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bolchevismo
El camino a la revolución |
| Primera parte | |||
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El nacimiento del marxismo ruso
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La Liga de Lucha de Petersburgo
En el otoño de 1893 los socialdemócratas de Petersburgo estaban recuperándose del arresto de su líder, Mijaíl Ivanovich Brusnyev. Hasta ese momento, la orientación del grupo se puede ver en las palabras del propio Brusnyev: "Nuestro papel principal y fundamental [era el de] convertir a los participantes (...) de los círculos obreros en socialdemócratas completamente desarrollados y conscientes, que pudieran reemplazar en muchos sentidos a los propagandistas intelectuales"59. Ya hacia 1891, el grupo fue capaz de movilizar a cien personas al funeral del viejo revolucionario N. V. Shelgunov. Tenía contactos en las grandes fábricas y en los principales distritos obreros. El trabajo lo habían comenzado jóvenes estudiantes, pero la composición de clase del grupo experimentó un cambio gradual. Los estudiantes se propusieron la concienzuda tarea de crear cuadros obreros o "Bebels rusos", como ellos decían. Después de la oleada de arrestos en 1892 que se llevó a Brusnyev y muchos otros, el grupo había sido reorganizado por S.I. Radchenko. Incluía a un grupo de estudiantes del Instituto Técnico, algunos de los cuales estaban destinados a jugar un papel significativo en el desarrollo del partido, como Nadya Krúpskaya, la futura esposa y compañera de toda la vida de Lenin. El método básico del grupo era el de organizar círculos educativos de obreros de las principales fábricas. Por medio de contactos obreros individuales, se atraía a otros al círculo en la forma descrita por Krúpskaya. Se desarrollaba teóricamente a los contactos originales y estos a su vez se volvían responsables de otros círculos. De esta manera, se estableció una red cada vez más amplia de círculos educativos obreros. Lenin, que había llegado a San Petersburgo en el otoño de 1893, participó en estos círculos como conferenciante bajo el pseudónimo de Nikolai Petrovich. El trabajo de Lenin en el círculo es descrito así por Krúpskaya: "Vladímir Ilich se interesaba por toda nimiedad que caracterizara las condiciones de existencia de los obreros, se esforzaba en comprender, valiéndose de rasgos aislados, la vida del trabajador en su conjunto, en encontrar el punto más apropiado susceptible de ser utilizado para enfocar mejor la propaganda revolucionaria entre los obreros. La mayoría de los intelectuales de aquella época conocía mal a los trabajadores. El intelectual se presentaba en el círculo y daba una conferencia. Durante mucho tiempo, en dichos círculos, se estudió la traducción rusa, en manuscrito, de El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, de Engels. Vladímir Ilich leía El Capital, de Marx, con los obreros y se lo aclaraba; la segunda parte de la labor la consagraba a hacer preguntas a los obreros con respecto a su trabajo, a las condiciones del mismo, les mostraba la conexión existente entre su modo de vivir y toda la estructura de la sociedad y les indicaba cómo se podía transformar el orden de cosas vigente, la conexión entre la teoría y la práctica constituía la particularidad característica de la labor de Vladímir Ilich en los círculos. Paulatinamente, dicho procedimiento fue adoptado por los demás miembros de nuestro grupo"60. Los círculos hicieron un trabajo valioso reuniendo a los cuadros de la clase obrera de uno en uno. Pero también crearon ciertos hábitos conservadores que más tarde demostraron ser un obstáculo al desarrollo del movimiento. El joven Mártov confesó su mortificación cuando un viejo obrero marxista, un miembro del grupo de Brusnyev, en lugar de invitarle a entrar en la organización, le obsequió con un montón de libros sobre historia antigua y el origen de las especies. "Educado en el período anterior de estancamiento social total", escribe Mártov, "aparentemente, S… no podía imaginarse ninguna otra manera de educar a un revolucionario que haciéndole desarrollar un punto de vista internacional teórico completo durante toda una serie de años y cuya culminación sería la admisión al trabajo práctico. Para nosotros, que ya habíamos leído los discursos de los obreros del SPD del 1º de Mayo de 1891 y habíamos sido sacudidos por la bancarrota del régimen ante la hambruna, era inconcebible psicológicamente que se nos condenara a tan largo período de espera"61. El "giro de Vilna" causó un gran impacto en el movimiento en Rusia y fue debatido acaloradamente en los círculos. Mártov trajo una copia de un folleto a San Petersburgo en el otoño de 1894. Krúpskaya lo evoca en su Recuerdo de Lenin: "Cuando al año siguiente apareció, en Vilna, el folleto Sobre la agitación, el terreno para la agitación por medio de hojas estaba ya completamente preparado, no había más que poner manos a la obra. En nuestra actuación de Partido arraigó profundamente el método de agitación a base de las necesidades cotidianas de los trabajadores. Comprendí en todo su valor la eficacia de dicho método mucho más tarde, cuando viví en la emigración en Francia y observé que durante la gran huelga de correos de París el partido socialista francés se mantenía completamente al margen y no intervenía en el movimiento. La huelga, según ellos, era cosa de los sindicatos. De lo único que debe ocuparse el partido es de la lucha política. La necesidad de enlazar la lucha económica con la política no la comprendían en absoluto"62. Hacia 1895 el grupo de Lenin había construido una organización bastante sólida. Había un comité de 10 a 16 miembros, que organizaba el trabajo de círculos educativos de entre 20 y 30 obreros, con unos 100-150 contactos63. El grupo estaba conectado a los círculos obreros mediante responsables de área. A finales del año estaba activo en prácticamente todos los distritos obreros. En noviembre se dio un paso decisivo cuando un grupo socialdemócrata recién establecido, que incluía a Mártov, se fusionó con los "veteranos" para formar la Liga para la Lucha por la Emancipación del Trabajo de San Petersburgo —un nombre que fue adoptado en solidaridad con el Grupo Emancipación del Trabajo de Plejánov—. Se estableció una división del trabajo en las actividades del grupo —finanzas, contacto con grupos de intelectuales de mentalidad revolucionaria, la impresión de panfletos, etc.—. El grupo mantenía contacto con las imprentas clandestinas que dirigía un grupo de narodnikis en Petersburgo. Los líderes del grupo eran Lenin y Mártov. "Bueno, hermano, ¡no puedo imaginarme qué les ha pasado en estos días, enviándonos de repente todos estos mujiks políticos! Antes solían traernos toda la gente de clase alta y estudiantes, auténticos caballeros. Pero ahora viene gente como tú —un simple mujik— ¡un trabajador!64. Con estas palabras el guardia de prisión de la cárcel de Taganskaya saludaba la llegada de M. N. Lyadov, uno de los líderes de la Liga Obrera de Moscú en el año 1895. A su manera, el viejo guardia había entendido el profundo cambio que había tenido lugar en el movimiento revolucionario ruso en la década de 1890. El crecimiento más o menos rápido de la Liga de Petersburgo reflejaba un cambio en la situación objetiva. El incremento del movimiento huelguístico trajo unas oportunidades sin precedentes para la agitación por medio de panfletos populares. Estos últimos tuvieron un éxito inmediato y sirvieron para poner a las pequeñas fuerzas del marxismo en contacto con una capa de trabajadores más amplia. Los jóvenes, la mayoría ganados al movimiento con poca comprensión de la teoría marxista, se arrojaron entusiásticamente en el trabajo de agitación en las fábricas, principalmente en temas de problemas cotidianos. Esto tuvo resultados espectaculares, encontrándose con un éxito instantáneo incluso entre las capas de la clase más ignorantes y oprimidas. Según Fyodr Dan, en una sola huelga, la Liga produjo más de treinta panfletos distintos65. La agitación se realizaba como un diálogo con los obreros. La Liga escuchaba atentamente las quejas de los trabajadores, tomaba nota de sus reivindicaciones y recogía informes de las luchas en las diferentes fábricas. Después, devolvía esta información a los trabajadores en una forma agitativa, junto con directrices organizativas, desenmascarando las maniobras de la patronal y de las autoridades, y haciendo llamamientos de apoyo. Así, el movimiento huelguístico de la década de 1890 se convirtió en una gigantesca escuela preparatoria de la lucha, que sirvió para educar a toda una generación de trabajadores y marxistas. En la ausencia de un movimiento obrero organizado y legal, estos pequeños panfletos causaron sensación. La aparición de un panfleto producía un zumbido de expectación en los talleres. Siempre que podían escapar del ojo observador del director, los trabajadores se reunían en pequeños grupos (el lugar favorito era "el club", es decir, el retrete de la fábrica), donde se leía el panfleto al coro de "¡bien dicho!" y "¡totalmente cierto!". Tajtarev recuerda que una reacción típica era: "¡Al director, envíalo al director!" y que en muy poco tiempo "rumores sobre los panfletos circulaban por las fábricas de San Petersburgo. Pronto la intelligentsia no necesitó buscar a los trabajadores, quienes ávidamente preguntaban por los ‘estudiantes’ y pedían panfletos"66. El éxito del nuevo enfoque está reflejado en la autobiografía de Trotsky: "De este modo la propaganda revolucionaria se hacía mucho más fácil de lo que en nuestros sueños más atrevidos hubiéramos podido imaginar. Estábamos entusiasmados y asombrados del increíble rendimiento de nuestra labor. Sabíamos por los informes de los revolucionarios, que la propaganda apenas iba conquistando a los obreros uno por uno, y el que sabía atraerse a dos o tres lo consideraba ya como un triunfo. Pero nosotros nos encontrábamos con que los obreros que pertenecían a los grupos o querían afiliarse parecían resueltos. Lo que faltaba eran dirigentes y libros. Los jefes del grupo se disputaban el único ejemplar manuscrito que teníamos del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, copiado en Odessa, con que se yo cuántas clases de letra e innumerables erratas y mutilaciones. "En vista de esto empezamos a escribir nosotros mismos. Aquí comienza, en realidad, mi carrera de escritor, coincidiendo con mis primeros pasos de propagandista revolucionario. Me sentaba a escribir las proclamas o los artículos, que luego yo mismo me encargaba de copiar en caracteres de imprenta para la multicopista. Aun no sabíamos que existían las máquinas de escribir. Me entretenía en trazar las letras con la mayor meticulosidad, pues tenía el prurito de que ningún obrero, aunque sólo supiese deletrear, dejase de entender las proclamas y manifiestos salidos de nuestras ‘prensas’. Cada página me llevaba dos horas por lo menos. A veces me pasaba semanas enteras con las espaldas dobladas y no me levantaba de la mesa más que para asistir a alguna reunión o dirigir un curso obrero. Me sentía muy satisfecho cuando llegaban los informes de fábricas y talleres contando la ansiedad con que los obreros devoraban aquellas hojitas misteriosas con las letras de color violeta, pasándoselas unos a otros y discutiendo acaloradamente su contenido. Para ellos, el autor de estos volantes debía de ser un personaje importante y misterioso que sabía penetrar en todas las industrias, que averiguaba todo lo que ocurría entre los obreros y salía al paso de los sucesos por medio de una hojita nueva en el término de veinticuatro horas"67. Tajtarev describía la reacción de los trabajadores a los panfletos en 1897, cuando los comentarios estaban todavía frescos en su mente: —"¡Piensa simplemente en los tiempos en que vivimos! (…) Solíamos trabajar y trabajar, sin ver nunca la luz del día. Podías ver con tus propios ojos como nos estafaban, pero, ¿qué podía hacer uno? (…) Pero ahora tenemos a nuestros chicos que se dan cuenta de todo, en todas partes, y toman nota de ello. Díselo a la Soyuz (Liga), ¿oyes?, tenemos que decirles acerca de esto. —"¿Quién pasa los panfletos? —"Estudiantes, supongo. ¡Que Dios dé buena salud a aquellos que imprimen los panfletos!’. "Después de lo cual, el trabajador devotamente se persignaría"68. Las pequeñas fuerzas del marxismo, con su decidida participación en la agitación, fueron capaces de jugar un papel fuera de proporción a su tamaño. Los pequeños panfletos sacados en el hectógrafo se encontraron con una respuesta bien dispuesta. A menudo, la simple aparición de estos panfletos era suficiente para sumergir a toda una fábrica en un fermento y discusión, ejerciendo una gran influencia en el curso de un conflicto. Fue precisamente el éxito de esta agitación la que atrajo pronto la atención de la policía zarista. Completamente conscientes del ambiente explosivo de los obreros en Petersburgo, las autoridades desarrollaron un respeto saludable por lo que estos panfletos eran capaces de lograr. Cuando en febrero y abril de 1896 aparecieron unos panfletos haciéndose eco de las reivindicaciones de los obreros en los astilleros de Petersburgo, el ministro del Interior, temiendo una huelga, ordenó una investigación cuyos resultados aconsejaron al comandante jefe del puerto ceder a las exigencias obreras. No obstante, la transición de la propaganda en pequeños grupos a la agitación de masas fue llevada a cabo no sin penas o sin tensiones internas. Para muchos, la clandestinidad se había convertido en su forma de vida. Tenía una cierta rutina a la que uno se acababa acostumbrando. Un período de existencia prolongado en círculos pequeños, clandestinos, fomentó una cierta "mentalidad de círculo" estrecha. Paradójicamente, a pesar de las dificultades y peligros, tiene un cierto lado "cómodo". Las condiciones de vida del círculo no exigen mucha actividad externa. Uno se movía exclusivamente entre camaradas u obreros avanzados, en círculos donde todo el mundo conocía prácticamente a todos los demás. Por el contrario, la agitación entre las masas era como dar un salto en la oscuridad. La rutina se vio interrumpida, las ideas y los métodos alterados radicalmente. No es de extrañar que la propuesta fuese recibida con desconfianza y hostilidad por parte de una capa de los veteranos. Krasin y S. I. Radchenko advirtieron de las consecuencias calamitosas si se seguía la nueva táctica: minaría el trabajo clandestino, causaría arrestos masivos, pondría a los camaradas en peligro, desorganizaría el trabajo, etc. La cuestión del "nuevo giro" fue discutida largamente, en primer lugar en los estrechos círculos de los veteranos y, más tarde, se presentó a discusión en reuniones de obreros más amplias, donde se leían y debatían los extractos del folleto de Kremer, Sobre la agitación. V. I. Bábushkin, un propagandista obrero de San Petersburgo, recuerda su reacción a las nuevas propuestas: "Me rebelé totalmente contra la agitación ya que, aunque veía los frutos indudables de su trabajo en el creciente entusiasmo entre las masas de los trabajadores, tenía mucho miedo de otra oleada de arrestos [como aquella que se llevó a algunos de los "veteranos", incluyendo a Lenin, en diciembre de 1895] y creí que ahora todo terminaría. No obstante, me equivoqué". Mártov recuerda como este mismo Bábushkin le protestó airadamente acerca de los nuevos métodos: "Empieza ahora a tirar panfletos por todos los lados y en dos meses habrás destruido lo que nos llevó años crear. (…) Los jóvenes de la nueva generación, educados en esta actividad agitativa, tenderán a ser superficiales en sus miras"69. El desarrollo posterior demostró que los temores de Bábushkin no carecían totalmente de fundamento. Algunos de los que abogaron entusiasticamente por la "agitación" despreciando la teoría y la "estrechez del círculo" no eran meramente superficiales, sino totalmente oportunistas. No obstante, a pesar de un elemento de exageración juvenil, la reacción contra la "mentalidad de círculo" era una rectificación necesaria a una tendencia conservadora que, de haber permanecido sin corregir, hubiera convertido el movimiento en una secta. Muchos años más tarde, Trotsky estaba pensando claramente en este período cuando escribió : "Todo partido obrero, toda fracción, durante sus etapas iniciales, pasa por un período de pura propaganda, es decir, de educación de sus cuadros. El período de existencia como círculo marxista invariablemente imprime hábitos de un enfoque abstracto en los problemas del movimiento obrero. Quien no sea capaz de salir a tiempo de los confines de esta existencia circunscrita se volverá un sectario conservador"70. Un ejemplo de cómo actitudes conservadoras estaban frenando el trabajo es la discusión que tuvo lugar entre los marxistas en Moscú sobre cómo intervenir en el 1º de Mayo de 1895. Mitskevich recuerda la horrorosa reacción cuando él propuso organizar un mitin clandestino en el bosque: "Cuando planteé la cuestión a mis compañeros, decidieron celebrarlo de forma poco llamativa sin montar ningún alboroto. Estaban ansiosos de no echar a perder nuestro trabajo y temían ser arrestados. Los compañeros dijeron: ‘Es demasiado pronto para hablar, nuestras fuerzas son todavía demasiado pequeñas para la acción abierta; la idea de una gran celebración (…) esa es una idea para la intelligentsia"71. Pero la vida misma estaba preparando una gran sorpresa: un giro repentino en la situación que iba a poner todos los viejos esquemas patas arriba. El 23 de mayo de 1896, una huelga de los hiladores de la Hilandería Rusa en el distrito de Narva de San Petersburgo marcó el estallido de una gigantesca oleada de huelgas. Los obreros del textil improvisaron piquetes volantes extendiendo rápidamente la huelga. La velocidad de rayo con que se propagó fue un indicio del ambiente explosivo que se había acumulado durante la década anterior. Una gran oleada de huelgas envolvió la capital y, por primera vez, los marxistas de San Petersburgo se encontraron a la cabeza de un movimiento de masas de la clase trabajadora. Las nuevas condiciones producidas por la oleada de huelgas proporcionaron colosales oportunidades para que las pequeñas fuerzas del marxismo extendiesen su influencia. No obstante, en el período inicial se perdieron oportunidades frecuentemente debido a la resistencia de las capas más conservadoras hacia los nuevos métodos. Así, durante la importante huelga de dos mil tejedores en Ivánovno-Voznesensk en octubre de 1895, los líderes locales de la Liga de los Trabajadores se opusieron en un principio a la propuesta de enviar agitadores para ponerse en contacto con los huelguistas e ir a otras fábricas para organizar el apoyo a la huelga. Finalmente, se alcanzó una solución de compromiso por la que la Liga no aceptaba responsabilidad por la huelga aunque permitiría participar a sus miembros a título personal y por su propio riesgo. Conflictos similares surgieron en prácticamente cada círculo socialdemócrata. No obstante, los nuevos métodos fueron aceptados gradualmente y obtuvieron destacados resultados. Los marxistas no se limitaron a la agitación sobre cuestiones económicas, sino que también trataron de plantear ideas políticas a los obreros. Después de los arrestos de diciembre de 1895, el grupo de Petersburgo publicó el panfleto ¿Qué es un socialista y un delincuente político?. En el primer período de agitación, aunque partiendo de los agravios inmediatos de los trabajadores, hicieron todos los intentos posibles para elevar el horizonte de los obreros a cuestiones políticas más amplias, vinculando la lucha por reivindicaciones inmediatas al objetivo central de derrocar la autocracia. Gracias a una participación audaz en la agitación, la influencia del marxismo creció enormemente entre una capa cada vez más amplia de la clase obrera. A pesar de la pequeñez de sus fuerzas y de la situación objetiva tan difícil, los marxistas habían roto por fin las barreras que les separaban de las masas. El camino ahora estaba abierto para la creación de un partido fuerte y unido del proletariado ruso.
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59. Istoriya KPSS, Vol. 1, pág. 159. 60. Krúpskaya, Recuerdo de Lenin, pág. 22. 61.
Mártov, Zapiski Sotsial Demokrata, pág. 92, citado en A.R. Wildman, The
Making of a Worker’s Revolution, Russian Social Democracy, 1891-1903, pág.
37. 62. Krúpskaya, Recuerdo de Lenin, págs. 22-23. 63. Istoriya KPSS, Vol. 1, pág. 222. 64. Verkhovtsev, (ed.) Bor’ba za Sozdanie Marksistskoi partii v Rossii (1894-1904), pág. 3. 65. F. Dan, op. cit., pág. 205. 66. Citado en A.R. Wildman, op. cit., pág. 63. 67. Trotsky, Mi vida, págs. 90-91. 68. Citado en Wildman, op. cit., pág. 64. 69. Ibíd., pág. 53 en ambas citas. 70. Trotsky, Escritos 1935-36, pág. 153. Versión inglesa. 71. Citado en Wildman, op. cit., págs. 54-55. |
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