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Ted Grant |
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| Crisis en Rusia El fracaso del libre mercado | |
| Por Alan Woods y Ted Grant | |
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La
razón para la alarma en las salas de reuniones y despachos occidentales
está bien clara. La burguesía ve que con el colapso en la tentativa de
ir hacia el capitalismo, surge la posibilidad de regresar a algún tipo de
economía nacionalizada, planificada y centralizada. Esta perspectiva les
aterra, no sólo por lo que significaría para Rusia, sino debido a su
impacto en todo el mundo, comenzado con las denominadas economías
emergentes (o mejor dicho sub-emergentes). La crisis mundial del
capitalismo se expresa en el efecto dominó de la crisis económica que
comenzando en Asia, se extendió a Rusia y ahora amenaza a toda América
Latina. Ciertos gobiernos como ocurre en Malasia están intentando
protegerse introduciendo medidas proteccionistas y control estatal,
atentando contra la política de "libre mercado" impuesta por el
imperialismo a través del FMI. Esto es sólo el anticipo de la inevitable
reacción en contra del "libre mercado". Los estrategas del
capital lo ven como una amenaza mortal para su sistema, y no se equivocan. El pesimismo de la burguesía occidental se expresa en las páginas de los periódicos más serios. El Financial Times (18/8/98) se quejaba: "Rusia ha sufrido una derrota que podría acabar en desastre, no sólo para Rusia, sino para el resto del mundo". Los
marxistas ya lo advertimos Persiguiendo
su propio sofisma, los jesuitas de la escuela occidental de economía política
dicen que el fracaso en Rusia, Indonesia, Malasia, Corea del Sur y los demás
que eran puestos como brillantes éxitos del "mercado", no es el
fracaso del capitalismo, sino sólo de un modelo defectuoso de
capitalismo. Desde el principio los marxistas explicamos que sólo se podría
desarrollar un tipo de capitalismo en Rusia, el capitalismo
"compinche" o mafioso. El capitalismo en Rusia, y en las demás
economías emergentes de Asia y América Latina, ha entrado demasiado
tarde en la escena de la Historia para desarrollar un papel progresista.
Hace cien años Peter Struve señaló que cuanto más al Este vas, más
podrida, corrupta y degenerada se convierte la burguesía. Aunque
formalmente independientes, estos países están bajo el talón de EEUU,
Japón y la UE. A través del mecanismo del mercado mundial están más
subordinados y dominados por el imperialismo. La corrompida burguesía
rusa que surgió tras el colapso del estalinismo es similar en muchos
sentidos a la burguesía de los países ex coloniales corrupta,
parasitaria y dependiente del imperialismo. Bajo este régimen, la poca
inversión que llegó de Occidente fue a parar principalmente a las
materias primas, petróleo, gas, níquel y otros metales en los que es
fabulosamente rica Rusia y que, con un estado lógico de los asuntos, lo
haría un país próspero. Pero el naciente capitalismo ruso mostró rápidamente
su bancarrota, en el sentido literal de la palabra. Este capitalismo
compinche no tenía ningún interés de desarrollar la economía rusa. Su
perspectiva era transformar Rusia en un proveedor de materias primas, con
el propósito de enriquecer a la oligarquía dominante. No desarrollaron
los medios de producción, como históricamente hizo la burguesía en
occidente, e incluso hasta cierto punto en el Sudeste asiático hasta su
colapso. Se comportaron como conquistadores persas, saqueando al Estado y
al pueblo, derrochando su riqueza en lujo, o enviándola al extranjero. El resultado final sería reducir a Rusia a la situación de país semicolonial, algo que provoca inevitablemente la resistencia, no sólo de las masas, sino también de una considerable parte de la antigua burocracia incluyendo el ejército, el complejo industrial militar y las burocracias regionales, que no han ganado nada y han perdido todo en el movimiento hacia el capitalismo. Durante los últimos siete años, todas las demás tendencias políticas hablaban de la supuesta "victoria final" del capitalismo en Rusia, sólo los marxistas insistimos en que el proceso no había terminado, que eran posibles diferentes resultados, pues existían muchas y serias contradicciones, y que, en condiciones de crisis económica mundial este podría volverse en su contrario, en especial en el caso de un movimiento de la clase obrera rusa. Ahora estas predicciones están haciéndose realidad ante nuestros propios ojos. Colapso
financiero y económico El
capitalismo compinche en Rusia ha demostrado ser incapaz de desarrollar
las fuerzas productivas. Esta es la clave para comprender la actual
situación. Marx y Engels explicaron que la viabilidad de cualquier régimen
depende de su habilidad para desarrollar las fuerzas productivas. Durante
los últimos seis años hemos visto una caída de la producción del 60%.
Este colapso es distinto al de cualquier otro en la historia, mayor que el
30% de EEUU después de 1929, y sólo comparable a una derrota catastrófica,
o más bien dos derrotas, en la guerra. Occidente envió a sus doctores
económicos para practicar sus nocivos experimentos con el pueblo ruso.
Prometieron que todo el dolor (dolor para las masas, no para ellos o para
sus compinches rusos), sería recompensado al final con la prosperidad.
Ahora todas estas promesas se han convertido en cenizas. El intento de introducir
el capitalismo ha fracasado. Siete años después del comienzo de la
"reforma", somos testigos del total colapso de la economía
rusa. Lenin dijo que la política es economía concentrada. El colapso
económico está acelerando el proceso, estamos ante un importante punto
de inflexión donde la cantidad se está transformando en calidad y todo
se está convirtiendo en su contrario. Uno de los principales
problemas al que se enfrenta el Gobierno ruso es la incapacidad de
conseguir dinero. Naturalmente, el pago de impuestos nunca fue el punto
fuerte de la mafia. Los llamados nuevos rusos se negaron a pagar sus
impuestos. Esta es una manifestación secundaria del parasitismo de la
naciente burguesía rusa, a la que no le preocupa ni la actividad
productiva ni el destino del pueblo y el estado ruso. Su horizonte estaba
y está limitado a los negocios para enriquecerse mientras enviaban sus
beneficios a Occidente. Durante los últimos
siete años salió más capital de Rusia a Occidente que el que entró en
concepto de inversiones. La suma de capital que salió de Rusia se estima
que alcanza los 140.000 millones de dólares, más que suficiente para
renovar y modernizar la industria, si se hubiese utilizado para un fin
productivo. El parasitismo y la
podredumbre de la naciente burguesía, su completa incapacidad para
desarrollar las fuerzas productivas se expresa en la crisis financiera y
la crisis del estado ruso. La Unión Soviética, con todas sus faltas y
defectos, antes producía la mayoría de la comida y bienes básicos
necesarios para su población. Ahora ha cambiado todo. Rusia importa más
de la mitad de su comida. En el caso de Moscú la cifra alcanza casi el 80
por ciento. En tales circunstancias, el colapso del rublo presagia
consecuencias calamitosas para el pueblo de Rusia. Además de la ruina de
la industria productiva y la agricultura rusas, profundamente dependientes
de Occidente, también se ha producido una severa crisis de las finanzas
del estado y un colosal endeudamiento. Para hacer frente a la ausencia de
ingresos por impuesto, el Gobierno se vio obligado a financiar su gasto
con los conocidos GKO bonos del Estado. Estos bonos a corto plazo ofrecían
rendimientos del 60 por ciento o más; en estas circunstancias era una
cuestión de tiempo que el Estado entrase en bancarrota. Simplemente se
pagaba el gasto de hoy acumulando enormes deudas para el futuro. Cuando el
Gobierno no tenga ya dinero para pagar el interés de estos bonos se
encontrará con una gran crisis financiera. Las deudas de Rusia han
alcanzado la increíble cifra de 194.000 millones de dólares, y no puede
devolverlas, situación que ha obligado a Rusia, en la practica, a
suspender pagos. Esto ha causado las protestas de los inversores
extranjeros, que ahora pueden esperar recibir sólo 15 ó 30 centavos por
dólar invertido. El resultado es obvio, los inversores extranjeros evitan
Rusia como una plaga, incluso las patéticas cifras de inversión
extranjera que existían antes se agotarán, hundiendo a Rusia en una
crisis aún más profunda. Hemos recalcado
repetidas veces que el elemento clave en toda la situación era la
pasividad de la clase obrera. Cuando colapsó el estalinismo los
trabajadores estaban desorientados. La experiencia de décadas de
estalinismo causó confusión, en ausencia de un auténtico Partido
Comunista, estaban sin dirección y no había otra alternativa. En algunos
casos, como los mineros, estaban de acuerdo con el movimiento hacia el
capitalismo. Pero la clase obrera aprende de la experiencia. La
experiencia de los encantos del mercado en estos siete años ha demostrado
lo que significa en realidad el capitalismo: acumulación de salarios
atrasados durante meses, que el Gobierno no podrá pagar en años. Con el colapso de la economía ha hecho aparición el trueque primitivo, las fábricas pagan a sus trabajadores con las mercancías que producen. Los trabajadores se ven obligados a vender en las esquinas pepinos en vinagre búlgaros, calcetines o cualquier otra cosa para poder alimentar a sus familias. Larry Elliott, redactor económico de The Guardian, explicó a Tribune (4/9/98). "La producción se ha reducido a la mitad del momento en que el comunismo colapsó. Las cosas son peores en las zonas rurales y una parte importante de la economía está funcionando sobre la base del trueque". Para un país que tuvo éxito en construir una economía poderosa, verse reducido a este nivel es traumático. Pero a partir del trauma y la amargura causadas por el hambre surge la necesidad para luchar. Aquí también los acontecimientos de los últimos meses y semanas marcan un importante punto de inflexión. Crisis
del régimen No
hay duda de que Ziugánov, secretario general del PCFR, intenta asustar a
la burguesía rusa y a Occidente para que haga concesiones al comparar la
situación a la que existía en enero de 1917, en vísperas del
derrocamiento del zar. Al hacer esta comparación, dijo más de lo que
deseaba. Hay fuertes paralelos
con el régimen de Rasputín y el actual régimen del Kremlin. La crisis
del Gobierno es un nuevo síntoma de la crisis revolucionaria que se está
desarrollando. Un estudio de la Historia demuestra que la revolución no
comienza por abajo, sino en las alturas de la sociedad. El estrato
dominante siente que la sociedad está en un impasse y busca una salida.
La crisis se revela en primer lugar en una serie de escisiones desde
arriba, un choque entre los "conservadores" y los
"reformistas", es decir, un choque entre un sector que está a
favor de continuar a la antigua usanza, y otro que quiere llevar adelante
reformas y concesiones desde arriba para evitar una revolución desde
abajo. Esto describe con seguridad la actual situación en Rusia. Alexis
de Tocqueville señaló que el momento más peligroso para un régimen
autocrático es precisamente cuando comienza a cambiar de rumbo. Como el zar Nicolás (a
quien parece que admira) y el Rey Luis XVI de Francia, Yeltsin posee una
fatal combinación de testarudez y ceguera, mezclado con dosis de pequeña
astucia animal en defensa de sus propios intereses. Yeltsin siempre ha
sido un elemento impredecible en la ecuación. Como comentaba el Financial
Times: "Después está la carta más descabellada de todas, el
propio Yeltsin. Todas las reuniones, análisis y discursos parlamentarios
públicos a fin de cuentas no tienen nada que ver. Lo que cuenta realmente
es la voluntad del presidente, y durante los últimos cinco años Yeltsin
ha proporcionado una amplia manifestación de lo volátil que puede
ser". El impasse de la burguesía se revela en estas escasas líneas.
Un individuo que sufre de avanzada demencia senil y años de abuso del
alcohol y que permanece a la cabeza del Estado ruso podría precipitar la
situación en pocos días. En las primeras etapas
de la actual crisis, Yeltsin parecía estar preparado para ceder algunos
de sus poderes. Después se retractó de sus palabras, sus giros no son
accidentales. Está apegado al poder para salvar su piel y los intereses
sustanciales de su familia. Yeltsin teme ser destituido porque su familia
ha saqueado la economía de la misma forma que la familia Suharto en
Indonesia. Está aterrorizado por la perspectiva y eso explica porqué no
está preparado para ceder sus poderes constitucionales. Los intereses de
este hombre podrían hundir a Rusia en una caos mayor. Ya su testarudez ha
obligado a los dirigentes del PCFR a oponerse, a pesar de todo, a
Chernomirdin. Los vaivenes desesperados de Yeltsin en los últimos meses no se pueden explicar simplemente en términos de inestabilidad personal, aunque indudablemente entra como un factor que agrava y complica la situación desde el punto de vista de Occidente. Es una expresión de la profunda crisis del régimen, que está en un impasse total. La repentina destitución de Chernomirdin y su sustitución por Kiriyenko en primavera tomó a todo el mundo por sorpresa. Después en un intento desesperado cambió la situación, Yeltsin intentó reponer a Chernomirdin, pero era el peor candidato que podría haber elegido por su pasado. Fue líder del Gobierno durante cinco años y las encuestas mostraban que el 95% de la población detestaba a Chernomirdin, que era visto como el responsable del colapso económico. La caída de Chernomirdin, candidato de Yeltsin, tras su rechazo en la Duma fue una señal clara de que algo fundamental había cambiado, suponía no sólo un incidente accidental, sino una crisis del propio régimen. Las
tendencias centrífugas en las regiones La
bancarrota económica y el colapso de la inversión productiva han tenido
peores consecuencias en las regiones. El elevado grado de autonomía que
los distintos dirigentes regionales han arreglado para arrebatar al centro
no ha conducido a una mejora. Al contrario, las provincias que no han
conseguido nada del movimiento hacia el capitalismo durante los últimos
siete años, están ahora enfrentados con el completo colapso y el hambre
de este invierno. Estos dirigentes
regionales tienen sus propios intereses, y entran en conflicto con los que
están en el poder en Moscú. La parte del león de la inversión de
Occidente (en cualquier caso no muy considerable) fue canalizada a Moscú
y en menor medida a San Petersburgo, donde fue despilfarrada en el
parasitario sector servicios y financiero ambos se enfrentan al colapso.
Los beneficios de estas inversiones fueron desviados a Occidente, pero el
interior industrial ruso no se ha visto beneficiado de la inversión. Esto
produce todo tipo de nuevas contradicciones, creando una situación
explosiva. Estas contradicciones
caen de manera más pesada sobre los hombros de la clase obrera de las
regiones, pero también afecta al sector de la burocracia que no ganó
nada de la introducción del mercado. Esto ha creado nuevos conflictos
dentro de la propia oligarquía. En la actual crisis los burócratas
regionales, aterrorizados por una explosión, han tomado medidas, que
esperan calme a la población. El gobernador de Kaliningrado, Leonid
Gorbenko declaró el "estado de emergencia" aunque legalmente no
tuviera poderes para hacerlo. Su objetivo era acumular reservas de comida
y combustible, para mantener bajos los precios y garantizar los
suministros esenciales para las escuelas y hospitales. En Siberia, el recién
elegido gobernador Lebed ha congelado los precios del gas, el petróleo,
la electricidad y el transporte local. También declaró que los precios
de los productos locales y productos alimenticios esenciales estarían
controlados por decreto. Explicó que estas medidas le situaban en el
umbral de violar la ley, "Pero estoy decidido a evitar el hambre en
la región. Los hombres de negocios deberían comprender que estoy
actuando en su interés para evitar una situación en la que una multitud
de gente hambrienta y enojada tome las calles" (The Guardian,
9/9/98). Medidas similares se han tomado en Perm, Novgorod, Smolensk, Omsk
y Chiuvasia. Si los trabajadores no tienen éxito en tomar el poder en sus manos y transformar la sociedad, existe el peligro de que Rusia finalmente se rompa en feudos locales. Basta con recordar lo que ocurrió en Yugoslavia para comprender que este proceso sería una catástrofe y una pesadilla para todo el pueblo de Rusia. Sin embargo, es poco probable que esto ocurra, porque una vez la clase obrera entre en acción todo cambiará. Es posible que la revolución comience en las provincias, y no como en el pasado en Moscú y San Petersburgo. Después de todo en Albania, el movimiento comenzó en el sur y más tarde llegó a Tirana. Sin embargo, el hecho de que el colapso económico se haya extendido a Moscú y San Petersburgo supondrá que pronto alcanzará al resto de Rusia. El
ejército y el peligro del bonapartismo Algunos
comentaristas han especulado con la posibilidad de que un hombre fuerte
tome el poder y corte este proceso. Hablan de una solución bonapartista,
algún tipo de golpe de Estado. La verdad es que no faltan candidatos para
el empleo de dictador, pero no es una cuestión del deseo subjetivo o de
un individuo. Las leyes de la contrarrevolución son similares a las de la
revolución. No puede ser llevada a cabo en cualquier momento y en
cualquier circunstancia. Depende de la correlación de fuerzas de clases
en la sociedad. Sobre todo depende de la situación interna del ejército.
Pero esto no existe en el vacío. El ejército siempre refleja una
sociedad en general, y el ejército ruso refleja la sociedad rusa. Donde
la sociedad está dividida en contradicciones extremas, como en el caso de
Rusia, esto tiene un profundo efecto sobre el ejército, que tiende a
dividirse en líneas de clase. Ya hay informes de
motines en la flota del Mar Negro y el Financial Times informaba de
que: "Mal pagados y subalimentados, los soldados individuales han
tenido que disparar sobre sus oficiales". Este es un síntoma claro
de la crisis revolucionaria que se está desarrollando. ¿Si los soldados
están disparando a sus oficiales cómo se puede utilizar al ejército
contra la clase obrera? Sería un arma inútil de la reacción
bonapartista, que normalmente ocurre cuando los trabajadores están
desmoralizados y pasivos como resultado de graves derrotas. Esto podría
ocurrir en el futuro, si los trabajadores fracasan en tomar el poder en
sus manos y transformar la sociedad en líneas socialistas. Antes de que
tal escenario de pesadilla se produzca, la clase obrera se moverá muchas
veces. Por tanto la perspectiva bonapartista es pospuesta, porque no
pueden recurrir a las tropas. Alexander Lebed, el
ahora gobernador de Siberia y ex general, es uno de los candidatos obvios
para el empleo de dictador de Rusia. Como la mayoría de los militares, la
comprensión que tiene Lebed de la política es bastante primitiva, pero sí
que comprende que la perspectiva del bonapartismo en este momento está
plagada de dificultades. En realidad Yeltsin probablemente consideró la
posibilidad de suprimir el Parlamento y gobernar por decreto. La razón
por la que no lo hizo no es porque no quisiera, sino porque no podía.
Sopesando las acciones que se le presentaban a Yeltsin tras el rechazo de
la Duma a Chernomirdin, The Economist decía: "Una cuarta opción,
más peligrosa, sería declarar el estado de emergencia y gobernar por
decreto sin referencia a la Duma. Pero el presidente está demasiado débil
para que tan imprudente plan tuviese éxito. ‘Las autoridades caerían
en 24 horas’, dijo Lebed". La perspectiva para
Rusia no es la reacción bonapartista, sino movimientos revolucionarios de
la clase obrera. Esto es lo que aterroriza a la burguesía, tanto a la
rusa como la occidental. El único escenario que todos desechaban y que
nosotros mantuvimos todo el tiempo, ahora es tomado en serio por los
estrategas del capital. El mismo artículo del The Economist señala
que: "ahora la clave es si se pueden evitar consecuencias políticas
y sociales más miserables; si el malestar puede entrar al final en erupción
entre los pobres, o quizá incluso entre el ejército. Tanto los soldados, como
las fuerzas de seguridad y los trabajadores clave, como los mineros y los
conductores de tren se han contenido. El malestar en las calles, espontáneo
u organizado está aún por estallar. Si esto ocurre, la elección de un
nuevo primer ministro podría ser irrelevante" (Idem). El ejército se ve
afectado en todas las revoluciones. Pero en este caso no estamos ante un
ejército burgués clásico. Este ejército normalmente se escinde en líneas
de clase con las tropas pasando al lado de los trabajadores. Lo que ocurrió
en Albania es útil para comprender lo que puede ocurrir en Rusia. Frente
a una insurrección de las masas en Albania el año pasado, no sólo
fueron las tropas normales las que se pasaron al lado de la revolución,
sino también importantes capas de los oficiales, probablemente la mayoría.
Cuando las masas albanesas entraron en los cuarteles, no encontraron
resistencia. Las puertas se abrieron y los soldados distribuyeron las
armas a la población. Muchos oficiales ayudaron a adiestrar a los
insurgentes en el uso de las armas, especialmente en el sur, donde el
movimiento fue más lejos. En el caso de Rusia, los oficiales están divididos al igual que toda la sociedad rusa. No es una simple división entre los trabajadores y la élite dominante. La antigua burocracia no es una masa homogénea, está también dividida. Están aquellos que han conseguido mucho de la transición al capitalismo, como los Chernomirdin, pero también está el grueso de la burocracia, en especial la del Complejo Militar Industrial y la de las regiones fuera de Moscú y San Petersburgo, que han ganado muy poco. Esta división se refleja en el ejército y en el estado en general, un estado que la burguesía todavía no ha logrado moldear en un instrumento seguro de la clase dominante. "Siete años después, el estado ruso consiste en un puñado de instituciones poco enraizadas, una presidencia, un parlamento, un banco central y poco más, que no han ganado la confianza pública, y que son empequeñecidas por un impenetrable cinismo, incompetencia, chantaje y un peso muerto burocrático" (The Economist, 5/9/98). ¿Vuelta
atrás? Enfrentados
con el dramático colapso de la economía rusa, los estrategas del
capital, tras haberse negado con firmeza a esta posibilidad en el pasado,
ahora hablan abiertamente de la posibilidad de una "vuelta atrás"
de Rusia, a alguna forma de economía planificada centralmente. Tal
posibilidad, como explicamos hace tiempo, está implícita en toda la
situación. Realmente muchos rusos darían la bienvenida a los
"viejos buenos días", bajo Breznev, con algunas reformas y más
democrático, algunos ¡incluso sin ellas!. A pesar de la burocracia y el
régimen totalitario, la economía nacionalizada y planificada garantizaba
un empleo, una pensión, cuidado sanitario y educación, y nadie pasaba
hambre. Comparado con los horrores del capitalismo, esto parece como una
edad dorada. Sin embargo ésta no es
la perspectiva de Ziugánov, y menos la de Yeltsin u otros representantes
de la oligarquía. Estos caballeros han levantado el espectro de la vuelta
atrás frente a Occidente para sacar más dinero de ellos. En realidad
quieren continuar con el proceso hacia el capitalismo. El problema es que
no pueden, Rusia necesita mucho dinero, y Occidente les ha ofrecido una
cantidad minúscula comparada con sus necesidades. Se calcula que Rusia
necesitaría 50.000 millones de dólares anuales durante diez años para
desarrollar su economía sobre bases capitalistas, pero sin esta cantidad
de dinero es imposible. En la visita de Clinton
a Moscú, les dijo a los rusos que deberían elegir la "opción
dura" del capitalismo y, si lo hacían, se verían recompensados con
la ayuda de Occidente. Pero los rusos ya han escuchado esto antes, y saben
que todas las promesas de ayuda por parte de Occidente se quedan en nada.
Son escépticos, y su escepticismo no ha disminuido por el hecho de que
Clinton no mencione una suma de dinero. El profundo colapso económico,
y la ausencia de una perspectiva seria de inversión real o ayuda de
Occidente aumenta la perspectiva de retorno a algún tipo de régimen
estalinista, por ejemplo alguna forma de economía centralizada y
planificada pero sin el control democrático y la dirección de la clase
obrera. La posibilidad de volver a alguna forma de economía planificada
viene directamente del impasse que sufre Rusia. El régimen actual
está hendido con escisiones en todas las direcciones. La burocracia está
interesada sobre todo en salvarse a sí misma. Enfrentados con una recesión
en Occidente y el colapso de las "reformas de mercado" en Rusia,
la idea de que el "antiguo régimen" era más estable y
garantizaba sus privilegios debe ser una idea que progresa entre esta capa
de la burocracia. Frente a una crisis cada vez más profunda, y amenazados
con la revolución desde abajo, la burocracia y el estado podrían
escindirse. No pueden depender de los cuerpos de hombres armados. La
posibilidad de una vuelta atrás no está en absoluto descartada, en
especial en caso de una recesión mundial. Este régimen
temporalmente tendría el efecto de empujar la economía hacia adelante,
pero más tarde todos los males del anterior régimen estalinista,
burocratismo, ineficacia, corrupción y nepotismo resurgirían. Como ya
hemos dicho en el pasado, este sería un régimen débil precisamente
porque la clase obrera rusa no es la pequeña, e inculta clase trabajadora
de los años veinte, sino la fuerza decisiva en la sociedad. No toleraría
este régimen durante mucho tiempo, sino que rápidamente lo borraría
para instalar un auténtico régimen de democracia obrera. La perspectiva de un régimen
neoestalinista aterroriza a Occidente. Significaría que Rusia arrastraría
tras de sí a los Estados bálticos, y a la mayoría de las antiguas Repúblicas
Soviéticas, sumidas en una crisis profunda, y que con toda probabilidad
voluntariamente volverían. Los estados Bálticos han tomado el camino del
mercado, y se verán afectados porque la mayoría de sus exportaciones van
a Rusia. Bielorrusia ya ha avanzado duramente en el camino hacia el
capitalismo, y está en serias dificultades, con una inflación anual del
60 por ciento y la moneda en bancarrota, el rublo bielorruso, ha caído
respecto al dólar de 60 a 100 en sólo un mes; el ucraniano no está
mucho mejor. Ucrania se puede ver obligada a dejar de pagar su deuda. Sólo
tiene reservas de 800 millones de dólares, suficiente sólo para pagar
las importaciones de un mes. Si Rusia cae, Ucrania va detrás, ya que está
en una posición incluso peor que la de Rusia. Los ucranianos tienen un
proverbio: "Si está lloviendo en Moscú, pronto lloverá aquí".
Esto es verdad, el colapso del capitalismo en Rusia rápidamente producirá
la misma situación en Ucrania. Ya los ucranianos están mirando con
nerviosismo a Rusia y sacando sus conclusiones: "Culpan de la crisis
rusa a la reforma (el capitalismo) ‘dice un banquero occidental con
residencia en Kiev’ , y la reacción refleja es que no debemos tener
reforma aquí" (The Economist, 5/9/98). Europa del Este también
se enfrenta a una creciente crisis, que probablemente seguirá, comenzando
con países débiles como Bulgaria y Rumania. Incluso países como
Polonia, Hungría y la República Checa se enfrentarán con serias
dificultades. A pesar de que en estos países el proceso de restauración
capitalista ha ido más lejos, y que están más vinculados a Occidente,
el futuro del capitalismo será puesto en duda también, en especial
cuando sean alcanzados por la crisis mundial del capitalismo. Se producirán
grandes movimientos de la clase obrera, en un cierto momento habrá crisis
y escisiones en los partidos comunistas, situando los procesos
revolucionarios en el orden del día. Los imperialistas están aterrorizados con tales perspectivas, que tendrían enormes repercusiones en Occidente. Por eso están ejerciendo una tremenda presión sobre Moscú para que siga con el capitalismo. Pero se dan cuenta de que su influencia está ahora muy limitada. La fracción de la naciente burguesía que les respaldaba (Chubais, Mentsov, Kiriyenko) ha sido expulsada del poder, han perdido incluso el control de los acontecimientos. En cualquier caso, su consejo fue desastroso en el pasado y lo es más en la actualidad. La insistencia para que Rusia se defienda de Occidente, con elevadas tarifas arancelarias y medidas para el control estatal, incluyendo la nacionalización de los bancos (una medida esencial para evitar el colapso del sistema financiero) va en contra de los intereses de la oligarquía. De mala gana, los imperialistas están obligados a aceptar una coalición gubernamental encabezada por el ex estalinista y amigo de Saddam Hussein, Primakov, con la participación de los comunistas. ¿Qué
puede hacer una coalición gubernamental? ¿Qué
puede hacer una coalición con el PCFR? No resolvería ninguno de los
problemas que tiene la clase obrera. Una coalición con el PC
temporalmente puede ralentizar el proceso de desintegración económica.
Pero tendría muy poco tiempo de respiro, posiblemente unos pocos meses.
Las opciones son muy limitadas, la única alternativa a la antigua política
deflacionaria todavía defendida por Occidente, es la emisión de grandes
cantidades de papel moneda en un intento desesperado de tapar los agujeros
en las finanzas públicas. En lugar de deflación, habría hiperinflación. Frente a esta situación
un sector de la burocracia y los militares proponen la emisión de dinero,
que va contra todos los consejos de los "expertos" económicos
occidentales. Mijail Berger, redactor del diario ruso Sevodnya decía:
"La única salida para el Gobierno de conseguir dinero es emitir créditos
o imprimir rublos. Siempre he sido enemigo de la inflación, pero ahora
pienso que no hay alternativa. El Gobierno no tiene otra fuente de
conseguir dinero". La burocracia no ha aprendido nada y ha
olvidado todo. Trotsky explicó que la inflación es la sífilis de una
economía planificada. También lo es de una economía capitalista. A
largo plazo socava la inversión y conduce al caos. Joseph Piradashvili,
director de una empresa de exploración de gas explicaba que: "Los créditos
blandos son ahora ineludibles. Me doy cuenta que crearía inflación, pero
ahora parece el mal menor". El hecho de que
Occidente no esté dispuesto a dar más dinero deja al régimen ruso con
la opción de emitir dinero, es decir la inflación. El régimen está
considerando esta opción como una "solución" a sus problemas.
Pero no es en absoluto ninguna solución. Cualquier cosa que haga la
burguesía rusa será equivocada. Si no emiten rublos no podrán pagar a
los trabajadores sus salarios, si emiten rublos reducirán el valor de los
salarios a la nada y se enfrentarán a una espiral inflacionaria. Esperan
escapar con este truco sin que los trabajadores se den cuenta. Pero los
trabajadores pronto descubrirán que es un fraude. Saben lo que significa
la inflación, ya los precios de las mercancías importadas se han
doblado, y los precios de las mercancías rusas se han disparado. Esto
explica porqué los mineros y otros trabajadores reivindican una escala móvil
de precios y salarios. La emisión de rublos es una solución a un muy
corto plazo de tiempo. Conduciría a una crisis de la economía e incluso
a un colapso más profundo, que llevará a una explosión de la clase
obrera. El rublo está cayendo aún
más. Perdió dos tercios de su valor en tres semanas, mucho peor a lo
ocurrido con la moneda indonesia, que cayó un 84% en un año. Las tiendas
están vacías, debido al pánico a comprar. También hay problemas con
los mayoristas que no traen mercancías porque no saben qué precio poner.
El pueblo está desesperado. La televisión británica mostraba tiendas
vacías. Entrevistaban a una anciana y decía que en los "viejos días"
siempre había comida, y ahora no hay nada. Y añadía "lo mejor que
puedo hacer es ir a casa y colgarme". Ziugánov cuando compara la
situación con 1917, refleja cual es el ambiente que se está
desarrollando entre las masas. Una vez las masas se den
cuenta del significado de esta política (y no tardarán mucho en verse
los efectos) se producirá una explosión de la lucha de clases. Todo señala
a procesos revolucionarios en pocos meses. Las masas no estarán
satisfechas con un puñado de concesiones que no resolverán nada. ¿De qué
servirá el pago de los salarios si rápidamente quedarán sobrepasados
por el aumento de los precios? Ya los trabajadores han planteado consignas
políticas, pidiendo la renuncia de Yeltsin. Esta presión desde abajo
explica por qué Ziugánov insistía tanto en su oposición a Chernomirdin
y Yeltsin. Sin embargo, Occidente quiere que Yeltsin se quede,
atemorizados por quién podría sustituirle. Le aconsejaron que renunciara
a Chernomirdin y presentara un candidato más aceptable a la Duma y, en
esa perspectiva algunos de los observadores burgueses más astutos están
llegando a la conclusión de que una coalición que incluya al PC es la única
alternativa para asegurar la estabilidad. Comprenden que si
Yeltsin insistía en mantener un conflicto sobre este tema sólo habría
dos resultados posibles. El primero hubiera sido la disolución de la Duma
y convocar elecciones anticipadas en tres meses. Y el resultado más
probable de estas elecciones sería una mayoría absoluta del PC y así
Ziugánov habría llegado al Gobierno. Este Gobierno estaría sometido a
enormes presiones de las masas, ya no tendría la excusa de estar en minoría
y los trabajadores le presionarían para que solucionase el lío
ocasionado por los capitalistas. La otra posibilidad habría sido que
Yeltsin disolviese la Duma y gobernase por decreto. Existe una constitución
bonapartista que le permite hacer esto. Pero como hemos dicho ya, la
correlación de fuerzas ente las clases y el estado del ejército
descartan esta opción. Sería una provocación a las masas y se convertiría
inmediatamente en una situación revolucionaria. Este escenario
aterroriza a la burguesía, tanto a la de Occidente como a la Rusa.
Explica porqué algunos sectores han llegado a la conclusión de que el
mal menor sería que el PCFR entre en el Gobierno. En las actuales
acondiciones, una coalición gubernamental es la mejor opción desde un
punto de vista burgués. Ahora bien, en primer lugar sería un Gobierno en
crisis, y probablemente un Gobierno de corta vida. Incluso una coalición
gubernamental puede verse obligada a renacionalizar algunos sectores de la
economía y llevar adelante medidas para aliviar la situación de la clase
obrera. Esto entraría en conflicto con el FMI, el Banco Mundial y la
burguesía occidental en general. El propio Primakov es un elemento
desconocido. Mientras que es verdad que se declara partidario de las
"reformas" de mercado, Occidente no confía en él. No saben cómo
afrontaría una crisis o un desorden. Antes de la Segunda Guerra Mundial, León Trotsky predijo que, en determinadas circunstancias, los dirigentes reformistas en el Gobierno se podrían ver obligados a ir más allá de sus intenciones. Lo que empujó a Ziugánov a oponerse a Chernomirdin, fue la enorme presión recibida desde abajo entre las masas de trabajadores. Esto es lo que aterroriza a Occidente y a Ziugánov, más que otra cosa. La burguesía todavía recela del PC, la mayoría de ellos están aterrorizados con el "comunismo". No confían en Ziugánov a pesar de todas sus palabras de lealtad al capitalismo. No es una cuestión de Ziugánov, sino de la presión de la clase obrera que viene de abajo, esto es lo que les alarma. El
Partido ‘Comunista’ Ante
la ausencia de una organización de masas tradicional de la clase obrera
en Rusia, el vacío lo está ocupando el Partido "Comunista"
encabezado por Ziugánov. Pero éste ha expresado su lealtad al
"mercado" y todas sus obras, ha jugado el papel de
"responsable hombre de Estado". No quiere hacer nada que pueda
alentar a las masas y, debido a esto, tiene un papel importante que jugar
desde el punto de vista de la burguesía. En las negociaciones iniciales
parecía que el PC había alcanzado un acuerdo con Yeltsin y Chernomirdin:
se produciría una intervención parcial del Estado, algunas
nacionalizaciones y alguna mejora de las condiciones de vida de las masas,
y sobre todo una reducción de los poderes de Yeltsin. Ziugánov pedía
tres ministros. En un momento en que las masas están pasando hambre y
caos, el dirigente del PCFR está obsesionado con maniobras parlamentarias
en la búsqueda de una coalición con la burguesía, justo lo contrario de
todo lo que defendía Lenin. El problema para Ziugánov
es que ni uno solo de los problemas básicos de la clase obrera puede ser
resuelto sobre bases capitalistas. Independientemente de la política que
adopten, las cosas irán de mal en peor. Si Ziugánov entra en una coalición
gubernamental con Primakov, tendrá que aceptar la responsabilidad de
todas las calamidades que sufra el pueblo ruso. La conclusión es
ineludible: habrá un otoño caliente con movimientos explosivos de la
clase obrera. En esta situación el PC necesita algo que ofrecer a las
masas. Eso explica porqué hablan de nacionalizaciones. También explica
porqué el PC rechazó la candidatura de Chernomirdin, es decir, el régimen
no le daba a Ziugánov lo que quería. Los marxistas no somos
indiferentes al Parlamento. No somos anarquistas. Pero el Parlamento debe
ser utilizado, como lo hicieron los Bolche-viques, como parte de una campaña
para movilizar, agitar y organizar a las masas fuera del Parlamento en la
lucha revolucionaria para cambiar la sociedad. Pero los parlamentarios del
PCFR muestran todos los síntomas del mal incurable calificado por Marx
como "cretinismo parlamentario". En vez de utilizar su posición
en la Duma, donde tienen la mayoría, para agitar a la clase obrera fuera
del parlamento, se limitan a maniobras e intrigas palaciegas. Desde que fueron
elegidos, los lideres del PC han demostrado su completa falta de voluntad.
En todas y cada una de las ocasiones anteriores, cuando el Gobierno ha
estado en crisis (y fueron varias) Ziugánov se limitó a dar una de cal y
otra de arena, al principio haciendo el papel de oposición y luego en el
último minuto cediendo. Los diputados del PC, después de todo, como
resultado de sus puestos en la Duma, disfrutan de toda una serie de
privilegios, buenos salarios, que a diferencia de los trabajadores, les
pagan siempre a tiempo, gastos abundantes, pisos en Moscú, etc. Una sola
llamada de Yeltsin amenazando con disolver la Duma y convocar elecciones
fue siempre suficiente para tener a estas damas y caballeros corriendo a
la mesa de negociación a firmar un acuerdo que significaba una capitulación. Sin embargo, esta vez
las cosas son algo diferentes. Al principio, parecía la vieja rutina.
Bastaba observar la conducta de Ziugánov después del segundo voto en la
Duma que rechazó la candidatura de Chernomirdin. Al principio se
opusieron enérgicamente e inmediatamente después realizaron una
propuesta de compromiso. Ziugánov declaró que tenía una pequeña lista
de cinco candidatos a los que podía apoyar: Luzkov, el alcalde de Moscú,
Yavlinsky, actual ministro de exteriores, Stroyev, portavoz del Consejo de
la Federación y Oryol, el gobernador de la región central de Rusia. Al
final, Yeltsin no tuvo otra alternativa que proponer a Primakov como nuevo
candidato a primer ministro. Si Ziugánov se hubiese mantenido firme,
Yeltsin se hubiese visto obligado a disolver la Duma y celebrar elecciones
en las que el PCFR hubiese ganado la mayoría. Las masas hubiesen tenido
la oportunidad de votar arrolladoramente contra estos políticos que les
han decepcionado y han arruinado el país. Incluso sin mucho entusiasmo
hacia Ziugánov, necesariamente se habría convertido en el principal
beneficiario de la ira del pueblo. Pero este panorama aterroriza al
dirigente del PCFR. Una campaña electoral
en estas condiciones sociales, pondría a las masas a sus pies y presionaría
al PC a actuar, y esto es lo último que desean hacer. Ziugánov teme
ganar las elecciones con una gran mayoría que le obligara a demostrar lo
que puede hacer y le colocaría bajo el escrutinio de una clase obrera
despierta y critica. Ziugánov teme a las masas tanto como Yeltsin.
Preferiría ser una minoría en un gobierno de coalición en el que los
partidos burgueses tuviesen la mayoría. El periódico del
Partido comunista británico, Morning Star decía "El Sr. Ziugánov
quiere que el Presidente realice una amplia consulta entre los diferentes
grupos del poder para encontrar un candidato que sea aceptado por todos.
Rehusó decir a quien preferiría como Primer Ministro, pero elogió al
alcalde de Moscú, Yuri Luzh-kov" (Morning Star,
9/9/98). Esto fue publicado sin ningún tipo comentarios en el periódico
del PCB, y demuestra a que nivel han llegado. Ninguno de los
candidatos propuestos por el PCFR eran miembros del Partido Comunista. En
otras palabras, los dirigentes del PCFR, incluso ahora, están dispuestos
a involucrarse en el proceso de transición al capitalismo. Mientras la
prensa "comunista" mantiene un discreto silencio, los
comentaristas burgueses hablan con una maliciosa ironía de las últimas
capitulaciones de los dirigentes del PCFR. The Guardian comenta:
"La pasada noche los comunistas, el único partido importante en el
Parlamento, declararon en un llamamiento al pueblo ruso, que estaban
dispuestos a formar Gobierno. El llamamiento, una replica de su programa
electoral de 1996, prometía trabajo para todos, préstamos baratos y
viviendas asequibles, estas palabras sonaban extrañas después de que
Ziugánov, poco antes dijese que él no quería dirigir un Gobierno"
(The Guardian, 10/9/98). "No hay tiempo para aprender en el trabajo" había dicho. "Necesitamos a alguien que entienda el mercado". Poco después de que Yeltsin nominara a Primakov, el portavoz de la Duma, Gennady Seleznyov, miembro del partido comunista, dijo: "Es la decisión mas razonable y Primakov, por supuesto, conseguirá el apoyo de la Duma Estatal" (Reuters, 10/9/98). Esto indica que la dirección del PC, estaría dispuesta a entrar en un Gobierno de coalición, si no inmediatamente, por lo menos en el próximo periodo. Si Ziugánov entra al Gobierno con la idea de descabezar el movimiento de la clase obrera, únicamente creará las condiciones para un movimiento más explosivo desde abajo. Debemos estar preparados para cambios repentinos en la situación. Todo esto explica porqué Ziugánov está tan desesperado. El problema es que la entrada de los dirigentes del PC en el Gobierno no resolvá nada, por una simple razón; no tienen nada que ofrecer a las masas. Se abrirá una nueva y convulsiva etapa, con grandes movimientos de la clase obrera, que conducirán a crisis y escisiones en el seno de las organizaciones comunistas. La
revolución albanesa La
situación en Rusia se puede comparar con lo ocurrido en Albania cuando
colapsaron los bancos piramidales, o con Alemania en 1923. La clase obrera
podría haber tomado el poder en Albania. A pesar de que Albania había
llegado bastante lejos en el camino de la restauración capitalista, y habían
privatizado casi todo, cuando la población se vio arruinada, la revolución
apareció en el orden del día. En aquel momento fuimos los únicos que
explicamos que lo que estaba sucediendo en Albania era una revolución. Predijimos la
posibilidad de que en Rusia se produjese una situación similar a la de la
Comuna de París. Esto es precisamente lo que ocurrió en Albania. Los
trabajadores albaneses no tenían dirigentes como en Rusia, pero eso no
les impidió luchar una vez que la situación alcanzó un punto crítico.
Enfrentados con semejante movimiento, el ejército se pasó al lado de las
masas y la policía fue disuelta a la fuerza. Se verá el mismo proceso en
Rusia, pero la fortaleza de la clase obrera es mucho mayor. En nuestro documento Albania,
la Comuna de París y la Revolución de Febrero, publicado el 23 de
junio de 1997, escribimos: "Hay muchos paralelismos entre la revolución
albanesa y la Comuna de París. La insurrección en París ocurrió como
resultado de toda una serie de contradicciones insoportables que fueron
madurando durante un largo periodo. Francia, al igual que Albania estaba
en manos de un grupo de bandidos, que saqueaban el país para
enriquecerse. La situación empeoró tras el desastre de la guerra
franco-prusiana, la camarilla dirigente tenía más interés en combatir a
la clase obrera de París que al ejército prusiano. Las contradicciones
pasaron a un primer plano cuando el Gobierno, en un claro acto de
provocación, intentó apoderarse de la artillería de la Guardia Nacional
de París, y se encontró con una sublevación espontánea. En palabras de
Marx, los trabajadores de París "tomaron el cielo por asalto".
El colapso del sistema piramidal en Albania, fue un incidente similar al
asalto de la artillería en París, fue un fenómeno accidental la chispa
que provocó la explosión, pero no fue la verdadera causa. Esta se
produce debido al descontento que se va acumulando en la sociedad durante
décadas; las privaciones de las masas, la bancarrota de las clases
medias, el odio a la corrupción y la ineficacia de un Gobierno de
ladrones, aventureros y estafadores. Aunque las circunstancias concretas
fueron diferentes, en esencia la situación es la misma". Acontecimientos similares son posibles en Rusia. En Albania la revolución comenzó con el colapso del sistema piramidal, en Rusia podría ser la combinación de distintos factores, hiperinflación, escasez de comida, etc., Desgraciadamente la revolución albanesa fue derrotada gracias a la dirección del ex partido comunista. En las elecciones, el 65 % de la población voto por los ex comunistas que formaron Gobierno, pero continuaron practicando un programa burgués y desilusionaron a las masas. Rusia, sin embargo es diferente de Albania. Albania es uno de los países mas atrasados de Europa con una vasta población rural. Mientras en Rusia la clase obrera no tolerará la situación y se moverá para tomar el poder en sus manos. La
clase obrera La
situación en Rusia todavía no es prerrevolucionaria, pero se encamina
claramente en esa dirección. La situación en las provincias es
explosiva, si la clase obrera toma el poder en una sola ciudad transformaría
por completo la situación. Lo más importante es que los trabajadores
comienzan a moverse. La lucha de los mineros, el piquete de Moscú, y
sobre todo la incorporación de nuevos sectores, demuestra que el
movimiento está alcanzando una nueva etapa. "Los trabajadores
rusos, sin cobrar durante meses, comenzaron a participar directamente
incluso antes de la crisis. Esta primavera, los enojados mineros del carbón
bloquearon en varias ocasiones las vías de ferrocarril para protestar por
los atrasos en los salarios. En ciudades deprimidas como Vladivostok, se
han producido huelgas y manifestaciones del sector publico, que han
agrupado desde profesores a conductores de ambulancias, se han convertido
en un acontecimiento semanal. Algunos soldados mal pagados y algunas veces
mal alimentados, llegaron a disparar a sus oficiales al mando". "La multitud de
trabajadores sin cobrar y soldados encolerizados se ha visto engrosada por
una clase media que ha perdido sus ahorros tras la ultima devaluación del
rublo y por las crisis bancaria" (Financial Times, 2/9/98). Es inevitable que se
produzcan nuevos y mayores movimientos obreros. Pero la clave de toda la
situación el factor subjetivo está ausente. Hay una terrible contradicción
entre la situación objetiva, que se mueve rápidamente en una dirección
revolucionaria, y la debilidad crónica de la dirección revolucionaria.
Los éxitos y fracasos futuros dependen de la habilidad de los marxistas
rusos para resolver esta contradicción en el espacio de tiempo más corto
posible. En última instancia,
todo depende del movimiento de la clase trabajadora rusa, el movimiento ha
empezado, y se intensificará en el próximo periodo. De momento el
movimiento de los mineros parece haber parado. Es inevitable. Hay un
elemento de cansancio y fundamentalmente por el hecho de que los
trabajadores no tienen dirección. Sin embargo, esta tregua temporal no
durará mucho. En esta etapa inicial, los trabajadores esperarán a ver
los resultados del próximo gobierno de coalición: si las cosas cambian,
y sobre todo, si se les van a pagar los salarios. Pero una vez sea
evidente que este gobierno no puede ofrecer ninguna solución a sus
problemas, el movimiento explotará de nuevo y con mayor violencia. Todo
el proceso se acelerará. Casi con toda probabilidad podemos esperar ver
nuevos acontecimientos en este otoño. Esta situación ejercerá una gran
presión sobre el PCFR y sobre los sindicatos, provocando nuevas crisis y
convulsiones. En varias regiones ya se han producido escisiones en el PCFR
(Kaliningrado, Kemerovo), pero no son nada comparado a lo que veremos en
el futuro. La naciente burguesía
ha manifestado una cínica indiferencia ante los sufrimientos las masas.
Los imperialistas, personificados en el FMI, fueron igualmente
complacientes cuando les exigieron ir más lejos con los profundos
recortes como condición previa a recibir préstamos. Estos
"bondadosos cristianos" (a los que debemos añadir a Tony Blair)
inventaron todo un nuevo vocabulario, con extrañas reminiscencias del
"nuevo lenguaje" de George Orwell, para encubrir el genocidio
económico que su política está causando en Rusia; "dosis de
austeridad", "disciplina de mercado", "terapia de
shock" y palabras similares. En lugar de realizar un análisis científico,
recurrieron al viejo truco de justificar todo con las supuestas
peculiaridades del pueblo ruso, su paciencia y su pretendida aptitud para
resignarse ante el sufrimiento, etc. Tonterías similares son expresadas
con frecuencia por los intelectuales de izquierdas en Moscú para ocultar
su desmoralización y su falta de fe en la clase obrera. La perspectiva para
Rusia puede resumirse en una forma muy simple: o la clase obrera toma el
poder o existe el peligro de caos e incluso de la ruptura de Rusia, con
terribles consecuencias para las masas. Recuerda al escenario descrito por
Lenin en su famoso texto La catástrofe que se avecina y cómo
combatirla. A través de su experiencia los trabajadores rusos
comprenderán la necesidad de realizar una política genuinamente
revolucionaria. Las décadas de estalinismo no han borrado las tradiciones
del bolchevismo y Octubre. La necesidad de formar soviets, o consejos
obreros, crecerá en el desarrollo de la lucha. Comenzando con los
elementos más avanzados, los trabajadores comenzarán a exigir un retorno
a la política de Lenin en 1917. Empezando con las capas mas avanzadas,
como Lenin hizo en Febrero de 1917, los marxistas rusos deben desarrollar
un programa de demandas transicionales que sean capaces de encontrar un
eco entre las masas. Naturalmente, los
marxistas deben participar enérgicamente en todas las huelgas y
manifestaciones, apoyarán todas las luchas de los trabajadores, y volverán
a los soviets, a través del llamamiento al establecimiento de comités
de acción o comités de salvación. Estos comités han
aparecido en diferentes ocasiones durante los últimos años. La tarea
debe ser extenderlos en todas partes y unirlos, local, regional y
nacionalmente. A pesar de todo, la aparición de un movimiento espontáneo
des-de abajo, aunque se expresase con la formación de soviets, en sí
mismo no resuelve el problema más de lo que lo hizo la Revolución de
Febrero de 1917. Sólo la toma del poder puede conseguirlo. Para esto, se
necesita un partido revolucionario, pero por el momento no existe. Las
masas no entienden a las pequeñas organizaciones, incluso aunque tengan
una política y un programa correctos. Los trabajadores diran:
"estamos de acuerdo con vuestras ideas, pero sois demasiado pequeños".
Debemos ver las cosas a través de los ojos de las masas, no a través de
los nuestros. Los trabajadores miran al PCFR, no porque apoyen la política
de Ziugánov, sino porque en esta etapa no ven otra alternativa. Con el PCFR en el
Gobierno algunos de los elementos mas avanzados se escindirán. Los
marxistas necesitarán orientar a estas capas avanzadas y ganarlas. El
movimiento comunista en Rusia esta ya dividido, con algunas de las capas
mas avanzadas criticando con la política de Ziugánov. Es natural y
representa un paso adelante en la conciencia. Sin embargo, estas capas
avanzadas son un pequeña minoría. Si no quieren aislarse de las masas,
deben entender que, debido al vacío actual causado por la extrema
debilidad del factor subjetivo, las masas inevitablemente mirarán hacia
el PC en las primeras etapas de la revolución. Las encuestas demuestran
ya esto. Los genuinos comunistas en Rusia deberían volver a las ideas de
Lenin y estudiar su táctica. Hay que leer y estudiar su clásico: La
enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, y aplicarlo a la
Rusia actual. En semejante situación
los marxistas exigirían a los dirigentes del PCFR "la expropiación
de los multimillonarios". Harían un llamamiento a Ziugánov para que
tomara el poder, nacionalizara la economía y volviera a la política de
Lenin. El PCFR debe romper la coalición , romper con los ministros
burgueses y tomar el poder. ¿Que no lo hacen? ¡Peor para ellos! Los
mencheviques y los social revolucionarios también rehusaron tomar el
poder, que era lo que Lenin y los bolcheviques pedían insistentemente.
Eso hizo que se pusieran al frente de las masas y pasaran de ser una pequeña
minoría a una mayoría decisiva en los soviets. Nuestra artillería debe
apuntar contra el principal enemigo la burguesía y sus representantes políticos. Nacionalizar lo privatizado, expropiar a los oligarcas, escala móvil de precios y salarios, control de los trabajadores para evitar el sabotaje de la burguesía y organizar la producción y la distribución de la comida y otras necesidades básicas, controlar los precios y acabar con los especuladores. Pero esta situación no podrá mantenerse a menos que el poder pase a manos del proletariado. Transformar la sociedad en las líneas señaladas por Lenin, sí obtendría una respuesta por parte de las masas. Hacia
la Revolución Mundial ¿Cuál
es el efecto de la crisis en Rusia en los acontecimientos mundiales? Rusia
no representa mucho en la economía mundial. Pero la crisis en Rusia ha
afectado a las economías emergentes. Una tras otra, estas economías están
cayendo como fichas de dominó, y los inversores se están retirando
apresuradamente de ellas. Como explicaba Tribune: "El
Instituto Financiero Internacional de Washington dice que si Rusia
devuelve todos los pagos de los inversores extranjeros perdería 200.000
millones de dólares". El mismo articulo citaba a Larry Elliott,
redactor económico de The Guardian: "Estos bancos van a
sufrir un gran golpe en sus beneficios. Ahora van a decir que hay que
tener más cuidado con el dinero en circulación a las economías
emergentes, como Brasil o Venezuela, y también serán menos partidarios
de hacer préstamos en sus propios países. Así que estamos ante una
crisis de los créditos similar a la de los años treinta". La crisis se extenderá
a toda América Latina. Podemos verlo en Brasil y Venezuela. Colombia se
ha visto obligada a devaluar su divisa anticipándose a la crisis
financiera de su vecina Venezuela. El pesimismo de la burguesía no solo
se refiere a Rusia, sino al conjunto de la situación mundial. Se refleja
en las alzas y bajas de la bolsa. Son síntomas de la inseguridad de la
burguesía. Estados Unidos y Europa
Occidental son todavía la llave de la situación. Las perspectivas más
optimistas de la burguesía residen en la "esperanza" de que la
actual crisis no se convierta en una depresión económica. En este
sentido es útil recordar la situación previa al crash de 1929,
entonces la crisis comenzó en los países periféricos y después alcanzo
al corazón. La actual crisis comenzó en el sudeste asiático, está
afectando seriamente a Japón, se ha extendido a Rusia y no se parará ahí.
La burguesía en Occidente no podrá dominar la situación una vez
comience la recesión. Los comentaristas
burgueses tratan de reconfortarse afirmando que Alemania no se verá
afectada, ya que sólo una pequeña parte de sus exportaciones va a Rusia.
Sin embargo, tiene fuertes vínculos con países como Polonia y Hungría.
El 15% de las exportaciones alemanas van dirigidas a Europa del Este. Si
la crisis rusa se extiende a Europa del Este, golpeará las exportaciones
alemanas, justo en un momento en que parecía que los alemanes tenían una
leve mejoría. Esta situación afectaría al crecimiento de Europa
occidental. Ya existen informes que
muestran una ralentización de la economía alemana. En el segundo
trimestre del año, el índice de crecimiento anual cayó al 1,7%, después
de haber alcanzado el 4,3% en el primer trimestre. The Economist también
expresa las sombrías perspectivas a las que se enfrenta el capitalismo
mundial: "En la reunión anual del Banco de la Reserva Federal de
Kansas City en Jackson Hole (Wyoming), que tuvo lugar el fin de semana,
algunos de los banqueros más importantes admitieron en privado que estas
son la peores condiciones económicas globales que han visto en su vida. La
lista de pérdidas económicas hacen la lectura deprimente. Japón y la
mayoría del Sudeste Asiático están en una recesión profunda. Se espera
que el PIB caiga hasta el 15% en Indonesia este año, entre el 6% y el 7%
en Corea del Sur y Tailandia. El gobierno ruso ha pagado con su deuda; sus
apuros económicos empeoran día a día. China podría responder a su
grave caída económica, devaluando su moneda, y el dólar de Hong Kong
está ya bajo una enorme presión. América Latina está ya al borde del
abismo económico. Incluso algunas economías desarrolladas como las de
Gran Bretaña y Canadá están cayendo. Y Wall Street ha sufrido una
fuerte caída. La caída en los precios de las acciones durante los últimos
dos meses ha dilapidado casi cuatro billones de dólares de la riqueza
financiera mundial, equivalente al PIB de Japón. Las economías que
facturan dos quintas partes de la producción mundial ya están en recesión
o se encuentran en sus puertas". En lugar de convertirse
en un nuevo camino para la inversión extranjera, Rusia se ha convertido
en un elemento nuevo y convulsivo que azota la inestabilidad del
capitalismo mundial. No sólo los efectos económicos, también los efectos
políticos serán incluso mas dramáticos. Una revolución en Rusia tendría
un efecto electrizante, primero en toda Europa del Este, China y en los países
coloniales, especialmente con la perspectiva de una próxima depresión. El
hecho de que la burocracia china diera dinero a Rusia, 500 millones de dólares,
demuestra que temen un contagio de los efectos de la crisis rusa en China.
Una vez el capitalismo empiece a colapsar en sus eslabones mas débiles, los efectos podrían extenderse rápidamente a los países avanzados. El capitalismo japonés está en una crisis profunda. El avance del Partido Comunista de Japón en las recientes elecciones, a pesar de las políticas reformistas de su dirección, es un síntoma de la creciente crisis social y política. En Europa Occidental durante el último período hemos presenciado un movimiento de los trabajadores tras otro. Incluso en EEUU se está produciendo una recuperación en el movimiento huelguístico. La depresión mundial que se avecina tendrá como consecuencia el cuestionamiento del sistema capitalista. En Rusia este proceso ya ha comenzado. Existe un rechazo general al sistema capitalista y a su funcionamiento. Este fenómeno adquirirá un carácter mundial una vez se desarrolle la crisis. El
marxismo es la única respuesta Todo
el proceso en Rusia se encamina hacia la revolución. La clase obrera está
comenzando a moverse. Se refleja en las huelgas y manifestaciones a lo
largo y ancho del país, también se puede ver por el giro hacia el PCFR
en el frente electoral. Lo trágico de la situación es la ausencia de un
partido genuinamenente leninista. Los trabajadores rusos, a pesar de todo,
no han perdido las tradiciones revolucionarias de 1905 y 1917. Siempre que
hay un movimiento serio de la clase obrera organizan comités de
trabajadores elegidos democráticamente, soviets. Estos se extenderán
como un reguero de pólvora una vez el movimiento se ponga en marcha. La llave de toda la
situación descansa ahora en la dirección de la clase obrera. O la clase
obrera tiene éxito llevando adelante la revolución y transformando la
sociedad, o en el largo trayecto Rusia se enfrentará a la receta de una
dictadura policiaco-militar. Lo importante es que los trabajadores rusos han comenzado a luchar. Tienen la oportunidad de mostrar a los trabajadores del mundo lo que podría ser un genuino régimen socialista. La clase obrera rusa ya no es débil numéricamente como en 1917. Ahora es la arrolladora mayoría de la población. Una revolución victoriosa, que condujese a la toma del poder a la clase obrera rusa con el programa de Lenin y Trotsky sacudiría a todo el planeta. Cambiaría el curso de toda Europa Occidental. El dominio de los dirigentes reformistas de derechas de las organizaciones obreras desaparecería rápidamente ¿Qué podrían decir en estas circunstancias? ¿Larga vida al mercado? Pero el mercado está alcanzando un punto a escala mundial que les estallará en sus narices. El mismo tipo de escenario de los que hemos sido testigos en las calles de Moscú mañana se reproducirá en Londres, París, Tokio y Nueva York. Una nueva oleada de revoluciones socialistas estarán al orden del día en un país tras otro, en el momento en que la crisis económica comience a golpear. Se están preparando las condiciones para un choque decisivo entre las clases. La única solución a los problemas de los trabajadores, en Rusia y en cualquier otra parte del mundo, consiste en la ruptura radical con el capitalismo, éste es un sistema enfermo y decadente que amenaza el futuro de toda la humanidad, y su sustitución por un nuevo orden social, basado en un sistema de planificación racional y democrático, ésa es la verdadera condición para la emancipación de la raza humana: el socialismo mundial. |
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