino dirigiéndole a los lugares donde se ocultaban los judíos e incluso participando directamente en la masacre de hombre, mujeres y niños. El gobernador de Odessa, Neidgart, admitió que "los tropeles de gamberros implicados en la destrucción y el robo, le saludaron con entusiasmo". El barón Kaulbars, comandante de las tropas locales, se dirigió a la policía con un discurso que empezaba con las siguientes palabras: "Debemos llamar a una espada una espada. ¡Debemos admitir que todos nosotros, en nuestros corazones, simpatizamos con este pogromo!"70.

No se puede decir que el zar no supiera nada de los pogromos, aunque, naturalmente, sus vínculos con las Centurias Negras se mantenían en un adecuado discreto nivel. Pero Nicolás era perfectamente consciente de lo que estaba ocurriendo y lo aprobaba, como revela su correspondencia privada. El 27 de octubre escribía a su madre:

"Mi querida mamá...

"Comenzaré diciendo que toda la situación está mejor que hace una semana... En los primeros días después del Manifiesto los elementos subversivos levantaron la cabeza, pero comenzó rápidamente la fuerte reacción y toda la masa de personas leales de repente dejaron sentir su poder. El resultado fue obvio, y el que se esperaría en nuestro país. La impaciencia de los socialistas y revolucionarios ha enfurecido al pueblo una vez más; y porque nueve de cada diez de los agitadores son judíos, la furia del pueblo se volvió contra ellos. Así es como ocurrieron los pogromos. Es asombroso cómo tuvieron lugar simultáneamente en todas las ciudades de Rusia y Siberia... Casos tan alejados como Tomsk, Simeropol, Tver y Odessa demuestran claramente lo que puede hacer una muchedumbre enfurecida; rodearon las casas donde los revolucionarios se refugiaban, las prendieron fuego y asesinaron a todo el mundo que intentaba escapar"71.

Kerensky confirma la descarada complicidad entre los pogromistas y las autoridades, incluido el zar: "La actitud de Shcheglovitov estaba alentada por el zar, que era irreconciliable en las cuestiones políticas. Su política en los procesos del pogromo que implicaban a miembros de la Unión del Pueblo Ruso [es decir, las Centurias Negras, los precursores de los fascistas] era reveladora. Entre los documentos de la Comisión Extraordinaria de Investigación de las Actividades de los Antiguos Ministros y Dignatarios creada por el Gobierno Provisional, hay una declaración hecha por Lyadov, jefe del departamento del Ministerio de Justicia. Lyadov, afirmaba que entre las súplicas de perdón que eran consideradas en su departamento, el zar aprobaba invariablemente aquellas presentadas por los militantes de la Unión del Pueblo Ruso y rechazaba las presentadas por los revolucionarios"72.

¿Cómo luchar contra los pogromistas? Ciertamente no apelando a la policía y a la judicatura quienes, como hemos visto, estaban detrás de las Centurias Negras. La oleada de pogromos planteó la cuestión de la autodefensa de una forma muy concreta y urgente. ¡No a los llamamientos inútiles a la ley, sino autodefensa obrera! Defensa, en primer lugar, contra las Centurias Negras, defensa de los judíos, armenios y de los intelectuales. Donde fuera posible, las organizaciones obreras debían unirse e intentar combatir a las bandas racistas. En estas cuestiones es necesario darles participación a los representantes de la pequeña burguesía revolucionaria y las minorías oprimidas, pero siempre bajo la dirección de las organizaciones obreras. ¡Confiar sólo en nuestras propias fuerzas! ¡La clase obrera debe luchar contra el fascismo con sus propios métodos! Esa era la posición de Lenin, quien, en un artículo sobre un pogromo en Bielostok, explica la política bolchevique: "Reproducimos algunos párrafos de un telegrama enviado por Tsirin, el compromisario de los ciudadanos de Bialystok: ‘Ha comenzado un pogromo preparado previamente contra los judíos. Pese a los rumores que corren, no se han recibido disposiciones algunas del ministerio en todo el día. Se venía agitando a porfía desde hace dos semanas para empezar el pogromo; en las calles, sobre todo al atardecer, se repartían proclamas que exhortaban a apalear no sólo a los judíos, sino también a los intelectuales; la policía hacía la vista gorda.’

"¡Viejo cuadro conocido! La policía prepara el pogromo de antemano. La policía instiga: los llamamientos a apalear a los judíos se imprimen en las imprentas del Gobierno. Al comienzo del pogromo, la policía no interviene. Las tropas contemplan sin rechistar las hazañas de las centurias negras. Y luego, esa misma policía representa la farsa de procesar y enjuiciar a los pogromistas". Lenin denuncia la farsa de las investigaciones y averiguaciones gubernamentales y plantea una alternativa en términos revolucionarios: "No pregunten al gobierno si se toman medidas para defender a los judíos y para prevenir los pogromos, sino si piensa encubrir aún mucho tiempo a los verdaderos culpables, que forman parte del Gobierno. Pregunten al Gobierno si piensa que el pueblo seguirá engañado mucho tiempo con relación a los verdaderos culpables. Acusen al Gobierno abiertamente y a plena voz, llamen al pueblo a organizar milicias y autodefensa como único medio de protegerse contra los pogromos"73.

La oleada sangrienta de pogromos planteó la necesidad de la autodefensa obrera en una forma muy concreta. La cuestión de la lucha armada era una cuestión de vida o muerte para la clase obrera y la revolución. Estas actividades, sin embargo, no tenían nada en común con la táctica del terrorismo individual o el "guerrillerismo urbano". Esta no era una conspiración secreta llevada a cabo por pequeños grupos de terroristas a espaldas de los trabajadores, sino una estrategia revolucionaria consciente unida a las masas. Los escuadrones de lucha estaban estrechamente vinculados a los soviets y otras organizaciones obreras. los clubes obreros legales establecieron campos de tiro donde los trabajadores aprendían el manejo de las armas bajo las narices de la policía. Por su parte, los bolcheviques presionaron para la formación de un frente unido que implicase la unidad de acción de todas las organizaciones obreras y también de los grupos nacionalistas y pequeñoburgueses democráticos, un acuerdo con todas aquellas fuerzas que estaban preparadas para luchar por la defensa de las conquistas de la revolución y contra las Centurias Negras.

Aquí y allá los escuadrones de lucha obreros infligían derrotas a los pogromistas. En sus memorias, Pyatniski, describe el horrible pogromo contra los judíos en Odessa, y la formación de un frente unido de bolcheviques, mencheviques, bundistas, dashnaks (nacionalistas armenios) y seguidores de Paol-Zion —un grupo formado en 1905 que intentaba combinar el sionismo con el marxismo, un sector del cuál se unió al Partido Bolchevique después de la Revolución de Octubre—. Se enviaron destacamentos armados para intentar defender a los judíos. Inicialmente, consiguieron echar a las bandas racistas, antes de aparecer el ejército y la policía que tenían fuerzas superiores y les obligaron a retirarse, con algunas pérdidas de vidas. La lucha armada al principio se planteó en términos de defensa. Sin embargo, en la guerra la diferencia entre la defensa y la ofensiva tiene un carácter relativo. Una lucha defensiva exitosa se puede transformar en una acción ofensiva. En Járkov los escuadrones de lucha levantaron barricadas y las tropas desmoralizadas se rindieron sin luchar. En Yekaterinoslav los trabajadores contuvieron a los cosacos con bombas caseras y mataron a varios. En Chita consiguieron liberar a los prisioneros políticos, incluidos marineros de la Flota del Mar Negro. Estas escaramuzas parciales estaban preparando el camino para la confrontación decisiva entre la clase obrera y la autocracia que Lenin sabía que era inevitable.

 

 

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65. Citado por O. Figes, A People’s Tragedy. The Russian Revolution 1891-1924, pág. 203.

66. O. Figes, op. cit., págs. 198-9 y 196.

67. Lionel Kochan, Russia in Revolution, págs. 62-3.

68. Trotsky, 1905, pág. 127.

69. O. Pyatniski, op. cit., pág. 82.

70. Trotsky, 1905, pág. 127. Nota al pie de página.

71. O. Figes, op. cit., págs. 197-8.

72. Kerensky, The Kerensky Memoirs. Russia and History’s Turning Point, pág. 79.

73. Lenin, La reacción toma las armas, Obras Completas, Vol. 10, págs. 509 y 510-11 en la edición inglesa (el subrayado es nuestro).