|
bolchevismo
El camino a la revolución |
| Primera parte | |||
|
El nacimiento del marxismo ruso
|
|||
|
|
Rabochaya Mysl’
En esta etapa, no sería correcto decir que la desviación economicista ya existía como una corriente completamente desarrollada. Pero esta discusión reveló tendencias alarmantes y una tendencia oportunista incipiente que preocupó a los "veteranos". Sus peores temores se vieron confirmados con la aparición de Rabochaya Mysl’, cuyo primer número se publicó en San Petersburgo en octubre de 1897. Este expresaba las ideas de la nueva tendencia de la manera más abierta y cruda. El primer ejemplar había dejado clara la actitud de la revista: "En la medida en que el movimiento no era más que un medio para tranquilizar la conciencia del intelectual arrepentido (!) resultaba ajeno al propio obrero (…) la base económica del movimiento estaba oscurecida por el intento constante de recordar el ideal político. (…) El trabajador medio se quedó al margen del movimiento. (…) La lucha por los intereses económicos era la lucha más terca, la más poderosa en cuanto a la cantidad de gente que la entendía y en cuanto al heroísmo con que la persona normal defendía sus derechos de existencia. Tal es la ley de la naturaleza. La política siempre sigue dócilmente a la economía y, como resultado general, las cadenas políticas se rompen ‘en el camino’. La lucha por una mejora económica, (?) la lucha contra el capital en el terreno de los intereses vitales diarios y de huelgas como método de esta lucha: tal es el lema del movimiento de los trabajadores"83. La idea básica expresada en estas líneas es que los trabajadores no pueden entender ni necesitan la "política". La lógica de esto es que el partido revolucionario es una irrelevancia. Detrás de la defensa demagógica de la independencia de los trabajadores con relación a la dirección intelectual está realmente la independencia de los trabajadores en cuanto al marxismo. El peligro implícito en esta idea estaba claro. Si se aceptaban los argumentos de los economicistas, el partido se disolvería en la masa de los trabajadores no educada políticamente. Ya en la reunión entre los nuevos líderes de la Liga de Petersburgo y Lenin y Mártov, cuando les pusieron en libertad provisional en febrero de 1897, Tajtarev había propuesto que a los delegados del sindicato (el Grupo Central de Trabajadores) se les permitiese participar automáticamente en la Liga. Lenin defendió el reclutamiento de trabajadores para el partido, pero se oponía a que se empañase la distinción entre el partido, que representaba el sector más avanzado de los trabajadores, y las organizaciones amplias de la clase, particularmente en un momento en que el partido estaba luchando por su existencia en condiciones difíciles y peligrosas de ilegalidad. Naturalmente, la tendencia economicista en general, y Rabochaya Mysl’ en particular, tienen muy buena prensa entre los críticos burgueses del bolchevismo, que están dispuestos a recrearse en las distorsiones más escandalosas con tal de apoyar a todas y cada una de las tendencias contra Lenin. La esencia de la distorsión es más o menos la siguiente: los economicistas eran democráticos, estaban a favor de "abrir el partido" a los trabajadores, mientras que Lenin era un elitista conspirador, empeñado en mantener la dirección en manos de una pequeña camarilla de intelectuales, dominada por él mismo. Un ejemplo clásico de esto es el libro de A.K. Wildman, The Making of a Worker’s Revolution, que es un intento mal disimulado de utilizar la controversia economicista como un arma contra Lenin. Desgraciadamente, "los hechos son tozudos". Después de una búsqueda frenética, Wildman finalmente descubrió que de hecho había un trabajador (uno sólo) en el Comité de Redacción de Rabochaya Mysl’. Pero los lumbreras dirigentes de Rabochaya Mysl’ eran todos intelectuales del grupo de Tajtarev. La mayoría de ellos terminaron como liberales y feroces enemigos del socialismo, lo que explica el tratamiento favorable que reciben en los libros de historia burguesa. Pero mira por dónde que en la página 130 de su libro, Wildman se ve obligado a admitir que "a pesar de su control sobre la dirección, los seguidores de Rabochaya Mysl’ no consiguieron ganar a representantes obreros a la Soyuz Bor’by (Liga para la Lucha), en contradicción flagrante con sus compromisos teóricos". El intento de complacer a las "masas" rebajando el nivel tampoco tuvo mucho éxito. Un periódico obrero auténticamente revolucionario no debería reflejar meramente la situación y la conciencia de los trabajadores en cada momento, sino que, partiendo de su nivel de conciencia, lucharía por elevarlo hasta las tareas planteadas por la historia. Junto con artículos de carácter agitativo que traten de la vida y los problemas de los trabajadores, debería de incluir artículos más generales (propaganda) y también teoría. Incluso un admirador tan ferviente de Rabochaya Mysl’ como Wildman tiene que admitir que "después de unas pocas columnas, la retahíla inacabable de ‘estafas’ y ‘timos’ por parte de los empresarios, y broncas y amenazas por parte de los capataces, intercaladas con expresiones bravuconas de indignación, se volvía aburrido"84. Un trabajador puede que compre un periódico de ese tipo una o dos veces, pero después, al darse cuenta de que es una simple repetición de lo que ya conoce, de que no se hace ningún intento de elevar su nivel de comprensión o de enseñarle nada nuevo, inevitablemente se aburrirá y dejará de leerlo. Después de todo, ¿por qué uno debería de comprar un papel que te dice lo que ya sabes? Los teóricos intelectuales de Rabochaya Mysl’, que en palabras ponían al obrero en un pedestal, en la práctica demostraron su desprecio por los trabajadores rebajando el nivel en las páginas de su periódico, que no era más que un boletín de huelga con pretensiones. En su deseo de ser "populares" y producir un "periódico de masas", los economicistas iban a la cola de la clase obrera. Esto se demostró durante una huelga en la gran fábrica Maxwell and Paul en diciembre de 1898. Los huelguistas, enfrentados a las tácticas brutales de la policía, decidieron defenderse. Las cartas de los obreros que cayeron en las manos de los socialdemócratas muestran que aquellos eran mucho más avanzados y revolucionarios que lo que los economicistas estaban dispuestos a admitir. Una trabajadora del distrito de Vyborg escribió: "No sabes qué vergonzoso resultaba para mí y para todos nosotros. Teníamos muchas ganas de pasear por la Avenida Nevski [la calle principal de la clase alta en el centro de Petersburgo] o por la ciudad. Es horrible morir en un agujero como perros donde nadie puede ni siquiera verte. (...) Y otra cosa que quiero decirte: aunque capturaron a montones y montones de nosotros —quizá ya no quede nadie—, da lo mismo, nos mantendremos firmes". Otro trabajador comentó: "Es una pena que no tuviesemos una bandera. En otra ocasión nos haremos con una bandera y también pistolas"85. Los socialdemócratas locales dieron la bienvenida a este desarrollo y enviaron un artículo entusiasta a los editores de Rabochaya Mysl’ en el extranjero. Los editores en la emigración agregaron un apéndice criticando a los trabajadores por exponerse a la represión. Cuando el grupo de San Petersburgo recibió este número, estaban tan indignados que rehusaron distribuir el periódico durante varios meses. En el famoso panfleto de Kremer, Sobre agitación, se explica bastante claramente la relación entre agitación económica y lucha política cuando declara que: "Independientemente de lo amplio que sea el movimiento de los trabajadores, su éxito no estará asegurado hasta que la clase obrera se levante sólidamente sobre la base de la lucha política", y que "la consecución del poder político es la prueba principal del proletariado combatiente. (…) Así, la tarea del socialdemócrata consiste en la agitación constante entre los obreros de las fábricas sobre la base de las pequeñas necesidades y reivindicaciones existentes. La lucha provocada por esta agitación entrenará a los obreros en la defensa de sus intereses, aumentará su valentía, les dará confianza en sus propias fuerzas y una comprensión de la necesidad de la unión y, en última instancia, les enfrentará con cuestiones más serias que exigen una solución. La clase obrera, preparada de esta manera para una lucha más seria, procederá a la solución de sus problemas más acuciantes". Sin embargo, los economicistas interpretaron esto de una forma totalmente unilateral. Convirtieron la agitación económica y el mero "activismo" en una panacea. En la práctica, relegaban la teoría revolucionaria a un papel secundario poco importante. De esta manera, una idea correcta la convertían en su contrario, dando lugar a la teoría antimarxista "de las etapas", que más tarde iba a tener un resultado tan desastroso en manos de los mencheviques y estalinistas. "Las reivindicaciones políticas", escribió el economicista Krichevski, "que por su propio carácter son comunes a toda Rusia, deben de corresponderse inicialmente a la experiencia extraída de la lucha económica por un estrato dado de obreros. Sólo sobre la base de esta experiencia es posible y necesario pasar a la agitación política"86. Estas líneas expresan muy claramente el carácter oportunista del economicismo, que surge del deseo de encontrar un atajo hacia las masas diluyendo el programa del marxismo y abandonando las reivindicaciones "difíciles" con el argumento de que las masas no están preparadas. En el fondo, este fenómeno era análogo a la política de los "pequeños hechos" defendida por los narodnikis liberales. Encajaba perfectamente con el oportunismo cobarde de los marxistas legales, que realmente representaban el ala izquierda del liberalismo burgués. En las ideas de los economicistas estaba implícito el miedo a enfrentarse a las autoridades zaristas, evitando las reivindicaciones políticas e intentando presentar la actividad de los socialdemócratas como un "asunto privado" entre trabajadores y empresarios en el terreno laboral, dejando la cuestión del Estado para otros. En realidad, el significado de todos los argumentos de los economicistas era que los socialdemócratas tenían que adaptarse pasivamente a los límites estrechos de la legalidad o semilegalidad que les ofrecía el Estado zarista. Limitándose a reivindicaciones económicas, esperaban evitar la cólera de las autoridades. En este sentido, el economicismo era un fiel reflejo de la posición adoptada por el marxismo legal. Era equivalente a abandonar la lucha revolucionaria y darle la dirección del movimiento a los liberales. Sin embargo, este esquema se derrumbó al enfrentarse a los hechos. Si los economicistas estaban dispuestos a adoptar la política de "manos fuera" en la lucha democrática revolucionaria contra el zarismo, el Estado zarista no estaba de ninguna manera dispuesto a quedarse al margen de la lucha entre obreros y empresarios. Una tras otra, las huelgas eran reprimidas por la policía y los cosacos. Los sectores más activos y conscientes del movimiento obrero eran sometidos a sucesivas oleadas de arrestos. Según el informe de la delegación bolchevique al Congreso de Ámsterdam de la Segunda Internacional en 1904, la vida media de un grupo socialdemócrata en Rusia en ese momento no era más que tres o cuatro meses. La oleada constante de detenciones se llevaba a los miembros más viejos, más experimentados y entrenados teóricamente, los cuales eran sustituidos por jóvenes inexpertos y mal preparados. Este hecho fue un elemento importante en el rápido auge de la corriente economicista en la segunda mitad de la década de 1890. Un partido que tiene un grado de renovación tan alto y que se ve obligado a reemplazar su dirección con una afluencia constante de jóvenes sin experiencia y sin maestros teóricos, inevitablemente sufre una cierta disolución ideológica y una disminución general de su nivel político. Cuando la mayoría de estos jóvenes son estudiantes e intelectuales, el riesgo de degeneración política y la influencia de ideas ajenas se multiplica por mil. Un partido revolucionario que pierde sus cuadros pierde su columna vertebral. Al perder su norte magnético se desvía inevitablemente de su curso. En lugar de intervenir en el movimiento de la clase para darle una dirección política consciente, un partido así sólo es capaz de ir a la cola del movimiento. Los marxistas rusos tenían una palabra gráfica para esta tendencia: jvostismo ("seguidismo"). Mientras que el marxismo revolucionario representa la parte más consciente de la clase obrera, el economicismo y todas las demás escuelas del reformismo personifican una parte diferente y opuesta de su anatomía. Además el economicismo nunca fue una tendencia ideológica homogénea. A pesar de todos los problemas y contratiempos, el nuevo movimiento crecía rápidamente. Surgieron grupos socialdemócratas en Tver, Arkhangelsk, Nizhny Novgorod, Kazán, Saratov, Khartov, Kiev, Yekaterinoslav, Odessa, Tiflis, Batum, Baku, Varsovia, Minsk, Riga y muchos otros centros importantes. Por primera vez se podía hablar de una organización marxista de toda Rusia. Sin embargo, la situación en la que estos grupos se veían forzados a funcionar no conducía a la claridad ideológica ni a la cohesión organizativa. Los contactos entre ellos eran difíciles, irregulares y se veían interrumpidos constantemente. Las detenciones llevaban frecuentemente a la desorganización de algunos de estos grupos y al surgimiento de otros. En esas circunstancias la tarea de establecer una dirección firme y con autoridad en el interior de Rusia se volvió casi imposible. Inevitablemente, los grupos socialdemócratas locales tendían a tener una visión limitada. La ausencia de vínculos estables con un centro nacional, los problemas creados por las condiciones ilegales y la inmadurez e inexperiencia de la mayoría de la militancia, significaba que la mayor parte del trabajo tenía un carácter más bien localista y amateur. La falta de preocupación de los economicistas por la teoría y su insistencia estrecha en las tareas prácticas del trabajo de masas y la agitación eran sólo la otra cara de la moneda. Posiblemente, las desviaciones economicistas de una parte de la juventud rusa podían haber sido atribuidas a un caso de sarampión ideológico, si no hubiese sido por el hecho de que coincidió con un fenómeno internacional mucho más serio.
El revisionismo de Bernstein-->
|
||
| Notas (pulsar en el número de la nota para volver sitio al de lectura) | |||
|
83. Citado en F. Dan, The Origins of Bolshevism, pág. 217. 84.
A.K. Wildman, op. cit., pág. 132. 85.
Citado en Zinóviev, History of the Bolshevik Party, pág. 71. 86.
Citado en Dan, op. cit., págs. 216
y 218. |
|||