bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Primera parte    
       
 

El nacimiento del marxismo ruso

 

   

 

 Rabócheie Dielo

 

Paradójicamente, la convocatoria del I Congreso coincidió con un profundo reflujo del Grupo Emancipación del Trabajo. Las relaciones con la juventud exiliada se encontraban en un punto de ruptura. Se convocó en Zurich un Congreso de la Unión de Socialdemócratas en el Extranjero en noviembre de 1898, que sólo sirvió para subrayar el aislamiento del Grupo Emancipación del Trabajo. En la reunión, los jóvenes tenían una mayoría y la utilizaron para hacerse con el control de la Unión. A la vista de las agudas diferencias de opinión dentro de la Unión, los veteranos en el Grupo Emancipación del Trabajo no tuvieron otra opción que la de dimitir de sus puestos. La dirección de la Unión —especialmente Krichevski, Ivashin y Teplov— se inclinaba a la postura economicista, pero le resultaba embarazoso el reformismo y el bernsteinismo abiertos de Rabóchaya Mysl’, la expresión más extrema del economicismo, representada en la Unión por S. N. Prokopovich y su esposa Y. D. Kuskova. Por eso, decidieron terminar con Rabotnik y lanzar su propio periódico, Rabócheie Dielo, de acuerdo con las decisiones del Congreso de Minsk.

Mientras que Rabóchaya Mysl’ representaba una defensa clara y abierta de la teoría de Bernstein y del economicismo, Rabócheye Dielo representaba una tendencia que, como Lenin observó, era "vaga y poco determinada, pero, por ello mismo, tanto más firme y capaz de resucitar en variadas formas"100. El periódico fue publicado como el órgano de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero desde 1899 a 1902, con el Comité de Redacción en París y la imprenta en Ginebra. Sus editores incluyeron prominentes portavoces del economicismo como B. N. Krichevski y A. S. Martinov. Martinov más tarde pasó del economicismo al estalinismo a través del menchevismo, sin tener que modificar sus principios fundamentales en ningún momento.

Desde el principio, los partidarios de Rabócheie Dielo trataron de jugar al escondite con las ideas del marxismo, planteando que sus diferencias con el Grupo Emancipación del Trabajo no eran políticas, sino organizativas y tácticas. No obstante, el vínculo entre Rabócheie Dielo y el bernsteinismo se vio con los artículos que aparecieron en la prensa socialista europea, escritos por los editores de Rabócheie Dielo en defensa de Bernstein y de Millerand, el dirigente socialista francés oportunista que entró en una coalición burguesa en los primeros años del siglo XX. El mérito de inventar la famosa teoría de las etapas debe ser concedido a los seguidores de Rabócheie Dielo, aunque más tarde se la apropiaron en una forma modificada los mencheviques y después los estalinistas. Esta teoría, abiertamente mecánica y reformista, mantenía que antes de que los obreros estuviesen listos para la revolución socialista, estos tendrían que pasar a través de una serie de etapas. ¡Primero agitación puramente económica, después agitación política vinculada directamente a la agitación económica y después agitación puramente política! De hecho, los trabajadores rusos no esperaron a que los economicistas les informaran de cuándo estaban listos para la agitación política, sino que procedieron a participar en la lucha política, como lo demuestra el aumento de las huelgas políticas y las manifestaciones en los primeros años del siglo XX.

Este fue el momento más negro en la vida del Grupo Emancipación del Trabajo. El aislamiento y el estrés de la lucha fraccional trajo a la superficie todas las fricciones acumuladas dentro del grupo. La disputa entre Axelrod y Plejánov se volvió particularmente virulenta. Axelrod tenía motivos de queja. Durante años había tenido que soportar el peso del trabajo con la Unión, llevándose el grueso de los ataques por parte de la juventud, mientras Plejánov estaba absorbido en el trabajo literario, e incluso eso le había descuidado en el último período. Durante mucho tiempo Plejánov ignoró las peticiones de Axelrod de intervenir contra la nueva tendencia; por el contrario, trató de colaborar con la nueva revista, la cual estaba empezando a ganar apoyo. Las razones de esta actitud probablemente eran varias: en parte, estaba ocupado con la lucha contra Bernstein y daba de mala gana su tiempo y sus esfuerzos a lo que parecían riñas triviales; en parte, subestimó el peligro, atribuyéndolo a una fase transitoria y a manías juveniles. Lo más probable es que tuviese miedo de una escisión de la juventud, lo cual cortaría sus conexiones con Rusia y les dejaría abiertos a la acusación de que estaban minando el trabajo de los compañeros del interior. La aparente falta de un punto de apoyo dentro de Rusia era un problema grave para Plejánov y sus compañeros.

Pero a principios de 1899, Plejánov ya no pudo contenerse por más tiempo. La última gota se desbordó cuando Bernstein se jactó de que la mayoría de los socialdemócratas rusos estaban más cercanos a sus ideas que a las de Plejánov. Los marxistas legales Struve, Bulgákov y Berdyayev también se alinearon públicamente con la tendencia revisionista. Lo más alarmante de todo fue que, desde diciembre de 1898, la juventud economicista dominó a los socialdemócratas de San Petersburgo. Plejánov, dándose cuenta de que la anteriormente amorfa tendencia del economicismo representaba ahora una variante específica rusa del revisionismo de Bernstein, se dispuso a trabajar en una gran ofensiva: el famoso Vademécum para los editores de ‘Rabócheie Dielo’, que apareció en 1900. A este le siguió otro artículo, Una vez más, el socialismo y la lucha política, publicado en la nueva revista teórica Zaryá (El Amanecer) en el que criticaba el intento de Rabócheie Dielo de empañar las diferencias entre la vanguardia revolucionaria consciente y la masa de la clase trabajadora:

"El conjunto de la clase trabajadora es una cosa", escribió, "y el partido socialdemócrata otra, porque forma sólo una columna sacada de la clase trabajadora —y al principio, una columna muy pequeña—. (…) Creo que nuestro partido, el cual representa la vanguardia del proletariado, su estrato más consistente y revolucionario, debe de comenzar inmediatamente la lucha política"101. Plejánov se arrojó a la lucha, independientemente de que pudiera causar una escisión. Con la confianza recuperada, recibió un poderoso impulso como resultado de los acontecimientos que estaban teniendo lugar a miles de kilómetros de distancia, en Siberia.

Desde las profundidades del yermo siberiano, Lenin y los otros exiliados socialdemócratas siguieron con alarma el desarrollo de los acontecimientos. Paradójicamente, para ellos era relativamente fácil mantener al menos un cierto nivel de actividad política. La era de los campos de concentración de Stalin y de Hitler todavía no había dado comienzo. El trato a los exiliados políticos variaba considerablemente, desde una dureza extrema a unas condiciones relativamente liberales. Pero, en general, las autoridades zaristas se contentaban con fiarse de las vastas distancias que separaban los centros urbanos de los poblados aislados a orillas del río Yenisey como suficiente defensa contra la extensión de ideas revolucionarais. Normalmente, los prisioneros políticos no estaban encerrados. No había necesidad de ello. Los funcionarios locales les mantenían bajo vigilancia, aunque el celo que ponían en cumplir con su deber a menudo brillaba por su ausencia. Como resultado, los revolucionarios en el exilio podían seguir los acontecimientos con relativa facilidad, recibiendo libros y periódicos, correspondencia e, incluso, realizando mítines ilegales. Lenin, al tiempo que trabajaba en su monumental Desarrollo del capitalismo en Rusia, siguió con interés las polémicas de Plejánov contra Bernstein. Las noticias de la crisis en la Unión y la dimisión de Plejánov vino como un golpe doloroso. La victoria de la tendencia economicista causó consternación entre los exiliados. Lenin empezó a escribir una serie de polémicas, como Nuestra tarea inmediata, Una tendencia retrógrada en la socialdemocracia rusa y A propósito de la ‘Profession de Foi’102, en las que las ideas del economicismo son sometidas a una crítica despiadada.

Un acontecimiento que encolerizó a los exiliados fue la aparición del famoso Credo escrito por Kuskova al principio de 1899. La autora del documento siempre protestó de que éste no era para publicación. Por mucho que esto fuese así, no hay duda de que el Credo tiene el mérito de expresar de una forma particularmente clara las ideas fundamentales del economicismo. Lenin redactó el borrador de la famosa Protesta de los socialdemócratas de Rusia103 como respuesta y convocó una reunión con 17 exiliados que se reunió en el pueblo siberiano de Yermakovskoe a finales del verano de 1899. El mitin adoptó por unanimidad el texto de Lenin, el cual se envió al extranjero y fue publicado por Plejánov.

Las palabras del Credo merecen la pena de ser citadas: "Este cambio [en el Partido] se efectuará no sólo en el sentido de sostener una lucha económica más enérgica, de consolidar las organizaciones de tipo económico, sino también, y esto es lo más esencial, en el sentido de modificar la actitud del Partido ante los demás partidos de oposición. El marxismo intolerante, el marxismo negador, el marxismo primitivo (que utiliza una concepción demasiado esquemática sobre la división de la sociedad en clases) cederá su puesto al marxismo democrático, y la situación social del Partido dentro de la sociedad moderna tendrá que cambiar profundamente. El Partido reconocerá a la sociedad. Sus tareas estrechamente corporativas, en la mayoría de los casos sectarias, serán ampliadas hasta convertirse en tareas sociales, y su afán de conquistar el poder se transformará en el afán de modificar, de reformar la sociedad moderna en un sentido democrático, adaptado al actual estado de cosas, a fin de poder defender del modo más feliz y completo los derechos (todos) de las clases trabajadoras.

"(…) Las divagaciones acerca de un partido político obrero independiente no son sino el producto del trasplante a nuestro propio terreno de tareas ajenas y resultados ajenos. (…) Los marxistas rusos tienen una sola salida: participar, es decir, ayudar a la lucha económica del proletariado y participar en la actividad liberal oposicionista"104.

La lógica del Credo no podía ser más clara: la clase trabajadora no debería esforzarse por crear su propio partido revolucionario, sino que debería limitarse al trabajo sindical "práctico" y dejar la tarea política de reformar el sistema actual a los liberales burgueses.

Los escritos polémicos de Lenin contra los economicistas, empezando con la Protesta, son una nueva declaración de las ideas básicas de Marx y Engels sobre la cuestión del proletariado y su partido. El proletariado sólo empieza a darse cuenta gradualmente de su potencial histórico y se convierte en una fuerza real en oposición a un mero potencial sin desarrollar, en la medida en que se organiza como una clase, independiente de otras clases.

La historia del movimiento de los trabajadores empieza con los sindicatos, la organización básica de la clase, los cuales eran "un fenómeno no sólo regular, sino también indispensable bajo el capitalismo y (…) sumamente importante para organizar a la clase obrera en su lucha cotidiana contra el capital y para abolir el trabajo asalariado". Pero una vez establecidos, los sindicatos no pueden limitar su esfera de actividad a reivindicaciones económicas, sino que, inevitablemente, tienden a moverse al plano político. Lo que esto implica no son las luchas esporádicas de grupos individuales de trabajadores contra sus empresarios, sino la lucha del proletariado en su conjunto contra la burguesía como clase y su Estado. Por necesidad, el proletariado y su partido entran en contacto con otras clases, el campesinado y la clase media, y tienen que establecer relaciones de trabajo con otros grupos, pero lo hacen así desde el punto de vista de su interés independiente como clase. De hecho, su papel es colocarse a la cabeza de todas las demás capas oprimidas y explotadas para llevar a cabo una transformación fundamental de la sociedad. "Sólo un partido obrero independiente", escribió Lenin, "podrá servir de firme baluarte en la lucha contra la autocracia, y sólo en alianza con semejante partido, apoyándolo, podrán mostrar activamente de lo que son capaces todos los demás luchadores por la libertad política"105.

Así, desde el mismísimo principio del movimiento en Rusia, se trazó claramente una línea divisoria entre dos tendencias. La primera, una tendencia marxista revolucionaria, que se basó en la clase obrera y vinculó la perspectiva de un derrocamiento revolucionario del zarismo a la lucha por la hegemonía de la clase trabajadora en el campo de la democracia revolucionaria, y que se oponía implacablemente a todos los intentos de subordinarla a los liberales y a la burguesía "progresista". La segunda, una corriente reformista que, mientras que elogiaba al marxismo, en la práctica predicaba la política de colaboración de clases y la subordinación a los liberales. Esta era, en esencia, la base del desacuerdo entre los marxistas y los economicistas. De formas diferentes, la misma lucha tuvo lugar muchas veces en la historia del movimiento revolucionario ruso y, con otros nombres —aunque básicamente con el mismo argumento—, continúa hasta el día de hoy.

En realidad, lo que se requiere es la creación de cuadros, educados en la teoría y en la práctica del marxismo e integrados en el movimiento de la clase obrera, empezando con su capa más activa y consciente. La composición de clase del partido debe de ser decisivamente proletaria. Los estudiantes y los intelectuales pueden jugar un importante papel fertilizando el movimiento con sus ideas y ayudando a su desarrollo, pero con una condición: que hayan roto terminantemente con su clase y se coloquen, no sólo en palabras, sino en la práctica diaria, al lado del proletariado. El problema con los economicistas fue que vieron, no la cara del proletariado, sino su trasero.

Que el movimiento en Rusia empezara con la intelligentsia no es sorprendente. Esto es casi una ley, y más aún en el caso de Rusia, dada toda la historia y condiciones del movimiento revolucionario ruso de las décadas de 1870 y 1880. Pero bajo las nuevas condiciones, toda la situación se estaba transformando. Una nueva generación de revolucionarios obreros estaba empezando a destacar rápidamente, los primeros graduados de la "universidad" de los círculos marxistas de la década de 1890. Por primera vez, los trabajadores empezaron a tomar la dirección de los comités en muchas áreas. Esto no fue, como algunos han mantenido falsamente, el resultado de las teorías democráticas de los intelectuales economicistas —estos, como hemos visto, a pesar de su obrerismo demostraron ser extremadamente reticentes a hacer sitio para los trabajadores en los comités dirigentes, como Lenin exigía— sino, en una gran parte, resultado de las oleadas constantes de arrestos, que se llevaban continuamente a los líderes con más experiencia.

La necesidad de escapar a la detención y el arresto —que era un requerimiento elemental de existencia bajo el régimen policial, y no ninguna teoría preconcebida de organización—, fue la razón por la que la tendencia dominante en la socialdemocracia en este período se basó en una concepción altamente centralizada de organización. Lo que decía el centro "iba a misa" y no había posibilidad de un funcionamiento democrático normal. Un pequeño comité dirigente central, no sujeto a elección, se renovaba por cooptación. Había una serie de comisiones subordinadas a él: para la propaganda, la agitación, la recogida de fondos, la impresión de material, y demás. Bajo las condiciones existentes, este modo de operar era absolutamente necesario. Incluso así, no impidió la infiltración de agentes provocadores en la organización, quienes frecuentemente lograban obtener posiciones claves en el partido. No obstante, con cierta frecuencia, la intelligentsia que dominaba los comités llevó muy lejos el principio del centralismo. Lenin desde el principio insistió en la necesidad de entrenar cuadros obreros y ponerles en los organismos dirigentes. Pero esta tarea a menudo chocó con la estrechez e insensibilidad de la capa dirigente, que guardaba celosamente sus prerrogativas e interpretó la idea del centralismo de una forma unilateral, encontrando siempre cien razones para no cooptar a nuevos trabajadores a los comités.

La situación cambió totalmente por una oleada de arrestos a finales de la década de 1890. De la noche a la mañana, una capa de obreros que nunca había tenido experiencia de dirección se vio forzada a tomar las riendas. El obrero Prokófiev describe su reacción al arresto repentino de los líderes de la organización de Moscú en 1893: "Estaba deprimido, enfermo y avergonzado. De repente me quedé sin líderes. Esto fue un golpe irreparable. Cuando se lo dije a mis compañeros, gemimos y nos sentamos como si estuviéramos en un funeral", pero concluyeron que "...no había nada que hacer sino aguantar y continuar el trabajo nosotros mismos, así que empezamos a trabajar nosotros solos". Obreros como Bábushkin en San Petersburgo desarrollaron todo su potencial en este período. Bábushkin, exiliado en Yekaterinoslav en el sur, entonces un centro turbulento de revuelta, demostró ser capaz de dirigir una organización sin ayuda.

La desorganización general, junto con la funesta influencia de las ideas economicistas, significó que en varias áreas la organización estaba dividida entre un grupo para los trabajadores y otro para los intelectuales. Este método erróneo existía en Yekaterinoslav, donde inevitablemente se crearon las condiciones para el desarrollo de desconfianza y antagonismo mutuo. "Recuerdo", escribe Bábushkin, "que la intelligentsia a menudo criticaba el lenguaje poco literario de los panfletos [de los obreros] y, finalmente, uno fue recortado y alterado de alguna manera por el comité de la ‘ciudad’. Esto provocó un choque directo que amenazó con llevar a una ruptura total entre los obreros y la intelligentsia"106. En general, el desarrollo de la Liga Obrera de Moscú no difiere fundamentalmente del de la Liga de Lucha de San Petersburgo, que estableció las pautas para el resto del país y que todavía tomamos como nuestro punto básico de referencia. Los moscovitas habían sufrido una serie de arrestos, especialmente después de 1896 cuando Zubátov se hizo con el control del departamento de policía de Moscú y, a través de agentes provocadores, obtuvo información de los elementos menos firmes de la Liga.

Después de cada oleada de arrestos, la organización se renovó con nuevos trabajadores que aprendieron en la práctica a confiar en su propia habilidad e inventiva. Unos pocos años más tarde, Lenin obligó a recordar a los "hombres de comité", los cuales no tenían confianza en la capacidad de los trabajadores para dirigir el partido, que en este período, trabajadores como Bábushkin habían hecho precisamente eso. No obstante, a pesar de esto, el partido entró en el siglo XX en una condición muy precaria. Para 1900, la tendencia economicista parecía haber triunfado en todos los frentes. En el área occidental, los economicistas dominaban por completo. En Ucrania también tenían una posición predominante. De hecho, el comité de Kiev respaldó la línea extremista del economicismo, el Credo. No obstante, había indicios de que el ambiente de la base estaba empezando a reaccionar contra la situación. Bajo la influencia del incansable Bábushkin, la organización de Yekaterinoslav, que a principios de siglo tenía unos 24 círculos con unos 200 trabajadores, se posicionó contra el economicismo.

En enero de 1900, bajo la instigación de la organización de Yekaterinoslav, se lanzó el Yuzhny Rabochii (El Obrero del Sur). Sacó un total de 13 números hasta abril de 1903 cuando dejó de publicarse. El Yuzhny Rabochii se opuso al economicismo, pero carecía de una base teórica suficientemente firme y tendía a ser inconsistente. El Comité de Redacción, producto típico de la falta de profesionalidad y del espíritu de círculo local de aquel período, se componía de los representantes de los comités locales con toda clase de opiniones, un hecho que se reflejaba en la actitud vacilante del periódico en la lucha entre Iskra y el economicismo, aunque finalmente se fusionó con Iskra.

El pequeño grupo alrededor del Bor’ba (La Lucha), un periódico lanzado por David Riazanov, representaba una tendencia similar. Lenin, reconociendo el talento literario de Riazanov, y ansioso de asegurarse el apoyo para Iskra y Zaya, hizo todo lo posible para interesarle en el trabajo conjunto, aunque en la práctica el grupo Bor’ba representaba muy poco, consistiendo en un grupo de intelectuales en París. Dentro de Rusia, sólo el comité de Odessa se identificó con Bor’ba. Era un ejemplo típico de una pequeña secta intelectual, cuya actividad consistía exclusivamente en trabajo literario y cuyas ideas eran un batiburrillo de cosas prestadas de otras tendencias, pero cuya pretensión de sobresalir sobre las demás fracciones la colocaba en un plano infinitamente más bajo que cualquier otra. Grupos parecidos afloraban constantemente en la historia del movimiento revolucionario e, invariablemente, jugaban un papel pernicioso, cuando fueron capaces de jugar algún papel.

El intento de Bor’ba de hacer de "agente honesto" entre Iskra y Rabócheie Dielo pronto terminó en colisión con la tendencia marxista consecuente. Riazanov intentó presionar sobre Iskra rehusando a colaborar a menos que suavizaran sus críticas a Rabócheie Dielo. Como este chantaje no tuvo ningún efecto, disolvió el "Grupo de promoción de Iskra" en París y empezó a quejarse de que Iskra había "violado la neutralidad organizativa"107. Al final, Lenin se dio por vencido. El grupo Bor’ba, a pesar de sus grandes pretensiones, no jugó posteriormente ningún papel. En el II Congreso no fueron admitidos y el grupo pronto se desmanteló. Riazanov volvió a surgir en 1909 como profesor en la escuela de Capri de la fracción ultraizquierdista Vperiod (Adelante), que no debe de confundirse con el periódico del mismo nombre que Lenin lanzó en 1904. A pesar de sus defectos, Riazanov fue sin duda un intelectual con talento. Después de la revolución, se convirtió en el director del Instituto de Marxismo-Leninismo, hasta que, como mucho otros, sufrió las purgas de Stalin.

 

 

El nacimiento de Iskra-->

 

   
   Notas (pulsar en el número de la nota para volver sitio al de lectura)    
 

 

100. Lenin, Prólogo a ¿Qué hacer?, Obras Escogidas, Vol. 1, pág. 119.

101. Citado en Akimov, On the Dilemmas of Russian Marxism 1895-1903.

102. Ver Lenin, Obras completas, Vol. 4, págs. 199-204 y 256-290.

103. Ibíd., págs. 173-187.

104. El texto completo del Credo está publicado en Lenin, Protesta de los Socialdemócratas de Rusia, Obras completas Vol. 4, págs. 177 y 178. El énfasis es nuestro.

105. Ibíd., págs. 181 y 186. El énfasis es nuestro.

106. Citado en Wildman, op. cit. págs. 93 y 106.

107. Lenin, Obras completas, A P.B. Axelrod, 25 abril 1901, Vol. 34, pág. 60.