bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Primera parte    
 

La primera revolución rusa

 

   

 

 La huelga de octubre y el soviet

 

Al final del verano parecía que había amainado la huelga. La consumación de la paz con Japón, la Duma Bulygin y otra sería de concesiones parecían haberla llevado a su final. Pero esta apariencia era engañosa. El movimiento estaba lejos de estar agotado. El movimiento huelguístico de septiembre-octubre no fue provocado por los elementos más avanzados y experimentados de la clase, sino por las capas más atrasadas. Los meses del verano vieron un declive de las huelgas en las grandes fábricas, pero un aumento de las huelgas en las capas más oprimidas y pisoteadas de los trabajadores de las fábricas de ladrillos y los aserraderos, trabajadores de mataderos, ayudantes de hilandero, farmacéuticos, carteros, camareros, panaderos e incluso sirvientes. El ejército proletario estaba llamando a sus reservas. Oleada tras oleada se unían a la lucha. Llegó un nuevo impulso con la huelga de impresores de Moscú, que llevó a una huelga general en Moscú el 27 de septiembre. Comenzando como una pequeña disputa en la imprenta Sytin de Moscú, la huelga de impresores se extendió a cincuenta imprentas en pocos días y, rápidamente, se generalizó a toda la ciudad.

Cuando el movimiento en Moscú parecía estar finalizando, hubo un nuevo auge en San Petersburgo. A una huelga de solidaridad de los impresores el 2 de octubre, le siguió una huelga ferroviaria en Moscú el 6 de octubre. Los trabajadores ferroviarios fueron a la huelga y eligieron delegados. El 10 de octubre hubo una huelga ferroviaria total. A mediados de octubre, tres cuartas partes del millón de ferroviarios estaban en huelga. Las huelgas se hicieron generales, afectando a Moscú, Járkov, Revel, Smolensk, Lodz, Minsk, Petersburgo, Vilna, Odessa, Kazán, Tiflis y otros centros importantes. El 16 de octubre se unió Finlandia. La huelga ferroviaria llegó al cien por cien, y el movimiento se extendió rápidamente a los empleados y profesionales de las oficinas de correos, teléfonos y telégrafos. La huelga rápidamente adquirió un carácter político. Esto es lo que obligó al zar el 17 de octubre a publicar un manifiesto incitado por el conde Witte. Dos días más tarde la huelga general llegó a su fin.

En general, el papel de la huelga es hacer a la clase obrera consciente de sí misma como una fuerza social viva. La huelga general es la expresión más elevada de esto. Lenin solía citar una canción alemana que decía: "¡Todas las ruedas quedan quietas si tus poderosos brazos así lo quieren!" Al participar en el movimiento huelguístico, especialmente cuando alcanza una forma activa con la participación de masas, los trabajadores adquieren un sentido de su propia fuerza a través de la unidad. La huelga es un fenómeno igualatorio, que suele unir a los trabajadores más avanzados y conscientes políticamente con las capas más amplias de la clase, que entran en acción y salen de la inercia de los tiempos "normales". En el otoño de 1905, la revolución adquirió un impulso sin precedentes. Al frente del movimiento estaba el proletariado, utilizando su arma de lucha clásica, la huelga general. "Lucha huelguística sin precedente en el mundo por su amplitud y dureza. Transformación de la huelga económica en política y de la huelga política en insurrección"56.

La clase obrera, sintiendo su poder, arrastraba tras de sí a grandes sectores de la clase media. La intelectualidad se unió a la huelga. "En muchos lugares los jurados se negaron a sentarse, los abogados a presentarse, los médicos a asistir a los pacientes. Los jueces de paz cerraron los juzgados"57.

La huelga estuvo acompañada de reuniones de masas donde los trabajadores discutían las tácticas, la estrategia y la política. Cada vez más, los soldados comenzaban a participar en estas reuniones, expresando su solidaridad con la población. Los trabajadores comenzaban a organizar milicias de autodefensa, para combatir los pogromos y mantener el orden. En algún lugar, los escuadrones obreros de lucha pasaron a la ofensiva. Hubo enfrentamientos con los cosacos en Yekaterinoslav y barricadas en Odessa.

En determinadas condiciones una huelga general puede conseguir arrancar concesiones importantes a la clase dominante. Pero en el contexto de Rusia en 1905, la huelga general necesariamente llevaba a la toma del poder o a la derrota. La huelga general planteó la cuestión del poder, pero no podía resolverla por sí misma. Para esto, era necesario que el movimiento tuviera la guía de un partido revolucionario preparado para ponerse al frente de las tareas más avanzadas. El rápido desarrollo de las fuerzas del marxismo en Rusia, y la facilidad con que se pusieron a la cabeza del movimiento de masas de los trabajadores en 1905, sólo se puede comprender en el contexto de un proletariado políticamente virgen sin una larga historia de sindicatos o partidos reformistas. Muy rápidamente los marxistas rusos pudieron ganar a los mejores luchadores de clase en las fábricas que a su vez jugaron un papel dominante en el movimiento de masas. Que el marxismo revolucionario demostrase tanto éxito en un país atrasado como Rusia parece una paradoja. Pero la contradicción es más aparente que real. El propio atraso de Rusia —es decir, el atraso de su desarrollo social y económico— hacía que no sólo las contradicciones sociales fueran más profundas y manifiestas, sino también que la clase obrera estuviera completamente fresca y libre de prejuicios, de rutina y de las tradiciones conservadoras apaciguadoras que surgen de la burocracia de los partidos y sindicatos reformistas de masas en los países capitalistas "desarrollados".

Este hecho en gran parte explica la velocidad con que los socialdemócratas pasaron de pequeños círculos propagandísticos a una fuerza de masas seguida por cientos de miles en el espacio de sólo unos meses. La clase obrera rusa era políticamente virgen sin historia de organizaciones reformistas o burguesas. Igual que la industria rusa no pasó a través del proceso largo y penoso de desarrollo orgánico desde la manufactura y la artesanía a la industria a gran escala, de la misma forma, la clase obrera rusa no tuvo que reproducir el desarrollo lento y penoso de los trabajadores británicos, franceses y alemanes, a través de una fase de sindicalismo y reformismo, sino que fueron capaces de pasar directamente a la posición del marxismo revolucionario. Dialécticamente, se transformó de la clase más atrasada a la más avanzada de Europa. Sin embargo, el convencimiento de las masas no fue un proceso automático. Exigía no sólo ideas y perspectivas correctas, también tácticas flexibles y la capacidad de conectar con el movimiento vivo de la clase obrera como era en realidad, y no en la imaginación de los sectarios.

Para muchos activistas bolcheviques, la cuestión de la insurrección era vista casi exclusivamente en términos técnicos, como una cuestión organizativa, una visión que estaba relacionada con una apreciación exagerada del significado independiente del "aparato" y una subestimación del aspecto político, la necesidad de ganar a las masas a través de la agitación y la propaganda pacientes. Este, sin embargo, es el punto principal. Cada partido tenía sus propios destacamentos armados lucha o milicias, no sólo los socialdemócratas, sino también los socialrevolucionarios. La necesidad de formar destacamentos armados era, en esas condiciones, evidente. Pero tenían que vincularse con el movimiento de masas a través de los soviets. En realidad, sin destacamentos armados los soviets serían "tigres de papel" sin dientes, pero sin el movimiento de masas expresado a través de los soviets electos, los destacamentos armados no habrían tenido relevancia. Era necesario ganar a las masas a la acción, a través de consignas adecuadas y tácticas correctas, demostrar en la práctica la superioridad del marxismo sobre la base de la lucha concreta y la experiencia de las masas. En otras palabras, el problema planteado al partido era ganar al movimiento de masas y no contraponerse a él.

Toda la cuestión de la relación del partido y el movimiento de masas se puede reducir, en última instancia, a la diferencia entre el programa científico acabado del marxismo y el necesariamente inacabado, incompleto y contradictorio del movimiento de las masas. Quien sea incapaz de encontrar un puente entre estos dos aspectos será para siempre incapaz de construir un movimiento de masas. Naturalmente, explicó Lenin, los socialdemócratas lucharán por la influencia dentro de los soviets e intentarán ganarlos. Pero la base amplia de los soviets, representando a la gran mayoría de los trabajadores, no sólo a las capas avanzadas, sino incluso a las capas más atrasadas de las fábricas, socialdemócratas y sin partido, ateos y religiosos, cultos y analfabetos, cualificados y no cualificados, era muy positiva para la lucha revolucionaria contra el zarismo. Lenin confiaba en que, a través de la experiencia de la propia lucha, las masas, con el tiempo, sacarían las conclusiones necesarias y comprenderían la validez del programa marxista. El deber de la vanguardia revolucionaria era "explicar pacientemente" y no presentar ultimátums a las masas. El método de Lenin recuerda el realismo revolucionario de Marx quien señaló que "un paso adelante real del movimiento vale más que cien programas correctos".

En Rusia, en las condiciones reinantes, no había posibilidades de crear un movimiento obrero reformista de masas, con una aristocracia obrera privilegiada y una burocracia osificada a la cabeza. El intento de establecer los sindicatos zubátov, domesticados y controlados por el gobierno, no llevó a nada. Después del 9 de enero, las masas transformaron rápidamente la mayoría de estos sindicatos en órganos genuinos de lucha. En todos estos acontecimientos los soviets jugaron un papel clave. Estos órganos embrionarios de poder obrero comenzaron su existencia como comités de huelga ampliados. Los propios soviets surgieron primero al calor de la huelga general de octubre en toda Rusia. En ausencia de sindicatos de masas bien establecidos, los trabajadores en huelga dieron el paso de elegir delegados que comenzaran a trabajar juntos en comités de huelga improvisados, que se generalizaron e incluyeron a todas las secciones de la clase. La creación de los soviets en 1905 es un ejemplo maravilloso del genio creativo de la clase obrera normal, una vez entra en la arena de la lucha. En ninguna parte de los escritos de los grandes pensadores marxistas anteriores a 1905 aparece la idea de los soviets. No fueron previstos en las páginas del Manifiesto Comunista, y no fueron la creación de ningún partido político, sino las creaciones espontáneas de los trabajadores en lucha, el producto del genio creativo y la iniciativa de la clase obrera. En primer lugar representaban comités de lucha, asambleas de delegados procedentes de las fábricas*.

Hay muchos otros ejemplos.

La idea de elegir delegados de planta ya se planteó en la comisión Shidlovski. Esto dio a los trabajadores la experiencia inicial. De este modo, el 11 de octubre, cuando la huelga llegó a San Petersburgo espontáneamente eligieron delegados, incluidos algunos de las plantas de Putílov y Obukhov. El sistema de elección a los soviets era el siguiente: se elegía un delegado por cada 500 trabajadores (era la misma fórmula planteada por la comisión Shidlovski). Los centros de trabajo pequeño se unían para enviar un delegado. El 13 de octubre se celebró la primera reunión del soviet en el Instituto Técnico con la asistencia de 40 personas, algunas de ellas delegados ex Shidlovski. Un menchevique (Zbodordsky) presidió la primera reunión. También estaban presentes en las reuniones tres representantes, cada uno de los mencheviques, bolcheviques y socialrevolucionarios. En otras palabras, el soviet estaba compuesto por delegados de fábrica, sindicatos y partidos socialistas. El soviet eligió un Comité Ejecutivo de 22 miembros, dos de cada uno de los siete distritos de la ciudad y dos de cada uno de los cuatro grandes sindicatos.

El Soviet de Petersburgo era el que tenía más autoridad e influencia en toda Rusia. Muy pronto, el Soviet prácticamente abarcaba a todo el proletariado petersburgués, y puso el tono al resto del país. En su momento álgido el Soviet de Petersburgo reunió a 562 diputados de un total de 147 fábricas, 34 asociaciones de artesanos y 16 sindicatos. 351 de los delegados eran metalúrgicos, la guardia pretoriana del proletariado ruso. Los bolcheviques estaban representados en el Comité Ejecutivo por Khostolovski y Bogdánov. Pero la figura política dirigente del soviet era sin duda León Trotsky. Durante la huelga general de octubre y el cierre empresarial de noviembre todos los ojos estaban puestos en el soviet de San Petersburgo. Era un órgano extremadamente amplio, democrático y flexible de lucha. En el curso de la lucha, los soviets poco a poco aumentaron sus funciones y su alcance representativo. A través del soviet, los trabajadores hacían uso de su recién conquistada libertad de prensa con la simple medida de ocupar las imprentas. Obligaron a introducir la jornada laboral de 8 horas diarias e incluso instituyeron el control obrero de la producción en algunas fábricas. Formaron las milicias obreras e incluso arrestaron a oficiales de policía poco populares. Además de otras tareas numerosas, el soviet publicaba Izvestiya Sovieta Rabochikh Deputatov como su órgano público.

Siguiendo el ejemplo de San Petersburgo, los trabajadores tomaron la iniciativa y formaron soviets en otras partes de Rusia. En otoño, se habían formado soviets en más de 50 ciudades, incluidas Tver, Kostroma, Járkov, Kiev, Yekaterinoslav, Odessa, Rostov en Don, Novorossiysk y Bakú. El soviet de Moscú no se formó hasta el 21 de noviembre. En su primer reunión, asistieron 180 delegados representando a 80.000 trabajadores. Originalmente coexistía con el llamado comité de huelga, principalmente formado por elementos pequeñoburgueses dominados por los socialrevolucionarios y un surtido de "demócratas" de clase media. Sin embargo, en noviembre, este comité se fusionó con el soviet. En la gran mayoría de los casos predominaban los socialdemócratas, pero los demócratas pequeñoburgueses también estaban representados por el Partido Socialrevolucionario que, como hemos visto, estaba presente en el Comité Ejecutivo del Soviet petersburgués.

En general, la conciencia de las masas se desarrolla de una forma lenta y desigual. Aunque en la revolución se acelera enormemente, el proceso de despertar de las masas sigue siendo contradictorio. Capas diferentes sacan conclusiones diferentes en momentos diferentes. De este modo, aún en el mes de noviembre, el zar recibía todavía peticiones de los trabajadores en huelga de las provincias suplicándole que interviniera en su favor. Esto demuestra no sólo el desarrollo desigual de la conciencia, sino también la diferencia colosal entre Moscú y Petrogrado con las provincias. La contradicción es aún más manifiesta entre la conciencia del trabajador urbano y los campesinos. El movimiento que comenzó en las ciudades comenzó a extenderse a los pueblos. A finales de 1905 habían estallado disturbios campesinos en el 37% de la Rusia europea, especialmente en la zona central de la Tierra Negra, Letonia, el sur de Estonia, Georgia y Ucrania. Se hizo un intento de organizar un sindicato de campesinos en el verano. Los campesinos expresaban sus saludos a "nuestros hermanos los trabajadores fabriles". Pero en su conciencia los campesinos estaban por detrás de los trabajadores. Los pueblos todavía estaban considerablemente influenciados por las ilusiones liberales, reflejando el despertar a medias de la mente en las masas rurales. En estas condiciones la dirección del sindicato de campesinos cayó en manos de los socialrevolucionarios y liberales, un fenómeno que se repitió más tarde en febrero de 1917.

En Moscú se formó un soviet de diputados soldados y en la provincia de Tver un soviet de campesinos. En Sebastopol también había marineros y soldados presentes en los soviets obreros locales. Pero estas eran raras excepciones. El lugar por donde la revolución comenzaba a penetrar en la mente de los campesinos era el ejército. Bajo los golpes de las derrotas militares y la influencia del movimiento revolucionario general, las fuerzas armadas estaban en una situación de fermento. La influencia socialdemócrata era fuerte entre sectores de los marineros, tradicionalmente, el sector de la clase obrera de las fuerzas armadas. Un motín en Sebastopol en noviembre dirigido por el teniente P. Schmidt fue brutalmente reprimido por las autoridades zaristas. Sin embargo, toda una serie de motines en el ejército plantearon la cuestión militar de una forma especialmente profunda. Una de las principales debilidades de la Revolución de 1905 fue la ausencia de una base firme entre los campesinos. Las masas rurales estaban por detrás de las ciudades y este hecho demostró ser una debilidad fatal en la insurrección de diciembre. Estaban presentes los elementos de una rebelión campesina y de soldados, pero no a la escala suficiente para marcar una diferencia fundamental en el resultado. Cuando la conflagración se extendió a los pueblos el movimiento en las ciudades ya estaba amainando.

Desde el lejano exilio, Lenin saludó la formación de los soviets que, en una anticipación brillante, caracterizó como los órganos embrionarios de poder obrero. "Quizá me equivoque", escribía Lenin, "pero creo (por las informaciones que poseo, incompletas y sólo de los ‘papeles’), que en el aspecto político hay que considerar el Soviet de diputados obreros como embrión del gobierno revolucionario provisional. Creo que el Soviet debe proclamarse cuanto antes gobierno revolucionario provisional de toda Rusia o (lo que es lo mismo pero bajo otra forma) debe crear el gobierno revolucionario provisional"58. Esto, en esencia, es lo que ocurrió realmente en octubre de 1917.

 

 

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56. Lenin, La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo, pág. 35.

57. Trotsky, 1905, pág. 116.

*   Esta observación no se limita a la cuestión de los soviets. Marx obtuvo su idea de cómo sería un Estado obrero de la Comuna de París en 1871, cuando los trabajadores de París tomaron el poder. El programa de la Comuna fue sintetizado por Marx en La guerra civil en Francia, y más tarde proporcionó las bases para El Estado y la Revolución de Lenin.

58. Lenin, Nuestras tareas y el soviet de diputados obreros, Obras Completas, Vol. 12, pág. 63.