bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Primera parte    
       
 

El nacimiento del marxismo ruso

 

   

 

 Desarrollo desigual y combinado

 

Al final de la década de 1860, había tan sólo 1.600 kilómetros de vía férrea en todo el país. En las dos décadas siguientes esta cifra aumentó 15 veces. En los diez años entre 1892 y 1901, se construyeron no menos de 26.000 kilómetros de vía férrea. Junto a los centros industriales tradicionales de Moscú y San Petersburgo surgieron nuevos centros en áreas como el Báltico, Bakú y Donbass. Entre 1893 y 1900, la producción de petróleo aumentó dos veces y la de carbón tres veces. Verdad es que el desarrollo de la industria no tuvo el carácter orgánico del ascenso del capitalismo en Gran Bretaña descrito por Marx en El Capital. La emancipación de los siervos de la gleba en 1861 proveyó las premisas materiales para el desarrollo del capitalismo. Pero la burguesía rusa subió al escenario de la historia demasiado tarde como para aprovecharse de la oportunidad. Las débiles y subdesarrolladas fuerzas del capitalismo ruso no pudieron competir con la poderosa burguesía desarrollada de Europa Occidental y de América. Al igual que los países ex coloniales hoy en día, la industria rusa se encontraba fuertemente dependiente del capital extranjero, el cual ejercía una dominación aplastante sobre la economía, principalmente mediante su control de la banca y el sistema financiero:

"También la fusión del capital industrial con el bancario", escribió Trotsky, "se efectuó en Rusia en proporciones que tal vez no haya conocido ningún otro país. Pero la mediatización de la industria por los bancos equivalía a su mediatización por el mercado financiero de la Europa Occidental. La industria pesada (metal, carbón, petróleo) se hallaba sometida casi por entero al control del capital financiero internacional, que se había creado una red auxiliar y mediadora de bancos en Rusia. La industria ligera siguió las mismas huellas. En términos generales, cerca del 40 por 100 del capital en acciones invertido en Rusia pertenecía a extranjeros y la proporción era considerablemente mayor en las ramas principales de la industria. Sin exageración, puede decirse que los paquetes de acciones que controlaban los principales bancos, empresas y fábricas de Rusia estaban en manos de extranjeros, debiendo advertirse que la participación de los capitales de Inglaterra, Francia y Bélgica representaban casi el doble de la de Alemania"40.

La penetración del capital extranjero en la sociedad rusa dio un marcado ímpetu al desarrollo económico, sacando de la barbarie de 2.000 años al gigante e introduciéndole en la era moderna. Gran número de campesinos fue arrancado de la inmutable rutina de la vida del pueblo y empujado al infierno de la industria capitalista a gran escala.

La teoría marxista del desarrollo desigual y combinado encontró su expresión más perfecta en las extremadamente complejas relaciones sociales en Rusia a la llegada del siglo XX. Junto a formas de existencia feudales, semi feudales e, incluso, pre feudales, surgieron las fábricas más modernas, construidas con capital francés y británico basadas en los últimos modelos. Este es precisamente el fenómeno que ahora vemos en todo el conjunto del llamado Tercer Mundo, y que tuvo su expresión más llamativa con el desarrollo del sureste asiático en la primera mitad de la década de 1990. Esto nos ofrece un paralelo muy llamativo con el desarrollo de Rusia exactamente cien años antes. Y es totalmente posible que las consecuencias políticas pudieran ser similares. El desarrollo de la industria en semejante contexto actúa como una espuela para la revolución. Rusia demuestra con qué rapidez esto puede ocurrir. Del desarrollo tempestuoso del capitalismo ruso en las décadas de 1880 y 1890 nació el igualmente tempestuoso proletariado. La oleada de huelgas de la década de 1890 fue la escuela preparatoria de la Revolución de 1905.

En sólo 33 años, de 1865 a 1898, el número de fábricas con más de cien obreros se dobló —de 706.000 a 1.432.000—. Hacia 1914, más de la mitad de todos los obreros industriales trabajaban en plantas de más de 500 empleados, y casi un cuarto en plantas de más de mil —una proporción mucho más alta que en cualquier otro país—. Ya en la década de 1890, siete grandes fábricas en Ucrania empleaban dos tercios de todos los obreros metalúrgicos en Rusia, mientras que Bakú tenía casi todos los obreros del petróleo. De hecho, hasta 1900, Rusia era el mayor productor de petróleo del mundo41.

No obstante, a pesar del tempestuoso impulso de la industria, el cuadro general de la sociedad rusa siguió siendo de extremado atraso. La masa de la población todavía vivía en los pueblos, donde el rápido desarrollo de diferenciación de clases recibió un poderoso ímpetu por la crisis agrícola europea de la década de 1880 y principios de los 90. La caída del precio del grano arruinó capas enteras del campesinado. La espantosa naturaleza de su existencia es claramente descrita en los cuentos de Chéjov, En la hondonada y Mujiks. El semiproletariado rural, privado de la tierra, ofreciendo sus servicios por los pueblos, se convirtió en un espectáculo común. En el otro extremo del espectro social, la nueva clase emergente de capitalistas rurales, los kulaks, enriqueciéndose a expensas de los pobres de las aldeas, podían permitirse comprar la tierra de los antiguos terratenientes —una situación reflejada con gran ingenio y perspicacia en la famosa obra de Chéjov, El huerto de los cerezos—.

A pesar de todos los intentos del régimen zarista de reforzar la vieja comunidad rural, el mir, que según los teóricos narodnikis iba a proveer las bases para el socialismo campesino, esta se estaba desmoronando rápidamente en líneas de clase. Aquellos que no pudieron encontrar trabajo en el pueblo se abalanzaron a las ciudades, proveyendo una inmensa reserva de mano de obra barata para las recién establecidas empresas capitalistas. El crecimiento rápido de la industria provocó una creciente polarización entre las clases en el seno del campesinado, con la cristalización de una clase de campesinos ricos, los kulaks, y una masa de campesinos pobres carentes de tierra que cada vez más se dirigían a las ciudades en busca de trabajo. Los virulentos debates entre los marxistas y los narodnikis sobre la inevitabilidad o no del desarrollo del capitalismo en Rusia se resolvieron decisivamente por la vida misma. Las primeras obras de Lenin, tales como Nuevos desarrollos económicos en la vida campesina, Sobre la llamada cuestión de mercado y El desarrollo del capitalismo en Rusia fueron escritas para ajustar las cuentas a los narodnikis. Pero a diferencia de los escritos más tempranos de Plejánov, estas obras estaban basadas en el irrefutable idioma de los hechos, las cifras y los argumentos.

El desarrollo del capitalismo en Rusia significó también el desarrollo del proletariado, que pronto hizo saber a toda la sociedad de su intención de colocarse a la vanguardia de la lucha por el cambio. El carácter altamente concentrado de la industria rusa rápidamente creó ejércitos industriales de obreros organizados y disciplinados, colocados en los puntos estratégicos de la sociedad y la economía. El gráfico del movimiento huelguístico indica claramente la creciente confianza y conciencia de clase de la clase obrera rusa en este período.

1880-84  1885-89  1890-94
Número de huelgas  101 221 181
Número de participantes 99.000 223.000 170.000

(Fuente: Istoriya KPSS, Volumen 1, pág. 96.)

A partir de la primavera de 1880, la industria fue golpeada por una crisis que duró varios años. Este fué un período de desempleo masivo en el cual los empresarios redujeron despiadadamente los ya miserables salarios de los obreros. Además de todos los otros problemas, los obreros estaban continuamente oprimidos con toda clase de pequeñas restricciones y normas arbitrarias diseñadas para mantenerles en subordinación. La más importante era la costumbre de imponer multas por una serie de ofensas reales o imaginarias contra los empresarios. La indignación y el descontento acumulados por los obreros finalmente explotó en una oleada de agitación social en 1885-86 en Moscú, Vladimir y Yaroslavl, que culminó en la famosa huelga de la fábrica Nikolskoye, perteneciente a T.S. Morózov.

Los 11.000 obreros de las obras Morózov habían visto reducidos sus salarios no menos de cinco veces en dos años. Al mismo tiempo, se imponían gravosas multas por cantar, hablar alto, pasar delante de la oficina del jefe con la gorra puesta, etc. Estas multas frecuentemente suponían una cuarta parte del salario de un obrero, y algunas veces la mitad. El 7 de diciembre de 1885, toda la rabia y frustración reprimidas durante años de pequeñas vejaciones, robo y arbitrariedad reventaron con una fuerza elemental. El líder de los huelguistas, Pyotr Anisimovich Moiseyenko (1852-1923), era un revolucionario experimentado, un ex miembro de la Unión de Obreros Rusos del Norte de Jalturin, quien había cumplido un período de exilio siberiano. Un hombre excepcional, uno de esos líderes naturales de la clase obrera, Moiseyenko más tarde escribió: "Primero aprendí a comprender, después a actuar".

Los enfurecidos obreros desahogaron su rabia haciendo pedazos el almacén de comida de la fábrica, donde operaba el sistema de pago en especie que les obligaba a comprar comida a precios inflados, y también la casa del odiado capataz Shorin. Alarmado por la violencia del estallido, el gobernador de la provincia de Vladimir envió tropas y cosacos. Los obreros se presentaron al gobernador con sus reivindicaciones, pero fueron recibidos con represión. Seiscientos obreros fueron arrestados. Las tropas rodearon la fábrica y los obreros fueron forzados a entrar a trabajar a punta de bayoneta. No obstante, tal era el ambiente entre los obreros, que la fábrica no volvió a funcionar plenamente hasta un mes más tarde.

La huelga de Morózov terminó en derrota. No obstante, el efecto que tuvo en las mentes de los trabajadores en toda Rusia preparó el camino para las huelgas masivas de la siguiente década. En el juicio a los huelguistas celebrado en Vladimir en mayo de 1886, Moiseyenko y los otros acusados hicieron una defensa tan ardiente que se convirtió en una devastadora denuncia de las condiciones en la fábrica, hasta el punto que las acusaciones fueron levantadas y el caso de los obreros sobreseído. El fallo del juicio de Morózov produjo una oleada de conmoción por toda la sociedad rusa. Profundamente alarmado, el reaccionario periódico Moskovskiye Vedmosti protestó: "Es peligroso burlarse de las masas del pueblo. ¿Qué van a pensar los obreros tras el veredicto de no culpable del tribunal de Vladimir? Las noticias de esta decisión se extendieron como un relámpago por toda esta área manufacturera. Nuestro corresponsal, que salió de Vladimir inmediatamente después del anuncio del veredicto, oía hablar de ello en todas las estaciones..."42.

La huelga de Morózov mostró el enorme poder potencial del proletariado. La lección no fue inútil para el régimen zarista que, a pesar de todo su apoyo a los empresarios, aceptó que tendría que hacer concesiones a los obreros. Así lo hizo el 3 de junio de 1886, cuando aprobó la Ley de Multas limitando la cantidad que podía imponerse y estipulando que las ganancias no deberían de apropiárselas los empresarios, sino ser depositadas en un fondo benéfico especial para los obreros. Como siempre, la reforma es un subproducto de la lucha revolucionaria de los trabajadores para cambiar la sociedad. Igual que el "Proyecto de Ley de las 10 horas" aprobado en Gran Bretaña el siglo pasado, la Ley de Multas fue un intento de pacificar a los obreros e impedir que se moviesen en una dirección revolucionaria, mientras que simultáneamente trataban de apoyarse en los obreros para refrenar las reivindicaciones de los liberales burgueses. Semejante legislación "benevolente" no impidió la represión salvaje de las huelgas y los arrestos y deportación sistemáticos de líderes obreros en el siguiente período. Tampoco la nueva ley tuvo el efecto deseado de desalentar el movimiento huelguístico. La huelga de Morózov infundió a los obreros con nuevo valor, al tiempo que las concesiones hechas por la toda poderosa autocracia mostró lo que podía lograrse luchando audazmente por sus intereses. En 1887, el número total de huelgas excedió el de los dos años anteriores juntos. Dos años más tarde el jefe de policía, Plehve, se vio obligado a informar a Alejandro III que, a su vez, 1889 fue "más prolífico que 1887 y 1888 en desórdenes originados por las condiciones en las fábricas"43.

El auge tempestuoso del movimiento huelguístico indicaba una creciente concienciación de los trabajadores como clase y como una fuerza dentro de la sociedad. El estrato más avanzado, representado por gente como Moiseyenko, estaba buscando a tientas ideas que pudieran derramar luz sobre su condición y mostrarles un camino a seguir. Este movimiento tenía un doble significado. Por un lado, estos estallidos espontáneos, frecuentemente acompañados por actos de luddismo,* que dieron testimonio de su naturaleza todavía no organizada y semiconsciente, anunciaron al mundo la aparición de la clase obrera rusa en el escenario de la historia. Por otro lado, suministró pruebas irrefutables de la corrección de los argumentos teóricos de Plejánov y el Grupo Emancipación del Trabajo. Al calor de la lucha de clases, se habían sentado las bases para el aglutinamiento de las todavía numéricamente débiles fuerzas del marxismo y el poderoso, aunque aún incoherente, proletariado ruso.

Desde el punto de vista marxista, la importancia de una huelga va mucho más allá de la lucha por reivindicaciones inmediatas sobre horas, salarios o condiciones. El significado real de las huelgas, incluso si se pierden, es que los obreros aprenden. En el transcurso de una huelga la masa de los obreros, sus esposas y familias, inevitablemente se vuelven conscientes de su papel como clase. Dejan de pensar y actuar como esclavos y empiezan a ponerse a la altura de auténticos seres humanos con una mente y una voluntad propias. A través de su experiencia de la vida y de la lucha —particularmente de grandes acontecimientos— las masas empiezan a transformarse. Comenzando con la capa más activa y consciente, los obreros se sienten profundamente descontentos de todo y de una forma aguda perciben sus propias limitaciones. Derrotas, mucho más que victorias, fuerzan al activista obrero a la ardiente necesidad de un claro entendimiento del funcionamiento de la sociedad, de los misterios de la economía y la política.

El crecimiento de la industria capitalista produce un poderoso ejército de proletarios. Pero incluso el mejor ejército será derrotado si carece de generales, comandantes y capitanes bien entrenados en el arte de la guerra. Las tormentosas batallas huelguísticas de la década de 1880 proclamaron al mundo que los batallones pesados del proletariado ruso estaban preparados y dispuestos a luchar. Pero también revelaron la debilidad del movimiento, su naturaleza espontánea, desorganizada e inconsciente, su falta de rumbo y liderazgo. El ejército estaba ahí. Lo que hacia falta era preparar el futuro Alto Estado Mayor. Esta conclusión fue irresistiblemente asumida por la conciencia de los mejores obreros. Y con el enfoque serio y sencillo que caracteriza a los activistas obreros de todo el mundo, se dispusieron a aprender.

 

El período de los pequeños círculos -->

 

   
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40. Trotsky, Historia de la Revolución Rusa, Ed. Zero, Madrid, 1974. Tomo I, pág. 22.

41. Cifras de F. Dan, The Origins of Bolshevism, pág. 150 y B.H. Sumner, A Survey of Russian History, págs. 324-331.

42. Citado en Lenin, Obras escogidas, Explicación de la Ley de Multas impuesta sobre los obreros de fábrica, Volumen 2, pág. 38.

43. Istoriya KPSS, Vol. 1, pág. 100.

* Luddismo es el nombre con el que se conoce un movimiento de los obreros ingleses al principio de la revolución industrial. Se hacía responsable del aumento del desempleoa la introducción de las nuevas máquinas, por lo que los obreros las destruían.