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bolchevismo
El camino a la revolución |
| Segunda parte | |||
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La primera revolución rusa
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El 9 de enero de 1905
"¡Señor! Nosotros los trabajadores, nuestros hijos y esposas, los ancianos indefensos que son nuestros padres, hemos venido ante ti. Señor, buscamos justicia y protección. Sufrimos una gran pobreza, estamos oprimidos y agobiados con trabajos que superan nuestra fuerza; se nos insulta, no se nos reconoce como seres humanos, se nos trata como a esclavos que deben soportar su suerte en silencio. Y lo hemos sufrido, pero se nos está hundiendo en la mendicidad, la ilegalidad y la ignorancia. El despotismo y el gobierno arbitrario nos está estrangulando, nos está sofocando. Señor, ¡nuestra fuerza se está agotando! Nuestra paciencia ha llegado al límite: ante nosotros ha llegado el terrible momento en que es mejor morir que continuar sufriendo un tormento intolerable". Con estas palabras, la clase obrera rusa hizo su entrada decisiva en la escena histórica, apelando a la clemencia del zar, el "Padrecito", con una petición en sus manos y un cura a su cabeza. Once meses después, la misma clase obrera se levantó contra la autocracia, con las armas en la mano, bajo la dirección de un partido marxista. Durante los meses intermedios, la primera revolución rusa se reveló a una escala épica, en ella participaron todas las capas del proletariado y el resto de capas oprimidas de la sociedad, pasando por todas las fases imaginables de lucha y utilizando todos los métodos de combate concebibles, desde las huelgas económicas a las peticiones a las autoridades, desde la huelga general política a las manifestaciones de masas..., hasta la insurrección armada. La Revolución de 1905 ya reveló, aunque de una forma embrionaria, todos los procesos básicos que se repetirían, a una escala mayor, doce años más tarde. Fue un ensayo general, sin el cual, habría sido imposible la victoria final del proletariado en octubre de 1917. Durante 1905, todas las ideas, todos los programas, partidos y dirigentes fueron sometidos a prueba. La experiencia de la primera revolución fue decisiva para la futura evolución de todas las tendencias de la socialdemocracia rusa. La verdad es que el inicio de la revolución encontró al partido en un estado lamentable. En vísperas de 1905 el partido estaba seriamente debilitado por las escisiones y los arrestos. La lucha fraccional interna había paralizado durante muchos meses sus actividades. Después de perder el control del partido en el extranjero, los bolcheviques también se vieron privados de un órgano, hasta que en diciembre de 1904 apareció el primer ejemplar de Vperiod. La escasez aguda de fondos hacía que incluso el Vperiod llevara una existencia precaria. Los mencheviques tenían más recursos, pero eran más débiles en el interior, con la excepción de ciertas zonas del sur y el Cáucaso, pero allí también tenían una posición relativamente débil. Dada la naturaleza del trabajo clandestino, es muy difícil calcular la fuerza exacta de los bolcheviques en esta época. La organización del partido de San Petersburgo formalmente no se escindió hasta diciembre de 1904, cuando los mencheviques se separaron. Hasta ese momento, los seguidores de Lenin iban ganando fuerza. Pero la lucha interna había tenido un efecto dañino sobre el trabajo del partido que había centrado toda su actividad hacia dentro. Esto se reflejó en el número de panfletos bolcheviques publicados en Petersburgo en 1904: en todo el año sólo 11, frente a los 55 de 1903 y los 117 de 19051. En general, la organización bolchevique en Rusia durante la segunda mitad de 1904 estaba en una mala situación. Muchos de los liberados, como hemos visto, realmente no comprendían la escisión y estaban afectados por la deserción del Comité Central conciliacionista. A pesar del ánimo y la insistencia de Lenin, tenían tendencia a ir detrás de los mencheviques, que ahora habían pasado a la ofensiva con el envío a Rusia de un gran número de cuadros y dinero. En San Petersburgo pronto consiguieron ventaja frente al comité dominado por los bolcheviques. Los errores y la inercia general del comité provocaron un creciente descontento entre los trabajadores de San Petersburgo, que poco a poco giraban hacia los mencheviques. El comité de Narva aprobó una resolución expresando su "aversión a continuar trabajando bajo la dirección del comité de San Petersburgo". El comité de Vasiliev Ostrov votó por la "completa ausencia de confianza" en el comité encabezado por los bolcheviques. Las secciones de Narva, Neva, Vasiliev Ostrov y la "Orilla de San Petersburgo", que representaban al grueso de los trabajadores, se separaron y se pasaron al lado menchevique. En diciembre crearon un comité separado. Los dos comités rivales continuaron existiendo en San Petersburgo hasta el Congreso de Estocolmo de 1906. La pérdida de varias zonas clave de San Petersburgo fue un golpe para Lenin. La pérdida bolchevique de puntos de influencia clave, permitió que los mencheviques se pusieran a la cabeza en los tormentosos acontecimientos acontecidos durante los meses siguientes. Para empeorar las cosas, estaba claro que las pérdidas, principalmente, eran el resultado de las deficiencias de la dirección bolchevique local, la calidad de la dirección quedó demostrada en la serie de cartas con lamentaciones enviadas a Lenin. Cuando Lenin leía estos quejosos informes de su principal representante en San Petersburgo, Rosalía Zemlyachka, debía tirarse de los pelos: "Muchísimos mencheviques se han congregado en Rusia. El Comité Central ha conseguido volver a mucha gente contra nosotros. No hay suficientes fuerzas para luchar y consolidar posiciones. Llegan peticiones por doquier. Es imperativo hacer, inmediatamente, una gira por los comités. No hay nadie que pueda hacerlo. Estoy desatendiendo el Buró y estoy absorbida por el trabajo local. Las cosas no podrían ir peor. Necesitamos gente. Todo el mundo pregunta. No hay nadie para trabajar con...". Y el catálogo de quejas continúa: "Corremos el riesgo de perder una ciudad tras otra por la ausencia de gente. Cada día, recibo un montón de cartas desde distintos lugares, implorando [a nosotros] que enviemos gente. Acabo de recibir una carta confusa de Yekaterinoslav. Dicen que a menos que enviemos a alguna persona y dinero, perderemos Yekaterinoslav. Pero no hay gente: una persona tras otra se retira y no llega nadie nuevo. Mientras tanto, los mencheviques han consolidado sus posiciones en todas partes. Si tuviéramos gente sería fácil echarles. El Buró es una ficción ya que estamos todos ocupados con los asuntos locales". Esta líneas fueron escritas el 7 de enero de 1905, dos días antes del Domingo Sangriento. Las constantes quejas sobre la "ausencia de gente" demostraban la ausencia arraigada de confianza en los trabajadores que existía entre los hombres y mujeres del comité. En lugar de llevar nueva sangre a los comités, cooptar a los mejores elementos de los trabajadores y la juventud, buscaban soluciones fáciles, exigían más liberados del extranjero. En cada una de las líneas de estas cartas, se puede ver la completa incapacidad para relacionar el trabajo del círculo dirigente con las fuerzas vivas del movimiento de la clase obrera. Litvínov escribió a Lenin comentando la situación: "El problema es que ella [Zemlyanchka] no es consciente en lo más mínimo de la situación tan crítica y lamentable en la que estamos. La periferia, si no está en todas partes contra nosotros, apenas está en algún sitio con nosotros. El grueso de los trabajadores del partido todavía piensan que somos un hatajo de desorganizadores sin ningún tipo de respaldo, que desde la reconciliación [del Comité Central y los mencheviques] la actitud del comité ha cambiado, que todos nuestros esfuerzos sólo son los últimos coletazos de los bolcheviques. Ninguna conferencia (y menos aún secreta), ninguna agitación cambiará esta idea tan extendida. Repito, nuestra situación es completamente incierta y precaria. Podemos escapar de ella sólo si 1) se convoca inmediatamente un congreso (no más tarde de febrero) y 2) editamos inmediatamente un periódico. Sin el cumplimiento, tan rápido como sea posible, de estas dos condiciones, vamos hacia la ruina segura y a pasos agigantados, también... probablemente perdamos Petersburgo. Los enjambres de los mencheviques han llegado aquí... Deberíamos movilizar nuestras fuerzas en Petersburgo, pero ¿a quién vamos a enviar allí?". Los bolcheviques estaban en una situación de caos, pero la realidad es que la situación de los mencheviques no era mucho mejor. Ninguna de las dos fracciones tenía el apoyo de los trabajadores. Como escribe Solomon Schwarz: "La organización socialdemócrata en San Petersburgo antes de enero de 1905, para casi cualquier criterio, era débil. En diciembre de 1903 la organización socialdemócrata en su conjunto tenía aproximadamente 18 círculos en las fábricas, y la militancia de los círculos ascendía a siete o diez personas, lo que daría una militancia obrera total no superior a los 180. Si los estudiantes y la intelectualidad tenían aproximadamente lo mismo, como parece probable, la militancia total habría estado en torno a los 360. Durante el invierno de 1904 la militancia del comité y las actividades declinaron, y los vínculos con el extranjero eran débiles o inexistentes... El mismo corresponsal dice que los mencheviques también perdían apoyo: en una región donde antes tenían de 15 a 20 círculos, en diciembre de 1904 sólo tenían cuatro o cinco". En sus memorias, el dirigente menchevique P. A. Garvi describe la situación en Kiev en vísperas de 1905: "Una extraña escasez de gente en la organización. Un alejamiento de las masas trabajadoras y de sus intereses cotidianos. Una escasa vida organizativa en comparación al pasado reciente, eso es lo que me impactó en Kiev, sugiriendo comparaciones melancólicas con el pasado, con la vida animada de la organización de Odessa entre 1901 y 1902. Estaba el comité de Kiev y los comités de sector; en las secciones había propagandistas dirigiendo los círculos de propaganda, normalmente, se distribuían panfletos a través de los círculos, eso era prácticamente todo. "Adelantándome a mi mismo, diré que durante todo el año 1905 en Kiev, Rostov y Moscú, diariamente el mismo fenómeno: en las organizaciones del partido se reunían mayoritariamente jóvenes inexpertos, exaltados y decididos, pero con vínculos débiles con las masas trabajadoras y sin influencia en las fábricas. Los antiguos socialdemócratas entre los trabajadores —la vanguardia real de los trabajadores avanzados, formados en el período de propaganda y del llamado economicismo—, estos viejos trabajadores, en su mayor parte, estaban fuera. En Kiev, Rostov y Moscú y hasta la huelga de octubre yo —y no sólo yo— tuvimos que recurrir a métodos más o menos artificiales para atraer a los ‘más viejos’ al trabajo activo del partido. Convocamos reuniones especiales y fiestas por la tarde con ellos, discutíamos con ellos, pero se acercaban reticentes al trabajo del partido y miraban con desconfianza nuestra organización y métodos de trabajo"2.
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1.
David Lane, The roots of Russian Communism, pág, 71. 2. Citado por Schwarz, op. cit., págs. 54, 55, 72 y 57.
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