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bolchevismo
El camino a la revolución |
| Primera parte | |||
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La primera revolución rusa
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La Duma Bulygin
La debilidad de la autocracia se pudo ver en el Manifiesto del 6 de agosto, que prometía un parlamento o Duma (la Duma Bulygin). El final de la guerra y el anuncio de las elecciones fue recibido con regocijo por los liberales burgueses. "¡Los japoneses", proclamaba uno de ellos, "no entrarán en el Kremlin, pero los rusos sí!"54. Sin embargo, un conocimiento más cercano de los detalles de las propuestas de Bulygin pronto arrojó agua fría sobre este optimismo precipitado e ingenuo. Bulygin, la criatura de la autocracia, había elaborado lo que Lenin describió como "la constitución más reaccionaria de Europa". Concedía el voto a los terratenientes, burgueses, campesinos propietarios y a la clase media urbana, mientras que los trabajadores, los pobres rurales, las mujeres y militares, es decir, la aplastante mayoría de la población, quedaba excluida. Para añadir insulto a la injuria, ¡la Duma sólo tendría poderes consultivos! Toda la construcción elaborada era un mentira y un engaño detrás del cual todo seguía como antes. Desde este momento, la Duma ocupó una posición central en las discusiones tácticas de todas las tendencias socialdemócratas. Los bolcheviques inmediatamente se declararon a favor de una política de "boicot activo". La posición de los mencheviques era ambigua. En el Cáucaso, el centro del ala más atrasada y oportunista del menchevismo, defendían abiertamente la participación. Sin embargo, en general, el ambiente de la base menchevique era en contra. Los bolcheviques propusieron un frente unido a los mencheviques con las organizaciones socialdemócratas de las nacionalidades para una campaña a favor del boicot. En el ámbito local, los trabajadores mencheviques y bolcheviques actuaron en armonía. Los socialrevolucionarios pequeñoburgueses también apoyaban el boicot. Incluso los liberales de la "Unión de Uniones" tuvieron que pasar a la oposición, al menos en palabras. La concesión gubernamental de autonomía a las universidades, en sí misma una medida aparentemente secundaria, representó un punto de inflación importante. Las puertas de la educación secundaria de repente se abrieron y a través de ellas llegaron las masas, sedientas de ideas y entusiasmadas por participar en la arena del debate público. Hasta ese momento, los estudiantes habían participado en una huelga estudiantil pasiva, negándose a aparecer por clases. Esta huelga estaba a punto de romperse cuando todo el movimiento tomó una dirección completamente diferente. Durante el otoño, los campus y aulas se convirtieron en el centro de discusiones acaloradas. Comenzando entre los estudiantes, estos debates llegaron a los trabajadores, quienes pronto comprendieron que aquí, al menos, era un lugar donde podían reunirse y discutir sin que la policía les molestase. "Junto a los uniformes de los estudiantes en las aulas", escribía un testigo presencial, "las ropas normales, sobre todo los guardapolvos de los trabajadores se veían con cada vez mayor frecuencia"55. La explosión en los campus universitarios demostraba que el péndulo estaba girando rápidamente hacia la izquierda, con nuevas capas que entraban en la lucha. Esta fue la consideración fundamental que decidió la actitud de los bolcheviques ante la cuestión del boicot en esta etapa, aunque en el III Congreso Lenin tuvo mucho cuidado al insistir en que el partido debería mantener abiertas sus opciones ante esta cuestión. Más que cualquier otra persona, Lenin comprendía la necesidad de la flexibilidad extrema en todas las cuestiones tácticas y organizativas y no dejarse llevar por ánimos ultraizquierdistas que sólo servirían para separar a los elementos avanzados de la mayoría de la clase. En esa situación, el boicot al proyecto de la Duma Bulygin era absolutamente correcto. La oleada revolucionaria iba adquiriendo fuerza. Los términos de la nueva constitución estaban tan alejados de las expectativas levantadas que incluso un sector de los liberales se opuso. Las aspiraciones democráticas de las masas chocaban con el muro sólido del régimen burocrático-policial. Sólo con el derrocamiento revolucionario del zarismo y una ruptura completa con el pasado se podría aclarar el camino para la introducción de una democracia genuina. La naturaleza exacta de la transformación y el papel de las diferentes clases en la revolución fueron el tema de un debate acalorado en las filas del movimiento obrero, que será tratado más tarde. Para todos, excepto los reformistas más ciegos, era evidente que en el orden del día estaba, no el parlamentarismo, sino una huelga general revolucionaria y la insurrección armada para derrocar a la autocracia. Esta perspectiva fue ampliamente corroborada por la marea alta de la revolución que desembocó en la huelga de octubre en San Petersburgo y que culminó en diciembre con la insurrección en Moscú.
La huelga de octubre y el soviet -->
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54. Pares, op. cit., pág. 485. 55. Mártov y otros, op. cit., pág. 73. |
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