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bolchevismo
El camino a la revolución |
| Primera parte | |||
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El nacimiento del marxismo ruso
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El II Congreso
El invierno de 1902-03 vio "una lucha desesperada de tendencias"144, pero gradualmente la superioridad política y organizativa de Iskra prevaleció. Uno tras otro los Comités se declararon a favor de la convocatoria del congreso. Solo unos pocos expresaron reservas. Yuzhny Rabochii criticó a Iskra por su duro tratamiento de los liberales. En su desesperación, los seguidores de Rabócheie Dielo intentaron escindir una serie de comités locales, incitando a los trabajadores contra los "intelectuales". Desgraciadamente, errores y torpezas de los seguidores de Iskra jugaron a favor de la oposición en algunas áreas. En San Petersburgo, permitieron que los seguidores de Rabócheie Dielo anularan la decisión de apoyar el congreso. No obstante, todo esto resultó ser sólo un pequeño tropiezo. Para las fechas en que se había convocado el congreso, sólo un comité, Voronezh, decidió quedarse al margen. El Congreso tuvo lugar finalmente el 17 de julio de 1903 en Bruselas, donde se celebraron las primeras trece sesiones. La atención de la policía forzó al Congreso a trasladarse a Londres donde se volvió a convocar como un club de pescadores de caña, cambiando de local periódicamente a diferentes lugares de reunión de los trabajadores para evitar ser detenidos. En el I Congreso, el movimiento en el interior había estado representado por solo cinco comités locales. Este Congreso podía plantear que representaba varios miles de miembros, con influencia sobre cientos de miles de trabajadores. La mayoría de los delegados eran jóvenes, en su mayoría con menos de 30 años. Lenin, con 33, era ya un veterano. El ritmo rápido de los acontecimientos revolucionarios en Rusia era un invernadero para el desarrollo de los cuadros jóvenes del marxismo. Sólo los antiguos miembros del Grupo Emancipación del Trabajo de Plejánov destacaron como los representantes de una vieja generación revolucionaria, que pertenecía a una época diferente, casi a un mundo diferente. La condición de aceptación como delegación era la de haber existido como una organización activa un mínimo de doce meses. Varios comités locales (Voronezh, Samara, Poltava, Kishinev) no fueron invitados por no cumplir con este requisito. Había 43 delegados con 51 votos de pleno derecho. En muchas áreas había más de un comité local y, en parte por esta razón, a estas delegaciones se le concedió dos votos de pleno derecho. Al Comité Central del Bund se le concedió tres votos (uno por la organización Bund en el extranjero), y a las dos organizaciones de Petersburgo, un voto a cada una. Además, había catorce personas presentes con un voto consultivo, incluyendo dos representantes de la socialdemocracia polaca y lituana que llegaron en el curso de la décima sesión. Ocupó mucho tiempo la cuestión de decidir qué lugar ocuparía el Bund en el partido. Este debate tuvo una importancia crucial para clarificar la actitud marxista hacia la cuestión nacional. La importancia histórica de ésto puede ser calibrada por el hecho de que sin una postura clara sobre la cuestión nacional, la revolución rusa nunca hubiera tenido éxito. En Historia de la Revolución Rusa, Trotsky da una definición sucinta de la postura bolchevique sobre la cuestión nacional: "Lenin había previsto con suficiente tiempo el carácter inevitable de los movimientos centrífugos nacionales en Rusia, y durante años enteros luchó en forma obstinada, especialmente contra Rosa Luxemburgo, por el famoso párrafo 9 del viejo programa del Partido, que formulaba el derecho de las naciones a disponer de sí mismas, es decir, a separarse completamente del Estado. Esto no significa que el Partido Bolchevique tomase sobre sí la propaganda separatista. Lo único que prometía era resistir con firmeza todo tipo de opresión nacional, incluida la retención forzada de una nacionalidad en los límites de un Estado común. Sólo de este modo pudo el proletariado ruso conquistar gradualmente la confianza de las nacionalidades oprimidas. "Pero éste es sólo un aspecto del asunto. La política bolchevique en el problema nacional tenía un segundo aspecto, que a pesar de su aparente contradicción con el anterior, en realidad lo complementaba. En el interior del Partido, y en general de las organizaciones obreras, el bolchevismo aplicaba el centralismo más riguroso, combatiendo sin tregua el menor contagio nacionalista que enfrentase a los obreros los unos a los otros o que pudiese dividirlos. Negando categóricamente al Estado burgués el derecho de imponer a una minoría nacional una residencia forzada y hasta una lengua oficial, el bolchevismo consideraba un deber sagrado vincular estrechamente en un gran todo a los trabajadores de las diversas nacionalidades, apelando a su voluntaria disciplina de clase. Por este motivo, se negaba en forma terminante a organizarse como una federación de secciones nacionales. Una organización revolucionaria no es el prototipo del Estado futuro sino el instrumento para su creación, y todo instrumento debe ser adecuado para fabricar el producto, pero no debe asimilarse a él. Sólo una organización centralizada permite el triunfo revolucionario, aunque se luche contra la centralización opresiva de las naciones"145. El Bund había jugado un papel importante en los primeros días del movimiento, por lo que ganó un considerable prestigio y le posibilitó ejercer una influencia decisiva en el I Congreso, donde entró en el POSDR sobre las bases de autonomía. La debilidad de la socialdemocracia rusa significó que el Bund, en la práctica, tuvo una existencia independiente hasta el II Congreso, desarrollando unas tendencias nacionalistas fuertes. En el II Congreso, los bundistas en la práctica hablaron como un partido independiente, que sólo estaba dispuesto a entrar en el POSDR sobre unas indefinidas bases federales, lo que hubiera supuesto la legalización de organizaciones separadas de los trabajadores judíos. Lieber, el portavoz bundista, lo justificaba por la posición especial de los trabajadores judíos, sufriendo no sólo opresión de clase sino también opresión racial, lo cual los trabajadores rusos no tendrían el mismo grado de interés en combatir. Mártov, respondiendo a Lieber, dijo: "En el fondo de este borrador está la presunción de que el proletariado judío necesita una organización política independiente para representar sus intereses nacionales entre los socialdemócratas de Rusia. Independientemente de la cuestión de organizar el partido sobre el principio de la federación o el de autonomía, no podemos permitir que ninguna sección del partido pueda representar el grupo, gremio o intereses nacionales de ninguna sección del proletariado. Las diferencias nacionales juegan un papel subordinado en relación con los intereses de clase comunes. ¿Qué tipo de organización tendríamos si, por ejemplo, en uno y el mismo taller, los trabajadores de las diferentes nacionalidades pensaran primero y como más importante la representación de su interés nacional?"146. Por supuesto, sobre bases puramente prácticas, sería posible conceder un cierto grado de autonomía a los grupos nacionales dentro del partido. No obstante, esto tendría un carácter puramente técnico, surgiendo de la necesidad, por ejemplo, de publicar material en los diferentes idiomas de los grupos implicados. No hubiera habido objeciones para que el Bund disfrutase la autonomía necesaria para producir material político del Partido en yiddish y realizar la agitación entre los obreros y artesanos judíos con material especial, etc. Pero lo que el Bund exigía era el derecho exclusivo a hablar en nombre del proletariado judío y, en la práctica, tener un monopolio de los asuntos judíos dentro del Partido. Cuando las pretensiones del Bund fueron rechazadas de forma decisiva, sus delegados abandonaron el Congreso. Pronto les siguieron los otros representantes del ala derecha, los economicistas Martynov y Akimov, que estaban presentes como representantes de los refugiados políticos de la Unión de Social Demócratas Rusos en el Extranjero, que se marcharon cuando el Congreso reconoció a la rival Liga de Social Demócratas Revolucionarios como los únicos representantes del partido en el extranjero. Estas autoexclusiones cambiaron de forma decisiva la correlación de fuerzas del Congreso. A lo largo de los años, los acontecimientos de este Congreso han sido oscurecidos con una costra de mitos, invenciones y falsedades descaradas. Se dice que el bolchevismo surgió completamente vestido y armado, como Palas Atenea de la cabeza de Zeus. No obstante, un examen más de cerca revela que la escisión entre los "bolcheviques" ("mayoritarios") y los "mencheviques" ("minoritarios"), o más exactamente entre los "duros" y los "blandos" en 1903 no era de ninguna forma final sino sólo una anticipación de diferencias futuras. El grupo de Iskra, en teoría, tenía una clara mayoría de 33 votos. Los oponentes abiertos de Iskra tenían ocho votos —tres economicistas y cinco bundistas—. El resto de los votos pertenecían a elementos indecisos y vacilantes, a los que Lenin posteriormente calificó como el "centro" o el "pantano". Al principio, todo parecía marchar suavemente para los iskristas. Había total unanimidad en el lado del Iskra sobre todas las cuestiones políticas. Pero, de repente, todo empezó a cambiar. Durante la 22º sesión, cuando el Congreso se había estado desarrollando durante dos semanas, empezaron a surgir diferencias entre Lenin y Mártov. La cristalización de dos tendencias dentro del Iskra fue bastante imprevista. Había habido tensiones, desde luego, pero nada que pudiera justificar una escisión. En una serie de temas secundarios (el papel del Comité de Organización, el grupo Bor’ba, Yuzhny Rabochii)147, se volvió claro que algunos de los seguidores de Iskra habían votado con el ala derecha y el "pantano". Pero estas cosas parecían ser meras anécdotas. En todas las cuestiones importantes, el Iskra siguió unido. Pero repentinamente, la unidad se rompió con un choque abierto entre Lenin y Mártov sobre un tema organizativo. La primera cláusula del reglamento del partido trataba de la cuestión de "¿Quién es un miembro?". El borrador de Lenin lo declara de la siguiente forma: "Un miembro del POSDR es áquel que acepta su programa, apoya al Partido económicamente y participa personalmente en una de las células del Partido". Mártov se opuso a esta claúsula y promovió como alternativa que un miembro fuese alguien que aceptase el programa, que apoyase económicamente al Partido y "diese regularmente al Partido su cooperación personal bajo la dirección de una de las células del Partido". A primera vista, hay sólo una pequeña diferencia entre las dos fórmulas. De hecho, el significado real de la diferencia sólo se volvió claro más tarde. "Las diferencias no estaban aún trazadas"; recuerda Trotsky, "había que moverse por tanteos y operando en base a imponderables"148. Pero detrás de la propuesta de Mártov había una cierta "blandura", una actitud conciliadora que suponía empañar las diferencias entre los miembros y los simpatizantes, entre los activistas revolucionarios y los compañeros de viaje. En un momento en el que todas las energías del Iskra tenían que haberse concentrado en combatir el viejo amorfismo anarquista y la mentalidad de círculo, la postura de Mártov representaba un gran paso atrás. No es de extrañar que llevase a una lucha aguda entre los seguidores de Iskra dentro y fuera del Congreso. En los meses y años posteriores al Congreso, se creó toda una mitología acerca de este incidente. Se afirma que Lenin defendió un centralismo dictatorial y un partido pequeño conspirador, mientras que el propósito de Mártov era una partido democrático de base amplia que permitiría a los trabajadores participar. Ambas ideas son completamente falsas. Para empezar, los seguidores de Iskra estaban de acuerdo sobre la necesidad de un partido fuerte centralizado. Ese era uno de los principales argumentos contra el federalismo nacional del Bund, en el que Mártov y Trotsky jugaron el papel principal. Justo antes de la discusión de la Cláusula Primera, se cita a Mártov en las actas diciendo: "Recordaría al compañero Lieber que nuestro principio organizativo no es la autonomía amplia sino la centralización estricta". Por cierto, el propio Bund era una organización altamente centralizada. Su supuesta oposición al centralismo sólo se aplicaba al partido en su conjunto y no reflejaba otra cosa que una defensa sin escrúpulos de sus propios intereses fraccionales. Y en cuanto al argumento demagógico de que la fórmula de Mártov era para "abrir el partido a los trabajadores", esto, también está malinterpretado. Al comienzo del debate, Axelrod dejó escapar sus auténticos pensamientos con el siguiente ejemplo, que realmente reveló lo que había detrás de su propuesta: "De hecho, tomemos por ejemplo a un profesor que se considera a sí mismo un socialdemócrata y así lo declara. Si adoptamos la fórmula de Lenin, estaremos tirando por la borda un sector de aquellos que, incluso si no pueden ser admitidos directamente a una organización son, no obstante, miembros. (...) Tenemos que tener cuidado de no dejar fuera de las filas del partido a gente que conscientemente, aunque quizás no muy activamente, se asocia con el Partido"149. La clase trabajadora y sus organizaciones no existen en el vacío, sino que están rodeadas de otras clases sociales y grupos. La presión de clases ajenas, (de la opinión pública burguesa y, especialmente, la presión de capas intermedias, la clase media, los intelectuales que rodean las organizaciones obreras), siempre está presente. Las exigencias de estas capas de que los trabajadores deben de adaptar su programa, métodos y estructura organizativa para acomodarse a los prejuicios e intereses de la pequeña burguesía, son una presión constante. Un largo período de coexistencia muy próxima con la clase media radicalizada personificada por los marxistas legales había impreso su sello sobre la conciencia de los miembros más viejos del Grupo Emancipación del Trabajo. Su vida social giraba entre estratos divorciados de la clase obrera, formaban relaciones personales con los abogados, doctores y profesores de universidad radicalizados cuasi marxistas que les ayudaban con donaciones económicas y palabras de ánimo, pero que no estaban dispuestos a ensuciar sus manos con trabajo revolucionario práctico. "Apoyo sus objetivos, pero revelarme abiertamente como socialista sería inconveniente y arriesgado. Piense en mi trabajo, mi posición, mis posibilidades de carrera", etc. Inconscientemente, o quizás semiconscientemente, Axelrod, Zasúlich y Mártov estaban actuando como los portavoces de este estrato social, como la correa de transmisión de las presiones de clases ajenas sobre el partido de los trabajadores. Plejánov quedó en una situación difícil con esta escisión, en la que sus amigos y colegas de toda la vida se posicionaron en su contra. Por primera vez en su vida, Vera Zasúlich se resistió abiertamente a su mentor. Debió de ser un choque, pero en reconocimiento de Plejánov, éste se resistió a la presión del Congreso. Todo su instinto revolucionario le decía que Lenin tenía razón. En el curso del debate demolió despiadadamente los argumentos de Axelrod y Mártov: "Según el borrador de Lenin, sólo alguien que entra en una organización particular puede ser considerado un miembro del Partido. Aquellos que se oponen a su borrador dicen que éste causará dificultades innecesarias. ¿Pero en qué consisten estas dificultades? Hablan de personas que no quieren entrar o no pueden entrar en alguna de nuestras organizaciones. Pero, ¿por qué no pueden? Como alguien que ha tomado parte en las organizaciones revolucionarias rusas, digo que no admito la existencia de condiciones objetivas que constituyan un obstáculo insuperable para que entre cualquiera. Y en cuanto a esos caballeros que no quieren entrar, no les necesitamos. "Aquí se ha dicho que algunos profesores que simpatizan con nuestras posiciones podrían encontrar humillante entrar en una organización local. En esto, recuerdo a Engels diciendo que donde el destino de uno es el de tratar con profesores, te tienes que preparar para lo peor (carcajadas). "El ejemplo es, de hecho, uno particularmente malo. Si algún profesor de Egiptología considera que, como sabe de memoria los nombres de todos los faraones y todas las oraciones que los egipcios rezaban al toro Apis, entrar en nuestra organización se encuentra por debajo de su dignidad, no tenemos necesidad de ese profesor. "Hablar del control del partido sobre personas que están fuera de la organización es simplemente jugar con las palabras. En la práctica semejante control es imposible". Después de una discusión acalorada, se aprobó la variante de Mártov por 28 votos a 23, pero sólo porque los elementos vacilantes en Iskra se unieron con los economicistas de la Unión, el Bund y el "Centro", representados por la tendencia que se aglutinaba alrededor de la publicación Yuzhny Rabochii. No obstante, la escisión no había adquirido todavía un carácter definitivo. Lenin, en el curso del debate, demostró que todavía estaba deseoso de llegar a un acuerdo: "Primero, en cuanto a la amable propuesta de Axelrod (y no estoy hablando irónicamente) de ‘llegar a un trato’, yo respondería de buena gana a este llamamiento porque no considero en absoluto que nuestra diferencia sea tan vital como para convertirse en un asunto de vida o muerte para el partido. ¡Desde luego que no pereceremos debido a un punto malo en el reglamento!150 Desde un punto de vista marxista, las cuestiones organizativas nunca pueden ser decisivas. No hay leyes eternas y fijas que gobiernen la forma de organización de un partido revolucionario. Las reglas y las estructuras organizativas deben de cambiar con las circunstancias cambiantes y de acuerdo con el desarrollo del partido. El mismo Lenin que abogaba fervientemente por la restricción de militancia en el partido en 1903, bajo circunstancias históricas diferentes, en 1912, cuando el partido estaba transformándose en una fuerza de masas representando a la mayoría decisiva de la clase obrera activa en Rusia, abogó en la práctica porque el partido se abriera a cualquier obrero que se considerase bolchevique —una fórmula que aparentemente se hacía eco de la célebre frase de Mártov de que "todo huelguista debería de ser capaz de proclamarse un miembro del Partido"—. ¿Quiere esto decir que Lenin estaba equivocado y Mártov tenía razón en 1903? Tal conclusión significaría no entender en absoluto la relación dialéctica que existe entre la forma de operar del partido revolucionario y la etapa concreta por la que atraviesan tanto el partido como el movimiento de la clase obrera. Una casa tiene que construirse sobre cimientos sólidos. En 1903, el Partido estaba dando sus primeros pasos vacilantes hacia la conquista de influencia entre las masas. Era necesario poner mucho énfasis en los principios políticos y organizativos básicos, y sobre todo en la necesidad de cuadros obreros con un entendimiento claro de las ideas y los métodos del marxismo. Esto era mucho más necesario en vista del período caótico anterior. Si se hubieran abierto las puertas de par en par en esta etapa concreta hubiera sido totalmente desastroso, aunque en un momento diferente se volvió justamente necesario hacer esto.
El auténtico significado de la escisión de 1903-->
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144. Krúpskaya, O Vladimirye Ilyiche, pág. 81. 145. Trotsky, Historia de la revolución rusa, Vol. 2, págs. 316-7. 146. 1903, Actas del II Congreso del POSDR, pág. 81. 147. Para una explicación detallada, ver Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás (Una crisis en nuestro Partido, Obras escogidas, Vol. 1, págs. 279-473. 148. Trotsky, Mi vida, pág. 127. 149. 1903, Actas del II Congreso del POSDR, págs. 308 y 311. El énfasis es nuestro. 150. 1903, Ibíd., págs. 321 y 326. El énfasis es nuestro. |
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