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cogestión puede significar cosas distintas para muchas personas
diferentes, pero está claro que para la clase obrera venezolana la
lucha por la cogestión es una lucha por el verdadero control obrero
y la dirección de los trabajadores, y la transformación socialista
de la sociedad. El desarrollo de la lucha por el control obrero
en Venezuela marca la intervención decisiva de la clase obrera
venezolana en la revolución bolivariana. Debido al desarrollo de
esta lucha en Venezuela, es imperativo que discutamos estas
cuestiones importantes para tener una visión clara de los
acontecimientos en Venezuela y explicar nuestra posición y
prepararnos para las luchas revolucionarias en otros países
alrededor del mundo.
Los principios del control
obrero
El control obrero significa exactamente lo
que dice: la clase obrera y sus representantes en las fábricas
tienen el derecho a inspeccionar los libros de cuentas de la empresa
o la industria, vigilar y controlar todos los ingresos y salidas,
las acciones de la dirección. En El Programa de Transición
Trotsky explica que el primer paso hacia el control real de la
industria es la eliminación de los “secretos empresariales”. Los
secretos empresariales, las cuentas y los libros, son utilizados
para justificar todos los ataques a la clase obrera, como son las
reducciones salariales, despidos y aumentos de las jornadas
laborales. Cuando los empresarios dicen que están en bancarrota,
o que pierden beneficios, exigen este tipo de cosas. El control
obrero permite a los trabajadores inspeccionar los libros y valorar
la situación real. La idea es levantar el velo, demostrar a la clase
obrera el funcionamiento detallado del sistema capitalista como un
paso hacia su eliminación. Las tareas inmediata del control
obrero deberían ser explicar las deudas los crédito, mirar primer lo
empresa individual para determinar la parte del ingreso nacional de
los capitalistas individuales y, por supuesto, la clase dominante en
su conjunto. Otra tarea del control obrero debería ser revelar a la
sociedad la explotación de la mano de obra y la búsqueda desnuda de
beneficios, así como desenmascarar los acuerdos secretos, las
estafas y la corrupción inherente al sistema. Trotsky también
explica que el control obrero de la industria es una “escuela de
economía planificada”, permitiendo a los trabajadores obtener
conocimiento científico de cómo funciona la economía y así la
humanidad puede planificar, consciente y democráticamente, la
producción y el conjunto de la economía. A través de la experiencia
del control obrero, la clase obrera se prepara para la
administración directa de las industrias nacionalizadas. De este
modo, el control obrero de la industria no es duradero, no es
estable, en realidad implica un doble poder en la empresa o en la
fábrica, no puede durar indefinidamente a menos que es control se
transforme en administración directa. Aquí podemos ver la
diferencia entre la reivindicación revolucionaria y transicional de
la administración y el control obrero con la medida reformista, a
medio camino, de la participación de los trabajadores. Trotsky
explicaba en los años treinta que, bajo el capitalismo, si la
participación de los trabajadores en la administración de la
producción quiere ser duradera, estable y “normal”, debe descansar
sobre la base de la colaboración de clase y no en la lucha de
clases. Esta colaboración siempre se producirá a través de las
capas superiores de los sindicados y la administración. Incluso en
los años treinta, hubo ejemplos de participación de los trabajadores
en Alemania (“democracia económica”) y en Gran Bretaña (“mondismo”).
Sin embargo, fue a finales de los años setenta en Europa, que no fue
un caso de control obrero sobre el capital, sino el servilismo de la
burocracia obrera ante el capital. En esencia, los burócratas
obreros son utilizados para apuntalar al capital, para desviar la
lucha de los trabajadores hacia canales “seguros”. ¿Qué pasó en
Europa con la idea de la participación de los trabajadores? La
participación de los trabajadores, también denominada democracia
industrial, fue ampliamente discutida e implantada en Europa durante
los años setenta. En gran medida fue una respuesta a la creciente
militancia del movimiento obrero expresada en los acontecimientos de
mayo de 1968 en Francia y en otras partes, las huelgas mineras de
1972 y 1974 en Gran Bretaña, las huelgas generales en Italia y
Dinamarca, la oleada de huelgas que recorrió Alemania Occidental.
La clase dominante estaba desesperada por contener estos
movimientos mediante la “concertación social” y dirigir el malestar
de los trabajadores hacia canales “seguros”. Incorporando a las
capas superiores de los sindicatos en las oficinas y en taller, los
empresarios esperaban aumentar la eficacia y el nivel de beneficios.
En realidad, ejemplos de esto se podían encontrar en Gran
Bretaña en los años veinte, cuando Sir Alfred Mond del ICI, el gran
monopolio químico, intentó instaurar la “democracia industrial” en
sus fábricas. Los comités de burócratas, los órganos de
participación de los trabajadores, esencialmente eran comités sin
poder donde los trabajadores podían soltar algo de vapor. La
participación de los trabajadores también creó la ilusión de que los
trabajadores tenían alguna influencia en la toma de decisiones, es
decir, evitar que los trabajadores y sus organizaciones emprendieran
la acción independiente. En Alemania, por ejemplo, estos comités no
podían convocar huelgas. Esto permitió a los empresarios y los
burócratas sindicales eludir y socavar los sindicatos. En realidad,
estos consejos obreros se enfrentaban constantemente a los
sindicatos como un intento de debilitarlos. Los empresarios
simplemente utilizaron la vieja táctica de “divide y vencerás”,
enfrentando a una organización con la otra. La experiencia de la
participación de los trabajadores creó una nueva capa de
funcionarios industriales que compartían los intereses de la
administración, en pocas palabras, crearon una capa privilegiada de
la clase obrera. ¿A dónde llevó todo esto? Leí un artículo el 28
de julio de 2005 en The Independent sobre los escándalos de
corrupción en Wolkswagen. Un enorme escándalo que desenmascaró a VW
y que incluye sobornos, prostitución, coches deportivos, etc., y a
los directores de los consejos obreros. Algunos de ellos gastaron
millones de euros del dinero de la empresa en casas, viajes y coches
para amantes en todo el mundo. Esto es lo que decía The Independent:
“Los principales beneficiarios del amplio presupuesto de
diversión de Mr. Gebauer no fue el alemán medio, sino un puñado de
afortunados directores de los consejos obreros de VW. Toda empresa
importante alemana tiene que dejar un espacio a estos hombres y
mujeres votados en el taller para que participen en las decisiones
de inversión. Es una parte clave del modelo de consenso alemán y
ayuda a mantener las huelgas al mínimo en un país donde los
sindicatos todavía tienen un poder serio”. Aquí es donde llevó
la participación de los trabajadores. Los burócratas sindicales, que
ya no tenían relación alguna con la base, juntan los hombros con la
administración y los ejecutivos. Los intereses de los trabajadores
son lanzados al río a cambio de prostitutas, Viagra y viajes a
Brasil. Por otro lado, el control obrero mediante los comités de
empresa, o consejos obreros, es posible sólo sobre la base de una
profunda lucha de clases. En condiciones “normales”, la burguesía
nunca tolerará el verdadero control obrero, nunca tolerará el doble
poder en sus fábricas. La capacidad de la clase obrera de imponer el
control sobre la producción está determinada por la fuerza de la
lucha del proletariado frente a la burguesía. El genuino control
obrero debe ser impuesto a los capitalistas y esto corresponde con
el período de crisis revolucionaria de la sociedad, corresponde con
la ofensiva proletaria y la retirada de la clase dominante. Por lo
tanto, el verdadero control obrero corresponde con el período de la
revolución proletaria. Por eso en Venezuela, aunque existen
tensiones y problemas alrededor de la cuestión del control obrero,
que veremos más tarde, vemos la extensión del control obrero. Esta o
aquella lucha puede ser defensiva en Venezuela, pero la extensión y
el crecimiento de la cogestión están relacionados con la ofensiva de
la clase obrera y la retirada de la clase dominante. El país se
encuentra en una situación revolucionaria, los trabajadores están
avanzando y en todas partes los empresarios están a la retirada.
En la lucha por el genuino control obrero, la clase obrera
inevitablemente se mueve en dirección a la toma del poder y los
medios de producción. Las fábricas o empresas individuales bajo
control obrero, o administración obrera, sólo pueden funcionar
dentro de los límites de la economía como un todo, es decir, dentro
de los límites del capitalismo. Es imposible construir una isla de
socialismo dentro de un mar de capitalismo. Un buen ejemplo de
esto, en un sentido negativo, es la fundición Alcan en Jonquière
(Québec). Alcan es el mayor productor de aluminio del mundo. La
pequeña acería de Jonquière está previsto cerrarla en 2014. A
principios de 2004, Alcan de repente anunció que iba a cerrar la
acería. Como parte de una lucha defensiva, los trabajadores ocuparon
la planta. Pronto fueron conscientes del sabotaje por parte de la
administración y destituyeron a los supervisores y directores de la
acería. Después de esto, informaron que la producción era más alta
que antes de que los trabajadores tomaran el control. Pero todo
el sistema capitalista se unió para derrotar a los trabajadores. Los
medios de comunicación y el estado les presionaron enormemente.
Otras empresas se negaron a venderles las materias primas necesarias
para producir aluminio y la acería languideció. Desgraciadamente, al
final perdieron la lucha. Las fábricas o empresas bajo control
obrero, como la acería Alcan, o esas empresas bajo control obrero
que hoy existen en Venezuela, en realidad deben interactuar, comprar
y vender sus productos al sector privado. Deben funcionar en el
mercado. Por lo tanto están a merced del capitalismo. Esto
lógicamente lleva a los trabajadores a luchar contra el poder del
capital. Esta cuestión de los créditos, las materias primas y
los mercados, inmediatamente demuestra la necesidad de extender el
control obrero más allá de los límites de las empresas individuales.
Un buen ejemplo de esto, en un sentido positivo, es Alcasa, una
planta de aluminio propiedad del estado en Venezuela, que
actualmente está experimentando la forma más avanzada de cogestión.
Durante el cierre patronal de 2002-2003, los saboteadores cortaron
el suministro de gas a la acería, parando la producción. Los
trabajadores de Alcasa, junto con los trabajadores de otras acerías
vecinas, se armaron, se desplazaron hasta las instalaciones de gas,
rompieron la oposición policial y obligaron a restaurar la
producción para garantizar el suministro de gas. Con el
aplastante dominio del mercado mundial y la dependencia de todos los
países del mercado mundial, la cuestión de las exportaciones y las
importaciones plantea la necesidad del control obrero a nivel
nacional. Esto inmediatamente enfrenta a los órganos centrales de
control obrero con los órganos de la clase dominante. No podemos
por supuesto ser mecánicos o formales en nuestra concepción del
desarrollo de la revolución socialista, pero podemos ver cómo el
control obrero de la industria, o doble poder en las fábricas, en
general corresponde o lleva a un período de doble poder en el país.
El doble poder en las fábricas, y el doble poder en el estado, no
siempre surgirán el mismo día. En algunos casos el control obrero se
desarrollará antes que el doble poder en el estado y, en otros
casos, ocurrirá lo contrario. Las contradicciones
irreconciliables inherentes en el régimen de control obrero,
inherentes en el régimen de doble poder, se profundizarán y
alcanzarán un momento crítico donde estas contradicciones se
volverán intolerables para las dos partes. El doble poder es una
etapa de la lucha de clases donde las contradicciones de clase se
han vuelto tan agudas que la sociedad se ha dividido en dos campos
hostiles contrarios, dos fuerzas hostiles, una reaccionaria y
caduca, la otra nueva, en su etapa ascendiente y revolucionaria. La
única salida de esta situación es que la clase obrera tome el poder
y lleve la revolución a la victoria, o que terminen aplastando la
revolución y la victoria de la contrarrevolución. Para entender esto
sólo hay que mirar la diferencia en el resultado de la Revolución
Rusa y las revoluciones alemana e italiana. Esto quiere decir
que el control obrero no es prolongado ni una condición “normal”. Es
un indicativo de un aumento de la lucha de clases y la cuestión del
doble poder en la industria debe ser resuelta. Como una medida
transicional que existe en medio de tensiones muy intensas de la
lucha de clases, el control obrero es un puente hacia la
nacionalización revolucionaria de la industria, correspondiendo a la
transición del régimen burgués al proletario. Es importante que
entendamos la diferencia entre control obrero y administración
obrera. Esta ha sido una fuente histórica de confusión y debemos
dejar clara la cuestión. El control obrero significa que el control
reside en las manos de los trabajadores pero la propiedad sigue en
manos de los capitalistas. El control obrero puede ser dominante,
abarcar todo, pero sigue siendo control. Trotsky explicaba lo
siguiente: “La misma idea de la consigna [control obrero]
fue el producto del régimen transicional en la industria cuando los
capitalistas y sus administradores ya no podían dar un paso sin el
consentimiento de los trabajadores, pero por otro lado, cuando los
trabajadores no han conseguido los requisitos políticos previos para
la nacionalización, cuando no han tomado la dirección técnica,
cuando no han creado los órganos esenciales para eso. No debemos
olvidar que esto estaba relacionado no sólo con hacerse cargo de las
fábricas, sino también con la venta de productos y el suministro de
fábricas con materias primas, nuevo equipamiento así como las
operaciones de crédito, etc.,”. (Cuestiones vitales para el
proletariado alemán. Tercera Parte). La administración real de
las industrias nacionalizadas requiere nuevas formas administrativas
y estatales, y sobre todo, requiere conocimiento, habilidades y
formas organizativas adecuadas. Para esto es necesario un
aprendizaje. En el período de este aprendizaje, si ocurre antes o
incluso después de la toma del poder, la clase obrera tiene interés
en dejar la gestión en manos de una administración experimentada,
bajo el control obrero. Este período sólo prepara los elementos de
un nuevo plan económico. La gestión obrera de la industria, sin
embargo, procede desde arriba, porque está vinculada con el poder
estatal y el plan económico. Mientras que el control llega desde
abajo y es ejecutado por los comités de empresa, los órganos de
gestión están centralizados por los consejos obreros, el poder
estatal centralizado. Es importante señalar que los comités de
fábrica no desaparecen, que su papel, aunque cambia, es aún
importante. No somos sindicalistas. No creemos que la propiedad
de las fábricas individuales deba pasar a las manos de los
trabajadores de esas fábricas. Una de las tareas clave del
desarrollo socialista de la sociedad es colectiva, la propiedad
social de los medios de producción y la eliminación de la
competencia industrial dentro de la sociedad, esto comienza con la
propiedad estatal de los medios de producción. En 1917, a
Trotsky le preguntaron en una entrevista si los trabajadores en cada
fábrica deberían ser dueños de la fábrica en la que trabajaban y si
los beneficios deberían dividirse entre los trabajadores. Él
respondió lo siguiente: “No, el reparto de beneficios es una noción
burguesa. Los trabajadores en una fábrica tienen que recibir
salarios adecuados. Todos los beneficios no pagados a los
propietarios (que iban a recibir el 5-6 por ciento anual de su
inversión) pertenecerán a la sociedad”. (En defensa del marxismo.
Control obrero y nacionalización). En un estado obrero, a menos
que la gestión final de la industria esté en manos de los consejos
obreros representando al estado y la clase obrera en su conjunto,
las industrias y las empresas competirían entre sí, sería imposible
coordinar un plan nacional y en esencia todavía tendríamos
capitalismo. Por eso estamos en contra de la idea anarquista y
sindicalista de que los trabajadores en cada industria deberían ser
los dueños en una fábrica, no cambiar el papel social y productivo y
la naturaleza de la empresa. Es aún una empresa individual y no es
propiedad social. Una empresa propiedad de los trabajadores,
mediante una cooperativa o autogestión, aún sería una empresa
capitalista, dependiente de los beneficios, sea propiedad de una
cooperativa de trabajadores 12, 250 o 1 solo hombre. Esto no es
propiedad social. Es la nacionalización de las industrias, bajo la
propiedad estatal y el control obrero lo que garantiza tanto el
carácter social como nacionalizado de la industria. El programa
de los marxistas con relación a la gestión obrera y la economía
planificada democráticamente es por los consejos de administración
de todas las industrias nacionalizadas formadas de la siguiente
manera: 1/3 debería estar formado por trabajadores de la industria a
través de sus sindicatos para salvaguardar los intereses de los
trabajadores sobre el terreno y aprovechar la creatividad, el
conocimiento y la habilidad. 1/3 del consejo debería representar a
la clase obrera como un conjunto y ser elegido a través de los
sindicatos o del órgano central sindical y otro 1/3 debería ser el
estado obrero para representar el plan nacional de producción.
La experiencia soviética
El
control y la planificación de la economía sólo se puede producir
dentro de ciertos límites, límites determinados por el nivel de la
técnica cuando se instaura el nuevo orden social. En 1917 en
Rusia, dado el enorme atraso del país, el bajo nivel cultural y el
analfabetismo de la clase obrera y el campesinado, el nivel de
técnica era muy bajo. En realidad, incluso después de la Revolución
de Octubre, la administración de la industria era dejada en manos de
los capitalistas hasta que los trabajadores han adquirido la
experiencia necesaria para tomar el timón en sus manos. Una vez
más, a finales de 1917, a Trotsky le preguntaron si la intención del
gobierno soviético era desposeer a los propietarios de las plantas
industriales en Rusia. Su respuesta fue larga y pedimos disculpas
reproducir casi toda pero es importante destacar el plan general
para la economía del gobierno soviético. “No, no estamos
preparados todavía para hacernos cargo de toda la industria. Eso
costará un tiempo, pero no podemos decir si será pronto. Por ahora,
esperamos que los ingresos de una fábrica paguen al propietario un 5
o 6 por ciento de su inversión real. Lo que pretendemos ahora es más
el control que la propiedad… “[Por control] quiero decir que
veremos que la fábrica se dirige no desde el punto de vista del
beneficio, sino desde el punto de vista del bienestar social
concebido democráticamente. Por ejemplo, no permitiremos al
capitalista cerrar su fábrica para matar de hambre a su trabajador
en la sumisión o porque no le esté rindiendo un beneficio. Si
resulta ser económicamente un producto necesario, debe estar
funcionando. Si el capitalista lo abandona, lo perderá todo, a su
cargo se pondrá un consejo de administración elegido por los
trabajadores… “Una vez más, ‘control’ implica que los libros de
cuenta y la correspondencia estarán abiertos al público, así que no
habrá secretos industriales. Si este asunto afecta a un proceso o
mecanismo mejor, éste será comunicado a todos los demás asuntos de
la misma rama industrial, así la opinión pública rápidamente se dará
cuenta de donde procede el beneficio. En la actualidad, está oculto
detrás de otros asuntos dictados por el motivo del beneficio y
durante año el artículo podía ser mantenido oculto innecesariamente
al público consumidor… “’Control’ también significa que los
requisitos primarios limitados en cantidad, como son el carbón, el
petróleo, el hierro, el acero, etc., serán asignados a las
diferentes plantas para que ellos lo dediquen a su utilidad social…
“[Esto se hará o no] según la oferta de los capitalistas entre
sí, pero sobre la base de estadísticas completas y cuidadosamente
reunidas”. (León Trotsky. En defensa de la revolución rusa. El
control obrero y la nacionalización) El carácter del control
obrero durante la Revolución Rusia era muy explosivo. La consigna
del control de la industria fue primero publicada a escala mundial
por el Partido Bolchevique en 1917, sin embargo, no fue inventada
por el partido. Lo mismo con los soviets, los consejos de fábrica y
el control obrero fueron el resultado del movimiento espontáneo de
la clase obrera, como método de lucha nació de la propia lucha de
clases. Por supuesto, el control obrero realmente comenzó como
una lucha decisiva contra el sabotaje de los empresarios. Muchas
fábricas habían cerrado y se produjo un cierre patronal. Los
trabajadores en muchos casos, defendiendo sus empleos y la
revolución, ocuparon sus fábricas. Durante este período el control
obrero en gran parte fue pasivo. Después de la victoria de la
Revolución de Octubre, el gobierno soviético aprobó un decreto sobre
el control obrero basado en un borrador de Lenin. El decreto
reconocía los comités de fábrica como el órgano de control en cada
empresa individual, e intentaba reconocerlos a nivel regional, y en
un Consejo de Control Obrero de Toda Rusia. Los bolcheviques,
conscientes de la imposibilidad de que la atrasada Rusia pasara
inmediatamente al socialismo, conscientes de la inexperiencia de los
trabajadores en la administración de las empresas, querían crear un
régimen de control obrero hasta que llegara ayuda a la revolución
desde occidente, fundamentalmente Alemania, con su clase obrera
fuerte y altamente cualificada. Incluso así, los bolcheviques
nacionalizaron los bancos, una de las medidas más importantes
tomadas por el estado soviético. Éstos robaban a los propietarios de
las grandes empresas, tanto extranjeras como rusas, y era una de las
herramientas más efectivas para organizar el sabotaje, eso dio al
estado soviético una herramienta económica poderosa, además de un
centro efectivo de estadística y contabilidad de toda la economía.
Una de las cuestiones más apremiantes a la que se enfrentaron
los bolcheviques fue la necesidad de reorganizar la industria rusa y
elevar la productividad laboral. Si no se conseguía esto el estado
soviético estaba condenado. Después de aprobar el decreto sobre
control obrero, éste adquirió un carácter convulsivo y caótico. Como
escribe Paul Avrich: “El efecto del decreto fue dar un impulso
poderoso a una rama del sindicalismo en la cual los trabajadores
sobre el terreno más que en el aparato sindical eran los que
controlaban los instrumentos de producción, una rama del
sindicalismo que lindaba con el caos”. (Paul Avrich. The Russian
Anarchists. p. 162). Cada vez más empresarios abandonaban Rusia y
los trabajadores se veían obligados cada vez más a tomar las riendas
de la gestión. La economía rusa estaba destrozada después de cuatro
años de guerra y revolución. La misma Rusia estaba al borde del
colapso. Los empresarios, naturalmente, se resistieron al
control obrero. Éste se encontró con más cierres patronales y
sabotajes. Esto a su vez fue respondido con nacionalizaciones
punitivas. Como había explicado Trotsky, si los empresarios
intentaban sabotear o abandonar la fábrica, la perdían. Los
bolcheviques también se enfrentaron a la desintegración de la
autoridad central. En realidad, entre noviembre de 1917 y junio de
1918, muchas fábricas y plantas fueron puestas bajo la “autogestión
de los trabajadores”, esta es la idea sindicalista de la
autogestión. Este particularismo y estrechez de miras reflejaba el
atraso de Rusia, su bajo nivel de desarrollo y, en gran medida, la
economía pequeño burguesa rural. Muchos bolcheviques y otros
dirigentes obreros reconocían que el orgullo local de los comités de
fábrica individuales podrían dañar la economía nacional más allá de
su posible reparación, que muchos estaban de modo egoísta absorbido
por las necesidades de sus propias empresas, como decía un dirigente
obrero: “esto podía llevar al mismo tipo de atomización que bajo el
sistema capitalista”. (Ibíd.., p. 164). Otro dirigente obrero
escribía: “El control obrero se ha convertido en un intento
anarquista de conseguir el socialismo en una empresa, pero en
realidad lleva a enfrentamientos entre los propios trabajadores, la
negativa de combustible, metal, etc.,”. (Ibíd..,). Trotsky ya
había explicado algunos de los peligros inherentes en este proceso a
finales de 1917. Cuando le preguntaron si los comités de
trabajadores o la elección de administradores de una fábrica serían
libres para dirigir la fábrica como ellos creyeran adecuado y
respondió: “No, estarán sometidos a la política impuesta por el
consejo local de diputados trabajadores… [y] su nivel de discreción
estará limitado a su vez por regulaciones hechas en cada industria
por los órganos o despachos del gobierno central”. (Ibíd..,)
Después le preguntaron por la idea de Kropotkin y algunos de los
anarquistas, éstos defendían que cada centro debía ser autónomo
respecto a las industrias que había dentro de él. “El
comunalismo de Kropotkin funcionaría en una sociedad simple basada
en la agricultura y las industrias familiares, pero no se adecua a
la situación de la sociedad industrial moderna. El carbón de Donets
va a toda Rusia y es indispensable en todo tipo de industrias. Ahora
¿se puede ver si la población organizada de ese distrito puede estar
satisfecha con las minas de carbón y si lo quiere podría apoyar a
todo el resto de Rusia? La independencia total de cada localidad
respecto a sus industria llevaría a un sin fin de fricciones y
dificultades en una sociedad que ha alcanzado una etapa de
especialización local de la industria. Podría incluso llevar a una
guerra civil. Kropotkin tenía en mente la Rusia de hace sesenta
años, la Rusia de su juventud”. (Ibíd..,) Tanto Paul Avrich (en
The Russian Anarchists) como E. H. Carr (en The Bolshevik Revolution
vol. 2) escriben que en algunos comités de fábrica había que buscar
alianzas con los propietarios. Algunas veces a los propietarios se
les pedía que regresaran para ayudar en la explotación. En algunos
casos, los comités de fábrica simplemente se apropiaban de los
fondos de la fábrica, vendían sus stocks o plantas para su propio
beneficio, dividiendo entre ellos lo recaudado. Un informe
sindical británico explicaba que los trabajadores se han
transformado de la noche a la mañana en “un nuevo organismo de
accionistas”. Paul Avrich escribía que: “Las fábricas
individuales enviaban a ‘enviados’ a las provincias para comprar
combustible y materias primas, algunas veces a precios escandalosos.
A menudo, se negaban a compartir los suministros disponibles con
otras fábricas en directa necesidad. Los comités locales subían los
salarios y los precios de manera indiscriminada, en alguna ocasión
cooperaban con los propietarios a cambio de primas especiales”.
(Ibíd.., p. 163). Muchos de los comités estaban relacionados con
su propia empresa, no con el interés económico general del país. A.
M. Pankratova escribe lo siguiente: “Estábamos construyendo, no
una república soviética, sino una república de comunidades de la
clase obrera basada en las fábricas y empresas capitalistas. En
lugar de un orden estricto de producción y distribución social, en
lugar de medidas hacia la organización socialista de la sociedad, la
situación existente seguía como si se tratara de comunidades
autónomas de productores, lo que habían soñado los anarquistas”.
(Citado por Victor Serge en El año uno de la revolución rusa. De The
Factory of Russia in the struggle for the Socialist Factory. A. M.
Pankratova). Hubo, por supuesto, muchas historias exitosas (como
las fábricas de textil de Moscú), pero la tendencia general de la
economía era descendente y cada vez más caótica. En realidad, la
economía rusa se dirigía hacia un colapso total. Obviamente la
situación no era conductiva a la reorganización de la producción, a
la eliminación de la competencia o la planificación de la economía.
La joven república soviética también se enfrentó a otros
problemas, como el sabotaje de los especialistas y técnicos. Estos
especialistas y técnicos esperaban, y con cierta base, que el
gobierno soviético cayera en cuestión de semanas. Como resultado o
abandonaron Rusia o se negaron a trabajar. Los especialistas en la
Rusia de 1917 no eran como los especialistas y técnicos de hoy. Más
adelante trataremos los de Venezuela, pero los técnicos y
especialistas, los administradores de nivel inferior y trabajadores
de cuello blanco hoy cada vez están más proletarizados. Se enfrentan
a los mismos ataques, recortes y reducciones salariales como
trabajadores que son. Sería posible ganarles, convencerles de
nuestras ideas, como hoy está ocurriendo en Venezuela. Sin
embargo, en la Rusia de 1917, los especialistas y los técnicos eran
una capa muy privilegiada. Eran los hijos e hijas de los
aristócratas y la burguesía. Estaban bien formados, algo que por sí
mismo ya era un privilegio. Estaban muy bien pagados y tenían
posiciones poderosas. Les insultaba la idea de un estado obrero y el
control obrero. Se negaron a trabajar en masa, devastando la
industria soviética. Por esa razón el estado soviético tuvo que
llegar a toda una serie de acuerdos, comenzando por pagara los
técnicos más que a un trabajador medio. Por supuesto, un comisario
político estaba a su lado para garantizar su lealtad cuando eran
enviados a las fábricas a ayudar en su funcionamiento, una medida en
sí misma brillante de control obrero, pero, sin embargo, todavía era
un compromiso. El estado soviético no se enfrentaba a otra opción,
sin los especialistas la industria no funcionaría. Como el país
rápidamente se deslizó hacia la guerra civil en el verano de 1918,
el sabotaje de la antigua clase dominante aumentó. Rusia se enfrentó
al hambre cuando los campesinos ricos comenzaron a acumular grano.
Cuando el gobierno soviético necesitaba desesperadamente combustible
para los preparativos de la próxima guerra, los empresarios del
petróleo amenazaron con un cierre patronal, confiados en que los
trabajadores no serían capaces de manejar la industria. Todas las
fuerzas de la reacción a escala mundial se dieron prisa en anticipar
el colapso del joven estado soviético. Como consecuencia, el
gobierno soviético nacionalizó los sectores más importantes de la
economía en junio de 1918. Todas las industrias relacionadas con la
minería, textil, ingeniería, productos eléctricos, madera, tabaco,
cristal, cerámica, cuero, cemento, cobre, transporte y combustible
fueron nacionalizadas. Se trataba de industrias vitales, era
necesario protegerlas del sabotaje de la burguesía y reorganizarlas
para el esfuerzo de guerra. El Congreso de Consejos Económicos,
que se había formado en diciembre de 1917, decidió establecer
consejos de administración en todas las industrias nacionalizadas
que estarían formados de la siguiente manera: 1/3 del consejo
procedería de los Consejos Económicos regionales o del Soviet
Económico Supremo; 1/3 de los sindicatos y el otro tercio de los
trabajadores de la propia empresa. Los comités de fábrica a su vez
se transformaron en células de base de los sindicatos, comenzaron a
gestionar y administrar la industria. Estas medidas se tomaron para
garantizar la planificación democrática de la economía y la
naturaleza socializada de la misma. Esto garantizaba el control
democrático sobre la economía de la clase obrera como conjunto y no
sólo de los trabajadores en las fábricas individuales. Esta forma de
sindicalismo y “autogestión local”, que había dominado desde antes
de octubre hasta el verano de 1918, habían comenzado a provocar
fricciones y competencia, además de explotación, al final estaba
desbaratando la economía. Estas nuevas medidas del estado soviético
cambiaron la tendencia caótica de la economía y fueron una parte
importante por que los soviets fueron capaces de ganar la guerra
civil. No quiero pasar por alto el estalinismo y la degeneración
de la Unión Soviética, pero ahora no es el punto central aunque
basta con decir una cosa: la democracia obrera, es decir, el control
obrero y la administración de la industria por parte de los
trabajadores, no se desarrolló en Rusia en unas condiciones ideales.
Pero incluso así, incluso en un país que se enfrentaba al atrasado,
que se enfrentaba al sabotaje general no sólo de la burguesía rusa
sino también del personal técnico y los imperialistas, el joven e
inexperto proletariado ruso, rodeado de enemigos por todas partes,
fue capaz de organizar la administración de la industria. Esto es
una prueba de la creatividad de la clase obrera y su capacidad para
transformar la sociedad. Sin embargo, la Unión Soviético emergió
de la Guerra Civil completamente destrozada. En 1921, la producción
industrial y agrícola era sólo el 13 por ciento de los niveles
anteriores a la guerra, la revolución y la guerra civil habían
afectado duramente a la economía y al país en general. Todo quedó
relegado a un lado para ganar la Guerra Civil. La clase obrera salió
de la guerra, como dijo Lenin: “desclasada”. La mayor parte de los
trabajadores avanzados dieron su vida en el frente. Los campesinos,
hostiles a las ciudades y las fábricas, furiosos con su experiencia
en la guerra, fueron llevados a las ciudades para llenar las
fábricas. En muchos sentidos, fue la burocracia y no la clase obrera
la emergió victoriosa de la Guerra Civil. Con la introducción de
la NEP y el crecimiento de la burocracia, la democracia obrera fue
sustituida por la voluntad de la creciente, cada vez mayor y
consciente de sí misma, burocracia. La gestión de los trabajadores
de la industria fue sustituida por la mala-gestión burocrática de la
industria.
La experiencia yugoslava
Quiero tratar un poco Yugoslavia y la cuestión de
las cooperativas de trabajadores y el llamado socialismo de mercado.
Este es un tema importante y muy relevante para la cuestión del
control obrero en Venezuela. La mayoría de esto también se aplica a
las ideas que está defendiendo actualmente la “Nueva Izquierda” en
China. En Yugoslavia las empresas eran propiedad del estado y
oficialmente eran confiadas a los trabajadores para que las
gestionaran a través de sus consejos de trabajadores o comités de
autogestión. Lo más importante a tener en cuenta cuando discutimos
estos comités de autogestión es que ellos funcionaban en el mercado,
competían tanto nacional como internacionalmente. Estas empresas
eran anunciadas, competían y hacían todo para poder aumentar los
beneficios. Fue la búsqueda de beneficios lo que llevó al dominio de
los administradores empresariales y especialistas sobre los
trabajadores. Fue la división Tito-Stalin lo que llevó a este
proceso de autogestión en Yugoslavia. Hasta 1948, Yugoslavia tenía
un sistema muy similar al de la URSS. En realidad, el partido
yugoslavo era el más leal a Stalin. Pero Tito había dirigido la
lucha armada contra los nazis y había llegado al poder por sí mismo,
sin la ayuda del Ejército Rojo soviético. Tenía su propia base de
poder y esto llevó a una serie de enfrentamientos con Stalin y la
burocracia soviética. Después de la división Tito-Stalin, la
dirección yugoslava repentinamente anunció que la Unión Soviética
había degenerado a “capitalismo de estado”. En un intento de
encontrar una justificación ideológica a la división con Stalin, los
burócratas yugoslavos argumentaron además que la propiedad estatal
era sólo una condición previa para el socialismo, lo que en un
sentido amplio es correcto. Lo que ellos defendían era que para
construir el socialismo, se necesitaban desarrollar las relaciones
socialistas de producción que, por supuesto, también es correcto.
Sin embargo, ellos creían que las relaciones socialistas de
producción serían fomentadas por la autogestión, creyendo que de
otra manera el sistema degeneraría en despotismo burocrático (fue el
método inteligente que utilizaron los burócratas yugoslavos para
conseguir el apoyo de la clase obrera en la lucha contra la URSS y
para las “reformas” propuestas). Atacaron el control central de la
economía en la URSS. Sin embargo, no el control central no era el
problema, sino la ausencia de control obrero. Las reformas de
mercado también se propusieron como una forma de estimular la lenta
economía y encontrar otras fuentes de comercio en un momento en que
se había cortado la ayuda soviética (el comercio con la URSS y otros
países del Bloque del Este suponían el 50 por ciento tanto de las
importaciones como de las exportaciones. En 1950 esto se había
reducido al 0 por ciento). En 1950, Yugoslavia introdujo una
nueva ley sobre la autogestión de los trabajadores. Ellos defendían
que la descentralización de la autogestión obrera sería el principio
de la desaparición del estado. En realidad, el poder real estaba en
manos de la burocracia estatal. El primer Plan Quinquenal
(1947-1952) no consiguió sus objetivos. La calidad de los productos
era baja, en 1949 la productividad del trabajo estaba descendiendo.
Los burócratas yugoslavos comenzaron a buscar un “procedimiento
automático” para regular la economía, similar a cómo funciona el
mercado bajo el capitalismo. En ausencia de un genuino control
obrero como medio de controlar la calidad de la producción, los
estalinistas tuvieron que buscar “mecanismos de mercado”. Desde el
principio estaba claro que estas medidas desencadenarían toda una
serie de contradicciones. Los estalinistas intentaban cuadrar el
círculo intentando al mismo tiempo abrirse al mercado y mantener el
control central. La gestión de las empresas se convirtió en una
responsabilidad de los consejos de trabajadores de la empresa más
que de los ministerios estatales. Los planes detallados de la
producción se cambiaron a la planificación básica de la inversión.
Los niveles salariales se decidían centralmente, pero suplementados
y aumentados por primas de las empresas individuales, vinculando los
salarios más altos a la consecución de beneficios. Sin embargo, eso
sólo era sobre el papel. Los comités de autogestión estaban
controlados por los administradores de la empresa, que estaban
cercanos a los ministerios y burócratas estatales. Estos comités
estaban estrictamente subordinados al control del partido y el
sindicato. Los administradores a menudo eran nombrados basándose en
la lealtad política a los ministros y por supuesto recibían salarios
más altos que los trabajadores a los que mandaba. La otra cosa
importante a tener en cuenta es que estas empresas tenían impuestos
(al margen de los ingresos transferidos al estado), estos fondos
eran utilizados por el estado para nueva inversión y la creación de
nuevas empresas. Estas nuevas empresas rápidamente se volvían hacia
los “consejos de trabajadores” para la gestión. El beneficio
conseguido por estas empresas no era redistribuido por el estado,
sino que seguía dentro de la empresa. Es importante tener en
cuneta que los trabajadores sólo tenían el control formal de sus
centros de trabajo. Bajo la autogestión, los trabajadores
supuestamente dirigían las fábricas y eran libres de tomar sus
propias decisiones sobre la producción y las ventas. Sin embargo,
realmente era el estado el que aún controlaba la economía y las
empresas bajo autogestión de los trabajadores. El estado tenía el
poder de nombrar a los directores de fábrica y asignar el dinero
para cada empresa. Aunque la producción aumentó, el control estatal
de la inversión llevó a un financiamiento continuado y la
supervivencia de las empresas ineficaces financiadas por el estado,
particularmente aquellas políticamente favorecidas por la burocracia
estatal. Este sistema disfrutó de un breve período de éxito, así
Yugoslavia tuvo el crecimiento económico más rápido del mundo
durante los años cincuenta. Sin embargo, en 1957 el Congreso de
Consejos de Trabajadores (la primera y única reunión de los Consejos
de Trabajadores) pidió más poder. Es importante entender que estos
consejos eran organismos burocráticos bajo el control de los
administradores y especialistas de las empresas y no de los propios
trabajadores. Querían relajar las regulaciones estatales y bajar los
impuestos. Estas empresas querían más dinero y así podrían invertir
individualmente en lugar de tener que cumplir con las decisiones de
inversión adoptadas por el estado. Los comités de autogestión
cada vez eran más conscientes de sus propios intereses, que se
contraponían a los intereses de los burócratas y ministerios
estatales. Se decía que estas medidas eran un movimiento desde el
“capitalismo de estado” hacia el socialismo. En realidad era la
introducción del mercado y un movimiento hacia el capitalismo, o más
correctamente, estaba preparando la transición hacia el capitalismo.
Bajo un genuino estado obrero, en condiciones de aislamiento, no
sería un error introducir reformas de mercado limitadas, como
hicieron los bolcheviques con la NEP. Las reformas de mercado eran
utilizadas para corregir las irregularidades o ineficiencias de la
economía y para estimular la producción (particularmente la
producción agrícola). Este habría sido el caso en Yugoslavia con su
plan burocrático, donde las ineficiencias y la baja productividad
eran algo obvio, especialmente después de quedarse aislada de la
URSS. No obstante, las reformas de mercado bajo el estalinismo
desarrollaron su propia lógica interna, como vimos finalmente en
Yugoslavia y hoy lo vemos en China. En lugar de utilizar el mercado
para desarrollar el plan y el sector estatal, el sector estatal y el
plan finalmente acabaron financiando el mercado. También crea las
condiciones a través de las cuales los burócratas y administradores
estaban interesados en legitimar y formalizar su poder y control:
convirtiéndose en burgueses. El alto crecimiento en los años
cincuenta colapsó a principios de los años sesenta, y como resultado
se introdujeron las reformas propuestas por los consejos obreros.
Esto representó un gran giro hacia el mercado y el creciente poder
de los administradores. Sin embargo, en 1962 se abandonó el tercer
Plan Económico sólo un año después de su implantación debido a la
crisis económica. La producción industrial se hundió a la mitad del
nivel de 1960, las importaciones se dispararon, las exportaciones
colapsaron y la inflación aumentó enormemente. La respuesta de
la burocracia estatal fue girar aún más hacia el “socialismo de
mercado”. El estado quería que las empresas yugoslavas fueran
competitivas en el mercado mundial y el monopolio estatal del
comercio exterior fue eliminado y la moneda se hizo convertible. Los
burócratas yugoslavos decían que si los trabajadores no estaban
tomando las decisiones de inversión claves a través de los consejos
de trabajadores, entonces realmente no tenían el control. Todo se
resumía de la siguiente manera: “Aquel que dispone de la
reproducción expandida domina la sociedad”. Aquí está la
cuestión: ¿La clase obrera gobierna la sociedad cuando la clase
obrera está atomizada a través de empresas individuales que
controlan la inversión y la reproducción, o cuando la clase obrera
como tal, a través del estado, controla la inversión y la
reproducción? Obviamente, es lo último. Bajo el modelo yugoslavo,
era la empresa individual a la caza de beneficios la que mandaba y
no la clase obrera. Es la propiedad estatal nacionalizada, la
economía planificada democráticamente la que garantiza el control
obrero sobre toda la economía y no sólo en una industria o fábrica.
También salvaguarda la naturaleza socializada de la economía y el
desarrollo de las relaciones socialistas de producción. El
socialismo significa el control democrático, centralizado, de toda
la economía por parte de la clase obrera, para desarrollar la
economía como un conjunto y garantizar los intereses de la clase
obrera como un todo, no sólo garantizar el interés individual de una
fábrica o industria determinada. El problema en Yugoslavia no era
tanto que el poder sobre las fábricas estuviera en manos de los
comités de autogestión, esto en realidad habría sido un paso
adelante progresista y democrático en la medida que la economía
estuviera organizada en un plan democrático centralizado, bajo el
control de la clase obrera, implicando un verdadero estado obrero.
El problema era que el control de la economía estaba
descentralizado, que la economía descansaba en los intereses de las
empresas individuales. Esta búsqueda de beneficio e interés propio
de las empresas llevó al control de los administradores y
especialistas de los comités de autogestión. El resultado de
estas reformas era predecible. La desigualdad aumentó en los años
sesenta, entre empresas de la misma industria, entre diferentes
industrias, entre la ciudad y el campo, entre las regiones. Pero a
finales de los sesenta los niveles de ingresos en Eslovenia eran
seis veces más elevados que en Kosovo. Los ricos eran más ricos y,
como era de prever, la influencia de los trabajadores descendió con
relación a los expertos en las empresas, porque si el objetivo era
producir para el beneficio, entonces los trabajadores tendían a
basarse cada vez más en los especialistas y administradores para
conseguir ese beneficio. Si la economía hubiera seguido centralizada
y se hubiera planificado democráticamente para el beneficio de
todos, entonces la influencia de los trabajadores habría aumentado
en relación a los expertos, la pericia y el conocimiento de los
especialistas habría sido utilizado para el beneficio de toda la
economía y no sólo para satisfacer los estrechos intereses. La
democracia obrera podría haber sustituido al mercado como una manera
de regular la economía. Otro paso importante hacia el
capitalismo fue el desmantelamiento de la inversión estatal y el
banco central del estado. La inversión estatal acumulada se
desmanteló y se invirtió en bancos de autogestión, que después
prestaban dinero a las empresas sobre una base orientada a los
beneficios. Todas estas medidas llevaron a una rebelión contra
el mercado a finales de los sesenta y principios de los setenta,
encabezada por los estudiantes, jóvenes y la población de las
regiones más pobres. Hubo un ataque general al mercado, un
crecimiento de la desigualdad y un poder significativamente
creciente de los bancos y administradores sobre las empresas. En
1974 el “socialismo de mercado” había sido abandonado al enfrentarse
a un masivo malestar obrero, que culminó con una ocupación que duró
siete días de la Universidad de Belgrado, con la siguiente consigna:
“No a la burguesía roja”. Finalmente, se regresó a la planificación,
pero ya no al modelo soviético burocrático, ni a una planificación
verdaderamente democrática. Las empresas individuales negociaban
“acuerdos” quinquenales de inversión con el estado. Mirando la
historia de Yugoslavia, se puede ver siempre una lucha entre la
centralización y la descentralización, además de una lucha entre la
casta directiva y la casta burocrática del estado. El estalinismo
fundamentalmente no consiguió resolver la disparidad regional en
Yugoslavia. Cuando la descentralización y las reformas de mercado
fueron introducidas en los años cincuenta, esto fue visto como una
victoria de los distintos burócratas nacionales. Su estrecho interés
nacional significaba que estaban interesados en desarrollar sus
propias economías nacionales frente a las demás. Esto también puso
más poder en manos de los administradores. Cuando el estado central
intentó volver a introducir medidas de centralización a finales de
los años setenta, se encontró con la resistencia de los burócratas
nacionales y administradores (especialmente en Eslovenia y Croacia).
Fue una lucha entre las diferentes secciones de la burocracia,
representando intereses diferentes. Por un lado las camarillas
burocráticas nacionales y la casta administradora que empujaba hacia
una mayor descentralización para sus intereses y poder, mientras que
el estado central empujaba hacia la centralización (en los años
setenta). El abandono del “socialismo de mercado” fue un intento de
los burócratas estatales, conscientes de que las reformas de mercado
amenazaban su poder, para reafirmar su control sobre los
administradores y camarillas burocráticas regionales. Por ejemplo,
si a mediados de los años sesenta los salarios en Eslovenia eran
seis veces más elevados que en Kosovo, es fácil ver por qué los
burócratas eslovenos, cuyas estrechas miras nacionales dominaban
todas sus decisiones, tenían interés en la descentralización, así
podrían recoger los beneficios de su riqueza nacional en lugar de
ver cómo iban a sus vecinos. El modelo yugoslavo de autogestión
tuvo problemas importantes, problemas que jugaron un papel
significativo en la ruptura brutal del país. Como cada empresa
individual competía en el mercado, las empresas autogestionadas
tenían sus propios intereses. Estaban interesadas en maximizar el
beneficio de la empresa, de este modo, la parte del beneficio (la
parte no destinada a gastos o nueva inversión) podría ir a aumentar
el ingreso de los trabajadores. Esto ponía todo el poder en la
fábrica no en los comités de autogestión de los trabajadores, sino
en los administradores y especialistas. Veremos estos mismos
problemas cuando tratemos el control obrero en Venezuela. Las
cooperativas allí están, porque todavía funcionan bajo una economía
capitalista, bajo la presión de maximizar beneficios. Esto crea
contradicciones en la empresa y tiende a poner el control en manos
de los administradores en lugar de en los comités de trabajadores.
La caza de beneficios enfrentaba a una empresa con otra mediante la
competencia, enfrentaba a los trabajadores en la competencia, y
también llevó a la diferenciación interna en la fábrica individual,
conde los administradores y especialistas buscaban estirar sus
control para ganar poder y acceso a los beneficios. Por eso
precisamente es imperativo que las industrias nacionalizadas estén
integradas en un plan democrático, es esencial que todas las
industrias nacionalizadas sean puestas bajo el control de los
trabajadores locales, los sindicatos y el estado. Para combatir
esta desigualdad entre empresas dentro de Yugoslavia, las empresas
autogestionadas no despedían a los trabajadores. Sin embargo,
tampoco creaban muchos empleos. ¿Por qué? Porque el ingreso de los
trabajadores estaba vinculado directamente a los beneficios, así que
cuanto mayor era el número de trabajadores contratados menores los
salarios que recibían. Esto significaba que los pobres del campo
terminaban saliendo a Europa Occidental en busca de trabajo. En 1971
la tasa de desempleo en Yugoslavia era del 7 por ciento, sin
embargo, un asombroso 20 por ciento de la fuerza laboral estaba
trabajando fuera del país. El otro problema principal era la
atomización de la clase obrera. La dirección yugoslava defendía que
su modelo de autogestión llevaría al desarrollo de las relaciones
socialistas de producción. Sin embargo, si las relaciones
socialistas de producción eran el objetivo, entonces las decisiones
de inversión no se podían dejar en manos de las empresas
individuales, porque no conocían las necesidades de la economía o la
sociedad en su conjunto. De nuevo, eran los intereses de la empresa
individual y no los de la clase los que regían. En realidad, los
intereses de los trabajadores estaban sometidos a los intereses de
su empresa. Estaban interesados en invertir para conseguir más
beneficios. Como la proporción de los salarios con relación a los
beneficios era fija, la única manera de subir los salarios era
aumentando los beneficios, eso significaba el aumento de la
explotación de la clase obrera. Esto, junto con el hecho de que los
trabajadores podían ver la contradicción entre lo que les decían que
supuestamente debían hacer, y lo que realmente ocurría, eso llevó a
la desmoralización y falta de interés por parte de la clase obrera,
con un notable aumento del absentismo en los años setenta. Este
sistema, una vez más, parecía la anarquía del capitalismo más que la
armonía de las relaciones socialistas de producción. Los burócratas
yugoslavos también desmantelaron el monopolio estatal del comercio
exterior, que puso a las empresas individuales yugoslavas en
contacto directo con el mercado mundial. Esto permitió la
intervención directa del capitalismo y el imperialismo en la
economía yugoslava sin control o vigilancia central. Durante los
años setenta, las empresas autogestionadas estaban muy endeudadas
con los bancos occidentales. La idea original era que pedirían
dinero prestado, algunas veces a un precio caro, e invertirían este
dinero en la expansión y modernización de las empresas individuales,
con la esperanza de que fueran capaces de exportar a Europa
occidental y devolver los préstamos. Sin embargo, la recesión
internacional de 1979 acabó con sus esperanzas. Las empresas
individuales encontraron dificultades para devolver sus préstamos.
Además, como no existía un monopolio estatal del comercio exterior,
nadie sabía la cantidad de deuda externa. Al final, Yugoslavia tuvo
que asumir la deuda como nación. El nivel de vida colapsó. Entre
1982 y 1989 cayó un 40 por ciento. La inflación se disparó −en 1987
la tasa de inflación era del 150 por ciento y en 1989 alcanzó el
1.950 por ciento−. En 1988 Yugoslavia tenía la mayor deuda
externa per cápita de toda Europa, sumando más de 20.000 millones de
dólares. Entre 1984 y 1988 Yugoslavia pagó más de 14.000 millones de
dólares en concepto de intereses de la deuda, arruinando la
economía. En los años ochenta el FMI había impuesto unas
condiciones estrictas para la renovación de créditos. Por supuesto,
esto significaba la reducción del “sector social”. El FMI obligó a
los bancos auto-administrados convertirse en bancos privados, y las
empresas autogestionadas tuvieron que convertirse en empresas con
una situación de propiedad clara, es decir, en empresas
capitalistas. Es importante subrayar que todo esto fue el
resultado directo de la política de “socialismo de mercado”, que
esto llevó directamente a la brutal desintegración de Yugoslavia. En
realidad, de las empresas y bancos autogestionados, no había un gran
paso hacia las empresas privadas y capitalistas. Los administradores
de las empresas autogestionadas asumieron la propiedad de las
empresas, ahora consiguiendo más beneficios en lugar de recibir
salarios más altos. La crisis económica que golpeó Yugoslavia en
los años ochenta llevó a la crisis política. Las camarillas
burocráticas dominantes en las diferentes regiones giraron hacia el
nacionalismo y la vieja política de culpar a tu vecino. Enfrentadas
con la posibilidad de una genuina revolución obrera, giraron hacia
el rabioso nacionalismo, todos conocemos el resultado. ¿Cuáles
son las lecciones de la experiencia yugoslava? Parece obvio que era
necesario la propiedad estatal de los puestos más elevados de la
economía y el monopolio estatal del comercio exterior. La
desaparición del estado no ocurre simplemente entregando las
industrias y empresas nacionalizadas a los trabajadores y
administradores, convirtiéndoles en accionistas. En Yugoslavia,
donde los administradores controlaban los comités de autogestión,
esto simplemente llevó a la atomización de la clase obrera. El
convertir meramente a los trabajadores en propietarios de empresas
individuales no significa propiedad social: los comités de
autogestión (controlados por los administradores) funcionaban como
propietarios privados y esto llevó directamente a la plena
restauración del capitalismo. La clave para la transformación
socialista y la desaparición del estado en los estados obreros
deformados era el genuino control obrero. El socialismo no es
simplemente buscar los intereses de los trabajadores en las empresas
locales o individuales. El socialismo significa cuidar los intereses
de la clase obrera, la economía y la sociedad en su conjunto. Para
esto es necesaria la propiedad estatal. La propiedad estatal
defiende el carácter socializado de la economía, pero eso no
significa propiedad social. Una economía nacionalizada, centralizada
en un plan democrático, donde cada fábrica tenga una plantilla de
directores formada por 1/3 de trabajadores locales, 1/3 procedente
de los sindicatos y 1/3 de representantes del estado (o con alguna
variación), defiende los intereses de los trabajadores, de la clase
en su conjunto, y es capaz de reconocer las necesidades de la
economía y la sociedad como un todo, de una manera que no es posible
con los comités autogestionarios atomizados. Sobre esta base se
puede incrementar la productividad y el poder potencial de la
economía, liberada de las camisas de fuerza de la propiedad privada
y el estado nacional, se puede desatar. Las desigualdades en la
sociedad se pueden superar, porque la propiedad estatal se convierte
en una genuina propiedad social. Otra lección importante de
Yugoslavia es el internacionalismo. La ruptura de la Unión Soviética
y el colapso del Bloque del Este fue el resultado de la estrecha
perspectiva nacional de la burocracia dominante en cada país.
Abandonaron para organizar sus propias economías atrasadas y
comerciar entre ellos. Sobre la base del verdadero bolchevismo y el
internacionalismo, habría sido posible integrar las diferentes
economías nacionales y construir una economía integrada, planificada
democráticamente, utilizando los recursos y la mano de obra de todos
los países, desde La Habana hasta Pekín. Esto habría desatado las
fuerzas productivas de estos países, estimulado el desarrollo
socialista de la economía y llevado al desarrollo de las relaciones
socialistas de producción y la genuina propiedad social de los
medios de producción.
El control obrero y la
revolución venezolana
Y esto nos lleva a
Venezuela. ¿Qué significa todo esto para la Revolución Bolivariana y
el movimiento por la cogestión? Los acontecimientos en Venezuela
demuestran que los trabajadores pueden dirigir la industria. El
viejo dicho es cierto: los empresarios necesitan a los trabajadores,
pero los trabajadores no necesitan a los empresarios. Por supuesto
que los técnicos, los expertos y los especialistas son necesarios,
pero deben estar bajo el control de los trabajadores. La experiencia
de los trabajadores de PDVSA demuestra claramente esto, PDVSA no es
una empresa pequeña. En realidad es una de las más grandes de
América Latina y requiere una increíble coordinación de alta
tecnología, implica ordenadores, satélites y otras cosas similares.
Esto es una ventaja que tiene Venezuela frente a la Rusia de
1917. El desarrollo y la extensión del capitalismo desde la Segunda
Guerra Mundial han llevado al fortalecimiento del proletariado a
escala mundial. Los trabajadores hoy están mucho mejor formados que
en 1917. Trabajan con máquinas más complejas, ordenadores,
satélites, etc., y necesitan un grado relativamente alto de
especialización. PDVSA demuestra que los trabajadores pueden asumir
la dirección de la industria mucho más fácilmente de lo que ocurría
en Rusia en 1917. Otra cosa importante a tener en cuenta es que
la idea de la cogestión está incluida en la Constitución venezolana.
Aunque la forma de cogestión no siempre está clara, aunque el
lenguaje utilizado pueda nos pueda parecer confuso y la ley no
demasiado clara, estas cosas no son decisivas. El control obrero no
es lo que marca la ley, sino como lo hacen los trabajadores. Como
explicaba Trotsky: “En cierta etapa los trabajadores dislocan el
marco de la ley o acaban con ella, o simplemente les es indiferente.
Precisamente en eso consiste la transición hacia una situación
puramente revolucionaria”. Está claro que la cogestión para la
clase obrera venezolana significa control obrero y administración
obrera. Si se visita la página web de ALCASA, una planta de aluminio
donde más avanzada está la cogestión, se puede ver un cartel hecho
por los trabajadores con las siguientes consignas: “Control obrero”
y “Todo el poder a la clase obrera”. La lucha por el control y
gestión obrera tiene sus orígenes en el cierre patronal de
2002-2003. Los trabajadores de PDVSA, la empresa petrolera estatal,
ocupan sus instalaciones y la gestionan ellos mismos, superando el
sabotaje organizado los directores. Los trabajadores de Cadafe, la
empresa estatal de electricidad que proporciona el 60 por ciento de
la electricidad de Venezuela, llevaron a cabo planes de contingencia
para evitar el sabotaje que estaban llevando a cabo los directores.
Los trabajadores en estas empresas evitaron eficazmente el sabotaje
de la industria. Los trabajadores petroleros al principio pensaban
que no podrían dirigir las instalaciones, pero rápidamente se dieron
cuenta de que sí podían hacerlo. Se dieron cuenta que la
administración a menudo estaba de vacaciones o fuera y ellos eran
realmente los que dirigían la empresa. Después del cierre
patronal el control obrero desapareció de PDVSA. Sin embargo, los
trabajadores son conscientes de que la empresa está de nuevo siendo
gestionada en líneas capitalistas. Después del cierre patronal, los
trabajadores de PDVSA tuvieron varias discusiones sobre la cuestión
del control obrero. Como resultado de estas reuniones, Pedro
Montilla, del movimiento La Jornada de trabajadores petroleros,
elaboró una propuesta para un decreto sobre cogestión de PDVSA.
Desgraciadamente, estas propuestas nunca fueron ratificadas. Como
resultado, las tensiones en la industria petrolera están aumentando
ya que los trabajadores están exigiendo la implantación del control
obrero. Estas son algunas de las reivindicaciones hechas por
los trabajadores de PDVSA: La cogestión implica todos los
aspectos de la extracción, distribución, producción y almacenaje,
incluido el control de precios para la compra y venta. Todos los
libros de cuenta deben estar abiertos a todos los niveles elegidos
por los trabajadores. La cogestión tiene que ser ejercida por
todos los trabajadores a través de sus representantes elegidos en
cada planta y fábrica, ellos no dejarán de trabajar y tendrán tiempo
para las actividades de administración. Todos son responsables
ante la asamblea de trabajadores y debe existir un mantenimiento
estricto del orden, la disciplina y la protección de las mercancías.
Regularmente debe haber informes en la asamblea de
trabajadores. Todos los representantes están sujetos al
derecho de revocación. (Para ver la propuesta íntegra en
castellano:
http://venezuela.elmilitante.org/index.asp?id=muestra&id_art=93)
Sobre la base de estas propuestas los trabajadores petroleros
también plantearon los siguientes argumentos: Que el sabotaje de
PDVSA no se puede evitar sin el control obrero y sin la adopción de
las medidas antes mencionadas que garanticen la responsabilidad, la
disciplina y la transparencia. El presidente Chávez ha amenazado
parar la venta de petróleo a EEUU. Si esta amenaza se lleva hasta el
final, no sería sin el control obrero de la industria petrolera ya
que la administración intentaría sabotearla. Al mismo tiempo,
los trabajadores de Cadafe comenzaron una lucha por la cogestión.
Tanto los trabajadores de PDVSA como de Cadafe son conscientes de
las diferencias entre el control obrero y la participación de los
trabajadores. Los trabajadores de Cadage también escribieron una
serie de propuestas concretas para el control obrero. Los
trabajadores están furiosos porque se han adoptado algunas medidas y
pasos simbólicos, pero no se ha implantado un control obrero
genuino. De los 5 miembros del comité coordinador, 2 de los puestos
están reservados para sindicalistas nombrados sin derecho a
revocación. El presidente de la empresa no necesita tener en cuenta
las directrices o instrucciones de este comité. En este caso son los
administradores de esta empresa estatal los que se resisten a las
reivindicaciones de los trabajadores. Tanto los administradores como
el estado querían restringir la capacidad de los trabajadores de
tomar decisiones dejándoles poder sólo sobre cuestiones secundarias
(en Valencia, por ejemplo, ¡dieron a los trabajadores plenos
derechos de consulta sobre la decoración navideña de los edificios
de la empresa!). Los trabajadores han luchado por cada centímetro de
control obrero y ahora han lanzado una lucha por la verdadera
cogestión. Los trabajadores de estas dos industrias afrontan
ahora otro argumento de la dirección que dice que no debería existir
participación o control de los trabajadores en las industrias
estratégicas. Esto es un chiste. Fueron los trabajadores de PDVSA
los que recuperaron la producción durante el cierre patronal, fueron
los trabajadores del aluminio y el acero en Guayana los que lucharon
para que las instalaciones de gas mantuvieran los suministros,
fueron los trabajadores de Cadafe los que mantuvieron el suministro
eléctrico del país y evitaron el sabotaje de la industria y de la
economía de Venezuela en su conjunto. El argumento es que no se
puede confiar a los trabajadores las industrias vitales y
estratégicas, se trata de una cortina de humo detrás de la cual se
oculta un ataque generalizado a la idea del control obrero. Sin
embargo, si el gobierno venezolano quiere garantizar un
funcionamiento tranquilo de estas industrias y evitar su sabotaje,
deberían confiárselas a los trabajadores, porque ya han demostrado
que defenderán y protegerán estas industrias contra el sabotaje de
los empresarios y administradores en defensa de la revolución. Pero
hay otro punto importante, similar a lo que Trotsky defendió con las
Cuencas de Carbón de Donets. Y es que si PDVSA se deja en manos de
las cooperativas de trabajadores, si esta cooperativa controlara el
petróleo de PDVSA y podría ser concebible mantener rehén al resto
del país. La fuerza más poderosa de la sociedad venezolana serían
los administradores de PDVSA, que controlarían entre el 70 y el 80
por ciento de la economía venezolana. Si algo similar a lo que está
ocurriendo en Venepal ocurriera en PDVSA este sería el caso. El
control y la administración de los trabajadores deben implantarse en
PDVSA para garantizar que la clase obrera, en su conjunto, controla
democráticamente la economía, para garantizar la democracia obrera
generalizada. En todas las empresas importantes, incluida PDVSA,
deben ser incorporadas en un plan centralizado y democrático de la
economía. Esto significaría que el consejo de directores de PDVSA
debería estar formado por 1/3 de trabajadores, 1/3 procedente de los
sindicatos y 1/3 del estado (o alguna variación de esto). Un
buen ejemplo de control obrero es Cadela, una empresa subsidiaria de
Cadafe en Mérida que está funcionando bajo la forma de control
obrero. Hace unas semanas hubo un corte del suministro eléctrico en
las comunidades circundantes. Los expertos pensaban que se tardaría
dos meses en restaurar el suministro. Sin embargo, las comunidades
organizadas estaban en contacto directo con los trabajadores y
ayudaron a reparar el daño. Mediante el trabajo conjunto y la
planificación del trabajo, después de muchas horas extras en
beneficio de la población, el suministro eléctrico se restauró en
dos semanas. Después de la derrota del cierre patronal, los
empresarios de Venezuela cerraron muchas fábricas y empresas, por
razones políticas y no económicas. Se perdieron entre 250.000 y
500.000 empleos. Aquí es donde se puede ver que el control obrero en
general no sucede por cuestiones de la producción, sino por la
defensa de los empleos, las comunidades, etc., Poco después de
este cierre generalizado de cierres de fábricas, los trabajadores
comenzaron a ocuparlas y ponerlas en funcionamiento. La lucha más
avanzada en ese momento es Venepal. En un momento determinado, los
trabajadores la ocuparon y la pusieron a funcionar. Los trabajadores
demostraron la superioridad del control obrero. Había una máquina en
la planta que estaba fabricada en Alemania. La máquina estaba
estropeada y necesitaba ser reparada. La administración se negó a
arreglarla porque requería que fuera un ingeniero desde Alemania
para su reparación (eso es lo que decían). Esto dejaba a la fábrica
funcionando por debajo de su capacidad. Después de que se fuera la
administración y los trabajadores ocuparan la planta, simplemente
improvisaron y arreglaron la máquina, recuperan toda la
productividad de la empresa. Fueron nuestros compañeros de la
CMR (Corriente Marxista Revolucionaria) los que plantearon la
reivindicación del control obrero y la nacionalización, que después
fue aceptada por los trabajadores. El 19 de enero de 2005 la empresa
fue expropiada y Chávez anunció que funcionaría bajo control obrero.
Ahora la cooperativa de trabajadores posee el 49 por ciento de la
planta y el estado el 51 por ciento, para garantizar su carácter
nacionalizado. Los trabajadores eligieron a los directores y el
ministerio envió a dos representantes para que compartieran la
experiencia de dirigir la fábrica con los trabajadores. Sin
embargo, han surgido problemas. Una asamblea de trabajadores decidió
disolver el sindicato y esperan comprar la parte de las acciones
propiedad el estado para convertirse en los propietarios de la
empresa y mantener los beneficios conseguidos por la producción.
Alexis Ornevo, miembro del consejo de administración de Invepal,
dijo a principios de 2005 en el Encuentro Internacional en
Solidaridad con la Revolución Venezolana, que como los trabajadores
ya no tenían empresarios entonces no necesitaban un sindicato. De
acuerdo con la constitución, mediante algún tipo de laguna jurídica,
la cooperativa de trabajadores puede legalmente aumentar su 49 por
ciento de acciones hasta el 95 por ciento. Ornevo ha expresado
abiertamente su intención de hacer esto. Contradicciones como esta
son inevitables. Es necesario un verdadero control obrero universal,
para evitar que grupos de trabajadores emprendan el camino del
enriquecimiento individual. Angel Navas, presidente del
sindicato de Cadafe, está preocupado ante la posibilidad de que los
acontecimientos de Invepal creen un modelo de cogestión similar a
una cooperativa capitalista. Él dijo lo siguiente: “Como vimos
en la presentación de ayer de Invepal, ellos están teniendo algunos
problemas, parece que están pensando como administradores. De
acuerdo con lo que escuchamos ayer, quieren poseer todas las
acciones de la empresa. 800 trabajadores serán los propietarios de
una empresa. Y si esta se convierte en rentable, ¿estos trabajadores
se harán ricos? Se supone que es una empresa que pertenece a todo el
país, mi empresa no puede pertenecer sólo a los trabajadores. Si
conseguimos beneficios éstos pertenecen a toda la población. Es una
responsabilidad que todos tenemos, los trabajadores en la industria
petrolera, aquellos que hacen la mayor parte, ¿cómo extendemos esto
al resto del país? Estos beneficios no son para mí. Eso no tiene
sentido porque yo trabajo en la industria petrolera, por ejemplo,
puedo conseguir 90 millones de bolívares cuando el salario mínimo es
de 4 millones de bolívares”. Si se compara esto con Yugoslavia,
donde los trabajadores sentían que ellos eran los propietarios de su
fábrica y competían en el mercado. Una vez más, este fue el
principal problema de Yugoslavia, la desigualdad de salarios.
Ciertos trabajadores simplemente son afortunados porque ellos tenían
el monopolio de acceso a buenos empleos, mientras que otros
trabajadores eran abandonados al frío. La cuestión es que los
beneficios de una empresa estatal, una empresa nacionalizada,
deberían ser cogidos por el estado y redistribuidos a la sociedad,
que a su vez crea más riqueza social, eliminando la desigualdad. En
Yugoslavia era todavía un sistema de apropiación individual del
beneficio por parte de empresas individuales, no era una apropiación
socializada. Si el grupo actual de directores triunfan en Invepal
con su proyecto de conseguir la mayoría de la empresa para
enriquecer a los trabajadores de Invepal, esto simplemente será
poner a un grupo de trabajadores frente a otros, aumentando la
desigualdad. Eso también podría crear una lucha dentro de Invepal
por el control de esas acciones. Si los trabajadores de cada
industria o empresa pudieran quedarse los beneficios de la
producción, el beneficio no se redistribuiría socialmente sino que
seguiría siendo privada, esto básicamente es capitalismo y de
ninguna manera llevaría al desarrollo de las relaciones sociales de
producción. Después está CNV (Constructora Nacional de
Válvulas), esta empresa fue nacionalizada en mayo del año pasado y
renombrada como Inveval. Aquí las dificultades no proceden de la
cooperativa de trabajadores sino del estado. Debemos decir que el
antiguo propietario ha iniciado un procedimiento legal exigiendo que
se le pague una compensación por la expropiación, pero el problema
real es que cuando fue nacionalizada Chávez dejó muy claro que los
trabajadores debían tener la mayoría de representantes en el consejo
de administración, y que el máximo órgano de toma de decisiones
debería ser la Asamblea General de Trabajadores. Sin embargo, cuando
los representantes del Ministerio de Economía Popular leyeron los
estatutos de la empresa propuestos a los trabajadores, no se
mencionaba la participación de los trabajadores. La asamblea de
trabajadores rechazó esta propuesta y comenzaron a movilizar
alrededor de la reivindicación del control obrero. Ahora se han
unido con trabajadores de otras empresas donde hay control obrero
para extender la lucha más allá de Inveval. (1) La experiencia
más avanzada de control obrero se está dando en Alcasa, la gran
empresa estatal de aluminio. Es absolutamente asombroso leer el
material sobre la cogestión en Venezuela. Los debates y discusiones
sobre el control obrero y el socialismo están muy avanzados, en
muchos sentidos más avanzados que en Rusia en 1917, ¡sin la ayuda de
un Partido Bolchevique! Los trabajadores de Alcasa tienen
absolutamente claro que significa la cogestión. Edgar Caldera, uno
de los dirigentes sindicales ha escrito lo siguiente: “Si hay
algo que los trabajadores deben comprender claramente es que nuestra
cogestión no se puede convertir en un arma para profundizar el
carácter explotador del modo de producción capitalista. No podemos
repetir la triste historia de Europa, donde el sistema de cogestión
fue utilizado para librarse de los derechos de los trabajadores y
sus derechos adquiridos. La cogestión que hemos comenzado a
aplicar en Alcasa no tiene nada que ver con esto. Se trata de una
emancipación genuina de nuestra clase, basada en los principios
revolucionarios de Marx, Rosa Luxemburgo, Gramsci y Trotsky, entre
otros. Se trata de crear un modelo de cogestión con el objetivo de
transformar el modo de producción capitalista, que está basado en la
explotación del hombre por el hombre, en un modo de relaciones
sociales basado en los principios de la cooperación, solidaridad,
justicia, igualdad, co-responsabilidad y el bienestar común de los
trabajadores y la población en general”. (Alcasa: Cogestión, el
control obrero y la producción. En otro artículo escribe lo
siguiente: “Los trabajadores de Alcasa están avanzando en el
control obrero y el control comunitario, basado en las asambleas
generales como autoridad suprema… que ha transformado totalmente la
vieja estructura de poder y está dando pleno poder a los
trabajadores y la comunidad… En Alcasa los trabajadores eligen a
los administradores, que reciben los mismos salarios y están
sometidos al derecho de revocación. Las decisiones más importantes
son tomadas por la Asamblea General de Trabajadores. Los
administradores también han dicho que no encerrarán a los
trabajadores en la oficina, que ellos continuarán trabajando”.
(Alcasa: cogestión burguesa y cogestión obrera). Trino Silva,
otro de los dirigentes obreros, dijo lo siguiente en una entrevista:
“Los trabajadores deberían elegir al presidente de Alcasa.
Pero el Consejo de Administración no debería estar formado sólo por
trabajadores. Estamos pensando en un consejo de 14 personas: siete
titulares y otros siete sustitutos. De los siete titulares, cuatro
deberían ser trabajadores de Alcasa, dos representantes del gobierno
(para que puedan supervisar lo que se está haciendo con la empresa)
y otro debería ser un representante de la comunidad organizada”.
Significativamente añade: “Alcasa no sólo pertenece a
los trabajadores de Alcasa, ni a Trina Silva ni a los trabajadores
de Alcasa, sino a todo el pueblo. Por lo tanto, la opinión pública
tiene el derecho a la representación en el Consejo de
Administración, en primer lugar por la transparencia y, en segundo
lugar, para garantizar que Alcasa beneficia a todos”. (Los
trabajadores del aluminio en Venezuela eligen a sus administradores
y aumentan la producción. Entrevista hecha por M. Harnecker). La
experiencia en Alcasa y la participación comunitaria en la
administración les ha llevado a otras ideas excelentes, que
demuestran el poder del control obrero para transformar la sociedad.
El año pasado Alcasa gastó 24.000 millones de bolívares en cuidado
sanitario en clínicas privadas para los trabajadores. El sindicato
cree que si poseen algún terreno cerca de la planta así podrán dar
este terreno al estado para que construya un hospital público para
los trabajadores de Alcasa y las comunidades circundantes. Alcasa y
varias empresas de la zona están compartiendo y construyendo cocinas
industriales para los trabajadores y la comunidad. Hay unas 200
cocinas en la zona para organizar y proporcionar empleos. Quieren
romper el monopolio del transporte en la región. Quieren ayudar a
financiar y crear un sistema de transporte público mejor, más cómodo
y asequible. Esta es una demostración clara de cómo el control
obrero, la democracia obrera, puede sustituir al mercado como
regulador de la economía. Los trabajadores pueden ver claramente qué
necesidades existen, qué se puede mejorar y pueden exigir qué
inversión se debe hacer en estas zonas. Si esta experiencia se
repite a escala nacional, toda la riqueza social estaría disponible
para todos mediante una economía planificada democráticamente, es
fácil ver cómo se podría desarrollar rápidamente Venezuela. Sin
embargo, Alcasa se enfrenta a algunos peligros. Alcasa en realidad
es una empresa deficitaria. Los reformistas y burócratas podrían
utilizar la creatividad de los trabajadores para que la empresa
consiguiera beneficios y después intentar acabar con el control
obrero. O, si Alcasa continúa con pérdidas, los reformistas podrían
intentar argumentar que el control obrero no funciona y que debería
ser abandonada como parte de un ataque generalizado a la clase
obrera y acabar con cualquier elemento de control o administración
que pudiera existir en la economía. Recomiendo un artículo de
Jorge Martín sobre la expropiación de las fábricas cerradas (Primer
Encuentro Latinoamericano de Empresas Recuperadas por los
Trabajadores). El número total de empresas que están siendo
investigadas en Venezuela es de 1.149. Esta es una medida destinada
a defender los empleos, romper el sabotaje de los empresarios y
eliminar la dependencia de las importaciones que tiene Venezuela. Si
el estado pone estas empresas bajo control obrero, necesitará
proporcionar a estas empresas materias primas. Estas empresas a su
vez tendrán que vender su producto acabado. Esto obligará a iniciar
un plan económico y finalmente obligar a Chávez a considerar la
expropiación de la burguesía. Esta demanda es probable que surgiera
más de la propia clase obrera. Los trabajadores comenzarán a hacer
preguntas: ¿por qué la nacionalización se limita a las fábricas que
están en bancarrota o cerradas? ¿Por qué el estado siempre
nacionaliza las pérdidas y privatiza los beneficios? Para que estas
empresas cerradas, que pronto serán nacionalizadas, sean viables,
deben formar parte de un plan general de producción. Eso no será
posible en la medida que sectores claves de la economía, como la
banca y el crédito, sigan en manos privadas. Estas empresas
nacionalizadas estarán a merced del capitalismo, se enfrentarán al
sabotaje, se enfrentarán a la negativa de vender productos. Esto
obligará a Chávez y el gobierno a emprender el camino de la
expropiación. El artículo de Jorge Martín también explica que
para cualquier empresario que quiera mantener sus empresas abiertas,
el estado les ayudará a mantenerla con un crédito a bajo interés,
pero sólo con la condición de que los “empresarios introduzcan la
participación de los trabajadores en la administración, la dirección
y los beneficios de la empresa”. En condiciones normales esto
sería un truco inteligente para desarmar a la clase obrera. Sin
embargo, hoy en Venezuela sólo servirá para aumentar la confianza de
los trabajadores y profundizar la lucha de clases en estas fábricas.
Otro punto importante en Venezuela fue el encuentro nacional de
trabajadores que participan en experiencia de control obrero y que
se celebró entre el 16-18 de junio. En él participaron trabajadores
de Inveval, Alcasa, PDVSA y otras empresas. Algunas decisiones que
se tomaron fueron las siguientes: La formación de un Frente
Estatal por la Defensa de la Cogestión Revolucionaria, el desarrollo
socialista endógeno… a nivel estatal y local. Caracterizar
nuestra cogestión como un movimiento que afectará a las relaciones
capitalistas y que se encamina hacia el control obrero, el poder de
las asambleas de ciudadanos y la construcción de un estado
socialista. El Frente Estatal propone la cogestión obrera,
social y militar. Incluir entre las propuestas de la
cogestión revolucionaria que las empresas deben ser propiedad del
estado, sin distribuir acciones entre los trabajadores y que los
beneficios se distribuyan según las necesidades a través de los
consejos de planificación socialista. Estos consejos de
planificación socialista deben ser entendidos como órganos que
implantan las decisiones adoptadas por los ciudadanos en las
asambleas. Luchar para promover y sistematizar la educación
política y social y la ideología socialista para profundizar la
Revolución Bolivariana mediante la creación de centros locales,
estatales y regionales con la idea de construir una Red Nacional de
Formación Socio-Política Revolucionaria. Construir la
solidaridad y extender la revolución por América Latina y el mundo.
Reconocimiento de los excluidos, explotadores y oprimidos
como los aliados de clases en la lucha por la construcción del
socialismo del siglo XXI. A partir de estas resoluciones está
bastante claro que la cogestión en Venezuela en realidad es vista
como un paso hacia la construcción de la sociedad socialista. Este
encuentro estatal de trabajadores que están experimentando el
control obrero, obviamente, es un paso enorme en la dirección
correcta. Reunir a los diferentes grupos de trabajadores y ponerles
bajo una bandera, es dar forma al movimiento y a la ideología de los
trabajadores, que ahora inexorablemente se mueve hacia el
socialismo. Los trabajadores, a través de su propia experiencia, han
sacado la conclusión de que el control obrero es una herramienta
poderosa en manos de la clase obrera. La lucha por el control obrero
desafía directamente la propiedad privada de los medios de
producción y es la lucha por la creación de una nueva sociedad
dentro de la vieja. La transformación socialista de la sociedad
dependen de la transformación del modo de producción, y el control y
la cogestión obrera es el método revolucionario de la clase obrera
para llevar a cabo esta transformación y atacar el corazón mismo del
capitalismo, en la fábrica y en el taller. Por eso la revolución en
Venezuela se mueve en dirección al socialismo, la forma de lucha que
la clase obrera adopta para defender la revolución, sus empleos, sus
condiciones de vida y sus intereses, toma forma en el centro de
trabajo contra su enemigo, el capitalismo y los empresarios, en
forma de huelgas y manifestaciones, pero también de control obrero y
cogestión. Los objetivos socialistas del movimiento revolucionario
están confirmados en esta lucha y en la cogestión obrera está la
base de la nueva sociedad. El movimiento por el control obrero
está llevando a la clase obrera a una conclusión: que la revolución
bolivariana debe romper con el capitalismo. Son los trabajadores los
que ven que para conseguir sus objetivos, la revolución debe romper,
radicalmente, con el capitalismo. Para resolver los problemas como
el desempleo, la vivienda, la educación y la producción de
alimentos, es necesario elaborar un plan económico basado en las
necesidades de la mayoría, no en el beneficio de una minoría. Sin
embargo, no se puede planificar si no se tiene el control, y no se
puede tener el control de lo que no posees. Mientras palancas
importantes del poder económico sigan en manos de los empresarios,
ellos podrán organizar el sabotaje e incluso posiblemente derrotar
la revolución. El control de una, o varias fábricas, como en
España en 1936 o en Chile a principios de los años setenta, o como
hoy en Venezuela, no significa el final del capitalismo.
Inevitablemente, mientras los capitalistas tengan el control
absoluto de la economía, no se puede mantener el control obrero. El
control obrero es un gran paso. Da a los trabajadores una
experiencia incalculable en la administración, que es esencial en
una economía socialista planificada. Sin embargo, una vez más, en la
medida que elementos clave de la economía siguen en manos privadas,
mientras no exista una verdadera economía planificada nacionalizada,
la experiencia del control obrero sólo tendrá un carácter parcial e
insatisfactorio. Mientras el control obrero se desarrolla desde
abajo, desde el taller hacia arriba, la cogestión obrera se
desarrolla desde arriba y sólo tiene significado en el contexto de
una economía socialista planificada, con los monopolios
nacionalizados. Significa gestión de los trabajadores en un plan
global de la economía, no sólo en su propia fábrica o economía
local, consiguiendo que las decisiones generales sobre inversión y
planes de crecimiento satisfagan las necesidades de la población.
Los socialitas no son sindicalistas que creen que el control de
plantas o industrias individuales por parte de los trabajadores
puede garantizar el desarrollo armonioso de la industria si la
administración de toda la economía por parte del conjunto de los
trabajadores. Esto significa que la propiedad de la industria no
puede estar en manos de los capitalistas. Sólo la propiedad pública
de los principales monopolios garantizaría la gestión obrera y el
control obrero en las plantas individuales. Estos consejos
obreros deben involucrar a todos los sectores de la clase obrera,
incluidos arrendatarios, amas de casa, estudiantes y pensionistas,
además de las organizaciones sindicales industriales de los
trabajadores. La elección regular de delegados, sometidos a la
revocación inmediata, y de los funcionarios, cobrando el salario
medio de un trabajador cualificado, sería una salvaguarda de los
trabajadores contra el surgimiento de la burocracia. La lucha
por el control obrero debe avanzar, debe extenderse y debe
vincularse con la reivindicación de la transformación socialista de
la sociedad. Los trabajadores en Venezuela están haciendo esto. La
nacionalización debe extenderse a los bancos, el sector de
telecomunicaciones, la tierra y los centros de producción de
alimentos, a la industria manufacturera y pesada. El poder clásico
de la oligarquía y los imperialistas debe ser roto. La clase obrera
venezolana está preparando una transformación masiva y empieza a ser
consciente de su fuerza y sus objetivos. Ahí reside la esperanza de
la Revolución Bolivariana. El éxito del control obrero y la
construcción del socialismo en Venezuela se extenderían a través de
todo el continente. Daría esperanzas y confianza a la clase obrera
de Bolivia, Argentina, Brasil, México y Cuba. La revolución
latinoamericana sería una fuente de inspiración para todo el mundo.
Termino con las palabras de Hugo Chávez: “Una revolución es un
proceso en el que nacen nuevas ideas y modelos, mientras que las
viejas ideas mueren, en la Revolución Bolivariana, ¡el eliminado
será el capitalismo!”
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(1) El conficto se ha solucionado con un
compromiso a medio camino. El consejo directivo estará formado por
tres miembros nombrados por el gobierno y dos de la cooperativa de
trabajadores. Pero Chávez insistió en que el director principal
nombrado por el gobierno sea el dirigente principal de la lucha de
los trabajadores.
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