México: 65 trabajadores mineros bajo el peso de la
explotación, la ineficiencia y el manoseo
CULTURA DE LAS “INSTITUCIONES”, CULTURA DEL
EXTERMINO: SUPERESTRUCTURAS EN MANOS DE INFRADOTADOS.
EL PAPEL DEL ESTADO EN LA TRANSFORMACIÓN DEL HOMBRE EN BESTIA
65 trabajadores mineros bajo el peso de la explotación, la
ineficiencia y el manoseo. Hay miles más.
Algunas urgencias para que la verdad no quede enterrada.
He aquí un episodio, a escala, de la cultura del exterminio (1).
Obra de ingeniería fabricada por muchachos ilustrados
(universitariamente muchos) para saquear a los pueblos. Ocupan
cargos oficiales y cobran mucho dinero. He aquí este episodio
degenerado de una obra de ingeniería minera para el progreso de las
mafias. He aquí la ausencia, es decir la presencia autista, del
gobierno que mintió cuando afirmó que le “serviría al pueblo”, (Fox
debe ser sometido a juicio político) he aquí la eficiencia para la
traición de los funcionarios cómplices… he aquí para qué sirve la
policía y el ejército... he aquí para qué sirve la farándula de los
mass media advenedizos y camaleones. He aquí el capitalismo
imperial. He aquí otro escenario de la farsa que se hace Cultura del
cinismo, bofetada criminal que emerge de las profanidades de un
sistema, corrupto por definición, para evidenciar, en la superficie,
el calibre de la degeneración, las profundidades del saqueo, las
catacumbas del robo: el rostro de crudo del capitalismo salvaje. Fox
sigue perdido en su mar de babas. Para eso le pagan sus patrones en
USA y en México. Pero la verdad no quedará enterrada.
Nada será más doloroso que el olvido si dejamos que nos gane.
Después del asesinato camuflado, del crimen paulatino y demencial
perpetrado bajo tierra, día tras día, año tras año; después de las
evidencias horrorosas y obscenas, de la miseria, la explotación soez
y la barbarie… a la vista de la reja que divide la “propiedad
privada” de la realidad devastada, a la vista de todos, en la nariz
del mundo… mueren otros trabajadores mineros, unos más, no sólo los
atrapados abajo, todos… ¡todos! Los que mañana bajarán nuevamente,
los que mañana verán, tatuada en su existencia, la inseguridad, el
mal trato, los que mañana verán el rostro cínico de los “jefes”, los
ingenieros del despotismo parásito, la virulencia sanguinaria de los
buitres empresariales, gubernamentales, mediático faranduleros y
sindicales. El crimen organizado. Nada será más doloroso que la
indiferencia. Nada más peligroso. “Estalló la ira al enterarse la
gente que cesaba el rescate; zarandean a varios funcionarios” (2)
Pero eso no alcanza.
El drama injusto que victima a los trabajadores mineros de México, y
del mundo, abre una oportunidad imperdible para esclarecer
realidades y emprender tareas. Abre la posibilidad de ver con
claridad lo que padecen los trabajadores en todas partes; muestra,
violentamente, la necesidad de terminar con este crimen cotidiano
que enferma, derrota, deprime y asesina personas impunemente.
Muestra la urgencia de eludir toda trampa que nos divide, venga de
quien venga. Muestra la urgencia de organizarnos regional, nacional
y mundialmente para crear el poder propio, con independencia
política, sin burócratas y sin pleitesías sectarias. Muestra la
urgencia de un cambio radical, desde la raíz, sin miramientos y sin
tardanza. Muestra la urgencia de la unidad de los trabajadores para
salvarnos de la explotación salvaje, para derrotar al capitalismo y
para poner bajo control social las herramientas de producción y la
riqueza. La mina de carbón Pasta de Concho, propiedad de Grupo
México, ubicada en San Juan de Sabinas, estado de Coahuila, México
tiene sepultados bajo sus escombros a 65 compañeros trabajadores. Se
trata de una trampa insegura y laberíntica, como muchas, donde hay
gases venenosos, oscuridad y mucho ruido. Está en una zona donde los
trabajadores extraen el 6.5 por ciento de la producción carbonífera
mexicana. Coahuila cuenta con 95 por ciento de las reservas de
carbón en el país. Hay, hasta donde se sabe, 5 mil trabajadores en
la región. 600 pesos a la semana. (unos 60 dólares) Zacarías Cruz
dijo a la prensa: "Todo el tiempo les he dicho que esta mina es
insegura, pero la necesidad te hace entrarle. Yo trabajé aquí como
cinco años y había mucho gas, era una bomba de tiempo allá abajo"
(3). Estalló en la madrugada del domingo 18 de febrero del 2006.
Este drama actual, nada nuevo, de los trabajadores mineros es una
oportunidad ineludible para decirle a los “candidatos” de los
partidos ávidos de votos y aplausos: (a Felipe Calderón, a Roberto
Madrazo, a Andrés Manuel López Obrador… a todos los otros candidatos
sucedáneos y conexos, a Marcos mismo), que a los trabajadores sólo
los salvan los trabajadores. Que ninguna burocracia a servido en
toda la historia de México para frenar el saqueo ni la explotación;
que cada día es peor la situación de los trabajadores y que lo
necesario no son los falsos debates entre trabajadores, su
atomización, los pleitos entre sindicatos prostituidos… sino los
avances hacia la unidad con un programa revolucionario que, desde
abajo, sin intermediarios, ni interpretes, haga crecer el socialismo
bajo la dirección de los trabajadores que cambiarán el ser y modo de
ser social, permanentemente. Esta canallada criminal que sepulta a
los trabajadores, en más de un sentido, bien puede servir como un
salto cualitativo, como un aliento de claridad y fuerza contra lo
que sistemáticamente divide, por pitos o flautas, la energía
revolucionaria de la clase trabajadora que debe organizarse bajo sus
programas propios y no los de Mesías, iluminados, carismáticos o
parlanchines, se vistan como se vistan, se maquillen como se
maquillen. Por más millones y millones de dólares que gasten en
campañas para enriquecer a los de la tele y mostrarse como buenitos.
Esta bien puede ser, debe ser, una palanca que dignifique el
sacrifico de los trabajadores victimados. Un acto de solidaridad y
respeto duraderos, útiles, eficaces a la hora de decirle no a la
demagogia de las “instituciones” cuyo oficio descarado sólo consiste
en reprimir a los pueblos. De un modo u otro. Decirle no a la
perdida de tiempo en consultas ociosas, y caras, que no emergen de
los trabajadores en el campo o en las ciudades. Los trabajadores
saben bien cuál es el diagnóstico, conocen dónde están los problemas
comunes y quiénes son los enemigos. Hay años de experiencia, años de
luchas y años de resistencia. Falta organización y falta decisión y
sólo cuando vengan los programas claros y unificadores, (no
uniformadores), desde abajo, desde adentro de las propias luchas,
aprovechando lo mejor de las fuerzas e inteligencias solidarias,
hombro a hombro, se podrá transformar esta payasada “Institucional”,
“super-estructural” burguesa, y se logrará una construcción
verdadera y útil para la emancipación definitiva y permanente de
todos.
Nadie en su sano juicio, menos en México, creerá que las elecciones
que se aproximan servirán para cambiar todo. Hay muchos trabajadores
que honestamente, no a-críticamente, confían en que López Obrador
levante las banderas de las mejores luchas y las honre, lo seguirá
medio mundo, paso a paso. Pero uno no puede creer que así se
arreglan las cosas, el peor error es dejar que otros hagan aunque
prometan, lo mejor es organizarse e intervenir, acceder al control
obrero y campesino de fábricas y tierras, con la anuencia de todos,
el acuerdo y el debate. Hay también miles de personas que desde la
Otra Campaña miran con agudeza lo que viene, no sólo durante las
elecciones, y tienen una desconfianza fértil y necesaria, una mirada
crítica que hace mucha falta, que debe servir para unir a unos y
otros… a todos con todos porque la dimensión del problema no
recomienda el protagonismo de pocos. Esta vez hay que transformar
desde los entresijos la cultura “institucional”, patológica y
patética, que en México se prohíja, como amor a las instituciones
por las instituciones mismas, esta vez, con la fuerza que nos aporta
el dolor por los trabajadores mineros, con la fuerza que nos da el
no querer que esto se repita, que continué, levantemos la voz y por
un programa político de los trabajadores que nos una… esta vez, en
las elecciones, en las asambleas en una campaña y en la otra, deben
ser los trabajadores organizados, con una fuerza superior y una
apuesta superior, quines marquen el rumbo del las tareas hacia el
socialismo. Ese es el camino de los trabajadores emancipados, lo
saben bien y vienen luchando por eso hace años, no hay otro, no hay
atajos ni “tercera vía”. No hay “capitalismo humano” ni “reformismo”
que valga, no hay palabrería, legaloide que valga ni argumento de
revólveres que frene a los trabajadores, no lograrán entera con las
urnas el hartazgo ni la inteligencia social. No lograrán confundir
la voluntad de ser libres y esta vez de será la hora de los
trabajadores. Esta vez no hay “tu tía”. Para mañana queremos todo bajo el control de los trabajadores…
Por ahora (4): 1.- No al trabajo subcontratado. 2.- ¡Ni un accidente más! 4.- Capacitación y aseguramiento de condiciones de seguridad a
todos los trabajadores.
5.- Revisión inmediata y arreglo de las condiciones de seguridad de
todas las minas del país. 5.- Incremento salarial inmediato a 7 mil pesos por mes, mas
prestaciones.
6.- Movilización y huelga general de 24 horas del sector minero para
conseguir estas demandas.
7.- Convocar a todos los trabajadores del país a sumarse
solidariamente con la lucha minera.