Si quieren educarnos para que vivamos asustados y
desesperanzados, deprimidos en un mundo imposible de transformar…
digamos ¡No! Si quieren que vayamos a dormir infestados de angustia,
infelicidad, ignorancia y miedo… digamos ¡No! Si quieren que creamos que
vivir atemorizados es parte de nuestra naturaleza, de nuestro ser
social… si quieren que borremos de nuestra cabeza la opción de
organizarnos, luchar juntos y triunfar como trabajadores conscientes
digámosles ¡No!... y reunámonos cuanto antes: ¡Ya basta!
Sobreviven,
infiltradas en la educación toda, las impunidades herederas de
las dictaduras más disimbolas. Las tenemos educando niños, jóvenes y
adultos. Por ejemplo. "La impunidad como situación establecida y
justificada de falta de sanción a los responsables del genocidio -y el
sistema que la mantiene con sus leyes e indultos- crea las condiciones
para que reivindiquen sus crímenes, es aliciente para los violadores de
los derechos humanos pasados y potenciales, y tiene como consecuencia
inevitable la recurrencia del temor y la sensación de inseguridad e
indefinición. La impunidad entroniza la participación de feroces
represores en la vida publica y el alarde de sus acciones (con su
"derecho a replica')."
¿No es fácil
"probar" el autoritarismo? (aunque muchos lo prueban a diario) A
menos que una sensibilidad jurídica (y política) muy fina y
renovada se disponga a rastrear sistemáticamente (de oficio) todos los
signos de autoritarismo enquistados en la cotidianidad de las
relaciones laborales universitarias… a menos que se sea capaz de
apreciar, sin devaneos, cuánto de autoritario hay en la indeferencia, el
menosprecio, la omisión, la humillación disfrazada, el ninguneo y todas
las formas de discriminación ideadas para violar derechos impunemente; a
menos de que se tenga voluntad férrea de combatir al autoritarismo en
todas sus expresiones odiosas, seguirá siendo injusticia consuetudinaria
que lacera la dignidad e integridad de miles de docentes, a todos los
niveles y en todo el mundo. ¿Hay alguna reforma educativa capaz de
impulsar un tribunal de trabajadores abierto contra el autoritarismo de
ciertas "Alma Mater" reinas de la impunidad? Sería éxito mayúsculo (sino
se vuelve nido de represalias subterráneas). Tenemos nombres.
¿Cómo probar
el autoritarismo detrás de muchas reuniones, memoranda, regateos
salariales, sugerencias bibliográficas y hasta convenios
caprichosos para ofrecer pasantías coercitivas que proveen mano de obra
barata a empresas en franco tráfico de favores? ¿Qué juez, qué leyes,
qué testigos y testimonios alcanzarán para frenar de una vez, y para
siempre, el deporte senil y obsceno de dar ordenes con tono de
capataz a los trabajadores, a los catedráticos, a los estudiantes…?
¿Cómo desterrar para siempre el desplante soberbio de ordenar "café para
mis invitados" con voz de ejecutivo junior (y actuación de padrote
callejero)? Se lo ve por todas partes. Tenemos coordenadas precisas.
Hay que ver
en qué estado está la producción de conocimiento en las aulas, verificar
si ocurre el acto extraordinariamente complejo de producir, exponer,
analizar, enriquecer el conocimiento en colectivo, guiado por un
programa científico, docentes militantes de la honestidad teórica y
estudiantes en actuación social plena. Verificar la independencia
económica y política de la ciencia, su independencia frente a los
devaneos mercantiles o sectarios, su rigor y su capacidad de
intervención social. Verificar que el acto fundamental de la producción
del conocimiento, de manera colectiva, crítica y dialéctica, tenga por
certeza la mayor pasión por la verdad y la fortaleza de la ciencia al
servicio de la libertad humana y de su comunicación no alienada.
Verificar que las aulas y los talleres no sean burbujas indiferentes a
lo que pasa en las calles, en las fábricas, en las cabezas de los
pueblos. Verificar que no ocurran mentiras ni fraudes, es decir que no
cobren por lo que no hacen o por lo que hacen mal. Verificar que el
trabajo de producir conocimiento se cumpla con calidad y utilidad
social, que se pague un salario justo.
Hay
profesores que son indispensables gracias a su trabajo tenaz y
permanente. Modelan en muchas generaciones los valores y la moral del
estudio como una lucha necesaria. Mantienen abiertas las cuentas
dialécticas de su propio aprendizaje y ventilan en público sus ganancias
y deudas coherentes. No esconden sus faltantes, ofrecen con generosidad
sus hallazgos y no tienen reparos en recoger la crítica como parte de su
obra. No se les ve besando la mano de nadie para ganarse publicaciones o
años sabáticos. No le piden permiso a nadie para pensar, para opinar ni
para intervenir en lo que consideran justo. No se bajan los pantalones
para recibir cargos. No tienen miedo, o se camuflan para declarar sus
marcos teóricos ni sus definiciones políticas. Son esos trabajadores del
conocimiento los que contribuyen a fortalecer la certeza de que la
verdad es posible y que es de todos, que la ciencia no es propiedad
privada de comerciantes del saber y que la ciencia debe servir a la
transformación definitiva del mundo. He ahí Adolfo Sánchez Vázquez,
ejemplo poderoso e inequívoco para propios y ajenos.
Un
Diagnostico:
A estas horas
el hartazgo desborda la paciencia de los trabajadores de la educación,
en todos sus niveles y áreas, no soportan más los abusos, la violencia,
el hambre, las postergaciones, el saqueo orquestado por quienes
gobiernan (?) los centros de estudio con mentiras obscenas mientras se
enriquecen los funcionarios y sus parentelas.
A estas horas
los autoritarios inventan excusas de todo tipo, dicen por ejemplo que
los trabajadores protestan porque son "violentos", que hay intereses
"des-estabilizadores", que son "terroristas", que alguien les paga para
entorpecer el "orden", que no van a misa a los domingos, que son indios,
feos, que huelen mal, que no se bañan con jabones perfumados... que son
pobres, que son zurdos y que se puede prescindir de ellos…. Dirán
calumnias a diestra y siniestra para convencerse y tratar de
convencernos de que seamos cómplices del autoritarismo consuetudinario
que cuelga de las fauces de las "autoridades". Es una guerra de agobio y
de pobreza. Se las ingenian para, uniformados o camuflados, irritar las
horas, joder a des-tiempos, insultar, exacerbar los ánimos y provocar
que se derrame la gota y estalle la desesperación.
A estas horas
los autoritarios invocan el "orden". A estas horas imploran "orden" los
que violan las leyes y las libertades sociales. A estas horas recuerdan
el "orden" los violadores de los Derechos Humanos. A estas horas
imploran "orden" los reyes de la corrupción y los cómplices de las
dictaduras. A estas horas suplican "orden" los santurrones que santiguan
bacanales de miedo contra trabajadores indefensos… a estas horas piden
"orden" los monopolios de la educación que financiaron la festichola de
diputados y senadores para que les aprueben leyes que bendigan el
negocio y la burocracia. "Orden", claro, en boca de la burguesía más
retrógrada, significa "mátenlos", "reprímanlos", "encarcélenlos"…
"orden" claro significa, para ellos, que tienen doctorados extranjeros:
"desaten el odio" policiaco contra el trabajador, "aniquilen sus
fuerza", "desfiguren su rostro luchador", desaparezcan todo ejemplo de
fortaleza en pie de lucha, borren del planeta todo lo que permita
recordar que ha habido triunfos fundamentales de los trabajadores
organizados.
Se trata de
un autoritarismo cínico galopante que llena palmo a palmo la existencia
de los espacios educativos. Son autoritarios para saquear las materias
primas y los son para explotar a los trabajadores. Son autoritarios para
invocar las leyes que no respetan y también para exigir el respeto que
nunca practican. Autoritarios que inculcan valores "buenos" en sus
hijos… los mismos valores que están dispuestos a negar cada día. "No
robarás" dicen a sus críos… mientras los recibos de pago son prueba
palmaria del hurto legalizado. Empresarial y gubernamental. Son
autoritarios para aplaudir la "democracia" que asesinan en sus oficinas.
Autoritarios para defender los "avances tecnológicos" y no a quienes
operan las máquinas. Autoritarios que aprecian la "educación" mientras
niegan a los trabajadores espacios para que se instruyan. Autoritarios
que exigen leyes laborales a su acomodo y son autoritarios a la hora en
que evaden impuestos. (Deberíamos abrir sus libros un buen día de estos)
Son cínicos
autoritarios por definición, capaces de aplaudir la "unidad
nacionalista" de la "comunidad educativa" mientras combaten la unidad de
lucha de los sindicatos. Cínicos autoritarios a la hora de exigir
personal "capacitado" y cínicos autoritarios a la hora de pagar una
miseria al trabajador con méritos y títulos. Cínicos autoritarios al
exigir "seguridad" y "convivencia pacífica" mientras agobian con la
violencia salarial y las condiciones extenuantes a los trabajadores.
Cínicos autoritarios de cabo a rabo. Son cínicos impúdicos y su cinismo
alcanza para esconderse de sí mismos. Mirémoslo claramente. Miremos las
cosas como son, sin espejismos y sin ilusiones. Entre esos autoritarios
y nosotros hay una lucha, irreconciliable, añeja, de fondo y forma.
Lucha que no admite conciliación, reconciliación ni olvido suicida.
Lucha contra lo peor de la historia humana. Lucha por lo mejor para el
presente y para el fututo. Lucha que es de todos, que no acepta excusas
ni ausencias. Se está de un lado u otro y los matices se diluyen día con
día.
A estas horas
el autoritarismo en muchos centros de enseñanza se prepara para imponer
su "orden" criminal e impune. Estamos atentos en el mundo entero. No
habrá minuto sin análisis y sin batalla. El autoritarismo anda por todo
el mundo y hace de las suyas, a estas horas con amenazas de muerte. A
estas horas los trabajadores somos un territorio de corazón mundial en
rebeldía, harto de miseria e impunidad que, a estas horas, gritamos con
nuestras voces mundiales ¡Ya basta de autoritarismo, represión,
discriminación e impunidad. Y no estamos solos.
¿Qué es el
Autoritarismo?
No es lo
mismo "autoridad" que "autoritarismo".
Es de tal
envergadura el problema del Autoritarismo, son tantas sus variedades y
expresiones, se ha inoculado en tantas conductas y se ha asimilado a la
vida diaria de tantas formas que, incluso, parece cosa "natural";
condición "sine cua non", sustancia propia del ser,
condición esencial… cuando, en realidad, es expresión patológica
impuesta por una sociedad enferma cuyas asimetrías y desigualdades se
propagan con alegría voluntarista, bajo el beneplácito (complicidad) de
no pocos beneficiarios mercantiles y políticos.
El
Autoritarismo no es una fatalidad irremisible. Es de importancia suprema
romper con cualquier determinismo autoritario e identificar a sus
auspiciantes. Es de importancia superlativa definirlo en colectivo,
producir su tipología y su taxonomía… definir y denunciar sus caras y
sus caretas, demarcar y asilar sus causas y sus efectos, olerlo,
rastrearlo, señalizarlo… estudiarlo en la superficie y en las
profundidades: erradicarlo para siempre, de una vez por todas. ¿Quién
hará semejante tarea?: los trabajadores paciente y sistemáticamente, con
la razón y con la justicia. Más temprano que tarde.
Nadie mejor
que un tribunal de los trabajadores. Nada mejor que una organización de
los trabajadores capaz de observar, sistematizar y denunciar cada una de
las formas autoritarias con que se revisten las relaciones laborales
como si fuese un asunto trágico, cosa del destino, calamidad
irremisible… no desterraremos el autoritarismo con indiferencia, con
resignación ni con sumisión.
No es lo
mismo ser un "dirigente" (director, gerente, coordinador) universitario
con autoridad moral, conferida por los compañeros de trabajo y lucha,
que ser un inmoral autoritario que se autonombra "dirigente" porque
extorsiona a los trabajadores hábilmente, con amenazas, sanciones
y despidos. Lo primero se consigue con muchos años de praxis solvente,
producción científica no mercenaria, honesta y coherente, probadas en el
crisol de la vida diaria. Lo otro se consigue, casi exclusivamente, con
ser "hijo de papi", y no pocas veces, también, "hijo de puta". (Con
perdón de las putas)
Es
Autoritario quien da y quita el trabajo al antojo de intereses reducidos
a su riqueza, vanidad o temperamento del día. Es autoritario quien
basado en sus deliberaciones autistas impone a otros amarguras y
privaciones, desesperación y angustia… venidas de perder el trabajo,
disminuir sus ingresos, recibir sanciones in-sustanciadas, padecer
vejaciones, sólo por pensar distinto… hay causas por miles donde la
parte más débil, la que no tiene capacidad de decisión, no tiene
posibilidad de defensa legítima, de elección democrática ni de
información suficiente y con calidad… Se lo ve a diario en todas partes.
Están
acostumbrados a ser autoritarios muchos directivos, públicos o
privados, en educación que contratan trabajadores bajo condiciones
extremadamente injustas. Están acostumbrados al autoritarismo cinico. Es
su divisa, saben que pagan sueldos miserables y que imponen jornadas
insoportables. Saben que ese es su negocio. Piensan que los sueldos
bajos son un "triunfo administrativo", un "logro moral" que permite
abaratar costos. Saben que roban tiempo y fuerza, roban salud física y
mental a los trabajadores y los ven enfermar y morir, alienarse a cada
minuto, mientras la "patronal" goza los beneficios en complicidad con
los burócratas de turno. Eso es lo que tenemos enfrente de nuestras
luchas. He ahí un retrato simple pero real. La patronal es cínica porque
a sabiendas de que roba y engaña se hace pasar por dadivosa, por
"generadora de empleo", por "cristiana". Sus muchachos se santiguan, se
creen "buenos" y se aplauden entre ellos. Le besan la mano al cura.
Algunos se retratan con el Papa.
Las
Universidades y los centros educativos, son lugares donde se supone que
se dan cita las personas poseedoras de mejores cualidades
humanas, científicas, colectivas… lugares donde se cumple un trabajo de
importancia social suprema como es producir e impartir conocimientos
siempre actualizados, en cantidad y calidad; donde se maduran los
ejemplos mejores de solidaridad colectiva y donde se fomenta la actitud
mejor para transformar el mundo, superar sus atrasos y miserias… pues
ahí, paradoja entre las paradojas, suele incubarse todo lo contrario. El
Autoritarismo como ejemplo. Tenemos casos a raudales.
Muchos
trabajadores en el campo educativo padecen, a veces in darse cuenta, las
tareas ideológicas de mercenarios profesionales. Son "rigurosos" y
mienten con astucia, malabarean tres o cuatro silogismos de moda,
dominan la opinología del yo, pergeñan libros plagados con citas de
intercambio (yo te cito, tu me citas) y ponen todo de sí para fortificar
una secta que controla recursos, nombramientos, viáticos... fortalecen
su seguro de empleo, y el de sus cuates, gracias a cierta
complicidad para la ineficiencia, común. Muchos tienen séquitos de
profesores adjuntos, ayudantes... que, por su voluntad o contra ella,
han de obedecer pautas "académicas" frecuentemente "incuestionables",
autoritarias, obsoletas o parciales. Y besar la mano de los sabios.
Hay un
abanico enorme de expresiones autoritarias, todas ellas vigentes y
esparcidas de manera desigual y combinada. Hay en los extremos
Autoritarismos nazi-fascistas, que gozan de salud cabal en recintos
insospechados, con una vigila represiva dispuesta de inmediato a
silenciar organizaciones, quejas o movilizaciones, juntas o por separado
armados con todo tipo de herramientas para el "orden". En el otro
extremo hay autoritarismos "democráticos" que hacen pasar por "voluntad
colectiva" amasijos enormes de chantajes y extorsiones. Se hacen pasar
por invisibles, creen que se puede tapiar con actas, acuerdos y
burocracia la rabia, la furia, la indignación de miles de personas
sometidas a un régimen de "legalidad" ilegítima consagrada en
reglamentos, organigramas, formatos y prescripciones a mansalva,
redactados por unos cuantos, para ser firmados (aceptados) por la
mayoría. (A riesgo de quedarse en la calle, claro)
Entre esas
dos formas de Autoritarismo habita una gama sobrecogedora de medios y
modos para la imposición de caprichos sectarios, de elite o de cúpulas.
Hay especialistas en "crear" modelos y mecanismos de relojería
autoritaria y no faltan los ideólogos, filósofos, políticos, publicistas
que cantan en el escenario de la explotación y el saqueo descomunales,
su opera fatídica de las voluntades derrotadas. El Autoritarismo es
causa de daños sociales muy graves, incluidos muchos episodios de
depresión, muchos episodios de alteración nerviosa, de alteración de las
conductas… y, desde luego, es una maquinaria descomunal fabricante de
stress galopante y devastador. Desata todo tipo de consecuencias
perniciosas y nadie carga con la responsabilidad penal y social. A los
trabajadores sólo pueden defenderlos los trabajadores que entienden los
problemas que nos son comunes.
Terrorismo
autoritario cotidiano. No nos hagamos cínicos.
Uno está
siempre atrapado en el engranaje de una maquinaria que se cae a pedazos
pero que es defendida a toda costa. Uno va y firma asistencias,
comunicados, reglas puestas desde "arriba" por encima de la realidad, de
la consideración o respeto más mínimo, de la dignidad más elemental. Por
encima de la historia, del país, de las leyes, del presente, del pasado,
del futuro. Uno firma y acepta lo que dicen de arriba por encima de los
niños, de los viejos, de las cuentas mensuales. Por encima del reloj, de
la mesa, del comedor y de la bicicleta. Por encima de la existencia. Uno
firma y acepta… o se queda sin trabajo.
Uno está
desamparado y a la intemperie y eso hace sentir poderosos a los
mediocres. Hace babear a los lebreles de la intolerancia. Incendia los
deleites perversos y las masturbaciones macabras de los patrones
cínicos. Se sienten dioses. Ellos dan "ordenes", es decir "ordenan",
ponen "orden" en su mundo y firman complacidos los despidos, los
castigos, las sanciones… con una sonrisita de satisfacción cobarde y
ciega, degenerada, absurda. Someter al terrorismo del despido a
cualquier trabajador es una determinación asesina. Reinar atemorizando a
otros, abusar de su debilidad y sus miedos, es un delito de lesa
humanidad ¿Quién sanciona esto? ¿Quién saldará tal deuda histórica?
¿Quién curará las heridas?
Consecuencias
del Autoritarismo
Hay también
autoritarismos por contagio, no pocas víctimas creen que si repiten los
modos autoritarios de sus verdugos alcanzarán eso que, por tener cargos
o nombramientos, se parece al "éxito". No pocos estudiantes y
trabajadores de la educación en general, imitan o disculpan el
autoritarismo, porque creen que la vida "es así" que nada se puede (o se
debe) hacer; que si uno se "mete", es decir si uno denuncia, se
involucra y lucha, saldrá perdiendo siempre porque esos "poderes", con
su autoritarismo, son intocables. No pocos piensan que mejor es estar
con ellos, amarlos así, aliárseles, incondicionalmente… creen
que, tarde o temprano, eso les traerá "beneficios" (becas, cátedras,
nombramientos, permisos, canonjías y prebendas tutifruiti)
Contento el amo se vive mejor, piensan muchos. Pero el que se baja los
pantalones, para avanzar más rápido, tarde o temprano se tropieza. No
confían en sus fuerzas, ni en las fuerzas de sus compañeros. Entienden
la realidad alienada, alienados ellos mismos. Es un drama brutal,
doloroso, lamentable… costoso.
Muchas
escuelas se han vuelto domesticadoras de estudiantes que domesticarán,
más tarde, a los trabajadores. Si los estudiantes pueden ser útiles a
los intereses de los patrones dueños o gerentes de escuelas, pasarán
fácilmente a formar parte de algún grupo ejecutivo. Siempre y
cuando se quede callado y se porte bien, "lo que significa que
han de hacer lo posible para que penetren en ellos las creencias y
doctrinas que servirán a los intereses de los dueños de la sociedad, de
modo que, a menos que puedan ejercer con maestría esta autoformación, no
formarán parte de la clase especializada. Así, tenemos un sistema
educacional, de carácter privado, dirigido a los hombres responsables, a
la clase especializada, que han de ser adoctrinados en profundidad
acerca de los valores e intereses del poder real, y del nexo corporativo
que este mantiene con el Estado y lo que ello representa. Si pueden
conseguirlo, podrán pasar a formar parte de la clase especializada. Al
resto del rebaño desconcertado básicamente habrá que distraerlo y hacer
que dirija su atención a cualquier otra cosa. Que nadie se meta en líos.
Habrá que asegurarse que permanecen todos en su función de espectadores
de la acción, liberando su carga de vez en cuando en algún que otro
líder de entre los que tienen a su disposición para elegir."
Por su falta
crónica de Autoridad, muchos centros de educación están organizados
autoritariamente en función de sus pretensiones de mercado, sus
pretensiones políticas y sus pretensiones de servidumbre a intereses
trasnacionales. Desde luego ahí jamás se cuestiona cuál es el costo de
esa idea autoritaria de educación y que relación guarda lo que se
pretende enseñar en las aulas. Jamás se cuestiona lo que se "enseña"
sometido a estructuras de organización autoritaria, muchas de ellas
heredadas de la dictadura, de todas las dictaduras. Son autoritarios los
temarios de las cátedras y los cursos, son autoritarios los sistemas de
evaluación y los exámenes, son autoritarias las tarifas, cuotas o
colegiaturas. Es autoritaria su epistemología, su idea de ciencia y su
metodología. Son autoritarias las listas de asistencia, los horarios y
en fin hasta los uniformes que, empleados o alumnos, deben usar en
muchos establecimientos, para que el patrón quede contento… porque así
de ve más "ordenado" y "lindo" su mundo autoritario. De consultar a las
personas involucradas… mejor ni habla. Para ellos "democratización" es
consultarse entre sí, sin dejar que se evidencie cómo mantienen
la burocracia que inoculan en los cerebros de los estudiantes, los
trabajadores… Cuando piensan en "fortalecer" la tarea educativa, lo que
piensan es en depurar la organización sacar a las "manzanas
podridas" que asustan a lis "inversionistas" que merodean con la fiebre
de la privatización, incluso en centros públicos, sueñan con legitimar,
como valor moral, su "derecho" a venderlo todo: los servicios de café,
fotocopias, postgrados… los exámenes, las constancias, las
equivalencias… todo negocio. Mercachifles, todo terreno. Quieren
liberalismo para comerciar, con su "autoridad" y exclusivamente.
Esto
significa que se produce sólo lo vendible, que reina un
clientelismo hipócrita interesado por los clientes, las opiniones
positivas del marketing y las colegiaturas antes que por el
diagnóstico serio de los problemas y la ruta de las soluciones desde la
ciencia. Se vende sólo lo rentable, lo que da beneficio a los dueños o
directivos. La industria de la educación es una fuente de
beneficios, no sólo económicos, directos. Han hecho de la ciencia una
payasada mercantil. Se expende palabrería sin rigor y opinología al uso
para alabar la ignorancia del jefe en turno. Se ocultan los libros
incómodos, las críticas serias, la verdad objetiva y toda
posibilidad de transformación radical de la sociedad y de sus medios o
modos para producir comunicación no alienada. Se omite la investigación
participativa y consensuada, se omite el diagnóstico crítico, el
análisis dialéctico de las causas socio-económicas y los efectos
superestructurales, se omite la razón y se omite la pasión por la verdad
a cualquier costo. A cambio se aplaude la mansedumbre, la
desorganización gremial, el efectismo erudito, la saliva hipnótica y
culteranismo de los libros propios. Siempre y cuando los alumnos
compren. Buen estudiante es el que paga, apuntes, libros, notas...
¿Exageramos? Que hablen los trabajadores de la educación sin miedo a
represalias.
¿Qué debemos
hacer con la realidad concreta que nos envuelve y atraviesa?
Organización,
rigor científico, antiburocracia, solidaridad y militancia. Entre otras
cosas.
No permitir
que nos extorsionen por nuestras necesidades más elementales y luchar
contra nuestra desorganización. Existe cierta vanidad, que es una
estupidez por donde se la vea, que hace olvidar a muchos su condición de
trabajadores de la educación, en todas sus áreas, con sello de clase.
Muchos creen que "queda mal" organizarse para luchar por dignificar su
trabajo (y el de todos), creen que se pierde seriedad o
respeto entre los círculos científicos, si se lo ve en alguna
asamblea o una marcha discutiendo temas económicos y políticos de la
clase obrera y de su grupo. Y esa vergüenza de clase tiene
orígenes remotos con actualizaciones cotidianas. No revelaremos nombres.
No se ahorran
los lebreles leguleyos para calumniar, inventar faltas, criminalizar a
las víctimas. No se ahorra en libros de jurisprudencia, estudios de
"Derecho" para traicionar a los trabajadores. A los trabajadores que
pagan impuestos para que los licenciados "estudien". Ya saldrán sus
"excelencias" a mover la cola ante el mejor postor, levantarán actas,
torcerán el sentido de las "leyes" (de por sí bastante torcidas) y
cenarán en su casa satisfechos. El autoritarismo con todas sus
estratagemas de terrorismo cotidiano y rentable es un zarpazo
intolerante y criminal que no excluye sentencias de alto peligro. Muchas
personas viven un infierno y si pudieran denunciar, sin miedo, nos
abrumaría una andanada descomunal de dolores silenciados, de penurias
acalladas en las mazmorras del chantaje funcional legalizado. Podríamos
decir un no a esto. No se trata de "arreglar el mundo" de la noche a la
mañana: se trata de hacer lo que se debe con lo que se pueda y lo que se
tenga. En garras del capitalismo el Trabajo en la educación ha sido tan
brutalmente, tan miserablemente tratado y tan obscenamente definido que
hemos quedado arrinconados ante el desfiladero del cinismo. El Trabajo
de educar, que debiera ser práctica liberadora y enriquecedora de las
sociedades, a estas horas se ha vuelto una calamidad devastadora del
espíritu, del cuerpo, de la cultura. Se vive miserablemente con sueldos
raquíticos, se vive aterrorizado bajo amenazas de despido, patentes y
latentes. Se vive humillado bajo la prepotencia y el desprecio de jefes
y jefesuchos que se enriquecen con nuestro Trabajo. Se vive una forma de
tortura legalizada, e ilegal, que es una máquina de infelicidad a todas
horas. Quieren que nos acostumbremos al atropello y a la miseria y
encima quieren aplausos y votos. Por si fuese poco la cosa tiende a
empeorar.
Muchos
catedráticos son sistemáticamente arrumbados, castigados con el látigo
de la indiferencia y de extorsiones disimbolas. Se les trata como
apestados y no obstante el prestigio que muchos de ellos han alcanzado,
no falta el degenerado posmoderno que le tira miradas y calumnias, bajo
cualquier matriz ideológica de exclusión, por ejemplo la acusación
ingenua de "setetentista", que supone que las ideas del otro "ya
fueron", que han sido "superadas". De esas huestes de ignorantes
redomados, con cátedras que no pocas veces tienen sus méritos entre las
sábanas y entre piernas más que entre los libros, emergen, quizá, las
manos que han desaparecido bibliografías enteras de las bibliotecas
obligatorias. Manos acusadoras, Torquemada nuevos. Son peligrosos.
En los
centros educativos se debe ser militante de la verdad a toda costa. Eso
"enseña" verdaderamente. Enseña con el ejemplo de integridad y dignidad.
El trabajo de educar no es de poca monta y la dimensión las
responsabilidades en el campo de la producción y reproducción del
conocimiento es enorme... pero insuficiente si no se involucra con la
formación ética del estudiante, y de todos, con la propia por garantía.
No como un cura que desparrama moralina a la menor provocación sino como
un interventor científico y dinámico frente a un universo de problemas
que exige estrategias actualizadas para enfrentarlos.
¿Quién
comprende lo que siente un trabajador que se queda sin su empleo? ¿Quién
entiende el golpe bajo que eso significa? ¿Quién comprende las angustias
y las vejaciones… quién las repara? ¿Qué leyes, qué abogados, qué jueces
se estremecen sinceramente, solidariamente, con el dolor de un
trabajador de la educación, humillado y con frecuencia bajo la amenaza
del desempleo? Muy pocos. Hay que perder toda ilusión en las costumbres
y la palabrería de quienes explotan el Trabajo. A la hora de hacer
justicia a los trabajadores ninguna fuerza será más grande que la fuerza
propia. Pero no por ser "muchos", que lo somos, sino por ser
conscientes. No por amontonarnos a las puertas de las escuelas y las
universidades, las oficinas o los juzgados, sino por organizarnos
tácticamente, inteligentemente, con un debate político bien pensado, con
acuerdos colectivos de fondo y con un entusiasmo arrollador e
invencible. Y, además, ganar las puertas de las escuelas y todos sus
interiores. Con un programa que cambie este cúmulo de arbitrariedades
desde la raíz. Contra el trabajo alienante y contra la usurpación de las
herramientas de Trabajo. A los trabajadores sólo nos salvarán los
trabajadores, los trabajadores solidarios.
Contra los
autoritarismos del Universitario o el educador "apóstol", contra los
estereotipos del "iluminado", "genio"... contra todo guruismo de
catedrales mercantiles, contra los sabelotodo pedantes y déspotas,
contra los "ilustrados" torturadores psicológicos de estudiantes...
contra toda la parafernalia acartonada y museística de las escolásticas
más ñoñas... urge una generación de trabajadores de la educación en
todos sus niveles, compañeros solidarios, trabajadores generosos cuya
meta no sea crecer en solitario sino crecer con los otros, desde los
otros y para los otros. Trabajadores armados con lo mejor de la ciencia,
la ciencia al servicio de la razón y la revolución, la ciencia contra la
palabrería y contra la pedantería, la ciencia contra todo gesto de
autoritarismo, la ciencia, pues, para cambiar la vida, transformar el
mundo. Ciencia al servicio de todos. Es muy urgente.
Educarse es
un trabajo.
Se trata de
una lucha de las ideas.
"Me
parece que los estudiantes están ahora suficientemente despiertos a
medias para tratar y despertar a sus hermanos trabajadores. Si no
transmites tu propia conciencia, ésta vuelve a cerrarse. De ahí la
necesidad básica de que los estudiantes se mezclen con los
trabajadores y los convenzan de que no están hablando mamarrachadas. Y
desde luego es difícil saber lo que piensan realmente los trabajadores
porque en todo caso la prensa capitalista siempre se limita a citar a
portavoces como Vic Feather*. [Nota del editor: Vic Feather 1908-76,
fue Secretario General del TUC
(Unión de los
sindicatos británicos) de 1969 a 1973]"John Lennon
Hay que
romper con toda idea romántica sobre la "educación", romper con
todo idealismo, con todo autoritarismo. La educación por sí misma nada
resuelve. No dejar que el mercado de los títulos universitarios
nos hipnotice con ilusiones de trapecista artrítico. En un mundo donde
sólo hay lugar para la mitad de la población, porque una mitad vive bajo
la línea de la pobreza, bajo condiciones de insalubridad, hambre,
desnudez, falta de vivienda y desempleo... en un mundo así es obsceno
hacer creer que comprándose una educación universitaria o de
cualquier tipo, se logrará el éxito personal y el ascenso social.
"Fama", "sex appeal", "propiedades" y "respeto". Es pornográfico.
Estudiar,
bien visto, es librar una batalla, una lucha de ideas donde es
imprescindible tener conciencia de la fortaleza propia real (que siempre
es social) y las fortalezas del contrincante. Implica fortaleza para
elegir, para profundizar, para contribuir. Toda teoría y ciencia
comportan y ofrecen una lucha por el significado y ningún autor es
indiferente a esta premisa. Detrás de cada afirmación teórica está una
posición política, un conjunto de certezas y de dudas obedientes a una
manera específica de comprender el mundo sus problemas y sus soluciones.
Hay autores que luchan con sus ideas para cambiar lo que entienden como
injusticias, errores o desviaciones y hay autores que están muy
contentos con el mundo tal cual se ofrece. También los hay intermedios e
intermediarios, ambiguos, anodinos, eclécticos, estos son los peores.
Estudiar,
analizar e incluso denunciar, sin una acción consciente, científica,
para transformar la realidad, hacia una realidad mejor para toda la
humanidad, es trabajo insuficiente. A la larga muchas escuelas terminan
convertidas en muladares para desplantes autoritarios, contemplativos y
estériles. Hay estudiantes y profesores a quienes nada les importa la
realidad socio-económica y cultural, plena de calamidades, que aqueja a
la humanidad. Contra esas posiciones es urgente un debate definitivo...
definitorio.
Para eso los
estudiantes deben dejar de ser conejillos de indias o mano de obra
gratuita. Los estudiantes deben abandonar ese rol insultante que se
les asigna, en muchas cátedras y donde se les inhabilita para pensar.
Muchos payasos disfrazados de docentes y directivos universitarios,
sostienen que el alumno "no está para pensar sino para aprender" lo que
alguna vaca sagrada pergeñó para iluminarnos. Los estudiantes
deben asumir un papel interventor y transformador de su propia educación
oponiéndose al viejo estereotipo del ignorante dócil que asimila
acríticamente cuanto se le inocule. Y le cobran por eso, claro.
El estudiante
bien puede negarse a seguir reproduciendo las relaciones
obrero-patronales en el aula, renunciar a ser extorsionado con
calificaciones, burlas o descalificaciones impunemente. El estudiante
bien puede tomar en sus manos una parte importante del proceso de
construcción del conocimiento, que no es de su propiedad privada, que no
será para su uso y beneficio exclusivo y que tiene, por razón suprema,
que ser útil concretamente para terminar con la miseria, la corrupción,
la mentira y el poder de cualquier forma de explotación y alienación.
Los
estudiantes, un buen día de estos, podrían tomarse el trabajo de dejar
de creerse esa fanfarronada demagógica que los pinta como la "estrella"
de la película... demagogia para justificar burocracias, que se merecen
todo porque son clientes y pagan, que se merecen impunidad porque son
ingeniosos para regatear calificaciones y enriquecer sus
holgazanerías. Que son muy vivos porque copian en los exámenes o
falsifican trabajos. Bien harían los estudiantes si renunciaran a ese
estereotipo barato con que se vicia su juventud, que les vicia desde la
juventud, cuando se convierten en traficantes de exámenes, apuntes,
lambisconerías y prostitución de índole diversa. Bien harían si
denunciaran y lucharan contra el autoritarismo parásito que se les
cuelga por todas partes. Bien harían si rompieran con las mafias y las
sectas burocráticas, disfrazadas de estudiantes, que los usan, muchas
sin programa concreto de transformación integral de las universidades,
sin plan de lucha desde y con las bases, sin militancia y si con
privilegios para los elegidos, tráfico de influencias, técnicas de
espionaje, control y cuadros de mercenarios represores de todo tipo y
todas las edades. Hay que ver cuánto cuesta a la UNAM mantener a sus
huestes de "porros", por ejemplo. "Surgidos
desde los años 50's y sostenidos hasta el día de hoy gracias al
financiamiento que reciben, los porros son grupos de choque, una especie
de organizaciones paramilitares usadas por distintos grupos de poder,
dentro y fuera de las instituciones educativas, para sembrar el miedo y
evitar la organización y la lucha estudiantil, pero también para ajustar
cuentas entre ellos, para fortalecer sus campañas políticas y disputarse
el control de los puestos de gobierno, así como el manejo del
presupuesto."
Bien harían
los estudiantes si denunciaran y combatieran democráticamente todo lo
que los obliga a ser dóciles y memoriosos, denunciar todo
lo que les resta derecho a la inteligencia crítica y creadora. Bien
harían si no fuesen autocomplacientes, si fuesen autocríticos y si se
organizaran mejor para la lucha. Al lado de los trabajadores todos. Bien
harían si pudieran revolucionar el estudio y la enseñanza ayudándose por
quienes están de su lado y no sólo quieren "usarlos y egresarlos".
Directo al desempleo con boleto sólo de ida.
Estudiar es
un trabajo arduo que forma parte de un proceso largo y muy complejo.
Trabajo que da satisfacciones y descalabros, unos más que otros. Hay
estudiantes que son un gran ejemplo para todos los estudiantes, hay que
verlos en el Consejo General de Huelga de la UNAM, hay que verlos,
imitarlos y ayudarlos. Aunque la policía los persiga y encarcele, aunque
la prensa de los comunicólogos más indignos los difamen, criminalicen y
satanicen... aunque pocos lo entiendan, hay que sostener, ampliar y
profundizar la lucha, su lucha que es inexcusablemente nuestra, de
todos, pues. "Los estudiantes hicimos lo propio. Sacamos miles de
brigadas que nos lanzamos a las calles, a los camiones, a los mercados,
al brigadeo casa por casa, para informar de los verdaderos objetivos de
nuestra lucha, de la importancia de mantener la Universidad abierta a
los hijos de los trabajadores, de la necesidad de la huelga y del apoyo
indispensable de todo el pueblo para triunfar. Con volantes y carteles
contrarrestamos la campaña de los medios de comunicación, cada espacio
era propicio para discutir y para convencer. Rápidamente el CGH se rodeó
del apoyo del pueblo, de la solidaridad de las organizaciones sociales,
logramos agrupar de nuestro lado a una amplia franja de la población: a
los de abajo. Eran ellos los que, con su cooperación y participación,
sostenían a la huelga dando la pelea. Desde entonces se estableció la
más importante barricada que defendió a la universidad en huelga, la que
hizo realidad una resistencia tan larga y difícil contra todo el aparato
del Estado: la barricada del apoyo popular."
Y he aquí un
ejemplo muy claro de cuánto pueden contribuir los estudiantes a cambiar,
mejorar, el modo y los medios para la educación, no sólo la propia, no
sólo para "su santo". Ejemplo de cómo los estudiantes pueden entender la
educación no como un logro de su "propiedad privada", no como un halago
para los papis, no como un coarta para agarrar chamba,
curro, laburo.... Ejemplo de cómo se pone en pie de
solidaridad el aporte de los docentes y no docentes integrados a la
lucha de los estudiantes y viceversa, en una conjunción magnífica que,
cuando encuentre cauce y soldadura con los movimientos obreros más
avanzados, se verá, se verán entre ellos, como lo mismo, como una unidad
indisoluble y poderosa que camina, hace mucho tiempo, hacia un mismo fin
que somos todos nosotros, esa vez libres, desalineados y sin
explotación.
Corolario.
Estamos hartos del
autoritarismo, de la concentración del poder y la imposición de reglas y
órdenes obedientes a al los mecanismos tradicionales de los represores,
torturadores y dictadores de todos los tiempos. Estamos hartos y no
somos tontos sabemos que el autoritarismo es una de las maneras del
capitalismo para asegurarse el poder de explotar y saquear a los
pueblos. Sabemos que no les da asco emplear incluso la dictadura bajo
mil maneras incluso la militar precedida por las "reformas"
privatizadoras de gatopardo.
Proponemos:
educación pública y
gratuita, democrática y con independencia política, económica y
científica.
la abolición de todos los
privilegios pecuniarios de los funcionarios, coordinadores, directivos
y jefes, la reducción de sus sueldos hasta el nivel del salario de un
trabajador.
la rotación de los deberes
administrativos para que todos aprendan a administrar.
efectivizar la democracia
participativa y desde abajo en todos los ámbitos del trabajo
educativo, ninguna empresa privada productora con permiso
gubernamental puede estar al margen de la democracia.
instalación de tribunales o
comités abiertos de vigilancia y sanción administrativa, penal o del
género que fuese necesario, ante todo acto de autoritarismo probado y
sancionado por la comunidad laboral.
La base material de la
educación es el desarrollo de las fuerzas productivas y de la ciencia
necesaria para ese fin supremo. Para eso es necesario luchar contra
todo lo que impide esa desarrollo de la humanidad. Incluido el
autoritarismo.
romper con toda la máquina
burocrática y formar sistemas propios de los trabajadores que, además
de impedir la formación de burócratas nuevos, tomará las medidas
necesarias para que la administración avance y logre servir a la
calidad de las relaciones humanas y no al poder concentrado de
comerciantes de títulos.
que todos cumplamos tareas
de control y vigilancia para mejorar, día a día, nuestras formas
nuevas de organización, nadie será burócrata.
hacer organizada y
solidariamente, desde nuestros espacios de trabajo administrados y
dirigidos por los trabajadores, una red solidaria enorme con todos los
trabajadores de todos los ámbitos.
Producir ciencia con pasión
colectiva para transformar al mundo entre todos y permanentemente.