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Crisis en Rusia El fracaso del libre mercado

Por Alan Woods y Ted Grant

 
Rusia se encuentra en una encrucijada. Los estrategas del capital se están enfrentando a una situación totalmente diferente a la que esperaban cuando colapsó el antiguo régimen estalinista. Pensaban que sería una tranquila transición al capitalismo, y eso es lo que no han conseguido.

Occidente se ha quemado los dedos, el colapso en la "confianza" se expresó con el elocuente lenguaje del dinero contante y sonante: no invertirán. Su política actual es: nada de dinero para Rusia a menos que mantenga el programa de reformas. Esta idea quedo perfectamente clara cuando el presidente Clinton fue a Moscú para aconsejar al pueblo ruso que no eligiera el "camino fácil", es decir, el regreso a la economía nacionalizada y planificada, debían elegir el camino duro: el camino de la "reforma de mercado". Es decir, le dijo al pueblo ruso que debía tener más de lo mismo, seguir con la misma política que ha ocasionado la actual catástrofe.
 

La razón para la alarma en las salas de reuniones y despachos occidentales está bien clara. La burguesía ve que con el colapso en la tentativa de ir hacia el capitalismo, surge la posibilidad de regresar a algún tipo de economía nacionalizada, planificada y centralizada. Esta perspectiva les aterra, no sólo por lo que significaría para Rusia, sino debido a su impacto en todo el mundo, comenzado con las denominadas economías emergentes (o mejor dicho sub-emergentes). La crisis mundial del capitalismo se expresa en el efecto dominó de la crisis económica que comenzando en Asia, se extendió a Rusia y ahora amenaza a toda América Latina. Ciertos gobiernos como ocurre en Malasia están intentando protegerse introduciendo medidas proteccionistas y control estatal, atentando contra la política de "libre mercado" impuesta por el imperialismo a través del FMI. Esto es sólo el anticipo de la inevitable reacción en contra del "libre mercado". Los estrategas del capital lo ven como una amenaza mortal para su sistema, y no se equivocan.

El pesimismo de la burguesía occidental se expresa en las páginas de los periódicos más serios. El Financial Times (18/8/98) se quejaba: "Rusia ha sufrido una derrota que podría acabar en desastre, no sólo para Rusia, sino para el resto del mundo".

Los marxistas ya lo advertimos 

Persiguiendo su propio sofisma, los jesuitas de la escuela occidental de economía política dicen que el fracaso en Rusia, Indonesia, Malasia, Corea del Sur y los demás que eran puestos como brillantes éxitos del "mercado", no es el fracaso del capitalismo, sino sólo de un modelo defectuoso de capitalismo. Desde el principio los marxistas explicamos que sólo se podría desarrollar un tipo de capitalismo en Rusia, el capitalismo "compinche" o mafioso. El capitalismo en Rusia, y en las demás economías emergentes de Asia y América Latina, ha entrado demasiado tarde en la escena de la Historia para desarrollar un papel progresista. Hace cien años Peter Struve señaló que cuanto más al Este vas, más podrida, corrupta y degenerada se convierte la burguesía. Aunque formalmente independientes, estos países están bajo el talón de EEUU, Japón y la UE. A través del mecanismo del mercado mundial están más subordinados y dominados por el imperialismo.

La corrompida burguesía rusa que surgió tras el colapso del estalinismo es similar en muchos sentidos a la burguesía de los países ex coloniales corrupta, parasitaria y dependiente del imperialismo. Bajo este régimen, la poca inversión que llegó de Occidente fue a parar principalmente a las materias primas, petróleo, gas, níquel y otros metales en los que es fabulosamente rica Rusia y que, con un estado lógico de los asuntos, lo haría un país próspero. Pero el naciente capitalismo ruso mostró rápidamente su bancarrota, en el sentido literal de la palabra. Este capitalismo compinche no tenía ningún interés de desarrollar la economía rusa. Su perspectiva era transformar Rusia en un proveedor de materias primas, con el propósito de enriquecer a la oligarquía dominante. No desarrollaron los medios de producción, como históricamente hizo la burguesía en occidente, e incluso hasta cierto punto en el Sudeste asiático hasta su colapso. Se comportaron como conquistadores persas, saqueando al Estado y al pueblo, derrochando su riqueza en lujo, o enviándola al extranjero.

El resultado final sería reducir a Rusia a la situación de país semicolonial, algo que provoca inevitablemente la resistencia, no sólo de las masas, sino también de una considerable parte de la antigua burocracia incluyendo el ejército, el complejo industrial militar y las burocracias regionales, que no han ganado nada y han perdido todo en el movimiento hacia el capitalismo. Durante los últimos siete años, todas las demás tendencias políticas hablaban de la supuesta "victoria final" del capitalismo en Rusia, sólo los marxistas insistimos en que el proceso no había terminado, que eran posibles diferentes resultados, pues existían muchas y serias contradicciones, y que, en condiciones de crisis económica mundial este podría volverse en su contrario, en especial en el caso de un movimiento de la clase obrera rusa. Ahora estas predicciones están haciéndose realidad ante nuestros propios ojos.

Colapso financiero y económico 

El capitalismo compinche en Rusia ha demostrado ser incapaz de desarrollar las fuerzas productivas. Esta es la clave para comprender la actual situación. Marx y Engels explicaron que la viabilidad de cualquier régimen depende de su habilidad para desarrollar las fuerzas productivas. Durante los últimos seis años hemos visto una caída de la producción del 60%. Este colapso es distinto al de cualquier otro en la historia, mayor que el 30% de EEUU después de 1929, y sólo comparable a una derrota catastrófica, o más bien dos derrotas, en la guerra. Occidente envió a sus doctores económicos para practicar sus nocivos experimentos con el pueblo ruso. Prometieron que todo el dolor (dolor para las masas, no para ellos o para sus compinches rusos), sería recompensado al final con la prosperidad. Ahora todas estas promesas se han convertido en cenizas.

El intento de introducir el capitalismo ha fracasado. Siete años después del comienzo de la "reforma", somos testigos del total colapso de la economía rusa. Lenin dijo que la política es economía concentrada. El colapso económico está acelerando el proceso, estamos ante un importante punto de inflexión donde la cantidad se está transformando en calidad y todo se está convirtiendo en su contrario.

Uno de los principales problemas al que se enfrenta el Gobierno ruso es la incapacidad de conseguir dinero. Naturalmente, el pago de impuestos nunca fue el punto fuerte de la mafia. Los llamados nuevos rusos se negaron a pagar sus impuestos. Esta es una manifestación secundaria del parasitismo de la naciente burguesía rusa, a la que no le preocupa ni la actividad productiva ni el destino del pueblo y el estado ruso. Su horizonte estaba y está limitado a los negocios para enriquecerse mientras enviaban sus beneficios a Occidente.

Durante los últimos siete años salió más capital de Rusia a Occidente que el que entró en concepto de inversiones. La suma de capital que salió de Rusia se estima que alcanza los 140.000 millones de dólares, más que suficiente para renovar y modernizar la industria, si se hubiese utilizado para un fin productivo.

El parasitismo y la podredumbre de la naciente burguesía, su completa incapacidad para desarrollar las fuerzas productivas se expresa en la crisis financiera y la crisis del estado ruso. La Unión Soviética, con todas sus faltas y defectos, antes producía la mayoría de la comida y bienes básicos necesarios para su población. Ahora ha cambiado todo. Rusia importa más de la mitad de su comida. En el caso de Moscú la cifra alcanza casi el 80 por ciento. En tales circunstancias, el colapso del rublo presagia consecuencias calamitosas para el pueblo de Rusia.

Además de la ruina de la industria productiva y la agricultura rusas, profundamente dependientes de Occidente, también se ha producido una severa crisis de las finanzas del estado y un colosal endeudamiento. Para hacer frente a la ausencia de ingresos por impuesto, el Gobierno se vio obligado a financiar su gasto con los conocidos GKO bonos del Estado. Estos bonos a corto plazo ofrecían rendimientos del 60 por ciento o más; en estas circunstancias era una cuestión de tiempo que el Estado entrase en bancarrota. Simplemente se pagaba el gasto de hoy acumulando enormes deudas para el futuro. Cuando el Gobierno no tenga ya dinero para pagar el interés de estos bonos se encontrará con una gran crisis financiera.

Las deudas de Rusia han alcanzado la increíble cifra de 194.000 millones de dólares, y no puede devolverlas, situación que ha obligado a Rusia, en la practica, a suspender pagos. Esto ha causado las protestas de los inversores extranjeros, que ahora pueden esperar recibir sólo 15 ó 30 centavos por dólar invertido. El resultado es obvio, los inversores extranjeros evitan Rusia como una plaga, incluso las patéticas cifras de inversión extranjera que existían antes se agotarán, hundiendo a Rusia en una crisis aún más profunda.

Hemos recalcado repetidas veces que el elemento clave en toda la situación era la pasividad de la clase obrera. Cuando colapsó el estalinismo los trabajadores estaban desorientados. La experiencia de décadas de estalinismo causó confusión, en ausencia de un auténtico Partido Comunista, estaban sin dirección y no había otra alternativa. En algunos casos, como los mineros, estaban de acuerdo con el movimiento hacia el capitalismo. Pero la clase obrera aprende de la experiencia. La experiencia de los encantos del mercado en estos siete años ha demostrado lo que significa en realidad el capitalismo: acumulación de salarios atrasados durante meses, que el Gobierno no podrá pagar en años.

Con el colapso de la economía ha hecho aparición el trueque primitivo, las fábricas pagan a sus trabajadores con las mercancías que producen. Los trabajadores se ven obligados a vender en las esquinas pepinos en vinagre búlgaros, calcetines o cualquier otra cosa para poder alimentar a sus familias. Larry Elliott, redactor económico de The Guardian, explicó a Tribune (4/9/98). "La producción se ha reducido a la mitad del momento en que el comunismo colapsó. Las cosas son peores en las zonas rurales y una parte importante de la economía está funcionando sobre la base del trueque". Para un país que tuvo éxito en construir una economía poderosa, verse reducido a este nivel es traumático. Pero a partir del trauma y la amargura causadas por el hambre surge la necesidad para luchar. Aquí también los acontecimientos de los últimos meses y semanas marcan un importante punto de inflexión.

Crisis del régimen 

No hay duda de que Ziugánov, secretario general del PCFR, intenta asustar a la burguesía rusa y a Occidente para que haga concesiones al comparar la situación a la que existía en enero de 1917, en vísperas del derrocamiento del zar. Al hacer esta comparación, dijo más de lo que deseaba.

Hay fuertes paralelos con el régimen de Rasputín y el actual régimen del Kremlin. La crisis del Gobierno es un nuevo síntoma de la crisis revolucionaria que se está desarrollando. Un estudio de la Historia demuestra que la revolución no comienza por abajo, sino en las alturas de la sociedad. El estrato dominante siente que la sociedad está en un impasse y busca una salida. La crisis se revela en primer lugar en una serie de escisiones desde arriba, un choque entre los "conservadores" y los "reformistas", es decir, un choque entre un sector que está a favor de continuar a la antigua usanza, y otro que quiere llevar adelante reformas y concesiones desde arriba para evitar una revolución desde abajo. Esto describe con seguridad la actual situación en Rusia. Alexis de Tocqueville señaló que el momento más peligroso para un régimen autocrático es precisamente cuando comienza a cambiar de rumbo.

Como el zar Nicolás (a quien parece que admira) y el Rey Luis XVI de Francia, Yeltsin posee una fatal combinación de testarudez y ceguera, mezclado con dosis de pequeña astucia animal en defensa de sus propios intereses. Yeltsin siempre ha sido un elemento impredecible en la ecuación. Como comentaba el Financial Times: "Después está la carta más descabellada de todas, el propio Yeltsin. Todas las reuniones, análisis y discursos parlamentarios públicos a fin de cuentas no tienen nada que ver. Lo que cuenta realmente es la voluntad del presidente, y durante los últimos cinco años Yeltsin ha proporcionado una amplia manifestación de lo volátil que puede ser". El impasse de la burguesía se revela en estas escasas líneas. Un individuo que sufre de avanzada demencia senil y años de abuso del alcohol y que permanece a la cabeza del Estado ruso podría precipitar la situación en pocos días.

En las primeras etapas de la actual crisis, Yeltsin parecía estar preparado para ceder algunos de sus poderes. Después se retractó de sus palabras, sus giros no son accidentales. Está apegado al poder para salvar su piel y los intereses sustanciales de su familia. Yeltsin teme ser destituido porque su familia ha saqueado la economía de la misma forma que la familia Suharto en Indonesia. Está aterrorizado por la perspectiva y eso explica porqué no está preparado para ceder sus poderes constitucionales. Los intereses de este hombre podrían hundir a Rusia en una caos mayor. Ya su testarudez ha obligado a los dirigentes del PCFR a oponerse, a pesar de todo, a Chernomirdin.

Los vaivenes desesperados de Yeltsin en los últimos meses no se pueden explicar simplemente en términos de inestabilidad personal, aunque indudablemente entra como un factor que agrava y complica la situación desde el punto de vista de Occidente. Es una expresión de la profunda crisis del régimen, que está en un impasse total. La repentina destitución de Chernomirdin y su sustitución por Kiriyenko en primavera tomó a todo el mundo por sorpresa. Después en un intento desesperado cambió la situación, Yeltsin intentó reponer a Chernomirdin, pero era el peor candidato que podría haber elegido por su pasado. Fue líder del Gobierno durante cinco años y las encuestas mostraban que el 95% de la población detestaba a Chernomirdin, que era visto como el responsable del colapso económico. La caída de Chernomirdin, candidato de Yeltsin, tras su rechazo en la Duma fue una señal clara de que algo fundamental había cambiado, suponía no sólo un incidente accidental, sino una crisis del propio régimen.

Las tendencias centrífugas en las regiones 

La bancarrota económica y el colapso de la inversión productiva han tenido peores consecuencias en las regiones. El elevado grado de autonomía que los distintos dirigentes regionales han arreglado para arrebatar al centro no ha conducido a una mejora. Al contrario, las provincias que no han conseguido nada del movimiento hacia el capitalismo durante los últimos siete años, están ahora enfrentados con el completo colapso y el hambre de este invierno.

Estos dirigentes regionales tienen sus propios intereses, y entran en conflicto con los que están en el poder en Moscú. La parte del león de la inversión de Occidente (en cualquier caso no muy considerable) fue canalizada a Moscú y en menor medida a San Petersburgo, donde fue despilfarrada en el parasitario sector servicios y financiero ambos se enfrentan al colapso. Los beneficios de estas inversiones fueron desviados a Occidente, pero el interior industrial ruso no se ha visto beneficiado de la inversión. Esto produce todo tipo de nuevas contradicciones, creando una situación explosiva.

Estas contradicciones caen de manera más pesada sobre los hombros de la clase obrera de las regiones, pero también afecta al sector de la burocracia que no ganó nada de la introducción del mercado. Esto ha creado nuevos conflictos dentro de la propia oligarquía. En la actual crisis los burócratas regionales, aterrorizados por una explosión, han tomado medidas, que esperan calme a la población. El gobernador de Kaliningrado, Leonid Gorbenko declaró el "estado de emergencia" aunque legalmente no tuviera poderes para hacerlo. Su objetivo era acumular reservas de comida y combustible, para mantener bajos los precios y garantizar los suministros esenciales para las escuelas y hospitales. En Siberia, el recién elegido gobernador Lebed ha congelado los precios del gas, el petróleo, la electricidad y el transporte local. También declaró que los precios de los productos locales y productos alimenticios esenciales estarían controlados por decreto. Explicó que estas medidas le situaban en el umbral de violar la ley, "Pero estoy decidido a evitar el hambre en la región. Los hombres de negocios deberían comprender que estoy actuando en su interés para evitar una situación en la que una multitud de gente hambrienta y enojada tome las calles" (The Guardian, 9/9/98). Medidas similares se han tomado en Perm, Novgorod, Smolensk, Omsk y Chiuvasia.

Si los trabajadores no tienen éxito en tomar el poder en sus manos y transformar la sociedad, existe el peligro de que Rusia finalmente se rompa en feudos locales. Basta con recordar lo que ocurrió en Yugoslavia para comprender que este proceso sería una catástrofe y una pesadilla para todo el pueblo de Rusia. Sin embargo, es poco probable que esto ocurra, porque una vez la clase obrera entre en acción todo cambiará. Es posible que la revolución comience en las provincias, y no como en el pasado en Moscú y San Petersburgo. Después de todo en Albania, el movimiento comenzó en el sur y más tarde llegó a Tirana. Sin embargo, el hecho de que el colapso económico se haya extendido a Moscú y San Petersburgo supondrá que pronto alcanzará al resto de Rusia.

El ejército y el peligro del bonapartismo 

Algunos comentaristas han especulado con la posibilidad de que un hombre fuerte tome el poder y corte este proceso. Hablan de una solución bonapartista, algún tipo de golpe de Estado. La verdad es que no faltan candidatos para el empleo de dictador, pero no es una cuestión del deseo subjetivo o de un individuo. Las leyes de la contrarrevolución son similares a las de la revolución. No puede ser llevada a cabo en cualquier momento y en cualquier circunstancia. Depende de la correlación de fuerzas de clases en la sociedad. Sobre todo depende de la situación interna del ejército. Pero esto no existe en el vacío. El ejército siempre refleja una sociedad en general, y el ejército ruso refleja la sociedad rusa. Donde la sociedad está dividida en contradicciones extremas, como en el caso de Rusia, esto tiene un profundo efecto sobre el ejército, que tiende a dividirse en líneas de clase.

Ya hay informes de motines en la flota del Mar Negro y el Financial Times informaba de que: "Mal pagados y subalimentados, los soldados individuales han tenido que disparar sobre sus oficiales". Este es un síntoma claro de la crisis revolucionaria que se está desarrollando. ¿Si los soldados están disparando a sus oficiales cómo se puede utilizar al ejército contra la clase obrera? Sería un arma inútil de la reacción bonapartista, que normalmente ocurre cuando los trabajadores están desmoralizados y pasivos como resultado de graves derrotas. Esto podría ocurrir en el futuro, si los trabajadores fracasan en tomar el poder en sus manos y transformar la sociedad en líneas socialistas. Antes de que tal escenario de pesadilla se produzca, la clase obrera se moverá muchas veces. Por tanto la perspectiva bonapartista es pospuesta, porque no pueden recurrir a las tropas.

Alexander Lebed, el ahora gobernador de Siberia y ex general, es uno de los candidatos obvios para el empleo de dictador de Rusia. Como la mayoría de los militares, la comprensión que tiene Lebed de la política es bastante primitiva, pero sí que comprende que la perspectiva del bonapartismo en este momento está plagada de dificultades. En realidad Yeltsin probablemente consideró la posibilidad de suprimir el Parlamento y gobernar por decreto. La razón por la que no lo hizo no es porque no quisiera, sino porque no podía. Sopesando las acciones que se le presentaban a Yeltsin tras el rechazo de la Duma a Chernomirdin, The Economist decía: "Una cuarta opción, más peligrosa, sería declarar el estado de emergencia y gobernar por decreto sin referencia a la Duma. Pero el presidente está demasiado débil para que tan imprudente plan tuviese éxito. ‘Las autoridades caerían en 24 horas’, dijo Lebed".

La perspectiva para Rusia no es la reacción bonapartista, sino movimientos revolucionarios de la clase obrera. Esto es lo que aterroriza a la burguesía, tanto a la rusa como la occidental. El único escenario que todos desechaban y que nosotros mantuvimos todo el tiempo, ahora es tomado en serio por los estrategas del capital. El mismo artículo del The Economist señala que: "ahora la clave es si se pueden evitar consecuencias políticas y sociales más miserables; si el malestar puede entrar al final en erupción entre los pobres, o quizá incluso entre el ejército.

Tanto los soldados, como las fuerzas de seguridad y los trabajadores clave, como los mineros y los conductores de tren se han contenido. El malestar en las calles, espontáneo u organizado está aún por estallar. Si esto ocurre, la elección de un nuevo primer ministro podría ser irrelevante" (Idem).

El ejército se ve afectado en todas las revoluciones. Pero en este caso no estamos ante un ejército burgués clásico. Este ejército normalmente se escinde en líneas de clase con las tropas pasando al lado de los trabajadores. Lo que ocurrió en Albania es útil para comprender lo que puede ocurrir en Rusia. Frente a una insurrección de las masas en Albania el año pasado, no sólo fueron las tropas normales las que se pasaron al lado de la revolución, sino también importantes capas de los oficiales, probablemente la mayoría. Cuando las masas albanesas entraron en los cuarteles, no encontraron resistencia. Las puertas se abrieron y los soldados distribuyeron las armas a la población. Muchos oficiales ayudaron a adiestrar a los insurgentes en el uso de las armas, especialmente en el sur, donde el movimiento fue más lejos.

En el caso de Rusia, los oficiales están divididos al igual que toda la sociedad rusa. No es una simple división entre los trabajadores y la élite dominante. La antigua burocracia no es una masa homogénea, está también dividida. Están aquellos que han conseguido mucho de la transición al capitalismo, como los Chernomirdin, pero también está el grueso de la burocracia, en especial la del Complejo Militar Industrial y la de las regiones fuera de Moscú y San Petersburgo, que han ganado muy poco. Esta división se refleja en el ejército y en el estado en general, un estado que la burguesía todavía no ha logrado moldear en un instrumento seguro de la clase dominante. "Siete años después, el estado ruso consiste en un puñado de instituciones poco enraizadas, una presidencia, un parlamento, un banco central y poco más, que no han ganado la confianza pública, y que son empequeñecidas por un impenetrable cinismo, incompetencia, chantaje y un peso muerto burocrático" (The Economist, 5/9/98).

¿Vuelta atrás? 

Enfrentados con el dramático colapso de la economía rusa, los estrategas del capital, tras haberse negado con firmeza a esta posibilidad en el pasado, ahora hablan abiertamente de la posibilidad de una "vuelta atrás" de Rusia, a alguna forma de economía planificada centralmente. Tal posibilidad, como explicamos hace tiempo, está implícita en toda la situación. Realmente muchos rusos darían la bienvenida a los "viejos buenos días", bajo Breznev, con algunas reformas y más democrático, algunos ¡incluso sin ellas!. A pesar de la burocracia y el régimen totalitario, la economía nacionalizada y planificada garantizaba un empleo, una pensión, cuidado sanitario y educación, y nadie pasaba hambre. Comparado con los horrores del capitalismo, esto parece como una edad dorada.

Sin embargo ésta no es la perspectiva de Ziugánov, y menos la de Yeltsin u otros representantes de la oligarquía. Estos caballeros han levantado el espectro de la vuelta atrás frente a Occidente para sacar más dinero de ellos. En realidad quieren continuar con el proceso hacia el capitalismo. El problema es que no pueden, Rusia necesita mucho dinero, y Occidente les ha ofrecido una cantidad minúscula comparada con sus necesidades. Se calcula que Rusia necesitaría 50.000 millones de dólares anuales durante diez años para desarrollar su economía sobre bases capitalistas, pero sin esta cantidad de dinero es imposible.

En la visita de Clinton a Moscú, les dijo a los rusos que deberían elegir la "opción dura" del capitalismo y, si lo hacían, se verían recompensados con la ayuda de Occidente. Pero los rusos ya han escuchado esto antes, y saben que todas las promesas de ayuda por parte de Occidente se quedan en nada. Son escépticos, y su escepticismo no ha disminuido por el hecho de que Clinton no mencione una suma de dinero.

El profundo colapso económico, y la ausencia de una perspectiva seria de inversión real o ayuda de Occidente aumenta la perspectiva de retorno a algún tipo de régimen estalinista, por ejemplo alguna forma de economía centralizada y planificada pero sin el control democrático y la dirección de la clase obrera. La posibilidad de volver a alguna forma de economía planificada viene directamente del impasse que sufre Rusia. El régimen actual está hendido con escisiones en todas las direcciones. La burocracia está interesada sobre todo en salvarse a sí misma. Enfrentados con una recesión en Occidente y el colapso de las "reformas de mercado" en Rusia, la idea de que el "antiguo régimen" era más estable y garantizaba sus privilegios debe ser una idea que progresa entre esta capa de la burocracia. Frente a una crisis cada vez más profunda, y amenazados con la revolución desde abajo, la burocracia y el estado podrían escindirse. No pueden depender de los cuerpos de hombres armados. La posibilidad de una vuelta atrás no está en absoluto descartada, en especial en caso de una recesión mundial.

Este régimen temporalmente tendría el efecto de empujar la economía hacia adelante, pero más tarde todos los males del anterior régimen estalinista, burocratismo, ineficacia, corrupción y nepotismo resurgirían. Como ya hemos dicho en el pasado, este sería un régimen débil precisamente porque la clase obrera rusa no es la pequeña, e inculta clase trabajadora de los años veinte, sino la fuerza decisiva en la sociedad. No toleraría este régimen durante mucho tiempo, sino que rápidamente lo borraría para instalar un auténtico régimen de democracia obrera.

La perspectiva de un régimen neoestalinista aterroriza a Occidente. Significaría que Rusia arrastraría tras de sí a los Estados bálticos, y a la mayoría de las antiguas Repúblicas Soviéticas, sumidas en una crisis profunda, y que con toda probabilidad voluntariamente volverían. Los estados Bálticos han tomado el camino del mercado, y se verán afectados porque la mayoría de sus exportaciones van a Rusia. Bielorrusia ya ha avanzado duramente en el camino hacia el capitalismo, y está en serias dificultades, con una inflación anual del 60 por ciento y la moneda en bancarrota, el rublo bielorruso, ha caído respecto al dólar de 60 a 100 en sólo un mes; el ucraniano no está mucho mejor. Ucrania se puede ver obligada a dejar de pagar su deuda. Sólo tiene reservas de 800 millones de dólares, suficiente sólo para pagar las importaciones de un mes. Si Rusia cae, Ucrania va detrás, ya que está en una posición incluso peor que la de Rusia. Los ucranianos tienen un proverbio: "Si está lloviendo en Moscú, pronto lloverá aquí". Esto es verdad, el colapso del capitalismo en Rusia rápidamente producirá la misma situación en Ucrania. Ya los ucranianos están mirando con nerviosismo a Rusia y sacando sus conclusiones: "Culpan de la crisis rusa a la reforma (el capitalismo) ‘dice un banquero occidental con residencia en Kiev’ , y la reacción refleja es que no debemos tener reforma aquí" (The Economist, 5/9/98).

Europa del Este también se enfrenta a una creciente crisis, que probablemente seguirá, comenzando con países débiles como Bulgaria y Rumania. Incluso países como Polonia, Hungría y la República Checa se enfrentarán con serias dificultades. A pesar de que en estos países el proceso de restauración capitalista ha ido más lejos, y que están más vinculados a Occidente, el futuro del capitalismo será puesto en duda también, en especial cuando sean alcanzados por la crisis mundial del capitalismo. Se producirán grandes movimientos de la clase obrera, en un cierto momento habrá crisis y escisiones en los partidos comunistas, situando los procesos revolucionarios en el orden del día.

Los imperialistas están aterrorizados con tales perspectivas, que tendrían enormes repercusiones en Occidente. Por eso están ejerciendo una tremenda presión sobre Moscú para que siga con el capitalismo. Pero se dan cuenta de que su influencia está ahora muy limitada. La fracción de la naciente burguesía que les respaldaba (Chubais, Mentsov, Kiriyenko) ha sido expulsada del poder, han perdido incluso el control de los acontecimientos. En cualquier caso, su consejo fue desastroso en el pasado y lo es más en la actualidad. La insistencia para que Rusia se defienda de Occidente, con elevadas tarifas arancelarias y medidas para el control estatal, incluyendo la nacionalización de los bancos (una medida esencial para evitar el colapso del sistema financiero) va en contra de los intereses de la oligarquía. De mala gana, los imperialistas están obligados a aceptar una coalición gubernamental encabezada por el ex estalinista y amigo de Saddam Hussein, Primakov, con la participación de los comunistas.

¿Qué puede hacer una coalición gubernamental? 

¿Qué puede hacer una coalición con el PCFR? No resolvería ninguno de los problemas que tiene la clase obrera. Una coalición con el PC temporalmente puede ralentizar el proceso de desintegración económica. Pero tendría muy poco tiempo de respiro, posiblemente unos pocos meses. Las opciones son muy limitadas, la única alternativa a la antigua política deflacionaria todavía defendida por Occidente, es la emisión de grandes cantidades de papel moneda en un intento desesperado de tapar los agujeros en las finanzas públicas. En lugar de deflación, habría hiperinflación.

Frente a esta situación un sector de la burocracia y los militares proponen la emisión de dinero, que va contra todos los consejos de los "expertos" económicos occidentales. Mijail Berger, redactor del diario ruso Sevodnya decía: "La única salida para el Gobierno de conseguir dinero es emitir créditos o imprimir rublos. Siempre he sido enemigo de la inflación, pero ahora pienso que no hay alternativa. El Gobierno no tiene otra fuente de conseguir dinero". La burocracia no ha aprendido nada y ha olvidado todo. Trotsky explicó que la inflación es la sífilis de una economía planificada. También lo es de una economía capitalista. A largo plazo socava la inversión y conduce al caos. Joseph Piradashvili, director de una empresa de exploración de gas explicaba que: "Los créditos blandos son ahora ineludibles. Me doy cuenta que crearía inflación, pero ahora parece el mal menor".

El hecho de que Occidente no esté dispuesto a dar más dinero deja al régimen ruso con la opción de emitir dinero, es decir la inflación. El régimen está considerando esta opción como una "solución" a sus problemas. Pero no es en absoluto ninguna solución. Cualquier cosa que haga la burguesía rusa será equivocada. Si no emiten rublos no podrán pagar a los trabajadores sus salarios, si emiten rublos reducirán el valor de los salarios a la nada y se enfrentarán a una espiral inflacionaria. Esperan escapar con este truco sin que los trabajadores se den cuenta. Pero los trabajadores pronto descubrirán que es un fraude. Saben lo que significa la inflación, ya los precios de las mercancías importadas se han doblado, y los precios de las mercancías rusas se han disparado. Esto explica porqué los mineros y otros trabajadores reivindican una escala móvil de precios y salarios. La emisión de rublos es una solución a un muy corto plazo de tiempo. Conduciría a una crisis de la economía e incluso a un colapso más profundo, que llevará a una explosión de la clase obrera.

El rublo está cayendo aún más. Perdió dos tercios de su valor en tres semanas, mucho peor a lo ocurrido con la moneda indonesia, que cayó un 84% en un año. Las tiendas están vacías, debido al pánico a comprar. También hay problemas con los mayoristas que no traen mercancías porque no saben qué precio poner. El pueblo está desesperado. La televisión británica mostraba tiendas vacías. Entrevistaban a una anciana y decía que en los "viejos días" siempre había comida, y ahora no hay nada. Y añadía "lo mejor que puedo hacer es ir a casa y colgarme". Ziugánov cuando compara la situación con 1917, refleja cual es el ambiente que se está desarrollando entre las masas.

Una vez las masas se den cuenta del significado de esta política (y no tardarán mucho en verse los efectos) se producirá una explosión de la lucha de clases. Todo señala a procesos revolucionarios en pocos meses. Las masas no estarán satisfechas con un puñado de concesiones que no resolverán nada. ¿De qué servirá el pago de los salarios si rápidamente quedarán sobrepasados por el aumento de los precios? Ya los trabajadores han planteado consignas políticas, pidiendo la renuncia de Yeltsin. Esta presión desde abajo explica por qué Ziugánov insistía tanto en su oposición a Chernomirdin y Yeltsin. Sin embargo, Occidente quiere que Yeltsin se quede, atemorizados por quién podría sustituirle. Le aconsejaron que renunciara a Chernomirdin y presentara un candidato más aceptable a la Duma y, en esa perspectiva algunos de los observadores burgueses más astutos están llegando a la conclusión de que una coalición que incluya al PC es la única alternativa para asegurar la estabilidad.

Comprenden que si Yeltsin insistía en mantener un conflicto sobre este tema sólo habría dos resultados posibles. El primero hubiera sido la disolución de la Duma y convocar elecciones anticipadas en tres meses. Y el resultado más probable de estas elecciones sería una mayoría absoluta del PC y así Ziugánov habría llegado al Gobierno. Este Gobierno estaría sometido a enormes presiones de las masas, ya no tendría la excusa de estar en minoría y los trabajadores le presionarían para que solucionase el lío ocasionado por los capitalistas. La otra posibilidad habría sido que Yeltsin disolviese la Duma y gobernase por decreto. Existe una constitución bonapartista que le permite hacer esto. Pero como hemos dicho ya, la correlación de fuerzas ente las clases y el estado del ejército descartan esta opción. Sería una provocación a las masas y se convertiría inmediatamente en una situación revolucionaria.

Este escenario aterroriza a la burguesía, tanto a la de Occidente como a la Rusa. Explica porqué algunos sectores han llegado a la conclusión de que el mal menor sería que el PCFR entre en el Gobierno. En las actuales acondiciones, una coalición gubernamental es la mejor opción desde un punto de vista burgués. Ahora bien, en primer lugar sería un Gobierno en crisis, y probablemente un Gobierno de corta vida. Incluso una coalición gubernamental puede verse obligada a renacionalizar algunos sectores de la economía y llevar adelante medidas para aliviar la situación de la clase obrera. Esto entraría en conflicto con el FMI, el Banco Mundial y la burguesía occidental en general. El propio Primakov es un elemento desconocido. Mientras que es verdad que se declara partidario de las "reformas" de mercado, Occidente no confía en él. No saben cómo afrontaría una crisis o un desorden.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, León Trotsky predijo que, en determinadas circunstancias, los dirigentes reformistas en el Gobierno se podrían ver obligados a ir más allá de sus intenciones. Lo que empujó a Ziugánov a oponerse a Chernomirdin, fue la enorme presión recibida desde abajo entre las masas de trabajadores. Esto es lo que aterroriza a Occidente y a Ziugánov, más que otra cosa. La burguesía todavía recela del PC, la mayoría de ellos están aterrorizados con el "comunismo". No confían en Ziugánov a pesar de todas sus palabras de lealtad al capitalismo. No es una cuestión de Ziugánov, sino de la presión de la clase obrera que viene de abajo, esto es lo que les alarma.

El Partido ‘Comunista’ 

Ante la ausencia de una organización de masas tradicional de la clase obrera en Rusia, el vacío lo está ocupando el Partido "Comunista" encabezado por Ziugánov. Pero éste ha expresado su lealtad al "mercado" y todas sus obras, ha jugado el papel de "responsable hombre de Estado". No quiere hacer nada que pueda alentar a las masas y, debido a esto, tiene un papel importante que jugar desde el punto de vista de la burguesía. En las negociaciones iniciales parecía que el PC había alcanzado un acuerdo con Yeltsin y Chernomirdin: se produciría una intervención parcial del Estado, algunas nacionalizaciones y alguna mejora de las condiciones de vida de las masas, y sobre todo una reducción de los poderes de Yeltsin. Ziugánov pedía tres ministros. En un momento en que las masas están pasando hambre y caos, el dirigente del PCFR está obsesionado con maniobras parlamentarias en la búsqueda de una coalición con la burguesía, justo lo contrario de todo lo que defendía Lenin.

El problema para Ziugánov es que ni uno solo de los problemas básicos de la clase obrera puede ser resuelto sobre bases capitalistas. Independientemente de la política que adopten, las cosas irán de mal en peor. Si Ziugánov entra en una coalición gubernamental con Primakov, tendrá que aceptar la responsabilidad de todas las calamidades que sufra el pueblo ruso. La conclusión es ineludible: habrá un otoño caliente con movimientos explosivos de la clase obrera. En esta situación el PC necesita algo que ofrecer a las masas. Eso explica porqué hablan de nacionalizaciones. También explica porqué el PC rechazó la candidatura de Chernomirdin, es decir, el régimen no le daba a Ziugánov lo que quería.

Los marxistas no somos indiferentes al Parlamento. No somos anarquistas. Pero el Parlamento debe ser utilizado, como lo hicieron los Bolche-viques, como parte de una campaña para movilizar, agitar y organizar a las masas fuera del Parlamento en la lucha revolucionaria para cambiar la sociedad. Pero los parlamentarios del PCFR muestran todos los síntomas del mal incurable calificado por Marx como "cretinismo parlamentario". En vez de utilizar su posición en la Duma, donde tienen la mayoría, para agitar a la clase obrera fuera del parlamento, se limitan a maniobras e intrigas palaciegas.

Desde que fueron elegidos, los lideres del PC han demostrado su completa falta de voluntad. En todas y cada una de las ocasiones anteriores, cuando el Gobierno ha estado en crisis (y fueron varias) Ziugánov se limitó a dar una de cal y otra de arena, al principio haciendo el papel de oposición y luego en el último minuto cediendo. Los diputados del PC, después de todo, como resultado de sus puestos en la Duma, disfrutan de toda una serie de privilegios, buenos salarios, que a diferencia de los trabajadores, les pagan siempre a tiempo, gastos abundantes, pisos en Moscú, etc. Una sola llamada de Yeltsin amenazando con disolver la Duma y convocar elecciones fue siempre suficiente para tener a estas damas y caballeros corriendo a la mesa de negociación a firmar un acuerdo que significaba una capitulación.

Sin embargo, esta vez las cosas son algo diferentes. Al principio, parecía la vieja rutina. Bastaba observar la conducta de Ziugánov después del segundo voto en la Duma que rechazó la candidatura de Chernomirdin. Al principio se opusieron enérgicamente e inmediatamente después realizaron una propuesta de compromiso. Ziugánov declaró que tenía una pequeña lista de cinco candidatos a los que podía apoyar: Luzkov, el alcalde de Moscú, Yavlinsky, actual ministro de exteriores, Stroyev, portavoz del Consejo de la Federación y Oryol, el gobernador de la región central de Rusia. Al final, Yeltsin no tuvo otra alternativa que proponer a Primakov como nuevo candidato a primer ministro. Si Ziugánov se hubiese mantenido firme, Yeltsin se hubiese visto obligado a disolver la Duma y celebrar elecciones en las que el PCFR hubiese ganado la mayoría. Las masas hubiesen tenido la oportunidad de votar arrolladoramente contra estos políticos que les han decepcionado y han arruinado el país. Incluso sin mucho entusiasmo hacia Ziugánov, necesariamente se habría convertido en el principal beneficiario de la ira del pueblo. Pero este panorama aterroriza al dirigente del PCFR.

Una campaña electoral en estas condiciones sociales, pondría a las masas a sus pies y presionaría al PC a actuar, y esto es lo último que desean hacer. Ziugánov teme ganar las elecciones con una gran mayoría que le obligara a demostrar lo que puede hacer y le colocaría bajo el escrutinio de una clase obrera despierta y critica. Ziugánov teme a las masas tanto como Yeltsin. Preferiría ser una minoría en un gobierno de coalición en el que los partidos burgueses tuviesen la mayoría.

El periódico del Partido comunista británico, Morning Star decía "El Sr. Ziugánov quiere que el Presidente realice una amplia consulta entre los diferentes grupos del poder para encontrar un candidato que sea aceptado por todos. Rehusó decir a quien preferiría como Primer Ministro, pero elogió al alcalde de Moscú, Yuri Luzh-kov" (Morning Star, 9/9/98). Esto fue publicado sin ningún tipo comentarios en el periódico del PCB, y demuestra a que nivel han llegado.

Ninguno de los candidatos propuestos por el PCFR eran miembros del Partido Comunista. En otras palabras, los dirigentes del PCFR, incluso ahora, están dispuestos a involucrarse en el proceso de transición al capitalismo. Mientras la prensa "comunista" mantiene un discreto silencio, los comentaristas burgueses hablan con una maliciosa ironía de las últimas capitulaciones de los dirigentes del PCFR. The Guardian comenta: "La pasada noche los comunistas, el único partido importante en el Parlamento, declararon en un llamamiento al pueblo ruso, que estaban dispuestos a formar Gobierno. El llamamiento, una replica de su programa electoral de 1996, prometía trabajo para todos, préstamos baratos y viviendas asequibles, estas palabras sonaban extrañas después de que Ziugánov, poco antes dijese que él no quería dirigir un Gobierno" (The Guardian, 10/9/98).

"No hay tiempo para aprender en el trabajo" había dicho. "Necesitamos a alguien que entienda el mercado". Poco después de que Yeltsin nominara a Primakov, el portavoz de la Duma, Gennady Seleznyov, miembro del partido comunista, dijo: "Es la decisión mas razonable y Primakov, por supuesto, conseguirá el apoyo de la Duma Estatal" (Reuters, 10/9/98). Esto indica que la dirección del PC, estaría dispuesta a entrar en un Gobierno de coalición, si no inmediatamente, por lo menos en el próximo periodo. Si Ziugánov entra al Gobierno con la idea de descabezar el movimiento de la clase obrera, únicamente creará las condiciones para un movimiento más explosivo desde abajo. Debemos estar preparados para cambios repentinos en la situación. Todo esto explica porqué Ziugánov está tan desesperado. El problema es que la entrada de los dirigentes del PC en el Gobierno no resolvá nada, por una simple razón; no tienen nada que ofrecer a las masas. Se abrirá una nueva y convulsiva etapa, con grandes movimientos de la clase obrera, que conducirán a crisis y escisiones en el seno de las organizaciones comunistas.

La revolución albanesa 

La situación en Rusia se puede comparar con lo ocurrido en Albania cuando colapsaron los bancos piramidales, o con Alemania en 1923. La clase obrera podría haber tomado el poder en Albania. A pesar de que Albania había llegado bastante lejos en el camino de la restauración capitalista, y habían privatizado casi todo, cuando la población se vio arruinada, la revolución apareció en el orden del día. En aquel momento fuimos los únicos que explicamos que lo que estaba sucediendo en Albania era una revolución.

Predijimos la posibilidad de que en Rusia se produjese una situación similar a la de la Comuna de París. Esto es precisamente lo que ocurrió en Albania. Los trabajadores albaneses no tenían dirigentes como en Rusia, pero eso no les impidió luchar una vez que la situación alcanzó un punto crítico. Enfrentados con semejante movimiento, el ejército se pasó al lado de las masas y la policía fue disuelta a la fuerza. Se verá el mismo proceso en Rusia, pero la fortaleza de la clase obrera es mucho mayor.

En nuestro documento Albania, la Comuna de París y la Revolución de Febrero, publicado el 23 de junio de 1997, escribimos: "Hay muchos paralelismos entre la revolución albanesa y la Comuna de París. La insurrección en París ocurrió como resultado de toda una serie de contradicciones insoportables que fueron madurando durante un largo periodo. Francia, al igual que Albania estaba en manos de un grupo de bandidos, que saqueaban el país para enriquecerse. La situación empeoró tras el desastre de la guerra franco-prusiana, la camarilla dirigente tenía más interés en combatir a la clase obrera de París que al ejército prusiano. Las contradicciones pasaron a un primer plano cuando el Gobierno, en un claro acto de provocación, intentó apoderarse de la artillería de la Guardia Nacional de París, y se encontró con una sublevación espontánea. En palabras de Marx, los trabajadores de París "tomaron el cielo por asalto". El colapso del sistema piramidal en Albania, fue un incidente similar al asalto de la artillería en París, fue un fenómeno accidental la chispa que provocó la explosión, pero no fue la verdadera causa. Esta se produce debido al descontento que se va acumulando en la sociedad durante décadas; las privaciones de las masas, la bancarrota de las clases medias, el odio a la corrupción y la ineficacia de un Gobierno de ladrones, aventureros y estafadores. Aunque las circunstancias concretas fueron diferentes, en esencia la situación es la misma".

Acontecimientos similares son posibles en Rusia. En Albania la revolución comenzó con el colapso del sistema piramidal, en Rusia podría ser la combinación de distintos factores, hiperinflación, escasez de comida, etc., Desgraciadamente la revolución albanesa fue derrotada gracias a la dirección del ex partido comunista. En las elecciones, el 65 % de la población voto por los ex comunistas que formaron Gobierno, pero continuaron practicando un programa burgués y desilusionaron a las masas. Rusia, sin embargo es diferente de Albania. Albania es uno de los países mas atrasados de Europa con una vasta población rural. Mientras en Rusia la clase obrera no tolerará la situación y se moverá para tomar el poder en sus manos.

La clase obrera 

La situación en Rusia todavía no es prerrevolucionaria, pero se encamina claramente en esa dirección. La situación en las provincias es explosiva, si la clase obrera toma el poder en una sola ciudad transformaría por completo la situación. Lo más importante es que los trabajadores comienzan a moverse. La lucha de los mineros, el piquete de Moscú, y sobre todo la incorporación de nuevos sectores, demuestra que el movimiento está alcanzando una nueva etapa.

"Los trabajadores rusos, sin cobrar durante meses, comenzaron a participar directamente incluso antes de la crisis. Esta primavera, los enojados mineros del carbón bloquearon en varias ocasiones las vías de ferrocarril para protestar por los atrasos en los salarios. En ciudades deprimidas como Vladivostok, se han producido huelgas y manifestaciones del sector publico, que han agrupado desde profesores a conductores de ambulancias, se han convertido en un acontecimiento semanal. Algunos soldados mal pagados y algunas veces mal alimentados, llegaron a disparar a sus oficiales al mando".

"La multitud de trabajadores sin cobrar y soldados encolerizados se ha visto engrosada por una clase media que ha perdido sus ahorros tras la ultima devaluación del rublo y por las crisis bancaria" (Financial Times, 2/9/98).

Es inevitable que se produzcan nuevos y mayores movimientos obreros. Pero la clave de toda la situación el factor subjetivo está ausente. Hay una terrible contradicción entre la situación objetiva, que se mueve rápidamente en una dirección revolucionaria, y la debilidad crónica de la dirección revolucionaria. Los éxitos y fracasos futuros dependen de la habilidad de los marxistas rusos para resolver esta contradicción en el espacio de tiempo más corto posible.

En última instancia, todo depende del movimiento de la clase trabajadora rusa, el movimiento ha empezado, y se intensificará en el próximo periodo. De momento el movimiento de los mineros parece haber parado. Es inevitable. Hay un elemento de cansancio y fundamentalmente por el hecho de que los trabajadores no tienen dirección. Sin embargo, esta tregua temporal no durará mucho. En esta etapa inicial, los trabajadores esperarán a ver los resultados del próximo gobierno de coalición: si las cosas cambian, y sobre todo, si se les van a pagar los salarios. Pero una vez sea evidente que este gobierno no puede ofrecer ninguna solución a sus problemas, el movimiento explotará de nuevo y con mayor violencia. Todo el proceso se acelerará. Casi con toda probabilidad podemos esperar ver nuevos acontecimientos en este otoño. Esta situación ejercerá una gran presión sobre el PCFR y sobre los sindicatos, provocando nuevas crisis y convulsiones. En varias regiones ya se han producido escisiones en el PCFR (Kaliningrado, Kemerovo), pero no son nada comparado a lo que veremos en el futuro.

La naciente burguesía ha manifestado una cínica indiferencia ante los sufrimientos las masas. Los imperialistas, personificados en el FMI, fueron igualmente complacientes cuando les exigieron ir más lejos con los profundos recortes como condición previa a recibir préstamos. Estos "bondadosos cristianos" (a los que debemos añadir a Tony Blair) inventaron todo un nuevo vocabulario, con extrañas reminiscencias del "nuevo lenguaje" de George Orwell, para encubrir el genocidio económico que su política está causando en Rusia; "dosis de austeridad", "disciplina de mercado", "terapia de shock" y palabras similares. En lugar de realizar un análisis científico, recurrieron al viejo truco de justificar todo con las supuestas peculiaridades del pueblo ruso, su paciencia y su pretendida aptitud para resignarse ante el sufrimiento, etc. Tonterías similares son expresadas con frecuencia por los intelectuales de izquierdas en Moscú para ocultar su desmoralización y su falta de fe en la clase obrera.

La perspectiva para Rusia puede resumirse en una forma muy simple: o la clase obrera toma el poder o existe el peligro de caos e incluso de la ruptura de Rusia, con terribles consecuencias para las masas. Recuerda al escenario descrito por Lenin en su famoso texto La catástrofe que se avecina y cómo combatirla. A través de su experiencia los trabajadores rusos comprenderán la necesidad de realizar una política genuinamente revolucionaria. Las décadas de estalinismo no han borrado las tradiciones del bolchevismo y Octubre. La necesidad de formar soviets, o consejos obreros, crecerá en el desarrollo de la lucha. Comenzando con los elementos más avanzados, los trabajadores comenzarán a exigir un retorno a la política de Lenin en 1917. Empezando con las capas mas avanzadas, como Lenin hizo en Febrero de 1917, los marxistas rusos deben desarrollar un programa de demandas transicionales que sean capaces de encontrar un eco entre las masas.

Naturalmente, los marxistas deben participar enérgicamente en todas las huelgas y manifestaciones, apoyarán todas las luchas de los trabajadores, y volverán a los soviets, a través del llamamiento al establecimiento de comités de acción o comités de salvación. Estos comités han aparecido en diferentes ocasiones durante los últimos años. La tarea debe ser extenderlos en todas partes y unirlos, local, regional y nacionalmente. A pesar de todo, la aparición de un movimiento espontáneo des-de abajo, aunque se expresase con la formación de soviets, en sí mismo no resuelve el problema más de lo que lo hizo la Revolución de Febrero de 1917. Sólo la toma del poder puede conseguirlo. Para esto, se necesita un partido revolucionario, pero por el momento no existe. Las masas no entienden a las pequeñas organizaciones, incluso aunque tengan una política y un programa correctos. Los trabajadores diran: "estamos de acuerdo con vuestras ideas, pero sois demasiado pequeños". Debemos ver las cosas a través de los ojos de las masas, no a través de los nuestros. Los trabajadores miran al PCFR, no porque apoyen la política de Ziugánov, sino porque en esta etapa no ven otra alternativa.

Con el PCFR en el Gobierno algunos de los elementos mas avanzados se escindirán. Los marxistas necesitarán orientar a estas capas avanzadas y ganarlas. El movimiento comunista en Rusia esta ya dividido, con algunas de las capas mas avanzadas criticando con la política de Ziugánov. Es natural y representa un paso adelante en la conciencia. Sin embargo, estas capas avanzadas son un pequeña minoría. Si no quieren aislarse de las masas, deben entender que, debido al vacío actual causado por la extrema debilidad del factor subjetivo, las masas inevitablemente mirarán hacia el PC en las primeras etapas de la revolución. Las encuestas demuestran ya esto. Los genuinos comunistas en Rusia deberían volver a las ideas de Lenin y estudiar su táctica. Hay que leer y estudiar su clásico: La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, y aplicarlo a la Rusia actual.

En semejante situación los marxistas exigirían a los dirigentes del PCFR "la expropiación de los multimillonarios". Harían un llamamiento a Ziugánov para que tomara el poder, nacionalizara la economía y volviera a la política de Lenin. El PCFR debe romper la coalición , romper con los ministros burgueses y tomar el poder. ¿Que no lo hacen? ¡Peor para ellos! Los mencheviques y los social revolucionarios también rehusaron tomar el poder, que era lo que Lenin y los bolcheviques pedían insistentemente. Eso hizo que se pusieran al frente de las masas y pasaran de ser una pequeña minoría a una mayoría decisiva en los soviets. Nuestra artillería debe apuntar contra el principal enemigo la burguesía y sus representantes políticos.

Nacionalizar lo privatizado, expropiar a los oligarcas, escala móvil de precios y salarios, control de los trabajadores para evitar el sabotaje de la burguesía y organizar la producción y la distribución de la comida y otras necesidades básicas, controlar los precios y acabar con los especuladores. Pero esta situación no podrá mantenerse a menos que el poder pase a manos del proletariado. Transformar la sociedad en las líneas señaladas por Lenin, sí obtendría una respuesta por parte de las masas.

Hacia la Revolución Mundial 

¿Cuál es el efecto de la crisis en Rusia en los acontecimientos mundiales? Rusia no representa mucho en la economía mundial. Pero la crisis en Rusia ha afectado a las economías emergentes. Una tras otra, estas economías están cayendo como fichas de dominó, y los inversores se están retirando apresuradamente de ellas. Como explicaba Tribune: "El Instituto Financiero Internacional de Washington dice que si Rusia devuelve todos los pagos de los inversores extranjeros perdería 200.000 millones de dólares". El mismo articulo citaba a Larry Elliott, redactor económico de The Guardian: "Estos bancos van a sufrir un gran golpe en sus beneficios. Ahora van a decir que hay que tener más cuidado con el dinero en circulación a las economías emergentes, como Brasil o Venezuela, y también serán menos partidarios de hacer préstamos en sus propios países. Así que estamos ante una crisis de los créditos similar a la de los años treinta".

La crisis se extenderá a toda América Latina. Podemos verlo en Brasil y Venezuela. Colombia se ha visto obligada a devaluar su divisa anticipándose a la crisis financiera de su vecina Venezuela. El pesimismo de la burguesía no solo se refiere a Rusia, sino al conjunto de la situación mundial. Se refleja en las alzas y bajas de la bolsa. Son síntomas de la inseguridad de la burguesía.

Estados Unidos y Europa Occidental son todavía la llave de la situación. Las perspectivas más optimistas de la burguesía residen en la "esperanza" de que la actual crisis no se convierta en una depresión económica. En este sentido es útil recordar la situación previa al crash de 1929, entonces la crisis comenzó en los países periféricos y después alcanzo al corazón. La actual crisis comenzó en el sudeste asiático, está afectando seriamente a Japón, se ha extendido a Rusia y no se parará ahí. La burguesía en Occidente no podrá dominar la situación una vez comience la recesión.

Los comentaristas burgueses tratan de reconfortarse afirmando que Alemania no se verá afectada, ya que sólo una pequeña parte de sus exportaciones va a Rusia. Sin embargo, tiene fuertes vínculos con países como Polonia y Hungría. El 15% de las exportaciones alemanas van dirigidas a Europa del Este. Si la crisis rusa se extiende a Europa del Este, golpeará las exportaciones alemanas, justo en un momento en que parecía que los alemanes tenían una leve mejoría. Esta situación afectaría al crecimiento de Europa occidental.

Ya existen informes que muestran una ralentización de la economía alemana. En el segundo trimestre del año, el índice de crecimiento anual cayó al 1,7%, después de haber alcanzado el 4,3% en el primer trimestre. The Economist también expresa las sombrías perspectivas a las que se enfrenta el capitalismo mundial: "En la reunión anual del Banco de la Reserva Federal de Kansas City en Jackson Hole (Wyoming), que tuvo lugar el fin de semana, algunos de los banqueros más importantes admitieron en privado que estas son la peores condiciones económicas globales que han visto en su vida. La lista de pérdidas económicas hacen la lectura deprimente. Japón y la mayoría del Sudeste Asiático están en una recesión profunda. Se espera que el PIB caiga hasta el 15% en Indonesia este año, entre el 6% y el 7% en Corea del Sur y Tailandia. El gobierno ruso ha pagado con su deuda; sus apuros económicos empeoran día a día. China podría responder a su grave caída económica, devaluando su moneda, y el dólar de Hong Kong está ya bajo una enorme presión. América Latina está ya al borde del abismo económico. Incluso algunas economías desarrolladas como las de Gran Bretaña y Canadá están cayendo. Y Wall Street ha sufrido una fuerte caída. La caída en los precios de las acciones durante los últimos dos meses ha dilapidado casi cuatro billones de dólares de la riqueza financiera mundial, equivalente al PIB de Japón. Las economías que facturan dos quintas partes de la producción mundial ya están en recesión o se encuentran en sus puertas".

En lugar de convertirse en un nuevo camino para la inversión extranjera, Rusia se ha convertido en un elemento nuevo y convulsivo que azota la inestabilidad del capitalismo mundial. No sólo los efectos económicos, también los efectos políticos serán incluso mas dramáticos. Una revolución en Rusia tendría un efecto electrizante, primero en toda Europa del Este, China y en los países coloniales, especialmente con la perspectiva de una próxima depresión. El hecho de que la burocracia china diera dinero a Rusia, 500 millones de dólares, demuestra que temen un contagio de los efectos de la crisis rusa en China.

Una vez el capitalismo empiece a colapsar en sus eslabones mas débiles, los efectos podrían extenderse rápidamente a los países avanzados. El capitalismo japonés está en una crisis profunda. El avance del Partido Comunista de Japón en las recientes elecciones, a pesar de las políticas reformistas de su dirección, es un síntoma de la creciente crisis social y política. En Europa Occidental durante el último período hemos presenciado un movimiento de los trabajadores tras otro. Incluso en EEUU se está produciendo una recuperación en el movimiento huelguístico. La depresión mundial que se avecina tendrá como consecuencia el cuestionamiento del sistema capitalista. En Rusia este proceso ya ha comenzado. Existe un rechazo general al sistema capitalista y a su funcionamiento. Este fenómeno adquirirá un carácter mundial una vez se desarrolle la crisis.

El marxismo es la única respuesta 

Todo el proceso en Rusia se encamina hacia la revolución. La clase obrera está comenzando a moverse. Se refleja en las huelgas y manifestaciones a lo largo y ancho del país, también se puede ver por el giro hacia el PCFR en el frente electoral. Lo trágico de la situación es la ausencia de un partido genuinamenente leninista. Los trabajadores rusos, a pesar de todo, no han perdido las tradiciones revolucionarias de 1905 y 1917. Siempre que hay un movimiento serio de la clase obrera organizan comités de trabajadores elegidos democráticamente, soviets. Estos se extenderán como un reguero de pólvora una vez el movimiento se ponga en marcha.

La llave de toda la situación descansa ahora en la dirección de la clase obrera. O la clase obrera tiene éxito llevando adelante la revolución y transformando la sociedad, o en el largo trayecto Rusia se enfrentará a la receta de una dictadura policiaco-militar.

Lo importante es que los trabajadores rusos han comenzado a luchar. Tienen la oportunidad de mostrar a los trabajadores del mundo lo que podría ser un genuino régimen socialista. La clase obrera rusa ya no es débil numéricamente como en 1917. Ahora es la arrolladora mayoría de la población. Una revolución victoriosa, que condujese a la toma del poder a la clase obrera rusa con el programa de Lenin y Trotsky sacudiría a todo el planeta. Cambiaría el curso de toda Europa Occidental. El dominio de los dirigentes reformistas de derechas de las organizaciones obreras desaparecería rápidamente ¿Qué podrían decir en estas circunstancias? ¿Larga vida al mercado? Pero el mercado está alcanzando un punto a escala mundial que les estallará en sus narices. El mismo tipo de escenario de los que hemos sido testigos en las calles de Moscú mañana se reproducirá en Londres, París, Tokio y Nueva York. Una nueva oleada de revoluciones socialistas estarán al orden del día en un país tras otro, en el momento en que la crisis económica comience a golpear. Se están preparando las condiciones para un choque decisivo entre las clases. La única solución a los problemas de los trabajadores, en Rusia y en cualquier otra parte del mundo, consiste en la ruptura radical con el capitalismo, éste es un sistema enfermo y decadente que amenaza el futuro de toda la humanidad, y su sustitución por un nuevo orden social, basado en un sistema de planificación racional y democrático, ésa es la verdadera condición para la emancipación de la raza humana: el socialismo mundial. 


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