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bolchevismo
El camino a la revolución |
| Primera parte | |||
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El nacimiento del marxismo ruso
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El I Congreso del POSDR
A las diez en punto de la mañana del 1 de marzo de 1898 (14 de marzo, NE), un grupo de nueve personas se reunió en el piso del ferroviario Rumyantsev en la ciudad occidental de Minsk. El fin de la reunión era el de celebrar la onomástica de la mujer de Rumyantsev. En la habitación de al lado se mantenía un fogón encendido, no por el frío, sino para quemar cualquier papel comprometedor en el caso de una redada policial. Por la proximidad de unos cuarteles de la policía montada y el hecho de que esas nueve personas eran los líderes de grupos socialdemócratas de Moscú, Kiev, Petersburgo y Yekaterinoslav, así como del grupo Rabóchaya Gazeta (La Gaceta Obrera) y de la organización socialdemócrata judía, el Bund, tales precauciones eran claramente necesarias. Bajo estas condiciones, tuvo lugar en suelo ruso el primer y único congreso del POSDR bajo el zarismo. Durante algunos años, ya había sido evidente la necesidad de un congreso para formalizar la existencia del Partido, elegir una dirección y unificar los grupos locales. Lenin, desde la celda de su prisión, había conseguido sacar del recinto un borrador de programa para el Partido, escrito con mucho esfuerzo en leche entre las líneas de un libro. Ya se habían hecho algunos avances. Los grupos en la clandestinidad habían acordado llamarse Ligas para la Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera e, incluso, publicar un periódico ilegal con el título Rabócheie Dielo. Se estableció un comité clandestino en Kiev con la tarea de imprimir el periódico, cuyo primer ejemplar apareció en agosto de 1897 (aunque por razones de clandestinidad, se puso la fecha de noviembre). También se confió a la organización de Kiev los arreglos del congreso, ya que ésta había escapado a lo peor de los arrestos. No obstante, la idea de convocar un congreso dentro de Rusia bajo estas condiciones estaba llena de dificultades. Ciertos grupos —como el grupo joven de Petersburgo, los grupos de Odessa y Nikolaev y la Unión de Socialdemócratas en el Extranjero—, no fueron invitados por razones de seguridad. El grupo de Jarkov, por otro lado, declinó participar con el argumento de que era prematuro establecer el Partido. No fue una casualidad que el I Congreso se celebrase en Minsk. Las áreas polaca y occidental, como hemos visto, eran semilleros de agitación revolucionaria antizarista donde los dos aspectos de opresión social y nacional se combinaban para crear una atmósfera explosiva. El movimiento huelguístico de la década de 1890 actuó como un foco para la rabia, la amargura y el odio acumulados por las nacionalidades oprimidas, particularmente por los judíos. El movimiento de los obreros y artesanos judíos llevó al establecimiento de la Unión General Obrera Judía de Lituania, Polonia y Rusia en 1897, un año antes del I Congreso del partido ruso mismo. Durante los primeros dos o tres años después de su formación, como comenta Zinóviev, el Bund era "la sección más fuerte y más numerosa de nuestro partido"91. En la época del I Congreso, el Bund disfrutaba de unos recursos mucho mayores y una militancia más grande que los grupos socialdemócratas del resto de Rusia, con catorce organizaciones locales (o "comités", como en aquel entonces se las conocía) en Varsovia, Lodz, Belostok, Minsk, Gomel, Grodno, Vilnius, Dvinsk, Kovno, Vitebsk, Mogilev, Berdichev, Zhitomir y Riga. También había comités más pequeños en muchas otras áreas, incluyendo Kiev, Odessa y Brest-Litovsk. No obstante, la organización del Bund se parecía siempre más a un movimiento sindical que a un partido revolucionario. Incluso Akimov tuvo que admitir que el nivel político de su dirección era bajo: "Considero esto como un defecto incuestionable del Bund: el proletariado judío carece de teóricos"92. En realidad, como ya hemos visto, la mayoría de sus miembros no eran proletarios, sino artesanos. La máxima autoridad consistía en un Comité Central (CC) de tres personas, elegidas en el congreso bianual. El Bund organizó en el ámbito local grupos sindicales (a menudo erróneamente traducidas como "consejos sindicales"), comités de propaganda y comités de intelectuales, grupos de discusión y comités para la agitación, todos ellos parecen haber funcionado más o menos separadamente. Los grupos sindicales reunían entre cinco y diez miembros del Bund en un gremio determinado. Estos eran elegidos por el CC y parece que se reunían regularmente para discutir asuntos sindicales. Sólo después de agosto de 1902, el Bund, bajo la presión de Iskra, estableció comités revolucionarios que agruparon a los obreros más avanzados separados de los grupos sindicales. Toda la estructura del Bund estaba organizada sobre unas bases no marxistas, con trabajadores en grupos sindicales herméticamente separados de los intelectuales que trabajaban autónomamente en sus propios comités. A pesar de los defectos del Bund, los obreros y artesanos socialistas judíos jugaron un papel importante en los primeros días del movimiento. El hecho de que el I Congreso se celebrara en Minsk fue un reconocimiento de ese papel. Sólo el Bund tenía los recursos para organizar tal congreso ante las narices de la policía zarista. Es un tributo a su capacidad organizativa que el congreso pudiera completar con éxito sus seis sesiones a lo largo de tres días. Ya que no se tomaron actas, prácticamente todo lo que se sabe de cómo discurrió está contenido en las resoluciones. Bajo la presión del Bund, se acordó que "La Unión General Obrera de Rusia y Polonia entra en el Partido como una organización autónoma, independiente solamente en aquellas cuestiones relacionadas especialmente al proletariado judío"93. Esta concesión a los prejuicios nacionales del Bund dio lugar a una importante polémica en el siguiente período, cuando la cuestión nacional ocupó un lugar central en las deliberaciones de los marxistas rusos. Lenin, al tiempo que se oponía implacablemente a la opresión de las minorías nacionales en todas sus formas y defendía los derechos de las nacionalidades oprimidas, incluido el derecho de autodeterminación, insistía en la necesidad de mantener la unidad de las organizaciones obreras y luchó contra toda tendencia que las dividiera en líneas nacionales. El movimiento socialdemócrata, como hemos visto, tuvo un avance espectacular entre los obreros y artesanos judíos de las fronteras occidentales del Imperio Ruso. Sin embargo, la dirección de la recién establecida organización de los trabajadores judíos, el Bund, se identificaba plenamente con el punto de vista reformista de los economicistas. La falta de un centro dirigente fuerte agravó las tendencias hacia el particularismo local, lo que tuvo un efecto especialmente dañino en las relaciones entre los socialistas no rusos y sus correligionarios rusos. La dirección del Bund empezó a desarrollar un punto de vista nacionalista estrecho que, de no habérsele puesto bajo control, hubiera tenido consecuencias extremadamente peligrosas para los propios trabajadores judíos como minoría oprimida. En 1902, Osip Pyatniski recuerda que: "los trabajadores judíos se habían organizado antes y el trabajo entre ellos era más fácil que entre los lituanos, polacos y rusos. La cúpula de la dirección de los obreros judíos no realizaba ningún trabajo entre no judíos, y no quería trabajar entre ellos". Al mismo tiempo, la existencia de divisiones nacionales había llevado, incluso, a la escisión de las organizaciones más básicas de la clase obrera. En Rusia Occidental no había ni un solo sindicato que aceptase como miembros a obreros de todas las nacionalidades. Los partidos, divididos en líneas nacionales, mantenían sus propios sindicatos —los socialdemócratas lituanos, los socialdemócratas polacos, el PPS y, por supuesto, el Bund—, lo cual jugó un papel extremadamente negativo al perpetuar divisiones que dañaban seriamente la causa de los trabajadores en general, y de los obreros judíos en particular. Estos, instintivamente, estaban a favor de la unidad, pero sus dirigentes insistían en mantenerles separados. Pyatniski menciona una reunión de un comité del Bund a la que él asistió y "en la que se discutió el hecho de que, debido a su falta de conciencia de clase, los obreros rusos estaban dificultando la lucha económica de los obreros judíos, ya que, cuando estos fueron a la huelga, los rusos ocuparon su lugar. Su decisión sobre esta cuestión tenía la sabiduría de Salomón: había que instigar a algunos obreros rusos a que hiciesen agitación entre sus propios compañeros"94. Las tradiciones gremiales estrechas y el carácter artesanal y a pequeña escala de la mayor parte de la industria en este sector fueron las bases sociales sobre las que se desarrolló la organización socialdemócrata judía, el Bund. Los joyeros, zapateros remendones, sastres, grabadores, tipógrafos y curtidores de Vilna demostraron ser más proclives a las ideas del economicismo que los obreros textiles y del metal de Petersburgo. Pero incluso en este caso, la auténtica causa del fenómeno reside en la confusión ideológica de la dirección. Vladímir Akimov, el economicista extremo, en su libro sobre la historia de los comienzos de la socialdemocracia rusa, se ve obligado a admitir que los obreros socialdemócratas de Vilna se quejaban de que el partido "no era suficientemente político": "Eran los propios trabajadores los que exigieron la introducción de un elemento ‘político’ en la agitación socialdemócrata. Fueron ellos los que estaban decididos a denunciar los fallos del sistema político, sacar a la luz la falta de derechos del pueblo, formular los intereses de los trabajadores como ciudadanos. Pero la organización revolucionaria, que esperaba guiar (!!) al movimiento obrero hacia las ideas socialdemócratas, tenía miedo de no ser entendida por las masas (!), de perder su influencia si planteaba sus propias reivindicaciones de derechos ‘políticos’ como derechos del proletariado. ¿Estaba ya la clase obrera suficientemente educada políticamente para apreciar, para reconocer sus propios intereses? Los dirigentes no estaban seguros de eso y vacilaron a la hora de actuar"95. Estas pocas líneas reflejan mejor que cualquier otra cosa la actitud de desprecio de los economicistas hacia los trabajadores en cuyo nombre pretendían hablar. La idea de fondo es una total falta de confianza en la capacidad de los trabajadores para entender la necesidad de la lucha política. Sin embargo, los trabajadores se enfrentan a la necesidad del cambio social y político en todas las etapas de la lucha. Partiendo de la lucha económica contra empresarios individuales, inevitablemente llega un momento en que los trabajadores sacan la conclusión de la necesidad de llevar a cabo una transformación completa de la sociedad. Y mucho antes de eso, como toda la historia del movimiento obrero demuestra desde la época de los Cartistas* en adelante, el proletariado comprende la necesidad de luchar por cada reivindicación parcial política y democrática que sirva para fortalecer su posición, desarrollar sus organizaciones de clase y crear las condiciones más favorables para una lucha exitosa contra sus opresores. A la vista de la sangrienta historia del zarismo ruso, el mantenimiento de una postura de principios sobre la cuestión nacional sin duda planteó dificultades colosales. Como una manifestación del grado de desconfianza y tensión entre las nacionalidades, los socialdemócratas lituanos, después de alguna vacilación, decidieran no asistir al congreso de un partido "ruso", lo que provocó el disgusto de Dzerzinski, que más tarde escribió: "Yo era el enemigo más severo del nacionalismo y consideré el pecado más grande que en 1898, mientras que me encontraba en prisión, la socialdemocracia lituana no entrara en el Partido Obrero Social Demócrata Ruso unificado"96. Igualmente, el Congreso hizo algunas concesiones a las presiones de los comités locales, celosos de su autonomía local: "Los comités locales", dice la resolución, "llevará a cabo las disposiciones del CC en la forma que considere más oportuna para las condiciones locales. En casos excepcionales, los comités locales se reservan el derecho de rehusar llevar a cabo las exigencias del CC, informándole de las razones de su negativa. En todos los demás asuntos, los comités locales funcionarán de una forma completamente independiente, siendo guiados sólo por el programa del partido"97. Se eligió un Comité Central compuesto por tres personas; se acordó sacar un manifiesto; se reconoció a la Unión de Social Demócratas Rusos en el Extranjero como la representante del partido en el exterior; y se nombró a Rabóchaya Gazeta como su órgano oficial. No obstante, las esperanzas que despertó el Congreso no estaban destinadas a realizarse. Uno de los participantes, Tuchapsky, recuerda en sus memorias: "Salimos del Congreso con un sentimiento de fe optimista en nuestra causa. A mi llegada a Kiev, di un informe a la Liga y al Comité de los Trabajadores. Las resoluciones del Congreso fueron aprobadas. Parecía como que ahora el trabajo iría adelante todavía mejor y con mayor éxito que en el pasado. Pero sólo una semana después de mi regreso, la organización de Kiev fue aplastada"98. Antes de que acabase el mes, cinco de los nueve participantes habían sido arrestados, incluido un miembro del CC. El único logro del CC fue publicar el Manifiesto aprobado, escrito por Struve, quien, aunque ya estaba girando a la derecha, hizo un trabajo sorprendentemente bueno: su último servicio a la causa que pronto iba a traicionar. El I Congreso había logrado todo lo que podía lograr. El Partido existía por lo menos como un potencial, una bandera y un Manifiesto. Pero las condiciones en Rusia hicieron imposible efectuar la unificación del partido sobre unas bases de principios. Todo lo que el Congreso pudo hacer fue señalar el camino. Desde 1898 hasta 1917 ningún otro Congreso del Partido pudo celebrarse en suelo ruso. La experiencia había servido para demostrar la imposibilidad de construir, bajo condiciones de ilegalidad, un centro político viable dentro de Rusia. El centro de gravedad de la organización pasó inevitablemente al exterior, donde las fuerzas del marxismo revolucionario, bajo condiciones de seguridad relativa, podían reagruparse y prepararse para la siguiente etapa: hacer realidad lo que se había intentado en Minsk en 1898. En la práctica, el Congreso había cambiado muy pocas cosas. Trotsky, que había oído de él en la prisión de Jersón, comentó que "a los pocos meses ya nadie hablaba de él [del congreso]"99. Después de la primera oleada de emoción, los comités locales se hundieron en la rutina del trabajo local, publicando una infinidad de panfletos y proclamas en conexión con el movimiento huelguístico, que siguió extendiéndose. Los grupos del interior de Rusia continuaron funcionando con poco o ningún contacto y sin ningún tipo de centro político. A la confusión política prevaleciente se le añadió caos organizativo y métodos de trabajo poco profesionales.
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91.
Zinóviev, History of the Bolshevik Party, pág. 51. 92.
Akimov, On the Dilemmas of Russian Marxism 1895-1903, pág. 223. 93.
KPSS v rezolyutsiyakh i resheniyakh, Vol. 1, pág. 16. 94.
O. Pyatniski, Zapiski Bol’shevika (Memoirs of a Bolshevik), págs. 25 y
26. 95.
V. Akimov, On the Dilemmas of Russian Marxism 1895-1903, pág. 215. * Los Cartistas fueron el primer movimiento político de la clase obrera en la historia. Surgieron en Gran Bretaña en la década de 1830 con una campaña de masas en torno a un programa (People’s Charter) con un contenido democrático revolucionario (sufragio universal, abolición de la obligatoriedad de poseer tierra para ser diputado al Parlamento, etc.). Llevando a cabo una amplia agitación, se convirtieron en un movimiento de masas. En sus filas había una tendencia reformista pero también una tendencia revolucionaria (Los Physical Force Men), sobre todo en el país de Gales donde llevaron a cabo una insurrección armada. Marx y Engels tenían una relación estrecha con el ala izquierda de los cartistas y tenían una alta opinión de ellos. Julian Harney, el redactor del periódico cartista The Red Republican, publicó la primera traducción del Manifiesto Comunista en inglés. El movimiento de los cartistas entró en declive después de 1848, y fueron sustituidos por el desarrollo del sindicalismo en Gran Bretaña. 96. Citado en Istoriya KPSS, Vol. 1, pág. 260. 97.
Citado en KPSS v rezolyutsiyakh i resheniyakh, Vol. 1, pág. 17. 98. Citado en Istoriya KPSS, Vol. 1, pág. 265. 99. Trotsky, Mi vida, pág. 96.
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