bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Primera parte    
       
 

El nacimiento del marxismo ruso

 

   

 

 Confusión en las filas

 

La caricatura de Lenin como un "dictador despiadado" y un maniobrero cínico, pisoteando brutalmente a sus antiguos compañeros para concentrar el poder en sus manos, no se corresponde con los hechos. En su Recuerdo de Lenin, Krúpskaya, describe a Lenin sufriendo sobre la escisión con Mártov:

"Había momentos en que veía con claridad que la ruptura era inevitable. Una vez empezó a escribir una carta a Kler [Krzyzanowski] en la cual le decía que éste no tenía absolutamente ninguna idea de la situación que se había creado, que había que darse cuenta de que las antiguas relaciones se habían modificado radicalmente, de que la antigua amistad con Mártov había tocado a su fin, de que empezó la lucha. Vladímir Ilich ni mandó ni terminó esa carta. Le era extraordinariamente doloroso romper con Mártov. El período de trabajo en el antiguo Iskra les había unido estrechamente. Extraordinariamente impresionable, Mártov en aquellos tiempos sabía apoderarse con precisión de las ideas de Ilich y desarrollarlas con talento. Después Vladímir Ilich combatió furiosamente a los mencheviques pero cada vez que Mártov rectificaba, por poco que fuera, su línea, despertaba en Ilich la antigua amistad por aquél. Así fue por ejemplo en 1910, en París, cuando Mártov y Vladímir Ilich trabajaban juntos en la Redacción de Socialdemócrata. Al volver de la Redacción Vladímir Ilich habló más de una vez con alegría de que Mártov había tomado una orientación acertada, de que incluso se pronunciaba abiertamente contra Dan. Y más tarde, en Rusia, ¡qué contento estaba de la actitud de Mártov durante las Jornadas de Julio [en 1917], no porque esto fuera beneficioso para los bolcheviques, sino porque Mártov mantenía la actitud digna que convenía a un revolucionario! Cuando Vladímir Ilich estaba ya gravemente enfermo, una vez me dijo tristemente: ‘Parece ser que Mártov también se está muriendo".

Esto era típico de un aspecto del carácter de Lenin que a menudo se pasa por alto. Completamente carente de sentimentalismo, Lenin nunca se permitió confundir cuestiones personales con principios políticos. Pero Lenin sabía reconocer el talento de otra gente y no permitía fácilmente que se perdiesen para la causa. La saña personal era algo completamente desconocido para este hombre que durante toda su vida demostró la lealtad más grande a los otros compañeros. En los meses que siguieron al Congreso, el propio Lenin hizo intentos repetidos para restablecer la unidad, e incluso ofreció hacer una serie de concesiones que, en la práctica, representaban un abandono de las posiciones que la mayoría ganó en el Congreso. Krúpskaya recuerda que:

"Después del Congreso, Vladímir Ilich no hizo objeción alguna a la proposición de cooptar la Redacción antigua; mejor era que las cosas fueran como antes que no la escisión. Los mencheviques rechazaron la proposición. En Ginebra, Vladímir Ilich intentó ponerse de acuerdo con Mártov; escribió a Potrésov tratando de persuadirlo de que no había por qué ir a la escisión. Escribió asimismo a propósito de la escisión a Kalmíkova (la Tía), contándole cómo había pasado todo. No se resignaba a creer que no había modo de encontrar una salida"156.

Tan pronto como el Congreso terminó, Lenin se acercó a Mártov para tratar de llegar a un acuerdo. Mártov escribió a Axelrod una carta fechada el 31 de agosto: "He visto a Lenin una vez [desde el Congreso]. Me pidió que hiciese sugerencias sobre colaboración. Le dije que le daría una respuesta formal cuando hubiésemos considerado juntos esta propuesta formal, pero mientras tanto, rehusé. Habló mucho sobre el hecho de que rehusando colaborar, estábamos ‘castigando al Partido’, que nadie esperaba que boicoteásemos el periódico. Incluso declaró en público que estaba dispuesto a dimitir si eso lo decidía el viejo Comité de Redacción, y que su intención era la de trabajar el doble como colaborador"157.

Si hubiera dependido de Lenin, la escisión se hubiera resuelto rápidamente. Pero la reacción casi histérica de la minoría hizo imposible un acuerdo. Derrotados en el Congreso, lanzaron una serie de ataques violentos contra Lenin y la mayoría. Mártov publicó un folleto acusando a Lenin de causar un "estado de sitio" en el partido. Se generó una atmósfera acalorada, fuera de toda proporción en relación con la importancia de los temas que aparentemente estaban en juego. Osip Pyatniski, que estaba encargado de la distribución del Iskra en Berlín, recuerda la sorpresa y consternación en la base cuando oyeron el informe del Congreso:

"Escuchamos los informes de ambas partes sobre el Congreso, y rápidamente empezó la agitación a favor de una tendencia o la otra. Me sentí atrapado en un doloroso dilema. Por un lado, me daba pena que se le hubiera ofendido a Zasúlich, Potrésov y Axelrod, quitándoles del Comité de Redacción de Iskra. (...) Por otro, estaba totalmente a favor de la estructura organizativa del Partido que propuso Lenin. Mi lógica estaba con la mayoría, pero mis sentimientos, por así decirlo, estaban con la minoría"158.

Pyatnitsky no se encontraba sólo en su actitud hacia la escisión: "Las noticias de la escisión nos chocaron como un rayo de un cielo azul. Sabíamos que el II Congreso iba a ser testigo de los últimos movimientos en la lucha con la Causa Obrera [los economicistas], pero que el cisma iba a tomar un curso que pondría a Mártov y a Lenin en dos bandos opuestos y que Plejánov se iba a ‘escindir’ a medio camino entre los dos, nada de esto entraba fácilmente en nuestras cabezas. La primera cláusula de los estatutos del Partido... ¿era esto algo que realmente justificase la escisión? Una redistribución de tareas en el Comité de Redacción... ¿qué pasa con toda esta gente en el extranjero, se han vuelto locos?"159.

Esta cita de Lunacharski, quien iba a convertirse en uno de los principales lugartenientes de Lenin en los siguientes dos años, era un reflejo fehaciente de la reacción de la mayoría de los miembros del Partido hacia la escisión del II Congreso. El ambiente predominante era contra la escisión, y el significado real de ésta no estaba claro ni siquiera para los principales protagonistas.

La confusión de la base era comprensible. Hasta este momento, no había diferencias políticas obvias entre la mayoría y la minoría. Independientemente del comportamiento deplorable de los martovistas, cuyos ataques rencorosos y boicot del trabajo del partido reflejaban un orgullo herido de intelectuales individualistas, no dispuestos a someter sus inclinaciones personales a la voluntad de la mayoría, las auténticas diferencias entre el bolchevismo y el menchevismo se encontraban muy lejos de estar claramente definidas en esta etapa. Es verdad que los gérmenes de estas diferencias ya estaban presentes en 1903, pero por el momento no habían adquirido todavía un contenido político concreto. Más bien era una diferencia de actitudes, como lo reflejaba la caracterización de Lenin de las dos tendencias como los "duros" y los "blandos". No obstante, el choque de estas dos tendencias sin duda anunció la futura división entre el bolchevismo y el menchevismo, que sólo tuvo lugar finalmente en 1912, después de una década de intentos incesantes por parte de Lenin para unir el partido sobre una base de principios. El propio Lenin explicó la razón de la escisión en el siguiente párrafo:

"Cuando examino la conducta de los martovistas después del Congreso, su negativa a colaborar (a pesar de la invitación oficial de la Redacción del Comité de Organización), su negativa a trabajar en el CC, su propaganda a favor del boitcot, lo único que puedo decir es que se trata de una tentativa insensata, indigna de miembros del Partido, encaminada a destruirlo... ¿por qué? Sólo porque no están satisfechos con la composición de los organismos centrales, pues objetivamente es esto lo único en que discrepamos, mientras que las apreciaciones subjetivas (del tipo de afrenta, insulto, expulsión, etc., etc.) son fruto del amor propio ofendido y de una imaginación enfermiza"160.

Los martovistas, rechazando todos los intentos de reconciliación de Lenin, siguieron adelante con su campaña de agitación. Tenía fuerza sobre todo en el extranjero. Tenían dinero y contactos cercanos con los líderes de la socialdemocracia europea. En septiembre de 1903, el grupo de Mártov dio el primer paso en dirección de una escisión con el establecimiento de un "Buró de la Minoría", con el propósito de captar los organismos dirigentes del Partido mediante todos los medios disponibles. Empezaron a publicar su propio material político fraccional para distribución en Rusia. A pesar de todo esto, Lenin todavía depositaba sus esperanzas en la reconciliación. El 4 de octubre de 1903, se celebró una reunión entre Lenin, Plejánov y Lengnik por la mayoría y Mártov, Axelrod, Zasúlich y Potrésov por la minoría. La mayoría estaba dispuesta a hacer concesiones, pero cuando la minoría reaccionó exigiendo una anulación total de las decisiones del Congreso, se volvió claro que era imposible un acuerdo. Aceptar tal exigencia supondría echar el reloj atrás a la situación que prevalecía antes del II Congreso.

La lucha fraccional tiene su propia lógica. Con el repudio del II Congreso y la defensa del amorfismo organizativo bajo el pretexto de una supuesta "lucha contra el centralismo", la postura de la minoría sobre las cuestiones organizativas se volvieron gradualmente indistinguibles de las posiciones de los economicistas con los que, sólo ayer, habían estado en desacuerdo. El "bloque" fortuito de los blandos con el ala derecha de los economicistas en el Congreso, que Lenin ya había observado, se convirtió gradualmente en una fusión. El economicista extremo Akimov, con una ironía maliciosa, notó la aproximación de la minoría a las viejas posiciones oportunistas del economicismo: "El acercamiento de los iskristas ‘blandos’ hacia los llamados economicistas en cuestiones organizativas y tácticas es reconocido por todo el mundo excepto por los propios "blandos". No obstante, están dispuestos a admitir que ‘podemos aprender un montón de los economicistas’.

"Incluso en el [II] Congreso, los delegados de la Unión [es decir, los economicistas] apoyaron a los mencheviques y votaron por la formulación de Mártov. Hoy, todos los miembros de la antigua Unión [es decir, la Unión de los Social Demócratas Rusos en el Extranjero controlada por los economicistas] consideran las tácticas de los "blandos" más correctas y como una concesión a su propio punto de vista. Cuando se desmanteló, la Organización de Obreros de Petersburgo [economicista] se declaró del lado de los mencheviques"161.

Las diferencias llegaron a un punto crítico en el II Congreso de la Liga de la Social Democracia Rusa en el Extranjero celebrada en Ginebra en octubre de 1903. Después del Congreso del POSDR, la minoría había tratado de encontrar un punto de apoyo para sus posturas. La Liga de la Social Democracia Rusa en el Extranjero era poco más que una organización sobre el papel —habían salido un par de folletos con su nombre, pero su actividad era prácticamente nula, algo lógico ya que el centro de gravedad se encontraba ahora en Rusia. Inmediatamente después de la escisión, los martovistas decidieron convocar una conferencia de la Liga en Ginebra. Esto se hizo de una forma fraccional; conocidos seguidores de la mayoría no fueron informados de la reunión, mientras que se trajo a seguidores de la minoría hasta desde Gran Bretaña. Lenin dio un informe del Congreso del Partido en términos comedidos, pero recibió una ataque cortante de Mártov, que envenenó la atmósfera desde el principio.

En el II Congreso del Partido se decidió que la Liga fuera la organización oficial del Partido en el extranjero con el mismo status que un comité local del Partido en Rusia. Esto significaba claramente que estaría bajo el control del CC. Pero la minoría, que controlaba la Liga, no aceptó esto y aprobó nuevos reglamentos concediendo a la Liga independencia del CC, con vistas a volverla una base para el trabajo fraccional contra la mayoría. Lengnik propuso que esto se remitiera al CC y cuando fue rechazado, los representantes de la mayoría, indignados, abandonaron el Congreso.

Pyatniski, entonces un joven trabajador técnico en el Iskra, describe su perplejidad por la atmósfera fraccional y rencorosa de la conferencia, donde las fuerzas de la minoría y la mayoría estaban divididas a partes iguales: "El Congreso empezó. Los mencheviques se sentaron a un lado, los bolcheviques al otro. Yo era el único que no me había pasado definitivamente a un lado u otro. Tomé un asiento con los bolcheviques y voté con ellos. Plejánov dirigía los bolcheviques. El mismo día, creo, los bolcheviques, con Plejánov a la cabeza, abandonaron el Congreso. Yo, no obstante, me quedé. Tenía claro que la salida de los Bolcheviques, la mayoría, de la Organización Central y del Consejo del Partido forzaría a la minoría o bien a someterse a las decisiones del II Congreso, o bien a romper con el Partido. ¿Y qué podía hacer yo? Nada. Ambos lados podían jactarse de grandes líderes, miembros del Partido responsables que ciertamente tenían que saber lo que estaban haciendo. Mientras que atendía las sesiones del Congreso de la Liga, después de la salida de los bolcheviques, finalmente decidí adherirme al lado de estos últimos y también me marché del Congreso"162.

En una reunión improvisada precipitadamente en una cafetería cercana, Plejánov denunció indignado el comportamiento de la minoría y propuso un plan de acción para luchar contra ésta. No obstante, en privado, Plejánov estaba lleno de dudas. Éste, que al principio estaba firme en defensa de la posición de Lenin, que sabía que era correcta, empezó a flaquear tan pronto como quedó claro que se estaba abriendo un abismo entre la mayoría y sus viejos amigos y colegas. ¿Había actuado correctamente posicionándose al lado de Lenin? ¿Merecía la pena romper el partido por unos pocos puntos del reglamento? Lenin y él habían hecho toda concesión posible a la minoría, pero ésta exigía rendición total. ¿Qué había de malo en cooptar a todos los viejos editores en nombre de la paz? Después de todo, el viejo sistema, con todas sus faltas, era mejor que esto.

Lenin, también, estaba a favor de concesiones, e incluso contempló la cooptación de los antiguos editores. Pero la experiencia le demostró que cada oferta de concesión simplemente incrementaba la intransigencia de la minoría. Con reticencia, Lenin aceptó el reto porque más repliegues dañaría la causa del Partido. La ruptura con Mártov había sido extremadamente dolorosa, incluso traumática, para Lenin, el cual confesó a Krúpskaya que ésta fue la decisión más difícil de su vida. Pero para Lenin los intereses del Partido, la clase trabajadora y el socialismo eran más importantes que ninguna consideración personal.

Plejánov era un tipo totalmente diferente. Víctima del "mar muerto de la vida de emigrado que arrastra a uno al fondo"163, Plejánov demostró ser incapaz de realizar la transición al nuevo período histórico, un período de revolución que ponía nuevas exigencias sobre el partido y la dirección. Lo más asombroso no era que hubiese capitulado, sino que se hubiera posicionado con Lenin en primer lugar. Tiene su mérito que el hombre intentase al menos realizar la transición, y no sólo en esta ocasión. Más tarde, en 1909, nuevamente giró a la izquierda y entró en un bloque con los bolcheviques. Pero éste fue su último intento antes de que finalmente virara a la derecha, para terminar trágicamente en el bando de la reacción patriótica en los últimos años de su vida. Trotsky señalo en una ocasión que, para ser un revolucionario, no es suficiente tener una comprensión teórica. También es necesario tener la necesaria fuerza de voluntad. Sin esto, un revolucionario es como "un reloj con un muelle roto". La frase describe acertadamente el lado débil de Plejánov, quien, a pesar de su tremenda contribución, finalmente le minó y le destruyó.

En la tarde del 18 de octubre se dio la ruptura con Plejánov. En una reunión de la mayoría, sólo unos días después de que él propusiera una lucha acérrima contra los martovistas, Plejánov dio un giro de 180 grados y propuso hacer paces a cualquier precio: "No puedo disparar contra mis propios camaradas. Mejor un tiro en la cabeza que una escisión", exclamó. "Hay momentos en que incluso la autocracia tiene que ceder"164. Presentó sus exigencias en forma de ultimátum: o eran aceptadas, o dimitiría del Comité de Redacción. La deserción de Plejánov fue un golpe duro para la mayoría. Con graves dudas, pero todavía esperando facilitar la unidad, Lenin dimitió del Comité de Redacción poco después. No obstante, lejos de unir el Partido, la acción de Plejánov tuvo el efecto contrario. Los martovistas utilizaron este éxito simplemente para plantear nuevas exigencias: la cooptación de seguidores de la minoría al Comité Central y al Consejo del Partido y el reconocimiento de la discusión tenida en el II Congreso de la Liga de Social Demócratas en el Extranjero. Plejánov, habiendo capitulado una vez, ahora cedió a todas estas exigencias, que, en la práctica, anularon todas las decisiones del Congreso del Partido.

La situación de la mayoría parecía extremadamente sombría. La minoría controlaba ahora el órgano central, Iskra, la Liga en el Extranjero y el Consejo del Partido. Sólo el Comité Central permanecía, teóricamente, con la mayoría. Pero la mayoría estaba privada de una voz. Gradualmente, Iskra dejó de publicar los artículos y las cartas enviadas por los seguidores de la mayoría. Mientras tanto, los mencheviques explotaron hasta sus límites sus contactos y amistades personales con los líderes de la Internacional Socialista. Los bolcheviques tuvieron muy mala prensa en la Internacional Socialista.

En su autobiografía, Lyadov recuerda una conversación que tuvo con Kautsky en la que éste último expresó su exasperación: "¿Qué quieres? Nosotros no conocemos a vuestro Lenin. Es un hombre nuevo para nosotros. A Plejánov y Axelrod les conocemos muy bien. Estamos acostumbrados a enterarnos de lo que pasa en Rusia a través de sus explicaciones. Que quede claro que no creemos vuestra afirmación de que Plejánov y Axelrod se han vuelto oportunistas de repente. ¡Eso es absurdo!"

 

Rosa Luxemburgo-->

 

   
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156. Krúpskaya, Recuerdos de Lenin, págs. 113-4 y pág. 113.

157. Pis’ma PB Aksel’roda i YO Martova, pág. 87.

158. O. Pyatniski, op. cit., pág. 54.

159. A.V. Lunacharski, op. cit., pág. 36.

160. Lenin, Descripción del II Congreso del POSDR, Septiembre 1903, Obras completas, Vol. 7, pág. 34.

161. Akimov, A Short History of the RSDLP, pág. 332.

162. Pyatniski, op. cit., pág. 63.

163. Krúpskaya, O Vladimirye Ilyiche, Vol. 1, pág. 54.

164. Citado en Baron, op. cit., pág. 327.