bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Primera parte    
 

El nacimiento del marxismo ruso

 

   

 

 ‘¡Id al pueblo!’

 

Este movimiento, en su mayoría de jóvenes de clase alta, era ingenuo y confuso, pero también valeroso y profundamente desinteresado, y dejó tras de sí una herencia inestimable para el futuro. Lenin, aunque criticando el carácter utópico de su programa, siempre rindió un cálido homenaje al valor revolucionario de los primeros narodnikis. Comprendió que el movimiento marxista en Rusia se había levantado sobre los huesos de estos mártires, que dieron de buena gana su riqueza y bienestar mundano para enfrentarse a la muerte, la cárcel y el exilio en su lucha por un mundo mejor. En un movimiento que todavía se encontraba en su infancia, sólo cabía esperar confusión teórica. La ausencia de una clase obrera fuerte, la falta de cualquier tradición o modelo claros del pasado que iluminara su camino, la noche oscura de la censura que les impidió el acceso a la mayoría de los escritos de Marx, todo esto privó a los jóvenes revolucionarios rusos de la oportunidad de entender la auténtica naturaleza de los procesos que estaban teniendo lugar en la sociedad.

Marx era visto por la mayoría de la juventud como ‘’un simple economista", mientras que la doctrina de Bakunin de "destrucción implacable" y sus llamadas a la acción directa parecía estar más en línea con el espíritu de una generación cansada de palabras e impaciente por resultados. Pavel Axelrod recuerda en sus memorias cómo las teorías de Bakunin conquistaron las mentes de la juventud radicalizada con una simplicidad sorprendente6. El "pueblo", según Bakunin, era revolucionario y socialista por instinto —remontándose a la Edad Media— como lo demuestran las revueltas campesinas, el levantamiento de Pugachov e, incluso, los bandoleros, que eran considerados como un buen ejemplo a seguir. Sostenía que todo lo que se requería para provocar una revuelta universal era que los estudiantes fuesen a los pueblos y levantasen el estandarte de la revolución. Los levantamientos en el ámbito local pronto provocarían una conflagración general, echando abajo todo el orden existente.

En un destacado pasaje, Trotsky recoge gráficamente el espíritu de estos jóvenes pioneros: "Hombres y mujeres jóvenes, la mayoría de ellos antiguos estudiantes sumando alrededor de mil, llevaron la propaganda socialista a todos los rincones del país, especialmente a los recodos más bajos del Volga, donde buscaron el legado de Pugachov y Razín*. Este movimiento, notable por su alcance e idealismo juvenil, la verdadera cuna de la Revolución Rusa, se distinguía —como es propio de una cuna— por su extrema ingenuidad. Los propagandistas no tenían ni una organización que les guiase ni un programa claro; no tenían experiencia conspiratoria. ¿Y por qué habrían de tenerla? Estos jóvenes, habiendo roto con sus familias y escuelas, sin profesión, ni ligaduras personales u obligaciones, y sin miedo a poderes terrenales o divinos, parecían la cristalización viviente de una sublevación popular. ¿Una constitución? ¿Parlamentarismo? ¿Libertad política? No, no serían desviados de la senda por esos señuelos occidentales. Lo que querían era una revolución completa, sin limitaciones o etapas intermedias"7.

En el verano de 1874, cientos de jóvenes de la clase media y alta fueron a los pueblos, ardiendo con la idea de despertar al campesinado a la revolución. Pavel Axelrod, uno de los futuros fundadores del marxismo ruso, recuerda la ruptura radical que estos jóvenes revolucionarios habían realizado con su clase: "Quien quiere trabajar para el pueblo debe abandonar la universidad, abjurar de su condición privilegiada, su familia, y volver la espalda incluso a la ciencia y el arte. Deben cortarse todas las ataduras que le unen a las clases más elevadas de la sociedad, quemar las naves a sus espaldas; en una palabra, debe olvidar voluntariamente toda posible retirada. El propagandista, por decirlo de algún modo, debe transformar toda su esencia interna, de modo que se sienta uno con las capas inferiores del pueblo, no sólo ideológicamente, sino también en su comportamiento cotidiano habitual"8.

Estos jóvenes valientes no tenían un programa definitivo, más que el de encontrar un camino "al pueblo". Vestidos con ropas viejas de faena compradas en mercados de segunda mano, utilizando pasaportes falsos, viajaron a los pueblos esperando aprender un oficio que les permitiera vivir y trabajar de manera desapercibida. Las ropas de campesino que llevaban no era un gesto teatral como puede parecer a simple vista. Kropotkin señala que: "La diferencia entre el campesino y la gente educada en Rusia es grande, y el contacto entre ellos es tan escaso, que la aparición en un pueblo de un hombre que lleva ropas de ciudad despierta interés general; pero incluso en la ciudad, si alguien cuyo estilo de hablar y vestir revela que no es un trabajador y es visto con trabajadores, las sospechas de la policía se despiertan inmediatamente"9.

Desgraciadamente, este espíritu revolucionario admirable se basó en teorías que eran fundamentalmente falsas. La idea mística de una "vía rusa especial al socialismo", que de alguna manera permitiría pasar de la barbarie feudal a una sociedad sin clases, saltándose la fase del capitalismo, fue la fuente de una serie interminable de errores y tragedias. Una teoría falsa conduce inevitablemente a un desastre en la práctica. Los narodnikis estaban motivados por el voluntarismo revolucionario —la idea de que el éxito de la revolución puede estar garantizado por la voluntad de hierro y la determinación de un pequeño grupo de hombres y mujeres abnegados—. El factor subjetivo es, por supuesto, decisivo en la historia humana. Karl Marx explicó que los hombres y las mujeres hacen su propia historia, pero añadió que no la hacen fuera del contexto de las relaciones sociales y económicas establecidas independientemente de su voluntad.

Los intentos de los teóricos narodnikis de establecer una "senda histórica especial" para Rusia, diferente de la de Europa Occidental, inevitablemente les condujo al camino del idealismo filosófico y a un punto de vista místico del campesinado. La confusión teórica de Bakunin, reflejo del propio subdesarrollo y de las relaciones de clase amorfas de Rusia, encontró una audiencia predispuesta entre los narodnikis, que buscaban una justificación ideológica para sus vagas aspiraciones revolucionarias.

Poniendo la realidad patas arriba, Bakunin retrató el mir —la unidad básica del régimen zarista en el pueblo— como el enemigo del Estado. Todo lo que se necesitaba era que los revolucionarios fueran al pueblo y despertaran a los "instintivamente revolucionarios" campesinos rusos contra el Estado, y el problema sería resuelto, sin recurrir a la "política" o a cualquier forma de organización partidaria. La tarea no era la de luchar por reivindicaciones democráticas (puesto que la democracia también representaba una forma de Estado y, en consecuencia, otra expresión de tiranía), sino la de derrocar el Estado "en general" y reemplazarlo por una federación voluntaria de comunidades locales, basadas en el mir, depurado de sus rasgos reaccionarios.

Los elementos contradictorios de esta teoría se volvieron evidentes rápidamente cuando la juventud narodniki intentó ponerla en práctica. Las exhortaciones revolucionarias de los estudiantes se encontraron con hosca suspicacia o completa hostilidad por parte de los campesinos, que con frecuencia entregaron a los recién llegados a las autoridades.

Zhelyabov, uno de los futuros dirigentes del partido Naródnaya Volya (Voluntad del Pueblo), describía gráficamente los esfuerzos desesperados de la juventud narodniki por ganar a los campesinos "como peces golpeando sus cabezas contra el hielo"10. A pesar de las condiciones terribles de opresión y explotación, el campesino ruso, que creía que "el cuerpo pertenece al zar, el alma a Dios y la espalda al terrateniente", resultó impermeable a las ideas revolucionarias de los narodnikis. El choque y la desilusión de la intelligentsia se hace eco en las palabras de uno de los participantes:

"Nos habíamos asegurado a nosotros mismos demasiado ciegamente de la inminencia de la revolución, como para notar que los campesinos no tenían tanto espíritu revolucionario como nosotros queríamos que tuvieran. Pero sí que nos dimos cuenta de que todos querían que la tierra se dividiera entre ellos. Esperaban que el Emperador diese una orden y la tierra sería dividida (...) la mayoría de ellos se imaginaba que la habría entregado hacía mucho tiempo si los terratenientes y los burócratas, los dos archienemigos del Emperador y los campesinos, no se lo hubieran impedido".

El intento ingenuo de pasar por campesinos tenía frecuentemente su lado tragicómico, como uno de los participantes, Debogori-Mokrievich, recuerda: "Los campesinos no querían dejarnos permanecer durante la noche en sus casas: obviamente no les gustaba la apariencia de nuestra ropa harapienta y sucia. Esto era lo último que esperábamos cuando nos vestimos por primera vez como trabajadores"11.

Durmiendo al aire libre, con hambre, frío y cansados, con los pies sangrando por las largas caminatas en botas baratas, los espíritus de los narodnikis se estrellaron contra la sólida muralla de la indiferencia campesina. Aquellos que no habían sido arrestados, gradual e inexorablemente, se volvieron a las ciudades desilusionados y agotados. El movimiento de "id al pueblo" fue rápidamente roto por una oleada de arrestos —más de 700 tan sólo en 1874—. Fue una derrota cara. Pero los discursos heroicos y enérgicos de desafío lanzados desde el banquillo de los acusados por los revolucionarios arrestados sirvieron para despertar un nuevo movimiento que empezó casi de inmediato.

Los narodnikis juraban en nombre de "el pueblo" a cada momento. Y, no obstante, permanecían completamente aislados de las masas de campesinos que idealizaban. En realidad, todo el movimiento estaba concen-trado en manos de la intelligentsia: "La adoración del campesinado y su comuna por los populistas", escribió Trotsky, "no era sino un reflejo de las pretensiones grandiosas del ‘proletariado intelectual’ por el papel de principal, si no único, instrumento de progreso. Toda la historia de la intelligentsia rusa se desarrolla entre estos dos polos de orgullo y autoabnegación, los cuales son las sombras corta y larga de su debilidad social"12.

Pero esta debilidad social de la intelligentsia simplemente reflejaba el subdesarrollo de las relaciones de clase en la sociedad rusa. El rápido avance de la industria y la creación de una clase obrera urbana poderosa, que se iba a producir por una entrada masiva de capital extranjero en la década de 1890, todavía era la música de un futuro aparentemente remoto. Obligada a basarse en sus propios recursos, la intelligentsia revolucionaria buscó su salvación en la teoría de una "vía rusa especial al socialismo", basada en el elemento de propiedad común que existía en el mir.

Las teorías del guerrillerismo y terrorismo individual, que se han puesto de moda entre ciertos círculos recientemente, repiten de una forma caricaturizada las ideas anticuadas de los narodnikis y terroristas rusos. Al igual que estos últimos, tratan de encontrar una base en el campesinado del Tercer Mundo, en el lumpenproletariado; de hecho, en cualquier clase excepto en el proletariado. No obstante, tales ideas no tienen nada en común con el marxismo. Marx y Engels explicaron que la única clase capaz de llevar a cabo la revolución socialista y de establecer un Estado Obrero sano que conduzca a una sociedad sin clases sería la clase obrera. Y esto no es una casualidad. Sólo la clase obrera, en virtud de su papel en la sociedad y en la producción, especialmente la producción industrial a gran escala, posee una conciencia de clase socialista instintiva. No por causalidad, los métodos clásicos de lucha del proletariado se basan en la acción colectiva de masas : huelgas, manifestaciones, piquetes, la huelga general.

En contraste, el primer principio de cualquier otra clase social es el individualismo del poseedor de propiedad y explotador del trabajo, sea grande o pequeño. Dejando aparte a la burguesía, cuya hostilidad hacia el socialismo es la primera condición de su existencia, tenemos a las clases medias, incluyendo al campesinado. Este último compone la clase social menos capaz de adquirir una conciencia socialista. Su capa superior, los campesinos ricos, junto con las capas más afines a ellos, —los abogados, los médicos, los parlamentarios—, están cercanos a la burguesía. No obstante, incluso el campesino pobre sin tierra en Rusia, aunque formalmente proletarido rural, tenía una conciencia muy alejada de la de sus hermanos en la ciudad. El único deseo del campesino sin tierra era poseerla, es decir, verse transformado en un pequeño propietario. El terrorismo individual y el "guerrillerismo", en toda su multiplicidad de formas, son los métodos de la pequeña burguesía, particularmente del campesinado, pero también de los estudiantes, intelectuales y lumpenproletariado. Es verdad que bajo ciertas condiciones, particularmente en la época actual, las masas de campesinos pobres pueden ser ganadas a la idea de la propiedad colectiva, como vimos en el Estado español en 1936. Pero la condición previa para tal desarrollo es el movimiento revolucionario de la clase obrera en las ciudades. En Rusia, la clase obrera llegó al poder movilizando a los campesinos pobres, no sobre la base de consignas socialistas, sino sobre la base de "¡la tierra para el que la trabaja!". Este hecho, en sí mismo, muestra lo lejos que las masas de campesinos rusos estaban de una conciencia socialista incluso en 1917.

A los narodnikis, faltándoles unas bases teóricas sólidas y partiendo de un concepto confuso y amorfo de las relaciones de clase ("el pueblo"), el argumento marxista del papel dirigente del proletariado les sonaba como algo insignificante. ¿Qué tenía que ver la clase obrera con eso? ¡Desde luego que Marx y Engels no habían entendido la situación especial en Rusia! Los narodnikis, en la medida en que tomaban en consideración el papel de los obreros en las ciudades, les consideraban como una aberración —como "campesinos en fábricas"—, capaces de jugar sólo el papel de auxiliares del campesinado en la revolución, —precisamente lo contrario de la auténtica relación de las fuerzas de clase revolucionarias, como los acontecimientos subsiguientes demostraron—.

Como colmo de la paradoja, a pesar de todos los prejuicios de los teóri-cos narodnikis, casi el único lugar donde los llamamientos revolucionarios obtuvieron un eco fue entre los despreciados "campesinos de ciudad", como llamaban a los obreros fabriles. Al igual que las guerrillas modernas, los seguidores de Zemlya i Volia (Tierra y Libertad) adoptaron la política de sacar a obreros revolucionarios de las fábricas y enviarles al campo. Plejánov, antes de convertirse al marxismo, participó en este tipo de actividad y pudo ver las consecuencias: "El obrero de fábrica que ha trabajado en la ciudad durante varios años", escribió, "no se siente a gusto en el campo y vuelve a él con desgana. (...) Las costumbres e instituciones rurales se vuelven insoportables para una persona cuya personalidad ha empezado a evolucionar un poco...

"Ésta era gente experimentada, sinceramente abnegada y profundamente imbuida con los puntos de vista populistas. Pero sus intentos de establecerse en el campo les llevaron a la nada. Después de errar por los pueblos con la intención de buscar un lugar idóneo donde asentarse (en los cuales algunos de ellos eran tomados por extranjeros), se encogieron de hombros ante todo el asunto y terminaron por volver a Saratov, donde establecieron contactos con los obreros del lugar. Por muy asombrosa que nos pareciese esta alienación con relación al ‘pueblo’ de sus hijos urbanos, el caso era evidente y tuvimos que abandonar la idea de involucrar a obreros en asuntos puramente campesinos"13.

Según la teoría narodnik, el obrero de ciudad estaba más alejado del socialismo que el campesino. Así, un responsable narodnik del trabajo con los obreros de Odesa, se quejaba de que "los hombres en los talleres, echados a perder por la vida urbana e incapaces de reconocer sus vínculos con los campesinos, estaban menos abiertos a la propaganda socialista"14. No obstante, los narodnikis sí que llevaron a cabo trabajo entre los obreros y obtuvieron resultados importantes. El iniciador de este trabajo pionero fue Nikolai Vasilevich Chaikovski. Su grupo estableció círculos de propaganda en los barrios obreros de Petersburgo, donde Kropotkin era uno de sus propagandistas. La realidad forzó a sectores de los narodnikis a enfrentarse por primera vez a la "cuestión obrera", que, expulsada por las teorías bakuninistas por la puerta principal, persistentemente volvía entrando por la ventana. Incluso en este período temprano, la clase obrera rusa, a pesar de su extrema pequeñez en número, estaba empezando a poner su sello en el movimiento revolucionario.

La actitud de los trabajadores hacia los "caballeros jóvenes" fue instructiva. El obrero de Petersburgo I.A. Bachkin recomendaba a sus compañeros de trabajo: "Debéis tomar los libros de los estudiantes, pero cuando empiecen a enseñaros tonterías, debéis echarlos a patadas". Plejánov estaba pensando seguramente en Bachkin cuando hizo un comentario sobre la falta de voluntad de los obreros a ir a los pueblos a trabajar. Bachkin fue arrestado en septiembre de 1874 y, tras su puesta en libertad en 1876, dijo a Plejánov que estaba "listo para trabajar, como antes, por la propaganda revolucionaria, pero sólo entre los obreros. (...) ‘No quiero ir al campo bajo ningún concepto’, razonaba. ‘Los campesinos son borregos, nunca entenderán la revolución"15.

Mientras que la intelligentsia narodnik se enzarzaba con los problemas teóricos de la futura revolución, los primeros síntomas del despertar de la conciencia de clase estaban emergiendo en los centros urbanos. La emancipación de los siervos representó un acto colectivo de violencia contra el campesinado en interés del desarrollo del capitalismo en la agricultura. Los terratenientes, en la práctica, estaban "despejando las haciendas" para el capitalismo, como Lenin explicó, acelerando el proceso de diferenciación interna del campesinado con la cristalización de una clase de campesinos ricos (kulaks) en la cima y una masa de campesinos empobrecidos en la parte de abajo. Para escapar a la agobiante pobreza de la vida rural, los campesinos pobres emigraron masivamente a las ciudades en búsqueda de trabajo. En el período de 1865 a 1890, el número de obreros fabriles aumentó en un 65%, y con la inclusión de aquellos empleados en la minería la cifra subió a 106%. A.G. Rashin da las siguientes cifras del número de obreros en la Rusia europea16:

Año Fábricas y talleres Minería  Total
1865  509.000  165.000  676.000
1890  840.000  300.000  1.180.000

  El desarrollo de la industria experimentó un ímpetu particularmente poderoso durante la década de 1870. La población de San Petersburgo pasó de 668.000 en 1869 a 928.000 en 1881. Arrancados de su entorno campesino y arrojados al caldero hirviente de la vida de fábrica, la conciencia obrera experimentó una transformación rápida. Los informes de la policía relataban el creciente descontento y la audacia de la fuerza de trabajo: "Los rudos y vulgares métodos utilizados por la patronal se están volviendo intolerables para los obreros", se queja uno de esos informes. "Obviamente, se han dado cuenta de que una fábrica no es concebible sin su trabajo". El zar Alejandro leyó los informes y escribió en el margen: "Muy mal".

El crecimiento de este malestar laboral permitió la creación de los primeros grupos de obreros organizados. La Unión de Obreros del Sur fue fundada por E. Zaslavski (1844-78). Hijo de una familia noble, aunque no rica, fue "al pueblo" en 1872-73, se convenció de la inutilidad de esta táctica y empezó el trabajo de propaganda entre los obreros de Odessa. La Unión nació de estos círculos obreros que tenían reuniones semanales y una pequeña cuota. Su programa partió de la premisa de que "los trabajadores sólo pueden conseguir que sus derechos sean reconocidos mediante la revolución violenta capaz de destruir todos los privilegios y desigualdades, convirtiendo el trabajo en los cimientos del bienestar privado y público"17. La influencia de la Unión creció rápidamente, hasta que fue quebrada por los arrestos en diciembre de 1875. Los líderes fueron sentenciados a trabajos forzados. El propio Zaslavski fue condenado a diez años. Su salud fue minada por las duras condiciones del encarcelamiento, perdió el juicio y murió de tuberculosis en prisión.

Un desarrollo más importante fue el que tuvo la Unión de Obreros Rusos del Norte, formada ilegalmente en el otoño de 1877, bajo la dirección de Jalturin y Obnorski. Victor Obnorski, hijo de un suboficial retirado, fue herrero y después mecánico. Mientras trabajaba en diferentes fábricas de San Petersburgo entró en círculos obreros de estudio, pero tuvo que huir a Odessa para evitar su arresto, allí entró en contacto con la Unión de Zaslavski. Viajó al extranjero como marinero y así fue influido por las ideas de la socialdemocracia alemana. De regreso a San Petersburgo, conoció a P.L. Lavrov y P. Axelrod, los personajes destacados del movimiento narodnik. Stepan Jalturin fue un personaje importante en el movimiento revolucionario de finales de la década de 1870. Como Obnorski, herrero y mecánico de oficio, empezó su actividad en el grupo de Chaikovski, donde trabajó como propagandista. Plejánov, en su serie de retratos de militantes obreros rusos, ha dejado una imagen duradera de este revolucionario de la clase obrera:

"Cuando sus actividades [de Jalturin] estaban todavía del lado de la ley, se veía de buen grado con estudiantes e intentaba establecer relación con ellos, consiguiendo todo tipo de información y tomando libros prestados. A menudo se quedaba con ellos hasta medianoche, pero raramente daba su propia opinión. Su anfitrión se emocionaría, encantado de la oportunidad de instruir a un obrero ignorante, y hablaría largo y tendido, teorizando en la forma más ‘popular’ posible. Stepan miraba al orador fijamente y de forma cuidadosa. De vez en cuando sus inteligentes ojos reflejarían una ironía afable. Siempre había un elemento de ironía en sus relaciones con los estudiantes, (...) con los trabajadores, se comportó de una forma diferente (...) los veía como revolucionarios más sólidos y, por decirlo así, más naturales y les cuidaba como un enfermero cariñoso. Les enseñó, buscó libros y trabajó para ellos, les pacificó cuando reñían y reprendía al culpable. Sus compañeros le querían con ternura: lo sabía y a cambio les daba todavía más cariño. Pero no creo que, incluso en sus relaciones con ellos, Jalturin renunciara nunca a su moderación acostumbrada. (...) En los grupos habló rara vez y de mala gana. Entre los obreros de Petersburgo había gente tan educada y competente como él: había hombres que habían visto otro mundo, que habían vivido en el extranjero. El secreto de la enorme influencia de lo que puede llamarse la dictadura de Stepan yace en la atención incansable que dedicó a cada cosa. Incluso antes de que la reunión empezara, hablaba con todos para averiguar el estado de ánimo general, consideraba todos los lados de una cuestión y, así, naturalmente, él era el más preparado de todos. Él expresaba el estado general de ánimo"18. Jalturin era un representante excepcional de un determinado tipo: el obrero propagandista activo en los círculos en el primer período del movimiento obrero ruso. Y no obstante, incluso él se vio atraído por las actividades terroristas en el período posterior, organizando un atentado espectacular contra la vida del zar.

 

 

Tierra y libertad’ -->

 

   
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6. Ver P. Axelrod, Perezhitoe i Peredumannoe, págs. 111-2.

* Emilian Pugachov, un cosaco del Don, dirigió una gran sublevación de los cosacos y los siervos contra la aristocracia en 1773, bajo el reinado de Catalina la Grande. La rebelión inicialmente tuvo éxito, con la toma masiva de tierra y la captura de una cadena de fortalezas imperiales. Los rebeldes tomaron Kazán y podían haber tomado Moscú, pero, a pesar de los motines que estallaron en un determinado número de ciudades, la rebelión campesina demostró ser incapaz de vincularse con las masas urbanas contra el enemigo común —la alta burguesía y la aristocracia—. Aunque los rebeldes proclamaron la abolición de la servidumbre, les faltó un programa político coherente capaz de crear un movimiento revolucionario de masas amplio. Esta debilidad fatal, junto con tendencias localistas, falta de organización y disciplina, finalmente minaron la revuelta. La rebelión se desintegró y Pugachov fue ejecutado en Moscú en enero de 1775.
Stepan Razín, otro cosaco rebelde, navegó por el Volga a la cabeza de una flota pirata en 1670 llamando a los campesinos a sublevarse. Traicionado por el Atamán de los Cosacos del Don, Razín fue capturado y enviado a Moscú, donde fue ejecutado el 6 de junio de 1671.

7. Trotsky, El joven Lenin, pág. 28.

8. De Pavel Axelrod, La clase obrera y el movimiento revolucionario en Rusia, citado en S.H. Baron, Plejánov, el padre del marxismo ruso, pág. 25.

9. Kropotkin, op. cit., Vol. 2, pág, 119.

10. D. Footman, Red Prelude, pág. 86.

11. Citado en D. Footman, op. cit., págs. 47 y 49. El énfasis es nuestro.

12. Trotsky, El joven Lenin, pág. 25. El énfasis es mío.

13. Citado en Fyodr Dan, The Origins of Bolshevism, págs. 162-3.

14. Citado en F. Venturi, The Roots of Revolution, pág. 511.

15. Ibíd., pág. 800 en ambas citas.

16. A.G. Rashin, Formirovaniye Rabochego Klasso Rossiy, pág. 12.

17. Citado en Venturi, op. cit., págs. 515 y 516.

18. Ibíd., pág. 543.