bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Primera parte    
       
 

El nacimiento del marxismo ruso

 

   

 

 El período de los pequeños círculos

 

Las feroces batallas ideológicas de la década previa no se habían luchado en vano. Ahora, un número creciente de jóvenes en Rusia miraba hacia el marxismo como un medio para cambiar la sociedad. Para estos jóvenes la consigna ya no era "Id al pueblo", sino "Id a los trabajadores". Bajo las condiciones dominantes, el trabajo tenía que llevarse en líneas de estricta clandestinidad. El método normal del círculo de propaganda clandestino era el de establecer una especie de escuela en los distritos con fábricas donde, bajo la excusa de clases educativas para adultos, exponían las ideas básicas del socialismo a pequeños grupos de trabajadores. Este es un período de muchos nombres —en su mayor parte no familiares para el lector moderno— Los pequeños grupos que surgieron en una ciudad tras otra debieron parecerles a las autoridades zaristas el resultado de algún virulento e inexplicable virus.

A pesar de todos sus esfuerzos, los narodnikis eran completamente incapaces de vincularse con "el pueblo", ni podían esperar hacerlo sobre las bases de teorías, programa y métodos falsos. No obstante, este problema aparentemente irresoluble había sido resuelto con total facilidad por los marxistas. Una sólida cabeza de puente fue construida rápidamente para vincular a estos con los trabajadores. En todos los centros industriales más importantes surgieron círculos de estudios, clases educativas y "escuelas de domingo", que constituyeron la semilla para toda una nueva generación de trabajadores marxistas revolucionarios, la columna vertebral del futuro partido de Octubre. Así empezó el llamado período de propaganda o kruzhovshehina (basado en la palabra rusa para círculo de estudios). Después de un agotador día de trabajo bajo espantosas condiciones, muchos obreros industriales con manos callosas, luchando contra la fatiga mental y física, pasaron largas horas batallando con los difíciles capítulos de El Capital de Marx —el mismo libro que el censor zarista consideraba demasiado seco y complejo para representar un peligro—. Tan grande era el deseo de los obreros de aprender, que un volumen de El Capital era desencuadernado para distribuirlo por capítulos entre el mayor número posible de gente.

Por las páginas de los archivos policiales, las caras y números de revolucionarios arrestados pasaban con monótona regularidad —simplemente unos pocos bacilos aislados y extraídos para la buena salud del sistema político—. La mayoría de estos hombres y mujeres hace tiempo que pasaron a la oscuridad. Y no obstante, sobre la carne y huesos de estos héroes y mártires, se construyó el movimiento obrero ruso. Quizás la descripción más viva del funcionamiento de estos primeros círculos propagandísticos marxistas se encuentra en el libro de Krúpskaya sobre Lenin. El contacto se establecía a través de los círculos de estudio, donde se combinaba hábilmente la enseñanza básica con las ideas del socialismo. Entre esos grupos figuraba la "Escuela adulta de Smolensk de los domingos por la tarde", en el baluarte obrero de Schlisselburgo, donde Nadezhda Krúpskaya daba clases. Los jóvenes profesores eran populares entre los trabajadores, con los que establecieron una relación cercana. "Los obreros que formaban parte de la organización", escribió Krúpskaya, "iban a la escuela con objeto de observar al pueblo y de atraerse a los elementos más dispuestos a ser incorporados a aquélla"44.

En otro lugar Krúpskaya escribe: "Hubiérase dicho que existía un convenio mudo. En la escuela, en principio se podía hablar de todo a pesar de que era rara la clase en que no había un espía; si no se empleaban las terribles palabras ‘zar’, ‘huelga’ y otras por el estilo, se podía aludir a las cuestiones más fundamentales. Pero oficialmente no se podía hablar de nada; en cierta ocasión fue clausurado el llamado ‘grupo de repetición’ por el hecho de que en el mismo, como había podido comprobar un inspector que se había presentado de improviso, se enseñaban las fracciones decimales, mientras que según el programa no se autorizaba más que la enseñanza de las cuatro reglas de la aritmética"45.

Al mismo tiempo que Plejánov y sus colaboradores estaban estableciendo el Grupo Emancipación del Trabajo ruso en el extranjero, el primer círculo socialdemócrata auténtico (es decir, marxista) apareció en San Petersburgo, establecido por un joven estudiante búlgaro, Dimiter Blagoev (1856-1924) —el futuro líder del Partido Comunista Búlgaro—. En 1884, su grupo tomó el nombre de "El Partido de los Socialdemócratas Rusos" e incluso empezó a publicar un periódico —Rabochii (El Obrero) —. No obstante, el grupo no tardó mucho tiempo en ser aplastado por la policía. Pero el proceso estaba ahora demasiado avanzado como para ser parado por la acción policial. Al año siguiente se formó otro grupo socialdemócrata en la capital, esta vez con lazos más estrechos con la clase obrera. El grupo de P.V. Tochisski comprendía aprendices y artesanos y se llamaron a sí mismos "La Hermandad de Artesanos de San Petersburgo".

Mucho más lejos, en el área del Volga de Rusia Central, en Kazán, Nickolai Fedoséyev (1871-98) organizó un grupo de estudiantes, uno de cuyos miembros era un joven estudiante con el nombre de Vladímir Ulyánov, más tarde conocido como Lenin. Se habían plantado las primeras semillas y se habían ganado a los primeros miembros, aunque en pequeños puñados, en Kazán, Nizhny Novgorod, Samara, Saratov, Rostov-na-Donu y otras ciudades de la región. Este grupo se desintegró cuando Fedoséyev fue arrestado en el verano de 1889. Muchos años más tarde, en diciembre de 1922, Lenin escribió una breve nota sobre Fedoséyev para la Comisión de Historia del Partido en la cual brindó un cálido tributo a "este revolucionario con talento y dedicación excepcionales"46.

Trabajando contra tremendas rémoras, bajo dificultades intolerables y siempre con riesgo personal, los propagandistas marxistas perseveraron obstinadamente en su tarea. Muchos de ellos no vivieron para ver el resultado de su labor. Nunca lucharon en las grandes batallas finales, ni vieron caer las viejas y odiadas estructuras de la sociedad. Su papel fue el más duro de todos: la ardua tarea de empezar, de construir el movimiento desde la nada, de ganar pacientemente de uno en uno y de dos en dos, de explicar, argüir y convencer, de prestar atención a las mil y una mundanas y rutinarias tareas diarias de construir una organización; tareas que para los historiadores pasa inobservada, pero que constituyen el centro de una gran empresa histórica. A pesar de todas las dificultades, el trabajo lento y paciente de los marxistas empezó a dar resultados. Grupos marxistas surgían por toda Rusia. Imitando al Grupo Emancipación del Trabajo, se llamaban a sí mismos "Ligas de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera". Al mismo tiempo, el movimiento de los trabajadores estaba asumiendo un carácter de masas. Entonces, como un rayo en un cielo azul, ocurrió algo que transformó completamente la situación.

En 1891 y 1892, una terrible oleada de hambre recorrió el país, causando muerte por hambruna en los pueblos y una exorbitante subida de los precios de la comida. El hambre, el cólera y el tifus afectaron a 40 millones de almas, pueblos enteros perecieron, especialmente en la región del Volga. Campesinos hambrientos inundaron las ciudades dispuestos a aceptar trabajo a cualquier precio. Esto, combinado con una mejora económica que, paradójicamente, coincidió con el hambre, produjo una oleada de huelgas, especialmente en Rusia Central y Occidental, los centros de la industria textil. Estas huelgas fueron acompañadas de choques con la policía y los cosacos, especialmente en la huelga de los obreros del textil polaco en Lodz en 1892.

La hambruna sirvió para desenmascarar la bancarrota de la autocracia y la corrupción e ineficacia de la burocracia. El destino de los millones de hambrientos tuvo un efecto profundo en la juventud. El movimiento estudiantil se inflamó otra vez en Moscú y Kazán. El despertar general de la sociedad tuvo también un efecto entre los liberales. Silenciados por el régimen reaccionario de Alejandro III, los zemstvos estaban redespertando a la vida mediante la hambruna. Por toda Rusia, liberales acomodados basados en los zemstvos lanzaron campañas para aliviar el hambre. Estos liberales, muchos de ellos remanentes envejecidos del movimiento "Id al pueblo" de la década de 1870, aliviaron su conciencia estableciendo comedores de beneficencia. Hicieron todo lo posible para dar a la lucha contra el hambre una coloración inofensiva, no política, en línea con su política de "pequeñas obras". Pero el fermento social y político provocado por el hambre y la respuesta caótica de la administración zarista sirvió para revolver a la intelligentsia, y para proveer con numerosos reclutamientos a los marxistas, los cuales estaban enzarzados en un furioso combate con los representantes de la tendencia liberal narodnik. La amargura de la lucha se refleja en un episodio recordado por Krúpskaya de una de las primeras intervenciones de Lenin, poco después de llegar a San Petersburgo:

"Como medida de seguridad, se escogió como pretexto de la reunión la celebración de una pequeña fiesta a base de ‘blinis’*. (...) Me acuerdo de uno de los momentos de la discusión. Se hablaba de la senda que era preciso seguir. No había modo de hablar un lenguaje común. Uno de los reunidos —Schevliaguin, me parece— dijo que era muy importante la labor en el comité para la lucha contra el analfabetismo. Vladímir Ilich se rió con una risa seca y maliciosa, una risa que después no le oí más. ‘¿Qué puedo decir? Si hay alguien que quiere salvar a la patria en el comité para la lucha contra el analfabetismo es libre de hacerlo. No le opondremos ningún obstáculo"47.

Mirando la situación atentamente desde lejos, Plejánov entendió inmediatamente que estaba teniendo lugar un cambio fundamental que exigía un viraje en los métodos empleados hasta ahora por los marxistas rusos. La hambruna había expuesto la bancarrota de la autocracia hasta un grado sin paralelo. La idea de una asamblea representativa, un Zemsky Sobor, empezó a ganar terreno entre la intelligentsia liberal. Plejánov tomó la oportunidad con ambas manos. En su folleto La ruina de toda Rusia, publicado en Sotsial Demokrat, nº 4, Plejánov explicaba que las causas del hambre no eran naturales, sino sociales. Partiendo de la caótica situación creada por la corrupción e ineptitud de las autoridades zaristas, mostró la necesidad de llevar a cabo propaganda y agitación generales, vinculando las reivindicaciones concretas de las masas a la idea central de derrocar a la autocracia.

Por supuesto, la consigna de un Zemsky Sobor en manos de los liberales recibió un carácter completamente reformista y, por lo tanto, utópico. Pero Plejánov, desarrollando un vivo instinto revolucionario, planteó esta reivindicación como una consigna militante, luchadora, como un medio de movilizar a las masas y atraer los mejores sectores de la intelligentsia democrática a la idea de una lucha abierta contra el zarismo. "Todos esos rusos honrados", escribió, "que no pertenecen al mundo de los meros acaudaladores de dinero, kulaks y burócratas rusos, deben empezar a agitar al instante para el Zemsky Sobor"48.

El artículo de Plejánov representó el primer intento concreto de luchar a brazo partido por la cuestión de cómo relacionar el movimiento obrero con el movimiento de otras clases oprimidas contra el enemigo común, el zarismo. Bajo condiciones de esclavitud zarista, bloques temporales y episódicos con los elementos más radicales de la pequeña burguesía o, incluso, los liberales burgueses eran inevitables. No obstante, tales acuerdos en ningún sentido presuponían la existencia de un acuerdo programático. Por el contrario, la primera condición para esto era precisamente que cada partido debería marchar bajo su propia bandera: "Marchar separadamente y golpear juntos". Los marxistas, al tiempo que defendieron a los liberales y demócratas pequeñoburgueses contra la persecución zarista y ocasionalmente llegaron a acuerdos episódicos en cuestiones prácticas, tales como el transporte de propaganda ilegal, defensa de compañeros arrestados, etc., simultáneamente les sometieron a una crítica incesante y sin misericordia por sus vacilaciones y confusiones. Esta política estaba diseñada para utilizar toda oportunidad que hiciera avanzar el movimiento, al tiempo que fortalecía la posición del marxismo y el punto de vista de independencia de clase del proletariado, de la misma manera que un alpinista experto utiliza toda grieta y hendidura que le permita alcanzar la cumbre.

El punto central del argumento de Plejánov era que "la ruina económica total de nuestro país puede ser evitada mediante su emancipación política completa". Los espantosos problemas de las masas plantearon directamente la cuestión de la lucha revolucionaria contra el zarismo, en la cual la clase obrera iba a jugar el papel clave. Aunque en ese momento nadie hablaba todavía de la posibilidad de una revolución socialista en Rusia, el uso diestro de reivindicaciones democrático revolucionarias, como la convocatoria de un Zemsky Sobor, jugó indudablemente un papel agitativo importante en ordenar las fuerzas revolucionarias alrededor del programa marxista. Esta postura nada tenía en común con la política posterior de los mencheviques y los estalinistas quienes, bajo el pretexto de "unificar todas las fuerzas progresistas", tratan de subordinar el movimiento de la clase obrera a la llamada burguesía "progresista". Tanto Plejánov como, sobre todo, Lenin, despreciaron la idea de un "Frente del Pueblo" que un sector de los narodnikis estaba defendiendo incluso en ese momento. Plejánov, antes de convertirse al menchevismo, cuando todavía defendía las ideas del marxismo revolucionario, respondió a aquellos que le acusaban de asustar a los liberales con el siguiente desaire: "De cualquier manera, creemos que el tipo de ‘susto’ más dañino es el susto de los socialistas con el espectro de asustar a los liberales"49.

 

De la propaganda a la agitación -->

 

   
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44. N. Krúpskaya, Recuerdo de Lenin, pág. 21.

45. Ibíd., pág. 21.

46. Lenin, Obras completas, Unas cuantas palabras acerca de N.Y. Fedoséyev, Vol. 33, pág. 453.

* Blinis: especie de hojaldre (N. del T.).

47. Krúpskaya, Recuerdo de Lenin, pág. 15.

48. Citado en V. Akimov, On the Dilemmas of Russian Marxism 1895-1903, pág.16.

49. Plejánov, Sochineniya, Vol. 1, pág. 403.