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bolchevismo
El camino a la revolución |
| Primera parte | |||
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La primera revolución rusa . |
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Los bolcheviques y los soviets
En unas condiciones donde el movimiento estaba adquiriendo un empuje colosal, la necesidad de penetrar en nuevas capas, de adoptar nuevos métodos de agitación, representaba un gran desafío para el partido. Era necesaria una reorganización para poder aprovechar plenamente la situación. Cada día se celebraban mítines de masas en las ciudades de toda Rusia. Se presentaban grandes oportunidades para la socialdemocracia que, prácticamente, tenía todo el terreno para sí misma. Sus únicos rivales eran los socialrevolucionarios, que tenían cierta presencia, y las organizaciones nacionalistas pequeñoburguesas como el PSP en Polonia y el Bund judío. Los anarquistas en Petersburgo eran demasiado insignificantes para estar representados en el ejecutivo del Soviet. Lo mismo ocurría por todo el país, con la única excepción de Byelostok, donde tenían la mayoría. Los burgueses liberales no tenía base entre las masas y tampoco hicieron prácticamente intentos de conseguirla. Toda su estrategia se basaba en las intrigas para conseguir un acuerdo con el régimen. El partido rápidamente ganó terreno entre los elementos más avanzados. Pero para llevar adelante la revolución, esto no es suficiente. Es necesario ganar a las masas. Para esta tarea es necesaria una táctica flexible, para que la fuerzas relativamente pequeñas de la vanguardia proletaria puedan encontrar el camino hacia la mayoría de los trabajadores que todavía no han sacado todas las conclusiones necesarias. Una cuestión absolutamente clave para vincular al pequeño número de marxistas organizados a la amplia masa de trabajadores en la lucha, era la actitud hacia el Soviet de Petersburgo. Como hemos visto, Lenin, a pesar de estar alejado del campo de acción por miles de kilómetros, fue capaz de comprender inmediatamente el significado de este nuevo e importante fenómeno. No ocurrió lo mismo con sus seguidores en Petersburgo. Demostrando una completa ausencia de "sentir" el movimiento real de la clase obrera, los miembros del Comité Central bolchevique en Petersburgo estaban preocupados ante la idea de una organización de masas "sin partido" coexistiendo con el partido. En lugar de ver el soviet como un campo importante de acción, lo consideraban algo hostil, como un rival. Debido a la supuesta naturaleza sin partido del Soviet y su presidente Khrustalyov, los bolcheviques de San Petersburgo llegaron incluso a organizar una campaña contra el soviet. Convencieron al consejo federado, formado por bolcheviques y mencheviques, para que presentaran un ultimátum al soviet para que se pusiera bajo la dirección del POSDR. Sin embargo, esta propuesta fue rechazada por la base en una conferencia conjunta de bolcheviques y mencheviques celebrada el 26 de octubre. Los mencheviques se opusieron y los bolcheviques siguieron entonces adelante por su propia cuenta. El 24 de octubre presentaron una resolución en la misma línea en las reuniones de Semyanikov y otras fábricas metalúrgicas, exigiendo que el soviet aceptara el programa y las tácticas socialdemócratas, y exigiendo que definiera su postura política. En el primer número del periódico bolchevique legal, Novaya Zhizn’, apareció un artículo titulado: Sobre la cuestión de los soviets de diputados, que se quejaba de la "situación sumamente extraña cuando el ‘soviet’ no mantiene una relación de dependencia con el partido"59. El CC bolchevique publicó una resolución dirigida a todos los bolcheviques de Rusia, insistiendo en que los soviets debían aceptar el programa del partido. Adoptaron la línea formalista de razonamiento característico de los sectarios en todas las épocas: si el soviet quería ser una organización política, entonces los socialdemócratas deben exigir que adopte el programa socialdemócrata, pero si se aceptaba eso entonces no tenía sentido la existencia de una segunda organización socialdemócrata en paralelo al propio partido. Por lo tanto, el soviet debía terminar. Esto era equivalente a exigir que todos los miembros del soviet se unieran al partido socialdemócrata. Para estar seguros, los editores de Novaya Zhizn’ declararon que no estaban de acuerdo al cien por cien con el artículo, pero la agitación contra el soviet siguió igual. El 29 de octubre, el comité del distrito Nevski declaró inadmisible que los socialdemócratas participaran en ninguna clase de parlamento "obrero" como el soviet. En una reunión en la fábrica Semyonov se adoptó la misma línea. Esta posición ignoraba completamente la necesidad de establecer un vínculo firme entre los trabajadores avanzados que defendían las ideas del marxismo y las masas de trabajadores sin formación política. Eso equivalía a exigir que la clase obrera como un conjunto entrara en el partido marxista, una concepción completamente irrealista que, si se insiste, sólo podría llevar al aislamiento de la minoría de trabajadores avanzados del resto de la clase. El tosco formalismo de esta línea de argumentación se expresó en varios artículos aparecidos en Novaya Zhizn’; el más notable apareció en el número 6 y estaba firmado por P. Mendeleyev, donde leemos lo siguiente: "El Soviet de Diputados Obreros no debe existir como una organización política y los socialdemócratas deben retirarse de él, ya que su existencia actúa negativamente sobre el desarrollo del movimiento socialdemócrata. El Soviet de Delegados puede permanecer como una organización sindical, y si no es así, no puede seguir". El mismo autor continúa con la propuesta de que los bolcheviques deberían presentarse en el soviet con un ultimátum: ¡o aceptan el programa del POSDR o deben disolverse! Los dirigentes bolcheviques justificaban su hostilidad al soviet basándose en que representaba "la subordinación de la conciencia a la espontaneidad"60. Llegaron incluso a presentar una resolución en estas líneas en el soviet. Cuando fue rechazada, los delegados bolcheviques, encabezados por los miembros del CC, Bogdánov y Knuyants, se marcharon. Los otros delegados simplemente se encogieron de hombros y procedieron con el siguiente punto del orden del día. Los errores de los hombres y mujeres de comité fueron útiles para los mencheviques. Su actitud más flexible les permitió tomar la iniciativa en la creación de soviets, donde inmediatamente consiguieron aventajar a los bolcheviques. Los mencheviques consideraban los soviets no como un gobierno revolucionario provisional, por utilizar una expresión de Lenin, sino como un "autogobierno revolucionario". Esto era una analogía con la Revolución Francesa de 1789 y con la Comuna de París. Sin embargo, la analogía no era con estos precedentes históricos, sino precisamente con los errores de la Comuna. La otra idea menchevique de un "congreso obrero" tampoco era una concepción revolucionaria; veía en el soviet, no un órgano de lucha a través del cual los trabajadores podrían tomar el poder, sino el punto de partida para un partido obrero de masas, algo como el Partido Laborista británico. La consigna de un "congreso obrero" que más tarde fue adoptada particularmente por Axelrod, reflejaba la misma idea. De este modo, a pesar de su éxito en la participación en el soviet, toda la visión menchevique tenía un carácter reformista y no revolucionario. Desde lejos, Lenin seguía las actividades de sus seguidores con una mezcla de frustración y consternación. Su infalible instinto y percepción del movimiento obrero le permitió comprender rápidamente el significado de los soviets. Pero sus colegas no compartían su comprensión de la forma en la que se movían las masas. Gracias a la decisiva intervención de Lenin se pudieron poner las cosas en orden. Mientras tanto, los bolcheviques perdían terreno frente a los mencheviques en los soviets, y también un tiempo precioso y oportunidades. Lenin debió tirarse de los pelos cuando se enteró del comportamiento de sus colegas en San Petersburgo. Ardiendo de impaciencia, desde Estocolmo a principios de noviembre, cuando estaba en camino hacia Rusia, Lenin intentó, suave pero firmemente, corregir los errores de los bolcheviques petersburgueses. En el quinto número de Novaya Zhizn’, apareció un artículo firmado por un miembro destacado del Comité Central, B. M. Knuyants (Radin), planteando la alternativa de "soviet o partido". Lenin respondió a la cuestión de Knuyants: "Creo que es un error plantear la cuestión de esta forma y que la decisión debe ser por supuesto: tanto el Soviet de Diputados Obreros como el partido". Significativamente, los editores no publicaron la carta que sólo vio la luz del día en 1940. "La única cuestión —y es de capital importancia— es cómo dividir y cómo combinar las tareas del Soviet y las tareas del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia". Después, en una frase que debió provocar consternación entre los hombres de comité, añade lo siguiente: "Me parece que será inconveniente que el Soviet se adhiriera en forma exclusiva a un determinado partido". Lenin continúa explicando el hecho elemental de que los sindicatos y los soviets deberían luchar por abarcar a todos los sectores de la clase obrera, independientemente de su nacionalidad, raza, credo o afiliación política; sólo deberían estar excluidos las cuasi fascistas Centurias Negras. Dentro de estas organizaciones de las masas, los marxistas deberían luchar para ganar la mayoría a sus ideas, programa y tácticas. "No nos aislamos del pueblo revolucionario", escribía Lenin, "sino que sometemos a su veredicto cada uno de nuestros pasos, cada una de nuestras decisiones; nos apoyamos total y exclusivamente en la libre iniciativa de las propias masas trabajadoras"61. Así es como hablaba Lenin. ¡Muy alejado de la maliciosa caricatura de un sectario o un "conspirador blanquista", manipulando a las masas detrás de bambalinas! La huelga de octubre dio un poderoso impulso a la rebelión de las nacionalidades oprimidas. Finlandia, la región Báltica y grandes zonas del Cáucaso se convirtieron en virtuales zonas prohibidas, especialmente después del anuncio de reformas en el Manifiesto de Octubre del zar. El primer ministro "liberal", Witte, escribió en términos preocupados al zar sobre la situación Finlandia: "Durante la segunda mitad del pasado mes de octubre tuvieron lugar en Finlandia acontecimientos que no tienen precedentes en los casi cien años en que la provincia ha estado bajo el gobierno ruso. Se organizó una huelga general política. Hizo su aparición una ‘guardia nacional’ bien armada y organizada, que en muchas zonas adoptó el papel de la policía legítima, ordenando a ésta rendir sus armas. Ciertos gobernadores se han visto obligados, bajo amenazas de los representantes de los partidos políticos locales, a dimitir de sus cargos". La correspondencia diaria de Witte con el zar revelaba la alarma cada vez más importante ante la situación revolucionaria. Bajo la presión de Witte, el zar había publicado el Manifiesto de Octubre. Ahora estaba claro que, lejos de frenar la revolución, las concesiones sólo habían servido para darle un nuevo impulso. Si Witte esperaba una comprensiva consideración del zar, estaba condenado a desencantarse. Nicolás le escribió: "¿Es posible que 162 anarquistas subviertan el ejército? Deberían ser colgados todos". Este fue el único comentario del zar con relación a la carta de Witte. Los comentarios de Witte sobre Finlandia se confirmaron en otros informes remitidos al zar. Uno de éstos, escrito por el gobernador general de Varsovia, contiene la siguiente valoración de la situación en Polonia: "El fantástico ambiente de la sociedad polaca y la hostilidad hacia los rusos ha adquirido una dimensión hasta ahora sin precedentes... El Manifiesto de Octubre no llama a actividades específicas, pero, por el contrario, provocó unos acontecimientos tan serios que la ciudad de Varsovia y las regiones circundantes tomaron el aspecto de un campo sublevado. Mítines de masas en las calles y plazas con oradores llamando a la insurrección. Sacerdotes católicos organizando ‘manifestaciones patrióticas’ en los pueblos, cantando canciones revolucionarias y portando banderas rojas y blancas con el águila polaca y consignas revolucionarias"62. Ucrania también estaba en una situación de turbulencia con protestas y mítines de masas en Kiev y Odessa en octubre. Estaban madurando todos los factores para que el poder pasara a las manos de la clase obrera. El movimiento revolucionario en los pueblos iba en aumento. En los últimos tres meses de 1905, se informó de 1.590 casos de disturbios campesinos. Estaban empezando a aparecer las divisiones en las filas de la autocracia. Mientras Witte suplicaba al zar para que concediera alguna reforma desde arriba para desviar la revolución desde abajo, el general Trépov, el virtual dictador de Petersburgo, publicó la famosa disposición a sus tropas: "¡No escatiméis cartuchos!" La debilidad del régimen, enfrentado a una explosión de furia popular, se reveló en el tono aterrorizado de las cartas de Witte al zar, y las continuas quejas sobre la ausencia de tropas. Finalmente, incluso el estúpido Nicolás tuvo que adaptarse a la realidad y de mala gana admitió la necesidad de convocar elecciones a la Duma estatal. El Manifiesto del 17 de octubre del zar fue aclamado por Lenin como "la primera victoria de la revolución". Fue recibido con escenas de regocijo en las calles. Tropeles de personas entusiasmadas se reunían en los centros de las ciudades para discutir la situación. El 18, 19 y 20 de octubre, sin un plan predeterminado, los trabajadores marcharon hacia las cárceles con banderas rojas para exigir la liberación de los prisioneros políticos. En Moscú, las cárceles fueron abiertas por la fuerza y los prisioneros salieron a hombros a las calles. La posición de los bolcheviques era no depositar ninguna confianza en promesas de papel y continuar luchando por una Asamblea Constituyente. A pesar del ambiente de euforia, Lenin insistió en la idea de que el Manifiesto sólo era una retirada táctica y advertía ante las ilusiones constitucionales y el juego del parlamentarismo: "Se habla de libertad, de representación popular: algunos peroran sobre una Asamblea Constituyente. Pero lo que no hay que perder de vista constantemente, cada hora, cada minuto, es que sin garantías serias, todas estas cosas no son otra cosa que frases vacías. Una garantía seria sólo la puede proporcionar una insurrección victoriosa del pueblo, sólo el dominio completo del proletariado armado y el campesinado sobre todos los representantes del poder zarista que, bajo la presión popular, se ha retirado unos pasos, pero que está lejos de haber cedido ante el pueblo, y lejos de haber sido derrocado por el pueblo. Hasta que se consiga ese objetivo no puede haber libertad real, ni representación popular genuina, o una Asamblea realmente Constituyente con el poder para crear un nuevo orden en Rusia". El régimen intentaba ganar tiempo, ofreciendo concesiones para calmar la situación, mientras detrás del escenario se preparaba para contraatacar. Una situación similar ha surgido en determinado momento en cada revolución. Se puede caracterizar como la fase de las ilusiones democráticas. La gente imagina que el problema se ha resuelto, que la revolución ha ganado, cuando en realidad es sólo el principio. La batalla decisiva está en el futuro. El Manifiesto de Octubre no solucionó nada fundamental, sólo proporcionó la excusa a los liberales para separarse de la revolución. Como habían previsto Lenin y Trotsky, la burguesía, que todo el tiempo había estado luchando para llegar a un acuerdo con el zarismo a expensas de los trabajadores y campesinos, ahora traidoramente desertaba del campo revolucionario. Los grandes capitalistas y terratenientes se unieron en un bloque reaccionario —la Unión del 17 de Octubre—, los octubristas, que apoyaron con todo su peso a la reacción zarista. Al mismo tiempo, el sector liberal de la burguesía fundó el Partido Demócrata Constitucional, los Cadetes, que se declararon a favor de una "monarquía constitucional", en realidad, actuando como el flanco izquierdo de la autocracia, encubriendo la realidad sangrienta del dominio zarista con frases pseudodemocráticas constitucionales. Lenin fue particularmente mordaz en sus ataques a este ala "progresista" de la burguesía, no desperdiciando oportunidad alguna para denunciarles por su cobardía y traición. "¿Qué es una Constitución?", escribía Lenin, "Una hoja de papel en que están escritos los derechos del pueblo. ¿En qué consiste la garantía del efectivo reconocimiento de esos derechos? En la fuerza de las clases del pueblo que tienen conciencia de estos derechos y han sabido conseguirlos"63. Lenin analizó fríamente la correlación de fuerzas en el momento concreto y concluyó: "La autocracia ya no tiene fuerzas para proceder abiertamente contra la revolución. La revolución no tiene todavía fuerzas para asestar el golpe decisivo al enemigo. Esta oscilación de fuerzas que casi se equilibran genera inevitablemente el desconcierto en el poder, origina el paso de la represión a las concesiones, a las leyes de libertad de prensa y de reunión"64. Como había previsto Lenin, lo que la autocracia daba con la mano izquierda, estaba dispuesta a arrebatarlo con la derecha. Las conquistas conseguidas por la huelga general elevaron la confianza de la clase obrera. Los prisioneros fueron liberados de las cárceles, pero la libertad conquistada desde abajo tenía un carácter fundamentalmente inestable y frágil. Sólo con el derrocamiento del régimen estaría asegurada la genuina emancipación social y política. El viraje de los liberales efectivamente aclaró el camino para la acción. Ahora era una cuestión de "o lo uno o lo otro" para la revolución. Sólo una insurrección armada, encabezada por el proletariado, arrastrando tras de sí a las masas campesinas, a las nacionalidades y todas las capas oprimidas de las sociedad, podría mostrar el camino. La ilusión de una reforma constitucional ahora estaba desacreditada. El Manifiesto de Octubre era un claro intento por parte del viejo régimen de dibujar una línea en la arena de la revolución. "¡Hasta aquí pero no más allá!" Estas reformas fueron conseguidas no por las intrigas de los liberales, sino exclusivamente por la lucha revolucionaria del proletariado. Lejos de moderarse después del Manifiesto de Octubre, Lenin urgió a la clase obrera a armarse con todas sus fuerzas para la crisis decisiva. Detrás de la fachada de la oferta de constitución, la autocracia estaba preparada para un ajuste de cuentas sangriento. La tarea de los revolucionarios en esta situación era, comprendiendo con claridad que las batallas decisivas estaban realmente en el futuro, agarrar la oportunidad con ambas manos, y hacer pleno uso de las recién ganadas libertades para construir rápidamente el partido, extender su influencia dentro de todas las esferas de la vida social y preparar la batalla decisiva. Lenin se basó en la idea de una insurrección como la única garantía. El armamento del pueblo estaba unido a la lucha por las demandas básicas como la reducción de la jornada laboral a ocho horas y la libertad de todos los prisioneros políticos. El realismo revolucionario de Lenin dio frutos en los acontecimientos posteriores.
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59. Istoriya KPSS, Vol. 2, pág. 104. 60. Citado por O. Anweiler, Los soviets, págs. 84 y 85. 61. Lenin, Nuestras tareas y el soviet de diputados obreros, Obras Completas, Vol. 12, pág. 69. 62. Citado por V. P. Semenikov y A. M. Pankratova, Revolyutsia 1905 Goda. A Collection of Government Documents, págs. 22-3 y 224-5. 63. Lenin, Entre dos combates, Obras Completas, Vol. 12, pág. 59. 64. Lenin, La huelga política de toda Rusia, Obras Completas, Vol. 12, pág. 4. |
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