bolchevismo El camino a la revolución 
Historia del Partido Bolchevique desde sus comienzos hasta la Revolución de Octubre  

 
  Primera parte    
       
 

El nacimiento del marxismo ruso

 

   

 

 El revisionismo de Bernstein

 

En el 50º Aniversario del Manifiesto Comunista en 1898, Plejánov se quedó horrorizado al leer en Die Neue Zeit (Nuevos tiempos) un artículo de Bernstein, el prominente dirigente socialdemócrata alemán, en el que cuestionaba las ideas básicas del marxismo. "¿Por qué? Esto es una negación completa tanto de las tácticas revolucionarias como del comunismo", escribió Plejánov, "Estos artículos casi me hicieron caer enfermo". Esto sólo era el disparo de salida de la campaña continua que Bernstein lanzó en las publicaciones del partido alemán en favor de "revisar" el marxismo. Bernstein argumentaba que el marxismo estaba caduco. Las supuestas teorías "modernas" de los actuales dirigentes obreros no son más que plagios torpes de nociones mucho más hábilmente expresadas por Bernstein hace cien años.

Entre otras cosas, Bernstein planteaba que la concentración de la producción industrial se estaba produciendo a un ritmo mucho menor que el previsto por Marx; el gran número de pequeños negocios demostraba la vitalidad de la empresa privada ("lo pequeño es hermoso", como se dice ahora); en lugar de una polarización entre obreros y capitalistas, la presencia de un estrato numeroso de intermediarios significa que la sociedad es mucho más compleja ("las nuevas capas medias"); en lugar de la "anarquía de la producción", el capitalismo podría ser controlado hasta el punto de que las crisis serían menos frecuentes y menos severas (keynesianismo y "capitalismo controlado"); y la clase obrera, aparte de ser una minoría en la sociedad, sólo estaba interesada en la mejora inmediata de sus condiciones materiales de existencia ("ascenso social").

Por supuesto, estas ideas no cayeron del cielo. Reflejaban la presión de un largo período de auge económico del capitalismo que se había prolongado durante casi dos décadas, y que desembocó en la I Guerra Mundial. Este período de relativa calma social y también de mejoras relativas en los niveles de vida de por lo menos las capas superiores del proletariado en Alemania, Gran Bretaña, Francia y Bélgica dio lugar a la ilusión de que el capitalismo estaba en camino de resolver sus contradicciones fundamentales. El rápido aumento de la influencia y el poder de los partidos y sindicatos obreros también generó una nueva casta de funcionarios sindicales, parlamentarios, concejales y burócratas del partido que, tanto en sus condiciones de vida como en sus perspectivas, se alejaron cada vez más de la gente a la que supuestamente representaban. Esta capa, con un nivel de vida razonablemente bueno y deslumbrada por el éxito aparente del capitalismo, dio una base social al revisionismo, una reacción pequeñoburguesa contra las tensiones de la lucha de clases, un anhelo de bienestar material y un deseo de una transición pacífica y armoniosa al socialismo en un futuro convenientemente distante y difuminado.

La reacción de Axelrod a los artículos de Bernstein en Die Neue Zeit fue inicialmente más tolerante que la de Plejánov, que estaba totalmente enfurecido. De hecho, tanto Axelrod como Zasúlich fueron sacudidos hasta el punto de la desmoralización por la controversia. La impresionable Vera Zasúlich, especialmente, estaba atormentada por las dudas. Sólo Plejánov se mantuvo absolutamente firme, reagrupando a sus compañeros y metiéndose de lleno en la disputa. Sus artículos contra Bernstein y Konrad Schmidt (sobre filosofía, en defensa del materialismo dialéctico) muestran a Plejánov en su apogeo: un luchador infatigable en defensa de las ideas fundamentales del marxismo. Los representantes más prominentes del ala izquierda del SPD, Rosa Luxemburgo y Parvus, lanzaron un fiero contraataque. Pero lo que sorprendió a Plejánov más que cualquier otra cosa fue la reacción de Kautsky.

Kautsky, considerado en general como el guardián de la ortodoxia marxista por excelencia, también era amigo personal de Plejánov. Pero ahora no sólo permitió la utilización de Die Neue Zeit —la revista de la que él era editor— para esta diatriba antimarxista, sino que al principio también se abstuvo de criticar a Bernstein por escrito. A la luz de la historia posterior, el silencio de Kautsky era significativo. A pesar de todas sus tesis eruditas sobre la revolución y la lucha de clases, el marxismo de Kautsky tenía un carácter abstracto y escolástico. Mientras que Plejánov consideró a Bernstein como un enemigo al que atacar, desenmascarar y, si fuese necesario, expulsar, Kautsky todavía le veía como un compañero que había cometido errores, cuyas excentricidades teóricas no debían estropear una agradable relación de amistad. La actitud de Kautsky queda revelada claramente en una carta que escribió a Axelrod el 9 de marzo de 1898, felicitándole por sus artículos contra Bernstein en los siguientes términos: "Estoy muy interesado en tu opinión de Eddie. De hecho, me temo que le estamos perdiendo. (…) Sin embargo, todavía no me he dado por vencido y espero que cuando entre en contacto personal con nosotros —aunque sólo sea por escrito—, entonces algo del viejo luchador volverá a nuestro Hamlet (sic), y dirigirá de nuevo sus críticas contra el enemigo y no contra nosotros"87.

Cuando finalmente fue empujado por Plejánov a responder públicamente, Kautsky tuvo cuidado de utilizar el tono más suave posible, casi disculpándose por criticarle: "Bernstein nos ha obligado a replantearnos las cosas, y debemos darle las gracias por ello". Enfurecido por esto, Plejánov escribió una carta abierta a Kautsky con el título ¿Por qué deberíamos agradecérselo? en la que, entre otras cosas, planteaba la pregunta directamente: "¿Quién enterrará a quién, Bernstein a la socialdemocracia, o la socialdemocracia a Bernstein?"88.

Aunque los miembros del Grupo Emancipación del Trabajo reaccionaron contundentemente ante el intento de Bernstein de diluir las enseñanzas revolucionarias de Marx, aquel tenía sus admiradores en Rusia. Antes de esto, las desviaciones de los economicistas carecían de un contenido teórico coherente. Ahora, empezando con los exiliados, se aferraron ansiosos a las ideas de Bernstein como justificación para sus tendencias oportunistas. Aunque Rabochaya Mysl’ intentaba evitar la política como el diablo el agua bendita, tenía una línea política bien definida —una línea reformista y antirrevolucionaria—: "El desarrollo de la legislación de fábrica", declaraba, "de sistemas de seguro laboral, de participación de los trabajadores en los beneficios, el desarrollo de los sindicatos transformará gradualmente la sociedad capitalista en una sociedad socialista. (…) No es la agudización de la pobreza del proletariado, ni la agudización del conflicto entre capital y trabajo, ni la agudización de las contradicciones internas de la producción capitalista lo que llevará al socialismo, sino más bien el crecimiento y el desarrollo de la fuerza e influencia del proletariado"89.

Los ideólogos de Rabochaya Mysl’ eran estudiantes e intelectuales a través de los cuales los liberales burgueses presionaban para contener al movimiento obrero. Su admiración abierta por Bernstein no era una casualidad. Representaban una variante específica rusa del fenómeno internacional del revisionismo, que a su vez era una expresión de los intereses de los "progresistas" de clase media de Occidente que se habían acercado al movimiento obrero cuando estaba ya claro que éste se había establecido definitivamente como un agente social poderoso y, por lo tanto, una fuente potencial de empleos, prestigio e ingresos. De hecho, desde los primeros días de la socialdemocracia alemana, Engels había advertido continuamente contra la influencia perniciosa de los Katheder Sozialisten universitarios, gente como Dühring que se dignaban graciosamente a ofrecer sus servicios al movimiento obrero con vistas a empujarlo por el camino de la colaboración de clases reformista.

Sin embargo, este paralelismo sólo es válido dentro de ciertos límites. El contexto social en el que surgió el economicismo era muy diferente de aquel en el que el revisionismo alemán nació y prosperó. De la misma manera que la burguesía rusa representaba un crecimiento débil y anémico en comparación con los poderosos capitalismos alemán, británico y francés, los bernsteinianos rusos eran en gran medida los parientes pobres del oportunismo internacional. No tenían ideas propias, más que los prejuicios, caprichos y modas cambiantes de los intelectuales. Todo su bagaje intelectual estaba tomado de los alemanes e ingleses. El reformismo tiene una base material. El capitalismo en Gran Bretaña, Alemania y Francia todavía tenía un papel progresista que jugar en el desarrollo de las fuerzas productivas. El período de auge económico que precedió a la I Guerra Mundial, la mejora de un sector de las masas y la consiguiente suavización de las relaciones entre las clases era la premisa social y económica para el auge del revisionismo bernsteiniano. Pero las semillas que prosperaron en el terreno del progreso económico en Occidente fueron prácticamente estériles en el terreno duro y rocoso de Rusia. Aquí no existía una amplia aristocracia obrera, sino una masa de proletarios empobrecidos y esclavizados en la industria a gran escala. Sólo hubo un área donde las ideas del economicismo encontraron la materia prima necesaria para lograr un eco entre la clase trabajadora.

Con la mayor parte de los dirigentes más experimentados privados de libertad, el nivel medio de los militantes cayó hasta un punto extremadamente bajo. Las ideas del economicismo se extendieron ampliamente en los comités locales. Las consecuencias prácticas de esto pudieron verse ya en el 1º de Mayo de 1899, cuando el grupo joven de Petersburgo sacó un panfleto llamando a una jornada laboral de diez horas, en contraste con la consigna aceptada internacionalmente de la jornada de ocho horas, una acción que fue denunciada en el primer número de Zarya como "una traición a la socialdemocracia internacional"90.

Para poner el movimiento en Rusia sobre una base firme era necesario terminar con este estado de cosas. Todo el mundo sentía la necesidad acuciante de un partido unido con una dirección estable y, por encima de todo, un periódico para toda Rusia. Sólo con el lanzamiento del Iskra de Lenin, la unificación del Partido Obrero Social Demócrata Ruso se convirtió en una propuesta viable. Pero antes de eso hubo un intento de lanzar el Partido mediante un congreso fundacional.

 

El I Congreso del POSDR-->

 

   
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87. Perepiska G.V. Plekhanova i P.B. Aksel’roda, págs. 208-9.

88. Baron, op. cit., pág. 238 en ambas citas.

89. Citado en A.K. Wildman, op. cit., pág. 141.

90. Citado en Akimov, On the Dilemmas of Russian Marxism 1895-1903, pág. 262.