bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Primera parte    
       
 

El nacimiento del marxismo ruso

 

   

 

 El nacimiento del marxismo ruso

 

Las perspectivas para la tendencia de Plejánov a duras penas podían haber sido menos prometedoras. La vieja táctica de "ir al pueblo" había sido agotada. Los campesinos no eran más receptivos que antes a los halagos de los narodnikis. Muchos antiguos narodnikis finalmente perdieron la esperanza y "votaron con los pies", regresando a una existencia más placentera en las ciudades. Plejánov, probablemente influido por su experiencia anterior como cabeza de los "sectores obreros", propuso a los miembros de Cherny Peredel que dirigieran su agitación entre los obreros fabriles. Plejánov buscaba vínculos con sus antiguos contactos obreros, entre ellos Stepan Jalturin, de la Unión de Obreros Rusos del Norte. Pero la marea discurría con fuerza en favor del terrorismo, incluso entre los obreros avanzados. El propio Jalturin participó, en febrero de 1880, en un atentado contra la vida del zar. Los seguidores de Cherny Peredel estaban totalmente aislados. El golpe final vino en enero de 1880 cuando, poco después de aparecer el primer ejemplar del periódico del grupo, la policía descubrió la imprenta clandestina y deshizo prácticamente toda la organización en Rusia. El futuro de la tendencia no terrorista del narodnismo, como Trotsky observó más tarde, no podía ser un fenómeno independiente, sino sólo una breve y sombría transición hacia el marxismo.

En el otro lado de la vertiente, los seguidores de Naródnaya Volya parecían estar haciendo espectaculares avances. Increíblemente, una diminuta organización de no más de unos pocos cientos de hombres y mujeres mantenía al zar prácticamente como un prisionero en su propio palacio. Durante un período, la marea fluyó irresistiblemente en la dirección de Naródnaya Volya, que representaba a los elementos con mayor determinación y más revolucionarios de la juventud. La nueva organización, altamente centralizada y operando en la más absoluta clandestinidad, estaba encabezada por un Comité Ejecutivo, que consistía de A.I. Zhelyabov, A.D. Mijaílov, M.F. Frolenko, N.A. Mozorov, Vera Figner, Sophia Perovskaya y otros. En comparación con el viejo movimiento narodnik, el programa de Naródnaya Volya representaba un avance, en la medida en que estaba por una lucha política clara contra la autocracia. Lenin, que siempre hizo homenaje al heroísmo altruista de los narodnovoltsy al tiempo que criticaba implacablemente la táctica del terrorismo individual, escribió más tarde: "Los miembros de Naródnaya Volya dieron un paso adelante cuando adoptaron la lucha política, pero no consiguieron conectar con el socialismo"25.

El programa de Naródnaya Volya preveía un "organismo representativo popular permanente" elegido por sufragio universal, la proclamación de las libertades democráticas, la transferencia de la tierra al pueblo, y medidas que pusieran las fábricas en las manos de los obreros. El movimiento atrajo a muchos de los más valientes y sacrificados elementos, incluyendo Jalturin de la Unión de Obreros Rusos del Norte. Este mostró gran arrojo e iniciativa al obtener un puesto de trabajo como carpintero del yate imperial. En febrero de 1880, habiéndose ganado la confianza oficial como trabajador modelo, consiguió colocar una potente bomba dentro del Palacio de Invierno, donde estaba llevando a cabo reparaciones, ¡haciendo saltar por los aires el palacio del zar en el medio de la capital! No obstante, la respuesta del Estado fue la de recrudecer la represión, creando en la práctica una dictadura bajo el general Melikov. El caso de Jalturin es particularmente trágico. Había intuido la contradicción entre la necesitad de construir el movimiento obrero y el terrorismo, como Venturi explica: "Jalturin estaba constantemente dividido entre su afán por la coacción y sus deberes como un organizador obrero. Dio rienda suelta a sus sentimientos cuando dijo que los intelectuales le habían obligado a empezar de la nada después de cada acto de terrorismo y sus inevitables pérdidas. ‘Si nos dieran un poquito de tiempo para recuperarnos’, decía en cada ocasión. Pero al final también él fue arrastrado por la sed de acción inmediata que le llevó al patíbulo con los otros"26.

Los propios éxitos de los terroristas contenían las semillas de su propia desintegración. El asesinato del zar en 1881 desencadenó un reinado de represión en el cual el terror del individuo contra los ministros y la policía dio paso al terror de la totalidad del aparato estatal contra el movimiento revolucionario en general. "Rusia estaba dividida en una serie de distritos", recuerda Kropotkin, "cada uno de ellos bajo un gobernador general que recibía la orden de ahorcar despiadadamente a los infractores. Kowalski y sus amigos, cuyos disparos no habían matado a nadie, fueron ejecutados. La horca se puso en el orden del día. Veintitrés personas perecieron en dos años, incluyendo un joven de 19 años que fue sorprendido pegando una proclama revolucionaria en una estación de ferrocarril: Este acto era la única acusación en contra de él. Era un chico, pero murió como un hombre"27.

Una chica de 14 años fue deportada de por vida a Siberia por intentar enardecer a una multitud para liberar a algunos prisioneros de camino a la horca. Se quitó la vida ahogándose. Los prisioneros se pasaban años enteros en prisión preventiva —las prisiones eran nidos de fiebre tifoidea— donde el 20% moría cada año esperando su juicio. Al tratamiento brutal de los guardianes respondían con huelgas de hambre, que eran combatidas forzándoles el alimento. Incluso aquellos que fueron absueltos todavía se les mandaba a Siberia, donde morían lentamente de hambre por la insuficiencia de los medios suministrados por las autoridades. Todo esto alimentó la indignación de la juventud que ardía con el deseo de venganza. Las víctimas del Terror Blanco fueron sustituidas con nuevos miembros, que simplemente terminaron como nuevas víctimas del ciclo infernal de represión-terrorismo-represión. Una generación entera pereció de esta manera, y al final del día, el Estado, que no descansa sobre generales o jefes de policía a título individual, emergió más fuerte que nunca, a pesar del hecho de que Naródnaya Volya consiguió asesinar a toda una serie de oficiales zaristas prominentes.

El nuevo procurador general, el ministro Pobedonóstsev, prometió un reinado de "hierro y sangre" para liquidar a los terroristas. Una serie de leyes draconianas dio al Gobierno amplios poderes para arrestar, censurar y deportar, que afectaron no sólo a los revolucionarios, sino incluso a las tendencias liberales más moderadas. Aumentó la opresión nacional con la supresión de todas las publicaciones en idiomas no rusos. Se aprobaron leyes para fortalecer el control de los terratenientes sobre los campesinos. Una oleada de reacción azotó las escuelas y universidades, diseñada para aplastar cualquier forma de pensamiento independiente y quebrar el espíritu rebelde de la juventud. Contrariamente a las expectativas de los terroristas, no hubo ninguna sublevación de las masas, ningún movimiento general de oposición. Muy pronto, todas las esperanzas nacidas de una generación de heroísmo y autosacrificio fueron reducidas a cenizas. El ala terrorista del narodnismo fue diezmada rápidamente por una oleada de arrestos. Para 1882, con su centro liquidado y sus líderes en la cárcel, el movimiento narodnik se rompió en miles de fragmentos. No obstante, en el momento en el que las campanadas a muerte del viejo narodnismo estaban sonando, un nuevo movimiento iba ganando terreno rápidamente en el resto de Europa, y una nueva correlación de fuerzas estaba emergiendo en la propia Rusia atrasada.

Durante años, las ideas de Marx y Engels (aunque de forma incompleta y vulgarizada) les habían sido familiares a los revolucionarios rusos. Marx y, en especial, Engels habían participado en polémicas con los teóricos narodnikis. Pero el marxismo nunca había tenido muchos partidarios. Su negación del terrorismo individual, su rechazo de una "vía especial al socialismo ruso" y del supuesto papel dirigente del campesinado en la revolución, era más de lo que la juventud revolucionaria podía tragar. En comparación con la "propaganda de los hechos" de Bakunin, la idea de que Rusia tendría que pasar por la dolorosa escuela del capitalismo les olía a pasividad y derrotismo.

La vieja generación de narodnikis tenía un desdén por la teoría apenas disimulado. En la medida en que recurrían a argumentos ideológicos, real-mente era como una ocurrencia tardía para justificar los cambios y giros prácticos del movimiento. En cambio, habían planteado la idea del papel central del campesinado, de la supuesta "misión histórica especial" de Rusia, del paneslavismo y del terrorismo. Tras haberse roto la cabeza contra una sólida pared, los ideólogos del narodnismo, en lugar de admitir honestamente sus errores e intentar elaborar una estrategia y táctica alternativas, procedieron a reafirmar las viejas ideas en bancarrota y, de esa manera, se hundieron aún más en un marasmo de confusión.

El primer acto de la nueva tendencia representada por Plejánov y un diminuto puñado de colaboradores fue construir firmes cimientos para el futuro sobre la base de ideas, teorías, tácticas y estrategia correctas. Esta fue la gran contribución de Plejánov, sin la cual el futuro desarrollo del bolchevismo hubiera sido impensable. Aunque todavía, en sus propias palabras, "un narodnik hasta la punta de los dedos", Plejánov buscó una respuesta a los problemas planteados por la crisis de la ideología narodnik en un concienzudo estudio de las obras de Marx y Engels. Forzado a huir al extranjero en enero de 1880, había conocido y discutido con marxistas franceses y alemanes por entonces enzarzados en una feroz lucha ideológica con los anarquistas. Este encuentro con el movimiento obrero europeo fue un punto de inflexión decisivo en el desarrollo de Plejánov.

En la clandestinidad rusa se podían conseguir muy pocas obras de Marx y Engels, y eran principalmente sobre cuestiones económicas. Como otros de su generación, Plejánov conocía bien El Capital de Marx, el cual los censores zaristas consideraban demasiado difícil y abstracto como para ser peligroso. Resulta dudoso que los propios censores pudieran entenderlo, así que, se preguntaban, ¿cómo podría tener pies y cabeza para los trabajadores? Libres temporalmente de las presiones de la participación directa en la lucha revolucionaria en Rusia, Plejánov y los demás tenían la enorme ventaja de poder acceder a la literatura que allí era inasequible. Fue toda una revelación para él.

Su estudio de la filosofía marxista, los escritos acerca de la lucha de clases y la concepción materialista de la historia arrojó nueva luz en las perspectivas para la revolución en Rusia. Una por una, las viejas ideas del terrorismo, anarquismo y narodnismo se desmoronaron bajo la embestida de la crítica marxista. Más tarde resumiría así su experiencia: "Quien no haya vivido con nosotros aquellos momentos, difícilmente podrá imaginar el fervor con que estudiábamos la literatura socialdemócrata, en la que ocupaban, por supuesto, un primerísimo lugar las obras de los teóricos alemanes. Y cuanto más concienzudamente nos empapábamos de la literatura socialdemócrata, más nos dábamos cuenta de los puntos débiles de nuestras opiniones anteriores, más nos convencíamos de la corrección de nuestra propia evolución como revolucionarios. (...) La teoría de Marx, como el hilo de Ariadna, nos sacó del laberinto de contradicciones en que se habían encerrado nuestros pensamientos bajo la influencia de Bakunin"28.

No obstante, la ruptura con el pasado no fue fácil de conseguir. Deutsch y Zasúlich en particular tenían todavía ilusiones en los terroristas. De hecho, cuando le llegó al grupo la noticia del asesinato del zar, todos ellos, con la excepción de Plejánov, estaban a favor de volver a Naródnaya Volya. Había que pasar por la experiencia. De cualquier forma, Plejánov comprendió que los cuadros del futuro partido obrero marxista ruso no podían caer de las nubes. Naródnaya Volya representaba la tradición de toda una generación de lucha contra el zarismo. Semejante movimiento, empapado de la sangre de incontables mártires revolucionarios, no podía ser descartado a la ligera. Precisamente por sus tradiciones, el movimiento narodnik, incluso en el período de su degeneración, siguió atrayendo a muchos jóvenes que confusamente buscaban una vía a la revolución social. Uno de estos fue Alexander Ulyánov, el hermano de Lenin, que fue ejecutado por su participación en un complot contra la vida de Alejandro III en 1887. El propio Lenin tenía simpatía por los narodnikis, y casi con certeza que comenzó su vida política como un seguidor de Naródnaya Volya. El primer deber de los marxistas rusos fue el de salvar a gente como esta de los gestos terroristas fútiles.

A pesar de la pequeñez de sus fuerzas, el grupo de Plejánov causó alarma en los círculos dirigentes narodnikis, que inmediatamente trataron de sofocar la voz del marxismo por medios burocráticos. Los intentos del grupo de encontrar una vía hacia la juventud revolucionaria en Rusia pronto chocó con una muralla de obstáculos levantada por los líderes de derechas narodnikis que controlaban la prensa del partido. Los editores de Vestnik Narodnoi Voli (El Heraldo de la Voluntad del Pueblo) rehusaron incluso imprimir la obra de Plejánov El socialismo y la lucha política, su obra pionera dirigida contra el anarquismo. Al principio, Tijomírov, el entonces líder de Naródnaya Volya, parecía inclinarse a aceptar la petición del grupo de entrar en la organización como una tendencia, pero después de la publicación de El socialismo y la lucha política, Tijomírov rápidamente cambió de idea y prohibió la admisión de un grupo organizado dentro de Naródnaya Volya. Primero tenían que disolverse y después cada solicitud de militancia se consideraría individualmente. Ahora ya estaba clara para todos la imposibilidad de una reconciliación y en septiembre de 1883 los marxistas formaron el Grupo Emancipación del Trabajo Ruso.

En el momento de la escisión, el grupo comprendía no más de cinco miembros: Plejánov, Axelrod y Vera Zasúlich, todos ellos figuras muy conocidas en el movimiento narodnik. Vera Zasúlich disfrutó de una fama europea a raíz del asunto Trépov. Lev Deutsch (1855-1941), el marido de Zasúlich, había sido un propagandista narodnik en el sur de Rusia al final de la década de 1870. El papel de Vasily Nikolaevich Ignanov (1854-85) es menos conocido. Había estado exiliado en Rusia Central por participar en una manifestación estudiantil. Contribuyó con una gran cantidad de dinero que posibilitó al grupo empezar su actividad antes de que, muy joven, muriese trágicamente de tuberculosis lo que en la práctica le impidió jugar un papel mucho más activo. Deutsch, habiendo sido arrestado en Alemania en 1884, fue enviado a Rusia para recibir una larga sentencia en prisión y esto, junto a la muerte de Ignátov, redujo al grupo a, prácticamente, tres personas.

Delante de ellos se hallaban muchos años de lucha dura y solitaria a la sombra del tedioso anonimato. Supone una forma peculiar de valentía para una pequeña minoría tomar una decisión consciente de luchar contra la corriente, aislados de las masas, en duras condiciones de exilio, con los más escasos recursos y con aparentemente todo en contra. Las fuerzas del marxismo ruso, no por última vez, fueron reducidas al papel de "una voz clamando en el desierto". Lo único que les mantenía era su confianza en las ideas, teoría y perspectivas. Y esto a pesar del hecho de que sus ideas parecían chocar con la realidad. El movimiento obrero en Rusia estaba todavía en sus etapas iniciales. Es verdad que se daban los comienzos de un movimiento huelguístico, pero eso quedaba lejos del alcance de los socialistas. Tales grupos de obreros todavía estaban dominados por ideas narodnikis. La todavía débil voz del Grupo Emancipación del Trabajo no se oía en las fábricas. Incluso los estudiantes, todavía bajo el hechizo de tendencias anarquistas y terroristas, demostraron ser difíciles de alcanzar.

En una carta escrita a Axelrod en marzo de 1889, Plejánov escribió: "Todos (tanto ‘liberales’ como ‘socialistas’) dicen unánimemente que la juventud ni siquiera escuchará a aquellos que hablen contra el terrorismo. En vista de esto tendremos que tener cuidado".

El Grupo Emancipación del Trabajo, tan pronto como se formó, se enfrentó a ataques fuertes desde todos los lados por su supuesta "traición" al narodnismo "revolucionario". Desde el exilio, Tijomírov escribió a sus compañeros en Rusia advirtiéndoles de que no tuvieran nada que ver con el grupo de Plejánov. El caudal de calumnias y malinterpretaciones tuvo un efecto. El viejo bakuninista Zhobovski comentó sarcásticamente: "Vosotros no sois revolucionarios, sino estudiantes de sociología". El tema constante de estos ataques era que las ideas de Marx no se podían aplicar a Rusia y que el programa de Plejánov había sido "escrupulosamente copiado del alemán"29.

La década de 1880 vio la victoria decisiva de las ideas del marxismo en el movimiento obrero europeo. Los miembros del Grupo Emancipación del Trabajo, debido a su aislamiento del movimiento en Rusia, instintivamente se acercaron a los poderosos partidos de la Internacional Socialista. Plejánov y sus compañeros escribieron para su prensa y hablaron en sus congresos —especialmente los del partido alemán, el partido de Marx, Engels, Liebknecht y Bebel—. Obtuvieron consuelo moral de los sólidos logros de la socialdemocracia europea. Las fuerzas del marxismo ruso eran pequeñas, pero formaban un destacamento de un poderoso ejército proletario, sumando millones en Alemania, Francia, Bélgica. Aquí estaba la prueba viva de la superioridad del marxismo, no en el lenguaje de El Capital, sino en las estadísticas de militancia sindical, agrupaciones del partido, votos y fracciones parlamentarias.

No obstante, incluso el apoyo de la socialdemocracia europea era menos que incondicional. Durante años sus líderes habían mantenido relaciones amistosas con los líderes narodnikis como Lavrov. En privado, los líderes socialdemócratas miraban con recelo a lo que no parecía ser más que la sombra de un grupo sectario excéntrico. La mordacidad de las polémicas de Plejánov contra figuras del aparato narodnik, conocidas internacionalmente, causó consternación. "Para decir la verdad", escribió Plejánov, "nuestra lucha contra los bakuninistas algunas veces dio lugar a temores incluso entre los socialdemócratas occidentales. Lo consideran inoportuno. Temían que nuestra propaganda causara una escisión en el partido revolucionario y debilitara la energía de la lucha contra el Gobierno".

Particularmente dolorosas deben de haber sido las reservas que Engels expresó en su correspondencia con Vera Zasúlich. Como punto de partida del análisis, Engels aceptó la imposibilidad de construir el socialismo en un país atrasado como Rusia. El propio Marx, en su prefacio de 1882 a la edición rusa de El Manifiesto Comunista, y en otros escritos, no descartó la posibilidad de construir una sociedad sin clases en Rusia sobre las bases de la comunidad del pueblo (el mir), pero lo vinculó firmemente a la perspectiva de la revolución socialista en los países desarrollados de Europa Occidental. "Si la revolución rusa", escribió, "da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para el desarrollo comunista"30.

En su carta a Zasúlich, fechada el 23 de abril de 1885, Engels se expresa cautelosamente sobre el libro de Plejánov Nuestras diferencias. A pesar de todo, el viejo Engels expresó su orgullo de que "en el seno de la juventud rusa existe un partido que acepta con franqueza y sin ambigüedades las grandes teorías históricas y económicas de Marx y que ha roto decisivamente con todas las tradiciones anarquistas y frívolamente eslavófilas de sus predecesores"31.

Este no fue el caso de muchos de los líderes de la Internacional Socialista que despreciaban al diminuto grupo de marxistas rusos.

Basados ya en poderosos partidos con apoyo de masas, en su corazón los líderes obreros occidentales se mostraban escépticos sobre las posibilidades de crear un partido marxista obrero revolucionario en Rusia. Superficialmente respetuosos con Plejánov y su grupo, en privado se rascaban la cabeza con perplejidad. ¿Cuál era el motivo de todas aquellas disputas interminables acerca de oscuros aspectos de la teoría? ¿Era realmente necesario escindirse sobre tales cuestiones? ¿Por qué no pueden estos rusos poner su propia casa en orden?

Su actitud escéptica parecía estar justificada por la pequeñez del grupo y la lentitud de su progreso. En comparación, los narodnikis tenían una organización mucho más grande, con más recursos y una influencia infinitamente mayor dentro y fuera de Rusia. Pero el aparentemente insignificante grupo de Plejánov representaba el embrión de un poderoso partido revolucionario de masas; un partido que, en un comparativamente breve lapso de 34 años, estaba destinado a dirigir a los obreros y campesinos rusos a la conquista del poder y el establecimiento del primer Estado obrero democrático de la historia.

 

 

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25. Lenin, Obras completas, La clase obrera y la democracia burguesa, Vol. 8, pág. 72.

26. Venturi, op. cit., pág. 706.

27. Kropotkin, op. cit., Vol. 2, pág. 238.

28. Citado en Baron, op. cit., pág. 95.

29. Citado en Baron, op. cit., pág. 166 en ambas citas.

30. Marx y Engels, Obras escogidas, Manifiesto del Parido Comunista, Vol. 1, pág. 102.

31. Marx y Engels, Correspondencia selecta, pág. 364.